La libido de Apolo se fue de paseo y lo dejó solo… a menos claro que sea para ver a Lola. Pero digamos que no es el único quien siente "cosas" sobre su cónyuge: volcancita está a punto de llegar a una conclusión al respecto. Hermes recuerda a una ex novia y Artemisa volvió a pelearse con su médico. Terminó llorando. ¡Casi lo lamento por el galeno!


¡HOLA A TODOS! Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon. O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.

Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.

Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D

Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al genialísimo Masami Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!


ADVERTENCIA.

Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores.

Debido a la naturaleza de algunas escenas gráficas, se pide extra cuidado. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.

¡No intenten nada de esto en casa!


Capítulo 10: Curiosos Sentimientos.

Monte Olimpo. Palestra.

Dos semanas después. 5 de octubre. 7:30 horas.

"¡Condenado Señor Perfecto! ¿Acaso tiene los dedos crespos que no puede llevar sus cosas?"

Dando pisotones decididos, Lola caminaba hacia la palestra. Era temprano, pero no le molestaba despertar tan al alba. Era algo que solía hacer, y tan arraigada tenía la costumbre que ya ni se mosqueaba. La volcán enfurruñó el rostro cuando tuvo la palestra a la vista, detectando a la distancia como los dioses más madrugadores se ejercitaban antes de comenzar sus actividades diarias. Lola se detuvo e infló los cachetes sin saber si se sentía irritada, nerviosa o taimada.

"¿Tienen que entrenar desnudos con este frío?"

No. Desnudos no, se recordó. Solo ligeros de ropa. Sacudió la cabeza con fuerza, sin poder ocultar el feroz sonrojo que se apoderó de sus mejillas. ¡No! No era pacata, solo tenía mucha conciencia del espacio personal y la desnudez la ponía nerviosa. No solo por el frío crónico que sufría, sino porque nunca se habría imaginado convivir con quienes tenían un concepto tan diferente del cuerpo como el que tenía ella. ¿Acaso era una reprimida y no se había dado cuenta? Ella era liberal (para ser volcán), pero…

"¡Buenos Días, Krakatoa!" La saludó un alegre Hermes de pronto, quien le pasó por el lado en su carrera matutina. Sí, corría a torso desnudo y descalzo.

"¡Lindo Día!" La saludó también Heracles, muy cortés, haciéndole una seña.

"¡Buenos días!" Les saludó de regreso Lola, levantando una mano con timidez, la misma que usó para taparse los ojos.

Como decía, ella era liberal para ser volcán, pero esto era como saltarse ocho niveles. ¡¿En serio no les daba frío?! ¿Acaso era pacata de closet y recién se venía a dar cuenta? Lola rodó los ojos al cielo.

"¡Madura, volcán! Es una cultura distinta. ¡Seguro que tú les causas extrañeza con toda la ropa que usas encima!" Se regañó a sí misma y giró sobre sus talones.

Mejor se regresaba, todo esto la tenía nerviosa. Por esas casualidades miró su atuendo: estaba usando unos jeans ajustados y zapatillas, con un grueso y colorido sweater. Un volcán normal no habría aceptado JAMÁS cambiar su estilo, pero ella no tuvo mayor problema en hacerlo. Prueba de ello eran justamente esas prendas, que por cierto la hacían sentir muy bonita: se le ajustaban al contorno, le calzaban perfecto y además la abrigaban, aunque no mostraba mucha piel. Hizo un puchero… cuando vio pasar algunas diosas que también iban a entrenar. Si bien ellas no iban a torso desnudo (estaban usando una prenda que sujetaba a las niñas), también mostraban bastante piel. ¿Acaso eso le gustaría ver a su esposo? ¿La encontraría bonita? Quizás no tenía un cuerpo escultural y tan definido, pero estaba en forma, quizás le faltaba tonificar un poco las piernas y…

"¡AAAAAAARGH!"

Con furia sacudió la cabeza. ¿Qué tenía que estar pensando en esas cosas? ¿De qué le importaba si su esposo la encontraba bonita o no? Se miró con disimulo y hasta le dio un tironcito a su sweater para estirar la prenda. Quizás ella no era su tipo, ¿oh sí? A veces lo descubría mirándola. ¿Estaría complacido o no con su figura? Como que se veía a sí misma y le bajaban las inseguridades: a lo mejor a Apolo le gustaban de otra manera, ella era muy… normal.

"¡Por el Aro de Fuego, Krakatoa!" Volvió a regañarse. "¡No pienses en esas cosas!" Se aleccionó muy molesta. "No debería preocuparte. ¡No se va a fijar nunca en ti!"

¿Verdad? Bufó y miró hacia delante. Mejor se iba. No tenía nada que hacer tan cerca de la palestra, cuando sabía que su escultural esposo ejercitaba a esa hora. Si se lo encontraba en esas fachas seguro que se lo quedaba babeando como ya le había pasado algunas veces ya. ¡Qué Vergüenza! Y para colmo el tipo la había pillado un par de veces. ¡Era una volcán decente! No una cualquiera. ¡Bah! Para empezar, ¿Qué estaba haciendo ahí? ¡Pues Nada! Inflando el pecho, optó por alejarse lo más rápido…

Momento. Lola se detuvo, derrotada miró al cielo y levantó la mano derecha, la que llevaba una bolsa de papel bien sujeta. Gruñó, recordando de pronto porqué había venido despotricando contra el señor perfecto todo el trayecto desde la mansión hasta la palestra. Esa mañana, cuando estaba en la cocina preparando su desayuno (té de hierbas y lo que pillase para comer), Epíone y Leto habían entrado discutiendo sobre algo relacionado con la casa, a lo que no le puso mayor atención. La saludaron con cortesía, aunque pronto resumieron la pelea, por lo que ella se concentró en su desayuno. No les puso mucha atención, pero si pudo oír un par de veces el nombre de su esposo.

Apolo madrugaba. Tenía que asegurarse de que el sol salía a tiempo después de todo. Lola sabía que tomaba un café y tragaba algunas galletas de avena después de que cumplía con su deber, para irse a la palestra a sus ejercicios matutinos. Había intuido que se llevaba algo extra para comer, pero no le prestó mucha atención. Fue cuando notó el silencio.

Leto y Epíone la miraban con atención. Más su suegra que su ¿nuerastra?, pero la miraban. Esa mañana, al señor perfecto se le había olvidado llevar su botella de agua y su barra de cereal a la palestra. La discusión entre las dos diosas consistía en que Epíone quería enviar a una ninfa con los objetos y Leto quería que fuera Lola. Ni tiempo tuvo para poder zafarse de la situación cuando su suegra le pidió por favor que se los fuera a dejar.

Argh. ¡Lo que menos quería era acercarse a ese sitio! La evitaba como a la plaga, más si sabía que su esposo estaba entrenando. ¡No era ciega! La turbaba verlo medio desnudo. ¡Estaba como quería! Y eso le daba rabia. ¿Es que no podía tener tan siquiera algún defecto? Inteligente, lleno de virtudes, cuerpo perfecto, poeta, lector, ¡buena persona cuando estaba inspirado!, carismático, querido por todos, un guerrero fuerte… salvó dos veces su vida. ¡AAARGH! Era un imbécil inmaduro, necio a rabiar, e intensamente impulsivo cuando su mal genio se apoderaba de sus sentidos, pero no era suficientes defectos para compensar sus virtudes.

Y le movía las hormonas.

¡No era de palo!

Eso lo había descubierto por accidente hacía unos días, cuando al cruzar por una puerta chocó de lleno contra su esposo y éste la tuvo que sujetar para que no se cayeran. Terminaron sujetándose de una pared para no perder el equilibrio, y al menos ella con el corazón desbocado. Tras reírse un poco por los nervios, hacer un par de comentarios alusivos y seguir cada cuál por su lado, Lola tuvo que sacarse uno de los sweaters que llevaba puesto… ¡No podía permitir eso! No cuando todavía sentía la ausencia de Kelam y no quería involucrarse emocionalmente con su esposo. Además era una volcán decente, ¡quizás que iba a pensar Apolo de ella! Por otro lado, se suponía que quería matar a Guntur: para eso tenía que hacer erupción… lo que seguramente la mataría de agotamiento, considerando que no tendría su corazón con ella. Miró la bolsa en donde llevaba la botella de agua y las barras de cereal y dejó caer los hombros derrotada. Y sí, Apolo era simpático… ¡NO QUERÍA QUE LE GUSTARA!

Bah. Suspiró resignada: tampoco es que podía dejar al señor perfecto sin sus perfectos tentempiés.

Lola volvió a girar sobre sus talones y enfiló hacia la palestra, tratando de caminar con toda la dignidad que podía, saludando ocasionalmente a los demás dioses que pululaban en los alrededores. Cuando llegó a las gradas escaneó el lugar con la mirada sin encontrar a su esposo, pero sí un espectáculo digno de babeo con deshidratación. Un rubor le decoró las mejillas…

El cuerpo es una obra de arte y ella era la primera en admitirlo, aunque le iba a costar no sentir pudorcito cada vez que se enfrentaba a este espectáculo. ¡Una no es de roca!

"Supongo que así se ven las galerías de arte." Confesó entre dientes. "¿Y señor perfecto donde se metió?" Se preguntó en un murmullo al no poder dar con él.

"¿Lola?"

Sintió que se le helaban los oídos de gusto, si eso es posible. Lo miró de reojo y tuvo que reprimir el suspiro de sorpresa. Allí estaba Apolo en gloria y majestad. ¡Hasta brillaba el muy idiota! Venía de correr, por lo que estaba sudado, así que eso bien podía considerarse un punto en contra… pero no. El muy imbécil hasta para sudar era perfecto. ¡¿Cuál era su problema?! Fijó los ojos en el piso: no quería que la pillara babeándolo de nuevo.

¡Por todo el Olimpo! ¿También corría descalzo?

La volcán estiró el brazo con la bolsa, para entregársela.

"Ten. Tu mamá te lo envía."

"¿Mi mamá?" Apolo recibió la bolsa con calma. "Este… no era necesario que me trajeras esto. No siempre… err… ¿No era más fácil enviar a una ninfa o sátiro?"

"No sé. Hice lo que me dijo. Lo traje. Ahí lo tienes. ¡Bebe algo!"

Apolo ladeó la cabeza sin entender porqué Lola tenía la vista fija en el piso. ¿Por qué no lo miraba? A esa hora la luz era única, seguro se le acentuarían las facciones de manera diferente. Casi distraídamente sacó la botella de la bolsa y la abrió antes de beber un buen sorbo, sin dejar de mirar a su esposa. Enarcó ambas cejas… ¿Acaso la ponía nerviosa?

Sacó pecho y no pudo reprimir una sonrisa.

"Gracias Lola." Le dijo con cierto tono fanfarrón. "No esperaba verte aquí."

"No iba a venir." Dijo Lola a toda velocidad. "Yo… solo traje eso y… ¡Ya me voy!"

Siempre mirando al piso, Lola giró sobre sus talones y prácticamente echó a correr fuera de la palestra a bastante velocidad. Apolo no pudo evitar observarla con picardía mientras se alejaba. Nunca la había visto más ligera de ropa, pero no debía tener un mal estado físico. Quizás cojeaba un poco del pie derecho, lo que podía achacarse a sus lesiones recientes. Hmm… tenía curvas, no lo negaba, esas caderas se contoneaban muy bonito.

Hermes lo rodeó con un brazo.

"¿Babeando el fruto prohibido, compadre?"

"¡¿Qué va a ser fruto prohibido?! Es su esposa." Intervino Ares, cruzado de brazos. El dios de la guerra miró a Apolo. "Me extraña que no te las hayas ingeniado para meterla a tu cama."

"Deja que mi compadre se tome su tiempo." Intervino Hermes, soltando a Apolo y poniendo las manos en sus caderas. "Con los volcanes hay que tener paciencia."

"¿Te has acostado con volcanes, Hermes?"

"Síp. Salí con Thera un tiempo." El dios mensajero intentó hacer memoria. "De pronto no la volví a ver. Más o menos desde que hizo erupción en el 1627 a.e.c." Hermes se quedó callado de pronto, como si una grave noticia le hubiera golpeado la cabeza. "¡Por Zeus! ¡Hizo Erupción y No Fui A Ver Como Estaba!" Ares le dio un zape en la cabeza.

"Te sugiero que no vayas. Si vive, no creo que le guste verte después de poco más de 3.600 años."

"¡La pudo haber matado un devorador!" Hermes se sujetó la cabeza. "¡Pobrecita! Con lo dulce que era…"

"Pierde cuidado, creo que está viva. Hizo erupción en 1951." Explicó Apolo. "Y Ares tiene razón, evita ir a verla. No creo que esté feliz de verte después de tanto tiempo. Los volcanes son sensibles."

"Apolo sabe, aunque no prueba nada de lo que tiene a su alcance." Se rió Ares de buena gana, al tiempo que le daba una palmadita en la espalda. "Perdiste el toque, infeliz, si no has logrado seducir a tu esposa."

"Al menos lo mira. Bueno… ¡Al suelo que pisa!" Hermes lo miró muy serio, todo su drama con Thera olvidado. "Te babea, Bro. ¡Algo es algo!"

"Y fue evidente." Ares estiró los brazos en ese momento. "Me recordó a una exnovia." Hermes le dio un golpe amistoso a Apolo.

"¿En serio no la has visto desnuda?" Le preguntó curioso. "¿Fuera de la mesa de operaciones al menos?"

Pero Apolo no les estaba dando mucha bola. Tenía la vista fija en Lola, quien estaba por perderse de vista. Verla caminar así de enrabiada le provocaba un latido extra en el pecho.

"A este ya lo perdimos, Hermes." Comentó Ares cuando notaron que Apolo no les prestaba atención.

Es que Febo no podía dejar de ver el contoneo de sus caderas, ni dejar de pensar en cómo su esposa se negó a verlo con toda su fuerza. Sin mayor disimulo se observó a sí mismo. A Lola le gustaba lo que veía, sin duda, pero… ¿era tan intimidante acaso? Porque la incomodaba. Tomó otro sorbo de agua y guardó la botella en la bolsa, que rápidamente le pasó a Hermes.

"Seeeee… por completo." Suspiró el dios mensajero. "¿Huh? ¿Pero qué…?"

"Te lo regalo. Creo que ya fue suficiente entrenamiento por hoy." Afirmó Apolo, comenzando a trotar en pos de Lola. "¡Los veo a la tarde!"

Apolo se alejó sin dar mayores explicaciones, dejando a Ares y a Hermes enarcando las cejas, algo perplejos por lo que acababa de pasar. Se miraron de reojo al mismo tiempo, antes de encogerse de hombros.

"Con razón Afrodita está tan intrigada con esos dos." Comentó Ares cruzándose de brazos.

"Sep. No lo repitas mucho, no vayas a romper en encanto." Hermes sacó una de las barras de cereal que había en la bolsa y se la ofreció. "¿Quieres una?"

Sin decir palabra, Ares la aceptó.


Monte Olimpo. Estancias de Artemisa. Sala de Estar.

5 de octubre. Esa tarde. 15:56 horas.

Apolo no pudo evitar fijarse en el hibisco recién plantado justo en el jardincito interior de aquella sala de estar. Tenía una única flor, de color rosado bien intenso y se notaba que se estaba adecuando a su nuevo hábitat. Habían puesto toda la planta en un sitio especial y se notaba que se le estaba dando más atención por ser más nueva. Se inclinó un poco para verla, recordando por momentos aquél hibisco de cristal en el que habían sellado a Lola. Últimamente, siempre que veía estas flores (o algunas similares) recordaba a su esposa, a quien parecía gustarles mucho. Hacía poco se había comprado tres macetas y le había pedido permiso a Epíone de poner una de ellas, de color damasco con el centro rojo, en el jardín. Nunca supo que había pasado con las otras dos… bueno, suponía que este hibisco que veía era una de las que faltaba, ¿Dónde estaría la tercera?

¿Y si se las consagraba? Los hibiscos simbolizaban la belleza delicada y, pese a ser un volcán, eso describía muy bien a su esposa. Lola sonreía mucho cuando estaba cerca de ella, y aunque no dudaba en enfrentarse a cualquier adversidad de cara y mirando a los ojos, era sin duda mucho más delicada de lo que dejaba ver.

¡Cierto! Todavía no le avisaba a sus devotos que se había casado… ¡Iba a quedar la grande! Mejor esperaba un poco a que las cosas se tranquilizaran antes de avisarles.

¡Opa! ¿Por qué Lola tenía que pedirle permiso a Epíone de lo que hacía en *su* casa? Era su esposa. Con todo lo que quería a Epíone, era su nuera favorita, ¡Lola se suponía que tenía que mandar!

Oh… cierto. La pugna de poderes femeninos… ¡Qué raro! ¿Por qué su esposa no querría tomar su lugar como ama y señora de su casa?

"La señorita Artemisa ya viene." Le avisó de pronto Odiseo. El ángel lo miró con severidad. "Está algo de mal humor y nos ha costado calmarla. No tuvo un buen día."

"Lo sé." Apolo se irguió en toda su altura. "Supe que tuvo un altercado con el matasanos que fue a ver. ¡Quiero saber quién es para maldecirlo!"

"¿Y desde cuando tú tan agresivo con un colega?"

Artemisa estaba en la puerta, sujeta del marco y sujetando su panza con una mano. Tenía los ojos hinchados, clara señal que había estado llorando. Touma entró a la habitación con su típica irreverencia y se apoyó en una pared, cruzado de brazos y sin perder de vista al mellizo de su diosa. Teseo entró junto con Artemisa, presto a ayudarla por cualquier cosa.

"En el minuto que te hace rabiar, ya no es mi colega ni lo considero bajo mi protección." Afirmó Apolo. "Mamá me contó más o menos lo que pasó, pero quería saberlo de ti."

"Pues ya sabes suficiente. Fue un imbécil maleducado, ¡punto!" Artemisa entrecerró los ojos. "No te vengas a hacer el lindo conmigo ahora: te has pasado todos estos meses deseando que me pase algo malo, solo para eso afecte a mi hijo. ¡No te la compro!"

"Artemisa… cuenta hasta diez."

"¡No voy a contar hasta diez! Todo el mundo cree que se las sabe por libro y me dice lo que tengo que hacer. No comas esto, sino aquello; no hagas ese ejercicio, no bebas tal cosa, que le pongas música, que no le pongas." Los ojos de Artemisa se detuvieron unos instantes en su hermano. "Que aborta, que ese niño es del mal… ¡Por Todo El Maldito Tártaro! ¡La embarazada soy yo! NO ellos y se creen con el derecho de decirme lo que…"

Artemisa reprimió un puchero y se tapó la cara. Se sentó en el sofá y reprimió por momentos el llanto antes de no poder aguantarse más. Touma se acercó de a poco mientras Odiseo salía corriendo en busca de un vaso de agua. Apolo tragó saliva… su hermana estaba realmente afectada. Independiente del engendro que llevaba dentro, Artemisa se veía preciosa con panza. Como que tenía una luz que la hacía ver muy linda y que apelaba a su lado tierno. Nunca creyó que su hermanita pudiera llegar a verse así de bella.

¿Qué se sentiría llevar vida dentro? Era un proceso que había estudiado mucho, conocía cada etapa, desde la concepción hasta el nacimiento; para él no era un misterio, sino algo muy parecido a un milagro. Nunca dejaba de maravillarlo y sin duda era el primero en emocionarse cuando veía que una nueva vida comenzaba. Artemisa no había tenido suerte encontrando a un médico que la atendiera: había elegido mal desde el principio y para colmo su carácter no la había ayudado mucho. Además era matrona, no le pasaban gato por liebre y tenía esa costumbre de defender su posición con bastantes buenos argumentos, pero los médicos no parecían tomar en cuenta su opinión. ¡Cierto, cierto! No hay que despreciar los estudios que tenían ni nada de eso, muy por el contrario, pero como que no habían considerado que eran sus pacientes las del embarazo y como cualquier persona que se enfrenta algo nuevo, tenían dudas, miedos y expectativas.

Hmm. A ver si les enviaba alguna enfermedad que los aterrizara unos días en el hospital como pacientes, y que los asustara un montón, a ver si eso les bajaba un poco los humos.

¿Y si les enviaba un embarazo psicológico como castigo? Que hasta se les hinchara la panza incluso. ¡Eso les enseñaría!

"Misi…"

"¡No Me llames así!"

"Artemisa… ¿Al menos pediste cita con algún otro médico?"

"¿Y qué me vuelvan a tratar como a una idiota? NO."

"¿No quieres dejar al menos que te atienda Asclepios o…?"

"¿Tú mismo? ¡Ni que estuviera desquiciada! Antes prefiero ir con Ilitia. ¡Lo único que tú quieres es matar a mi hijo! NO."

Artemisa estaba asustada y con razón. Nunca en su vida creyó que gestaría vida, menos de la manera en que sucedió. Siempre estuvo desde la perspectiva de la comadrona, no de quien llevaba a la criatura en su vientre, lo cual (por mucha preparación que tenga una) siempre es diferente. ¡Tenía que estar tan asustada! Y lo trágico es que no tenía que estar pasando por una situación así. El niño que llevaba solo le causaba dolor.

¡Si tan solo no fuera el engendro! El enano ese no le interesaba para nada, o eso creía (en el fondo se angustiaba, pero no quería ni sabía como reconocerlo), lo que le preocupaba era la salud y comodidad de su melliza. Ella era la que se estaba desgastando por ese embarazo, no sabía si se estaba alimentando correctamente y, si bien ella era matrona, no le constaba que estuviera teniendo cuidados prenatales concienzudos. ¡Este era el tercer médico con el que se peleaba! Al menos que tuviera noticia… pero era el primero que la hacía llorar de este modo.

¡Maldito Descastado Impío! ¿Cómo osaba hacer llorar a su hermana?

¡Artemisa sería tan buena mamá! Quizás aprensiva, no lo dudaba, pero sí sería muy buena. ¿Cómo la ayudaba? Lo único que se le ocurría eran cosas que la hacían llorar y no poco. ¿En qué momento se había convertido en tal ogro? Era su culpa que Artemisa sufriera, debió estar más alerta, más pendiente de los peligros que la acechaban. Debió haber actuado con más rapidez cuando se descubrió su rapto. ¡No debió quedarse tan quieto! Él mismo debió bajar al Xibalbá con todo lo que tenía y abrasar esa tierra maldita hasta recuperar a su hermana, antes que fuera demasiado tarde. ¡No debió esperar tanto! Su melliza era malgenio y sabía cuidarse, pero… él era su hermano… debió… debió… ¡Ni siquiera podía echarle la culpa a Touma, o a los demás ángeles, de lo ocurrido! Se notaba que les tuvieron que pasar por encima para llegar a ella…

Bajo circunstancias normales ya le habría dicho alguna pesadez, en serio Artemisa se preocupaba demasiado del pequeño bastardo, pero no podía enojarse con ella, al menos no ese día. ¡Maldita sea! ¿Cómo la consolaba? Artemisa no iba a aceptar un abrazo suyo, ¡justo cuando moría por dárselo! Lo que a él le interesaba era que su hermana descansara. Tanto llanto terminaría por estresar al niño, y por mal que le cayera, no quería causarle un disgusto a su melliza. Sacó unos pañuelitos desechables y se los ofreció.

"Hermanita… Aunque no me creas te quiero ayudar…"

"No me interesa tu ayuda." Gruñó Artemisa a la defensiva. Le quitó los pañuelos de un manotazo, y se apresuró en sacar uno del paquetito. "¿Desde cuándo tú tan empático?" Apolo le acarició los cabellos.

"Soy tu hermano, no tu enemigo. Me duele verte así, porque no sé cómo remediarlo." Apolo bajó la cabeza. "Ni siquiera sé si me corresponde. Independiente de lo que pase con tu hijo, quiero… quisiera…"

Apolo estuvo a punto de pedirle perdón. Todas las palabras se le atravesaron en la garganta y no pudo decirlas. No supo cómo expresar sus miedos y solo atinó en mostrarle la palma de una mano, haciendo unas señas que solo tenían sentido para ellos. Artemisa hizo un puchero e imitó el gesto, utilizando ese lenguaje secreto que había compartido con su mellizo incluso desde el vientre.

"… Todo esto que me acabas de decir, Febo… me lo vas a tener que decir en voz alta algún día."

"Quizás cuando agarre fuerza…"

"Más te vale que lo hagas pronto." Artemisa se limpió las lágrimas y lo miró curiosa. "¿Te estás enamorando acaso?" le preguntó de pronto, sujetándole la mano. "Me pareció detectar algo de eso cuando conversábamos…"

Apolo abrió los ojos sorprendido y realmente pillado con la guardia baja. La gran ventaja que tenía el lenguaje que compartía con su hermana era que, por su naturaleza, transmitía muchas emociones y sentimientos de los que no siempre estaban al tanto, dejándolos en evidencia ante el otro. Ni bien Artemisa le hizo la pregunta, Apolo supo enseguida la respuesta, pero no quiso ni siquiera pensar mucho rato en ella ni profundizar tampoco en la cuestión. Por temor, por orgullo y para no romper el encantamiento en el caso que sí estuviera sucediendo. El dios se puso rápidamente de pie.

"Creo que ya te molesté mucho por ahora. Te dejo. Errr…" Apolo se fijó en Touma, quien lo miraba con cara de muy malas pulgas y cruzado de brazos. ¿En qué momento se había acercado tanto? Ni idea, pero eso no era lo importante. "Trata de que tome algo para los nervios. Le hace mal alterarse y… ¡te la encargo! Si me disculpan…"

Rápidamente, Apolo se despidió de todos y a zancadas recorrió la distancia hasta la salida de las estancias de su hermana y corrió a perderse un rato. Iría a trotar por allí, hacer algo de ejercicio que le permitiera distraerse de la respuesta que ahora le daba botes por todo el cráneo y que intentaba sofocar por todos los medios. Artemisa parpadeó perpleja y se giró para ver a Touma a la cara.

"¡Febo se está enamorando de Krakatoa!"

"Ya sé que ustedes dos tienen ese lenguaje con los dedos, ¿pero estás segura?" Preguntó Touma relajando por fin los brazos.

"Fue muy sutil, casi no me doy cuenta, pero sí… ¡Se está enamorando!" Insistió Artemisa tapándose la boca.

"Con razón no quiere demostrarlo mucho." Comentó de pronto Teseo. "¡Y con razón anda evitando al señor Eros todo lo que puede!"

"Eso no me parece malo, si me lo preguntan." Opinó Odiseo, encogiéndose de hombros. "Aunque también es Eros quien ha comenzado a evitarlo también: Krakatoa lo dejó con trauma post paliza."

"No, no es malo." Murmuró Artemisa. "Mientras no le rompan el corazón…" La diosa resopló. "Al menos no me dijo ninguna pesadez ahora."

"Ha sido un día largo." Dijo de pronto Touma muy grave. Todos asintieron muy serios. "¿Tarde de Xbox para despejarnos?"

Todos sonrieron con entusiasmo al mismo tiempo.


Monte Olimpo. Estancias de Apolo. Jardines.

Momentos después. 16:34 horas.

De que había salido emocionado de las estancias de su hermana, no había duda alguna. Verla con todo y panza había sido como un dulce bálsamo en su corazón, y por más que su mente y orgullo (sobre todo su orgullo) le chillaron que la situación rayaba en lo antinatural, no pudo sino admirar el milagro que sucedía al interior del vientre de su hermana. Sin embargo, a medida que se alejaba de Artemisa y la distancia le ponía freno a sus emociones, pasó a primar su lado racional y su orgullo comenzó a darle patadas.

Recordó que su sobrino era la más evidente de las señales de que no había podido proteger a su hermana y como el error que era, tenía que desaparecer. Últimamente, y no había caso negarlo, cada vez que pensaba en algún argumento para convencer a su hermana de eliminar al bastardo lo sofocaba rápidamente, y cuando lograba convencerse de expresarlo (incluso teniendo a su melliza frente a él) pues, se quedaba como embobado mirándola, sin ser capaz de decirle nada, excepto comentarle lo hermosa que se veía.

Llevaba algunos días que eso le estaba ocurriendo, más o menos la misma cantidad de tiempo en que no sentía nada de libido.

Dejó caer los brazos derrotado y angustiado gimió al cielo. No. No estaba sintiendo nada. Su libido se había ido de vacaciones o se negaba a inspirarle nada. Incluso se había expuesto a propósito a situaciones que pudieran haberlo llevado a excitarse, pero nada. Para colmo de males, esos últimos días Afrodita se andaba paseando por el Olimpo en unas fachas infartantes que no solo le atraía la atención de Ares, sino que varios dioses se habían inspirado para pasar tiempo de calidad con sus parejas. Y mientras él veía todo el espectáculo, a sabiendas que al menos debería sentirse algo entusiasmado, no le pasaba nada. Era como si estuviera en lo más profundo de Siberia.

Eso sí, era cosa que viera o pensara en Lola para que hasta viera colores neón y tuviera que pasar una media hora bajo a ducha fría. ¡¿Qué brujería era esa?! Lola era una volcán. ¡No podía estar teniendo pensamientos de ese tipo por una volcán! Además que la tipa no lo buscaba de esa manera, ¿verdad?

¿Por qué le pasaba esto justo ahora? Llevaba casi quince años sin pareja estable, con una aventurilla poca por aquí y por allá. Desde principios de ese año no había tenido nada con nadie, pero eso no había afectado su libido. Incluso los primeros días con su esposa había estado todo perfectamente normal… hasta que Krakatoa le entregó la fuente de su poder, su corazón. Luego de eso, sus hormonas desaparecieron. ¿Y si se hacía algún análisis de sangre? Quizás podía…

¡MOMENTO!

Su libido había desaparecido luego que Lola pusiera su corazón bajo su custodia. Solo pasaba a visitarlo cuando pensaba en su esposa y con fuerza inusitada. ¿Tendría acaso relación? ¡Tenía sentido! Seguramente el corazón de la volcán estaba cohibiendo cualquier sentimiento que pudiera tener por otras mujeres, anulando así sus instintos sexuales para centrarlos en su verdadera dueña. ¡Toda emoción que pudiera sentir él por Lola no era sino algo provocado por su corazón! NO. ¡Así no se podía! Nadie ni nada debería forzar sentimientos en otros, eso no era correcto. ¡Lo había aprendido a las malas! Tenía suficientes malas experiencias como para llenar libros de aquí a cien años. ¡ARGH! Dio una patada en el suelo, frustrado.

"Y lo peor de todo es que ni siquiera lo hizo a propósito." Masculló Apolo entre dientes, mientras apretaba los puños.

Apolo decidió que iría a analizar la gema más tarde para ver si podía bloquear sus efectos, por lo que reanudó la marcha a paso veloz. Decidió cortar camino por su jardín favorito, allí donde estaba Dafne, para ganar tiempo.

Craso error.

"… Sigo pensando que eres una malagradecida. Te ha cuidado como a una princesa todo este tiempo y sigues detestándolo." La voz de Lola llegó a sus oídos de pronto, justo cuando estaba por entrar al patio de los laureles. "Cierto que tienes motivos para odiarlo, no te los niego, ¡Pero eres una aprovechada de lo peor!" Pero lejos de enojarse, Apolo sintió millones de mariposas en su estómago. Se detuvo en la entrada del patio.

Lola, con su ya favorito sweater multicolor, parecía conversar con la misma Dafne. A sus pies había un cubo con implementos de jardinería y, por lo visto (quizás incluso desafiando al frío que sentía de manera permanente), la volcán había estado cuidando de las plantas. Se notaba que acababa de barrer, así que infirió que había terminado quizás hace unos momentos. Lola estaba de pie frente a Dafne, y tenía las manos en las caderas.

"Vale que es un imbécil, soy la primera en afirmarlo, pero te trajo aquí a un lugar seguro. Bien te pudo dejar ahí mismo donde te transformaste en planta a merced de los elementos. ¡Si no lo hubiera hecho, hace rato que te hubieran convertido en leña o algo!"

El laurel se agitó molesto, tal como si estuviera respondiéndole a Lola. Apolo levantó una ceja: nunca había visto que Dafne interactuara con otros, y claramente se veía que estaba manteniendo una conversación con Lola. Hmm… Hermes le había dicho alguna vez que Dafne había retenido su consciencia y que interactuaba con quienes pasaban cerca suyo. Incluso sus nietos le habían dicho en ocasiones, cuando eran pequeños, que conversar con el laurel era divertido. Sin embargo con Apolo nunca había dado señales de inteligencia. Tenía sentido: la ninfa lo despreciaba por culpa de Eros.

"Pues así como lo pones, eres una caprichosa egoísta. Apolo no te convirtió en planta, fuiste tú quien pidió ayuda: debiste especificar que no querías ser un laurel." Retrucó Lola, a lo que fuese que le hayan dicho. "¡Encima te aprovechas de su gentileza! Estás aquí en un patio especialmente dedicado, lejos de la atención indeseada y siendo por lejos el arbusto mejor cuidado del Olimpo… ¡Es mi Esposo! ¡Cuida Lo Que Dices Porque Soy la Única que Puede Llamarlo Imbécil!" Lola infló los cachetes cada vez más indignada ante las probables respuestas que parecía estar teniendo. "¡No hagas enojar a quien tiene acceso a las tijeras de podar!"

"¿Entonces solo tú me puedes decir imbécil?" Preguntó Apolo de pronto.

Lola giró sobre sus talones y lo quedó viendo como ciervo bajo luces de estadio. Dafne en cambio, agitó sus hojas en un claro gesto de desprecio y pareció encogerse sobre sí misma, haciendo lo que mejor sabía hacer (ser planta). La volcán se puso roja y se tomó sus propias manos, como encogiéndose sobre sí misma. Apolo se acercó sintiendo un latido lindo en el pecho y a medida que se acercaba, pudo notar la sonrisa de Krakatoa, cosa que lo hizo muy feliz.

"¿No me vas a responder, esposa?"

Lola retrocedió cauta, pero confiada, quizás sintiéndose algo traviesa. Comenzó a girar alrededor del laurel a medida que Apolo hacía lo mismo, ante la indignación evidente de Dafne, a quien no le gustó que la pusieran al menos de ese jueguito. A ninguno de los dos les importó nada.

"Sí. Soy la única."

"¿Quién lo dice?"

"Yo lo digo, esposo."

Se sonrieron mutuamente. Apolo cambió la dirección de sus pasos y comenzó a rodear el laurel en el sentido contrario, pero Lola lo imitó y con inesperada coquetería mantuvo a Dafne entre ambos.

Esos días Lola también había comenzado a sentir cosas de Apolo. En un principio había temido que se tratara de algún mecanismo de defensa que su mente había ideado para soportar la incómoda situación que los aquejaba, pero conforme pasaron los días, y contra su voluntad, Lola había comenzado a convencerse que no era el caso. Sin duda que lo resistía, no quería sentir nada por Apolo, ¡Nada!, pero… pero… algo dentro de ella parecía agitarse en demasía cuando pensaba en él. ¿Sería acaso efecto de las palabras de Kelam? ¿O se debía al hecho que le había entregado su corazón? No era algo que quisiera responder, pero la hacía sentir bonito.

"Hmmm. Ya veo. Supongo que has notado que otros también se sienten con ese derecho…"

"Cierto, pero son más importantes que yo, y tienen razones de peso."

"¿Más importantes que tú?"

"Solo soy una volcán… aquí solo soy una refugiada que da muchos problemas."

"Pero te consideras más importante que Dafne."

"Soy su esposa. Ella decidió quedarse por siempre convertida en planta. Por supuesto que soy más importante que ella."

Dafne se agitó indignada, como reclamando el comentario, pero no le prestaron atención, por lo que hizo un berrinche que también fue ignorado. Lola cambió la dirección de sus pasos y se detuvo frente a Apolo, logrando que toda la atención del dios estuviera fijada en ella.

¿Qué era lo que pasaba con ella? Se supone que no debería tener sentimientos hacia nadie, ahora debería estar concentrada en su venganza. ¡Además, el recuerdo de Kelam lo tenía demasiado fresco en la retina! Y sin embargo tenía a este esposo suyo delante de ella… no lo tendría por mucho tiempo… no podía involucrarse con él… si lograba escapar hacia su volcán, y poner en práctica su plan, seguramente moriría al acabar con Guntur… no podía dejar que sus sentimientos…

"Ciertamente." Le dijo Apolo con caballerosa coquetería. Puso sus manos en las caderas y se hizo el lindo. "¿Fue idea mía o también dijiste que soy gentil, esposa?"

"Lo eres. Eres un imbécil, pero uno muy gentil." Reconoció Lola mientras le arreglaba algunas arrugas de la camisa con una mano. "Tienes carácter, eres inmaduro, pero… eres muy gentil cuando quieres."

Apolo sujetó la mano de Lola, notando lo fríos que tenía los dedos. Sorprendida, Krakatoa abrió los ojos y se tragó las palabras. El dios sol suspiró sin dejar de admirarla, tratando de mantener bajo control las emociones que comenzaban a inundar su torrente sanguíneo: se sorprendió a sí mismo con el único anhelo de fundirse en un abrazo con su esposa y no dejarla ir nunca, pero al mismo tiempo la angustia le desgarró el corazón: esto era un sentimiento fingido, ajeno, inspirado por fuerzas externas a él que no sentía como propias.

Quizás era el terror a ser rechazado de nuevo, nunca supo, pero… pero…

… en los ojos de Lola pudo ver que ella sí parecía estar dándose una oportunidad para quererlo. ¡Y era cierto! Krakatoa decidió en el instante en que el dios tomó su mano y sintió ese calorcito, que si estos eran sus últimos días, prefería pasarlos amando a alguien, aunque ese alguien la despreciara por su volcánica naturaleza. No le diría nada, no le daría ilusiones, eso sería un secreto suyo propio, porque se negaba a jugar con las emociones de nadie. Así cuando se fuera, no rompería su corazón, aunque… viendo como Apolo la miraba, se llenó de angustia al sospechar que de algún modo, el dios sabía lo que pasaba en su corazón. ¿Era así de transparente? Se puso a temblar, pero de miedo…

… y Apolo se dio cuenta. Supo que esos escalofríos no eran por frío, sino por miedo y se odió a sí mismo por inspirarle tal cosa a su esposa. Acomodó su agarre de la mano de Lola y le besó los dedos con más ternura de la esperada. No quería hacerse ideas, tampoco ilusionarla a ella. Estaba a un paso de lanzarse con todo y asumir esta extraña pasión que le despertaba la volcán, pero se contuvo. Tenía una misión, tenía que cumplirla y esto que sentía por Lola seguramente no tenía ningún asidero. ¡Era feo que jugaran con las emociones de uno! Y ciertamente él no volvería a jugar con el corazón de nadie. Se sonrieron con cariño.

"Creo… que podríamos ir con Hestia a ver si le queda chocolate caliente. ¿Te gustaría eso?" Apolo sonrió torcido. "Claro… si Quetzalcóatl no se lo ha bebido todo."

"¿Cho-co-late?" Lola tuvo problemas para pronunciar la palabra, pero se llenó de sana curiosidad al mismo tiempo. "¿Qué es eso y como se come?"

"Es una golosina. Viene de una planta llamada cacao y tiene muchas preparaciones. ¿No la has probado?"

"No." Confesó muy intrigada. Apolo sonrió de lleno y le ofreció el brazo.

"Entonces permíteme que te introduzca al vicio. ¡Vieras el revuelo que causó cuando Hermes trajo chocolate por primera vez al Olimpo!"

"¿Ah sí?" Lola aceptó el brazo. "¡Cuéntame!" Pidió con entusiasmo.

Con una gran sonrisa, Apolo comenzó a explicarle a Lola sobre el chocolate y de esa guisa, tomados del brazo, salieron del patio de los laureles, tomando un atajo en dirección de las estancias de la diosa del hogar y el fuego.

Atrás dejaron a Dafne mascullando pestes. La pobre bien hubiera vomitado un arcoíris y dos unicornios por lo que había tenido que presenciar. Sacudió las hojas en señal de indignación.

¡Bah! ¡Enamorados! Los detestaba a todos.

Continuará.

Por
Misao–CG


Próximo Capítulo: Mensajes Agresivos

"… del Olimpo." Explicó Artemisa. "Tienen la edad física y mental de niños de seis años, pero compensan con el enorme poder que tienen. ¡Son unos consentidos!"

"Nunca antes habían dejado caer así la barrera. No que yo recuerde al menos." Comentó Touma preocupado.

"Son poderosos, pero no invencibles." Añadió Teseo con el ceño fruncido. "Mantienen la barrera encendida todo el tiempo, no bajan las defensas por nada."

"A menos que les haya pasado algo grave." Dijo Artemisa muy severa…"


Nota Mental: Creo que ya va a comenzar algo de lo bueno. Apolo está pasando por una montaña rusa de emociones. Lo que siente es bastante real y no está influenciado por nada, pero digamos que se niega a aceptar tal cosa y busca a qué echarle la culpa. No está acostumbrado a querer de ese modo, él estaba acostumbrado a otro estilo de amor y puede que cueste que le caiga el tejo. Lola en cambio… fue bastante más abierta a aceptar la realidad que su maridito. Sobre Hermes y sus volcánicos amores abandonados… Jejejejejejejejeje, solo esperemos que le haga caso a Ares y no vaya a ver a la susodicha. Sigo en conversaciones para convencer a Apolo que haga un curso de imagenología: el muy mugre se está haciendo de rogar. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS POR LEER!


BRÚJULA CULTURAL

Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, como ElCastellanoOrg en este caso, según corresponda.

Thera: Santorín, Santorini, Tera, Thera o Thira (en griego Σαντορίνη o Θήρα) es un pequeño archipiélago circular formado por islas volcánicas, localizado en el sur del mar Egeo, unos 200 km al sureste del territorio continental griego. Forma el grupo de islas más meridional de las Cícladas, con un área aproximada de unos 73 km² y una población de 13.402 habitantes en 2001. Es el centro volcánico más activo del arco volcánico del sur del Egeo, si bien lo que hoy en día queda es realmente una caldera inundada. En la isla tuvo lugar una de las mayores erupciones volcánicas de la prehistoria reciente, la cual ocurrió hace aproximadamente 3500 años. Investigaciones recientes sitúan tal fecha en el año 1627 a. C. La erupción dejó una enorme caldera rodeada por depósitos de ceniza volcánica y, según algunas teorías, pudo haber causado indirectamente el colapso de la civilización minoica de la isla de Creta, situada 110 km al sur, causando un gigantesco maremoto. Otra teoría sostiene que la erupción de Thera podría ser la inspiración principal de la leyenda de la Atlántida.

Aquella erupción se cree que alcanzó u IEV. Fue devastadora, sin lugar a dudas. Fue uno de los fenómenos naturales más significativos ocurridos en el mar Egeo durante la Edad del Bronce. La erupción volcánica causó un cambio climático en la zona del Mediterráneo oriental y posiblemente en todo el planeta. Con un volumen de roca equivalente a 60 km³, fue una de las mayores erupciones volcánicas sobre la tierra en los últimos miles de años. El nombre erupción minoica refiere a la civilización minoica de la isla de Creta, la cuál fue borrada del mapa debido a este cataclismo. Para algunos autores, esta explosión prehistórica pudo dar origen a mitos como la Atlántida, en el sentido que hundió una civilización pujante y con una meteórica carrera hacia lo alto. Los minoicos nunca se recuperaron de tal cosa. Algunos autores la señalan como la causa de las plagas de Egipto relatadas en la Biblia.

Y no: la civilización minoica no tiene nada que ver con los griegos clásicos. Es la primera propiamente occidental (y en cierta forma única en su tipo), pero no es griega, conste.

Embarazo psicológico: (También llamado pseudociesis, embarazo fantasma, utópico o imaginario) se da cuando una mujer cree estar embarazada sin estarlo realmente y presenta, además, la mayoría de los signos y síntomas gestacionales. Es un problema psicológico en el que el principal desencadenante suele ser el deseo desmedido de ser madre. En el hombre, pueden darse síntomas similares a causa de sentirse identificados con su pareja, sin embargo, este proceso se da generalmente cuando la mujer está realmente embarazada, y él, por sentirse protector, procura que su mujer sufra lo menos posible en la gestación, y en general, quiere ser participe del proceso y compartir todo lo bueno y lo malo. Lo mejor en estos casos es recurrir inmediatamente al médico que dará el apoyo psicológico necesario.

Idioglosia: Lenguaje idiosincrásico, inventado y hablado por sólo una o muy pocas personas. La mayoría de las veces, idioglosia se refiere a lenguas privadas de los niños pequeños, especialmente los gemelos. También es conocido como criptofasia y como habla gemela. Los hermanos gemelos son muy propensos a crear lenguajes propios que solo ellos entienden, excluyendo así a los demás, debido a la cantidad de tiempo que pasan juntos. Se cree que la criptofasia ocurre en casi la mitad de los gemelos y mellizos.

De acuerdo a la página ElCastellano, "Un análisis más profundo revela que, en casi todos los casos, la criptofasia consiste en una pronunciación errónea de la lengua materna en niños de entre uno o dos años, o sea, que todavía no han adquirido plenamente el lenguaje. Si bien a esa edad esto ocurre también con otros niños, como los gemelos se pueden entender, tenderán a fortalecer esos errores si no oyen en su entorno la lengua materna. En casos excepcionales (…), el habla de los gemelos puede desarrollarse más de lo común, y en detrimento de la lengua materna." (Fuente TEXTUAL: ElCastellanoOrg)