Sam no supo en que momento dejó de estar el demonio dentro del cuerpo de su hermano, pues ya se odiaba bastante por oírlo gritar y no poder hacer nada para ayudarlo en realidad, le estaba destrozando. Pero lo vio en sus ojos, un momento eran negros, faltos de vida, por completo y sobretodo inhumanos y cuando volvió a mirarlos, allí estaba otra vez su hermano; agotado, muerto de miedo incluso ya que por culpa de su pérdida de memoria no conocía los poderes de Sam y tan sólo se mantenía en pie por la fuerza que Sam mantenía en él; en cuanto le liberara, caería al suelo irremediablemente.

"Sam…" Murmuró con apenas un hilo de voz, la cabeza baja y los ojos casi cerrados.

No lo reconocía, de eso estaba seguro el otro cazador, pero al menos el demonio ya no estaba dentro de él. Sabía que no lo había matado, simplemente había salido de su cuerpo, había escapado como un rata; sin pararse a luchar, una vez que había visto que Sam era más fuerte que él, dejando a Dean apenas sin fuerzas.

Castiel corrió hasta él, una vez recuperado y lo sostuvo para que cuando Sam lo dejara caer no llegar a darse contra el suelo. Dean se dejó coger y llevar hasta la cama, algo muy poco propio de él en circunstancias normales. Pero no dijo nada, como si de un niño que dejaba que su padre en enseñara a caminar.

Pocos segundos después de conseguir sentarse en la cama, las piernas le fallaron de nuevo por completo, aunque podía moverlas; las sentía como si de dos piedras grandes y pesadas se trataran.

Gimió dolorosamente al conseguir tumbarse y volvió la mirada hacia a ventana. Algo había cambiado en él, algo que ni Sam ni Castiel podían interpretar pero que los dos sentían el rostro del mayor de los hermanos.

"Dean ¿Estás bien?" el cazador no contestó a su hermano, tan sólo mantuvo la vista fija en la ventana, a través de la cual tan sólo se veía el cielo. Por eso Sam, se sentó en la cama y tocó el hombro de su hermano. "¿Dean?"

"Déjame ¿quieres?"

"Pero Dean…" La mano de Castiel sobre su hombro, hizo que Sam dejara de hablar. miró al ángel, buscando una respuesta que él no conseguía encontrar por mucho que buscaba en la expresión de su hermano.

Algo había cambiado, algo mucho mayor que el simple y a la vez tremendo hecho de haber sido poseído por un demonio. Tal vez aquella criatura le hubiera mostrado algo de su pasado, algo que no había recordado por si mismo. Tal vez incluso, pensó Sam hubiera decidido trastocar alguno de esos sentimientos.

"Dean, dime lo que ocurre, puedo ayudarte."

Dean se volvió hacia su hermano y la fría mirada que le mostró, le dejó sin palabras. antes no lo miraba así, aun cuando no le recordaba, no le miraba con tanto odio.

"Sam, tal vez deberíamos dejarle descansar, mañana tiene rehabilitación a primera hora y debería dormir."

"No voy a ir a la maldita rehabilitación."

De nuevo volvió a mirar por la ventana. Ya había tenido bastante, aquel demonio, le había mostrado cosas que no quería volver a recordar, no quería ver en lo que se había convertido su hermano por haber estado a su lado cuando lo había necesitado.

"No puedes hacer eso. Tienes que ir a las sesiones o de lo contrario…"

"¿De lo contrario que Sam? ¿No volveré a caminar? ¿No volveré a estar en una cacería? ¿O tendrás que ocuparte de mi?" Dejó de hablar un momento, mientras las imágenes que le había mostrado el demonio de su hermano alimentándose de la sangre de otros demonios se apoderaban de su mente. "Tal vez no tengas tiempo para ocuparte de tu hermano inválido cuando tengas que tomar más sangre de demonio."

"¿Pero que estás diciendo?"

"Lo he visto hermanito. Se quien eres de verdad, por una vez un demonio ha hecho algo bueno y me ha enseñado la realidad." Sam dio un paso adelante hasta la cama, pero se detuvo cuando Dean volvió a hablar. "Dime una cosa Sam, antes de que me ocurriera esto, antes de convertirme en un maldito inútil, ¿Sabía en lo que se había convertido mi hermano o habías conseguido ocultarlo?"

"Dean no hagas esto." Dijo por fin Castiel acercándose a la cama. "Te conozco mejor de lo que piensas y se que tu no eres así."

Los tres se mantuvieron en silencio, hasta que Sam se dio la vuelta y se encaminó hacia la puerta.

"Volveré esta noche y mañana iré contigo a la rehabilitación." Pese a lo confuso que estaba, Dean notó la desesperación y la tristeza total en el tono de voz de su hermano, que ahora, no era siquiera capaz de mirarle a los ojos.

Dean tenía razón en parte; por mucho que las palabras le hubiera destrozado el corazón, Sam no podía cambiar lo que había hecho y en lo que había estado a punto de convertirse por culpa de la sangre de demonio.

Al fin y al cabo esa misma sangre había sido la que había llevado a su hermano al hospital. Si hubiera estado con él, si no se hubieran separado aquel fatídico día, seguramente aquellos humanos no hubieran podido dispararle.

Cogió con fuerza el pomo de la puerta, hasta hacerse daño en la mano, pero no le importaba, aquel dolor era minúsculo comparado con el que sentía en su corazón.

"Dean, se que no quieres hablar y bueno, también imagino que me odias, pero quiero que sepas que lo siento mucho, se que todo esto es por mi culpa y si pudiera, ahora mismo me cambiaría por ti, yo me merezco más que tu, pasar por lo que estás pasando tu ahora."

No esperó a recibir contestación de Dean, pues no quería saber lo que pensaba de él. Salió de la habitación y se desplomó en la primera silla que encontró en el pasillo. Cubrió su rostro con ambas manos, pues estaba tan desesperado que no pudo evitar comenzar a llorar y no quería que nadie le viera en ese momento.

Se preguntó si había perdido a Dean para siempre, si después de todo, el demonio había conseguido su propósito haciendo que Dean le odiara para siempre. Si al menos recordara todo por lo que habían pasado juntos y no solo lo que le había hecho ver ese maldito demonio.

"¿Te encuentras bien?" La voz le devolvió a la realidad y levantó la cabeza rápidamente. "Lo siento no quería asustarte, simplemente es que te he visto ahí, salir de la habitación de tu hermano. Es duro lo se."

Sam miró a Rebeca, la joven enfermera que había sido poseída ese mismo día. Ella le miraba sonriendo y se arrodilló frente a él. Le acarició el rostro de la forma más cariñosa que habían tratado a Sam en días y tomó su mano.

"Ojalá lo supieras." Rebeca volvió la mirada. "Lo siento, parece que hoy solo se decir las cosas en el momento menos apropiado." Suspiró con fuerza y dejó caer la cabeza como si de un robot sin energía se tratara.

"No pasa nada, me he oído cosas mucho peores y en casos como el tuyo, creo que te lo podría perdonar." La chica volvió a sonreírle. "Quieres tomar un café, estoy segura que te hace falta algo como eso."

Se levantó y le dio la mano al cazador, para luego tirar de él. Sam se levantó, aunque lo hizo sin muchas ganas. Pero no tenía donde ir, no quería volver al motel, pues no deseaba por nada del mundo estar solo, pues entonces comenzaría a pensar a darle vueltas a todo lo que había pasado.

"Vamos no me mires con esa carita de perrito abandonado, que solo te estoy invitando a tomar un café."

El cabello rubio y largo de la chica se enredó ligeramente cuando ella se dio la vuelta. Era realmente bonita y hasta ese mismo momento no se había dado ni cuenta. la miró por primera vez, no como una víctima y no como la enfermera de su hermano, sino como la mujer joven y hermosa que era.

- o -

"Podrías contarme al menos a mi que es lo que has visto." Dijo Castiel deteniéndose frente a Dean, obligándole a mirarle a la cara.

"No han sido más que recuerdos sueltos, pero muy reveladores." Se giró con dificultad en la cama, pues tal y como había notado antes, las piernas volvían ser uno de sus enemigos. "Supongo que ahora se porque mi cerebro había olvidado la existencia de Sam y tal vez fuera mejor así."

"No piensas eso realmente."

Un pequeño brillo apareció en la mirada de Dean, pero se fue pronto. Castiel reconocía ese gesto en el cazador. Todo el tiempo que llevaban trabajando juntos le había ayudado a reconocer cada gesto en su amigo. Por eso, cuando vio ese brillo, aunque solo había durado un segundo, que los recuerdos de Sam no solo habían sido malos.

"¿Has visto a Sam cuando era un niño?" Dean dejó de mirarle rápidamente; a veces se preguntaba si era capaz de leer su mente. "Has visto al niño al que salvaste del incendio en Lawrence ¿verdad? Al que enseñaste a caminar porque tu padre no estaba y por el que lo dejaste todo siendo un adolescente."

"Cállate, no comprendes nada." Dean agarró con fuerza la sábana. "Lo he visto todo, no como recuerdos, porque miro a Sam y no se quien es, sino como una película, una jodida película de nuestras vidas en la que no se siquiera que soy el protagonista."

Castiel se sorprendió, al ver que una lágrima cayó por la mejilla del cazador. Pocas veces lo había visto llorar, pero siempre había sido por motivos más allá de lo que Dean podía controlar, motivos que le superaban; incluso cuando lo había visto sin estar presente en su vida, al morir su padre, al ver morir a Sam… siempre le había roto el corazón verlo tan abatido y no poder hacer nada por ayudarle. Puso una mano sobre su hombro.

"No hagas eso Cass, no me trates como si fuera un pobre desgraciado. Somos amigos pero eso no te da derecho a sentir lástima por mi." Dean apretó los puños.

Aquello era casi demasiado para él, las visiones de su hermano de un pasado que no recordaba, aquel niño por el que hubiera dado su vida, aquel niño que se había quedado dormido con sus nanas, tantas navidades en las que había tenido que poner excusas por su padre. Dean había sido mucho más un padre para él que el propio John y ahora mismo Dean no se acordaba.

Tan sólo veía con claridad los momentos en los que Sam le había hecho daño o le había decepcionado, los momentos en los que le había dicho que le odiaba o cuando le había pillado con la sangre de demonio. Eso era lo único que le dejaba algún sentimiento en el corazón.

"No siento pena por ti. Ahora mismo pienso que eres un absoluto imbécil."

Dean contempló a su amigo con ganas de decirle unas cuantas cosas, pero no lo hizo, pues realmente sentía como tal imbécil.

"¿Qué quieres que haga?"

"¿Vas a dejarte vencer por un demonio? Te conozco Dean y se que jamás harías tal cosa. Sam ha cometido errores terribles, lo se, pero no merece que le hagas esto."

"Dime entonces Cass, ¿qué quieres que haga?"