Daré las indicaciones de siempre.

Por favor, sean creativos en sus comentarios.

Y se me olvidaba, si su intención es hacer un comentario ofensivo o despectivo, les pido encarecidamente que se abstengan. Así no pasan un mal rato y no me lo hacen pasar a mí. No comentarios denigrantes y mucho menos insultos. Les pido que por favor lean las indicaciones y las notas de autor al final de cada capítulo. No son un bonito adorno, si las coloco es por algo.

AVISO: si mis notas hieren la sensibilidad de alguien, quiero que sepan que las hago sin tal finalidad. Mi intención no es ofenderles, quiero que quede claro para que luego no vengan a etiquetarme como una persona grosera, malagradecida o prepotente. Simplemente soy sincera con aspecto que a muchos autores les desagrada pero que no son capaces de decir por miedo a ser tildado de la misma manera en la que me designan a mí. Mi finalidad es crearles conciencia en la forma de comentar para ayudar, más nada.

Aclaraciones:

Narración.

— Diálogo —

‹‹Pensamientos››

(*) Esto es un apartado para alguna palabra o concepto que aclararé al final del capítulo.

Advertencias:

Posible OoC en los personajes.

OC's.

Situaciones sexuales explícita-implícitas.

Lenguaje inapropiado o soez.

Género: Romance | Drama.

Clasificación: T | M.

Disclaimer: La serie y sus personajes no me pertenece a mí, sino a ®Masashi Kishimoto.


Capítulo 10.

.

‹‹La sonrisa más valiente es aquella que disfraza una tristeza,

un dolor o una lágrima.››

.

Anónimo.

.

Amarga verdad.


Arrugó la nariz.

Olía a alcohol, drogas, orina y sexo.

La casa de sus padres se convirtió en un depósito de deshechos humanos. Donde beber y copular era regla general.

Cerró la puerta y dio dos pasos hacia la sala que normalmente se mantenía hecha un desastre, esta vez no era la excepción. Los muebles estaban comidos por lo ratones, las cucarachas se paseaban por el piso buscando las sobras de la comida podrida y las botellas de licor vacías.

Esa casa, herencia de sus padres, ahora era un hueco inmundo donde no viviría un indigente. Midori no evitó la mueca de repugnancia, torció los labios y contuvo el aliento cuando una arcada amenazó por escapar de su boca. Su hermana convirtió aquella casa hermosa que sus progenitores se desvivieron en obtener, en algo peor que un nido de ratas. Estaba segura que hasta ellas vivían de forma más decente.

Se tragó el deseo de salir corriendo por la puerta y caminó lentamente por el pasillo, no llegó a contemplar más el desastre de su hermana. Ya suficiente tuvo que soportarle sus ruegos cuando la apresaron por el delito que cometió con Said. Era lo único que agradecía de esa fatídica semana, ver a su hermana tras las rejas purgando una larga pena. Por lo menos ya no dañaría a nadie más.

Midori se detuvo frente a una puerta que tenía un pequeño letrero que decía: Said. Las letras estaban talladas en madera de una forma prolija.

Recordó haberlo hecho cuando recién cumplió dos, quería que tuviera algo que le perteneciera y fuera especial para él. Acarició las letras paulatinamente, dándose el valor para entrar a la habitación y recordando así que no encontraría a su sobrino sentado sobre la cama esperando su visita. Cerró los ojos un instante y se tragó un sollozo, debía hacerlo, tenía que cerrar el ciclo.

Con dedos temblorosos dio vuelta a la perilla y abrió la puerta, sin embargo, se quedó pegada bajo el umbral observando, sin atreverse a dar un paso. Todo estaba tal y como ella lo dejó la última vez que visitó a su sobrino.

La cama ordenada, los juguetes en sus muebles, los osos de peluche sobre las almohadas… De la casa, esa era la única habitación que se encontraba perfectamente ordenada y decorada. Midori se cercioró de ello, siempre estaba pendiente de todo lo que se tratara de Said.

O por lo menos lo creía, hasta ese fatídico día…

La culpa, por mucho que lo intentara, la golpeaba tenazmente en su costado izquierdo; justo al lado de su corazón. No podía evitar aquella sensación que le recordaba que, si no hubiese estado con Kakashi ese día, a lo mejor tal vez… Solo tal vez, su sobrino estaría vivo.

Desafortunadamente el hubiera no existe, y a ella le tocaba cargar con la pena, los recuerdos y los fantasmas de alguien a quien amaba. No era la primera vez que le pasaba, ya había tenido la desgracia de perder a sus padres repentinamente en un accidente. No obstante, por lo menos le aliviaba saber que ellos no sufrieron, Said por el contrario tuvo una agonizante tortura antes de caer inconsciente y posteriormente, morir.

A Midori la recorrió un escalofrío, sacudió la cabeza, procuraba borrar las imágenes de su sobrino siendo torturado y sodomizado por unos extraños. Trataba de no ahondar en todo el asunto o enloquecería. No quería perder los nervios porque su mente la atormentaba con lo que vivió su sobrino en los últimos momentos de consciencia. Ya había tenido suficiente en las últimas semanas… Rastreando y cazando a cada uno de ellos, como para seguirse martirizando con imágenes que le rompían el corazón y fracturaban su confianza.

Además, estaba el asunto de su solicitud de reactivación en el escuadrón ANBU. Resultaba que la presentó hacía semanas, sin embargo, no le habían dado una sola misión. Siendo honesta, intuía muy bien porque razón no le otorgaban misiones rango S, o mejor; aseguraba que el encargado de mantenerla dentro de la aldea era nada más y nada menos que el Sexto.

Midori estaba consciente que Kakashi esperaba su visita porque quería una explicación, tenían un asunto pendiente. Ella comprendía lo que él deseaba, pero no estaba clara en poder otorgarle declaración sin tener que hacer hincapié en detalles que ella prefería olvidar… Como su ingenuidad y falta de convicción, por ejemplo.

Pasó alrededor de diez minutos bajo el marco de la puerta de la habitación de Said, antes de decidirse a dar un paso adentro. En cuanto lo hizo se sintió mareada, los recuerdos se agolparon de repente en su mente y sintió sus piernas languidecer. Su caída era inminente, a lo mejor era suficiente para aceptar la realidad, su realidad.

Midori no hizo el menor movimiento para detener su caída, se desplomaría de rodillas sobre el piso manchado de amarillo y eso la despertaría de su pesadilla. Cerró los ojos, se dejó llevar por ese vacío inhóspito que se instaló en su corazón desde hacía varias semanas que no la dejaba vivir en paz.

Sin embargo, no llegó siquiera a rozar el suelo gracias al fuerte brazo que se aferraba a su cintura y la sostenía sin mayor esfuerzo. El olor de su colonia la atizó, entonces supo que todo el tiempo que invirtió en eludirlo había sido en vano. Él de todas maneras la encontró…

— ¿Te sientes bien?

El tono, a pesar de su indiferencia tenía un tinte de preocupación que difícilmente podía pasarse por alto. Midori no respondió, simplemente se dejó guiar por él para que se sentara en el borde de la cama. Con la puerta abierta, el olor nauseabundo del pasillo se colaba hasta la habitación y la hacía sentirse peor, con más mareo y náusea.

— ¿Cómo me encontraste? — evadió su pregunta, abrió los ojos y los clavó en la figura de Kakashi que se encontraba acuclillado frente a ella.

El shinobi le dio una sola mirada en la que rezaba: 'yo siempre sé dónde estás'.

No hacía falta palabras, bastaba una mirada para que lo entendiera. Eso únicamente.

— Da igual.

Midori cerró los ojos, respiró profundamente y si tenía suerte, su malestar no se agravaría más. Aunque su angustia crecía a medida que no encontraba las palabras para darle a Kakashi la explicación que quería. No sabía por dónde empezar…

Por su parte el peli-gris dejó pasar el tiempo suficiente para que la kunoichi tuviera su duelo, aceptara su verdad y pudieran hablar. Pero antes se dio a la tarea de cancelar cualquier posible misión que pudieran darle, ya todos sabían que todas y cada una de las misiones antes de ser ejecutadas pasaban por su escritorio y si él no las autorizaba, no se realizaban. Por lo tanto, se dio a la tarea de enviar a otras personas y no a Midori, él estaba claro que ella lo sabía, tampoco lo ocultaba; y si se lo preguntaba lo admitiría. No tenía por qué mentir.

Entre ellos todavía había asuntos pendientes. Si bien era evidente, Midori se dio a la faena de evadirlo por todo lugar donde la buscó, ella no se presentaría así que no le quedó más remedio que rastrearla. Y el primer lugar que se le ocurrió fue la antigua casa de su hermana, cuando la encontró ahí comprobó sus sospechas. Solo que no esperó hallarla a punto de desplomarse en el suelo, y cuando por fin pudo verla de frente… Se dio cuenta de las ojeras y el grado de palidez que tenía su tez, lo demacrado que estaba su rostro y la falta de brillo que tenían sus ojos.

El disgusto fue inevitable, nunca imaginó que la vería así algún día… Jamás tan quebrada.

— Ya lo estuve — dijo ella de repente.

Kakashi parpadeó un par de veces, se distrajo observando su semblante enfermo y se perdió por un momento. Un instante bastó para que ella abriera los ojos y dilucidara lo que había en su iris oscuro.

— ¿A qué te refieres? — inquirió él.

La kunoichi suspiró, por fin había encontrado la manera de abordar el tema que lo había llevado hasta ahí; sin tener que asignar tantos detalles.

— Ya estuve así de quebrada… — reiteró calmadamente —… Cuando… Cuando perdí a…

No podía, el dolor de aquella pérdida no había sanado. No se iba, no desaparecía. ¿Por qué era tan difícil?

— ¿Cuándo terminaste el embarazo? — el tono de Kakashi sonó duro, posiblemente porque en el fondo creía que lo había hecho a propósito. Sin tan solo supiera…

Midori negó con la cabeza y le sostuvo la mirada, el peli-gris sabía que ella no era capaz de tal cosa, pero se sentía lo suficientemente herido como para permitir que por una vez en la vida sus sentimientos tomaran posesión de él.

— No fue así — respondió la mujer pacientemente, si quería que entendiera debía mantener la calma y no dejarse sonsacar por el carácter de Kakashi.

— ¿Ah no? ¿Entonces como fue? — preguntó él poniéndose de pie, alejándose solamente unos centímetros de ella.

Midori tomó aire hondamente, debía poner sus pensamientos en orden y no cometer una tontería. Como irse de ahí y dejarlo creer lo que quisiera, por ejemplo.

— Yo no quería abortar — aclaró firmemente mirándolo —, yo… No sé por dónde empezar — murmuró agobiada bajando la mirada un instante, todavía se sentía mareada y las náuseas no se iban.

La situación, el hedor… Empeoraban todo.

— Por el principio estaría bien.

¡Ja! Como si ella no lo supiera, solamente no encontraba las palabras para dirigirse y explicarle la situación.

— Cuando me enteré que estaba embarazada te busqué, no sabía cómo te tomarías algo como eso, de hecho, no sabía si estaba haciendo bien porque estaba enterada de tu fama con las mujeres… Aun así, decidí buscarte porque creía correcto que lo supieras, pero cuando llegué al cuartel, me dijeron que te habían enviado a una misión larga — comenzó oteándolo fugazmente, él recordaba perfectamente esa etapa de su vida en ANBU, apenas tenía tiempo para… Ciertos asuntos, Midori interrumpió el hilo de sus pensamientos —. No me importó, de todas maneras, había decido tenerlo. Si estabas o no presente en la vida de mi hijo no era relevante — afirmó.

Kakashi se aguantó las ganas de replicar a un par de cosas, sin embargo, le interesaba más que le dijera como se dieron los hechos que desencadenaron a la pérdida de ese bebé.

— Unas semanas después de haberte buscado, mis padres me echaron de la casa alegando que era una vergüenza para la familia — sonrió tristemente, con la mirada perdida en el pasillo oscuro —. Dijeron que había deshonrado el apellido y manchado mi reputación… — suspiró y miró a Kakashi —, tú sabes cómo eran mis padres, para ellos algo como eso era un sacrilegio. El pase directo al infierno.

Vaya, si lo sabía él que los conoció. Eran tan estrictos, que por poco y le truncan el futuro ninja a su hija más talentosa.

— Mis padres me desheredaron, me repudiaron e hicieron que nadie me tendiera la mano. Pero yo seguía firme en mi propósito, así que me las arreglé para encontrar un lugar decente que pudiera pagar con mi salario y las misiones que conseguía sacar — explicó, aunque ella sonreía rememorando, Kakashi sabía que no era del todo agradable aquella experiencia. Y él comenzaba a sentirse mal por hacerla relatar algo que a todas luces ella quería olvidar —. Estuve bien durante un tiempo, hasta que un día Akari se presentó afuera de la puerta de mi departamento con una sonrisa y una canasta de pastelillos que, según ella, mi madre me enviaba en son de paz.

Midori soltó una risa carente de humor, tan irónica y triste que a Kakashi le provocó una horrible sensación de angustia.

— Y caí — soltó sin más, cerrando los ojos y sonriendo débilmente —. Tanto era mi deseo de que mi familia me aceptara de nuevo, que me amara… Que caí en redondo en la trampa de mi hermana.

— ¿Qué quieres decir? — Kakashi preguntó temiendo la respuesta.

— Ese día, la dejé entrar en mi departamento y le ofrecí un café para compartir los pastelillos, pero… — se detuvo, era tan difícil tener que relatar que su hermana usó artimañas para desvanecerla.

No solo era doloroso, sino también vergonzoso admitir que fue una idiota al creer en las buenas intenciones de su hermana o su familia.

— Te drogó.

Kakashi completó la frase que ella tenía atorada. Midori asintió cerrando los ojos, recordar su ingenuidad era tan penoso…

— Yo… Yo debí saberlo cuando ella no probó ni un bocado, debí intuirlo… — musitó molesta.

— ¿Qué fue lo que hizo? — escuchó la voz de Kakashi más cerca.

Abrió los ojos y lo contempló de nuevo, acuclillado frente a ella. Su mirada oscura era una mezcla entre amorosa resignación y dolor, un horrible dolor que no quería sentir. No otra vez, no de nuevo… Pero debía continuar, para cerrar definitivamente ese ciclo y sacar un poco de su pesar.

— Akari… Se las ingenió para que uno de sus 'amigos' nos llevara a una clínica clandestina — tragó para despejar el nudo en su garganta y continuar con su relato —, creo que no necesito decirte que pasó… — lo miró y sonrió débilmente, en seguida clavó su iris violeta en la pared frente a ella.

Kakashi la miraba, tenía los ojos brillosos y perdidos. Nunca la había visto tan desorientada, tampoco ignoraba el desconsuelo y abatimiento de su rostro. Él no muy estaba lejos de esos sentimientos.

— Cuando desperté estaba en el hospital, los médicos me informaron que debido al tiempo de gestación el procedimiento había salido mal y…. — Midori se cortó, una lágrima furtiva descendió por su ojo derecho y no pudo hablar.

La kunoichi debía continuar, tenía que terminar y sacarse ese horrible sentimiento. Pero era tan difícil… ¿Por qué todo tenía que ser tan complicado, tan doloroso?

— ¿Y?

La mujer tomó aire exageradamente, debía decirlo, tenía que hacerlo, aunque el alma se le fuera en ello.

— Tenía cuatro meses de embarazo, dijeron que con ese tiempo de gestación una interrupción no solo no era viable, sino peligrosa que… Que siempre habría una consecuencia, en mi caso… — bajó la mirada y dejó que un par de lágrimas más se escurrieran de sus ojos —, no podría volver a embarazarme — finalizó por fin.

Esta vez fue el turno de Kakashi para cerrar los ojos abrumado. Todavía no comprendía como las personas podían prestarse para hacer cosa semejante, mucho menos su propia sangre. Entendía que ella no quería, también comprendía que fue engañada. No podía esperar menos de una adolescente. Midori en aquel entonces tenía dieciséis años y él diecinueve.

Ahora conocía la verdad. Y era tan pesada como un yunque y tan letal como una daga. Admiraba el aplomo con el que la kunoichi tuvo que enfrentar todas aquellas peripecias en las que, sin querer y por culpa de sus hormonas, había ayudado a crear. Kakashi evidentemente se sentía culpable, por no estar ahí y por no saber.

— Ese día cuando desperté y me dieron la noticia — siguió con voz ahogada —. Akari estaba a mi lado con una sonrisa y me dijo que podía volver a casa porque el problema estaba resuelto — bufó burlona y lo miró de soslayo — ¿Te imaginas? Un problema.

El peli-gris la observó, sus palabras sonaban incrédulas, tanto que se le escapaba a gotas el sarcasmo.

— ¿Por qué no me buscaste?

La mujer resopló irónica, molesta. Pero no con él, sino consigo misma por ser tan idiota.

— ¿Y decirte qué, Kakashi? ¿Qué estaba embarazada pero que fui embaucada por mi hermana para llevarme a una clínica clandestina para tener involuntariamente un aborto, que al final me dejó estéril? — vociferó la mujer levantándose de la cama, ignorando el creciente mareo.

Ella no se lo había dicho, pero la razón por la que amaba tanto a su sobrino era porque al final su deseo de ser madre se había truncado a la edad de dieciséis gracias a su hermana. Sí, podía ser cruel querer adueñarse de un niño que no era suyo. No obstante, su hermana nunca lo quiso, la única razón por la que dio a luz fue para restregárselo en la cara y así tener un motivo para manipularla.

Midori juró proteger a ese pequeño. Desgraciadamente cayó en el juego de su hermana por segunda vez, y se dejó usar para mantener a salvo a Said. Porque era lo más cercano que tendría a un hijo.

La kunoichi apretó las manos hasta hacerlas puño, la verdad era tan aguda, que le resultaba complicado que la presión que ejercía su pecho no fuese a escapar por su iris en forma de lágrimas.

— Midori — Kakashi lo notó, se puso de pie y se acercó a ella, pero ésta se alejó.

— No quiero tu lástima — renegó limpiándose las lágrimas que intentaba ocultar, él únicamente sonrió.

Ella nunca permitiría que la viera llorar, sin embargo, ya no lo podía parar.

— Nunca sentiría lástima por ti — murmuró él suavemente abrazándola.

Finalmente había hecho lo que deseaba desde que llegó y la vio. Sabía que necesitaba consuelo, ambos lo necesitaban. No obstante, Midori era una mujer muy fuerte y testaruda, no le gustaba mostrarse débil ante nadie, incluso él.

Sin embargo, esta vez fue inevitable para ella no mostrarse vulnerable.


Nota de Autor:

Hola.

Hace ya dos meses que actualicé esta historia, la verdad me disculpo, soy una escritora inconstante y me resulta difícil la mayor parte de las veces concretar una idea, en otras la inspiración no me ayuda. De hecho, este capítulo no quedó exactamente como quería, sin embargo, no podía retrasarlo más. Ya estamos en la recta final de esta historia, un par de capítulos más y se termina. Espero que a los que aún me leen les haya agradado, sin más me despido.

Si les ha gustado, por favor pasen a dejarme su opinión en la cajita de comentarios ahí abajo. Como siempre se les agradece las visitas, reviews, alertas y favoritos. Nos veremos en la próxima actualización.