Autor Original: YenGirl
ID: 1441036
Los 20 primeros capítulos están ya traducidos pero por algunos motivos tuvo que dejar de traducirlo y, después de hablar con ella y con la autora original, ambas me han dado permiso para continuar con los 10 capitulos que quedan y así dejar acabada la historia.
Por ello, esos 20 capitulos llevarán esta pequeña explicación con los siguientes datos:
Traductora: VaneCaos
ID: 1641450
Y sí, he subido los 20 capítulos a la vez y os preguntaréis, ¿por qué? Simplemente por el hecho de que ya están subidos y no voy a subir los 20 de uno en uno cada semana cuando ya están todos colgados. Es un poco tonto. Los 10 últimos si irán semanales pero estos mejor ponerlos todos a la vez~
Dicho eso, nada más que añadir~
¡Que lo disfrutéis~!
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11. Ven a flirtear conmigo
Era extraño, pensó Kaname mientras esperaba con los otros nobles fuera de las puertas de la Residencia Luna. Era extraño cómo había cambiado su perspectiva. Siempre había esperado el momento del cambio de clases, cuando las altas verjas se abrían y él, junto con el resto de los estudiantes de la Clase Nocturna, pasaba junto al griterío de las enamoradas chicas de la Clase Diurna de camino a sus clases. Básicamente, era el único momento en que podía ver a Yuuki, aunque sólo fuera durante unos instantes, un momento para disfrutar de sus sonrisas, quizás incluso para abrazarla y atesorar su calidez natural en su alma, por breve que fuera la sensación.
Ahora, el joven líder purasangre todavía esperaba el cambio de clases con mayor expectación... debido al alto y huraño prefecto de pelo plateado que aguardaba al lado de Yuuki. Qué extraño era haber visto siempre a Zero Kiryu como tu enemigo y rival, para acabar contemplándolo y anhelando su compañía. Qué extraño era saber que podías bajar tu siempre vigilante guardia ante él y estar completamente seguro de que no te iba a hacer daño en respuesta. Todavía resultaba más extraño darte cuenta de que, aunque Zero había visto más allá de la máscara tras la que te habías ocultado cuidadosamente durante años, aún podías levantar la cabeza con orgullo y mirarlo a los ojos sin perder tu dignidad, sin vergüenza, sabiendo sin duda alguna, por improbable que pareciera, que tus secretos estaban a salvo con él.
Kaname cerró los ojos un instante, controlando conscientemente el inestable latido de su corazón, que revelaría a los otros nobles lo ansioso que estaba su líder no por ver a Yuuki, sino a su rival de amor, y por intercambiar con él silenciosas miradas cargadas de signifcado. Había sido así durante la pasada semana y media, desde la cena con Zero en la ciudad. Las puertas empezaron a abrirse y Kaname inhaló profunda y lentamente. Otra vez ansiaba la presencia de Zero y sus tímidas miradas, acompañadas por un ligero sonrojo.
-o-
Faltaba más o menos un minuto para el cambio de clases. Zero ojeó el reloj y desvió la mirada al excitado grupo de chicas delante suyo. Yuuki estaba a su lado, como siempre, pero miraba hacia otro sitio y dio gracias por ello; estaba demasiado distraído como para contestar a cualquier cosa que le pudiera decir. No podía creer que esperara el cambio de clases, cuando era una obligación que siempre había detestado. Zero había odiado desde siempre la ciega adulación de las chicas de la Clase Diurna mientras contemplaban embelesadas a sus ídolos; siempre le molestaba la forma en que los nobles snobs de la Clase Nocturna se pavoneaban mientras se empapaban de la enloquecida admiración de sus fans de camino a clase. Pero, durante la última semana y media, desde la noche de su cena con Kaname, era lo único que anhelaba.
Zero desvió rápidamente sus pensamientos de los besos hambrientos y apasionados con los que había acabado aquella noche y que había recreado demasiado a menudo en su mente. En su lugar, caviló sobre otras cosas. Por ejemplo, sobre lo raro que resultaba esperar con ilusión el momento de intercambiar miradas con la única persona que, siendo un purasangre, podría ser tu enemigo mortal con todo el derecho del mundo aunque no fuera también tu rival. Qué raro era que él esperara tu sonrisa tanto como tú esperabas la suya, saber que tenías el aterrador poder de otorgarle felicidad o arrebatársela. Qué raro era darte cuenta de que el carismático purasangre que tenía toda una horda de fieles seguidores te había escogido a ti como confidente, incluso aunque eso le expusiera a tu mofa. Todavía era más raro que, sabiendo que eras el único que conocía, al menos un poco, el secreto que podía minar su posición en la escuela y en la sociedad, y destruir el respeto que los demás le profesaban, estabas decidido a que siguiera siendo un secreto. Y, lo más raro de todo... no lo hacías por tu propio provecho, sino por el suyo.
Cuando oyó que las verjas se abrían con un crujido, el corazón empezó a galoparle mucho más rápido. Había oído aquel mismo sonido cientos de veces y nunca le había afectado tanto como ahora, de hecho, desde que Kaname y él se habían besado en aquella mágica Nochebuena nevada. Zero se giró para enfrentarse a su mitad de las chicas que chillaban excitadas, pero todos sus sentidos estaban sintonizados con la hermosa presencia brillante que podía sentir detrás. Ansiaba girarse para comprobar si aquellos ojos marrones volvían a estar fijos en él, transmitiéndole en silencio lo contento que estaba Kaname de verle. La mirada sería sutil y muy discreta, pero para Zero resonaría tan alto como el ulular de una sirena y, cada vez que ocurría, tenía que combatir contra su sonrojo.
Transcurrió una pequeña eternidad de suspense hasta que percibió a Kaname justo detrás y se giró lentamente. El prefecto se encontraba a la derecha de los estudiantes de la Clase Nocturna mientras aquellos caminaban por el sendero, y la cabeza del purasangre se había girado justo en aquella dirección. Sus ojos se encontraron al instante. La expresión de Kaname era esperanzada y reservada al mismo tiempo, como si quisiera que sólo el prefecto supiera cómo se sentía, y la de Zero era igualmente reservada mientras rogaba en silencio que nadie más se diera cuenta.
La tímida mirada de Zero tuvo la virtud de reconfortar el corazón de Kaname, que anhelaba algo más que aquellos breves momentos robados y esperaba poder disfrutar de él durante mucho más rato. El último fin de semana no había sido posible, él había estado ocupado y, al parecer, los dos prefectos también. Pero mañana volvía a ser sábado y se preguntó si Zero tenía planes para aquel fin de semana.
Cuando el purasangre saludó a Yuuki con un abrazo momentos despueś, se aseguró de preguntárselo casualmente y la muchacha le explicó que Zero y ella iban a coger un autobús al día siguiente para ir a la ciudad a recoger un paquete especial que acababa de llegar para el director. Yori también los iba a acompañar y estaba claro que las chicas tenían en mente algunas acitividades con las que distraese antes de que los tres tuvieran que volver a la escuela por la tarde. Kaname asintió mientras se lo explicaba, como si la información no tuviera demasiado interés para él, pero tan pronto como acabaron las clases aquella noche, se apresuró a informar a su chófer de que irían a la ciudad al día siguiente por la tarde, aunque se suponía que los dos tendrían que estar durmiendo a aquella hora.
Era una oportunidad demasiado buena como para desperdiciarla.
-o-
-¿Qué tal estuvo la peli que viste la semana pasada, Zero?- preguntó Yuuki en tono ligero mientras Yori, Zero y ella salían de la oficina de correos después de recoger el paquete del director, guardado en su mochila.- No he tenido ocasión de preguntártelo.
Zero le dedicó una mirada sorprendida antes de ponerse las gafas de sol.
-¿Qué película?
Yuuki resopló.
-¡La que fuiste a ver con Kaname-sempai la otra noche!- replicó, para luego taparse la boca con la mano ante la pregunta de Yori.
-Zero-kun, ¿fuiste a ver una película con Kuran-sempai?
-¡Lo siento!- susurró Yuuki a Zero, contrita, ganándose un bufido.
-Eh... no estuvo mal.- murmuró, mirando hacia otra parte. Bien, ¿qué se suponía que tenía que decir? ¡No es que se hubiera enterado demasiado de la peli!
Yuuki lo contempló con fijeza.
-¿No estuvo mal?- repitió, incrédula.- ¡Es un taquillazo, Zero! ¡Ha tenido unas críticas tremendas!- su suave ceño se volvió más profundo ante la falta de interés de su compañero.- ¿Y esa escena en el ascesor era tan divertida como dicen?
Zero se limitó a mirarla con la mente en blanco. ¿Ascensor? ¿Qué ascensor? ¿Y qué escena se supone que era exactamente? Yuuki puso los ojos en blanco. La mirada ausente de Zero era evidente a pesar de las gafas de sol.
-¡La de cuando el héroe se encuentra con el novio de la chica en el mismo ascensor! ¡Los dos iban a su apartamento a llevarle flores para su cumpleaños!- segundos después, sus ojos se estrecharon, fulminándolo.- ¿Estás seguro que realmente viste esa peli, Zero?- preguntó con recelo.
Una mirada de reojo le indicó al joven que Yori estaba igual de interesada en escuchar su respuesta y encogió un hombro con incomodidad. Al final, decidió que la honestidad –o,al menos, parte de ella- era la mejor opción.
-Nosotros... eh... no estuvimos muy atentos a la película porque una familia con tres niños llegó tarde y se sentó cerca nuestro. Los dos mayores montaron un alboroto porque no veían bien la pantalla.- Zero decidió que "cerca nuestro" parecía más seguro que "al otro lado del pasillo".
-Oh... ¿y?- una de las delicadas cejas de Yuuki seguía enarcada.
-Y nosotros... Kuran y yo... les echamos una mano.- murmuró Zero, volviendo a encoger el hombro.
-¿Cómo?- ahora Yuuki tenía las dos cejas alzadas.
-Em... dejándoles que se sentaran en nuestros... eh... regazos.
Las mejillas de Zero empezaron a adquirir un rubor rosáceo cuando las dos chicas se lo quedaron mirando con la boca abierta.
-¿Kaname-sempai y tú?- preguntó Yori con incredulidad.
-¿En vuestro regazo?- repitió Yuuki en el mismo tono que su amiga.
-Sí, por eso estuvimos distraídos, ¿vale?- gruñó Zero, decidiendo otra vez que no iba a mencionar que los dos niños se habían quedado dormidos en cuestión de minutos, que no les habían molestado para nada y que ni siquiera se habían despertado hasta que la película había acabado.
-Oh.- añadió Yuuki al punto. Aún se debatía entre reírse ante la adorable imagen mental de dos nerviosos Kaname y Zero con dos niños quejumbrosos en su falda o sentir envidia por no haber estado allí para presenciarlo.- Bueno, y ¿qué tal la cen...?
Esta vez, Zero fue más rápido.
-A ver, ¿entonces, chicas, queréis volver ahora a la escuela?- frunció el ceño al ver que Yuuki compartía una sonrisa secreta con Yori, que le decía que no tenían ninguna intención de regresar en aquel momento. Zero ignoró a Yori pero dedicó a su compañera una fingida mirada severa.- Vale, ¿qué pasa, Yuuki?
La joven de cabello cobrizo le dedicó una sonrisa encantadora.
-Bueno, hay rebajas en el centro comercial. Yori y yo vimos el anuncio en los periódicos de ayer y yo... en fin, pensamos que nos podíamos dejar caer por allí un rato... –dejó de hablar al ver que las cejas de Zero se juntaban.
-¿Cuánto tiempo quiere decir un rato?- preguntó sin alterar la voz.
Yori sonrió desviando la vista y Yuuki empezó a retorcerse un mechón de pelo alrededor de los dedos mientras rebullía inquieta.
-Eh... un rato... una o dos horas...
¡Dos horas! ¿Qué puñetas se suponía que tenía que hacer él durante dos horas? ¡Y Yuuki siempre tardaba media hora más después de aquello para acabar de decidir qué compraba! Yuuki rió por lo bajo ante la poco entusiasta reacción de Zero e incluso Yori sonrió.
-¡Oh, no tienes que acompañarnos, Zero! Yori y yo volveremos por nuestra cuenta. Tú puedes regresar antes, ¿vale?
Los tres habían comprado billetes de ida y vuelta por la mañana y servían para cualquier autobús de la misma compañía que cubría el trayecto hacia la pequeña ciudad al lado de la Academia Cross. Zero dudó. Sabía que las chicas estarían bastante seguras porque sólo eran las tres y media de la tarde, pero aún así les advirtió con firmeza que cogieran el autobús como muy tarde a las seis. No había necesidad de que él esperara a Yuuki porque no iba sola.
Después de que las dos chicas le prometieran que así lo harían y se despidieran de él, Zero emprendió el camino de vuelta a la estación de autobuses en el centro de la ciudad. Mientras caminaba, pasó justo delante de la galería de arte local, un gran edificio de dos pisos ante el cual hacían cola al menos una docena de personas, a las que se añadían un par de autobuses escolares en el aparcamiento y dos grupos de niños con uniforme que pululaban con sus profesores revoloteando alrededor de ellos.
Al parecer, había una exposición bastante interesante y Zero consultó automáticamente el reloj. Tenía mucho tiempo por delante, así que no pasaba nada por echar un vistazo... además, estaba prácticamente seguro de que la galería sólo le cobraría un precio simbólico por la entrada con su carnet de estudiante. Volvió sobre sus pasos hacia la entrada, sin darse cuenta de que un par de ojos marrones seguían sus movimientos desde una limusina aparcada al otro lado de la calle.
Kaname esperó hasta que Zero hubo comprado su entrada y desaparecido en el edificio antes de darle instrucciones al conductor para que estacionara en el aparcamiento de la galería. Mientras salía de coche y se encaminaba a comprar su entrada, con la larga gabardina marrón ondulando alrededor de las piernas, no se dio cuenta de que había un par de claros ojos acuosos mirándolo desde otro coche que acababa de entrar en el aparcamiento.
-o-
La galería acogía aquella semana la exposición de cuadros de un artista y Zero siguió a la muchedumbre por las escaleras hacia una de las salas, ignorando el murmullo de las conversaciones mientras miraba en derredor.
La sala era grande y de techo alto, con una treintena de pinturas colgadas en las paredes de color crema, con cuerdas de terciopelo rojo que impedían al público acercarse demasiado a las obras. Aunque Zero no era ni un estudiante de Arte ni un auténtico aficionado, sabía apreciar el talento del artista, a juzgar por los realistas retratos de escenas de la vida cotidiana que podía ver. Se tomó su tiempo contemplando cada cuadro, paseando de uno al otro.
Al cabo de diez minutos, sus sentidos de cazador empezaron a cosquillear y dio instintivamente un paso atrás mientras fruncía el ceño. Espera... eso parecía... ¿Kaname? Por un momento, se preguntó si su traicionera imaginación le estaba jugando una mala pasada, teniendo en cuenta que Kaname había ocupado la mayoría de sus pensamientos conscientes (y, a veces, también inconscientes) últimamente. Pero no, Zero había conseguido por una vez no pensar en el purasangre durante los últimos diez minutos, así que no era el caso. Por improbable que pareciera, estaba percibiendo su aura. El purasangre estaba allí, en aquella misma galería, estaba completamente seguro.
El corazón de Zero empezó a latir más deprisa pero, a pesar de los seis adolescentes dándose empujones a su alrededor mientras contemplaban el cuadro de delante y lo comentaban entre sí, permaneció muy quieto. Sabía que Kaname se le estaba acercando por detrás, y se sorprendió al darse cuenta de que el purasangre estaba despierto cuando sólo eran las cuatro de la tarde. Además, ¿por qué tendría que estar Kaname en esta ciudad?
A pesar de todo, no pudo evitar que los labios se le curvaran en una pequeña sonrisa involuntaria.Kaname estaba aquí. Aquella presencia especial era inconfundible, igual que aquellas pisadas seguras y livianas en el suelo de madera y la leve traza de aquel olor deliciosamente único. La sonrisa de Zero se ensanchó y las mejillas adquirieron un leve color al sentir a Kaname moviéndose detrás de él. El prefecto estaba a punto de girarse para darle la bienvenida cuando un par de brazos lo enlazaron por la cintura y lo atrajeron contra un pecho firme.
Qué demonios… ¡¿Kaname lo estaba abrazando en público?! Olvidando tanto la sonrisa feliz como la bienvenida, Zero rebulló para liberarse.
-¡Kaname!- exclamó con indignación.
-Ssh…
La voz del otro fue un mero suspiro y el ligero roce de sus labios contra la oreja derecha de Zero dejó al prefecto petrificado. Se quedó donde estaba, con el pecho subiendo y bajando rápidamente bajo la camiseta azul claro, siendo más consciente de la presencia de Kaname justo detrás con cada segundo que pasaba, aspirando el olor delicioso de su captor con cada inspiración agitada. Pero aún así… ¡qué creía Kaname que estaba haciendo, abrazándolo en público de aquella manera, por amor de Dios! Zero podía notar todo el rostro latiendo de calor y bajó la mirada cuando dos mujeres de mediana edad pasaron a su lado y chasquearon la lengua con desaprobación.
Zero resopló e intentó girarse para fulminarlo, pero los brazos delgados alrededor de su cintura aumentaron la presa, impidiéndole moverse. Luego intentó girar sólo la cabeza, pero Kaname apretó la mejilla izquierda contra la derecha suya y apoyó la barbilla en su hombro.
-No… no te gires, Zero. No te muevas.- susurró, percibiendo el agitado latido del corazón del otro y sabiendo que el suyo iba igual de rápido.
El bufido y el ceño fruncido de Zero se hicieron más pronunciados pero se mantuvo inmóvil, con el corazón martilleando en el pecho.
-¿Esta es la idea que tienes de una broma?- siseó, notando que el purasangre negaba con la cabeza por toda respuesta.
El oscuro cabello sedoso rozó la mejilla derecha de Zero como una caricia, desprendiendo la familiar fragancia de champú.
-No, no es una broma. Te lo explicaré en un momento. Por ahora… compórtate con normalidad.- Kaname consiguió sonar mortalmente serio. Tenía una buena razón para hacer aquello, después de todo, y era increíble volver a tener a Zero entre sus brazos.
¿Compórtate con normalidad? Zero podría haber replicado a aquello si no fuera porque estaba tan avergonzado que podría haberse fundido a través de las tablas de madera. Aún así, consiguió bufar débilmente mientras continuaba con la vista fija en el cuadro de delante sin verlo en absoluto.
-Vamos, ahora camina conmigo.
El brazo derecho de Kaname dejó su cintura, pero mantuvo el izquierdo donde estaba y empujó a Zero para que le siguiera. El rostro del prefecto seguía en llamas al mirar de reojo a Kaname, que caminaba con aire desenvuelto hacia el rincón más alejado de la sala, como si lo único que pretendiera fuera echar un vistazo a las pinturas de paisajes marineros que se exhibían allí.
Pero… El ceño de Zero se aclaró un tanto hasta desaparecer mientras le seguía en silencio. Kaname no estaba tan relajado como parecía. Notaba que el brazo alrededor de su cintura estaba tan tenso como el resto del cuerpo, a pesar de lo relajado que parecía el pursasangre por fuera. Algo le estaba preocupando, se percató al fin.
Ambos se detuvieron un momento frente a la pintura de una pequeña granja al borde de un acantilado sobre el mar y luego Kaname prosiguió hacia el siguiente cuadro, arrastrando suavemente a Zero con él. El prefecto siguió manteniendo la cabeza gacha para ocultar su sonrojo, pero tenía la sensación de que Kaname estaba esperando que el pequeño grupo delante de ellos saliera de la sala. Medio minuto después, así lo hicieron y para entonces el sonrojo de Zero había desaparecido, más o menos, y su corazón latía algo más lento. Se habían quedado a solas, al menos en aquella esquina de la sala, y el prefecto oyó un suave suspiro a su lado antes de que el brazo alrededor de su cintura se apartara con renuencia. Los dos estaban de cara a una pintura y Zero giró la cabeza hacia su derecha.
-¿Qué está pasando?- preguntó con curiosidad.
Kaname se giró para mirarle, dejando que sus ojos recorrieran a su gusto el rostro del prefecto.
-Lo siento, Zero.- murmuró antes de sonreír un poco.- ¿Te he avergonzado antes?
El otro volvió a fruncir el entrecejo e ignoró la pregunta.
-¿Qué está pasando, Kaname?- volvió a preguntar, sin dar oportunidad al purasangre a que respondiera antes de bombardearle con más preguntas.- ¿Por qué estás levantado tan temprano? ¿Y qué estás haciendo aquí?
Kaname volvió a suspirar.
-Ya sé que es temprano.- admitió. Y también hace demasiado sol.- Cuando hablé con Yuuki ayer me dijo que los dos y Sayori Wakaba íbais a venir a hacer un recado para el director. Así que… -dejó la frase en el aire y se encogió de hombros.
Zero no le quitó la vista de encima.
-¿Nos has seguido hasta aquí?- preguntó sin poder creerlo.
Kaname dudó un momento antes de asentir.
-Sí. Quería volver a verte.- admitió en voz baja, lo que hizo que el color en las mejillas de su compañero aumentara.- Vi que te separabas de las chicas fuera de la oficina de correos y te seguí… para ver si querías que te llevara de vuelta a la escuela.
Zero parpadeó y sonrió a pesar suyo. ¡Por supuesto, Kaname no habría venido hasta aquí en autobús! Se sentía tan avergonzado como halagado de que el purasangre se hubiera quedado sin unas cuantas horas de sueño y se hubiera tomado la molestia de venir a buscarlo. De hecho, Kaname tenía aspecto de no haber descansado lo suficiente aunque, a pesar de ello, tenía la misma apariencia excepcional, con una camisa de lino de color crema y unos pantalones marrón claro debajo de la gabardina. Antes de que Zero pudiera decir nada, Kaname miró por encima del hombro izquierdo y se quedó rígido de forma casi imperceptible.
-Oh. Ha vuelto.- murmuró resignado.
-¿Quién ha vuelto?- preguntó Zero volviendo a fruncir el ceño. Antes de que pudiera mirar detrás, Kaname se le acercó, volviendo a enlazar su cintura con el brazo izquierdo.
-No mires ahora.- le susurró, ganándose una mirada fulminante de reojo del otro.
-¿Qué quieres decir con "no mires"? ¡Quiero saber quién es!- replicó, preguntándose si Kaname habría visto a alguno de los nobles de la Clase Nocturna.
Pero él no había percibido la presencia de ningún otro vampiro cerca. ¡Oh, Señor, esperemos que Cross no hubiera decidido venir a buscar su propio paquete! Kaname percibió su agitación.
-No es nadie de la Academia Cross.
Zedro se relajó un poco.
-Voy a armar una escena si no me dices quién…
El brazo de Kaname apretó su cintura un poco más fuerte mientras acercaba los labios a los piercings de la oreja derecha del prefecto.
-Aquel tipo del concierto de piano…- susurró.- … aquel del que me ayudaste a desprenderme, ¿te acuerdas?
Zero se quedó de piedra y luego acudió a su mente una imagen de aquel tipo delgado y desagradable que no paraba de mirar a Kaname. Poco a poco, giró la cabeza hacia el otro lado para ojear despreocupadamente detrás de él, a pesar de la presión del brazo de Kaname en su cintura. Yup, el señor Lascivo en persona, en la entrada de la sala y tan demacrado como siempre. Sus ojos bulbosos estaban fijos en ellos.
Magnífico.
El prefecto sintió aquel familiar ramalazo de resentimiento mientras dedicaba una rápida mirada a Kaname.
-¿Hace cuánto rato que te sigue?-preguntó en voz baja.
Esta vez, Kaname se sintió aliviado al oír que Zero ya no parecía enfadado y se había olvidado del brazo alrededor de su cintura.
-Entró en la galería justo después de mí y ha empezado a seguirme. Sabía que tú estabas aquí arriba y lo despisté en las escaleras, pero parece que me ha vuelto a encontrar.
El purasangre parecía melancólico, pero Zero sólo resopló por respuesta. A él no le daba miedo aquel tipo pero, por alguna razón, a Kaname sí, aunque puede que sólo fuera asco. Volvió a mirar por encima del hombro y la sangre le empezó a hervir en las venas al ver que el señor Lascivo lo estaba fulminando abiertamente con la mirada. ¡¿Es que aquel marica no podía darse por aludido y dejar a Kaname en paz?! ¡De verdad! Zero escrutó el rostro del purasangre, que seguía contemplando la pintura que tenían delante con la misma expresión calma de siempre. Pero había aprendido tanto a ver como a percibir más allá que aquella máscara perfecta y se dio cuenta de que, a pesar del calmado exterior, Kaname parecía… agitado. Incluso preocupado. El purasangre notó la mirada de Zero en él y giró la cabeza.
-Quédate cerca de mí.- murmuró de repente.
No tenía de qué preocuparse, el instinto protector de Zero ya se había despertado y asintió sin vacilar.
-De acuerdo.- contestó por lo bajo.- Mierda… ¡viene hacia aquí!
Efectivamente, el señor Lascivo caminaba decididamente hacia ellos. Kaname no se molestó en mirar, pero atrajo a Zero todavía más cerca y el prefecto abrió la boca para protestar sólo para cerrarla de nuevo.
-¡Pon algo de tu parte!- siseó Kaname en su oído.
-¿Cómo?- siseó Zero en respuesta, completamente sonrojado.
-Tu brazo… alrededor de mi cintura.
¿¡Qué?! Zero se puso a la defensiva al momento. ¡Una cosa era dar un abrazo de consuelo cuando estaban a solas y cuando el purasangre parecía estar sufriendo, y otra muy distinta abrazarlo así, tan despreocupadamente, y en público! Se giró para fulminar a Kaname y se encontró de golpe con su mirada. Las profundidades marrones, normalmente límpidas, mostraban ahora lo que casi parecía miedo y Zero se quedó sin respiración.
-Por favor.-la súplica surgió en un apresurado murmullo.
El señor Lascivo había llegado ya a la mitad de la sala y Zero apretó los dientes, sabiendo que no podía rechazar la petición. No ahora. No cuando Kaname parecía y sonaba tan vulnerable. Mierda. Volvió a sonrojarse con violencia mientras pasaba el brazo derecho alrededor de la cintura demasiado delgada del purasangre por debajo de la gabardina, rezando para que ni Yori ni Yuuki sintieran el impulso de abandonar sus planes de compras para ir a ver pinturas.
Un grupito de operarios, recién salidos de su turno y aún vestidos de uniforme, se colocó detrás de Kaname y Zero para admirar también el cuadro de enfrente. El indeseado admirador del purasangre aprovechó para unirse al grupo y acerarse sin problemas a su lado derecho.
Zero percibió cómo el cuerpo de Kaname se ponía casi imperceptiblemente rígido antes de que se le acercara aún más. Agachando un poco la cabeza y girándola hacia la derecha, el prefecto se dio cuenta del por qué: el señor Lascivo estaba justo al lado de Kaname. ¡Pero qué… aquel mal bicho tenía la cara prácticamente enterrada en su pelo! ¡De hecho, estaba aspirando el olor de los largos mechones ondulados! Zero consiguió reprimir un gruñido apretando las mandíbulas. De repente, fue dolorosamente consciente de la silenciosa incomodidad de Kaname, que se manifestaba por el temblor un poco más visible de su cuerpo, y se sintió absolutamente furioso por que el amable purasangre estuviera sufriendo aquella atención indeseada. Le recorrió un poderoso y prácticamente incontrolable impulso de estrangular el delgado cuello del señor Lascivo con las manos desnudas, pero consiguió reprimirlo. Aún así, apretó la cintura de Kaname posesivamente con el brazo derecho y se inclinó hacia delante para freír al señor Lascivo con la mirada, sólo por si acaso. El escuálido hombre se dio cuenta y pareció algo sorprendido. Los ojos acuosos brillaron con una chispa de reconocimiento pero, por desgracia, no parecía ni un poco desanimado.
Zero aguantó el impulso de resoplar de muy mala manera y se limitó a dedicarle otra mirada gélida antes de arrastrar a Kaname por la cintura para que andara. Mientras los dos vampiros caminaban hacia el siguiente cuadro, no pudo evitar sentirse aliviado de que Kaname hubiera aceptado su roce en vez de rehuirlo, como hacía con el señor Lascivo. Con los brazos aún enlazando sus cinturas, siguieron contemplando el resto de las pinturas, ignorando tanto las muecas divertidas del resto de la gente como la babosa mirada del señor Lascivo, que persistía en su persecución.
Ninguno de los dos pudo apreciar, ni siquiera contemplar, las pinturas que tenían delante. Lo único que eran capaces de percibir –además de la irritación del admirador de Kaname- eran el uno al otro. Su cercanía… su olor… lo íntimo que parecía caminar con el brazo en la cintura del otro y cómo sus cuerpos se rozaban cada vez que daban un paso. Kaname pareció relajarse un poco después y aflojó un tanto su presa, apoyando la mano en la cintura de Zero e incluso colgando el pulgar de la cintura de los tejanos. El prefecto hizo ver que no estaba haciendo exactamente lo mismo con los pantalones de Kaname.
Por desgracia, el señor Lascivo continuaba siguiéndolos. A Zero no le apetecía para nada quedarse en aquella habitación cuando se dio cuenta de que la mayoría de los demás visitantes se estaban trasladando a la sala contigua, que albergaba más exposiciones. Eso les dejaba solos con el señor Lascivo y otra pareja. Después de haber examinado todos los cuadros de una pared, se encontraron en el lado opuesto a la entrada de la sala. Zero estaba a punto de sugerir que salieran de allí de una maldita vez cuando Kaname apretó el brazo izquierdo alrededor de su cintura.
-Zero, ¿crees que podríamos…?- susurró, antes de callarse abruptamente.
El cuerpo de Kaname se había vuelto a quedar rígido y Zero vio el por qué: el señor Lascivo había conseguido volver a reptar a su lado. El brazo del prefecto apretó la cintura de Kaname, dándole seguridad, y pudo notar que volvía a temblar, haciéndole pensar de nuevo que, por alguna extraña razón, Kaname tenía miedo del señor Lascivo. No sabía por qué, pero era la única explicación para su reacción y la mirada de Zero volvió a su molesto público. El señor Lascivo se estaba humedeciendo los labios antes de hablar.
-Hola.-dijo con voz de pito.- Me preguntaba si…
Aquella vez, el gruñido se escapó de la garganta de Zero.
-¡Lárgate!- rugió, con una mirada fiera y gélida en los ojos violetas.
No le importó que la otra pareja le estuviera mirando, que se estuviera comportando sin ninguna educación y con un desconocido, nada menos. De lo único de lo que era consciente era del estallido de rabia que le provocaba el extraño temblor en el cuerpo de Kaname, haciendo que el invencible purasangre pareciera vulnerable y necesitado de su protección. Era completamente irracional; Zero sabía muy bien que, como purasangre, Kaname no necesitaba ayuda. Los demás necesitaban la suya, no a la inversa. Pero, a pesar de que Kaname se mantenía firme, Zero notaba que se apoyaba un poco en él, como si necesitara sentirle cerca. Sus instintos protectores llamearon de nuevo, alimentándose tanto de la irritación por la persistencia del señor Lascivo como de la vulnerabilidad que sólo él podía percibir en Kaname.
-Sólo quería saber si…
Eso fue el detonante. Zero rugió de nuevo, casi mostrando los colmillos.
-¡Lo que único que necesitas saber es esto… es mío!- siseó con frialdad, total e ilógicamente posesivo.
El señor Lascivo parpadeó, sorprendido, y dio un paso atrás. Kaname parecía igual de anonadado. Con la mente aún guiada por un diminuto diablillo, Zero se dejó llevar por el instinto, subiendo la mano derecha hasta la espalda de Kaname y empujándolo, poniéndolo de cara contra él en un solo gesto rápido. Al mismo tiempo, lo cogió del brazo derecho y caminó hacia delante, forzando a Kaname a dar un par de pasos atrás. Aquella esquina de la sala no estaba acordonada porque no había pinturas, así que la espalda de Kaname acabó contra la pared, frenándolo de golpe, mientras miraba a Zero en completo shock, con la mente dándole vueltas ante aquella acción.
En circunstancias normales, Kaname no habría tenido problemas para detener a Zero, pero no en aquel momento, cuando la aparición del señor Lascivo le había perturbado más de lo que esperaba. Se sentía vulnerable ante cosas que no quería recordar ni profundizar en ellas y tenía las emociones a flor de piel. Como si aquello no fuera bastante, la impulsiva acción de Zero y sus sorprendentes palabras, teniendo en cuenta su carácter habitual, lo habían dejado todavía más fuera de juego. En aquel momento, Kaname no tenía ni la más remota idea de qué tenía que decir o hacer.
¡Por amor de Dios, Zero parecía tan posesivo!
-No pongas esa cara.- susurró Zero al oído de Kaname.
El purasangre tragó saliva, consciente de la mirada furiosa del señor Lascivo.
-¿Qué cara?- Kaname respiró de forma inaudible sin mover los labios.
-Como si te hubieras quedado alucinado.- le contestó Zero con otro susurro. Debería sentirse mortificado por lo que acababa de decirle al señor Lascivo y por lo que acababa de hacer, pero no lo estaba. Al menos, todavía no.
Kaname exhaló con fuerza en un intento fallido de reírse.
-Probablemente, es porque estoy alucinado, Zero.- murmuró. Su pecho subía y bajaba suavemente y sospechaba que el de su compañero también, a juzgar por las irregulares respiraciones que notaba en su oreja.- ¿Qué crees que estás haciendo?- preguntó con curiosidad.
-No lo sé.- Zero se retiró un poco para mirarlo. La expresión de fiereza había desaparecido de sus ojos y ahora parecía tan confuso como Kaname.
El purasangre pensó que eso tenía que darle ánimos.
-¿Intentando que se largue, a lo mejor?- sugirió amablemente.
La confusión en los ojos de Zero fue reemplazada por alivio.
-Sí, exactamente.- coincidió, agradecido de que Kaname hubiera escogido ser diplomático.
Zero acabó por enrojecer, como si acabara de darse cuenta de lo que cerca que estaba de Kaname, con la mano derecha en su cintura y la izquierda en la muñeca derecha del otro, y soltó las manos.
-Bueno, pues no está funcionando.- comentó Kaname con despreocupación a pesar de que su corazón pareció calentarse al ver el sonrojo de su compañero.
El prefecto abrió los ojos como platos e incluso más al notar que Kaname le pasaba los brazos alrededor de la cintura y lo atraía hacia sí hasta que sus pechos se tocaron.
-¿No?- preguntó con voz estrangulada.
-No.- aseguró Kaname, notando que el corazón de Zero iba tan rápido como el suyo.
El prefecto exhaló con frustración.
-Bueno, ¿y qué espera el señor Lascivo que hagamos entonces?-gruñó.
Aquella vez, Kaname consiguió reír por lo bajo a pesar de lo incómodo que se sentía con aquella audiencia.
-¿Darnos el lote, a lo mejor?- sugirió, juguetón. Zero se separó un poco para fulminarlo con la mirada y Kaname le devolvió una mirada inocente.- Dijiste que soy tuyo.- le recordó en tono sedoso y los ojos brillantes con traviesa diversión mientras el prefecto volvía a enrojecer.
Sorprendentemente, algo brilló también en los ojos de Zero.
-Eso dije.- concedió.
Kaname parpadeó cuando el prefecto bajó la cabeza y luego exclamó suavemente al notar unos labios cálidos en su mandíbula, justo bajo su oreja derecha.
-¿Zero?-exhaló con los ojos entrecerrados.
El prefecto notó el leve temblor en la voz de Kaname y, deseando fervientemente no tener que arrepentirse nunca de aquello, recorrió lentamente con los labios la elegante línea de la mandíbula del purasangre, desde la oreja hasta la barbilla. El cuerpo delgado tembló contra el suyo y Zero abrió los labios mientras trazaba el camino inverso, esta vez saboreando la sedosa piel. Kaname estudió su entorno con deleite. Aquel rincón de la sala estaba en penumbra y les daba una protectora ilusión de privacidad. Sin necesidad de que le animaran, cedió a la tentación y rozó la mandíbula de Zero con sus labios. Su piel era tan suave, tan tersa… Zero exhaló con una pequeña exclamación de sorpresa al sentir que Kaname trazaba su propia línea de besos desde su barbilla hasta su oreja derecha. No podía negar que le había estado haciendo lo mismo, pero a lo mejor aquello no era una buena idea. Tenían que parar.
-¿Ka…Kaname?
Zero inspiró con un pequeño temblor recorriendo su columna ante la inesperada sensación de aquellos labios cálidos y seductores contra su piel. Olvidando al señor Lascivo casi por completo, Kaname se perdió en el tentador aroma de Zero, en su piel, y en la forma en que pronunciaba su nombre con aquel suave gemido. Tomó la suave piel del lóbulo de la oreja entre sus labios y lo chupó con cuidado, con los piercings metálicos tintineando contra sus dientes. Zero jadeó de nuevo, luego gimió cuando sus rodillas parecieron volverse de gelatina y se encontró aferrando los hombros de Kaname para mantenerse de pie.
De alguna forma, se habían girado las tornas. Contra él.
Kaname soltó el lóbulo de la oreja cuando ya cosquilleaba con un grave ronroneo satisfecho y empezó a explorar la tierna piel de debajo con la lengua, haciendo que Zero se aferrara a su camisa de lino mientras temblaba con fuerza.
-Kaname.- gimió con el corazón retumbando.
Los leves roces del purasangre lo embriagaron por completo y se encontró inclinándose para recibir sus caricias, apretándose más, hasta que Kaname pudo notar y oír su respiración en el oído. El prefecto era intoxicante… delicioso… encantador. Las manos de Kaname lo sostuvieron por la cintura, alejándolo ligeramente para capturar su boca en un beso profundo. Zero murmuró una protesta incoherente pero respondió. ¿Sólo había pasado una semana y media desde que se habían besado? Parecía una eternidad y Zero bebió del gruñido sordo de Kaname cuando sus lenguas se encontraron y jugaron una con otra.
Cuando sus labios se separaron por fin, Zero notó la punta de uno de los colmillos de Kaname rozar levemente su labio inferior e inhaló con fuerza, pero el purasangre se limitó a sonreírle, con el pecho subiendo y bajando.
-A ti también se te ven los colmillos.- bromeó con voz ronca.
Los ojos oscurecidos de pasión estaban ligeramente teñidos de carmesí, pero la mirada tierna hizo que Zero se enrojeciera más y recordó que no estaban precisamente en un lugar aislado. Soltó rápidamente la camisa arrugada de Kaname y se alejó de él.
-Ya es suficiente.- murmuró, pero los brazos del purasangre alrededor de su cintura lo seguían manteniendo cautivo.
-No te alejes, aún está aquí.- murmuró y Zero se quedó de piedra.
Se había olvidado completamente de su voyeur y, a pesar de su sonrojo, miró rápidamente detrás. El señor Lascivo estaba plantado a dos metros de ellos y parecía tanto furioso como paralizado por lo que acababa de ver. Al final, pareció darse cuenta de que no iba a conseguir nada con Kaname porque no intentó acercarse más. Apretó los puños a los lados, les enseñó los dientes amarillentos en ademán de impotencia y se giró para salir como una exhalación. Zero se giró y empujó los hombros de Kaname.
-Vale, ya está. Vámonos de…
-Aún no, Zero.- los brazos de Kaname lo enlazaron con más fuerza.
El prefecto lo miró con incertidumbre.
-¿Por qué no?- preguntó antes de que el corazón se le acelerara ante la mirada de Kaname.
La expresión vulnerable que parecía pedir a gritos la ayuda de Zero parecía haberse disipado por arte de magia con la desaparición del señor Lascivo. Kaname lo miraba con intensidad y con su habitual confianza atenuada por una expresión tierna y agradecida. Zero no sabía cómo responder a aquella mirada ahora que empezaba a darse cuenta de lo irracional que habían sido sus actos y enterró rápidamente el rostro en el cuello de Kaname, aspirando su olor en vergonzosas inhalaciones. ¡Ostras, se estaba dando el lote! ¡En un lugar público y con Kaname! ¡Y con alguien mirándolos! No fue hasta un poco después que se dio cuenta de que Kaname se había vuelto a quedar rígido, con el cuerpo tan tenso como antes. Sorprendido, Zero levantó la cabeza a tiempo de ver una expresión recelosa, casi de miedo, en los ojos del otro antes de que la enmascarara rápidamente.
Zero parpadeó. ¿Había vuelto el señor Lascivo? Pero una rápida mirada le confirmó que la sala seguía vacía. ¿Es que Kaname… le tenía miedo a él, ahora? No, eso era ridículo. Pero Zero había tenido el rostro contra el cuello del purasangre… ¿a lo mejor creía que iba a morderlo?
-No, Kaname. Yo… no iba a morderte.- susurró rápidamente y se dio cuenta de que había acertado cuando Kaname sonrió, aliviado, y el cuerpo se relajó, bajando un poco los hombros.
-Lo sé.- replicó, y su mirada volvió a ser amable.
Se inclinó lentamente hacia delante y Zero cerró los ojos, incapaz de respirar mientras aquellos labios cálidos y suaves adoraban su otra mejilla y oreja antes de deslizarse levemente sobre su mandíbula. Kaname sonrió cuando el otro tembló con suavidad, aferrado a él, con los ojos cerrados y la respiración acelerada.
La agresividad de Zero parecía haber desaparecido por completo ante las tiernas caricias de Kaname, pero no se resignaba a ser el único afectado por todo aquello. A pesar de su habitual reserva, empezó a tocar a Kaname, rozando sus pómulos y la elegante mandíbula con los labios, notando el largo cabello sedoso acariciándole el rostro, disfrutando del temblor de placer que estremeció el cuerpo del purasangre y oyendo cómo su respiración se volvía más agitada. Esta vez fue Zero quien sonrió mientras sus dedos volvían a enredarse en la camisa de Kaname.
Ahora sólo eran conscientes el uno del otro, de poder tocarse de nuevo después de más de diez días, perdidos en las caricias y en las respuestas que provocaban. Kaname bajó más la cabeza, buscando automáticamente el pulso que latía rápidamente bajo la pálida piel de la garganta de Zero. Lamió la tierna zona con suavidad y rozó la piel humedecida muy suavemente con los colmillos. Zero respingó al notar aquel leve roce, tensándose inmediatamente antes de retirarse y Kaname se obligó a soltar su cintura mientras lo miraba con remordimiento.
-Lo siento, Zero, no tendría que haber hecho eso.- se disculpó. Sabía cómo lo habían transformado, por la fuerza y con violencia a manos de un enemigo pero, en el calor del momento, lo había olvidado. A sus ojos, aquel olvido era imperdonable.- No pretendía asustarte.- susurró.
Zero tomó nota de la honesta disculpa en los ojos marrones y luego bajó la mirada.
-No es por ti.- murmuró y se obligó a mirar a Kaname.- Pero a veces… de vez en cuando…- tragó saliva. Aquello no se lo había dicho a nadie, ni a Yuuki.- A veces… aún sueño con… aquella noche.- dijo a regañadientes.
Kaname sabía que, más que sueños, tenían que ser pesadillas.
-Lo siento.- repitió suavemente.
Zero negó con la cabeza.
-No digas eso. No me has mordido.- afirmó con su habitual honestidad. Luego vaciló.- Pero… sé que hace daño.
Kaname vio el miedo profundamente arraigado en los ojos lilas antes de que el prefecto bajara la cabeza y se mordiera el labio. Zero no sabía por qué le estaba confesando a Kaname su miedo más profundo, pero no era justo actuar como si le hubiera hecho daño cuando no había sido así. El purasangre contempló el cabello plateado falto de palabras, notando el pecho constreñido. Por una parte, estaba encantado de que el estoico prefecto confiara en él lo suficiente como para confesarle su miedo y así aliviar su culpa pero, por otra parte, también estaba desolado de ver que Zero aún se sentía perseguido por el doloroso recuerdo de aquel brutal mordisco.
El purasangre no sabía qué podía decir en aquel momento, así que atrajo al silencioso prefecto en un prieto abrazo, con una mano en su espalda y la otra presionando la cabeza plateada contra su hombro.
-Zero, un mordisco no tiene por qué ser doloroso.- murmuró. Cuando el cuerpo del otro volvió a tensarse, suspiró.- No pasa nada, prometo no morderte.- murmuró. Pero espero que me dejes hacerlo... algún día.
El prefecto levantó la cabeza y lo miró a los ojos.
-¿De vedad?- preguntó, vacilante.
-Lo prometo.- asintió Kaname.
Los ojos violetas lo contemplaron en silencio con expresión solemne y luego Zero sonrió, aliviado, una pequeña sonrisa suave que Kaname nunca había visto, que envolvió su corazón de calidez y le hizo sentir como si hubiera conquistado el mundo.
-Zero.- susurró, para inclinarse y capturar los labios que su compañero ofrecía.
Cuando se interrumpieron para coger aire un largo momento después, Zero se dio cuenta con incomodidad de que estaba sexualmente excitado y mantuvo las caderas lejos de Kaname a propósito, a pesar de que sus pechos estaban apretados uno contra el otro. A Dios gracias, el vampiro moreno no pareció darse cuenta mientras lo abrazaba.
-¿Kaname?- el tono de Zero era suave.
-¿Sí?- replicó el purasangre mientras sus labios jugaban con el sedoso cabello, por encima de la oreja del prefecto.
-Yo...- pero Zero no podía decirlo, le daba demasiada vergüenza admitir en voz alta que estar en sus brazos así era increíble, que lo que le hacía sentir era igual de increíble.-No importa.- murmuró, meneando la cabeza y desviando la mirada.
Un segundo después, unos dedos elegantes bajo su barbilla le hicieron levantar la cabeza y Kaname se quedó sin aliento al ver la mirada completamente vulnerable fija en él, llena de un inconfundible, aunque tímido, ardor.
-Zero.- exhaló.- Por favor... no me escondas lo que sientes.- murmuró. Necesito saberlo...
Pero Zero sólo negó con la cabeza y volvió a evitar su mirada, más avergonzado que antes. Los labios de Kaname se curvaron en una sonrisa entre divertida y exasperada; Zero quizás no quería decirle nada, pero él sí. Sin más demora, sus manos bajaron hasta las delgadas caderas de Zero, abrió los largos dedos sobre sus nalgas y lo atrajo contra él en un movimiento brusco, haciendo que sus caderas presionaran una contra otra y que el prefecto se quedara como una estatua de hielo.
Unos ojos lilas como platos volaron al rostro de Kaname cuando Zero notó algo que no estaba seguro de querer notar presionando contra su muslo. Humillado, puso las manos en el pecho de Kaname e intentó liberarse, pero el purasangre no se lo permitió. A pesar del miedo a ser rechazado, Kaname se obligó a sostener la mirada violeta con firmeza.
-Quiero que sepas lo que me haces, Zero.- le dijo con calma.
El prefecto volvió a pelear, con la cara en llamas.
-¡No, suéltame, Kaname!- protestó mientras lo empujaba.
Kaname no lo soltó y, en lugar de ello, giró sobre sus talones y cambió sus posiciones, con la espalda de Zero contra la pared, y lo mantuvo apretado allí con su pecho y sus caderas. Zero dejó caer la cabeza hacia atrás y dejó ir un avergonzado sollozo, sabiendo que el purasangre podía ver perfectamente su excitación. Se removió aún más, desesperado por escapar de Kaname, dándole puñetazos en el pecho.
-¡He dicho que me sueltes, maldita sea!
Kaname se quedó de piedra ante el inesperado descubrimiento y su rostro se iluminó de puro deleite.
-¿Zero?- preguntó mientras se frotaba de nuevo contra el otro, intentando confirmar que lo que había notado no era una ilusión o el producto de su imaginación sobreexcitada.
Zero apretó los ojos con fuerza, con el rostro más acalorado que antes.
-¡No, Kaname, no!- rogó.
El purasangre se detuvo, confundido. ¿Le estaba pidiendo que parara? ¿Por qué?
-¿Pasa algo malo?- preguntó, con el ceño fruncido de preocupación.
Luego se interrumpió, girando la cabeza hacia la entrada de la sala, con Zero imitando sus movimientos. Los dos oyeron voces y pasos acercándose.
-¡Por aquí, vamos, rápido, niños!- dijo una voz alegre de mujer y los dos intercambiaron miradas.
Estaba claro que aquel no era lugar para continuar nada.
-Vámonos.- masculló Kaname, cogiéndole la mano y separándolo de la pared.
El prefecto estaba extrañamente silencioso y permitió que el purasangre tirara de él sin protestar. Kaname encontró la salida trasera del edificio pasillo abajo y descendieron unas estrechas escaleras que iban a dar a un jardincillo trasero, rodeado por altos árboles. No había nadie. Ya casi atardecía, pero el sol descendente estaba tapado por los edificios de tiendas delante de la galería. Kaname soltó la mano de Zero y el prefecto metió ambas en los bolsillos de los tejanos al instante, girándose con la vista fija en el suelo.
-¿Zero?- preguntó Kaname con suavidad.
El joven se tensó pero no dijo palabra, con las puntas de las orejas aún rosas. Kaname caminó hasta situarse delante suyo.
-Mírame.- pidió.- ¿O eres demasiado tímido para hacerlo?- añadió, pinchándolo.
Zero alzó la cabeza de golpe, con la mirada oscura y tormentosa. A lo mejor Kaname estaba desando seguir con lo que habían empezado en la sala, pero él no. Oh, sí, se había perdido momentáneamente en la magia de aquellos labios cálidos y hábiles, pero había sido una pura locura, nada más.
-¿Zero?- ahora Kaname parecía confundido. El prefecto se giró sin responder y el purasangre suspiró para volverse a situar delante suyo otra vez.-¿Qué pasa?- Zero no parecía tener problemas con lo que acababa de pasar y él estaba delirantemente feliz ante aquel hecho. Pero, ¿qué había ocurrido para que cambiara de idea de golpe?- ¿Te da vergüenza lo que acaba de pasar?- preguntó.
Zeŕo inhaló con fuerza, pero continuó sin responder. Sí. Sí, estaba incómodo. Mortificado. Y avergonzado.
-Tu cuerpo sólo ha tenido una reacción física, no hay nada de lo que avergonzarse.- añadió Kaname, manteniendo un tono suave y razonable.
El prefecto negó con la cabeza en silencio. A lo mejor había sido sorprendentemente infantil, incluso estúpido, al no darse cuenta de a dónde les iba a conducir todo aquello, pero sus besos y abrazos habían sido inocentes. Incluso cuando se habían besado apasionadamente aquella noche, había un nuevo y vacilante sentimiento despertando pero esto... esto era diferente. Esto no era sólo atracción, era deseo.
Lujuria.
Aquello le asustaba y le obligaba a examinar lo que estaban haciendo bajo una nueva luz.¿Por Dios, es que estaba loco? Eran Kaname Kuran, príncipe purasangre, y Zero Kiryu, ex humano y cazador de vampiros. ¿Cómo podrían estar juntos? ¡No podían! Eso sin tener en cuenta a Yuuki, la chica de la que estaban enamorados los dos y que les convertía antes que nada en rivales. ¡Y, por si eso no fuera bastante como para que todo aquello fuera una locura, los dos eran del mismo sexo, por amor de Dios!
Se mordió el labio, totalmente confundido. Si aquello estaba mal y, mirándolo desde cualquier punto de vista, lo estaba, ¿entonces por qué se sentía tan bien besando a Kaname? ¿Por qué se sentía tan bien abrazándolo? ¿Por qué se sentía tan a gusto en su compañía y en sus brazos? ¿Por qué se le iluminaba el alma cuando Kaname le dedicaba aquella extraña sonrisa suave?
-Zerp, mírame. Por favor.
No. Tenía que parar aquella locura antes de que fuera demasiado lejos. Alzó los ojos y endureció la mirada.
-Esto está mal, Kaname.
-¿Mal? ¿Por qué está mal?- parpadeó.
Zero resopló, incrédulo, y hundió los hombros.
-¿Por qué? ¿De verdad necesitas preguntármelo? No tendríamos que estar haciendo esto... ¡es de locos! Eres un tío. ¡Y yo también!
Sonaba estúpido, lo sabía, diciendo cosas que eran obvias pero, aparentemente, Kaname no se había cuenta de aquel pequeño punto. Bueno, no es que no se hubiera dado cuenta, no después de lo que acaba de pasar, pero no le preocupaba.
Las mejillas de Kaname adquirieron un leve rubor, pero dio un paso al frente.
-Sé que eres un tío.- dijo con calma.- ¿Crees que no me he dado cuenta?- preguntó.
Zero sabía que la voz suave y razonable de Kaname sería su perdición, así que, antes de que pudiera ablandarse, se apresuró a replicar.
-Bueno, no sé tú, ¡pero yo no soy gay!
Kaname tomó aire con brusquedad. ¿Es que Zero estaba dando a entender que él sí lo era?
-No parecía que eso te importara cuando me empujaste contra la pared.- contestó, molesto.
Zero enrojeció hasta la raíz del pelo. Sí, lo había hecho y ahora estaba recibiendo su castigo pero, espera... ¡había sido para salvar a Kaname del señor Lascivo!
-Sólo estaba intentando ayudarte a deshacerte de ese pervertido, Kuran. Nada más.- rugió.
Kaname lo miró con fijeza, dolido. ¿Así que volvía a ser "Kuran"? Zero había parecido tan protector antes, incluso gruñendo, ¿acaso había sido todo una farsa? ¿Sólo para desembarazarse de aquel pervertido, como había dicho, y nada más? Pero estaba seguro de que no había sido sólo por eso, no podía ser...
-¿Esa fue la única razón por la que lo hiciste, Zero?- preguntó. Pretendía parecer frío y sereno, pero su voz tembló un poco al final. Por favor, di que no.
Era difícil, pero Zero hizo de tripas corazón ante la nota de súplica en la voz del otro.
-Sí.- pareció morder la palabra, sabiendo que era mentira. Demasiado tarde, vio que sus palabras habían hecho diana gracias a la mirada destrozada de Kaname.
Ambos se miraron a los ojos en el sorprendido silencio que siguió. En su corazón, Kaname sabía que Zero estaba mintiendo, pero la cabezonería del prefecto, rechazando ser honesto con él cuando su cuerpo decía la verdad, le había dolido más de lo que creía posible. Antes de poder medir las palabras, el purasangre dio rienda suelta a su enfado fustigando a su compañero como represalia.
-Entonces a lo mejor no vale la pena seguir con esto, ya que pareces tener tan poca confianza en mí, a pesar de todo lo que te he explicado.- un súbito ramalazo incontrolado de su aura hizo que el aire se congelara a su alrededor. Continuar era difícil, pero luchó por hacerlo.- A pesar de todo lo que he hecho.
Las palabras de Kaname tenían un frío propósito que golpeó a Zero directamente en el corazón y se quedó mirando al purasangre en completo shock. ¿De… de verdad Kaname pensaba aquello? ¿De verdad quería que no siguieran con esto? A pesar de sus palabras anteriores, el corazón del prefecto protestó con viveza ante el mero pensamiento. Kaname notó el mismo dolor al ver la pura conmoción en los ojos del otro. Así que, a lo mejor, el prefecto no quería que cortaran, después de todo, pero antes de que pudiera decir nada, Zero cuadró los hombros y levantó la barbilla con orgullo.
-De acuerdo.- ladró.
Esta vez fue Kaname quien lo miró, entumecido. Lo único que quería era retractarse de sus palabras, pero era incapaz de encontrar las adecuadas sin parecer un completo idiota. Después de todo, era un purasangre y tenía su orgullo. Seguramente, Zero no esperaría que dejara correr aquello y se disculpara, como solía hacer últimamente. Kaname se quedó plantado, con los puños apretados y el orgullo batallando contra el anhelo por el tozudo muchacho que tenía delante.
Quizás, Zero percibió la reticencia de Kaname y sacó su propia conclusión porque meneó la cabeza con ira, se dio la vuelta y se alejó a zancadas. Kaname lo vio marchar y la expresión en sus ojos se convirtió en una de desesperación. Así que Zero volvía a huir… bien, ¿qué otra cosa podía esperar? ¿Que se quedara y discutieran un rato más? ¿Por qué debería hacerlo, cuando Kaname acababa de decir que ya no creía que aquello –ellos- valiera la pena?
Agachó la cabeza y exhaló. ¿Por qué narices había dicho eso? Era una mentira y lo sabía muy bien. Zero se merecía todas aquellas molestias, y más. Confiaba en él, incluso aunque había tenido que superar toda una vida de prejuicios para ello. Y, siendo sinceros, ¿qué era lo que Kaname le había contado? A penas nada. No le había dicho una palabra de lo que le había sucedido en el pasado, de lo que lo había perseguido durante todos aquellos años y que le hacía sentir como alguien que no merecía ser amado. No había admitido cuánto deseaba estar con Zero y que el prefecto lo mirara como si fuera la persona más importante del mundo. No, Kaname no había explicado muchas cosas y ahora meneó la cabeza. ¿Cómo iba a culpar a Zero de salir huyendo así? Pasaron unos cuantos minutos antes de que acabara de castigarse y tomara una decisión.
No.
Se enderezó, con la determinación brillando en los ojos. No podía dejar que Zero se fuera, no así. No estaba bien y no era en absoluto lo que quería. Rodeó el edificio a zancadas rápidas y seguras, dirigiéndose al aparcamiento. Al momento, la limusina se acercó a él y Kaname se sentó en la parte trasera, abriendo la puerta incluso antes de que el conductor pudiera salir para hacerlo él.
-A la estación de autobuses. Ahora.- ordenó.
Pero era demasiado tarde. Llegaron a la estación justo a tiempo de ver a Zero subir al autobús antes de que éste se pusiera en marcha y Kaname se quedó mirando el vehículo que se alejaba con la mente en blanco. Al cabo, se dio cuenta de que su chófer seguía esperando pacientemente nuevas instrucciones y le indicó que condujera hasta la ciudad cercana a la Academia Cross, sabiendo que allí era a donde se dirigía el autobús. Después de todo, ¿a dónde más podía ir Zero? Kaname se recostó en el asiento y cerró los ojos, masajeándose las sienes con una mano delgada, sintiendo el principio de una jaqueca.
¿Le escucharía Zero ahora?
¿Le miraría el orgulloso y cabezota prefecto?
-o-
Zero fue el último en bajar del autobús, con los hombros hundidos y la cabeza gacha. Kaname, que hacía veinte minutos que había llegado, había estado esperando en el coche con paciencia y contempló al prefecto en silencio, consternado. Siempre había admirado la fuerza y el espíritu del muchacho, y verle así dolía, sobre todo sabiendo que aquel estado era culpa suya. Bajó del coche y cruzó la calle, sin molestarse en comprobar si venían coches. En cuanto se acercó, Zero se detuvo, luego alzó la cabeza y sus miradas volvieron a encontrarse. Pero ninguno dijo nada, ni siquiera cuando Kaname llegó a su lado.
Durante los cuarenta minutos de trayecto del autobús, Zero había tenido tiempo para pensar en lo que le había dicho a Kaname y sabía que se había extralimitado. Mucho. Desde luego que el purasangre tenía que estar confuso, después de lo que le había soltado y Zero consideraba que se merecía que Kaname hubiera dicho lo que había dicho. Pero el prefecto también había notado el orgullo enfrentándose a la angustia en los ojos del purasangre y no podía evitar preguntarse si Kaname pretendía ignorarle a partir de ahora, a pesar de lo que habían compartido antes. Aquella era la desolada conclusión a que había llegado cuando el autobús llegó a la estación.
Pero Kaname había venido hasta aquí para verle, a pesar de lo que el prefecto había dicho y a pesar de lo que él mismo había dicho también. ¿A lo mejor aún quedaba una oportunidad? Ya no había ira en los ojos del purasangre, sólo arrepentimiento mezclado con una vaga esperanza, reflejando exactamente cómo se sentía Zero en aquel momento. Decidió arriesgarse y sonrió con timidez.
A pesar del insistente dolor de cabeza provocado por la luz brillante de la tarde, Kaname sintió que el apretado nudo alrededor de su corazón se aflojaba un poco al ver aquella trémula sonrisa, y sus propios labios se elevaron en otro pequeño gesto similar. Si Zero aún podía mirarle y sonreírle así, a lo mejor no rechazaría sus disculpas.
-Kaname.- Zero fue el primero en hablar, acompañándose de un incómodo encogimiento de hombros, con un tono extrañamente apagado.
Pero no aquí.
-Zero.- dijo en voz baja, asintiendo.- Por favor… ven conmigo.
El joven parecía como si quisiera decir algo más, pero asintió y le siguió al coche. El chofer estaba esperándoles y les abrió la puerta del asiento trasero. Ambos permanecieron en silencio durante el corto recorrido hasta la Academia Cross, sentados juntos pero sin tocarse y, al aproximarse a las puertas de entrada, Kaname se inclinó hacia el conductor.
-Nos bajaremos aquí.
-Sí, Kuran-sama.
Salieron del coche y esperaron en silencio hasta que atravesó las verjas y luego Kaname echó a andar hacia los bosques que rodeaban la escuela, gesticulando hacia Zero para que lo siguiera. El sol empezaba a ponerse con rapidez detrás de ellos y caminaron en silencio, contemplando las sombras que se alargaban por delante. Un par de minutos después, Kaname se paró; los bosques estaban en completo silencio y Zero lo miró de reojo, nervioso.
-Zero, perdona.- dijo en voz baja, girándose.
El prefecto negó con la cabeza y dio un impulsivo paso al frente.
-No, Kaname, deja que me disculpe yo primero.- insistió.
El purasangre abrió la boca para protestar, pero los ojos de Zero eran de un suave violeta brillante y, con un sonido estrangulado, se acercó a él y lo rodeó con los brazos. Esta vez, el prefecto no dudó cuando sus brazos enlazaron la cintura de Kaname, abrazándolo con fuerza. Durante un perfecto minuto de silencio no hubo palabras, sólo un abrazo que se prolongó mientras enterraban sus rostros en el hombro del otro y encontraban consuelo en el calor de su compañero.
-Lo siento.- susurró Kaname al final en el oído de Zero, cerrando los ojos al notarlo temblar.
-Yo también.- murmuró el prefecto.
-No te di las gracias por ayudarme a deshacerme antes de aquel tipo.
-No lo pensaba de verdad cuando dije que ésa era la única razón por la que te ayudé.
-No tendría que haber dicho que esto no vale la pena. Lo vale.
-No debería haber dicho que esto está mal. No lo está.
Los dos se separaron para mirarse, sorprendidos, y luego rompieron a reír ante sus propias palabras y las disculpas del otro, todavía un poco avergonzados y casi aturdidos de puro alivio. Los ojos de Kaname tenía una expresión amable, pero mezclada con un anhelo que hizo que Zero se sonrojara muy a pesar suyo.
-¿Realmente lo pensabas cuando le dijiste a aquel tipo "es mío"?- preguntó Kaname, burlón. Interiormente, estaba sorprendido de que incluso pudiera hacer broma sobre aquello, en vez de rechazar la idea directamente como una completa majadería.
Quizás… me gusta la idea de pertenecer a alguien.
Zero se debatió entre asentir y negar con la cabeza. Mordiéndose el labio, desvió la mirada. Estaba bien que Kaname no pareciera para nada ofendido ante aquel comentario presuntuoso, pero no podía evitar preguntarse por qué el purasangre había parecido asustado de su admirador. Pero no quería preguntar… al menos, no ahora. Volvió a girarse hacia Kaname al oír una suave risilla.
-¿Eso es un "sí" o un "no"?- preguntó aquel, con una nota de malicia en la mirada.
-¡Pues claro que es un "no"!- replicó Zero, frunciendo el entrecejo. ¿Cómo podrías pertenecer a alguien como yo, Kaname? El purasangre parecía estar a punto de protestar.- Pero está bien que prefieras que te toque yo y no él.- bromeó rápidamente, sin poder ocultar del todo el orgullo de su voz.
Kaname lo percibió y su corazón dio un latido feliz como respuesta.
-Por supuesto que lo prefiero. Creí que estaba bastante claro cuánto me gusta que me toques.- replicó con una mirada ardiente, recordándole a Zero lo que había pasado antes. El prefecto se sonrojó como una amapola mientras lo fulminaba de una mirada, pero el incontenible purasangre sólo volvió a reír.-También es bastante obvio cuánto te gusta que te toque, Zero.- añadió con inocencia para luego interceptar el puño dirigido a su pecho sin pestañear.
Antes de que el airado prefecto volviera a intentar pegarle de nuevo, lo atrajo en otro abrazo, murmurando sonidos tranquilizadores. Zero batalló un poco más antes de dejarse abrazar. Sólo habían abordado una de los millones de preguntas que clamaban por una respuesta pero, después de su pelea, sólo era capaz de sentirse feliz empujándolas al fondo de su mente para disfrutar de lo que tenían ahora. Kaname parecía sentir la misma necesidad de pasar de puntillas por sus otras dudas, al menos por ahora.
Ninguno de los dos dijo nada más y, algunos minutos y varios besos después, salieron de los bosques a regañadientes, con las manos enlazadas. Sólo se soltaron cuando las puertas principales de la Academia Cross estuvieron a la vista, sintiendo los corazones henchidos pero con el anhelo escrito en sus miradas.
