CHAPTER XI

Bella se miró al espejo por última vez. Suspiró con pesadez. El vestido era de un azul oscuro que casi parecía negro. Era ajustado en sus senos, tanto que jamás los había visto sobresalir tanto. Por más que acomodaba el busto, volvía a verse apretujado. No estaba segura de que ese fuera el efecto que Alice esperaba. El resto del vestido caía en capas hasta un par de centímetros por encima de sus rodillas, las capas ondeaban y con cada movimiento se movían perezosamente.

Se subió a los tacones y tomó la chaqueta. Retocó el rush de sus labios y salió con cuidado de la habitación. Esperaba no ser interceptada por nadie. Logró llegar con éxito a la escalera de salida, se montó al coche de Jacob y soltó el aire.

-¿Lista?

-Seguro.

Edward se acercó a la ventana. El trago que estaba a punto de llevar su boca se detuvo a medio camino. Bella montando un coche.

-¿Quién conduce un viejo chevy?

Jasper levantó la vista de los papeles y frunció el ceño.

-Creo que Jacob...

La sangre le corrió espesa por el cuerpo.

-¿Por qué Bella se está yendo junto a él a esta hora?

Se volteó hacia Jasper con ferocidad. Dejó el vaso de cristal sobre el escritorio al tiempo que Jasper se ponía de pie con calma.

-Espera, solo están yendo a la fiesta de Alice.

-¿Por qué demonios no estás allí?

Bella se quitó la chaqueta antes de salir y se giró hacia Jacob. Quién mantuvo la vista al frente.

-¿Vas a quedarte?

Qué otra cosa quisiera más que eso.

-No puedo, tengo una cita.

Bella sonrió, pero presintió que no era algo del todo bueno.

-Irina me espera en el café centro.

-Buena suerte con eso, de verdad lo siento, Jake. Sabes... podemos encontrar otra forma de hacerlo.

-Bueno, tal vez podrías haberlo mencionado antes de que le pidiera salir conmigo.

-Lo siento.

Jacob sonrió con todos sus dientes.

-Estaré bien, es solo una cita. Ve, no quiero que la anfitriona nos mire de forma gruñona por más tiempo.

Bella bajó del coche y se acercó a Alice. Su vista se clavó en sus pechos y ella rió.

-Eso... sí que no lo esperaba, pero se ve como el infierno, chica sexy.

La llevó hacia dentro. La música todavía era ligera y había unos cuántos invitados. Le entregó su chaqueta a un recepcionista y fue directo por detrás de Alice. El salón de baile de los Brandon era azul. Ella lo recordaba siempre magestuoso con ese blanco tan puro y los decorados en dorados que lo hacían ver como una casa de época. Pero su amiga había logrado que las luces fueran azules y ahora, el color brillaba en las paredes. Los láseres de colores iban y venían por la pista con un par de personas.

Reconoció a un grupo de personas y se unió a ellos. Eran unos cuántos integrantes de la escuela.

-Bella, que gusto verte.

-Gracias, Ángela. Lo mismo digo.

-Oí que pasaste el proyecto, felicitaciones.

Ella rió.

-Lo hice, gracias. Aunque no sé por qué habrías de oírlo.

-Bueno, al parecer impactó a los jueces. Ha sido bastante popular durante le día de hoy. Lástima que entramos en vacaciones y no será tan llamativo.

-Solo quiero que pueda ser de utilidad.

Tylor le sonrió.

-De seguro lo harán, si logró convencerlos, entonces ellos estarán de tu lado.

-Eso espero, Tyler.

Alice la codeó suavemente.

-¿Que pasó con Jacob?

-Tiene una cita... Jasper desapareció durante todo el día, lo siento.

Su amiga lucía un poco desilusionada, pero se encogió de hombros con una sonrisa.

-Tendré tiempo para Mike...

Bella hizo una mueca y Alice estalló en carcajadas.

-En mis sueños, Bella. Solo estoy detestando haber comprado este vestido sensual para él.

-Olvídalo, te ves genial. Al menos tus senos quieren quedarse en el molde.

No supo el momento en el que la música se volvió más agresiva y las botellas de cerveza aparecieron en su mano. Solo fue consciente de la conversación en la que se había sumido con sus conocidos y en reír muy fuerte. Miró a su alrededor, la fiesta de su amiga estaba siendo un verdadero éxito. Estaba repleto, la gente bailaba y bebía sin parar. Oía las risas ajenas y se sintió cómoda. Por primera vez en mucho tiempo se distendía. Dejaba que por sus sentidos se colara la felicidad.

Alice la arrastró hasta la pista y aunque gruñó, logró ponerse a menear el trasero en son de la canción.

Edward detuvo el coche frente a la mansión Brandon. Las luces azules se veían por todas las ventanas de la planta superior. Había estudiantes afuera de la casa en círculos bebiendo y riendo. No sentía que pudiera encajar en ese lugar.

-No luzcas tan rígido, Edward. Es solo una fiesta. Bella está bien.

-Lo diré cuando la vea.

Jasper rodó los ojos. Ciertamente, era igual que él apenas habían llegado, hasta que había entendido que ese era otro mundo. Uno muy diferente al que ambos habían estado acostumbrados en Londres. Allí los jóvenes se divertían a lo grande en fiestas y Bella estaba en todo su derecho de participar si eso era lo que quería.

Edward rastreó rápidamente el coche de Jacob pero no lo encontró a la vista. El leve terror de que ella no se encontraba allí corrió tan veloz como cuando lo apartó. Si tan solo ella no estaba ahí, ya sabía quién sería el próximo en asesinar.

-Nombre.

Edward rodó los ojos, tenían que estar bromeado. Jasper sonrió.

-Jasper Cullen.

-Adentro.

El guardia los dejó entrar, sin antes pasar una mirada de pura advertencia sobre Edward. Si ese hombre supiera que él era un entrenado, tal vez podría mojar sus pantalones.

Siguieron su camino por el pasillo de entrada y llegaron a la escalera hacia el salón donde la fiesta estaba en pleno apogeo. Con solo una pasada por esa gente, logró encontrarla en medio de la pista. El cuerpo se le volvió hierro expuesto al fuego. Contuvo el aliento y no pudo apartar la vista de su cuerpo. Ataviada en un vestido ajustado e insinuante. Estaba de espaldas a él, meneando su cintura en un baile sensual. El ambiente se volvió pesado a su alrededor. Su garganta se secó y le costó tragar. Su cabello caía como cascada espesa sobre su espalda y ondeaba con sus movimientos lentos. Sus piernas eran un maldito espectáculo erótico sobre esos tacones. Hasta que detectó la botella en su mano y la empinó en su boca.

-Allí está.

-Lo sé.

Bella se quejó de su botella vacía y la dejó a un lado. Iba a estirarse por otra, pero Alice la detuvo con firmeza.

-Dijiste que no vendría.

Frunció el ceño y se dio la vuelta. Era imposible pasar por alto a Edward, era uno de los más altos y el hombre más sobresaliente de la mayoría. Él sabía como destacar entre una multitud. Su mirada era severa y directa, como si estuviera molesto.

Jasper apenas si le prestó atención. Se dio la vuelta hacia Alice a punto de entrar en pánico.

-No sabía que vendrían, fue Edward. Maldito sea.

-Bella.

Volvió a girarse hacia él. Ahora muy cerca de ella.

-¿Qué se supone que haces aquí?

Se acercó a su oído para no elevar la voz.

-Vine a buscarte.

Su voz acarició esas partes dormidas dentro de su cuerpo, susceptibles por el alcohol. Se apartó y negó fuertemente.

-¿Qué? No...

-Dijiste que solo vendrías a lo de Alice, no especificaste que era una jodida fiesta.

Explotó. Alice retrocedió un paso, Jasper la alejó un poco sin perder un ojo entre ambos. Bella sintió que espabilaba.

-¿Qué hay con eso? No tengo que rendirte cuentas de lo que hago.

-Estás equivocada. Tengo que saber dónde estás, con quién y haciendo qué. ¿Especificaste algo de eso antes de irte?

Edward estaba realmente furioso.

-No lo hice porque tú eres el equivocado. No eres mi padre para darme órdenes, he vivido sin ellas perfectamente hasta ahora.

-Sabes que las cosas han cambiado.

Bella jadeó de indignación.

-¿En qué cambiaron? ¿Qué pretendes, Edward? No voy a dejar de vivir mi vida solo porque hayas decidido regresar. Tengo amigos, soy estudiante y salgo a fiestas. No necesito a nadie detrás de mí como un maldito perro guardían.

-Ese ha sido el trabajo de Jasper...

Gruñó mientras se acercaba a ella. Una rápida mirada por su cuerpo había subido su nivel de enojo. Ese vestido era caliente como el infierno, y ella se veía demasiado bien para su gusto.

-Jasper siempre ha sido mi amigo, me ha apoyado y guiado, no ha tratado de digitar mi vida.

-¿Insinuas que eso es lo que quiero?

-¡Eso es lo que haces! Intentas mantenerme alejada de Jacob cuando sabes que estoy demasiado lejos de que eso pase. Estoy aquí por Alice y aquí voy a quedarme porque ella me necesita.

Edward asintió.

-De acuerdo, no me iré hasta que tú lo hagas.

Agradeció que la música hubiera amortiguado sus gritos, porque realmente necesitaba descargarse con él. No tenía derecho a vigilarla como si fuera un cachorro indefenso o si quiera a tratarla como si fuera una estúpida niña que no sabía lo que hacía.

Bella le dio la espalda y caminó hacia la barra.

-Una cerveza.

-Creo que ha sido suficiente por hoy.

Ella se giró hecha una furia, desprendiendo dagas por sus ojos.

-No vas a decirme lo que hacer, Edward. No ahora, ni nunca.

Tomó la botella y volvió a la pista. Ángela la recibió dentro del grupo de los que bailaban. Edward se quedó a un costado echando humo.

-¿Qué demonios fue eso?

Alice estaba a un lado de Jasper, quién tampoco se veía feliz.

-Esa no es la forma de conquistarla.

Edward frunció el ceño.

-Vamos, se lo que pasa entre ustedes. Se ve la pasión a leguas ¿podrías al menos ser más amable con ella? Al menos paciente.

Estaba cansado de ser paciente con ella, pero sobre todo porque de esa forma luchaba contra su propia tolerancia. La deseaba demasiado como para poder esperarla, y eso lo frustraba. Si se mantenía en constante pelea con ella entonces lograba disipar su excitación en furia. Pero era un intento que ya inútil. Nada lo ponía más que verla enfadada.

-De verdad no sé que hacer.

Alice sonrió.

-Yo sí. Deja que termine esa cerveza, voy a pedir una canción.

La música se volvió más lenta y los grupos se separaron en parejas. Alice llegó a tiempo para enviar a Edward a la pista. Bella estaba por escapar cuando se topó con él de nuevo. Antes de que pudiera planear una retirada, él se acercó a ella.

-¿Puedo bailar contigo?

No tenía escapatoria. Depositó la botella en un recipiente y asintió. Edward se tomó un segundo para tomarle la mano, con cuidado la tomó de la cintura y ella envió sus manos por detrás de su cuello. La cercanía era asesina. Bella apartó la vista, haciendo lustre de su pesar. Edward apreció la línea de su cuello y se acercó a su oído.

-Lo siento, Bella.

Ella no dijo nada. Volvió a intentarlo.

-Lo siento, de verdad. Porque no sé cómo ser un esposo.

Bella elevó su mirada hacia él.

-Quiero acercarme a tí, esa es una de las razones por las que no quiero irme. Pero no se cómo estar a tu altura. Tienes una vida aquí y no puedo entrar allí. No quiero invadir tu espacio, pero realmente quiero estar contigo.

Continuó en silencio. Sentía la lengua inmóvil y su cerebro vacío.

-Estoy tratando con todas mis fuerzas contra algo incierto. Quiero que esto funcione.

Edward acarició su mejilla y deslizó la palma de su mano por su cuello, en una lenta caricia. Bella se estremeció.

-Bella...

-No puedo simular como si nada sucedió, Edward. No soy un muñeco indefenso, esto no es Londres. Aquí no pasa lo que nos atormentó allí. Estamos a salvo ahora. Salgo a correr por las mañanas sin que nadie me vigile porque no lo necesito. Puedo ir y volver al mercado sin que nadie tema si volveré o no para la cena. Voy a la escuela y hago juntas de estudio con mis compañeras, trabajando en el campo y no necesito un guardia.

Se alejó de él.

-No necesito eso.

-Tomé una decisión y fue por tí, voy a quedarme, Bella. No hay nada que puedas hacer para evitar eso.

-Genial. Esa casa es tuya, pero no voy a vivir bajo una farsa. Estamos casados solo porque un papel lo dice, y eso no cuenta.

El mundo de Edward dio un giro vertiginoso, demasiado peligroso. Se acercó a ella y tomó su rostro entre sus manos.

-¿Quieres el divorcio?

Bella respiró pesado. Edward no dejó de mirarla a los ojos, tan intenso y desesperado como se sentía. Acortando la distancia hasta que fue fácil entremezclar sus alientos.

-No es para hablar aquí o ahora.

-Dilo.

Edward acercó su cuerpo al suyo. Apenas rozando sus labios.

-Dime que quieres el divorcio. Que es eso lo único que va a solucionar esto.

Esperó pero ella no respondió.

-Porque sabes que eso no serviría de nada. No va a evitar qué es lo que sientes ni lo que quieres.

Bella estaba temblando como una gelatina caliente. Edward estaba tan cerca de tirar abajo sus murallas.

-Dilo...

Le dio un segundo para decirlo. Pero era lo suficientemente egoísta como para luchar por sus intereses y no dejar que Bella fuera atacada por el miedo. No iba a permitir que se alejara de él. Lo había sabido desde un principio, y estaba malditamente seguro ahora mismo. No podía dejar que Bella se apartara de su vida.

Acortó al distancia entre ellos y la besó. Todo lo que importó en ese momento fue ella, su boca suave y su cuerpo presionando el suyo. Llevó sus manos hacia la parte posterior de su cabeza para acercarla más a su boca, sintió sus pequeñas manos rodear sus muñecas con suavidad. Piel contra piel era electricidad pura. Él delineó con su lengua su labio inferior y la llevó a entre abrir su boca, poco a poco la invadió con su lengua. En un beso que rogaba por ser suave y amable, pero era lo que menos tenía en ese momento. La guió para que imitara sus movimientos, gimió cuando entrelazaron sus lenguas. Profundizó el beso aún más. Nunca había sido tan consciente de que su cuerpo se desprendiera de su eje cuando estaba con una mujer. Pero Bella era mucho más que eso. Era su mujer.

Bella se apartó en búsqueda de aire, pero Eward no dejó que fuera muy lejos más que unos milímetros de su boca.

-No sé qué quiero.

Edward sonrió a medias.

-Déjame mostrarte qué quiero.

Volvió a besarla. Bella no estaba segura de qué era bueno o malo, de si era o no una buena idea. Solo sabía que besar a ese hombre parecía volverse su mundo, llenando poco a poco esos espacios que jamás había podido cubrir. Algo había cambiado entre los dos. Se negaba a soltar su inseguridad, que bien cubría su miedo. A que Edward fuera a dejarla de nuevo pero esta vez tuviera más que una casa de la que hacerse cargo. Su corazón. No quería arrepentirse de elegirlo.

No podría soportar perderlo de nuevo. Tal como se había sentido la primera vez.

.

No supo en qué momento se había quedado dormida, solo que ahora la luz del sol molestaba en su rostro. Se dio la vuelta y estrelló su cara contra algo blando. Ese aroma de nuevo. Sonrió, lo reconocería donde fuera. Se acomodó más cerca del calor mientras las mantas subían por sus hombros dando más calor.

Se congeló. Las mantas no se movían por sí solas y no olía ese aroma desde hacía cinco años de tan cerca.

Abrió los ojos de par en par. Edward estaba tendido de lado abrazado a ella. Se percató del brazo que rodeaba su cintura y de lo cerca que estaban sus rostros. Un fino cobertor de cachemira los envolvía, ése era su cuarto. Más bien el que había ocupado antes de que él llegara. Extrañaba enormidades esa cama, pero jamás podría admitirlo en voz alta. Respiró muy despacio. Él todavía dormía tranquilamente. Si se movía con cuidado podría salir sin despertarlo.

Contuvo el aliento y comenzó a actuar. Estiró su brazo libre y apartó la manta de su cuerpo. Pero justo cuando iba a escabullirse de su brazo, la abrazó más cerca. Edward se amoldó a su cuerpo completamente, escondiendo su rostro en la curva de su cuello, lo oyó suspirar y gruñir.

-¿Dónde vas?

Se cubrió la boca para evitar un gemido, se mordió el labio inferior y serenó su respiración. Él parecía dormir todavía, o al menos estar en eso.

-Tengo cosas que hacer.

Edward la presionó más fuerte contra él, era acogedor pero se obligó a no sentirse cómoda y convencer a su mente en que tenía que irse.

-¿Qué cosas? Hazlo más tarde.

Esperó que Edward no tuviera en cuenta su pulso, estando tan cerca de ese punto en su cuello.

-Cosas.

Murmuró. Él suspiró y se removió, acercando sus labios a su cuello. Dejó un beso casto, pero suficiente para hacer que su cuerpo se debilitara completamente. Cerró los ojos.

-Quédate aquí.

-No puedo...

Susurró con lo último que quedaba en su voluntad.

-Es tu cuarto, donde perteneces... conmigo.

Tragó pesado, la indecisión blandió contra su propia seguridad.

-Edward, por favor...

Mas fuerte y más convincente, él se rindió. Paseando su mano por su estómago, la retrajo y la dejó libre. Bella se enderezó sin mirarlo. Poniendo los pies en el suelo. Al menos llevaba el vestido de la noche anterior. Sus zapatos estaban a un costado de la gran cama. La luz era ténue, era un día nublado y todavía demasiado temprano como para llenar la habitación de iluminación.

-Sabes que lo que digo es verdad.

Edward había quedado tendido de espaldas sin poder mirar en su dirección. El rechazo era algo contra lo que le costaba controlarse. La persuasión para cambiar a Bella era algo que parecía escapar de su dominio.

-No estoy lista para esto.

Entonces la miró, cabeza gacha y espalda levemente encorvada. Estaba agobiada. Se enderezó para acercarse a ella pero se puso de pie. Tomó su calzado y salió de la habitación. Volvió a caer sobre la cama. La noche anterior había sido un rejunte de sus horas felices. Ahora estaba más que decidido a pelear por Bella, incluso pelearía contra ella misma para abrir su corazón y apartar sus temores.

Bella corrió hasta su habitación y cambió por ropas deportivas. No le importaba el clima, ella tenía que encontrar un respiro. Estar lo más lejos posible de Edward.

Comenzó a correr por la graba, había tomado una ruta diferente. No solía ir hacia el lado este del terreno. Eran suelos más irregulares y la vista era más simple. Pero cambiar de aires era lo que necesitaba. Miró el cielo cubierto de nubes grises, espesas y cargadas de lluvia. Sería una enorme tormenta de verano.

Ajustó el paso aunque era difícil conseguir un paso constante. Debería hacer que desmonten esa parte del terreno. Aunque su lado salvaje tenía su encanto. Continuó corriendo, saltando las ramas caídas y pasando entre los matorrales. Aquello era más parecido a una jungla. Un relámpago iluminó el cielo y ajustó el paso, si llegaba al cercado lo antes posible, tal vez podría volver antes de que la lluvia estuviera sobre su cabeza.

El ruido de camiones al detuvo casi en seco, uno venía en dirección a ella. Estaba llegando a su cerca, la zona que dividía los campos improductivos de los Vulturi con su propio terreno. Se escabulló entre los árboles caídos y la maleza, un buen camuflaje. Dos camiones entraban por un camino realizado recientemente, porque ella estuviera enterada, ese campo no se utilizaba desde hacía tres años. Las etiquetas estaban cubiertas, por ende no podía saber de qué se trataba excepto por el pequeño cartel que le dio un indicio de lo que era. "Industria alimenticia. Transporte de res productora". Se cubrió la boca y ahogó un grito. Aro Vulturi de verdad iba a entrar en la producción lechera. No es que fuera de su interés lo que él hiciera con su tiempo y dinero.

Solo que la actividad estaba prohibida.

En el estado de Massachuset prohibía la actividad debido al pacto casi milenario con los medioambientalistas. El viejo establecimiento eran despiadado, ilegal y estaba muy fuera de lo higienicamente estipulado. Por lo que la actividad se desterró de las cercanías. Ese era el motivo por el cual Vulturi estaba ingresando de esa forma ilícita y cuidada.

La lluvia comenzó a caer brevemente, pero conocía las tormentas de verano demasiado bien. En unos minutos sería torrencial. Se puso de pie una vez que los camiones estuvieron bien lejos. Tenía que sacar a su animal de ahí, no podía permitir que su vecino se saliera con su propósito.

Regresó ajustando el paso, pero la lluvia caía más espesa y ya se encontraba completamente mojada. Se forzó a ralentizar su trote, sus zapatillas estaban resbalando. La tierra dejaba de ser firme y saltar sobre las ramas no estaba siendo tan divertido. Camino de regreso encontró el pequeño claro por el que había aumentado su paso, trató de cruzarlo lo más rápido que pudo, no tenía ningún árbol amortiguando la lluvia y las gotas se colaban por sus ojos. Llegando al final supo que estaba cada vez más cerca de la casa.

Un tronco de un viejo arbol caído impedía su paso, si lo saltaba corría el riesgo de patinar en el lodo. Juntó sus pies y acertó de un salto justo en el centro.

-Demonios...

La madera hueca y húmeda cedió bajo sus pies. No se movió a tiempo, su pie quedó atascado y perdió el equilibro. Logró evitar el contacto con el suelo con sus manos, como si se tratara de una flexión de brazos. Tenía el pie derecho atascado, su muslo había rozado contra la corteza sobresaliente. Tenía un corte feo de unos quince centímetros que comenzaba a doler como la mierda.

Logró liberar su pie y cogear hasta lo más cerca que encontró. El establo. Cuando estuvo dentro se dejó caer contra una pared interna y jadeó. Tenía su pierna ensangrentada y el olor comenzaba a marearla.

-Bella ¿qué sucedió?

Jacob la tomó de la cintura y enderezó su cuerpo.

-Oh, nada. Un árbol caído se metió en mi camino. Tengo algo que decirte.

-Creo que eso puede esperar, tengo que llevarte adentro.

-Estoy de acuerdo.

La cargó en sus brazos y corrió con ella dentro de la cocina. Le resumió a Jacob lo que había visto en el camino antes de llegar a la entrada.

-Bueno, hablaremos de eso más tarde. ¿Tienes un plan cierto?

-Si, tenemos que movernos rápido.

-¡Sue, necesito ayuda aquí!