Esta historia contiene una trama relacionada al incesto y a la violación, por lo que podría ser sensible para algunas personas.
Podía sentir el olor a alcohol y tragos baratos en el aire, sentir una infinidad de cuerpos rozar con el mío y la música aturdiendo cada uno de mis sentidos. Aún no tenía la edad legal para beber, una larga espera de casi un año y medio me separaba de aquel glorioso día, pero con una identificación falsa en mi mano y un montón de penas que ahogar, me adentré a uno de los tantos clubes que decoraban la zona.
Mi celular vibraba insaciablemente en mi bolsillo, no tengo siquiera que comprobar el nombre en el identificador para saber de quién se trata. Son casi las 2:30 de la mañana y Anna debía estar llamando impaciente echada junto al sofá. Me repito mentalmente que no se merece esto, que quizás nunca debí utilizar la mentira de quedarme hasta tarde en la biblioteca para venir a este mugriento lugar; pero mientras una silueta borrosa me encamina hasta el segundo piso, recuerdo la razón principal del porqué estoy aquí, viéndola desvestirse en un pequeño cubículo en donde apenas podemos respirar, inhalando permanentemente el olor a vodka que emana al hablar.
Mi piel nunca llega a tocar la suya pero puedo sentir su sudor al restregarse contra mi ropa. Esa es mi primera regla. Y mientras ha de pensar que sufro de alguna clase de fetiche, se las ingenia con agilidad para hacerme llegar por sobre mis jeans, alcanzando a encontrar el punto exacto tras esa tela áspera y rígida. La música seguía sonando fuertemente en mi cabeza, el piso parecía difuminarse con cada paso que solía dar. Escuché sus gritos de enojo al tope de la escalera, no le había retribuido el favor que hizo por mí, dejándole sentir el olor de su propia excitación en el aire.
Pequeñas manchas púrpuras pintaron la palma de mi mano al secar mi mejilla, el maquillaje se estaba empezando a correr pero ese detalle no era problema para la fila de pretendientes que buscaron intentar algo conmigo esa noche, pronunciando "hey, blondie" de una forma en que fácilmente podían enredase con esas pocas e insignificantes palabras.
Pertenecía a las filas de mártires que no lograban mantener una relación estable, que no sabían tocar sino dejarse hacer.
Vuelvo a sentir aquella vibración en mi bolsillo, un poco más corta que las anteriores, así que intento encontrar la valentía para leer un mensaje, conociendo a la persona que se esconde tras aquella pantalla y que debe ansiar una llamada o señal de vida de mi parte.
Anna (2:42 AM):
¿Te encuentras bien?
Es tarde, y me sorprendió no encontrarte al volver a casa.
Solo necesito saber de ti.
Es cruel, es inhumano. Y aun así simplemente decido enviarle un texto excusando mi ausencia mientras conduzco sin tener un rumbo fijo, dejando pasar a los demás conductores mientras aguardo a que la vida decida pasar de mí.
Conduzco de vuelta luego de varias horas, viendo como toda la ciudad ahora se cernía bajo una aura agridulce de calma y soledad. Los clubes habían cerrado sus puertas, las fiestas estaban en su decadencia y yo parecía ser la única persona afuera a esas horas de la noche. Busco dar rumbo de regreso, saltando las luces en rojo y aguardando en la entrada un largo rato antes de atreverme a entrar, cerrando la puerta con sumo cuidado e intentando no despertar a mi guardián piso arriba.
Me adentro en casa solo para encontrarme a Anna todavía despierta frente al televisor; sus ojos luchan para mantenerse despiertos, aferrada a una vieja manta que apenas logra cubrir la mitad de su cuerpo. Lanzo mi bolso a un rincón de la sala, logrando captar su atención y haciéndole reaccionar bajo una somnolencia enorme.
– ¿No tienes escuela mañana? – froto mi rostro con las manos.
– ¡Elsa! – Camina con cierta rapidez hasta aferrarse a mí, hundiendo su rostro en mi pecho –. Estaba preocupada. No respondías mis llamadas y creí que tú…
Su voz se apagó con notoriedad, permitiendo escuchar el sonido del televisor al fondo. Tomé su barbilla entre mis manos y la hice mirarme a los ojos, notando un atisbo real de miedo en su rostro. Mamá y papá habían muerto hace poco en un accidente, y el hecho de que Anna creyera que me había aguardado el mismo destino solo me hacía sentir peor.
– Eres lo único que me queda – pronuncia a punto de romper a llorar, aferrándose más a mi cuerpo.
Por primera vez en mucho tiempo la veo como realmente es, como mi hermana menor, aquella persona a quien siempre me prometí cuidar. Apenas tiene diecisiete, pero tras su imagen infantil se esconden muchos años de traumas olvidados, sueños rotos y una etiqueta de huérfana cosida a su cuerpo como si hubiese sido hecha con fuego ardiente.
La tomo entre mis brazos mientras nos sentamos con lentitud en el suelo, apoyándonos contra el sofá mientras aguardamos a que el sueño venga por nosotras. Siento como murmura mi nombre casi en un susurro, quedándose finalmente dormida luego de varios minutos.
– No te preocupes, Anna, yo estoy aquí. Yo siempre estaré aquí.
Un capítulo algo corto, pero espero les guste. Los siguientes capítulos serán un poco más largos, y me temo que casi, si no se me ocurre añadir nada más, la historia está llegando al final. Aunque ya estoy pensando una idea para algún otro fanfic, por si alguien quisiera leerlo.
Espero dejen algún review y gracias por leer.
Reviews:
una persona mas: Prometo aclarar tus dudas pronto, aunque creo que esa precisamente esa duda la han de tener todos. Gracias por comentar, y feliz año nuevo también para ti.
