Capítulo 10: La Invitación
-Dieciocho galleones-murmuró Fred en el oído de una chica de tercero.
-¿Qué?, si los filtros de amor cuestan solo doce en Sortilegios Weasley-susurró indignada la chica.
-¿Tú ves una sucursal en Hogwarts?-respondió el pelirrojo.
-Ni que me vendieran amortentia, es un simple filtro-habló la compradora.
-No es cualquier filtro, es preparado por una persona con mano para las pociones además…creo que no le gustará a Armand Flint enterarse que deseabas verter la poción en su jugo de calabaza.-amenazó el vendedor.
-¡Bien!, ¡toma!-le entregó el dinero ofendida.
-Un placer hacer negocios contigo, si necesitas mas ya sabes dónde encontrarnos-se despidió el joven antes de entregarle una pequeña botellita de poción.
…
La mañana alegre y soleada no acompañaba a las lúgubres mazmorras y menos a las clases de pociones donde Severus Snape se había encargado de dejar ese tono verdoso en la luz artificial que adornaba el salón.
La tregua invisible hecha con su padre por ahora daba resultados, a ninguno de los Snape le gustaba estar en los cotilleos del castillo aunque en el caso de Jolly era inevitable.
Cuando la joven entregó la poción en la mesa del profesor este subió la vista examinándola.
-¿Puede venir a mi despacho después de clase?-preguntó el hombre de piel cetrina lo más amablemente posible.
-¿Hice algo malo?-dijo Sophia con seguridad pero sintió que se le revolvían las tripas.
-No.-contestó el pocionista.
-Iré, pero tengo entrenamiento luego así que… no me retenga mucho tiempo-habló la chica para despedirse del lugar.
…
Después de clases Jolly se adentró en los dominios de Slytherin para verse con su padre.
Caminó por los pasillos de piedra presurosa mientras saludaba a varios admiradores con una falsa sonrisa, cargaba a Lea quien los observaba con recelo en los cálidos brazos de su ama.
Golpeó la puerta con ese llamado clave informando que era ella, tal y como lo hacía en casa.
-Pasa.-anunció el príncipe mestizo.
Sophia que estaba acostumbrada a ver ese despacho en las fiestas del "Club Slug" esbozo una imperceptible sonrisa al ver que el lugar estaba ordenado de forma similar al laboratorio de su padre en el sótano de su casa. La diferencia era la mesa antigua y las sillas, pudo divisar una fotografía de las últimas vacaciones en Australia, sus padres sonreían, ella era cargada por su hermano quien casi no podía con su peso, ambos reían a carcajadas.
-¿Quieres un té?-preguntó el profesor.
-No gracias, no ingiero nada una hora antes de cualquier partido o entrenamiento- contestó Jolly.
-Bien-murmuró el pocionista-veo que es una de tus grandes prioridades-inquirió el hombre.
-Si.-La chica se sintió mal un instante, aún no tenía el valor de anunciarle a sus padres que deseaba convertirse en una jugadora de quidditch profesional.
-Te invité para preguntarte algo, ¿viste algún movimiento extraño en algunos alumnos del colegio?, ¿intentaron venderte alguna poción prohibida?, recuerda que encontré algunas botellas hace unos días y tengo la certeza que en Hogwarts hay un mercado clandestino-dijo su padre yendo al grano.
-¿Acaso me ves cara de soplona?-murmuró indignada Jolly.
-No.-dijo Severus tajantemente- solo que puedes conocer a quien las vende-contestó.
-¿Sospechas de mí, papá?-preguntó desafiante.
-Nunca sospecharía de ti, eres demasiado inteligente para saber en el lío que se está metiendo quien lo haga-sentenció el profesor.
-Yo no sé nada-habló la chica.
-Está bien, cualquier cosa que…-pero no terminó la frase, Jolly lo miraba indignada.
-Ya te dije que no soy soplona y no te diría nada si supiera algo de esos negocios- chilló.
-…necesites-aclaró su padre-puedes contar conmigo, tu madre me regañó por el percance que tuvimos el otro día-informó el pocionista.
-Claro, te lo diré-dijo chirriando los dientes, ¿es que Severus Snape solo aflojaba un poco cuando su esposa lo increpaba por sus conductas odiosas?
Salió del despacho y fue hacia el campo de quidditch, si querían ganar a Slytherin a principios de noviembre tenían que practicar duro y Fred se encargaba de consentirla demasiado algo que fastidiaba enormemente.
-¡Hasta que llegas estrellita!-gruñó Fred algo fastidiado.
-Si Jolly, no se te vaya a caer la corona-dijo James montando la escoba.
-Solo fueron cinco minutos-se quejó la chica y tomó la quaffle.
-Bueno basta de charla, ¡a volar!-anunció el pelirrojo y los siete jugadores se elevaron al cielo.
Fred fue hacia los postes, James soltó la diminuta snitch y comenzó a volar por el campo.
Lily y Carl, un chico moreno y musculoso tomaron los bates mientras la nueva adquisición del equipo, un chico de segundo año llamado Peter Robinson con aire de enclenque (pero fue el mejor en las pruebas), Cynhtia y Sophia se pasaban la pelota roja.
Cuando el sol se ocultaba detrás del bosque prohibido el capitán decidió que ya era hora de volver a la sala común y todos satisfechos volvieron al castillo en una animada conversación esperanzados para derrotar a Slytherin.
…
-Pues yo no sé qué bicho le picó a la vieja Minnie-comentó James encaminándose una vez más a la dirección.
-Tranquilo Jamsie, si vamos con el querido Tavius no imagino que nos descubrieran en algo turbio-opinó Fred viendo la mueca de enojo que realizaba el Slytherin.
Entraron en el despacho de la animaga algo extrañados porque los llamaron a todos juntos.
Lily, James, Albus, Sophia y Octavius se quedaron parados frente al escritorio de Minerva quien los observaba sonriendo.
-Yo no fui-dijo James al ver a su madre aparecer por la chimenea.
-Aun no lo he acusado de nada-murmuró la directora-Adelante-dijo al profesor de pociones que se unía a la reunión.
-Como estas Ginevra-murmuró el hombre saludando a la mujer.
-Muy bien Severus, ¿cómo te lleva la vuelta a Hogwarts?-preguntó la pelirroja.
-Por ahora no he tenido muchos problemas-dijo con voz grave.
-Les llamaba para anunciarles que mañana volverán a sus casas por el fin de semana, Victoire y Ted cambiaron la fecha de su boda y será este sábado- anunció McGonagall.
Lily emitió un gritito de júbilo y todos asintieron.
-Volverán a casa por la red flu la tarde del viernes, Octavius y Jolly se quedarán en Grimmauld Place hasta la mañana del sábado debido a que Severus se quedará el viernes aquí y Hermione está de guardia.
-¡Genial!-exclamó Sophia.
…
Las horas del viernes transcurrían con una frustrante lentitud, Sophia y Octavius salieron de Runas Antiguas y corrieron hacia el despacho de McGonagall.
-¡Hasta que llegaron!-dijo Lily emocionada.
Uno a uno fueron desfilando hacia la chimenea y tomando un poco de polvos para llegar a la casa de los Potter.
Jolly fue la última en aparecer en la chimenea de Grimmauld Place y el viejo elfo domestico de la familia la ayudó a levantarse.
-¡La niña Sophia ha venido como lo había prometido!-chilló emocionado Kreacher.- y el niño Octavius-sonrió pero no le dedicó esa emoción embriagadora que lo envolvió al ver a la joven de ojos miel.
Kreacher adoraba a Jolly, la razón era muy obvia, su padre era el antihéroe más grande del Mundo Mágico y reivindicaba a quienes como el elfo domestico cambiaron de bando en la segunda guerra, aunque claro estaba que el príncipe mestizo agonizaba en la Casa de los Gritos y luego volvió a la vida gracias al amor de la que es hoy su amada esposa.
Además de eso Hermione siempre fue amable con él (a pesar de ser una sangre sucia) y luego que luchó por ablandar las duras cadenas de la opresión hacia los de su especie creció en el elfo domestico un respeto muy grande por la mujer del gran Severus Snape.
Y la niña Sophia era simplemente adorable aunque haya quedado en Griffyndor, era amable, respetuosa, considerada y muy buena con el pobre y viejo Kreacher.
-Hola Kreacher-dijo Jolly tocando su calva y fea cabeza.
-La niña Sophía siempre tan amable-gimoteo el elfo con los ojitos brillantes.
-Kreacher, ¡te prohíbo que orines en la alfombra!-ordenó James y todos empezaron a reír.
-Si señor-dijo el elfo y una sombra oscureció su cara.
-Kreacher, muero de hambre, ¿puedes traer leche y galletas por favor?-pidió la menos de los Potter.
-A sus órdenes-habló con voz ronca esbozando una sonrisa a la pelirroja.
Unos minutos más tarde el criado apareció con la comida y todos charlaban animadamente.
-Puedes irte-le dijo James con un ademan.
-No, espera-dijo Jolly muy animada.
Octavius la miró de reojo, ¿es que su hermana no se cansaba de sus admiradores y necesitaba todo el tiempo aumentar su ego?
-Te traje estas grajeas de hongos, me las regalaron y a mí no me gustan-sonrió la chica de cabello negro.
-Oh, ¡la niña Sophia siempre tan considerada!, ¡Kreacher la aprecia tanto!, a Kreacher le encantaría que alguna vez forme parte de la familia en forma oficial-gimoteo el elfo, Jolly se removió algo incómoda, James expreso una sonrisa radiante y Albus toció escupiendo casi toda su leche.
-Tranquilo amiguito-murmuró Jolly- nos quedaremos esta noche, mañana es el casamiento de Victoire y Teddy-comentó la muchacha.
-¿El ahijado del amo?, Kreacher no lo sabía, Kreacher nunca ha asistido a una boda de los magos porque sus antiguos amos los Black se casaron antes de que Kreacher naciera y el amo Sirius nunca se casó, pasó casi toda su vida en Azkaban -gruñó- y el amo Regulus…el amo Regulus tuvo una corta vida-casi comenzó a llorar pero se contuvo ante la mirada reprobatoria de James.
-Yo te invitaré a mi boda-dijo Jolly con tono despreocupado- pero tendrás que esperan muchos años-rio.
-¡Oh!, es usted tan considerada, se parece tanto a su madre pero físicamente a su padre, el gran mago Severus Snape-gimoteo nuevamente.
Octavius y Jolly intercambiaron una mirada, ella era similar a su madre como lo es un escrueguto de cola explosiva y un elefante del zoológico muggle.
-A Kreacher le encantaría que la niña Sophia se casara con el amo Albus, es un niño muy bueno y respetuoso, un Slytherin y se llevan muy bien, ¡son los mejores amigos!-pidió el elfo ilusionado.
Ambos se miraron temerosos ante las carcajadas de los demás con caras contorsionadas.
-¡Solo somos amigos!-anunciaron a dúo.
-Puedes irte Kreacher-dijo Albus esta vez con las mejillas coloradas.
Pronto Jolly se imaginó vestida de blanco, su padre al lado tomándola del brazo y después de caminar a paso lento divisó a Albus sonriente al final del pasillo con un elegante traje.
Un segundo más tarde su cara era borrosa y luego volvió a ser el, pero quien caminaba hacia ese extraño altar era la estúpida y tonta de Rachel.
-¿Que te sucede?-preguntó James con mala cara.
-Nada, solo tengo hambre-contestó tomando una galleta.
