"¿Estás seguro que esto funcionará?" A Jack le costaba concentrarse en lo que estaba haciendo, pues si miraba a Ianto y se perdía en su mirada de cachorrillo abandonado, todo lo demás dejaba de existir y tan sólo quedaba sitio para la tristeza por el sufrimiento de su prometido.
El capitán tomó la mano de su compañero y la sostuvo con fuerza mientras el Doctor le colocaba el pequeño aparato, justo detrás de la oreja. Ianto sintió el pinchazo pero estaba tranquilo, siempre se sentía así cuando Jack estaba a su lado, cuando le protegía incluso sin decir nada, cuando simplemente, como en esa ocasión, se sentaba a su lado y se quedaba allí, mirándole en silencio, masajeando su espalda tensa y susurrándole de vez en cuando al oído que todo iba a salir bien.
"Confío en el Doctor, siempre… normalmente sabe lo que hace y pondría la mano en el fuego por él." El joven agente comenzó a sentir el dolor, a sufrir por aquellos pinchazos continuos y repetidos que el aparatito estaba provocándole gimió sin poder remediarlo a causa del malestar y se apoyó sobre el pecho del capitán.. "Lo se, lo se, pero ¿confías en mi verdad?"
"Ya sabes que si." Dijo Ianto con apenas un hilo de voz."
"¿Es seguro?" Había preguntado Jack al Doctor cuando este le había contado, lo que para el capitán era un idea demasiado arriesgada. "No me puedes decir que va a funcionar con Ianto porque te funcionó con un alienígena que ni siquiera era humano. Necesito pruebas, que me asegures que Ianto está a salvo con ese dispositivo."
El Doctor se quitó las gafas y miró a Jack. Después de tanto tiempo, sabía que no podía mentir a su amigo, no tenía sentido hacerle las cosas más fáciles para que no sufriera. El capitán era una de las personas más fuertes que el Doctor hubiera visto nunca y no se merecía que le tratara bien sólo porque le diera pena.
"No te puedo asegurar que Ianto esté bien o que no tenga ningún efecto negativo en él." El capitán levantó las cejas dispuesto a reprocharle que le estuviera proponiendo algo tan peligroso, pero el Doctor continuó hablando. "Pero si te puedo decir que la criatura que está dentro de Ianto sabe sus debilidades, por el mismo motivo que dejó a Dean. Ianto necesita ser amado, no es una persona independiente, necesita alguien que le proteja y alguien a cuidar. Por eso esa cosa no se va a ir de su cuerpo, porque mientras esté en Ianto estará cerca de ti y podrá alimentarse de tu energía sin ningún problema."
"Si quiero recuperar a Ianto tengo que verle sufrir para que esa cosa salga de su cuerpo. Si no te conociera pensaría que quieres destrozarme." El Doctor miró a Jack, no recordaba haberle escuchado nunca hablar en un tono tan triste y desamparado como lo estaba haciendo en ese momento. "Acabo de pedirle que se case conmigo, le he regalado un cachorro; hay una niña, un bebé todavía y pensaba… Pero me dices que primero tengo que dejar que arriesgue su vida para que un maldito alien le deje en paz."
"Lo siento, pero hacerle daño a la criatura, hacer que su hogar sea un sitio menos acogedor es la única forma de hacerle salir." El Doctor entendía perfectamente los sentimientos de Jack, pues si él tuviera que hacerle algo parecido a Rose, no estaba seguro de poder tener tanta entereza como el capitán.
Jack se dejó caer sobre su silla y suspiró con fuerza. Desde que estaban juntos como una pareja de verdad, desde que el capitán había decidido pasar los siguientes ochenta años al lado de Ianto, le prometió ser completamente sincero con él. Por mucho que fueran partes oscuras de su vida, por mucho que le doliera contarlo, Jack le había dicho todo lo que el resto del mundo no sabía sobre si mismo a Ianto.
"No puedo decirle la verdad. No puedo decirle que va a pasarlo mal, que va a doler y que tiene que resistir hasta que esa cosa se marche de su cuerpo, suponiendo, claro está, que el dolor le haga marcharse."
"No tienes porque mentirle. No hace falta que le digas todo." Jack lo miró sorprendido, sonaba tan fácil cuando lo decía el Doctor, tanto tiempo acostumbrado a esconder su nombre, su verdadera identidad, todo lo que tuviera que ver con él y su pasado; le había convertido en un hombre capaz de darlo todo por sus seres queridos y por sus amigos, pero completamente hermético en lo que se refería a si mismo. "Ianto tan sólo te quiere a su lado, cuando la peor parte comience no hará preguntas y tu podrás cuidar de él como siempre haces."
- o -
El Doctor dejó la habitación era el momento de darles intimidad. Jack se tumbó en la cama y Ianto apoyó la cabeza sobre el pecho del capitán, que con mucho cuidado y movimientos lentos dejó caer una manta sobre el cuerpo de ambos.
"No le gusta, esto no le gusta." Dijo Ianto entre gemidos de dolor. "No se lo reprocho." Se detuvo para coger aire, mientras apretaba la mano de Jack. "Por lo menos mientras le duele me deja ser yo mismo y te puedo decir, siendo al cien por cien yo, que te quiero." Se movió con lentitud, arrastrándose hasta poder mirar a Jack a los ojos.
El capitán lo abrazó y lo aupó para ayudarle. Sin que Ianto dijera nada, Jack le besó con la mayor ternura posible. Se sentía tan culpable por el dolor que estaba sufriendo su compañero que no se sentía con fuerzas de decir nada; pues tan sólo quería quedarse ahí, acunando en sus brazos a Ianto y deseando con todas sus fuerzas que el plan del Doctor funcionara de verdad.
- o -
Cuando el Doctor salió de la habitación, se quedó un momento en la pasarela alta de la base y miró a su alrededor. Buscó a Rose por todas partes, pero no la vio. "Eh Sam, ¿has visto a Rose?"
"Claro me pidió que te dijera que no la esperaras levantado en la TARDIS, que seguramente volvería bastante tarde." Sam continuó ajustando la dos armas que tenía encima de la mesa, limpiándolas a conciencia, sin prestar demasiada atención al Doctor.
Si lo hubiera hecho se habría dado cuenta que se había puesto tenso y si lo conociera mejor le habría chocado que se había quedado callado y que se había marchado sin decir absolutamente nada. Sin embargo, el joven cazador, estaba demasiado preocupado en su trabajo de ese momento y no vio al Doctor desaparecer en el interior de la TARDIS.
El espacio de su nave parecía todavía más grande ahora que no estaba Rose allí, que no le escuchaba hablar o que no escuchaba como se reía alegremente. ¿Cómo había podido ser tan tonto? Ahora se sorprendía de que la chica hubiera encontrado a otra persona que la veía como ella quería, como una mujer joven y atractiva. Tal vez, después de todo el Doctor ya había perdido su momento.
Se dio la vuelta al escuchar la puerta de la TARDIS al abrirse. "Hola." Dijo con un tono casi musical Rose. "Pensaba que ya estarías durmiendo, al final se nos ha hecho bastante tarde."
"¿A ti y a quien más?" Dijo el Doctor con total seriedad.
"Ah si perdona no te lo había dicho, todo pasó tan de repente. Estuve con Dean, es un tío encantador y atento y es realmente guapo."
"Entonces veo que te lo has pasado bien." El Doctor había comenzado a deambular por el cuadro de mandos de la TARDIS y parecía que apenas prestaba atención a lo que Rose le estaba diciendo. Sin embargo, sus palabras dolían más de lo que ella se podía imaginar.
"Si has estado muy bien, tal vez un día de estos volvamos a repetirlo."
"Bien, me parece genial. Sólo le veo una pega a tu cita de esta noche." El Doctor se la quedó mirando por encima de las gafas y Rose sintió que sus ojos castaños le atravesaban el corazón debido a su fuerza y dureza, debido a que parecían estar hechos de un terrible fuego.
"¿Qué pasa? ¿Qué ocurre? ¿Me he perdido algo?" Rose esperaba escuchar las palabras mágicas saliendo de la boca del Doctor, algo así como, yo te quiero y no tienes porque perder el tiempo con él. Pero en lugar de eso, lo que dijo el Doctor fue bastante diferente.
"Jack."
"¿Jack que?"
"Jack lo está pasando mal. Ianto está sufriendo y tu estabas una cita." Las palabras del Doctor hicieron el mismo camino que sus ojos y se clavaron en su corazón. "Ahora nos necesita más que nunca a su lado, no lo reconocerá, ni dirá que está echo polvo, pero si vieras su mirada…"
"Yo, no se que decir." Rose se sentía fatal, ella que no hacía más que pensar en la mejor forma de conquistar al Doctor, había estado tan obcecada con eso, que no se había dado cuenta que había algo más a su alrededor.
"Y por cierto. Dean no te pega, tu necesitas algo más…"
"¿De otro mundo quizá? ¿alguien más cercano a mi?"
"Yo iba a decir algo más serio, pero creo que eso también valdría." Rose comenzó a sonreír, pero en ese justo momento el aparato que llevaba en la mano comenzó a pitar. "Lo tengo. ¡Sam!"
El Doctor salió corriendo de la TARDIS y fue hasta el cazador. "¿Tienes la fuente?"
"No se si es la fuente pero eso otra de esas cosas"
"Entonces habrá que decírselo a Jack." El Doctor detuvo a Sam con una mano en su hombro. "Vale, avisaré a mi hermano y nos pondremos en marcha, dinos las coordenadas para localizar a esa cosa."
"¿Alguien ha dicho que vamos de marcha?" John Hart apareció de la nada, sonriente y tan prepotente como siempre. "¿Desde cuando se hacen planes por aquí sin el conocimiento de Jack?" Nadie dijo nada, tan sólo el Doctor levantó la mirada hacia el despacho de su amigo, no era el mejor momento para hacer bromas.
"Hemos encontrado a otra de las criaturas y vamos a por ella." Le aclaró Sam. "Pero lo haremos a nuestro modo. Dean y yo somos un equipo y tu acabas de llegar."
"¿Sabes joven Winchester? Cada vez hablas más como Jack, el perfecto líder de grupo, con las órdenes adecuadas en los momentos adecuados. El hombre perfecto, como él. Seguro que te adaptarías muy bien a trabajar por aquí."
"Deja de hablar así de Jack, no se lo merece." Incluso el Doctor se sorprendió a si mismo por decir algo así, pero era justo lo que sentía en ese momento.
Dean apareció en ese momento y Sam le arrojó su arma, que su hermano cogió con agilidad. Vio a Rose aparecer en la puerta de la TARDIS y le sonrió, aunque cuando ella le devolvió la sonrisa vio algo extraño, como una especie tristeza o sentimiento de culpa. Pero no dijo nada, había otras cosas que hacer y ayudar a Jack a salvar a su novio era bastante importante en ese momento.
Los dos hermanos, seguidos de John salieron de Torchwood con las indicaciones del Doctor mientras este se quedó allí, pensando en Jack y en lo muy enamorado que estaba de Ianto. ¿Por qué le costaba tanto reconocer que sentía lo mismo por Rose? ¿Tenía que enterarse que estaba con otra persona, que se interesaba por otro hombre para que el hiciera algo?
El Doctor no era un cobarde, pero en lo que respectaba a las relaciones personales, no se sentía muy cómodo expresando sus sentimientos. Sin embargo, en ese preciso instante se dio cuenta que había sido un completo estúpido por haber estado a punto de dejar marchar a la mujer de la que estaba completamente enamorado.
