Comenzó a hacerse cotidiano.
Luego de las clases, todos los días, terminaba en casa de Alois. Hacían...nada. Charlaban, jugaban videojuegos, miraban la televisión, de vez en cuanto hacían tareas para la escuela...nada realmente importante.
Sus padres creían que estaba con su novia, así que simplemente lo dejaban hacer lo que quisiera. Estaban felices de que su pequeño hijo al fin estuviese creciendo y desarrollándose como un joven normal. No hacían preguntas sobre aquella misteriosa chica, porque sabían que Ciel no contestaría.
Estaba mal, sí, en parte lo sabía. No le gustaba del todo mentir, pero la pasaba mil veces mejor en casa del rubio que en su propia casa, con todas esas obligaciones y clases.
Además, podía ver a Sebastian.
Le gustaba.
O más bien, le atraía. No lo conocía para nada, sólo le gustaba mirarlo, hablarle de vez en cuando con monosílabos, o lanzarse miradas cómplices luego de que Alois hiciera alguna idiotez.
Estaba...bien, quizás.
Es decir, sabía que el mayor nunca iba a prestarle atención ni a pensar en él de la forma en la que le gustaría, pero le gustaba estar con él. Le gustaba mucho poder estar cerca suyo.
Cuando Michaelis le hablaba, él se sonrojaba, fruncía el ceño y contestaba con un "Cállate", simplemente porque podía y porque el otro no le contestaba.
Y parecía que se había rendido con ese cubo de colores.
Más o menos, todo estaba tranquilo.
Sebastian sentía que algo raro estaba pasando.
O más bien, que algo raro estaba por pasar.
Lo veía. Todo el tiempo.
Sabía que Ciel se había rendido ante sus pies hace varias semanas. Ese chico no podía ser más obvio sólo porque no tenía más tiempo.
Lo veía sonrojarse con cada cosa que le decía, o tensarse cuando sus manos se rozaban accidentalmente. Lo oía suspirar en voz muy bajita, creyendo que nadie podía oírlo.
La pregunta era... ¿Por qué no hacía nada?
¿Por qué él, Sebastian Michaelis, estaba actuando como un cobarde?
Tuvo millones de citas antes. Millones de mujeres antes con las que había salido o se había acostado, y varios hombres con los que se había acostado...
Pero ahora no podía.
No podía hablar con Ciel, no podía contestarle, no podía mirarlo por más de unos segundos.
¡¿Por qué?!
Cada vez que pescaba a Ciel mirándolo, volteaba la vista. Era un estúpido con todas las letras. Phantomhive lo quería, y él lo quería también, así que debería estar actuando como un hombre.
Tenía qué.
Y si no lo hacía ahora que estaba un poco motivado, no lo haría nunca.
"Oye, quédate a dormir mañana"
Podía arrepentirse, por supuesto, pero el mensaje ya había sido enviado.
Quizás le parecería raro que fuera él y no Alois quien lo había invitado. Quizás pensaría que Alois le había mandado ese mensaje desde otro celular, o quizás lo ignoraría.
Luego de unos minutos, Ciel respondió.
Los ojos del chico de cabellos azules brillaron con tanta intensidad que su padre pensó que le iba a agarrar un ataque en cualquier momento.
Era un mensaje.
De Sebastian Michaelis.
Un mensaje de Sebastian Michaelis invitándolo a dormir.
Sonrió levemente, intentando no parecer afectado para nada, aunque eso no había funcionado, por la forma en la que sus padres lo miraban en ese momento.
Aunque...
Podía ser Alois, claro. Molestando, como siempre.
Pero no.
Alois tenía su propio celular con sus juguetitos colgando de un costado, lleno de stickers y estupideces, y mensajeaba como un imbécil. Además, se había quedado dormido hace una hora y media.
Eso quería decir que era de Sebastian.
Era casi un sueño. Tenía que ser alguna clase de broma pesada, pero no podía evitar esa emoción que le recorría la espalda.
Tal vez una pizca de esperanza.
Tal vez...
—Ciel, querido, queremos que nos presentes a tu novia—dijo su madre, en un tono bastante irritado.
Oh, mierda.
Y desde aquí comienza la verdadera historia(? De esta parejita tan linda ^^
Van empezando a darse cuenta de ciertas cosas...
Al igual que sus padre
10:44, Argentina. Yomi-chan~ Parece que gané. 3
