Capitulo 10
Más allá de los claros reflejos del día, pude distinguir las luces de araña de la habitación que logre ver de refilón. Aquellas danzaban junto con las paredes en un baile parecido al de los planetas, rotaban y se trasladaban sin siquiera detenerse. Estaban encima de mi cabeza y refulgían con una luminosidad cegadora que podía ver incluso, los filamentos de los que estaban hechos; y ellas acudían a mí lanzándose como proyectiles contra mi cuerpo y haciendo que mis terminaciones nerviosas tiritaran sin opción a controlar los estremecimientos.
Eso, sin contar que mi mente no soportaba tal baile celestial y se me antojaba mareante.
Aspire con fuerza para llenar de aire mis pulmones y así aliviar el paso siguiente al mareo causado por las danzarinas luces, pero extrañamente esa aspiración trajo a mi olfato aromas que en otro momento ni en sueños lo hubiera podido distinguir; musgo, madera, cuero, algodón, lilas, rosas, cloro, agua… incluso pude distinguir el oxido y la sal que de algún lado venia y se acentuaba con el pasar del tiempo.
Este aroma obstruía la distinción de los demás, haciéndose presente y dominante. Moví mis labios con la intensión de buscar aire para evitar el asco que me estaba causando pero aquel aroma salado ingreso por mi boca llegando a mi lengua y haciéndome escupir el asqueroso sabor a sangre que intentaba ingresar a mi organismo.
— Rápido George. Se ve muy mal.
Con fuerza propia mi cuerpo se levanto y empezó a expulsar todo aquel oxido asqueroso, no podía detenerlo o evitar que saliera dentro de mí. Todo aquel nauseabundo aroma de sal, oxido y hasta resina era mío y estaba saliendo de mi cuerpo dejándome desangrada y de pasó tísica por la falta de liquido.
— Candy mi amor, me escuchas… todo esto es culpa mía, no debí traerte… por favor perdóname.
La voz pesada y arrastrada de Albert, arrojaba y escupía en mi mente y corazón que mi amado estaba sufriendo por mi culpa nuevamente, todo lo que había reconocido de mi vida pasada se agrupó de golpe en mis recuerdos y mi determinación de detener el sufrimiento de mi amado se coloco prioritariamente en mi cabeza, incluso más que el deseo de parar el desangramiento y la satisfacción de no desfallecer.
Reaccione a la defensiva cuando el dolor punzante volvió desde mi interior y con determinación lo expulse de mi cabeza aferrándome a la única idea feliz que tenia, ella no volvería a entrometerse entre Albert y yo y esta vez estaba consiente de todo su mal y odio, ya sabia como actuar... Sarasvati no volvería a ganar.
El grito de horror volvió a sonar por toda la estancia y como cual predicción de aparición de santo, después del último alarido todo se torno en paz y quietud, permitiéndome por fin mirar a mí alrededor, a pesar de que mis ojos estaban abiertos y observaban todo lo que sucedía. Ahora sí, ya formaba parte del todo y pertenecía como un actor mas a esta locura de inconciencia.
Por fin pude tocar su piel y sentir el calor de su cuerpo, mientras me sostenía y limpiaba la suciedad que había causado.
— Mi amor, ¿como te sientes?
Me aferre a él como pude, por fin sentía el calor protector de su cuerpo, con todos los sentidos ya propios en mi. La fuerza volvía de a poco y pude contestarle con seguridad.
— Ahora que ya puedo verte y hablarte, me siento como en el cielo mi príncipe.
Sus pupilas mantenían un vaivén que llevaba a la comprensión de mis palabras. Aquel modo de decirle, le debió advertir que mi mente al igual que mi corazón recordó todo evento pasado, llevándome y uniéndome a él aun más de una manera indescriptible.
Su tenaz abrazo y los latidos de su corazón junto al mío se habían unido nuevamente como antaño, fundiendo nuestras almas y formando el aura mas poderosa imposible de traspasar. Solo era cuestión de nosotros superar todo de una vez y por fin salir bien librados esta vez.
— Te elijo a ti mi amor, tal como lo hice antes. Pero esta vez si lo lograremos.
— Que piensas que lo hace diferente ahora, casi te pierdo de nuevo no lo voy a permitir, debería ser sensato y no tan egoísta.
— ¿Lo harías? ¿En verdad tienes la fuerza suficiente para dejarme ir?— Su largo silencio me informo que seria muy duro tanto para él como para mi separarnos. — Esta vez hay algo que nos hace más fuertes, la experiencia. Mi presentimiento me dice que esta ocasión será la adecuada, todavía no se que lo hace diferente pero sé que lo lograremos mi príncipe.
— Dios te oiga princesa, esta vez no te dejare morir. De ser el caso, seré yo quien se sacrifique.
Mi corazón se encogió ante la promesa hecha, me abrazo una vez más y me saco de la habitación sin ningún esfuerzo. Me pego a su cuerpo tan fuerte y empezó a susurrarme algo al oído.
Siempre estoy soñando contigo, siempre te estoy adorando, déjame sentirte en mí, que yo quiero estar contigo allí, déjame encontrar por fin la paz; en tus manos, en tu boca, en tu soledad.
Me pareció sentir cierta humedad en mi mejilla y quise llorar también con él.
Déjame esconderme en ti y oculta tu mirada en mí, que la luna cuando entre por la ventana nos encuentre aquí … amándonos.
Amándonos sin piedad.
Después de algún tiempo, el conocimiento llego a mí, abrí los ojos y solo se veían ciertos reflejos de la luz de los faros de la calle a través de las pocas rendijas que la ventana permitía, yo me encontraba acurrucada en brazos de Albert. Sin embargo, pude distinguir que me encontraba en otro lugar ajeno a mi habitación. Me removí un poco tan solo para sentirlo y él me apretó más a su cuerpo.
— ¿Has descansado?
Albert seguía atormentado por lo que había sucedido hace pocas horas. Lo pude distinguir aún con la leve luz de la habitación, incluso podía jurar que se sentía culpable de lo sucedido a pesar de no tener ninguna culpa de ello.
— Sí… algo.
— ¿Como te sientes?
— Alucinada, me siento distinta. — Y era verdad, me extrañó la claridad con que podía distinguir la habitación incluso con la poca o nada luz que había en el lugar. — Siento todo con mucha claridad. Incluso no necesito luz para ver. ¿Qué pasó?
Su mirada seguía como en otro mundo y más ahora que sopesaba su respuesta.
— La verdad no se. Esto es nuevo, recuerda que es la primera vez que sobrevives; las otras veces no despertabas o…
Era cierto, la primera vez en el ataque de la diosa; me había quitado la vida por salvar su alma y en la segunda había quedado paralizada y solo había sido cuestión de tiempo.
— Me pregunto que lo hace diferente ahora. — Lo abrace con fuerza y rogué por que encontrar alguna solución esta vez.
Un inhóspito sonido en mis entrañas anuncio que el último combate me había dejado sin fuerzas y necesitaba alimentarme.
— ¿Que quieres comer? se te antoja algo. — Ahora que lo mencionaba, si tenia ganas de algo, algo muy extraño.
— Eh si, hay algo de carne.
— Si puedo prepararte algo asado. Bien frito como te gusta.
— No, quiero algo más bien no tan hecho casi en término medio.
Arqueo una ceja, quería encontrar la respuesta a lo que yo mismo me preguntaba. Acababa de perder casi una pinta y el sabor a sal se mantenía en mi boca y a pesar de eso quería comer algo casi crudo. Se levantó sin decir nada, se volteó una vez algo aturdido y luego se encamino a la puerta. Aquella inseguridad sumada a mi última capacidad para sentirlo todo al doscientos porciento, claudico en mi mente que algo no andaba bien conmigo. La ligereza estaba en mi cuerpo y la claridad de los eventos pasados estaban a pedir de boca; en verdad, en mis últimas crisis no había salido bien librada y máximo había sobrevivido dos días y había desfallecido. En cambio, esta vez yo había superado aquel filo de irrealidad y ahora tenia una nueva situación a la cual enfrentar. Sin querer, el miedo me invadió acorralándome contra un nuevo peligro. Nuestro problema era nuevo y de seguro tendríamos que actuar rápido en las nuevas circunstancias, me envolví de nuevo en la manta tornando mi cuerpo para poder protegerme, el puesto de Albert aun tibio, mantenía impregnado su perfume y lo ocupe sin pensarlo. Aquella sensación de seguridad que me daba su aroma actuaba incluso si él no estaba presente, moriría si no lo tenía y hoy seria capaz de morir por tercera vez solo por salvar su alma y por darnos una oportunidad más en el futuro.
De modo que durante un momento esperanzada de que mi mente estuviera libre del don de Albert para enterarse de todo lo que yo pensaba, me esforcé por guardar en el lugar mas recóndito mi decisión de dar mi vida por él, de seguro si Albert leía mi determinación actuaria por cuenta propia y no me permitiría avanzar ni un solo paso, ahora el deseo de liberarlo de tal karma me hacia pensar en situaciones en las que podríamos implicarnos y en las que necesitaría actuar rápido. Por milimétricos segundos pensé en varias formas de atacar a la diosa infame que osaba con acabar con nuestro amor, pero por más que buscaba la mejor salida, todas me llevaban al sacrificio. ¿Seria acaso que no podríamos librarnos de lo que venia y por fin tener un felices para siempre?
Mi evolución de la noche pasada me hizo escuchar los pasos de Albert acercándose a la habitación, apague mi cerebro sabiendo que no daría resultado pero mantenía la esperanza de que por un momento Albert no hurgaría en mis pensamientos y descubriría mis miedos; al menos de eso quería librarlo.
— Esta casi cocido y te traje algo de ensalada. No estaba seguro de que querías tomar, así que pensé en una coca cola.
— Perfecto.
Aquel aroma de comida peculiar me hizo agua la boca obligando a mi cuerpo a levantarse de la cama de un salto, lo que por supuesto fue un error.
Segundos después sentí la suave alfombra persa debajo de mi, signo de que me había estrellado contra el planeta, para variar. Pude ver el desconcierto y la preocupación de Albert en su cara mientras intentaba levantarme con el brazo izquierdo y con el derecho no derramar la comida. Me sostuve de su increíble fuerza para evitar el bochorno, mientras mitigaba el mareo. Lo vi abrir la boca para mencionar algo, pero volvió a cerrarla. Su confusión era tal, que los surcos de su frente se hacían cada vez más profundos; hasta que no lo pudo soportar más.
— Mi amor, lo superaremos. No tengo idea de cómo, pero te prometo esta vez esforzarme más. — Era increíble, otra vez echándose la culpa cargando todo el problema el mismo — hare lo que este a mi alcance para que no tengas que sufrir de este modo, te protegeré cueste lo que cueste.
— Albert esta vez creo que no será suficiente que solamente tú lleves la cruz, debemos actuar juntos. —Me senté en la cama por mis propios medios, si íbamos a ganar debía recuperarme pronto. —Ahora déjame comer algo, estoy segura que solamente es debilidad. Ya no quiero hacer más el ridículo, debo verme terrible.
Por su puesto mi abrupto cambio de tema no le hizo gracia solo se limito a sonreír sin alegría tan solo por no darme la contraria. Se sentó a mi lado aletargado y me ayudo a alimentarme.
Albert me ahueco las almohadas y me cubrió con una manta más gruesa.
— Esto me esta matando Candy, esta vez no quiero excusas ni un estoy mejor. Ahora te revisará el doctor, también Patty va a venir con otro de sus menjurjes.
— Solo necesito descansar más. Eso es todo.
Me miro enfurecido y salió despavorido por la puerta de la habitación, de seguro traería al galeno de la familia para ver si así encontramos la respuesta a lo que me acontecía.
Por que de verdad, me sentía fatal.
Habían pasado ya tres días del acontecimiento en el que casi pierdo la razón, ningún descanso había ayudado y ninguna comida semicruda me revitalizaba. Tenia niveles de un ansia total de hambre que me subían a cien por periodos y luego los perdía con la misma fuerza que cómo las ganaba. Los mareos intensos y los niveles de inconciencia eran más comunes. La diosa malévola no había aparecido pero yo cada vez me sentía más extraña pero no más débil.
Entendía la preocupación de Albert, estábamos caminando por lo alrededores convencidos de que un poco de aire me ayudaría y de pronto me desvanecía; o aquellas ocasiones en las que yo tenia una hambruna tenaz y me devoraba la cocina entera para luego perderlo en el inodoro solo por mis últimos ataques de anorexia. O aquellos sonidos extraños — que a ambos nos preocupaba — que de repente escuchábamos y no sabíamos su proceder, inquietaban nuestra fugaz calma.
Y lo peor y más grave de todas las consecuencias. Nuestra intimidad.
Cuando llegábamos a los periodos en que no podíamos estar separados y nos besábamos como locos ya a punto de unir nuestros cuerpos. Yo me perdía en la inconciencia.
La primera vez fue entendible.
La segunda posiblemente debió ser debilidad.
La tercera por que seguía mal.
Pero una cuarta, una quinta y una sexta… eran inconcebibles.
Lo entendía... lo entendía muy bien, yo también estaba frustrada.
Después de unos minutos Albert entro mas tranquilo a la habitación junto con Patty, se arrodillo frente a mí y me rodeo con sus brazos.
— Perdóname por gritarte, pero no entiendo que pasa. Hasta que llegue el doctor habla con Patty dice que trajo algo que posiblemente ayude. A estas alturas estoy dispuesto a probar de todo.
Mi amiga le coloco una mano en el hombro como signo de comprensión.
— Tranquilo Albert, déjame hablar con ella. Tengo que decirle algunas cosas que averigüé, quien sabe ayude en algo.
Albert se levanto sin perder la oportunidad de darme un beso.
— Mantengo la esperanza en que si ayude, sin embargo descartare cualquier posibilidad.
Cuando nos dejo a solas la mirada evaluadora de mi amiga me atenazo.
— Te vez terrible, ¿lo sabias?
— Hola Patty para mi también es un gusto verte de nuevo y si me encuentro mejor. Tú ¿como estas?
— ¡Pésimo! tu novio me hizo averiguar sobre maldiciones hindú y sus posibles curas, las cuales por cierto no existen. — Patty camino de un lado al otro en la habitación colocando inciensos de todo aroma por la habitación.— Además me solicitó… no, no, ¡me ordenó! que venga hablar contigo, por que tu estas empeñada en apagar tus pensamientos y el no poder escucharte lo esta volviendo loco. Sin contar, el terrible zumbido que le impide concentrarse cuando esta a tu lado… le hecha la culpa al lapislázuli que te esta protegiendo. Por su puesto yo le he dicho que no.
— Ya.
— Pero en algo tiene razón, has cambiado… tu aura es diferente… me parece incluso que es doble. Albert piensa que estas poseída, dice que tu alimentación ha cambiado. Pero ahora que te veo descarto esa posibilidad.
— Y entonces ¿que crees que me pasa?
Eso logre decirlo con dificultad toda esa mezcla de aromas estaban logrando que tenga otro ataque de anorexia.
— ¿Como te sientes en la mañana?
— Pésimo.
— ¿Y después de comer?
— Pésimo.
— Cuantas veces duermes?
— Casi todo el tiempo.
— ¿Cuando fue tu último periodo?
— …
De seguro mi rostro debió perder el color que Patty corrió a traerme un vaso con agua. Eso si no estuvo planeado, no lo pensé, ni lo vislumbre… mi estado de ánimo estaba entre el borde del entusiasmo y el miedo.
Albert sin embargo, entro por la puerta y se quedo esperando a que reaccionara. Mire sus ojos y sabia que había felicidad en ellos pero pacientemente estaba atento a cualquiera que fuera mi proceder. Interiormente lo único que pude pensar fue en un niño con los ojos azules tan límpidos como el cielo y con el dorado de sus tirabuzones creciendo en mi interior, un niño maravillosamente hermoso que ahora era mío… mío y de Albert. Mi mente dejo de contenerse y expulso las imágenes de la criatura más bella, reflejo del hombre al que amaba y que desde ahora lucharía por proteger.
Los brazos de Albert me rodearon y sus labios se pegaron a los míos con inmensurable fuerza. En los últimos vestigios de conciencia escuche un "Me voy" y el cierre de una puerta. Nuestras miradas se cruzaron y yo apoye mi mano en su pecho para sentir su respiración, los latidos de su corazón. Sus labios tenían una extraña manera de sonreír pero sus ojos me decían que al igual que yo, él agradecía a todos los santos posibles por las bendiciones recibidas.
— Candy…
— Chiissst.
Deslice los dedos por sus labios, por su robusto cuello, por su protuberante nuez. Notaba como su respiración se aceleraba con mis caricias. Pero seguía estando demasiado lejos para mi gusto, lo necesitaba… necesitaba sentir a mi hombre y al nuevo padre.
Las manos me temblaban… tenia miedo de perderme nuevamente… pero me esforcé por quitarle la camiseta por la cabeza. Esta vez lo lograría, quería que Albert sintiera conmigo la felicidad que me había proporcionado de la única manera que me parecía correcta… amándolo.
Ahora sin aquella prenda de algodón, pude rodearle los hombros con mis manos e intenté descansar en el hueco de su cuello. Podía oír su pulso raudo contra mi oreja, era la más sublime paz.
Pero aun seguía sin bastarme.
— Mas cerca Albert. —Susurre pidiéndole un beso.
Mi amado me beso y sus manos empezaron a tirar de mi vestido como yo había tirado de su ropa. Le ayude a retirar parte de mis prendas sin interrumpir en ningún momento los besos, no quería dejar de tocarle.
Mi ropa y la suya cayeron al suelo junto con nosotros. Sentí mi piel contra su piel y un sonido ronco y bandido de satisfacción salió de mi garganta. Era la gloria tocar su cuerpo, y su olor de menta y cedro que emanaba era el único que quería respirar.
Continuará...
Hijoles... ahora si no me aguanto la atuzada...
hola amigas... lamento tanto haberme perdido... pero creanme si alguien me hubiera dicho que no iba a ser tan facil estudiar una maestria y trabajar al mismo tiempo... de seguro...
...
...
ay para que les voy a mentir .. de todas maneras me aventaba... lo unico que me duele es que por eso me estoy perdiendo del candy mundo .. de mis amigas.. y de los fics...y sobre todo de mi pasion... Albert y la escritura...
este fin de semana me tome los dos dias para mi y por fin dormir.. ademas de actualizar... espero me perdonen... se las quiere.. y por eso cuando pueda les traere caps.. si terminare.. no se preocupen...
espero los tomatazos...
Besos KARIN ANDREW
