Hola Mundo ! Al fin pude alcanzar a la autora ! Y les dejo un nuevo capitulo luego de hacerme algo de tiempo por todas partes D: El colegio nos colapsa a todos... a algunos mas, a otros menos... en mi caso, este año tengo que darlo todo, pero no dejare botado ninguno de mis proyectos.
Disclaimer: Hetalia Axis Powers no me pertenece y ni siquiera este Fanfic, porque es propiedad de Niirasri :B
Disfruten!
Capitulo 11: Suiza
Ya estaba bien entrada la tarde cuando llego a su tranquilo hogar, su tan tranquilo, hogar. Las montañas, muy visibles desde las ventanas de la casa de campo, bloqueaban el sol desde muy temprano en el día sumergiendo a cada habitación en una sombra prematura. La anciana no encendió ninguna luz mientras se movía en su casa.
Ni siquiera encendió el horno para preparar la cena, ni tampoco para tomarse un baño. La mujer se movió, lentamente y con cuidado, hacia el mantel encima de la chimenea en el centro de su modesta sala de estar.
Encima de la chimenea había un surtido de cosas. Dos candelabros sencillos, un manojo de flores silvestres secas, un pequeño pájaro de madera pintado a mano… Sus viejas manos se posaron sobre ellos, sacudiéndoles ligeramente el polvo acumulado en la parte superior de los objetos. Las comisuras de sus ojos se arrugaron al recoger una pequeña rosa de porcelana y volver a ponerla en su lugar con cuidado. Habían demasiados recuerdos en esa pequeña plataforma de piedra…
Y luego sus dedos rozaron el vidrio de una fotografía enmarcada. La imagen de un hombre joven, de no más de treinta años, le sonreía. El vidrio que protegía la fotografía estaba manchado y polvoriento. Se movió para limpiarlo al igual que lo había hecho con las otras baratijas. Sus dos manos se aferraron alrededor de sus bordes y con una acción cuidadosa finalmente paso el pulgar por sobre la sonrisa del hombre, capturando para siempre su rostro.
Lentamente, la mujer puso la fotografía sobre el manto con el mismo cuidado como si fuera de diamantes. La dejo plana, boca abajo. Se dio media vuelta y fue a prepararse para acostarse.
Aparto las mantas y se acostó sobre el crujiente colchón. Con un suspiro roto, la mujer se dio vuelta y cerró los ojos, ignorando con silencio y la resignación de los años, las lagrimas que fueron humedeciendo la funda de la almohada.
La casita permaneció oscura.
Tres meses más tarde, la mujer se apoyo en la cerca de la pastura, secándose el sudor de la frente con el dorso de su guante. Varias cabras se arremolinaban alrededor de ellas, balando cuando se rozaban unas contra otras. Dos topaban con su nariz los bolsillos de la mujer, estampando sus cascos contra el suelo con expectación. Era un agradable día en la montaña.
"Ya les di de comer hoy" Dijo la mujer, de manera para nada desagradable mientras las empujaba para que se fueran. "Fuera, váyanse y aliméntense con pasto. Dejen a una anciana ser" Por supuesto, no la escucharon. Se inclino y acaricio a una cabra moteado detrás de los cuernos. La cabra levanto las orejas y comenzó a mordisquear las costuras de su blusa.
"Basta de hacer eso" Reprendió la anciana a la cabra. Tomo su ropa fuera de alcance y salió del lugar para pastar de las cabras cerrando la reja tras ella. Las cabras la siguieron hasta la cerca y sacaron sus narices a través de las tablas de madera hacia los dedos de la anciana. Ella les acaricio la nariz con cariño antes de cerrar por completo la reja.
Ese lugar y el pasto que lo rodeaba quedaban muy bien al lado de su casita. La sencilla combinación se mantenía lejos de ser un paisaje perfecto por su incapacidad de plantar un jardín de flores alrededor de su pequeña choza. La única vez que lo había intentado (recordaba con cariño) las cabezas de las Margaritas habían sido comidas en menos de una hora, y el resto de las plantas no demoraron en seguirlas. Las cabras eran imposibles.
A lo lejos, sonó un trueno. El sonido hizo eco entre las montañas como un gruñido, hasta que finalmente llego a los valles. La anciana reviso dos veces el candado, rápidamente dejo sus herramientas a un lado de la casa y se entro. No tenía sentido quedarse fuera esa noche. Sin lugar a dudas, iba a ser un aguacero.
Había estado en lo cierto. La pequeña casa se mantenía remarcablemente bien contra el viento que la azotaba afuera. La lluvia caía como hojas contra las ventanas, haciendo que las cortinas de encaje a su alrededor temblaran como alas de polilla. La anciana se sentó cerca de la chimenea en el desgastado sillón, se mantenía ocupada leyendo una péquela novela que había escogido para su tiempo libre, parecía que esa noche al fin podría terminarla.
Una ola de lluvia golpeo las ventanas y el sonido retumbo en la choza como balas. La mujer se estremeció y apretó más su chal contra sus hombros. Aunque la casa de ninguna manera era una muy grande, a veces la sentía como una gran mansión. Una vacía mansión.
Un trueno exploto fuera, y la anciana se movió en su silla antes de levantarse y arrastrar sus pies hacia la ventana. La poca luz eléctrica de la pequeña casita se balanceaba en el techo, pero aun asi pudo distinguir algo a través de la tormenta. Por lo que la mujer podía ver, las cabras estaban bien, la noche había estado absenta de balidos angustiosos o de golpes de cascos contra la madera. Sin embargo, como la lluvia seguía cayendo, la mujer supuso que podría ir a ver como estaban. Se rio para sus adentros, murmurando "Locuras de vieja, salir fuera en medio de una tornamenta de montaña solo para ver si sus cabras están felices" Dijo en voz baja mientras se ponía su pesado abrigo.
La mujer estaba segura que sus huesos habían sonado en vez de la casa cuando dio un paso había afuera. La lluvia la empapo su, gracias a Dios, grueso abrigo y casi perdió el equilibrio al dar su primer paso en el lodoso y resbaloso suelo.
"Me estoy volviendo vieja" pensó somnolienta, elevando la linterna eléctrica que llevaba y sintiendo la protesta de la artritis en sus brazos. Trago saliva por el pensamiento y levanto las botas en dirección a la pradera.
Como se lo había espera, las cabras estaban todas acurrucadas juntas en el cobertizo, manteniéndose secas cerca de las herramientas y las pilas de madera cortada. "Me lo imaginaba" Murmuro con una sonrisa mientras le acariciaba la cabeza a la más cercana. La mujer reorganizo algunas de las herramientas para poder darles más espacio a los animales antes de recoger su linterna y volver a caminar otra vez bajo el aguacero.
Iba en la mitad del camino de regreso a la casita (y esperando ansiosamente llegar a poner la tetera a hervir) cuando vio otra luz que se balanceaba a la distancia. Se detuvo con la guardia baja.
"¿Hola?" No hubo respuesta, tal vez solo estaba imaginando cosas. "¡Hola!" Volvió a gritar de nuevo, esta vez más alto. Después de todo, la lluvia estaba muy pesada.
Esta vez sí hubo una respuesta, aunque sonaba más molesta de lo que la mujer habría esperado. "¿Si? ¿Hola? ¿Quién esta ahí?"
Un poco aturdida de que hubiera alguien fuera en ese aguacero, la mujer se dirigió apurada hacia la senda de la montaña, que si bien no la veía, sabía que estaba ahí. Al acercarse, fue capaz de distinguir una figura, era un hombre rubio, con el pelo a la altura de la barbilla y un poco mas alto que ella y se veía completamente empapado ya que usaba una chaqueta delgada y llevaba una linterna en la mano.
"¿A dónde te diriges a través de la tormenta?" Le pregunto, frunciendo las cejas una vez que se acerco lo suficiente. El se llevo una manga sobre el rostro para contener un poco la lluvia y poder ver a la mujer con claridad.
"A la ciudad. Escúcheme, me gustaría quedarme a hablar, pero tengo que seguir adelante"
"¿A la ciudad?" La anciana negó con la cabeza. "No, no, no… ¡eso está a por lo menos unos 4 kilómetros de aquí!"
El hombre le frunció el ceño como si dijera 'por eso es que voy apurado' "Lo sé, y me estoy empapando, así que realmente me gustaría llegar… de todos modos-" Volvió a mirarla. "¿Qué está haciendo usted aquí afuera con este clima? ¿No debería estar dentro de su casa?" La preocupación surco el rostro del joven rubio, casi invisible a través de la linterna.
Ella apunto hacia la luz que salía de su casita. "Vivo justo ahí. Por favor, puedes quedarte hasta que la tormenta termine, las montañas son peligrosas con esta lluvia"
"No, de verdad tengo que llegar allá. Le sugiero que vuelva" Se volteo para marcharse, pero la mujer le agarro la chaqueta con una fuerza sorprendente para su edad.
"Insisto. Lo que sea que tenga que hacer allá podrá esperar una o dos horas. Por favor" Le imploro. "No hay ningún problema. Me sentiría mucho mejor si estuvieras seguro en mi casa que pensando en que deje que alguien caminara bajo este aguacero"
"Pero, yo…" El muchacho parecía morder el interior de su mejilla mientras miraba hacia abajo la senda y luego hacia el cielo. Se cernía sobre la montaña como una bestia negra amenazadora. "…Esta bien" Acepto. Siguió a la mujer bajo la lluvia hacia la puerta de la casa y estuvo a punto de tropezar al apresurarse por entrar. La mujer cerró la puerta tras ellos, bloqueando la cascada de agua fría. Un trueno volvió a resonar en la casa mientras iba a buscar una toalla para pasársela al rubio.
El la acepto con gratitud luego de quitarse la chaqueta y los zapatos. Ella los puso junto a la chimenea mientras el otro se secaba con un suspiro.
"Nunca pensé que hoy llovería, sino, me hubiera traído un auto" Colgó la toalla junto a su abrigo luego de que esta hubiera absorbido toda el agua que le fue posible. "Gracias por permitirme quedarme aquí" Le dijo serio. Ella en cambio sonrió amablemente.
"No tiene importancia. No se ocurriría permitir que una pobre alma este afuera en esta tormenta" Afuera, el viento parecía aprobar su punto, sacudió los cristales e hizo eco a través de los valles creando un aullido espeluznante.
"Mi nombre es Vash" Le dijo luego de un momento.
"Encantada de conocerte, Vash" Volvió a sonreírle, ocupándose de poner a hervir la tetera. "Mi nombre es Marietta. Me gusta tu nombre, es muy bonito, un nombre fuerte"
El se movió algo incomodo y pronuncio un "Gracias" Vash se mantuvo torpemente en el centro de la habitación hasta que se dio cuenta de que Marietta luchaba un poco con la tetera. "Déjeme hacer eso, no se haga daño"
Marietta levanto la vista de su trabajo. "Oh no, no te preocupes" Pero le quito suavemente la tetera, indicándole que fuera a sentarse en su sillón. "Tonterías, estas dejando que me quede aquí durante la tormenta. Vaya a sentarse. Yo me encargare de esto"
"Muy bien" Dijo Marietta con un brillo de diversión en los ojos. "Dejare que tú te encargues de eso"
Vash se quedo a cenar esa noche. Ayudo obedientemente con los preparativos (Marietta le siguió recordando que estaba ahí como invitado y que la dejara hacer a ella el trabajo, pero el luego le respondía tercamente que era el deber del invitado ayudar a su anfitriona de cualquier forma posible, y que debería dejarle todo el trabajo a él). Se sentaron a comer en la diminuta mesa, con dos lugares servidos. El felicitó la comida que ella había preparado y luego elogió los ingredientes y lo baratos que estaban en el supermercado la última vez que lo había visitado, Marietta pensó que era un extraño comentario, pero de todos modos, divertido.
Se entero de que la razón de que insistiera tanto en volver a la ciudad era porque su hermana menor esperaba que volviera, le aseguro a Marietta que no se preocuparía y que asumiría que había encontrado algún lugar donde esperar fuera del alcance de la lluvia. Sin embargo, no parecía muy convencido de lo que estaba diciendo, por lo que Marietta asintió y destaco lo agradable que debía ser su hermana. Vash estuvo de acuerdo y eso fue todo.
La tormenta se negó a retirarse por la noche, así que después de varias horas Marietta le ofreció uno de sus paraguas. Vash al principio, lo rechazo, murmurando algo como "caminar por la lluvia no es tan malo" pero ella siguió insistiéndole y le mostro los demás paraguas que tenía solo para convencerlo de que no la dejaría indefensa. Finalmente, se rindió, tomando el paraguas, aunque no parecía para nada infeliz por el hecho. Marietta rio y le palmeo un hombro.
"No deberías ser tan serio. Sonríe un poco, has sido una compañía encantadora. Eres un hombre muy responsable"
Por primera vez en la noche, Vash sonrió. Era una sonrisa pequeña, pero lo suficiente para bajar un poco su conducta tan estricta.
"Gracias, estoy agradecido de que piense así" Por un momento, Marietta se pregunto que edad podría tener el chico, pero supuso que sería de mala educación preguntar algo como eso tan directamente. "Buenas noches Marietta" Le estrecho la mano. "Gracias por dejar que me quedara aquí, lo lamento por no haber podido ayudarla más"
Ella le hizo un gesto con la mano. "No, no, no tienes que preocuparte por eso, preocúpate de llegar a la ciudad sano y salvo y ver a tu hermana"
El asintió y abrió su paraguas prestado antes de salir a la lluvia. Vash se despidió una vez más antes de desaparecer en la negrura y Marietta cerró la puerta con un pequeño click tras él.
Como todas las noches, se preparo para ir a la cama. Cerro las cortinas, sofoco el fuego en las brasas y se cambio a su ropa de dormir. Durante todo el proceso, se sintió… extrañamente contenta.
Su casa se sintió, para ella, mucho más familiar esa noche que como la había sentido en un largo tiempo.
Marietta no se esperaba que Vash estuviera en su puerta la mañana siguiente. Le abrió y lo encontró no solo llevando su viejo paraguas (el cual, de cualquier manera, no esperaba de vuelta) sino, que también cargaba una cesta cubierta. Le tendió la canasta para que la tomara y luego coloco el paraguas en su lugar una vez que Marietta dio un paso atrás para permitirle pasar.
"Mi hermana lo hizo para usted" Dijo, mirando la canasta. Marietta levanto la tela para descubrir unos bollos recién horneados.
"Pero que niña tan dulce" Exclamo la anciana.
"Quería darle las gracias por mantenerme seco durante la tormenta de ayer. Yo le dije que ya le había agradecido, pero ella insistió, y tengo que decir que estoy de acuerdo con ella…"Se tiro el pelo hacia atrás, como si estuviera avergonzado. "Así que, gracias"
"Ha sido un placer, querido" Le hecho una mirada a la mesa y luego a la ropa de trabajo que llevaba puesta. "Me gustaría ofrecerte algo para beber, pero estaba a punto de salir a cuidar a las cabras. ¿Te gustaría acompañarme por un rato?"
Ni siquiera pareció sorprendido con la inusual propuesta. Mucha gente en suiza, en especial los que vivían en las montañas, se ganaban la vida pastoreando animales. La siguió hasta el cobertizo.
Al igual que el día anterior, Vash insistió en ayudarla. Ella trato de hacerlo razón en que no había querido llevarlo ahí para que trabajara, que solo quería su compañía. "Podre ser vieja, pero llevo cuidando mis cabras por los últimos setenta años y no necesito tu ayuda"
"Entonces un día de descanso no va a afectar en nada su modo de trabajar" Dijo vagamente y volvió a hacer el trabajo mientras Marietta sonreía.
Más tarde, Marietta podría reflexionar sobre la facilidad con la que Vash había llevado a cabo las tareas y manejado las cabras y se preguntaría si el chico proviniera de una familia de pastores. Obviamente, el chico tenía experiencia con los animales, una experiencia que solo se adquiría con haber pasado mucho tiempo con ellos.
"Le traje a mi hermana hoy. Quería darle las gracias cara a cara" Marietta había abierto la puerta mientras se secaba las manos con un paño viejo, para encontrar una vez más a Vash en la puerta de su casa, con aspecto nervioso. A su lado había una niña, pequeña en estatura pero con unos grandes y bonitos ojos y una cinta en el cabello. Marietta le devolvió la sonrisa cuando ella le sonrió y luego dejo el trapo a un lado para recibir la canasta que le ofrecía.
"Por favor, tome estos vegetales como un regalo, nosotros los cultivamos en nuestro jardín" Le dijo la chica. Junto las manos en los pliegues de su anticuado vestido de tarde y Marietta pensó que era adorable, y que no había duda de porque Vash no había querido que se preocupara.
"Me gustaría, si no hay mucho problema…" Continúo su hermana con timidez, mientras que su hermano de pronto se veía muy interesado en la manilla de la puerta de Marietta. "Me gustaría cocinar la cena de esta noche, también"
"Creo…" Dijo Marietta pensativa. Vio que Vash levantaba la vista con el rabillo del ojo. "Creo que me gustaría mucho" Les sostuvo la puerta para que pasaran con una cálida sonrisa, la anciana estaba muy feliz.
Después de comentar lo hermosa que era la casita de Marietta con una seriedad que casi hizo que la anciana se ruborizara, la hermana de Vash desapareció en la cocina. Marietta se disculpo por la falta de ingredientes en sus alacenas, pero la brillante niña insistió en que todo estaba perfecto así, que trataría de hacer una buena cena y si no le gustaría sentarse cómoda en su silla mientras preparaba todo.
Marietta se rio al volver a su sala de estar. Fiel a los deseos de la chica, se sentó en su silla favorita, resignándose a ser tratada como la anciana que era, al menos por esa noche. Fue solo cuando apoyo la cabeza en el cojín que se percato de la presencia de Vash.
Estaba mirando el mantel encima de la chimenea con una intensidad tal que Marietta la encontró vulgar en el chico. Sus dedos rozaron los marcos de madero y los pedazos de nada que significaban mas para ella que para otra persona. Quizás debería desempolvar todo pronto, pensó Marietta distraída.
Vash se detuvo en el simple marco de plata que estaba volteado sobre el ladrillo y lo levanto suavemente. La foto, protegida en su pequeña cueva entre el marco y la chimenea, había quedado libre de la capa de polvo.
"¿Quién es este?" Pregunto volviéndose hacia Marietta. Sostuvo la foto hacia ella para que la viera, pero ella ya sabía que le estaba mostrando.
Marietta estuvo más tranquila de lo que se esperaba al volver a ver al hombre sonriendo. "Ese" Respondió en voz baja. "Era mi hijo"
La incomodidad se hizo presente en cara de Vash ante la lenta respuesta. Pero en lugar de pasar a otro tema, como el tiempo, quizás, o preguntar sobre las cabras (Ella esperaba eso de él. De todos modos ¿Por qué un chico tan joven con toda su vida por delante quería pensar en la muerte?), volvió el marco a sí mismo, para mirar fijamente la sonrisa del hombre que era su hijo mientras parecía reflexionar las palabras que diría a continuación en su mente.
"¿Cuándo fue que paso a mejor vida?" Pregunto Vash finalmente, volviendo a colocar suavemente el marco en el mantel, solo que esta vez, boca arriba.
"Oh… hace unos tres meses, debe ser" La expresión amable de Marietta tambaleo por primera vez, pero ella sabía que lo haría. Se sentía tan cansada. Vieja. Marietta se sentía tan vieja.
Vash se aparto de ella para volver a mirar los marcos y baratijas una vez más. "¿Es este su esposo?" Pregunto en voz baja, tomando otra fotografía de su lugar. Ella asintió.
"Murió hace once años atrás. El era un hombre bueno, estaba orgullosa de haberme casado con él" Y como los ojos de Vash vagaban por las otras fotografías, ella sabia qe buscaba por mas. Hermanas, tal vez, o amigos o sobrinos o cuñados…
"Soy la única que queda en mi pequeña familia, Vash" Dijo suavemente Marietta y Vash volvió su mirada de las fotografías. "Estoy sola, pero no solitaria. Se lo que la gente piensa de las mujeres de mi edad que viven solas sin ningún familiar que las cuide, pero por favor, trata de entender" Hizo una pausa masajeándose las muñecas (¿Cuándo las articulaciones le habían comenzado a doler tanto?) "Prefiero quedarme aquí en mi casa con mis animales que ir a vivir a algún hogar de ancianos"
Vash cambio de posición y luego frunció el ceño. Por un triste momento creyo que el muchacho no iba a entenderlo, que continuaría con el tema sin tomar en cuenta lo que había dicho. Pero en vez de eso, tomo la fotografía donde aparecía su hijo y camino hacia donde se encontraba su cama. Vash dejo el marco en su mesita de noche colocándola hacia la cama antes de volver tranquilamente.
"Creo que se ve mejor ahí" Dijo a modo de explicación y Marietta se dio cuenta de que estaba de acuerdo con él.
En la siguiente hora hablaron de cosas sin importancia como el clima, el precio de la carne en los supermercados y las flores que actualmente cubrían la ladera de la montaña. A las seis y media la hermana de Vash apareció en la puerta con su hermosa sonrisa y les anuncio que la cena estaba lista. Estaba deliciosa y Marietta comento que nunca había sido tratada tan bien antes, lo que hizo que la chica se sonrojara y Marietta riera.
Marietta se dio cuenta de que era, al menos, algo feliz.
Vash la volvió a visitar la semana siguiente, diciendo que ese día iba a un viaje de negocios y que de cualquier manera llegaría temprano, ya que iba en auto en vez de caminando. El fin de semana siguiente Vash apareció en la puerta de la casa de Marietta con dos barras de pan, diciendo que su hermana había preparado muchos y le había insistido en que le trajera algunos. Dos semanas después volvió a aparecer insistiendo en que parecía que el clima se pondría malo y que podría ser una buena idea arreglar las fallas en el cobertizo para las cabras.
Marietta disfrutaba las visitas, que para su placer y sorpresa se había vuelto algo normal. Un golpeteo en la puerta y Marietta abriría la puerta encontrándose con el rubio, quien explicaría con nerviosismo el porqué de su visita luego de que lo dejara pasar.
Podrían sentarse y hablar, o, si no había nada de qué hablar, se quedarían en un agradable silencio. A veces la hermana de Vash se les unía, en esos casos Marietta se encontraba a si misma mimando a la niña mucho más de lo que una abuela podría, y la manera en que se ruborizaba e insistía en que Marietta no tenia porque hacer algo por ella era algo, para ella, totalmente encantador.
Ella esperaba por esos días de visita. Marietta no sabía cuando ocurrirían, pero en algún momento se había olvidado de que era realmente disfrutar la compañía de otros. ¿Realmente se había convertido en una ermitaña en su pequeña cabaña en la montaña?
"Tienes que llevarte uno de estos. No hay manera de que una anciana como yo pueda tomarse tantos litros de leche" Insistió Marietta, empujando las jarras en los brazos recios de Vash. El muchacho estaba a medio camino de salir por la puerta cuando acepto finalmente la leche de cabra que Marietta le estaba ofreciendo.
"Bien, bien, gracias. Pero solo porque la leche esta semana esta ridículamente cara en los almacenes" Las dejo en el asiento trasero de su coche, asegurándose de que no chocaran una contra la otra en su viaje bajando la montaña. Vash asintió con la cabeza antes de entrar al puesto del conductor. "Cuídese" Dijo a modo de despedida, como lo había hecho muchas veces en los meses anteriores. Antes de que pudiera subir el vidrio de la ventana, Marietta le puso su arrugada mano en el hombro y le apretó suavemente.
"Me has hecho una anciana muy feliz, Vash" Le sonrió y Vash la quedo mirando con sorpresa.
"¿Qué? ¿Cómo?" Marietta meneo la cabeza levemente, sin dejar de sonreír.
"Una vez te dije que estaba 'sola, no solitaria' ¿Lo recuerdas?" El asintió con la cabeza y continúo en voz baja. "Creo que podría haber mentido acerca de la ultima parte. Así que gracias, gracias por darme algo a lo que aferrarme"
Vash enrojeció ante su agradecimiento. "Y-Yo no tengo de que me estás hablando… esto… me refiero… ¡Solo estaba haciendo lo que quería hacer!" La anciana se rio, Vash se tranquilizo un poco, desrizando sus plumas. "Pero… um… De nada, supongo. Fue un placer"
"Adiós Vash" Marietta volvió a apretarle el hombro antes de volver a su casa. Le dolían los huesos, sentía la rigidez en sus rodillas. Estaba vieja, desde ahora lo aceptaba, ya no huiría de la verdad.
Estaba vieja, satisfecha y nunca más sola, incluso si la montaña se nublaba a su alrededor y apagaba la luz para tomar su descaso, por última vez.
Suiza fue al funeral. Vestía una corbata y un traje negro que no había sacado de su armario en mucho tiempo. Cuando Liechtenstein le pregunto a donde iba, la nación le había dicho algo sobre una fiesta del gobierno que ni siquiera puede recordar ahora. No creía que la hubiera engañado, pero ella no le había dicho nada.
La iglesia era pequeña. No había asistido mucha gente. Suiza reconoció algunas caras de la ciudad, unos pocos de los alrededores de la aldea. Marietta le había dicho que no se mantenía muy en contacto con otras personas, pero había todavía esperaba que llegara más gente para tapar el espacio que se sentía tan vacio ahogándose en las negras ropas que cubrían todo.
La nación no escuchaba al cura, ni siquiera a los que fueron al frente de su tumba y hablaron. En realidad no le importaban las historias que tuvieran que contar ni las oraciones que hicieron sobre su ataúd. Era por el respeto de su memoria, por eso Suiza se quedo. Se fue después del servicio, sin hablarle a nadie de su gente, casi como si nunca hubiera estado ahí.
Al día siguiente visito su tumba. El pedazo de tierra se mantenía contra el pasto que le rodeaba, a su cabeza se erguía una lapida sencilla pero de buen gusto, pensó suiza. No decía nada mas aparte de su nombre, fecha de nacimiento y muerte sobre la oscura y moteada piedra. Probablemente fuera granito, pensó vagamente, arrastrando la suciedad con la punta del zapato. La nación se metió las manos en los bolsillos.
"El sacerdote menciono ayer que moriste pacíficamente mientras dormías. Supongo que esa es una manera decente de morir" Hizo una pausa, pasándose torpemente una mano por el pelo. "No lo he vivido por mí mismo, pero supongo que he visto a muchos otros irse de peor manera"
La nación rubia miro hacia el cielo. "Compre tus cabras" Dijo de pronto, mirando hacia abajo a las pequeñas letras negras gravadas que decían 'Marietta'. "Fue un trato horrible. Nunca había visto precios tan atroces para las cabras en una subasta, pero Liechtenstein se encarga de ellas ahora, así que no debes de preocuparte. Ellas deben ser las únicas cosas por las cual te sientas triste de dejar atrás"
Suiza volvió a callarse avergonzado, mirando a su alrededor. El era demasiado viejo, el había visto demasiadas muertes, guerras y hambrunas como para ponerse sentimental ante algo tan pequeño, pero aun así parpadeo más de lo necesario al colocar el pequeño marco de plata con una simple foto al lado de su lapida. Se irguió lentamente.
"Traje la foto de tu hijo también para ti, aunque hora que me fijo, te enterraron junto a él, así que no creo que la necesites mas" Suiza asintió con la cabeza a la tumba de al lado antes de quedar en silencio. Se quedo así durante un rato, mirando su lapida, el pasto, las montañas a la distancia, volviéndose azules por la atmosfera brumosa.
"Creo…" Comenzó lentamente, vacilante, como si no se hubiera esperado el seguir hablando. "… que fuiste muy amable. Excepcional, pero no porque fueras amable, porque…" Se pauso porque no tenía idea de hacia donde quería llegar, así que se detuvo y volvió a intentarlo.
"Estoy orgulloso de haberte tenido como uno de los míos. Tu… tú fuiste más fuerte de lo que le había dado crédito a los humanos en mucho tiempo" Y el no era alguien que necesitara expresarse con las manos, pero Suiza hizo un gesto ampliamente con una mano mientras continuaba. "Creo que te diste cuenta de que no es la tierra, sino la gente, la que hacen de algún lugar un hogar, así que… gracias"
Tenía mucho más que decir, pero nada parecía realmente importante. El cielo no era más que azul ese día. Las mariposas revoloteaban en la hierba, jugando en sus círculos y espirales de sus erráticos vuelos, una de ellas se poso en la tumba. Le dio la bienvenida al sol en sus alas. Suiza se dio media vuelta, dándole la espalda a la tumba y se marcho, pensando. Podría decir que fuiste de carácter fuerte y te mantuviste de pie por ti misma desde un principio, Marietta. Pero fuiste suiza, no pudiste haber sido de otra manera.
Este fue bastante triste... Se supone que el siguiente es Rusia, pero aun no ha sido publicado.
Así que tendran que esperar mas de lo que esta traductora los ha hecho esperar.
Hasta la proxima !
Yaya Romance !
