Cuando nadie ve


Esa mujer me estaba volviendo loco.

Desde que nos conocimos hubo algo, un algo, un no sé qué. Gracias a mi amigo Andrew la conocí, era como si el mundo le gustara hacer una telaraña social, Andrew era su amigo, su novia Lita era de las mejores amigas de ella.

Andrew había decido festejar su cumpleaños en la playa, acampar y todo lo demás. Ahí fue cuando la conocí. Me derretí desde la primera mirada que me dedico. Serena...

La pasamos bien, incluso llegamos besarnos y acariciarnos, pero no más. No sé si los demás lo sepan, pero esas cosas solo pasaban cuando estábamos a solas. Fue sin duda, de los mejores tres días de mi vida.

Cuando regresamos a la ciudad, alguien la esperaba. Su novio Seiya. ¡Diablos!

Él fue a su encuentro, abrazándola y dándole besos en su rostro, ella solo asentía y sonreía de lado. Cuando la giro, ella quedo de frente a mí, yo la miraba sorprendido y ella solo agacho la mirada.

¿Que se supone que debía hacer? Si fuera cualquier otra chica probablemente la dejaría ir, incluso, dudo que me afectara tanto. Pero Serena, era diferente, no sabía si eran sus ojos azules, su piel, su aroma que jamás me canse de respirar, su cabello rubio. No sabía, pero ella me afecto más de lo que pensé posible. No, esto no podía quedarse así, no podía perderla.

No comente nada con nadie. Esto era algo que quería solo para mí.


Pasaron días sin verla, no podía decir que era a propósito porque incluso yo no tenía tiempo de socializar.

Lo pensé por horas y llegue a la conclusión que no la podía dejar, si el papel que me toca es el de amarla cuando nadie más observa, lo tomaría.

Como si el cielo me hubiera escuchado, ese día, cuando por fin pude darme un respiro y fui a la cafetería de Andrew la encontré. Estaba con su novio, pero no dejaría que me afectara. Él no me importaba. Me acerca muy casual. Salude a mi amigo y con un movimiento de mano la salude a ella y a su noviecito. Ella me recorrió con la mirada y pude ver como mordía su labio. Algo me decía que ella sentía lo mismo que yo.

Estuvimos platicando de cosas sin importancia, hasta que llego el pretexto perfecto para acercarme.

— ¿Necesitas ayuda con esas cajas Andrew? — le pregunte a mi amigo el cual llevaba algunas cajas en sus brazos. Antes de que pudiera responderme algunas se le cayeron, así que fui para ayudarle a levantarlas. Cuando las había acomodado para llevármelas Serena estaba frente a mi sonriendo.

— Falta esta caja. — dijo sin dejar de verme a los ojos. — Pero si la pongo te tapara la vista y bueno, ya sabemos lo que podría pasar así que yo la llevo.

— Gracias. — le dije mientras volteaba a ver hacia donde estaba Seiya, él no había prestado atención, estaba platicando con otros dos sujetos. Cuando me di cuenta Serena ya iba por el pasillo que llevaba detrás de la cafetería, hacia la bodega. En el camino mire como Andrew salía de esta y se detenía para hablar con Serena. Cuando paso a mi lado iba caminando demasiado rápido.

— Ayuda a Serena, por favor. — dijo sin detenerse. Al llegar pude ver que había varias cajas abiertas.

— Andrew me dijo que te ayudara. — dije tratando de no sonar nervioso. Ella solo sonrió y se acercó. No dijo nada, solo se paró de puntas quedando más cerca de mi rostro. — Al diablo.

Lance las cajas sin siquiera detenerme por las cosas dentro de ellas. Tome su rostro entre mis manos y sus labios entre los míos. Ella me devolvió el beso, rápidamente la senté sobre no sé qué cosas y comencé un viaje con mis manos sobre su cuerpo, ella me besaba de manera desesperada el cuello y sus manos viajaban bajo mi camisa.

— Esto no está bien. — dijo entre jadeos. — Tengo novio.

— Lo sé, todo eso lo sé. — le respondí besando sus labios para después alejarme sin soltar su rostro y verla a los ojos. — No te pediré que lo dejes, solo... solo déjame seguir besándote cuando estemos solos. Finjamos ser amigos.

— ¿Fingir? — me pregunto aun agitada.

— Si quieres estar conmigo está bien, me muero por ti, pero no te pediré que lo dejes. Eso es solo tu decisión.

— Darién...

— Pero no creas que saldrás bien librada. Cuando estemos solos te voy a querer Serena, eres mía.

Sin esperar más comencé a besarla de manera desesperada de nuevo. Ella se dejó hacer, fui cuidadoso de no dejar marcas, pero ella no, mientras acariciaba toda la piel que podía ella desabrocho algunos de los botones de mi camisa y comenzó a besar y succionar mis hombros y pecho. ¿Quién diría que esa carita de ángel era lo contrario? tuvimos que detenernos, sino terminaríamos por hacerlo entre un montón de cajas y polvo.

Después de "ordenar" y acomodar nuestra ropa, salimos de la bodega.

— Andrew, ¿dónde está Seiya? — pregunto Serena mirando hacia todos lados sentándose en uno de los bancos junto a la barra.

— Dijo que tenía cosas que hacer, que no quería quitarme a mi ayudante más bella y se fue. Dijo que te marcaba después.

— Ah. — es todo lo que dijo para después sentarse. — Darién. — volteo a verme pareciendo la chica más inocente. — ¿Por dónde vives? No quiero irme caminando, ¿podrías llevarme a casa?

— Claro. — La mire dudoso. — De hecho, ya me tengo que ir,

— Perfecto. — dijo saltando del asiento. — Nos vemos Andrew. — se despidió dándole un beso en la mejilla. — Me saludas a Lita.

— Claro, de tu parte.

Me despedí de mi amigo con un movimiento de mano.

Al llegar a mi auto, Serena se subió y se colocó el cinturón de seguridad. Sin decir nada encendí el automóvil y comencé a manejar.

— Por aquí no es mi casa. — dijo Serena mirando por la ventana. — ¿A dónde vamos?

— ¿Quieres ir a mi departamento? — le pregunte mirándola de reojo. Pude escuchar como soltaba una risita y se mordía el labio.

— Si, ¿por qué no?

Al llegar a mi departamento, solo debí abrir la puerta para que ella se lanzara sobre mí.

— Serena... — dije tratando de separarme de sus labios. La mire a los ojos, sus pupilas estaban dilatas y su respiración era errática. — Si continúas haciendo eso, no poder detenerme después.

— No lo hagas. — dijo volviendo a besarme.

Entre besos y caricias nos dirigimos a mi habitación.

— ¿Que hare si alguien sospecha y pregunta? — le pregunte entre besos mientras le quitaba la ropa.

— Diles que no es cierto. — respondió terminando de abrir mi camisa.

— He soñado contigo, no sé si pueda mentir.

— ¿Sera nuestro castigo fingir ser amigos? — pregunto acariciando mi pecho libre de ropa.

— Cuando no haya nadie seré solo tuyo y tu mía.

Fue lo último que dijimos antes de entregarnos a nuestros deseos.


Han pasado varios meses desde que Serena y yo nos vemos a escondidas. No estoy orgulloso de eso, engañar a todos no era mi propósito, pero no me importaba como, debía estar con ella.

Un día como cualquier me dirigí a visitar a Andrew, cuenco me acerca pude ver que estaba Seiya en la barra, era demasiado incomodo, pero no podía irme.

— Hola Darién. — me saludo Andrew. — Siéntate.

Me senté y giré mi rostro hacia Seiya, este estaba cabizbajo. No dije nada, sabía que preguntar sería raro.

— Serena me dejo. — dijo de golpe. — Sé que es lo mejor, la pasamos bien juntos, pero siempre supimos que no era nuestro destino terminar juntos para toda la vida. — sonrió de lado, soltó un suspiro y se levantó. — En dos días parto de Tokio. Mi grupo y yo comenzaremos una gira. Sé que no somos amigos, pero sé que eres alguien importante para ella, por favor, cuídala. — Me dio una palmada en la espalda y se fue.

No supe que decir. Estaba anonadado. Serena era libre. ¿Por qué no me lo había dicho?


Pasaron varios días y no supe de Serena, no quería sofocarla así que le di su espacio.

— Darién, están tocando la puerta. — dijo Kobayashi, un compañero de la universidad. — Yo abro.

Al cabo de unos segundos regresos con una persona tras de él.

— Serena. — dije sorprendido. — ¿Qué paso? ¿Qué haces aquí?

— Vine a visitarte. — fue lo que respondió tranquilamente sentándose a mi lado. Nuestras miradas se cruzaron, el mundo se detuvo, iba más lento, no lo sé, lo que sé es que no fui consiente de nada a mi alrededor, de lo contrario hubiera visto a mi Kobayashi haciéndole señas a los demás para irse y claro, los hubiera escuchado marcharse.

Serena me abrazo por el cuello y me dio un beso fugas en los labios.

— Serena...

— No digas nada, hablemos después de... — sin decir nada más comenzó a besarme. No pude resistirme y ahí mismo en la sala la hice mía hasta no poder más.

Después de dormir un rato comencé a juguetear acariciando su hombro y espalda.

— Serena, te quiero conmigo. — dije abrazándola por la espalda y besando sus hombros.

Ella solo soltó una risita, se giró y beso la punta de mi nariz.


Andaba inspirada así que escribí dos capítulos el día de hoy (10 y 11) Espero que sean de su agrado. Un abrazo.