¡AL FIN! El día ha llegado, y aquí lo tienen. El final de esta historia, la que me gustó mucho escribir y debo decir que me emocioné escribiendo este capítulo. Espero que les guste.
Disclaimer: Ni hetalia ni sus personajes me pertenecen, pero hago lindos AU con ellos.
Siempre que una persona resuelve dudas dentro de su mente suelen aparecer más. Arthur y Francis no eran la excepción a esta regla. Ya estaban casi en orden, ya estaban asumiendo sus propios sentimientos y temores, pero eso no era suficiente.
─¿Hermano? ─musitó una dulce voz femenina.
─¿Eh? Oh, Louise, ya llegaste… Disculpa, estaba pensando.
─Te noto muy extraño, llevo aquí al menos una hora. Subí, guardé mi bolso y después me serví una taza de café. ¿Qué haces aquí? Pensé que estarías con Arthur.
─Hay algo que tiene preocupado… Han pasado seis meses desde que arreglamos nuestras diferencias, lo sabes. Sin embargo, ahora estaba pensando que él y yo deberíamos avanzar más… No sé si entiendes a lo que me refiero ─el francés se agarró la cabeza, era un hombre anticuado para algunas personas, romántico desde su perspectiva y sumamente confundido desde los ojos de su hermana menor.
─¿Quieres vivir con Arthur? ─preguntó la chiquilla apoyada en el sofá mientras observaba al mayor que se encontraba sentado en el comedor.
─Me gustaría muchísimo que viviéramos juntos. Pero es imposible, él es demasiado liberal, creería que estoy aprisionándolo.
No estaba demasiado equivocado.
─Además, ¿cómo lo haríamos? Yo vivo contigo y él vive con Scott, yo sé que él no hace ningún problema y no se entromete en nuestra vida de pareja, tú tampoco lo haces. No tenemos esos problemas, pero… ¿Dónde viviríamos? Además, si me voy de aquí te quedarías sola, tendría que emanciparte.
Ella sonrió─: No creo que sea tan grave ser emancipada. De todas formas, estos últimos meses no hemos estado mucho tiempo juntos tú y yo. Creo que debes asumir que estás muy enamorado y que debes ir, vivir con él, y si no resulta bien, ¿qué interesa? Debes aprovechar de hacer esto ahora, después será demasiado tarde.
─Tienes razón ─suspiró─. Cuando me alejé de él siendo sólo un niño pensé que jamás volvería a verlo… Todo esto es más milagroso de lo que uno cree.
─Señora Bonnefoy, lo siento muchísimo, pero lo que hizo su hijo fue demasiado lejos. No podemos tolerar la violencia dentro de nuestra escuela, menos en el preescolar. Lo mejor será que lo traslade a este listado de escuelas, son todas excelentes, sabemos el prestigio que posee su familia y su esposo en nuestro país y en el suyo.
Gala Bonnefoy, madre de Francis, en esa época tendría unos 28 años. Su marido, Jean Jacques Bonnefoy, era un importante diplomático francés en la embajada francesa en Inglaterra, siempre muy ocupado para su familia, pero amado irracionalmente por su joven esposa.
─Me parece muy poco amable de su parte querer trasladar a mi hijo de aquí, estoy en pleno conocimiento de que los niños que Francis golpeó siempre lo molestaban. No haré una denuncia porque no quiero tener problemas con los directivos de este lugar, aunque sé muy bien que el chico involucrado es hijo del director. Yo me voy, pero todos mis conocidos sabrán que la responsabilidad no fue de mi hijo.
Afuera de la oficina se encontraba el pequeño Francis, no estaba demasiado contento.
─Mon amour, ven aquí ─dijo Gala, llevando un mechón de su cabello por detrás de su oreja, sus ojos azules brillaban y su sonrisa carmesí era sincera. Era una mujer joven, con un hijo pequeño y un gran prestigio─. Ve a despedirte de tu amigo Arthur, yo te esperaré cerca de la salida, ¿está bien?
El muchacho sonrió entusiasmado y corrió.
─Arthur! ¿Dónde estás?
El pequeño rubio de ojos verdes corrió buscando la voz del francés, al encontrarse los cabellos largos de Francis comenzaron a saltar, abrazó al inglés y no parecía dispuesto a soltarlo más.
─¿Vas a marcharte? ─preguntó Arthur.
─Así es, lo lamento tanto… Lo hice para defenderte.
─¿Por qué esperaste tanto para ser bueno conmigo? Ahora que me agradas ya no estarás más.
Los ojos azules del francés comenzaron a humedecerse.
─Soy un tonto ─dijo, acariciando el rostro del inglés─. Debí ser menos bestia contigo, ahora nunca vas a quererme ni un poco, como te quiero yo.
─Francis… Yo quiero hacer algo para despedirnos.
El francés de ojos mar levanto las cejas, estaba expectante, no se imaginaba de qué forma su querido y pequeño conejito le diría adiós.
El inglés besó tiernamente los labios del francés, algo entendía de los besos luego de los que el mismo francés le había dado. Luego de eso se fue corriendo con su fiel peluche en forma de conejo.
─Vámonos mi amor, tenemos que encontrar a tu padre en el aeropuerto ─dijo Gala tendiéndole la mano al menor.
─Maman, ¿puedo hacerte una pregunta? ─dijo el pequeño caminando con su madre hasta el auto.
─Claro, puedes decirme lo que sea ─dijo la joven mujer de cabello rubio ceniza.
─Cuando crezca me gustaría casarme con el niño del conejo.
Gala sonrió y sus mejillas se ruborizaron un poco.
─Cuando seas mayor podrás casarte con quien tú quieras, hijo mío.
Ambos subieron al auto, la francesa dio unas indicaciones al chofer y continuaron su camino al aeropuerto.
Más de veinte años pasaron desde la despedida de Francis y Arthur, y medio año desde aquella conversación del francés con su hermana Louise. Había llegado el día en que Francis le pediría a Arthur que se casaran, estaba nervioso e inquieto, ya que una negativa de parte del inglés vivía en su mente. Louise estaba inquieta, de aquello dependerían muchos cambios dentro de su vida, con ya 18 años quedaba emancipada, pero todavía no contaba con la valentía suficiente para vivir sola, Phoebe lo sabía y por lo mismo tampoco la había presionado para vivir con ella.
─¿Estás bien? En cualquier momento comenzarás a comerte las uñas, chiquilla. Sabes que tus manos son cruciales para tu desempeño en el violín ─dijo la canadiense mientras tomaba las manos de Louise, la rubia de gafas se ruborizó y suspiró ampliamente.
─Si Arthur rechaza a Francis creo que me desmayaré ─dijo la rubia, trató de esbozar una sonrisa y Phoebe la abrazó.
─Ese par ya está prácticamente casado, que lo hagan o no. Además, es sólo una unión civil ─la chica del cabello rubio casi naranjo rió.
En la oficina de siempre, Arthur desempeñaba su trabajo con tranquilidad, con su sueldo le alcanzaba para los gastos del departamento y para intentar dar la prueba de ingreso a la universidad de una buena vez, aunque todavía no se sentía preparado y cada vez se acostumbraba más al trabajo que realizaba.
No había visto a Francis en todo el día y eso lo comenzaba a descolocar, siempre se andaba paseando por al lado suyo, haciendo todo aquello que el protocolo de trabajo consideraría "poco aceptable", pero pasar a darle besos en la mejilla mientras trabajaba o abrazarlo. Comenzaba a extrañar sus atenciones durante el trabajo.
─¿Emma? ─Arthur se dirigió a la jefa que estaba pasando por ahí.
─Dígame Kirkland ─dijo la rubia de gafas, con la pequeña Karina que siempre la acompañaba.
─¿Qué trabajo está desempeñando Bonnefoy en este momento? ─preguntó nervioso, realmente le extrañaba su ausencia.
─Está en sus funciones habituales, ¿por qué lo preguntas? ─dijo la jefa extrañada─. Ah, ya entiendo, no se ha estado paseando por tu sector hoy, ¿no es así? No voy a interferir en tus peleas matrimoniales, Kirkland. Hazte un tiempo y ve a ver si está bien.
Karina sonrió, le dio unas palmadas en la espalda y continuó caminando con Emma.
Su jefa tenía razón.
Arthur se puso de pie, caminó hacia la puerta donde se encontraban los demás computadores y ahí lo vio, Francis trabajaba como siempre, tenía un café a su lado y tecleaba con tranquilidad, Arthur caminó y se puso tras de él.
─M. Bonnefoy ─dijo el inglés cerca del oído del francés.
El corazón del francés saltó. Su plan estaba resultando a la perfección.
─Arthur, mi cielo ─dijo Francis sin dejar de teclear.
Francis volteó la silla del francés dejándolo frente a sí─. ¿Me estás evitando, cariño? ─dijo el inglés, casi nunca tenía esa actitud mimosa con él.
─Claro que no, cielo mío ─dijo el francés, quizás no podría ser desagradable con él por mucho tiempo.
─Ven, ahora ─dijo Arthur y le tomó la mano.
Arthur los llevó hacia al baño, donde lo metió dentro de uno de los cubículos y cerró por dentro.
─Esto me trae extraños recuerdos, cariño ─dijo el francés nervioso.
─Ahora me vas a decir qué mierda pasa, ¿está bien? No es normal que tú me ignores de ese modo, así que ahora me vas a decir qué fue lo que hice que te molestó tanto.
─Nada… ¡No es nada! ─gritó Francis, ya no podía con esto─. ¡No me imaginaba pidiéndote matrimonio en un baño, idiota! Arruinaste todo, maldito inglés ─refunfuñó el francés abrazándose al inglés.
─Que tú… ¿Qué? ─dijo el rubio, sus ojos color aceituna se humedecieron, le tomó el rostro al francés que estaba en su pecho─. ¿Realmente quieres casarte conmigo, idiota?
─No era lo que imaginaba de una petición, pero… ─suspiró Francis besando al inglés.
─Salgamos de aquí y empecemos todo de nuevo, ¿te parece? ─Arthur sonrió mordiéndose los labios, salieron del baño y comenzaron a reírse.
─Uf, parece que ustedes dos resolvieron sus problemas ─dijo Emma que pasaba por afuera del baño─. Pueden irse, dense prisa antes de que me arrepienta.
Los dos veinteañeros salieron de la oficina con sus bolsos, caminaron un poco por las calles londinenses, abrazados.
─¿Dónde quieres ir? ─dijo Francis, mientras caminaban.
─Sentémonos en ese parque, tienes que hacerlo bien esta vez ─rió, el francés se había acostumbrado a verlo reír y le encantaba que lo hiciera.
─Está bien.
Se sentaron, pero una petición de matrimonio en esos dos no puede ser nada convencional. Comenzó a llover, así era Londres, llovía de repente.
─Shit! ─dijo el inglés, el agua corría por su rostro.
─¡Dame una respuesta, Arthur! ─gritó Francis, mientras la lluvia los mojaba completamente.
─¡Imbécil! Si quiero casarme contigo ─dijo Arthur y le tomó la mano para que corrieran a un lugar donde no cayera la lluvia.
Comenzaron a besarse en un callejón, estaban mojados y agitados. Francis detuvo un taxi y volvieron al departamento de Arthur, entraron y Scott no se encontraba. Seguramente estaba donde su nueva novia, el inglés y el francés se desvistieron y metieron a la ducha caliente, donde entraron en calor quitándose el agua de lluvia y haciendo el amor.
─Los anillos te los daré después de la ducha ─rió el francés mientras besaba el cuello del inglés.
El inglés se mordía los labios, temblaba, nunca lo habían intentado duchándose, normalmente Francis esperaba a que Arthur desocupara el baño, aunque tampoco le gustaba bañarse tanto, se preocupaba más de su cabello. Ambos se dieron un gran beso, luego salieron de la ducha para colocarse ropa limpia. El francés se sentó en el sofá, Arthur lo siguió, se quedaron mirando por largo rato, hasta que Francis tuvo el valor de hablar.
─Esto es para ti, amor mío ─dijo, colocando un anillo en los delgados dedos del rubio de ojos aceituna, quien sonreía nervioso.
Arthur imitó lo que hizo Francis, tomando su mano y colocándole la otra alianza.
─Nunca te olvidé, siempre soñé volver a encontrarme contigo ─dijo el de ojos azules y luego besó con ternura los labios delgados del inglés.
Acordaron casarse en medio año, eso daría tiempo de arreglar las cosas, de solucionar el asunto de la casa, en ver si alguien viajaría a la ceremonia. Francis sabía que su madre querría asistir, hace mucho tiempo que no la veía, a su padre para qué decir. Tenía la esperanza de que Gala Bonnefoy no llegaría sola, que llegaría con Jean Jacques Bonnefoy, aquel hombre de más de cincuenta años al que no ve desde que era un chiquillo de dieciséis. Arthur por su parte sabía que la única persona de su familia que estaría con él sería su hermano Scott, ya que su madre desde que se enteró de la sexualidad de su hijo lo dio por muerto en su vida. Para el rubio de cabello desordenado y tristes ojos verdes aquella situación no hacía más que lastimarlo. Nunca creyó que se casaría, pero eso no era razón para no haber pensado que algún día tendría que estar su madre en su boda.
El tiempo pasó, la lluvia aumentó, la nieve cayó, las flores volvieron a florecer y el calor llegó, con la prisa que suelen pasar los meses. Francis se encontraba sentado en la sala de su departamento, su hermana estaba a su lado, ninguno hablaba. Para el rubio de ojos color mar le costaba demasiado hacer lo que debía hacer en ese momento.
─Oh, no pensaba que tendría que dejarte sola tan pronto ─dijo de repente─. Después de todo, yo me quedé en Inglaterra contigo, viajamos desde North York Moors, esa fue la ciudad a la que mamá quiso ir a vivir cuando me expulsaron del colegio donde conocí a Arthur, y ahí es donde tú naciste. Cuando tenía dieciséis años mi mamá quiso acompañar a papá, me emanciparon y tuve que terminar de criarte. Ahora vivirás sola, podrás estar con tu novia, ir al conservatorio. Ahora vuelvo a ser tu hermano, ya que antes me había convertido en tu padre.
La rubia se quitó las gafas y secó sus lágrimas, nunca había escuchado a su hermano hablar de aquella forma. Se abrazaron y él le pasó las llaves del departamento, besó su frente con ternura y tomó su maleta, desde ese día todo cambiaría.
Sólo quedaban horas para la boda.
Arthur estaba buscando su ropa, Francis hacía lo mismo en otra habitación. Scott estaba en la sala, ya vestido, revisando su móvil, cuando de repente le llegó un extraño mensaje.
─Oh, será complicado ocultarle esto a Arthur ─musitó muy despacio el pelirrojo mientras leía la pantalla de su móvil, se puso de pie y caminó hacia la computadora portátil que tenía sobre la mesa del comedor.
─Scott, ¿estás listo? Tenemos que llegar con la juez civil en media hora, ¿sabes dónde vienen todos? ─dijo el rubio mientras abrochaba su corbata.
─Confirmando asistentes hermanito, descuida ─rió el mayor mientras tecleaba.
En el lugar donde se efectuaría la ceremonia estaban todas las personas que habían invitado, Arthur y Francis saludaban a quienes iban llegando en la puerta. En un momento el rubio de cabello largo quedó frío, vio a una hermosa mujer de cabello castaño claro (casi rubio) entrar por esa puerta, lucía perfecta, aunque no podía ocultar del todo sus cuarenta y cinco años. Acompañada de un hombre, con el cabello rubio, con unas pequeñas canas que no podía ocultar, seguía siendo un hombre elegante a pesar de ya no ser diplomático. La mujer se acercó a Francis, acariciando su rostro y observándolo con dulzura.
─Eres un hombre, realmente ha pasado mucho tiempo, hijo ─dijo Gala, sonriendo mientras de las mejillas del rubio, que tenía el cabello recogido, comenzaban a brotar unas pequeñas lágrimas.
─Maman, tu m'as beaucoup manqué ─musitó el francés, abrazando a aquella hermosa mujer de ojos azules. Jean Jacques solo se limitó a observarlos, al igual que Arthur, cuyo corazón latía irremediablemente fuerte.
─Cumpliste tu promesa, hijo. Vas a casarte con el niño del conejo ─dijo Gala observando a Arthur, quien reapareció en su cabeza como el pequeño que logró ver al lado de su hijo.
─E-Es un gusto conocerla, madame Bonnefoy ─dijo el inglés, la mujer acarició su rostro con ternura, ese gesto hizo sentir algo extraño al inglés menor, algo que no experimentaba hace tiempo… Amor de madre.
─También para mí, ojitos tristes. Sé qué harás feliz a mi hijo ─dijo Gala y dirigió su mirada a un consternado Jean Jacques Bonnefoy─. Jean, tu hijo, por favor.
─Francis, jamás pensé que te vería casarte, pero quiero que seas lo feliz que me hace que lo hagas. Disculpa todo este tiempo de ausencia. ─dijo el hombre con una sonrisa, abrazó a su hijo con regocijo, se sintió muy feliz.
─Papa… ─Louise apareció detrás de los novios y sus padres, tanto Gala como Jean Jacques quedaron asombrados al mirarla.
─Petite princesse ─dijo Gala admiraba, su hija realmente ya no era una niña.
Los cuatro se abrazaron, incluyendo Arthur, pero ya era tiempo de la ceremonia y había que darse prisa. Las cosas se desarrollaron normalmente, Scott se veía inquieto, miraba el móvil constantemente, ¿qué estaba esperando? Francis y Arthur sellaron su amor en un beso, se abrazaron y los presentes comenzaron a aplaudir. La juez civil se retiró y colocaron música para continuar la fiesta, la alegría de Arthur se mezclaba con la decepción de que su madre no lo hubiese perdonado. Francis notó esa decepción.
─¿Pasa algo, cariño? ─preguntó el francés mientras tenía abrazado al inglés.
─Me habría gustado que ella me hubiese perdonado ─dijo agarrado al francés.
─Seguro que lo hizo hace tiempo, si es tan orgullosa como tú no te la iba a dejar fácil ─rió el francés acariciando el rostro de su actual marido.
─Hey, qué cruel eres, niño feo ─Arthur rió y sacó la lengua, Francis se aprovechó de eso para besarlo.
─Arthur Eugene ─dijo una voz femenina, el inglés junto al rubio de ojos color mar se voltearon, y ahí estaba, una mujer de casi cincuenta años, de un color rubio profundo, ojos verdes como grandes aceitunas, cejas frondosas y gruesos labios.
─Mother… What are you…? ─comenzó a decir Arthur, pero fue interrumpido.
─Es la unión civil de mi hijo menor, ¿y me lo preguntas? No soy una especie de bruja que anda por ahí envenenando princesas. Scott Allistor me dijo que estabas casándote, no podía perdérmelo.
Britania Kirkland se acercó a su hijo, Francis se colocó al lado del inglés menor, ella observó a ambos hombres con curiosidad.
─Tienes buen gusto, hijo. Si te preguntabas si aún te odio, pues no. Cuando me confesaste ser gay pensé que lo hacías por un capricho, me dije "Eh, Britania, ¿de qué te preocupas? Es un adolescente, cree que no le gustan las mujeres". Cuando no volviste a buscarme supe que me había equivocado, cuando Scott me dijo que vendría a verte le pedí que me mantuviera informada de tus movimientos, que me dijera si realmente estabas enamorado de un hombre. Que estés casándote me demuestra lo estúpida que fui, y que mereces seguir siendo mi hijo más allá de cualquier cosa ─la mujer tomó las manos de ambos muchachos, colocó la suya sobre éstas y sonrió, las lágrimas de Arthur no se hicieron esperar.
Un abrazo intenso, un amor deslumbrante.
Los reproches habían terminado, la tristeza pasada desaparecido.
Ya no había más dolor.
¡ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO!
