Capítulo 11
Liam
Había pasado una mala noche, despertó de las pesadillas que habían venido atormentándolo desde lo ocurrido con Ted y poco más. Una y otra vez se repetían las imágenes del estadio, el momento en que abandonó el lugar dejando al asesino de su padre atrás en las manos del pueblo que tanto amó a Simon.
Si abandonó el desayuno con su hermana y su madre no fue precisamente por recordar a Len con Jasper. Bien por ellos, pensó con una sonrisa en los labios; abandonó porque no se sentía bien consigo mismo. Le alegraba sobremanera el regreso de Robert, aunque con él vinieran ciertos recuerdos que lo ponían por los suelos, ¿por qué ahora? Golpeó la pared.
—Pared mala—escuchó. Se dio media vuelta y encontró a Willow con una ceja enarcada—. ¿Mala mañana, Príncipe Liam?—preguntó, mirándolo divertida.
—La presión de una campaña que se ha desbordado por las redes sociales.—No mentía, era parte de su frustración. Liam sonrió, la chica apretó los labios aguantando una sonrisa—. ¿Sabes algo de eso, Willow? ¿#KingLiam?
—Te prometo que no tengo nada qué ver—respondió Willow, Liam la miró con suspicacia—. ¿Te he dicho lo simpático que eres, Alteza?—Liam rió porque sabía que la pregunta venía para desviar la atención, realmente no sabía cómo lo hacía, pero Willow lograba quitarle toda presión, sacaba una parte más relajada de él.
—Vamos a suponer que te creo—rió Liam—. ¿Qué haces aquí?
—No sé exactamente, la Reina pidió verme y tengo la ligera sospecha de que es por dicha campaña en la que no tengo nada qué ver.—Liam volvió a reír, Willow le guiñó un ojo—. Poco sentido tendría porque el BigBro está de regreso, aunque yo sigo pensando que serías un estupendo líder, Liam, te lo aseguro—dijo con convicción.
Liam suspiró, él no se sentía muy convencido de ello. Últimamente había estado luchando con su demonios de forma interna, no había hablado al respecto ni con su hermana, y después de lo que pasó con Len, y con Jasper en el hospital no podía pensar en otra cosa que no fuese la seguridad de su melliza. Que estuviese bien, que el incidente no provocara en ella ningún trauma y por cómo la había visto los últimos días, y sobre todo esa mañana, no había mucho de qué preocuparse.
—Gracias por tu voto de confianza—sonrió.
—Agradecemelo haciéndome un favor, al menos para levantarte el ánimo que tienes—dijo en tono solemne Willow. Liam aguardó expectante—. Quiero que tu hermana y tú vengan al Electric Carnival, seguro se divierten—Liam no parecía muy convencido—, no sería lo mismo sin la realeza—añadió la joven, pícara.
Eleanor
Jasper no le había respondido aún a su último mensaje, sonrió porque el juego entre ambos era excitante, divertido, cómplice.
Miró una vez más la pantalla de su móvil mientras doblaba una esquina.
—¡Santa mierda!—exclamó, cuando, al levantar la mirada, se encontró con una niña de pelo castaño, vestida con un overol de mezclilla y una camisa blanca por dentro. Len entrecerró los ojos—. En los años que llevo viviendo aquí no había tenido el placer de encontrarme con una fantasmita, empezaba a creer que el Palacio era aburrido.
—No soy una fantasmita, soy una niña. De verdad—respondió la pequeña, con la mano en el pecho. Luego observó a Len de arriba a abajo, ladeó la cabeza—. ¿Eres una Princesa?—preguntó, con su dulce vocecita.
—No, soy LA Princesa—contestó Eleanor, emprendiendo su camino hacia el dormitorio—. O eso dicen.
—Pareces todo menos Princesa—comentó la nena, Len se giró y comenzó a caminar de espaldas.
—No sé cómo tomarme eso, niña.
—Sara Alice—dijo con rapidez—. Puedes llamarme Sara o Alice, o como tú quieras considerando que eres la Princesa.—Len se sorprendió de lo adulta que parecía la pequeña—. ¿Y tu corona?
—La mandé a pulir con el pulidor real, es muy pesada además.—Len volvió a mirar al frente, por supuesto que sabía quién era la niña, nada más y nada menos que la pequeña hija del Zorro Plateado.
—¿Tienes muchos vestidos?—Sara Alice iba detrás, interesada en saber todo sobre la Princesa que su papá cuidaba.
—¡Oh, sí! Muchísimos.
—¿Y por qué no los usas?
—No puedo andar por casa con esa ropa, no es tan cómoda.
—¿Y tu Príncipe?—preguntó cuando ya se habían detenido frente a la puerta del dormitorio de la Princesa—. ¿Tienes un Príncipe? La Princesa debe tener un Príncipe, que la pasee en su caballo blanco, y la bese, ¿y zapatos de cristal? ¿Tienes zapatos de cristal? La Cenicienta...
—Me sé la historia, niña, soy una Princesa no Cenicienta. ¿No tienes otro lugar adonde ir?—dijo Len, abriendo la puerta, y de inmediato le tapó los ojos a la niña cerrando la puerta en el acto.
—¿Es ese tu Príncipe?—inquirió Sara Alice, intentando quitarse la mano de Len de la cara.
—Mi Príncipe armado—respondió entre dientes. ¿Por qué Jasper no le dijo que estaba esperándola allí?
La puerta se abrió y salió el guardaespaldas, arreglándose la corbata.
—Jasper...—empezó Lenny.
—Ya verifiqué que todo estuviese en orden, Princesa—dijo él, intentando mantenerse profesional en la presencia de la pequeña, con suerte no le había dado chance de ver nada.
—Perfecto, señor Frost—sonrió Len, siguiéndole el juego.
—Soy una niña, no tonta—refunfuñó Sara Alice, con las manos en la cintura puestas en jarra.
—A las Princesas no se les habla así, ¿no lo sabes?—dijo Len, reteniendo una sonrisa.
—Lo sé, sé todo sobre Princesas.
—Perfecto, quien quiera que seas—soltó la chica, entrando a su habitación en cuanto Jasper se hizo a un lado.
—Sara Alice—le recordó la pequeña Hill.
—Ajá.—Len miró a Jasper—. ¿Puedes llevártela?
—¿Por qué yo?—Jasper frunció el ceño.
—Porque es la Princesa y debes hacerle caso—intervino Sara. Len la señaló y asintió dándole la razón.
Jasper se dio por vencido, cogió a la niña de la mano y salió cerrando la puerta tras de sí.
—¿Sabes algo acerca de cómo cuidar niños?—le preguntó la nena al estar fuera.
—No, pero llevo un arma conmigo. Vamos.
Caminó delante de ella por el pasillo.
—¿Sabes quién es mi papá?
—James Hill—respondió—. ¿Sabes cómo lo sé?
—No.
—Eres igual de bajita que él.
—¿No has pensado que él no es bajito sino tú demasiado grande?—Jasper no respondió—¿En serio tienes armas?—El guardaespaldas seguía ignorándola—. Mi papá dice que te gusta la Princesa que no parece Princesa, pero tú eres su guardaespaldas y...—Jasper se regresó, la niña se había quedado parada así que la cogió de las tiras del overol y la levantó llevándola en volandas.
Llegaron a la oficina de Mr. Hill, la sentó en una de las silla que allí había, y él se sentó en la otra; aguardaron hasta que el Jefe de Seguridad volviera. Jasper notó que la niña no dejaba de mirarlo, lo puso algo nervioso.
—¿Qué?—le preguntó.
—¿Te han dicho alguna vez que tus cejas parecen dos orugas?—Jasper frunció el ceño.
—No—respondió.
—Tus cejas parecen dos orugas—afirmó la niña, como si fuese necesario dejar ese punto claro.
Liam
Había considerado el plan de Willow, pero fue Eleanor quien llamó a la puerta de su habitación poco antes de él ir a por ella. Abrió y su hermana le puso su teléfono móvil en la cara para que viera una imagen.
—Electric Carnival, baby—sonrió—. Prepárate porque hoy vamos a celebrar, puedes traer a Jasper contigo para que nos cuide.
—O para que te "cuide"—respondió Liam, arqueando las cejas.
—¿Qué te traes Liam?—preguntó Eleanor, su hermano andaba muy sospechoso desde el desayuno. Pero más allá de eso, se le veía cabizbajo—. Jasper y yo nos estamos divirtiendo, sólo diversión, nada más.—Liam la miró dudando, pero con una sonrisa asomando en su boca—. Este festival te vendrá bien, vamos, anda. Sea lo que sea que esté perturbando esa cabeza tuya se esfumará con un poco de fiesta.
¿La viva imagen tuya con Jasper? No lo creo, pensó divertido. Eso no era lo que lo tenía desanimado.
Accedió, envió un mensaje a Jasper y en menos de treinta minutos estaban de camino al dichoso festival. Sentía que en Palacio se asfixiaba; recordó la dulce mirada de Willow, desechó la imagen al momento y en su lugar tuvo recuerdos de una joven rubia, y de Robert. Con su regreso vino ese sentimiento de ser menos, quería a su hermano, pero habían cosas que no olvidaba.
—¿Liam?—llamó su atención Eleanor—. ¿Todo bien?
—Mejor que nunca.
—Mentiroso—dijo Len, lo conocía muy bien, pero no lo presionó—. No dudes en contarme, cuando te sientas listo. ¿Es acaso una nena?
—Lenny...
—Vale, vale, no digo más. Cuentas conmigo.
—Lo sé—le guiñó un ojo.
Los fotógrafos llamaban la atención de los Príncipes nada más bajar de la limusina, ambos se pasearon por la alfombra, posando en medio del jaleo de periodistas y demás invitados. Los flashes vistieron a los mellizos en su andar; la música llenaba todo el espacio, Liam empezó a sentir que el buen ánimo de su hermana se le contagiaba. Pasearon por todo el lugar, bailando, disfrutando de toda la energía que los asistentes desplegaban.
No supo en qué momento Len se apartó de él y fue a su bola. La pilló charlando con un chico, y notó que Jasper observaba con mucha atención la escena.
—No sé a qué diablos juegan ustedes dos—rió el Príncipe. Jasper no respondió—. ¿Sabes que su intención es ponerte celoso, no?
—Ya lo sé.
—¿Y?
—Está funcionando.
Mientras Jasper y Len jugaban al tira y afloja Liam entró a una de las carpas, el subidón de ánimo estaba pasando. Se sirvió algo de beber, y escuchó una voz a su espalda.
—Sí viniste.
La sonrisa de Willow lo recibió cuando se giró.
—Un Príncipe no puede despreciar la invitación de una chica bonita.
—Eres muy gracioso, Liam—rió Willow, aunque se ruborizó. Ambos se sentaron en un sofá, había mucha gente en aquel festival, alguno se acercó a saludarlo—. ¿Cómo lo estás pasando?
—Bien, mi hermana me hizo la misma invitación y vinimos juntos.
—La he visto.—Dio un sorbo a su bebida—. Tu madre habló conmigo sobre la campaña, y quiere que haga algo parecido para tu hermano mayor, con su aparición no cree necesario...
—Lo sé.
—Liam, yo creo en ti, creo que tú harías un estupendo trabajo. Tienes madera de líder—aseguró Willow.
—Robert es el primogénito, y Len y yo no somos hijos de Simon, así que no hay nada qué hacer. Bienvenida al circo que es mi familia—dijo, levantando el vaso y bebiendo.
Se levantó y salió de allí, no tenía nada más qué hacer y cómo pudo se escabulló. No supo cómo, no supo en qué momento llegó allí, pero allí estaba; entró y la vio en la barra, escribía algo en un papel, al levantar la vista el mundo desapareció para Liam, su hermano no había vuelto, los problemas que bullían en su interior se frenaron.
La rubia se sorprendió.
—¿Liam?
Todo empezó a correr de nuevo cuando escuchó la voz de Robert detrás de él.
