Percy Jackson y Las Crónicas de Kane no me pertenecen… solo juego un poco con sus personajes.


Extra.

El viaje de regreso a la Casa de Brooklin no fue tan divertido.

Como no podían volver por un portal como lo hicieron de ida, usaron barcas que Walt invoco de uno de sus amuletos. Katelyn odio cada segundo.

Iba sentada entre Cleo y Sean sin soltarse de ninguno de los dos.

-Katelyn, ¿podrías calmarte?- Cleo tenía una mueca en los labios- tus uñas…

Katelyn la soltó, dándose cuenta que estaba clavándole las uñas en el brazo.

-Tranquila, Katy- ella miro a Sean, que le sonreía- no dejare que te caigas.

-Sí, Katy- le dijo Julián, desde atrás- si te caes te rescatamos.

Ella les sonrió en agradecimiento, pero con un pequeño sabor agridulce en la boca.

Ese miedo al agua no era suyo, era de Kat. Pero claro, Kat nunca le dejaba nada bueno. Como la habilidad de contestarle groseramente a Sadie, el poder oler al perro que habita en Walt y, ahora, ese miedo.

Y lo peor es que ella quería llevarse bien con Sadie, porque algo le decía que, debajo toda esa capacidad de molestar e irritar a las personas, había alguien que seguro le agradaría.

Quitando el olor a Anubis que le hacía desconfiar, aun no estaba segura de como sabía que era el olor del dios, sabía que Walt era un buen tipo y que no le haría daño.

Además, recordaba que cuando era pequeña, a ella le había entusiasmado mucho la idea de aprender a nadar.

Lo único bueno que había hecho Kat por ella hasta ese momento, era ayudarla a canalizar la energía de Bast y así poder crear ese avatar de combate, demostrándole a todos que si era una maga. Aunque la magia no la entusiasmara.

Entonces, se giró hacia Julián.

-No me llames Katy.

-Pero Sean te llamo Katy.

Sí, pero para ella sonaba más bonito cuando el pelinegro le decía. Pero eso no lo haría saber.

Los pocos días que tenía en la Casa de Brooklin habían sido de los mejores, se sentía tranquila en ese lugar. Como si fuera el lugar al que pertenecía, incluso Kat trataba de ayudarla con la magia, para poder invocarla. Pero Katelyn no se lo permitía, tenia de que si dejaba que ella le ayudara podría tomar el control cuando menos se la esperara.

Era extraño no confiar en alguien que estaba en tu interior… aunque ya era extraño tener a alguien dentro. A veces se preguntaba se así se sentían Sadie y Carter cuando fueron los anfitriones de Isis y Horus. Tener una vocecita en la cabeza, bastante molesta, que siempre quería tomar el control.

No se imaginaba tener a Kat y ser el ojo de Bast; esas dos teniendo una conversación mientras ella trataba de estudiar. Como para volverse majara definitivamente.

-Ese avatar de combate estuvo muy bien- Carter se sento en el sofá frente a ella, en la Gran Sala.

-Gracias. Supongo que Zia ya estará feliz- el no lo negó, miraba al suelo, algo avergonzado. Ella le sonrió un poco- tranquilo, no te culpo- dijo con sinceridad- y en parte, a ella tampoco. A veces es difícil no ser celosa.

Carter le sonrió, pero no dijo nada.

Se quedaron así un rato. Para ella no eran incomodos esos momentos. Consideraba a Carte un buen amigo, contrario a cualquier cosa que los demás pudieran llagar a pensar, no sentía nada más que simpatía y agradecimiento por tenerle tanta paciencia como maestro.


Para Katelyn no pasó desapercibido el comportamiento de los hermanos Kane. Se sentaban juntos, susurrando cosas y cada vez que alguien se acercaba, incluyendo a Walt y Zia, se ponían nerviosos y cambiaban de tema.

Sadie era ciertamente algo bocazas y Carter no era del tipo que solía ocultar cosas, Katelyn tenía una idea de lo que podía tenerlos tan intranquilos.

"Creo que estamos de acuerdo"

-Cállate.

-¿Qué dices?- Cleo la miro con curiosidad.

-No, nada- en ocasiones se le olvidaba que no tenía que contestarle a Kat en voz alta.

"Tienes que ir y averiguarlo"

"Y si no es lo que creemos"

"¿Qué otra cosa podría ser?"

Ese era un buen punto, la única cosa que había llagado a poner de los nervios a los Kane en el transcurso como iniciada en la Casa de Brooklin era explicar de donde ella y su maldición.

No podían contarles a los demás sobre los griegos y mucho menos sobre combinar la magia de ambos. Ese extraño comportamiento debía tener algo que ver con su padre.

"Y el chico que olía a agua salada, su novia y el tipo que olía a cabra"- agrego Kat.

"Ya te he dicho que no me hables cuando hay otras personas alrededor"- la imagen de una sonrisa gatuna apareció en su mente.

Kat no volvió a hablarle esa noche.


Los embosco entrada la noche en la cocina, los Kane la habían estado evitando aparentemente.

-De acuerdo, ¿Qué está pasando?- Carter dio un brinco al escucharla, empujando a Sadie y haciéndola tirar el vaso vacío en el que había estado bebiendo agua.

-Oh, genial- farfullo la rubia- ¡Hi-nehm!- brillo el jeroglífico dorado y los trozos de vidrio se unieron de nuevo en la mano de Sadie.

-¿Y bien?- insistió Katelyn al ver que la ignoraban.

-¿No deberías estar durmiendo?- replico Sadie, evadiéndola.

-¿Qué está pasando?

"Déjame a mí, yo la convenzo"- pidió Kat, Katelyn cerró los ojos por una punzada de dolor en la cabeza. Odiaba que Kat hiciera eso.

-¿Estas bien?- pregunto Carter, acercándose. Ella asintió, pero los miro de manera severa. Sadie le mantuvo la mirada sin inmutarse, impacientando a Katelyn.

Luego de 20 minutos, fue Carter el primero en rendirse, su hermana lo miro con decepción.


Marcus comenzó a arreglar sus cosas.

Llevaría una mochila y su lanza, no tenía néctar ni ambrosia, pero estaba seguro de que Percy y Annabeth conseguirían un poco, además, Abril siempre llevaba con ella pociones egipcias muy útiles. El ya no tenía más pero contaba con el par de niños magos llevara algo de eso.

Ahora, tenía que planificar bien las cosas.

Tenía suficiente dinero para pasajes en avión hasta Los Ángeles, y comprar comida. También esperaba que esos chicos no se lo dejaran todo a él solo. Tenía toda la intención de usar la menor cantidad de magia posible, no confiaba en ella.

Ahora que lo pensaba, ¿en que pensaba el Oráculo al meter a esos cuatro adolescentes en su misión?

Él era perfectamente capaz de ir solo… aunque todavía no sabía a donde.

Medito la profecía.

"El oeste es el camino, la Tierra de los Muertos el mejor camino". Bien, cualquiera sabe que la "Tierra de los Muertos" es el Inframundo, pero, ¿Cómo conseguiría entrar? ¿En el oeste estaba la entrada? ¿Cómo la encontraría?

"El maldito en el cielo seguridad hallara", ¿Qué significaba eso?

-El maldito, el maldito…- murmuraba el, mientras lo pensaba.

El maldito. Él estaba maldito, ¿se refería a él? Pues si así era, la idea de ir en avión mejoraba cada vez más.

Suspiro y se restregó los ojos. Eran las 8 y tantas de la noche. Tenía tanto tiempo sin tratar de deducir una profecía, ya le dolía la cabeza. Pero tenía que continuar.

"Paz necesitan para a la dama fantasma enfrentar". Entonces, ¿eso quería decir que se enfrentarían a una mujer muerta en el Inframundo? ¿Para que necesitarían paz? Es un fantasma, ¿Qué tanto daño podría hacer?

Y solo quedaba "La maldición llegara a su fin para salvar a quien más importa". ¿Se refería a su maldición? ¿Su maldición por fin se rompería?

Marcus estaba escéptico pero no podía evitar ilusionarse un poquito. Aunque, ¿Quién era esa persona importante? ¿Su esposa? ¿Cómo romper la maldición la salvaría? ¿Qué tenía que ver todo eso con el rescate de su esposa?

Muchas preguntas y ninguna respuesta. Era muy frustrante. Tenían que partir lo antes posible.

Tomo su teléfono y envió un mensaje a la Hija de Atenea y la maga.

Ese mismo sábado se irían de misión.