Declaración: Los personajes no me pertenecen, le pertenecen al maravilloso tío Rick… y la trama le pertenece a Quinn Loftis.
Capítulo 10: Percy X
Percy y Frank estaban entrando al auto de Frank cuando sintió que Annabeth le gritaba, —Percy, ¡¿Qué demonios tengo en mi espalda?!
Por un breve instante le llegó un destello de la imagen de su espalda, pero enseguida la silenció, ya que no quería entrometerse en su intimidad. Decidió no responderle incluso cuando le rompía el corazón dejarla en ese estado de confusión y miedo, pero pensaba que era mejor decir ciertas cosas personalmente. Especialmente si vas a decirle a alguien que tiene marcas de Canis Lupus en su cuerpo porque encontró a su compañero hombre-lobo que no sabía que existía. Ya sabes, el típico 'hey, vamos a conocernos un poco.'
Él se estremeció un poco cuando ella gritó, Frank lo notó y le preguntó si estaba bien.
—Sí, estoy bien, es que tuve un zumbido en mi oído por un segundo, — mintió Percy.
—Así que ¿sabes a dónde quieres ir?— le preguntó Frank.
—Sólo detente en el primer concesionario de motocicletas que veas. No soy exigente y soy bastante bueno trabajando en ellas, así que no importa si necesita algún arreglo, —dijo Percy . Cuando pasaron por delante de la casa de Annabeth, se encontró mirando hacia allí, luchando con las ganas de meterse dentro de su mente y ver cómo estaba. Se sintió raro cuando ella lo llamó; fue la primera vez que ella lo había hecho sin que él lo haya iniciado. A su lobo internó le agradó que haya acudido a él por ayuda, después de todo era su protector. La parte sarcástica de él le recordó que en realidad, ella no tenía a nadie a quién acudir. Eso hizo que un gruñido saliera de él, que tuvo que disfrazar con tos.
Frank, conforme a lo solicitado, se detuvo en el primer concesionario donde vio motocicletas. Cuando Percy salió del auto, sus ojos se posaron instantáneamente en una Honda Shadow negra, con tubos cromados y ruedas anchas. Era usada, pero aun así estaba en buen estado. A Percy le gustaba que sus motos fueran simples. Nada lujoso u ostentoso, sólo quería montarlas, no mostrarlas.
Un vendedor se acercó a ellos y se dirigió a primero a Frank, después de todo él era el adulto, pero él hizo señas hacia donde estaba Percy.
—¿Puedo ayudarlos?— preguntó el vendedor al mismo tiempo que tomaba una bocanada de aire. Percy estaba seguro de haber escuchado un leve gruñido cuando el vendedor retrocedió unos pasos girando su cabeza, y haciendo que su cuello quede expuesto a Percy.
Percy lo miró confundido por un instante y luego lo entendió, y lo que vio casi lo hizo caer al suelo: Canis Lupus.
Afortunadamente, Frank había empezado a dar un vistazo por el lote de autos sin prestarles atención, así que Percy dio un paso hacia el vendedor, Ethan era el nombre que decía su tarjeta, y olfateó. Efectivamente, era un Grey.
Instintivamente, Percy gruñó mientras su lobo se animaba por la presencia de otro Grey en el área que había considerado como su territorio. Después de todo él no estaba al tanto de que hubiese otros Grey´s en Coldspring. Después de un momento, el Grey llamado Ethan preguntó, — ¿Quién eres y por qué estás en el territorio de un Alpha?
Alpha, pensó Percy, ¿de qué Alpha estaba hablando? Percy no quería darle demasiadas explicaciones a este Grey, por si acaso él y su Alpha fueran una amenaza.
—No estaba al tanto de que hubiese algún Grey en este sitio, — respondió vagamente.
— ¿Quién eres que crees que mereces saber cuántos Grey´s hay por aquí? Sólo eres un cachorro, con un ser humano dentro, — le espetó a Percy.
El lobo de Percy presionaba por salir y Percy lo dejó solo un poco, su poder fluyó sobre él, el Grey lo sintió al instante y se inclinó casi involuntariamente cuando su lobo notó que él no era más poderoso que el que había llamado cachorro.
—No tengo que honrarte con una respuesta, pero sólo para que sepas lo que has provocado, lo haré. Soy el príncipe de los Canis Lupus rumanos. Y soy el próximo en la línea para convertirme en Alpha, por eso no me someto a nadie más que el Alpha de todos los hombre-lobo de Rumania.— poniendo mucho cuidado con sus palabras para no dejar que su poder se saliera de control, preguntó, —¿Quién es tu Alpha y hace cuánto que hay Grey en Coldspring?
El Gris, Ethan, gimoteó un poco, pero respondió, —He oído de tu padre, dicen que hace que todos los Alphas hagan una reverencia ante su presencia.
—Responde lo que te pregunté, Ethan. Ahora, — dijo Percy muy serio.
—Mi Alpha es Bryce Lawrence. He sido miembro del grupo por 3 años. No sé hace cuánto está activo. ¿Por qué estás aquí? Eres un adolescente de otro país, ¿Qué puedes querer en Coldspring, Texas?— preguntó Ethan, desconcertado.
—Mis asuntos no son de tu incumbencia. Dejando de lado este interesante giro de los acontecimientos por un momento, me gustaría comprar esa Honda Shadow, ¿cuánto está?— preguntó Percy.
— ¿No quieres probarla?— respondió Ethan.
—No. ¿Cuánto?— preguntó nuevamente Percy.
—$2.500, y no tiene ninguna garantía. Tiene cinco mil millas de uso, los neumáticos son nuevos y nunca estuvo en un accidente, —dijo Ethan como si fuera una grabación.
Percy sacó su tarjeta de crédito y se la acercó. Mientras Ethan caminaba con la tarjeta de su padre, Percy se dio cuenta de que acababa de cometer un gran error. Ahora Ethan tendría el nombre completo de su padre. Imaginó que este podría ser uno de esos momentos donde su pequeño fuego, Luna, diría algo como —Ir directo a la cárcel, pierdes tu turno y no cobras tus $200 —. Sí, ella definitivamente diría algo así.
Frank había regresado adonde estaba Percy, pero él no lo notó hasta que Frank habló, —¿Encontraste algo para comprar?
—Sí, de hecho, voy a comprar esa Honda Shadow negra. Se ve en bastante buen estado. ¿Crees que puedes llevarme adonde tengo que tramitar mi licencia y hacer lo que necesito para finalizar la venta?— preguntó Percy.
—Eso no es un problema. Hazme saber cuándo estés listo, — respondió Frank.
—Está bien, *mulţumesc, Frank, realmente aprecio tu ayuda —le dijo Percy.
—De nada, —dijo Frank sonriéndole.
Percy se volvió para ver a Ethan cruzando el lote hasta ellos. Tenía algunos papeles en una mano y la tarjeta de crédito de Percy en la otra. Le extendió la tarjeta apenas estuvo lo suficientemente cerca.
—¿Podrías acompañarme dentro un momento para firmar estos papeles?— le preguntó Ethan. Percy solamente asintió y comenzó a seguirlo en dirección al edificio. Entraron y a unos pocos pasos a la derecha había una mesa. Ethan se sentó, Percy no. Sólo se inclinó y firmó en los sitios que Ethan había marcado. Una vez que terminó, Ethan se apartó y le entregó las llaves a Percy. Antes de que se diera vuelta para irse, Ethan le dijo —tengo un mensaje de mi Alpha.
Se volvió y miró a Ethan a los ojos, el Gris menos dominante bajó la mirada al instante pero continuó. —Dice que no deshagas las maletas. —Dicho eso, Ethan dio media vuelta y se fue. Percy abrió la puerta y caminó hacia donde se encontraba Frank.
—Bueno, Frank , estoy listo si tú lo estás, —dijo Percy tratando con todas sus fuerzas de contener su enojo. Su lobo no estaba para nada feliz. Había otros lobos en el territorio que él había proclamado como suyo basado en la información que decía que no había otros Grises allí. Para colmo su compañera estaba en el mismo territorio indeterminado. Podría decir que las cosas no podían ponerse peor, pero eso sería un gran error a la hora de hablar de los Canis Lupus.
Cuando Percy estacionó sobre el camino que conducía a la casa de Frank, estaba contento de que lo bien que anduvo la motocicleta. Frank había insistido en ir directamente a una tienda de artículos para motos para comprar un casco ya que no había en el concesionario. Escogió uno que cubría todo su rostro con visor oscuro, y compró un visor claro para cuando la condujese de noche. Se sentía tan bien volver a montar una moto, se dijo a sí mismo. Frenó detrás del coche de Frank y trabó su casco con el que le había comprado impulsivamente a Annabeth en el costado del rodado.
Mientras caminaba hacia la puerta principal, vio a Atenea en su entrada al otro lado de la calle. No había notado que se había ido.
Cuando salió de su Volkswagen convertible, se giró, miró donde estaba Percy y lo saludó.
—Percy, hola, quería invitarte a cenar esta noche, —gritó a través del césped— las chicas traerán pizza. Estás invitado a venir, si no tenían planeado salir con un grupo de adolescentes —dijo guiñándole un ojo.
Percy se sorprendió con la invitación pero él no estaba dispuesto a perder la oportunidad de pasar algún tiempo con Annabeth.
—Sería un honor. Mulţumesc —respondió Percy.
—Genial, ordenaremos la pizza alrededor de las 5:00, ah, y dile a Frank y Hazel que también están invitados, pasaremos toda la noche y jugaremos algunos juegos, —dijo Atenea muy entusiasmada. Percy no estaba seguro, pero Atenea parecía un poco nerviosa. Quizás él lo estaba imaginando todo, pero había algo raro con ella. Se despidió y entró en su casa, mientras él hacía lo mismo.
Hazel estaba sentada en el sofá leyendo un libro cuando él entró y le dijo que habían sido invitados por Atena y Annabeth para comer pizzas y jugar juegos.
—Oh, eso suena genial, —dijo Hazel con entusiasmo—. Prepararé algunos brownies para llevar. ¿Te gustan los brownies, Percy?
—Sí, me gustan. Voy a excusarme y llamaré a mis padres para saludarlos, si eso está bien. —le dijo Percy.
—Por supuesto que está bien, no tienes que preguntarnos, eres prácticamente un hombre adulto Percy, mientras no vendas drogas, te vayas todas las noches de reventones y orgías, haz lo que quieras. Nosotros confiamos en ti, hasta que nos des una razón para no hacerlo. —dijo Hazel muy calmada.
—Mulţumesc —fue todo lo que dijo en respuesta y se volvió para subir las escaleras y llamar a su padre para contarle lo que había descubierto ese día. También tendría que explicarle que perdió la paciencia y reveló su título, y le había dado a un Gris su tarjeta de crédito con su nombre de Alpha en ella. Honestamente, había pasado sólo un día en Coldspring y había conocido a su compañera, a otro Gris, descubrió una manada que se suponía no existía, y había sido amenazado para que no se quedara. No había sido para nada aburrido la estadía desde que llegó.
Marcó el número de su padre por segunda vez en el día. Su padre contestó al primer sonido.
—Colega ta este in pericol, —(tu compañera está en peligro), fueron las primeras palabras que Percy escucho de su padre.
*1 N. de T.: Gracias, en rumano.
