Puff siento el retraso, pero estaba ocupadilla y no tenia mucho tiempo, ademas voy a tener gatoooo y estoy que no puedo ni escribir de los nervios XD
En fin espero que os guste
Dos meses después
Era un bar oscuro y casi escondido del conocimiento común y que realmente Kidd no solía frecuentar debido al pesado de Shanks que siempre andaba por ahí, pero esta vez necesitaba ir al "Nuevo Mundo". Más que nada porque necesitaba hablar con alguien que siempre andaba por allí a aquellas horas de la mañana bebiéndose una copa como si no tuviese más que hacer. Kidd atravesó la puerta con el cartel luminoso parpadeante y bajo las escaleras con los posters macabros hasta por fin legar a la vieja puerta. Y cuando entro en el lugar, justo como esperaba, el hombre de pelo blanco estaba sentado en la barra fumándose un enorme puro y bebiendo de una copa de ron medio vacía.
Sonrió contento consigo mismo, por haber localizado por fin al escurridizo hombre.
Avanzó por el desierto bar hasta llegar al sitio lado del hombre y sin siquiera decirle nada se sentó a su lado como si fuese un amigo suyo de toda la vida. Rayleigh, detrás de la barra, le sirvió al instante una bebida sin preguntarle siquiera lo que quería, conociéndole ya de sobra de las veces que se había pasado por el lugar.
Y luego les dejo solos sabiendo por la cara de Kidd que aquella charla iba a ser seria.
Kidd tomó un trago de su bebida sintiendo como le quemaba agradablemente la garganta y le quitaba los últimos restos de sueño. Puff, no debería estar permitido beber a aquellas horas de la mañana. Nunca había entendido por que aquel hombre iba allí a aquellas horas, podía ser por la soledad a lo mejor ya que en el bar no solía haber nunca nadie de madrugada, o simplemente podía ser porque no tenía más tiempo libre que en aquel momento del día. Aun así a él le venía mucho mejor.
—¿Has venido aquí como Kidd o has venido como rey?—preguntó entonces Smoker soltando una larga calada de su puro.
Kidd sonrió amargamente. Por que Smoker podía aguantar al delincuente irresponsable que había sido Kidd en su época, entendía que en su situación no había tenido otra opción más que pelear o robar, pero como policía y como hombre que se había dedicado toda su vida a mantener el orden, odiaba a los reyes y a lo que representaban. Cosa por la que casi mató a Kidd en su momento cuando se entero de que él era uno de ellos. Afortunadamente Kidd se había sabido defender y tras algunos gritos y demás, la cosa se había tranquilizado y habían vuelto a la antigua relación de ignorar al otro siempre que se pudiese.
—He venido como rey—anunció Kidd sabiendo el rechazo instantáneo que iba a tener entonces.
Y como había esperado, el hombre soltó un gruñido molesto y dejando unas monedas en la mesa se levantó del asiento dispuesto a irse sin dejarle siquiera explicarse. Kidd sonrió divertido con la extraña actitud y principios del otro en relación a los reyes. Nunca conseguiría convencerle de que ellos no eran el problema de la ciudad, sino el gobierno corrupto.
—Espera—dijo con voz de cansancio tomando al peliblanco de la muñeca y deteniéndole—por lo menos déjame explicarme—Porque si no conseguía convencer a aquel hombre, todo el plan que habían tramado, todo el trabajo de aquellos meses se iría por la borda estrepitosamente. Ese era su trabajo y por sus cojones que lo iba a hacer.
—No quiero tener nada que ver con vosotros—respondió Smoker soltándose de su agarre bruscamente y comenzando a andar en dirección a la salida. Ahora claramente cabreado.
Kidd suspiró.
—¿Ni siquiera si te prometiese que si me ayudas esta vez dimitiré para siempre como rey?—preguntó con tono inocente tirando la bomba que había estado preparando para que él otro se interesara.
Y esta vez Smoker si que se paró y se volvió a mirarle claramente sorprendido. "Tocado y hundido" pensó Kidd felicitándose mentalmente por segunda vez en el día.
—¿Qué?—preguntó Smoker mirándole con incredulidad.
Y Kidd también se giró aun sentado en la silla y le miró serio, demostrándole que aquella vez era importante. Que aquella vez era distinto. Pero Smoker seguía dudando, seguía defendiendo sus retorcidos principios sin querer ceder, como el cabezota que siempre había sido. Kidd había querido muchas veces zarandear a aquel hombre para que se diese cuenta de la cruel realidad, y esta vez no fue muy distinto.
—¿Y qué más da que renuncies?—dijo el otro de repente como dándose cuenta de algo— Después de ti vendrá otro, y la cosa será siempre igual—respondió.
—No esta vez—dijo Kidd levantándose y acercándose a él— si esto sale bien ya no habrá más necesidad de reyes—le anunció.
Y sabía que Smoker, aunque estuviese en contra o aunque quisiera negarlo, sabía por qué habían surgido los reyes y por qué continuaban existiendo. Porque los delincuentes también necesitaban defenderse, también necesitaban una familia un lugar al que pertenecer sin que les despreciasen y les tratasen como una mierda. Lo que Kidd le estaba proponiendo con todo aquello era el fin de todo eso, era terminan con el sufrimiento, y el tener que buscar un lugar en el que refugiarse, era cambiar por completo la ciudad para que ya nadie tuviese que pelear ni robar para sobrevivir. Era resolver el problema desde los propios cimientos.
Smoker se dirigió a la barra de nuevo ligeramente más pálido y se sentó mientras robaba la bebida de Kidd y se la bebía de un largo trago. Absenta con algún tipo de licor extraño de color rojo. Demasiado "femenino" para él, pero lo suficientemente fuerte como para aclararle la mente.
Kidd se volvió a sentar a su lado con una mirada intensa, como pidiéndole permiso para contarle aquel maquiavélico plan que Smoker estaba seguro que le dejaría varios días sin dormir. Siempre había pasado con los reyes y siempre pasaría con ellos. Y el que creía que tenía problemas.
—¿Que quieres?—preguntó al fin rindiéndose ante el pelirrojo.
Y la sonrisa de tiburón que puso Kidd mientras le contaba absolutamente todo, mientras anunciaba el apocalipsis como si nada, se quedaría grabada para siempre en su memoria.
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La tensión se notaba en el aire. Ya nadie podía dudarlo, algo grande estaba sucediendo y parecía poder estallar en sus narices en el segundo siguiente. Y él, como Shichibukai, debía impedirlo, pensó Mihawk mientras volvía a llevarse la taza de café a la boca, después de todo era su deber como guardián de la ciudad.
Estaban en uno de los edificios de la zona comercial, en uno de los pisos altos de un conocido café que tenía una impresionante vidriera desde donde se veía la enorme ciudad a sus pies y con los espejos hábilmente distribuidos por la habitación parecía casi como si flotasen sobre ella. Era su primer día libre desde hacía bastante tiempo, y en vez de estarlo disfrutando haciendo algo que le gutase, estaba sentado en aquel café con un periódico en sus manos y frunciendo el ceño ante la falta de actividad.
No era normal que simplemente no pasase nada, volvió a repetirse mentalmente. Llevaban ya varias semanas en aquella tranquila calma, como si los delincuentes estuviesen demasiado ocupados como para andar robándole bolsos a las abuelitas. Y que los delincuentes estuviesen ocupados no significaba nunca nada bueno, porque si ellos los estaban, los reyes también, y si los reyes tramaban algo podía ser un problema grande para ellos.
Suspiró molesto cerrando el periódico electrónico proyectado en la mesa y observó al peliverde de pie a su lado, mirando distraído la panorámica de la ciudad. No sabía porqué pero últimamente el peliverde ocupaba demasiado su mente y no le gustaba. El chico seguía siguiéndole a todas partes y su actitud con él no había cambiado en lo más mínimo, pero estaba mucho más distraído, como si ahora algo más aparte de sus deberes con él ocupase su mente. Algo como el chico de pelo negro que habían visto hacía dos meses, y que les había propuesto aquella retorcida teoría sobre que el culpable del crimen que investigaban no podían haber sido los reyes, sino de alguien más.
Dios, solo de pensar en aquel chico sentía su sangre hervir, y le hacía querer atrapar al peliverde entre sus brazos, estamparle contra la mesa y tomarle allí mismo para que dejase de pensar en algo que no fuese su cuerpo contra el suyo. Hacía mucho que no se sentía tan posesivo con alguien, es más, no recordaba ni que con su mujer hubiese sido así, pero definitivamente aquella situación le estaba sacando de quicio. Zoro era suyo y nadie se lo iba a quitar.
—Zoro...—comenzó a llamarle para devolverle al mundo.
Pero entonces, como invocado del infierno apareció su peor pesadilla con la apariencia de un chaval de pelo negro y chaleco rojo.
—¡Zoro!—gritó el chico corriendo al instante en su dirección habiéndoles reconocido nada más entrar en la sala. Como si hubiese ido únicamente a buscarles a ellos.
En la taza que sostenía Mihawk apareció una grieta de la repentina fuerza con que la tomo. Dejándola sabiamente en la mesa antes de que se rompiese, se obligó a controlar sus emociones y a no romper algo más grande cuando Zoro se volvió y sonrió al chico con una calidad sonrisa y las orejas peludas en alto. Mihawk pensaba que le había dejado claro la última vez a Zoro lo que opinaba del chico, pensaba que le había dejado claro que solo le pertenecía a él y que no quería que se acercase a nadie más.
Al parecer no había sido lo suficientemente preciso.
—Luffy— volvió a repetir el peliverde emocionado.
Y Mihawk gruño cuando el chico se acercó a su mesa y abrazó a su mascota. ¿Qué hacia el chico allí? ¿No estaban en una sala vip? ¿Como se había colado? Sin embargo antes de que pudiese preguntar nada o quejarse, el chico se soltó de Zoro y se volvió a mirarle justamente a él. Y Mihawk pudo ver como la mirada del chico cambiaba perfectamente a una más calculadora y mucho más fría. Una que no cuadraba del todo con su personalidad.
—Necesito hablar con usted—anuncio Luffy con voz seria y firme.
Mihawk fruncido el ceño ante aquello, ante el cambio y la osadía del chico. Y entonces y solo entonces se dio cuenta de que curiosamente estaban solos en el local y nadie más que ellos tres ocupaban la sala. ¿Qué pasaba allí?¿Y los clientes?
Luffy se acercó a él y tomo asiento en la silla enfrente suyo de espaldas a la ventana, como si le perteneciese por derecho y no debiese ni preguntarle primero a él. Con el sol del atardecer iluminándole desde atrás con un halo misterioso y extraño, dando la ilusión óptica de que aquella era otra persona mucho más grande y poderosa, en vez del chico alegre e inofensivo de antes.
—Creo que la ultima vez no me presente correctamente—comenzó Luffy sin dejarle siquiera ni quejarse por la interrupción, aunque tampoco es como si fuese a decir nada, el chico no se merecía ni una palabra de su boca—me llamo Money D Luffy—dijo y Mihawk no supo si sería su verdadero nombre o uno falso pero no opino al respecto—y soy el rey sin color, el que controla a los demás reyes—
Silencio.
Durante un momento Mihawk no pudo más que asimilar aquello y, como Zoro, abrir los ojos sorprendido.
Luego frunció el ceño cabreado fulminando al chico con la mirada mientras Zoro a su espalda se ponía en posición de combate como el guardaespaldas que era, pero con la duda clara en su cara. Aquello tenía que ser una puta broma.
—Demuéstralo—
Pero el chico solo sonrió de medio lado y negó con la cabeza.
—No he venido aquí a esto—dijo divertido—he venido aquí a avisaros y a proponeros algo—
—¿A avisarnos de que?—
Luffy sonrió de medio lado. Sarcástico y totalmente diferente de las sonrisas inocentes de segundos antes.
—En unos minutos atacaremos la sede del gobierno y de los Shichibukai conjuntamente, y te puedo asegurar de que no quedara nadie con vida—anuncio como si fuese un hecho totalmente calculado—
Mihawk le miró durante un momento valorando aquella información.
—¿Por qué querías atacar el gobierno y a los Shichibukai?¿Y por qué nos dices esto?—tenía demasiadas preguntas en la cabeza, pero las principales eran aquellas dos.
—Tú y yo sabemos que el gobierno ya no es lo que era, y que ahora son ellos los delincuente contra los que hay que luchar—dijo Luffy con un ligero enfado en su voz que puso en alerta los instintos del de ojos dorados como hacía mucho que nadie lo hacía—lo que quiero y por lo que os aviso es porque quiero que te alíes con nosotros para que, después del golpe, establezcamos un nuevo gobierno justo y que beneficie a todo el mundo en lugar de a unos pocos—
Mihawk no dijo nada. Sabía que el otro tenía razón, que la sociedad había dejado desde hace mucho de ser lo que era, pero aquello simplemente no tenía sentido. No podían hacer eso, era simplemente imposible.
—¿Y por qué yo?¿No tienes miedo de que te delate?¿Por qué crees que te ayudaría?—
Luffy volvió a dedicarle una de aquellas sonrisas ladeadas.
—Aunque nos delates esto ya no se puede detener—dijo recostándose en el respaldo de la silla metálica oxidada. Y como si sus palabras fueran un presagio de lo que iba a pasar, una fuerte explosión se escucho en la lejanía y los dos hombres vieron sorprendidos como una enorme columna de humo de alzaba desde la parte administrativa de la ciudad. Aquello...no podía ser.
—Y te lo pido a ti por que se que estas en desacuerdo con ciertas políticas que se están llevando a cabo en tu grupo—remató Luffy.
Y esta vez Mihawk si que se cabreó. ¿Cómo se había enterado de eso?¿Les habían espiado? Bueno si, aquello era obvio, pero nunca pensó que el espionaje realmente les diese resultado, ellos eran los que tenían la mejor tecnología, se tenían que haber podido defender sin problemas. Además lo de la explosión seguía inquietándole, tendría que estar realizando llamadas, no hablando gilipolleces.
—No me aliare con vosotros—dijo furioso pero con el tono controlado—yo no me alió con delincuentes y terroristas—
Pero ante el insulto Luffy solo sonrió y curiosamente se volvió hacia Zoro.
—¿Y tú?—preguntó amablemente.
Mihawk y Zoro le miraron sorprendidos y sin comprender. ¿Por qué se lo pedía a Zoro? se preguntó Mihawk, no estaría pensando en que Zoro se alejaría de él ¿verdad?. Aquello era absurdo, Zoro era un MMG, y las decisiones las tomaba su dueño, no él. Pero ante su asombro Zoro bajo la mirada con un aire pensativo tomándose la pregunta en serio.
—Zoro no...—comenzó el de ojos dorados alarmado.
—Lo haré—anuncio interrumpiéndole el peliverde—os ayudare—
Mihawk se volvió a mirarle de frente, con todo el peso de su mirada y con todos los años que habían pasado juntos. Con toda la autoridad que siempre le había impuesto recordándole cual era su lugar y quien tomaba las decisiones.
—No, no te irás—ordenó sin ofrecer ni la más mínima oportunidad a una contestación.
Luffy enfrente suyo se levantó y se dirigió a la salida alegremente.
—Bien, sígueme Zoro—dijo ignorándole totalmente, como si su presencia ya careciese de toda importancia tras haberle rechazado. Le sacaba de quicio. Aquella situación le sacaba de quicio.
Pero a pesar de todo aquello, de los insultos a su persona y de la orden directa, Zoro se dio la vuelta y comenzó a seguirle. Mihawk se levantó al instante de su asiento incrédulo.
—Zoro no vas a ir—y a pesar de todo su voz sonó calmada.
—Lo siento señor, pero esta decisión es mía, no suya—respondió el peliverde dándose la vuelta y deteniéndose mientras Luffy seguía alejándose dejándoles solos— creo que es el momento de pelear por valores que merecen la pena como los que defiende este chico, y si usted no lo hace lo tendré que hacer yo— comentó dándose de nuevo la vuelta para seguir al chico.
—No vas a ir—dijo esta vez Mihawk dejando que el enfado descomunal se notase en su voz y en sus ojos mientras se acercaba al chico y se plantaba enfrente suyo— tu me perteneces, no te vas a ir—
Y con aquellas únicas palabras algo oscuro paso por la mirada del peliverde, una emoción contenida que Mihawk nunca le había visto pero que parecía muy antigua. Dolor. Levantando la cabeza, Zoro se giró hasta quedar frente a frente con el de ojos dorados encarándole por primera vez en su vida.
—No—respondió firme— ya me he cansado de esto, de ser tu juguete un momento y que pases de mi al siguiente, me he cansado de seguirte a todos lados sin que me reconozcas en los más mínimo. Se acabó. Ya no aguanto más, me voy y no puedes hacer nada para impedirlo— y dándose la vuelta salió corriendo en dirección a donde estaba Luffy.
Y Mihawk se quedó en medio del café solo. En shock y sin saber qué hacer. Era la primera vez que Zoro se había revelado contra él, nunca lo había hecho pese a todo lo que le había humillado y torturado. Nunca había pasado y al parecer no iba a volver a pasar. Zoro le había mandado a la mierda. Y le había mandado por el chaval aquel. Su mente no lo procesaba, siempre había pensado que Zoro estaría a su lado pasase lo que pasase, le hiciese lo que le hiciese. Era suyo y era para siempre.
Simplemente no sabía que decir, simplemente era un golpe demasiado repentino como para asimilarlo.
Siempre había pensado que estarían juntos y hora que no lo estaba...curiosamente por primera vez en mucho tiempo volvía a sentir el vacío oprimiéndole cada parte de su cuerpo sin dejarle respirar.
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Kidd caminó por la desierta plaza en dirección al enorme edificio como un ángel del apocalipsis se dirige a destruir el mundo. Detrás suyo iba toda su gente entre gritos y protestas y sosteniendo armas de toda clase desde elegantes pistolas hasta rudimentarios palos con clavos que habían encontrado en algún lado de la ciudad. Todos llevaba algo de color rojo en representación suya, pañuelos, camisas, para dejar totalmente claro lo que eran y a donde pertenecían. Dejando claro que lo que iban a hacer no iba a ser precisamente pacifico.
Según iban caminando por las calles, la gente les miraba entre aterrorizada y fascinada y mientras algunos les habían gritado, otros les habían alabado e incluso algunos se habían unido a ellos aumentando el número de gente en aquella procesión macabra. Su grupo estaba formado por delincuentes y como tales las calaveras, los pinchos amenazantes en la ropa, tatuajes y el pelo teñido de colores ofensivos para la vista eran parte de su vestimenta habitual, ellos llevaba los considerado socialmente incorrecto y con aquella mezcla siniestra caminaban a paso militar por la ciudad como una marea embravecida de color rojo sangre.
Una vez que llegaron al centro de la plaza, enfrente del edificio en llamas se detuvieron un momento y esperaron observando el edificio en silencio sepulcral. La enorme construcción, desprendía una enorme columna de humo gracias a los jueguecitos informáticos de Killer y Pinguin que últimamente se habían hecho demasiado "amigos" y conspiraban contra el mundo desde sus ordenadores. La gente les llamaba psicópatas, Kidd pensaba en ellos más bien como genios del mal. El edificio ya no contaba ni con cámaras, ni con sistema de seguridad, ni siquiera debía tener electricidad, estaba completamente indefenso al ataque.
Y entonces, casi apenas dos segundos después de que su grupo se detuviese con las banderas orgullosas en alto y miradas de odio, se escucharon más gritos proviniendo de las calles situadas a su derecha y a su izquierda. Otros dos grupos se acercaron al suyo, uno vestido con el color verde esmeralda de Bartolomeo y con gente igual de estrafalaria que en el suyo, y otro del azul eléctrico de Law y con uniformes negros como los del ejercito.
Solo que ambos grupos estaban sin su líder ya que Bartolomeo seguía desaparecido y Pinguin estaba sustituyendo momentáneamente a Law con aquel gorro calado que ocultaba su cara.
Kidd gruño queriendo ver a Law a su lado en aquel golpe, el moreno les había dicho que él se encargaría personalmente de Doflamingo que, como habían averiguado, no iba a estar en aquel edificio en el momento del ataque, sino en otro lugar que Law conocía demasiado bien. Les había pedido que le dejasen ir solo para acabar con el hombre y ellos no se habían podido negar después de conocer su historia.
Los tres grupos se reunieron en el centro de la plaza encarando al edificio y centro del los Shichibukai. Unas tres mil personas a sus órdenes y cada una con un objetivos concreto y planeado como en un ejército profesional pero con mucha mucha más experiencia. Y todos a sus órdenes.
Marco y Luffy estarían ahora mismo enfrente del edificio del gobierno haciendo exactamente lo mismo, mostrando sus banderas al mundo, dando a conocer que no iban a permitir ya más abusos de políticos corruptos. Aquello era el final, la meta de su vida, iba a cambiar el mundo, iba a conseguir lo que había querido toda su vida, pero en vez de estar contento lo único que quería era acabar con aquello para ir a donde estaba Law y ayudarle o ver que había pasado.
Porque no quería que pasase nada, estaba preocupado por el moreno pese a saber que no era precisamente débil, pero es que aquel hombre rubio había torturado al moreno y aquella pelea no iba a ser como las demás. Ambos lo sabían y por eso la noche anterior se habían tirado prácticamente todo el día en la cama devorándose mutuamente, pensando que aquella vez podía ser la última.
Kidd quería irse y apoyarle en aquel momento, animarle y consolarle cuando todo acabase. Y para eso tenían que acabar rápido allí. Pero las prisas nunca era buenas y menos en situaciones importantes como aquella. Necesitaba concentrarse en aquello o el que acabaría palmandola seria él.
—Kidd, estamos listos—dijo Pinguin situándose a su lado y al de Killer al que dedico una sonrisa cómplice mirando al edificio que ambos habían destruido. Como dos padres que miran orgullosos a su hijo.
Kidd ignorándoles asintió y entonces con una alto grito dio la orden para que comenzase la masacre y la venganza por todos aquellos siglos de abusos y opresión.
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Doflamingo paseó por su despacho de un lado a otro sin poder estarse quieto. Sus teléfonos y comunicadores no dejaban de sonar cada uno con su cancioncilla y lucecilla parpadeante sacándole aun más de quicio y poniéndole de los nervios. Pero no quería coger ninguno de ellos, el único que le interesaba era el teléfono negro que seguía en silencio encima de la mesa a pesar de todo.
Le iba a matar, llevaba media hora llamando al idiota de Barbanegra desde que le habían avisado lo de la explosión. Pero el hombre ni siquiera le había contestado y en el edificio de la organización nadie cogía el teléfono, como si toda forma de comunicación con el edificio estuviese cortada. Y al parecer también estaban atacando al gobierno. Dios, ¿Como no lo había visto venir...?Tenía que habérselo imaginado, tanta tranquilidad no era normal.
El pequeño comunicador negro empezó de repente a sonar y Doflamingo prácticamente se abalanzó hacia él dándole al botón de la pantalla táctil. Un holograma azul se desplegó enfrente suyo mostrando a un hombre gordo y sonriente que le miraba totalmente relajado, como si el mundo no se estuviese cayendo sobre ellos.
—¿Qué pasa?—preguntó el hombre.
Doflamingo le quisó arrancar la cabeza allí mismo.
—¿Que cojones acaba de pasar?, ¿Por qué todos los malditos reyes están atacándonos de repente?—preguntó cabreado.
El hombre de pelo negro y graso solo sonrió ampliamente.
—No sé, puede que sea una venganza por lo de Hancock o lo de Bartolomeo— dijo.
Doflamingo abrió los ojos tras las gafas sorprendido. Y se quedó mirando al hombre serio sin comprender aquello del todo.
—¿Qué?—preguntó. Aquello no tenía sentido, ¿por qué se iban a vengar por lo de Hancock? A menos que...Oh dios—¿Que has hecho?—dijo con el tono más duro y serio que nunca había podido poner.
El hombre de negro solo amplió su sonrisa, haciendo realidad sus sospechas.
—¿De verdad creías que iba a hacer todo lo que me dijeses como una mascota obediente?—preguntó el hombre mirándole con burla—tenía esto planeado desde el principio, destruiré a los reyes, os destruiré a vosotros y seré el único que gobierne esta ciudad—río maniáticamente.
Doflamingo frunció el ceño, mientras el brazo del sofá donde tenía apoyado el brazo se rompía a pesar de ser de hierro forjado. Aquel hombre...¿cómo se atrevía a hacer aquello?. ¿Cómo se atrevía a traicionarle? Pero por lo que más estaba cabreado era por no haberse dado cuenta de las verdaderas intenciones del hombre, de haberse dejado engañar de aquella forma. A su edad ya debía haber aprendido a no confiar nunca en la gente, se tenía que haber dado cuenta joder.
—¿Qué. ?—volvió a preguntar con el odio en su mirada.
—Solamente lo que tú me enseñaste—respondió el otro simplemente—pero dime ¿qué crees que pasara si los reyes y los Shichibukai se enfrentasen? ¿Crees que alguno de vosotros saldréis vivos para enfrentaros a mi entonces? ¿Crees que tu saldrás vivo después de todo lo que les has hecho?—
—¿Que quieres decir?—
El hombre le miró con una rasilla impertinente y Doflamingo supo que iba a soltar la bomba.
—Bueno, creo que a alguien se le ha escapado quien eres realmente, y los reyes casualmente se han enterado. Qué mala suerte ¿verdad?—anunció el moreno y Doflamingo chirrío los dientes. Le iba a matar, ahora entendía por qué no habían contactado con él en aquellos meses— y además—continuó— atacar a Hancock, e intentar acabar con la organización entera, ¿cómo se te ocurre hacer semejante barbaridad?—dijo irónico con la burla en su cara.
Y sin contenerse más el rubio dio un puñetazo a la mesa rompiendo el comunicador y cortando la charla al instante. Enfadado era una forma muy suave de describir lo que sentía. Aquel estúpido hombre...¿cómo se le ocurría atacar a un rey y luego acusarle a él de hacerlo?, y encima revelaba su identidad como si nada. Iba a acabar con él, aunque fuese lo último que hiciese. Aunque luego todos los reyes viniesen a cobrarse su vida, iba a llevarse a aquel hombre al infierno.
Porque si todo aquello había pasado ya no había oportunidad para él ni de coña. Ahora todo estaba acabado si todos se le abalanzaban encima. Había esperado tener una última oportunidad para recuperar a Law y tenerle de nuevo, pero con aquello todo se iba a la mierda.
Levantándose de su asiento y con la rabia en sus venas en lugar de desesperación, se dirigió hacia otro comunicador.
—Vergo—llamo a su ayudante— llama a Pica—
Bueeeeno, pos la cosa se pone en movimiento, empiezan las peleas, sorry pero no va a haber mucha parejita en unos cuantos capitulos muajaja
En fin, Barbanegra ha traicionado a Doffy ¿Que pensais que va a hacer al respecto?¿Conseguiran los otros acabar con él? ¿Estableceran un nuevo gobierno?
To be continued...(XD siempre he querido poner esto)
Besosos
