Capítulo XI:
Hermanos
Tengo miedo. La tarde es gris y la tristeza
del cielo se abre como una boca de muerto.
Tiene mi corazón un llanto de princesa
olvidada en el fondo de un palacio desierto.
—Pablo Neruda
Osomatsu siguió a sus hermanos, para encontrar al dueño del gato. Se mantuvo a cierta distancia para que no se dieran cuenta de que los vigilaba. Venía fumando y con los ojos inyectados en sangre por las noches de que su enojo no le dejó dormir. Todos en casa sabían que era el más afectado por la situación, no por un sentimiento fraternal, sino por la necesidad de ser el centro del mundo. El chico no llevaba encima el color rojo que lo distinguía, iba por la calle siendo una persona más: los pantalones de mezclilla, los converses negros y una playera blanca que apestaba a tabaco. Era otro, su evolución lo llevaba por el camino del martirio.
Fue él quien vio de primero a Ichimatsu afuera del callejón, andando con una pareja que para los ojos de Osomatsu no tenían pinta de llevarse con su hermano. Bufó, vanagloriándose de sus escasos logros como si estos le hubieran cambiado la vida "yo sí tengo amigos de verdad, no gente que se me acerca por que parezco una puta recién violada" pensó y tuvo que taparse la boca o lo descubrirían por su forma de reír. Acechó desde su esquina, con la espalda pegada a la pared, asomando apenas el rostro. De nuevo, sonrió y se llevó un dedo a la nariz para festejar su pseudo talento de detective.
—Choropajarowski, vamos— dijo Osomatsu cuando Ichimatsu avanzó con rapidez.
Sin embargo, no hubo quien le responda, sólo escuchó como una bolsa de plástico rodaba sobre el piso. Osomatsu se despegó de la pared y miró a su derecha, donde Choromatsu se ponía cada vez que planeaban alguna travesura. Así era desde niños y nunca se imaginó que eso fuera a terminar. Chasqueó la lengua al no querer aceptar los cambios y el enojo volvió a presentarse.
El resto de las personas caminaron detrás de Ichimatsu, y apenas pudo entender las palabras sueltas que llegaban a sus oídos. Decidido, continuó con su acecho y cuando creyó conveniente seguir al grupo, salió de su escondite y avanzó sin ser presuroso. Su nueva guarida fue en el inicio del puente, agachado en las columnas que le daban inicio, mirando de reojo los comportamientos de todos los presentes y escuchando las quejas de Ichimatsu desde la parte baja de la estructura. Su misión como hermano mayor era cuidar de todos, no ser un espectador en su dolor, pero no se le presentó ninguna clase de remordimiento por sus actos; sólo quería recobrar su alianza con Choromatsu y destrozarle el rostro a Karamatsu por llevarselo. El egoísmo reinaba en su pensar.
Entonces, ante él, todos se reunían después de una semana de confusiones y corazones rotos. No le importó, él era así, sus necesidades estaban al frente, siendo tan vanas y superficiales que podían caer en pecaminosas: el pachinko, la pornografía, la bebida, satisfacer su necesidad sexual, gobernar sobre Choromatsu, y ser el hermano respetado, no se lomerecía ya que no movía un dedo por nadie.
Vio como Karamatsu bajó corriendo para ir con el dueño del gato. La piel se le erizó por el asco que le causó la reacción del segundo. Imaginó a esos dos cogiendo, chupándose las vergas y tragándose el semen; la doble moral rebosó en su pensamiento, cuando disfrutaba de escenas sexuales de gemelas de esos videos que rentaba por montón. Pero aquello estaba bien, no eran sus hermanos. Todo lo incorrecto está permitido mientras la familia no lo realice. Fundamentos sin sentido. Fundamentos que ni siquiera Osomatsu podía comprender.
Salió de su escondite cuando vio que todos sus hermanos se ocultaban dentro de sus pensamientos. De fondo, Ichimatsu sollozaba ¡Ya estaba harto del mismo sonido! ¡Todos en casa lloraban! Mamá y sus lágrimas repentinas a causa de los pecados de sus hijos, papá y su impotencia por no educarlos por el camino de los hombres, Jyushimatsu por no tener con quien jugar, y Totty cuando cambiaba una página de su revista o fingía mirar el celular. Lágrimas, Karamatsu, lágrimas, Ichimatsu y sus lágrimas por extrañar a Choromatsu ¿y a él cuándo lo vieron llorar? Nunca, por que se guardaba toda su mierda mientras jugaba al pachinko o se iba a beber con Chibita. Su valor era una broma, una falacia para valientes: un berrinche de niño chiquito por querer llamar la atención.
—¡Choromatsu!— Osomatsu gritó y camino debajo del alumbrado del puente.
La pareja miró al último de los sextillizos, seguían asombrados de que fueran tantos hermanos.
—¡Osomatsu nii-san!— Jyushi se emocionó al verlo. Su positivismo hizo que se le abalanzara encima, estrechándolo entre sus mangas y cubriéndolo con el amarillo de sus ropas representativas. —¿Ya estás mejor? ¿Verdad, que sí? ¿verdad?— Jyushi lo apretujó.
Osomatsu lo veía de reojo, estresado por la energía de su hermano. —Alejate, Jyushimatsu— respondió con un empujón.
Jyushi retrocedió unos cuantos pasos y terminó en el suelo, cayendo de sentón.
—¿Qué te pasa, nii-san?— Totty se le acercó a Jyushi y lo ayudó a levantarse.
—No es nada, Totty ¡fue un accidente!— Jyushi se levantó como si nada, su alegría era un mundo único y envidiable.
—Osomatsu...— Choromatsu dejó la compra en el suelo y se le acercó suspirando. No tenía deseos de ver a su hermano y mucho menos con un aura de pocos amigos —calmate— le dijo al ponerle una mano sobre el hombro para darle unas cuantas palmadas.
—¡Pajamatsu quiere que me calme!— Osomatsu vio con recelo la mano y la retiró como si se deshiciera de una basura.
Choromatsu bajó la mirada, esa acción tan simple lo humilló. Se suponía que eran los hermanos más unidos, quienes planeaban las tonterías y eran un equipo para todo. Rojo y verde. Pero aquellas burbujas de malestar no permitieron que levantase la voz—¿Qué diablos te pasa?— dijo al tomarle la mano y apretarle los dedos.
Osomatsu se lo tomó a broma, una carcajada se hizo presente, llenando la escena de una contradicción incómoda para todos. Totty infló las mejillas, la pareja no buscaba si irse o quedarse y Jyushimatsu miraba a Todomatsu con la necesidad de picarle el rostro. Debajo del puente ya no se escuchaban los murmullos por parte de Karamatsu e Ichi, era como si el río se los hubiera llevado.
—¡Oe, Osomatsu, no te rías!— Choromatsu le gritó y le apretó con más fuerza la mano.
—¡Es que te mal humoras muy rápido!— Oso comentó con una sonrisa que enseñaba toda la dentadura y en su mirada seguía el desconsuelo de su soledad.
Choromatsu detectó enseguida el contenido en sus ojos y dejó de sostenerle la mano —¿qué quieres?— le preguntó dejándose llevar por las garras de su hermano mayor.
—Hablar contigo, así que sigueme— dijo Osomatsu sosteniéndolo de la mano y lo arrastró por el puente.
Choromatsu caminaba tropezándose con sus propios pies por las prisas que Osomatsu establecía —Espera... Le tengo que avisar a Karamatsu— dijo al zafarse de su agarre.
El tiempo de Osomatsu se movió a diferente ritmo que el de su hermano: en cámara lenta sus dedos se separaron y por un segundo se rozaron la piel. La distancia entre ellos se volvió un abismo que no pudo cruzar y al levantar la vista para encararlo se encontró con una mueca de desagrado que el menor le dedicaba. Le dolió en lo más profundo del pecho, donde sus emociones albergaban el deseo por mostrarse sinceras, pero pudo más la inmadurez que la verdad.
—¡¿Qué le tienes que decir a Cacamatsu?! ¡¿Qué, dime?!— Osomatsu volvió a jalarle la mano, necesitaba estrecharla.
Choromatsu no le respondió nada, se dedicó a poner resistencia del agarre.
—¡No hagas eso!— Osomatsu gritó con más fuerza.
—L-Lo voy a hacer— Choromatsu respondió con los ojos cerrados, parte de él se rompía por la pelea —Si vamos a arreglar las cosas, hagamoslo bien ¡Ya hemos tenido suficientes problemas!
Osomatsu se cruzó de brazos y apretó los dientes —está bien, será a tu puto modo, pero hablaremos donde yo te diga.
Choromatsu asintió con los cejas enjutas y se pegó a la parte del puente que daba a Karamatsu e Ichimatsu. Todomatsu se le acercó y con algo de pena le habló: —Choromatsu nii-san, yo le aviso, vete con él. Le hace falta hablar, a nosotros no nos dice nada— comentó en voz baja. Choro asintió y le agradeció por decirle algo tan importante, y se fue con Osomatsu.
—Ha sido una buena decisión— comentó el mayor con una sonrisa de triunfo.
—Eso creo— respondió Choromatsu con un cosquilleo en el pecho que le causaba duda de su actuar.
—Vamos al callejón que está a la vuelta del Pachinko, allí nadie nos molestará.
Choromatsu frenó su paso, negó por su mal presentimiento y continuó su camino.
Mientras tanto, Osomatsu se pasaba las manos detrás de la nuca y caminaba con el mundo a sus pies.
Autor:
Un capítulo tranquilito xD después de tanto pinche drama ruso de los anteriores, pero no se confíen. Aún falta que Karamatsu e Ichimatsu hablen como personas civilizadas y que Osomatsu dejé de ser tan cabezota.
Esperemos que nadie explote xD.
