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El famoso club
Alan y Hermione salieron del salón primero que el resto de la clase, que todavía estaban con el profesor Snape haciendo cola para que éste los curara por los efectos de la maniobra de distracción de Harry Potter en la que intervenía una poción bastante peligrosa.
-Gracias por ayudarme a conseguir los ingredientes que necesitaba - le decía Hermione por lo bajo cuando salieron del salón. - Con esto podremos interrogar a Malfoy y averiguar si él es en realidad el heredero de Slytherin.
-No hay problema, lo que sea por una buena causa - dijo Alan sin darle importancia.
Hermione lo observó por unos momentos con una sonrisa y Alan le devolvía la mirada, aunque con gesto inexpresivo.
-Ahora, si me disculpas, Hermione…
Alan disponía a irse, pero Hermione le agarró una mano. El silencio se hizo presente mientras Alan la miraba sorprendido, y la chica, muy apenada, se acercó hacia su oreja para susurrar:
-Gracias de nuevo, Alan. - y le besó la mejilla.
El momento pareció congelarse. Hermione nunca había pronunciado el nombre del chico, y Alan creía que eso nunca pasaría, porque habían empezado con el pie izquierdo, y la mejor amiga del muchacho odiaba a Hermione a muerte.
Pero la chica estaba allí, susurrando su agradecimiento por haber formado parte en el robo de unos ingredientes increíblemente difíciles de conseguir, del armario del profesor que le tenía un potencial cariño, para que su peor enemiga y un par de clasistas pudieran interrogar al chico más arrogante del colegio mediante el uso de una poción prohibida. ¡Y encima la chica lo llamó por su nombre!
"¡Qué lindo detalle!" pensó Alan con ironía, pero cuando los marrones ojos de Hermione encontraron a los grises del muchacho, a éste sólo se le ocurrió decir:
-No hay de qué, Hermione.
Ésta sonrió ampliamente, y Alan no pudo evitar dibujar una minúscula sonrisa en sus labios, ni tocarse la mejilla en donde Hermione lo había besado. Segundos después, Hermione se fue corriendo y Alexa recién acababa de salir, mirando a Alan con su sonrisa tonta en la cara.
-¿Qué ha ocurrido? - preguntó Alexa a Alan mientras observaba atentamente su expresión.
-Pues ya está hecho - respondió Alan fingiendo indiferencia. - Granger consiguió lo que quería gracias a mí, y ojala puedan averiguar de qué se trata todo este lío de la dichosa Cámara.
Pero a Alexa no se le escapó el hecho de que Alan hablaba por hablar, cosa inusual en él.
-¿Qué más ha pasado? - Alexa lo fulminó con la mirada mientras adquiría un tono suspicaz.
-Nada más - Alan le sostuvo la mirada.
-No me mientas, Alan - le advirtió la chica.
-Bueno… me llamó por mi nombre - comentó el muchacho encogiéndose de hombros. - ¿Qué tiene eso de malo?
Alexa se le quedó viendo por un instante con gesto inexpresivo antes de responder:
-Nada… Absolutamente nada de malo.
Aunque lo dijo con indiferencia, Alan no podía evitar pensar que había algo que Alexa no le estaba contando, pues las mejillas de la chica se encendían furiosamente…
A la mañana siguiente, había un anuncio en la cartelera de la sala común de Slytherin que hizo que a Alan se le iluminara la cara de repente. Aparentemente, se había organizado en el colegio una especie de club de duelo que tenía lugar en el gran comedor esa misma noche. Alan estaba eufórico: tendría la oportunidad de aprender nuevos hechizos y emplearlos contra sus contrincantes, entre ellos…
-¡Ja! ¿Un club de duelo? - se mofó Malfoy arrastrando las palabras detrás de él, seguido de sus gorilas. - Ya veremos cuando le enseñe a ese Potter mis últimos trucos…
Sin embargo, Alan apenas escuchó a Malfoy regocijarse de cómo iba a machacar a Harry Potter en el club: salió disparado de la sala común y se encaminó hacia los jardines, donde esperaba encontrar a Alexa, cosa que no fue difícil: estaba sentada sobre la grama leyendo un libro gigantesco llamado Magias defensivas 1: El arte de la defensa, y a su lado habían otros tres libros que también tenían que ver con hechizos, maldiciones, encantamientos…
-Vaya, supongo que ya te enteraste de la noticia del nuevo club de duelo, ¿cierto? - le dijo Alan. Alexa apenas retiró la mirada de su libro para observarlo, y le asintió sonriente. Alan se sentó a su lado.
Segundos después, escucharon una voz familiar detrás de ellos.
-¡Westwood! ¡Longbridge! - Los chicos voltearon inmediatamente. Se trataba de Hermione, quien corría hacia ellos radiante. - ¡Van a abrir un…!
Se paró en seco. Vio los libros que estaban al lado de Alexa y se llevó una mano a la boca.
-¿Sí, Granger? - dijo Alan.
-…club de duelo - terminó la chica.
-Sí, ya nos enteramos - ironizó Alexa con una sonrisa. - Y estamos preparándonos.
Alexa la miró sonriente, aunque tenía el ceño fruncido. Hermione le devolvió la sonrisa, y Alan observaba desde un lado aquella especie de… conexión. Y de inmediato lo entendió: Hermione y Alexa estaban ansiosas por batirse en duelo de una vez por todas.
-¿Puedo leer con ustedes? - preguntó Hermione después de un rato.
Alan creyó que Alexa diría que no, pues querría negarle a Hermione toda posibilidad de que los tres estuvieran en un mismo sitio, o querría negarle a Hermione la oportunidad de aprender a defenderse contra lo que le esperaba, pero se equivocó, pues Alexa le ofreció un puesto en la grama al lado de sus libros. En ese instante, Alan creyó conveniente susurrarle a la rubia:
-¿Qué estás haciendo? ¿No la odiabas?
Alexa lo observó y sonrió misteriosamente, pero se limitó a decir:
-No quiero ganarle tan fácil.
Alan sonrió y se dedicó a seguir leyendo junto con Alexa.
Llegó la hora de entrar al club de duelo, y Alan, Alexa y Hermione estaban eufóricos. Se dirigieron al gran comedor a toda carrera, donde notaron que las mesas se habían alineado a los lados, y en el centro había una especie de tarima de color púrpura. Nadie había llegado hasta entonces, pero apenas se acercaron más hacia la tarima, casi todo el resto de segundo curso entró por las puertas del gran comedor, tan ansiosos y felices como los tres.
Hermione fue a reunirse con Harry Potter y Ron Weasley, mientras que Alexa se rezagó con Alan. No obstante, antes de irse, Hermione le lanzó una mirada desafiante a Alexa que ella y Alan interpretaron como un reto.
-Me pregunto qué sucederá ahora - preguntó Alan.
-Me hago una idea - dijo Alexa mirando hacia el extremo más alejado de la tarima, de donde emergía el profesor Lockhart.
-Oh, por favor. ¿Ese bufón nos va a dar clase? - decía Alan.
Y para la desgracia de Alan y Alexa (y deleite de Hermione, algunos metros más allá), el profesor Lockhart anunció que él había sido el de la idea del club de duelo, y explicó que sería él el que les daría clase. Pero para sorpresa (y alegría) de Alan, el profesor Snape también estaba en la tarima.
-El profesor Snape ha decidido ayudarme en una pequeña demostración antes de empezar - anunció Lockhart a los presentes. - Pero no se preocupen, todavía tendrán a su profesor de pociones después de esta demostración. ¡No teman!
Alexa miró a Alan, quien ahora no podía disimular una ancha sonrisa.
-¿Qué sucede? - le preguntó al chico.
-Que me preocupo más por Lockhart que por el profesor Snape - comentó Alan con tono burlón.
Aunque Alan sonreía, no le agradaba nada la idea de tener que ser enseñado por un profesor pirata, y parecía que a Snape tampoco le complacía mucho darle clases a los alumnos en compañía de Lockhart, pues el gesto en el rostro de Snape era de desprecio y aburrimiento, como si en realidad no quisiera estar allí.
Snape y Lockhart hicieron una reverencia, aunque la de Lockhart parecía más pronunciada que la de Snape, pues éste apenas y movía la cabeza malhumorado. Posteriormente alzaron sus varitas (Alan no pudo evitar pensar que Snape terminaría matando a Lockhart).
-Esta es la posición de combate convencional - explicó Lockhart. - Cuando cuente tres, haremos nuestro primer embrujo, pero claro, ninguno de los dos tiene intención de matar.
Alan observó que Snape enseñaba los dientes en señal de desacuerdo.
-Ojalá Snape lo liquide - le murmuró Alan a Alexa. La chica sonrió.
-Uno… dos… y tres - contaba Lockhart despacio, pero Snape se adelantó, alzó su varita y gritó:
-¡Expelliarmus!
Alan y Alexa se miraron mientras el profesor realizaba el encantamiento, y el muchacho estaba seguro de que el profesor se había acordado de él al realizarlo.
Un haz de luz roja que golpeó a Lockhart en el medio del pecho lo hizo saltar por los aires. Alexa ahogó un grito tapándose la mano con la boca, pero Alan no pudo contener una malévola sonrisa. Muchos de los Slytherins que rodeaban la tarima aplaudieron a Snape, pero Alan notó que, unos metros más allá, Hermione se veía preocupada.
