Gracias a Luna Andly, CONNY DE GRANDCHESTER, Vla rod, y Magnolia A... grazie por seguir conmigo.
Los personajes le pertenecen a Kyoko Mizuki
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Ser un caballero inglés, así como él siempre había sido, era una de las razones por las cuales no interrumpió a la pareja en el jardín. Ahora que estaba sentado en la cama de su nueva habitación no se podía creer el alivio que sintió al ver que Candy rechazaba a su disque "amigo". Eran muy buenos amigos de buenas a primeras y esa amistad había crecido a hermandad; no quería perder a un hermano. Esa noche era la obra de Eleonor, y deseaba fuertemente que Candy no se hiciera para atrás y lo acompañara. –Tarde o temprano Candy se dará cuenta que lo que siento por ella es más que simple amistad. La pasaremos de maravilla en la obra- dijo el castaño en voz alta y comenzó a tocar la armónica. Apenas era de mañana y ya estaba deseando que fiera de noche para ir a la obra con Candy.
Mientras en el cuarto de Albert, el rubio estaba confundido por el rechazo de Candy. Tal vez era correcto lo que ell ahabía dicho, que entre ellos no podía haber nada más que pura amistad de familia. De pronto comenzó a escuchar música de armónica. La música era de una mezcla de dolor y amor y a la mente le vino Terry. Eran buenos amigos pero a su llegada y el desmayo de Candy, se había dado cuento de que Terry sentía algo por ella. Tal vez lo mejor era dejar a Candy y ver que se daba entre ella y Terry, ya que al castaño él lo quería mucho. Terry era como un hermano para el rubio y la verdad era que no lo quería perder.
Annie estaba con Patty en la sala. No sabían nada de Candy desde que había salido con Albert de la casa. Tampoco de Terry desde que salió de la mansión cuando Albert salió al descubierto como líder de la familia Andley. –No sé qué pensar de la reacción de Terry y Albert con Candy- dijo Patty un tanto preocupada.
-Lo único de la que estoy segura es que esos dos caballeros la quieren mucho- dijo Annie bebiendo de su taza de té de Manzanilla. Ella y Archie estaban dentro de una relación muy estable y de eso se habían dado cuenta la noche anterior al mirarse a los ojos y rendirse a un beso navideño. Mientras que Patty y Stear eran una pareja pero muy culta y miedosa. –Pero tienes razón, Patty. También me preocupa la actitud de esos dos.
Candy bajó las escaleras con una sonrisa de oreja a oreja, y antes de que llegara a la sala donde estaban las chicas, la Tía Abuela Elroy la llamó. -¡Candy!- la pecosa se dirigió a la mujer y al ver la cara seria la sonrisa se borró de sus labios. Al estar frente a la señora, ella no dijo nada, solo la miró y esperó que la retaran. –Candy, te está prohibido hablar con el señor William- y solo con decir esas palabras la dama se retiró. Aunque le costara trabajo reconocerlo, Candy entendía perfectamente a la que la Abuela Elroy se estaba refiriendo; los había visto en el jardín sin duda alguna. Antes de regresar a la sala donde estaban sus amigas, arregló su cara para no demostrar nada de tristeza ni confusión y dibujó una grata sonrisa en sus labios.
-Bueno, ¿qué tal la mañana, chicas?- les preguntó animadamente. Annie y Patty se miraron con curiosidad mientras su amiga tomaba asiento en el sofá para uno. Al mirar que Candy estaba de buen humor decidieron no quitarle el ánimo y siguieron la corriente de la pecosa.
-¡Muy linda, Candy!- dijo Patty arreglándose los anteojos y bebiendo de su té de tila.
-¡Qué contentas que están todas!- dijo una voz muy familiar y chocante. Annie y Patty miraron a Candy con miedo de ver su cara seria y alterada, pero lo que encontraron fue muy sorprendente. Candy estaba muy bien sentada, no había perdido la postura y su rostro aún reflejaba felicidad.
-Buen día, Eliza- dijo de buen modo la pecosa pero Eliza solo volteo la cara bruscamente a otro lado y siguió su camino a quien sabe dónde. Al mirarla, Candy no pudo evitar soltar una pequeña risita debajo de sus manos las cuales tapaban su boca. Una vez que ya no estuviera de vista Eliza -Sigue igual.
-¿Quién sigue igual?- preguntó Albert mientras llegaba a donde estaban las muchachas. Miró a Candy a los ojos y le sonrió amablemente con un brillo en los ojos. Un brillo especial que solo decía "hermana." Candy le regresó la sonrisa al darse cuenta de que Albert ya se había dado cuenta de que eran solo hermanos y entre ellos no podía haber nada.
-¡Eliza!- dijo Annie poniéndose algo sonrojada.
-¡Ah! Desde niña ha sido muy mimada y con el paso del tiempo se volvió algo chocante.
-No me cae Eliza- se escuchó decir por detrás de Albert. Todos voltearon y se encontraron con un guapo castaño. Vestía un camisa de seda color hueso y unos pantalones de vestir cafés. -Aunque sea mi prima no me cae.
-Archie, creo que aquí a nadie le cae bien Eliza- dijo Stear quien venía bajando las escaleras y acompañándoles a todos en la sala. El único que hacía falta era Terry, pero lo único que se escuchaba era la armónica que la oji-verde le había regalado. -Desde la madrugada estoy maldiciendo a Terry. ¡No deja de tocar esa armónica!- exclamó Stear levantando las manos al aire y luego tapándose los oídos. Todos se rieron juntos y Candy se paró para calmar la risa ya que le estaba causando un dolor en el estomago.
-¿A dónde vas, Candy?- preguntó Archie al ver que Candy se dirigía a las escaleras.
-Tengo que hablar de un asunto con Terry- dijo y con eso los dejó.
Terry estaba sentado en la cama, deseando que Candy llamara a su puerta cuando alguien llamó a la puerta. La armónica quedó inmovilizada en los labios del moreno, sus ojos estaban mirando a la puerta con algo de curiosidad y miedo. ¿Qué pasaría si era Albert? -¡Qué más da!- dijo en voz alta y fue a abrir la puerta ya que los golpes en ella se hacían más insistentes. Las manos estaban temblándole mientras agarraba la chapa de la puerta para abrir.
-¡Ya ábreme, Terry!- se escuchó decir desde el otro lado de la habitación en un silencioso susurro. Terry abrió la puerta para encontrarse con una alegre Candy y una taza de té de manzanilla en sus manos. –Buen día. Déjame decirte que solo vine para hablar de la obra a la que iremos hoy- dijo entregándole la taza de té ya que él se había quedado completamente pasmado. Candy miró la armónica que estaba en la cama y sonrió al saber que le había hecho caso al cambiar los cigarrillos por algo más sano. Terry no podía creer que su deseo se hubiera hecho realidad en tan poco tiempo, pero se sacó de sus sueños y miró con curiosidad a la pecosa.
-¿En serio piensas ir conmigo a la obra?
-Claro. Por eso viene… para ponernos de acuerdo a qué horas nos vamos o donde nos vamos a encontrar- la cara que tenía el castaño la hizo perder la razón por un momento. Terry se miraba tan feliz de que ella estuviera allí planeando su salida al teatro, que por un momento olvidó el por qué de ir a esa obra en particular. -¿Te parece si salimos de aquí juntos a las 18:30pm? La obra es a las 19:00pm.
-¡Me parece perfecto, Candy!- dijo muy animado Terry quien había olvidado la taza de té en la mesita de cama. Se acerco a la pecosa y le dio un fuerte abrazo a lo que ella se estrujó para salir ya que la estaba ahogando. –Lo siento- dijo al ver la cara colorada de su pecosa aunque algo le decía que no solo era de estrujar con él. Al ver salir a Candy le la habitación, Terry corrió a su closet para mirar la ropa que tenía y para ver el pequeño regalo que le había comprado a la pecosa dos noches atrás.
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Ya estaba todo listo, solo hacían falta las dos personas que saldrían juntas de la casa en camino a esa obra. Terry estaba vestido formalmente con un traje de corbata negro, unas zapatillas negras, una camisa blanca y la corbata color negra. En sus manos estaba una raso blanca, le había dicho al jardinero que le cortara la más hermosa rosa del jardín del difunto Anthony, mientras que el jardinero hacía eso, el le pedía consejos al alma del rubio. Lo único que recibió de él fue una brisa del aire de invierno diciéndole que solo fuera él mismo y respetara a la pecosa. La rosa era definitivamente la más hermosa que Terry había visto, sin embargo dejó de serlo al ver a Candy bajar de las escaleras.
La blanca rubia estaba usando un vestido hermoso. Era largo hasta los talones, color mamey. Era liso con decoraciones en el torso de lentejuelas; a la cadera tenía un pequeño listón color negro, un escote juvenil y modesto por detrás. Candy usaba unos tacones blancos de pulsera y un bolso negro de marca Coach; sus manos estaban sencillamente decoradas con brazaletes de piedra mamey y blanca al igual que su cuello y oídos estaba acompañando a éstas. Sus mejillas comenzaron a ruborizarse al mirar los ojos brillantes con los que el caballero inglés la miraba.
Al llegar al final de las escaleras, Terry le tendió la mano a Candy y ella gustosa la tomó. Toda la familia estaba presente en la sala, Albert no quitaba la vista de Candy ni de Terry. En verdad hacen una muy hermosa pareja, eran los pensamientos del guapo rubio. Tal vez lo mejor era que él se alejara de ellos y dejara que el destino hiciera su trabajo. Sí, eso era lo correcto. Albert tenía que actuar como el nuevo líder que él era ahora.
-Diviértete, Candy- dijo Annie a su amiga y hermana con un abrazo. Candy le sonrió, pero por una razón se sentía como si pensaran que se iba de ahí, lo cual no era cierto y no le gustaba eso.
Salieron de la casa y subieron al coche donde Terry le entregó la rosa y algo más. -¡Te ves muy linda, pecosa!- le entregó la rosa blanca y por un momento Candy sintió que su cuerpo se desvanecía. Era una Dulce Candy. De su saco, Terry sacó una pequeña cajita negra y la puso en la pierna de ella. –Sé que no te caigo muy bien, pero no es correcto invitar a una bella dama y no darle un regalito- era un hermoso tocado de piedras. Candy lo había visto unas cuantas veces al ir a la ciudad, se había imaginado con el tocado en su cabello, era muy lindo. Aunque algo no le gustaba de Terry, Candy pudo mirar en sus ojos algo muy bello esa noche. Sabía que era amistad pero esa amistad estaba ocultando algo que ella quería mirar y ser testigo de. -¿Por qué me ves así? ¿Quieres que te demuestre algo?- le dijo atrevidamente mientras sostenía la cara de Candy en su mano.
-¡Terry!- fue lo único que pudo balbucear ella pues Terry se había volteado hacia el otro extrema del carro. –Aquí por favor- dijo Candy sonando a la ventana del chofer.
-Señorita, hace mucho frío- le reprochó el chofer. –Y el señor Andley…
-Bájenos aquí por favor- repitió la rubia sin importarle lo que Albert había ordenado. Obedeciendo las órdenes de la pequeña adolescente, el chofer la ayudó a bajar mientras que Terry la esperaba ya fuera del coche con otro regalo. Al mirar lo que era, dejó su abrigo en la parte trasera del coche y le dio la espalda a Terry para que sobre sus hombros el colocara una hermosa mañanita color café. Terry estaba que ardía por dentro de la pena, Candy le hacía sentir cosas que nunca había pensado sentir, algo que ni su "madre" le hizo sentir… amor. No faltaba mucho para llegar al teatro, caminar juntos por diez minutos antes de estar parados frente al edificio con grandes letreros de "NOCHE DE REYES." Terry entregó los boletos al cajero mientras que otro hombre quitaba delicadamente de los hombros de Candy la mañanita.
-¡Vamos, Candy! Te tengo una sorpresa.
-¡Otra!- dijo Candy excitada mientras caminaban rápidamente por un pasillo prohibido. Rápidamente se dio cuenta que era el pasillo a los balcones de Nobles y entonces recordó que Terry era un Noble. Se sintió avergonzada de haber olvidado tal detalle; los regalos eran posibles por eso… creía. -¿Qué hacemos aquí?- preguntó al entrar a un balcón abandonado, ni un alma se encontraba allí.
-Aquí podremos conocernos más sin interrumpir a nadie- dijo señalando a la pecosa a un asiento cerca de la orilla para poder ver la obra perfectamente. Terry le entregó a Candy unos pequeños binoculares y comenzó su charla a cinco minutos antes de que comenzara la obra. -Y cómo es que tu llegaste a Londres?
Le tomó unos minutos antes de contestar. La causa había sido la muerte de Anthony al ella escapar al Hogar de Pony y después ser encontrada por George a petición de Albert, quien en ese entonces no se hacía conocer a ella ni a ninguno de los jóvenes Andley. -Fui adoptada por los Leagan, los cuales desde mi llegada me… trataban mal. Luego conocí a Anthony, y Archie y Stear. Por ellos luego fui adoptada por Albert, quien en ese entonces tenía una identidad secreta para nosotros. Bueno, la que me adoptó fue la Abuela Elroy, luego Anthony murió…
-Lo siento mucho- dijo él interrumpiéndola brevemente. Candy negó y continuó.
-Al morir él, yo me regresé al Hogar de Pony donde me olvidé de mi tristeza pero el corazón aún lo tenía destruido. Luego, George me encontró por Albert y fue así que llegué a Londres- terminó de narrar justo cuando la obra estaba a punto de comenzar.
Las cortinas se abrieron y entraron varios hombres a la primera escena del primer Acto. Candy miraba al volante que habían recibido al entrar con todos los nombre y aspectos de los actores y actrices.
Entra el Duque Orsino, Curio, y otros señores; los músicos atendiendo
Duque Orsino: Si la música es el alimento del amor, sigan tocando; denme exceso de la misma, que, glotonería,el apetito puede enfermar, u pues morir.¡Esa tensión de nuevo! Tuvo una caída moribunda:O, que se acercó a mi oído como el dulce sopla sobre un banco de violetas,¡robando y dando olor! Vasta; no más:No es tan dulce como era antes.
Lo que el Duque estaba diciendo le recordaba a lo que había pasado la noche anterior con Albert; la forma en lo que la había rechazado. Candy estaba muy atenta a la obra, era muy dramática pero según el volante, también era una comedia. Esperaba que pronto llegara la parte de la comedia. Volteó a ver a Terry y se dio cuenta de lo tenso que se encontraba, miró al escenario y no vio nada raro. El Duque seguía hablando, pero esta vez de una tal Olivia.
Por qué, yo también, lo más noble que yo tengo:O, cuando mis ojos vieron a Olivia primero, ¡Me pareció que purgaba el aire con la peste!Ese instante fue que me convertí en un ciervo;y mis deseos, como perros talar y cruel,desde entonces me persiguen.
Era una manera muy rara en la cual el Duque hablaba de la que supuestamente amaba, y Candy, al mirar quien hacía el papel de Olivia entendió por qué Terry estaba tan tenso: Eleonor Baker. Pero, ¿por qué Terry se ponía de esa manera? De seguro no le estaba diciendo algo. Se acercó a él y lenta y penosamente, le tocó el brazo. Al sentir esa mano sobre su brazo, lo único que pudo hacer fue calmarse y dejar de empuñar sus manos. No debía dejar que Candy se diera cuenta de lo que Eleonor le hacía sentir, quería que el estar al lado de su pecosa fuera inolvidable.
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Siento mi retazo, gente.
Bueno, aquí les tengo otro capitulíto ... más grande que los otros, pero bueno.
Espero que les agrade más que el anterior... aunque le hice algunas modificaciones. ^.^
