Disclaimer: Los personajes no son míos, son de Kitty.e2 y Stephanie Meyer… respecto a la historia, es de Kitty.e2, es una adaptación del anime: Sakura Card Captor.
Summary:Adaptacion: Bella creía tener una vida normal, era la reportera estrella de una revista y vivía bajo el anonimato, pero todo da un giro sorprendente cuando la editora, una mujer bastante ambiciosa, le propone una "misión imposible"; descubrir los secretos mejor encubiertos de Edward Cullen, el dueño y editor de Seasons la revista más cotizada de toda USA, para esto entrará a trabajar como la secretaria-asistente del quisquilloso hombre que se niega a hablar con cualquier periodista que no trabaje para él.
"Respuestas poco creíbles"
Bella POV:
Me levanté temprano por la mañana, cuando la señora que Edward había contratado como niñera ya había llegado. Le agradecí por haberse tomado la molestia de venir un día más mientras yo me encargaba del asunto que me tenía preocupada desde que todo empezó; la señora Anderson.
Por la noche casi no pude dormir, me perseguían tantas pesadillas que me ponía a temblar en cuanto cerraba los ojos. Todas estaban relacionadas con él y descubrí que se estaba transformando en mi centro, era como si mi vida girara en torno a él y nada más, pero no me molestaba porque era Edward y entonces todo estaba bien. ¿Verdad que a veces es un poco increíble esto del amor?
Antes de salir, desayune un tazón de cereal, me cepillé los dientes y me puse los zapatos. No quise pedirle al chofer que Edward había contratado para que me llevara, así que caminé un par de cuadras hasta la parada del autobús. Me fui la media hora de camino parada y tan aplastada como un tarro de sardinas enlatadas, se me hacía incluso difícil respirar con las dos mujeres que me apretujaban los costados. Los minutos se me pasaban horriblemente lentos mientras sentía los codazos y golpes de bolsa que mis compañeras me daban.
Para poder bajarme donde correspondía tuve que abrirme paso entre la gente dos cuadras antes de llegar, y cuando fui capaz de respirar el aire de la ciudad me dije que sería mejor tomar un taxi de regreso si no quería morir ahogada entre el tumulto. Miré el edificio donde estaba Gossips y al entrar, noté que no habían cambiado de guardia ni de recepcionista. Pensando que si no me relajaba me pondría a hiperventilar, me subí lo más rápido posible en el ascensor y de nuevo se repitió el asunto de los empujones y la reciente claustrofobia que estaba desarrollando.
El corazón me latía a mil por hora cuando el elevador por fin llegó a su destino, por un momento creí que no sería capaz de dar un paso más hacia la oficina de la señora Anderson, pero decidí que tenía que ser valiente, mi futuro dependía de lo que pasara hoy y más valía que fuera bueno, porque no tengo intención alguna de seguir trabajando para ella aunque parece haberse olvidado de mí el último tiempo.
—Bu-buenos días —saludé con voz titubeante a la chica que parecía ser la secretaria, me miró con una ceja alzada y supe que no iba a responder a mi saludo, así que en vez de malgastar tiempo dándole cátedras sobre buena educación, continué esta vez más segura— Tengo una cita con la señora Anderson.
—¿Nombre? —preguntó y puedo asegurar que por un momento se me pasó por la cabeza la idea de que era un robot.
—Bella Swan —respondí y ella buscó algo con los ojos en la pantalla del ordenador, cuando encontró lo que buscaba formó una "o" con los labios.
—La señora Anderson ha salido a terreno —informó con voz aburrida y monótona— Llegará dentro de unos minutos, puedes esperarla en su oficina. No toques nada.
La recomendación final hizo que me sintiera como una niña pequeña, pero asentí e hice lo que me pedía. Iría a sentarme para esperar mi sentencia de muerte o el perdón divino.
Edward POV:
Hablar con Bella por la noche me hizo bien, sentí durante esos escasos minutos que cualquier tipo de preocupación desaparecía al escuchar su risa siempre tan fresca y jovial, de esas risas que contagian a todos los que estén cerca. Justo en el momento en que corté, Dafnée entró de sopetón en mi habitación, pero yo no me di ni cuenta. Estuvo media hora molestándome por mi "sonrisa tonta" que no se borraba con nada.
Por la mañana sentí una vez más que retrocedía en el tiempo. Como era habitual antes de que me marchara a New York, Embry vino a despertarme a las nueve, la hora máxima hasta la que un Cullen podía dormir. Me duché y deje correr el agua caliente por mis músculos ya tensos y luego de vestirme bajé a desayunar al comedor.
—¡Buenos días Edward! —era increíble cómo mi hermana se las arreglaba para siempre hablar tan fuerte y dejarme casi sin tímpanos.
La miré y me senté junto a ella. Quien tenía a su amiga y casi hermana de toda la vida a su lado. Yo personalmente, la quería de esa manera.
—Dafnée me contaba que ayer tenías "la sonrisa" —dijo Lana haciendo el gesto de comillas con sus dedos.
—¿"la sonrisa"? —pregunté sin saber de qué se trataba.
—Ay tontito, "la sonrisa" es cuando estás sonriendo como estúpido porque estás enamorado —dijo Lana riendo, yo miré duramente a Dafnée, ya me las pagaría por andar ventilando mi vida privada.
—¿Rosalie está en California? —carraspeé intentando cambiar el tema mientras tomaba una tostada.
—Sí —respondió Dafnée— telefonee a su departamento anoche y dijo que se pasaría por aquí hoy.
—Te caerá una reprimenda del porte de una casa por no haberle avisado tú —rió Lana.
—¿Rosalie sabe sobre tu novia? —preguntó algo recelosa Lana. Rosalie siempre había tenido una manía increíble para espantar a mis novias.
—Sí —suspiré resignado sabiendo que no me podría librar del interrogatorio.
—¡Oh, genial! Si la conoce y la chica sigue viva quiere decir que todos la aprobamos —sonrió abiertamente Dafnée.
—Para el carro Dafnée —interrumpió Lana seria y por un momento pensé que se oponía a mi relación con Bella, hasta que volvió a hablar— Si dices eso no nos la va a presentar y debe ser una chica realmente adorable para que tenga a nuestro Edward tan coladito.
—No necesariamente adorable —dijo Dafnée— Quizás se haya enamorado de su sentido del humor.
—Para que a nuestro hermanito le guste, debe ser hermosa —opinó Lana.
—O quizás una mezcla de las tres —interrumpió una quinta voz a la que yo reconocía sin ninguna duda. Me volteé sólo para confirmar que Rosalie estaba apoyada sobre el marco de la puerta— ¡Edward!
No tardó ni dos segundos en recorrer los diez metros que nos separaban para intentar ahorcarme con uno de sus conocidos abrazos apretados. Rosalie era como una de mis hermanas, siempre he estado seguro de que aprendió todo lo que sabe de ellas.
—¡¿Cómo puede ser que no me hayas avisado que venías? —gritoneó sentándose en la silla vacía junto a mí.
—Fue tan repentino para mí como para ti Rose —expliqué, pero Dafnée no me dejó seguir hablando.
—Rose, tú conoces a Isabella —dijo inclinándose hacia adelante como para no perderse de nada— ¿Cómo es?
—¡Oh, es preciosa! —Exclamó, y de no ser porque me sentiría terriblemente avergonzado diría que esa palabra no alcanzaba a definirla— Tiene cabello castaño, ojos chocolate muy muy brillantes y aunque sea algo bajita no es para nada una desventaja, tiene un cuerpo muy bonito.
—¿Como las otras? —preguntó Dafnée que para ese momento estaba a punto de dejar caer su cabello sobre la mermelada, estaba inclinada casi por completo sobre la mesa.
—No —negó Rose, quizás contenta por saber algo que ellas no— No es nada de exuberante, pero está bien formada ¿verdad que sí Edward? —me pregunta y siento que de repente toda la sangre de mi cuerpo decide irse repentinamente a mi cara, incluso me he atorado con un pedazo de tostada.
—¡Pero qué cosa más adorable! —chilla Lana y al segundo siguiente la tengo abrazándome— ¿Han visto eso? ¡Edward se ha sonrojado por primera vez por una chica!
—Pensé que no viviría para verlo —agregó divertida Dafnée.
—¿Y de carácter? —preguntó Lana ahora con sus codos apoyados.
—¡Es tan dulce como un pastel de fresas! Un poco tímida pero creo que es imposible que le desagrade a alguien.
—¿Puede incluso agradarme a mí?
Todos en la habitación desde mi hermana pasando por el personal del servicio hasta mi, nos congelamos. Dafnée se acomodó el cabello mientras que Lana se sentó como correspondía, Rosalie palideció, sabía que a Esme no le gustaban las cotillas y Lana se quedó de piedra. Miré hacia la entrada, mi madre estaba parada observándonos a todos pero no parecía disgustada en lo absoluto, se podía decir que incluso aquella pregunta había sido formulada mientras sonreía, cosa completamente inusual.
—Es muy posible, tía —respondió Rose mirándose los zapatos y con un tono increíblemente más bajo.
Mi madre se sentó sin dejar de sonreír en la cabeza de la mesa como siempre había sido desde que papá había muerto. Me observó fijamente por unos segundos que parecieron eternos antes de disponerse para comer.
—Señora —era Lila quien venía entrando, parecía algo agitada— No puede levantarse en las condiciones que…
—Nadie me dirá que puedo o no puedo hacer, Lila—cortó en seguida mi madre, pero a diferencia de otros años, su tono fue mucho más suave— Mi hijo ha venido desde New York y hacía mucho que no desayunábamos todos juntos… —hizo una pausa como buscando algo, momento en que Lila calló y sólo se apoyó suspirando y negando con la cabeza— ¿Dónde está Estela? (n/adaptadora: es una prima de Edward tipo Rosalie, se criaron juntos)
—Ella… —comenzó Dafnée con cara de funeral, pero en seguida Lana la atajó.
—Dijo que se sentía algo descompuesta y que no vendría a desayunar.
—Ya veo… ¿Ha llegado su esposo?—mi madre parecía preocupada.
—Sí, madre —respondió Dafnée— Hace un par de días.
Algo andaba mal, sabía que tenía dos personas por las cuales preocuparme, una por supuesto era mi madre ya que por lo estricto de las indicaciones de Lila, no podía estar demasiado bien, quizás venía saliendo de alguna enfermedad y tuvo alguna recaída… La segunda era Estela, mi prima, casi mi hermana, que a pesar de ser igual de chillona que las demás, siempre había sido la que más afecto me daba, casi como si fuese mi propia madre.
Bella POV:
La oficina de la señora Anderson no había cambiado mucho, sólo había reemplazado el lila por el verde pistacho, que se vería increíblemente bonito de no ser por el papel mural que daba la sensación de estar entre fango. Los muebles que parecían sacados del siglo XV seguían en su mismo lugar de siempre y lo único de esa oficina que me convencía de que estábamos en este año, era el moderno ordenador que estaba sobre el escritorio.
Mientras más minutos pasaban, más apretado sentía el estómago, y qué decir de mis temblorosas manos que no parecían querer quedarse quietas con nada. Luego de quince minutos de agonía la puerta por fin se abrió.
Mi antigua jefa entró con tanta parsimonia como siempre, no se percató de mi presencia hasta que se sentó frente a su escritorio, me observó con una mirada despectiva de pies a cabeza mientras yo estaba de pie.
—Cierra la puerta —ordenó a una muchachita, al parecer menor que yo, de aspecto debilucho— Contigo afuera —bramó cuando ella quedó dentro. La chica que temblaba de pies a cabeza, salió rápidamente— No entiendo por qué es tan difícil encontrar a gente competente… —murmuró entre dientes— Mucho tiempo sin verte Swan.
—S-sí —maldición, odio tartamudear cuando me siento intimidada.
—¿A qué se debe tu… sorpresiva visita? —preguntó y supe en seguida que la palabra no era "sorpresiva" sino "desagradable". En cada milímetro de su arrugada cara se podía adivinar que no me quería aquí, así que decidí ser lo más rápida posible.
—Vengo a presentar mi renuncia —dije manteniéndome firme en mi lugar y mirándola fijamente a los ojos. Ella me observó una fracción de segundo y luego se echó a reír como una histérica.
—¿Y tú crees que yo…?
—No puede exigirme nada —interrumpí, no dejaría que se saliera con la suya— He revisado mi cuenta bancaria y no hay ningún depósito que usted haya hecho, a estas alturas ya está fuera de plazo, además yo no le he entregado nada de importancia en ningún informe y no pienso hacerlo.
—Oh, bravo, Swan, bravo —rió aplaudiendo— Que acto más heroico el tuyo.
—No es heroísmo, es sentido común y ética. No puedo investigar al señor Cullen, me siento incompetente para el trabajo.
—Ya me había percatado de lo blanda de corazón que eres… déjame que te diga algo; para triunfar en esta vida no puedes fingir ser tan buena, tarde o temprano saldrá a la luz tu lado oscuro.
—No finjo ser buena —dije rechinando los dientes, comenzaba a impacientarme— Pero ya que no pienso trabajar más para usted, ¿aceptara mi renuncia?
Volvió a lanzar una horrible carcajada y luego de calmarse respondió.
—No.
—Pero…
—No acepto tu renuncia porque estás despedida Isabella Swan —dijo con dureza— Te puedes ir, no te necesito más, ya tengo a alguien mucho más rápido que tú y no se envuelve en amoríos con su objetivo.
—¿Así como así?
—¿Pues…? —Alzó una ceja— Bueno, ahora que lo mencionas… No diré nada sobre esto a Cullen, pero a cambio olvídate de tu privacidad, recuerda esto Swan: tendrás periodistas siguiéndote a ti y a tu amorcito día y noche, no podrán descansar. Ahora vete y no vuelvas.
Sabiendo que aquello era demasiado bueno, porque aunque los periodistas podían ser un verdadero dolor de cabeza lo mío con Edward no se arruinaría, salí como alma que se la lleva el diablo de la oficina con una sonrisa que me abarcaba toda la cara. El personal de Gossips me miraba con incredulidad, quizás porque nadie salía de esa oficina tan feliz como yo, y aunque sabía que mi vida sería vociferada a los cuatro vientos, no me importaba, ya no estaba vinculada de ninguna forma con esta horrible revista y puedo respirar tranquila.
Edward POV:
—¿Por qué no me dijiste lo que tramaba mi madre? —pregunté como por enésima vez a mi ya agobiada prima Rosalie mientras paseábamos por la calle.
—Ya te lo dije —respondió con voz cansina— No-lo-sabía
—Pero…
—¡Maldita sea Edward, que viva aquí en California no quiere decir que me pase todo el tiempo pendiente de lo que hace o no hace Esme! Había olvidado lo pesado que puedes ser cuando te obstinas con algo —me miró con el entrecejo fruncido, pero en seguida se le quitó al ver unos aretes que llamaban su atención.
Había aceptado salir con Rose sólo para no tener que pasar el resto del día en casa, mi madre increíblemente parecía interesada en Bella y al aparecer había escuchado todo lo que mis hermana, Lana y Rose decían antes de su llegada. Mientras mi primaba miraba absorta el escaparate de la tienda que parecía más que nada de antigüedades, seguí recorriendo a paso lento y sin mirar nada en especial en ese estrecho callejón.
Estela era otro asunto que me tenía sumamente inquieto, y según había dicho Dafnée iría uno de estos días para hablar conmigo, yo sabía que ese hablar conmigo significaba en realidad reprenderme pero estoy dispuesto a escuchar lo que tenga que decir, después de todo es como mi hermana y tiene sus motivos al igual que yo los míos. Por otra parte el reto de mi madre me daba vueltas en la cabeza, ¿qué pasaba si ganaba? ¿De verdad tendría que presentarle a Bella? Sin darme cuenta choqué con alguien, pero la chica no cayó sino que medio tambaleando se equilibró lo más rápido que pudo.
—Lo siento —dije dispuesto a seguir caminando, entonces sucedió algo que no me imaginaba que sucedería.
—Edward —me llamó, yo conocía esa voz, la había escuchado durante años en mi juventud, la miré precavidamente asegurándome de que aquello no fuese una confusión y descubrí que estaba en lo cierto, frente a mí estaba Charlotte. El rostro pequeño de siempre, los ojos, y el cabello reluciente, lo llevaba atado en una media coleta y me miraba sonriente, yo no entendía cómo podía siquiera mirarme así.
—¿Qué haces aquí? —lancé sin pensar.
—Yo vivo en California —rió y me pude percatar de que su risa era increíblemente aguda, casi me taladraba los oídos— La pregunta correcta sería ¿Qué haces tú aquí?
—No creo que sea nada que te ataña.
—¿Aún no me perdonas por lo que pasó cuando estábamos juntos?
—¿Perdonarte? —Pregunté con una risa despectiva— Ni si quiera te disculpaste, luego de que dieras a luz desapareciste como si los extraterrestres te hubiesen abducido.
—Lo lamento, de verdad —estudié sus ojos y vi que en realidad hablaba en serio, pero como no estaba dispuesto a caer en lo que seguramente era una trampa, me di la media vuelta dispuesto a buscar a Rose para marcharnos, pero ella me retuvo— ¿Cómo va tu vida?
—Dame un buen motivo por el cual deba responderte —dije fríamente, ella pareció no encontrar ninguno pero aún así habló.
—Yo me divorcié hace un par de meses atrás —suspiré comenzando a sentirme impaciente, ¿es que acaso no le quedaba claro lo poco y nada que me importaba su vida privada? — Me di cuenta de que en realidad había sido un error y…
—Mira Charlotte, si lo que necesitas es desahogarte puedes buscarte un buen psicólogo, pero yo no tengo tiempo para escucharte, no estoy en California para jugar a regresar en el tiempo. Hasta nunca —dije y volví a la tienda de antigüedades sin mirar atrás.
Rosalie seguía estudiando uno por uno los artículos que allí habían, al parecer no se había percatado de que yo no estaba a su lado, porque cuando entré me estaba hablando alegremente como si yo hubiese estado junto a ella hacía rato. Ahora que lo pensaba, el casual encuentro con Charlotte no parecía ser casual, yo había cambiado mucho desde que era joven y además las gafas y la gorra que llevaba no permitía que cualquiera me distinguiera. Pero debo estar alucinando, ¿verdad? Porque era imposible que Charlotte supiera de antemano que yo estaba en California.
—¡Edward! —Me llamó exasperada mi prima— Te he estado hablando y pareces como en trance.
—Lo siento —sacudí la cabeza— ¿Qué decías Rose?
—Que esto sería perfecto para Bella —dijo alzando sobre su rostro una pequeña bola de cristal con una patinadora en su interior, al darle la vuelta simulaba la caída de copos de nieve.
—Es sólo una chuchería barata —dije despectivamente ganándome la mirada ceñuda de la dependienta. Pero en realidad no lo creía así, Bella era una persona bastante sencilla y estaba segura de que ese objeto le fascinaría, es solo que no quería admitir que Rosalie había encontrado más rápido algo para mi novia.
—Oh, no entiendo esa manía tuya por siempre tener lo más caro —me reprendió y luego suspiró encogiéndose de hombros— Lamento la mala educación de mi primo señora —dijo a la mujer que nos miraba atenta tras el mostrador— A mi me parece que su tienda es maravillosa y los artículos también. Me llevaré estos pares de aretes.
Entorne los ojos. En vez de decir "pares de aretes" debió decir "decenas de aretes", tenía los puños tan llenos que no entendía cómo no se le caían. La dependienta pareció satisfecha ante eso y le dedicó una sonrisa radiante al salir, de seguro aquella había sido la compra más fructuosa del día. Cuando Rose me dijo que quería entrar en un estrecho local, me excusé diciendo que se me había quedado algo en la tiendita en la que habíamos estado y me dirigí hacia allá con intenciones de comprarle la bola de cristal a Bella, pero cuando llegué allí ya la había tomado alguien y la estaba pagando.
—Disculpe —le dije a la dependienta— ¿Le quedan más de esas?
—La estantería de allí está llena de ellas —apuntó, yo me apresuré para encontrar una con la patinadora, pero sólo veía pueblitos, bailarinas de ballet, santas, renos y caballos.
—¿No hay otra patinadora? —pregunté.
—No —respondió escuetamente entregándole la bolsa a la mujer que compraba lo que yo quería, entonces decidí dirigirme a ella que estaba de espaldas a mí.
—Lamento la molestia, pero había visto esa bola de cristal y pensaba regalársela a mi novia… ¿Le ofendería si le ofrezco comprársela al precio que usted ponga? —ofrecí y la dependienta me miró con cara de incredulidad.
—Que tal… que hables conmigo mientras nos tomamos un café, Edward —observé atónito que a quien le hablaba era Charlotte.
—No —negué secamente— Puedo buscarla en otro lugar.
—Es un diseño único —intervino algo ofendida la vendedora— Mi padre lo diseñó antes de morir inspirándose en mi hermana que patina sobre hielo, le aseguro que no encontrará uno igual.
—Bien, te espero donde siempre nos juntábamos a las seis. —dijo saliendo de la tienda— Sólo un café y podrás llevarle esto a tu querida chica.
Bella POV:
Me paseaba de un lado a otro en la cocina mientras se cocinaba el arroz, y es que de la nada me saltó un muy mal presentimiento, me encontraba bastante tensa y no podía dejar de pensar que estaba relacionado de alguna forma con Edward. Me sobresalté un montón cuando el teléfono comenzó a sonar, pero Emma llegó en seguida con el inalámbrico a la cocina, se lo agradecí con una ancha sonrisa y contesté esperanzada de que pudiera ser él.
—¿Diga? —respondí con voz casi desesperada.
—¿Bella? —dijo la voz de Alice del otro lado— ¿estás bien? Tu voz está algo…
—No pasa nada Alice —sonreí pendiente de la arrocera.
—Si tu lo dices… Bells ¿puedo pasar por allí esta tarde?
—Claro —respondí apoyándome contra la encimera.
—Iré con Jasper.
—Oh, ¿Ya ha pasado algo? —pregunté curiosa.
—No seas impaciente —rió ella— Ya hablaremos de muchas cosas cuando esté allá ¿si?
—Bueno Alice, ahora te tengo que dejar porque estoy cocinando.
—Está bien, ¡Nos vemos! —exclamó y cortó. Yo suspiré divertida, lo más seguro era que por fin esos dos habían dado el paso y se morían por contarlo, yo por supuesto los oiría con toda la tención del mundo.
Me puse a pensar que quizás el mal presentimiento que sentí hace un rato no era nada serio y que de seguro se trataba de una falsa alarma o una mala jugarreta de mi mente.
La niñera de Emma se fue en cuanto me vio llegar, así que cenamos sólo los tres bueno, los cuatro, porque Corbatas tenía su rebosante plato de comida cerca de la mesa. Edward se moriría si lo viera ahí.
—¿Ha llamado alguien? —les pregunté pensando que quizás Edward había llamado durante mi ausencia y se les había olvidado decirme. Eliot siguió comiendo en completo silencio pero Emma me miró.
—Una tal Charlotte —palidecí en cuanto me lo dijo— ¿Bella, estás bien?
—S-sí cariño, ¿tú le contestaste? —pregunté temerosa de la respuesta, ella asintió.
—Dijo que era una vieja amiga de papá y que quería hablar contigo, en lo personal Bella odié su voz, estoy segura de que es una pesada… espero que la mantengas alejada. —dijo sin darle demasiada importancia mientras retiraba su plato— Estaba todo muy rico, creo que podría acostumbrarme a tenerte aquí todos los días.
Pero lejos de que su sonrisa me tranquilizara, la tensión volvió tan repentina como se había aparecido la primera vez. Quise decirle que no contestara más el teléfono, pero aquello no tenía sentido. Me percaté de que Eliot me observaba un par de minutos después, y luego de escrutarme con la mirada, él también levantó su plato y lo llevó hasta el fregadero. Si aquella fuese la Charlotte a la que yo temía, entonces… ¿Qué demonios querría?
Aquella fue otra tarde de películas para Emma y Eliot, pero a este último le prometí llevarlo al hospital al día siguiente por la tarde. Ambos se quedaron dormidos mientras veían Wall-e y yo los arropé con una manta que encontré en el cuarto de Edward, se veían tan adorables durmiendo que llamé a Alice para preguntarle dónde venía, así no despertaría a los niños al tocar el timbre. Me sorprendí cuando me respondió que ya estaba afuera, y felicitándome por mi excelente instinto salí a abrirles.
Lo primero que noté al abrir el portón, fue que Alice y Jasper iban cogidos de la mano y lo segundo fue una pequeña bolsa que me parecía haber visto antes en el despacho de Alice, aquello sólo me dio mala espina.
Aprovechando el bonito día, nos sentamos alrededor de la mesa del patio trasero y mi amiga me ayudó a llevar los vasos y un jarro de jugo. Jasper nos miraba sonriente y me percaté de que cruzaba miradas cómplices con Alice. Me senté con Corbatas que estaba echado a mis pies y ambos fijaron sus miradas en mí. Había algo en eso que me ponía nerviosa y ya sospechaba de qué iba la cosa al recordar qué contenía el bolsito azul.
El día en que Lilly interrumpió nuestra oculta "sesión de besos", bajé hasta el piso en donde estaba el despacho de Alice, y allí ella me explicó que la modelo no vendría y que tan sólo faltaba un par de días para que se hicieran las fotos. Le propuse consultar en las agencias de modelaje, pero se negó diciendo que era muy difícil encontrar a una con las mismas medidas, entonces en algo que yo califico como un arranque de locura, tomó una huincha y comenzó a medirme, yo por supuesto la dejé pues no tenía idea de lo que se venía hasta que me soltó con una sonrisa radiante de esas capaces de cegar, y declaró que yo era perfecta para llevar su diseño.
—¡Por favor! —exclamó antes de que yo pudiera decir algo.
—Alice, mi respuesta sigue siendo la misma: no tengo el cuerpo de una modelo y no pienso hacer el ridículo con esas prendas tan diminutas —repetí con tono cansino.
—Eso no es verdad —era Jasper quien intervenía ahora, yo lo miré con cara de querer asesinarlo pero él sólo me sonrió— Eres perfecta para esto Bells, la idea es poner en portada la verdadera naturaleza de la mujer, tú no tienes ninguna operación y aún así estás muy bien formada, casi no necesitas maquillaje y sigues viéndote bien así, o sino pregúntaselo a Edward —rió.
—Gracias por los cumplidos, pero ¿no crees que exageras?
—Bella, te lo suplico —habló Alice con voz afectada, se había parado y miraba al piso con las manos apretadas— Es la primera vez que diseño lencería, la revista nunca se había preocupado por esa parte y sería todo un honor para mí que tú la llevaras puesta. ¡Es el primer diseño que he hecho! ¿O es que acaso no te gusta? —preguntó con una mirada que hizo que me sintiera como el ser más horrendo del planeta.
—No, por supuesto que me gusta —afirmé sonriendo.
—Mientes —declaró a punto de llorar, Jasper se había parado a su lado y le palmeaba la espalda cariñosamente— No la quieres llevar puesta, eso quiere decir que mi trabajo… el trabajo de toda mi vida… ¡Soy un fracaso! —exclamó abrazándose de él y echándose a llorar.
Me sentía horriblemente mal. Alice estaba mirando en menos mi trabajo sólo porque yo me oponía a su petición, ¿se pondría mejor entonces si le decía que yo lo quería llevar?, después de todo… ¿Qué tan malo puede ser llevar ese conjunto? Bien Bella, deja de pensar que es diminuto, Alice ha hecho cosas mucho más grandes por ti, le debes mucho.
—Lo haré —suspiré pero ella parecía no escuchar— Posaré para las fotografías Alice —dije más fuerte y ella se soltó del agarré de Jasper y me abrazó.
Al ver segundos más tarde sus ojos, supe que en realidad no había estado llorando y que probablemente todo eso era una actuación para que yo no me negara, pero antes de que pudiera retractarme, ya tenía delante de mí una hoja con algo escrito. Jasper me explicó todos los puntos del contrato y yo resignada tomé el bolígrafo que me alcanzaban y firmé, entonces me asaltó la preocupación.
—¿Edward está al tanto?
—No —respondió Alice dubitativa.
—Deberíamos decirle por si…
—Sería mejor que no —dijo Jasper— No creo que le haga mucha gracia que su chica pose para una revista en ropa interior.
—¿Eh? Pero si casi todas las chicas de Edward han posado así. —dije confundida y ellos dos echaron a reír.
—Es distinto Bella —dijo mi amiga con voz suave.
—Ellas no eran más que un rato para Edward. Tú eres increíblemente importante para él, por lo tanto lo pueden atacar los celos.
Aquello parecía tener sentido, pero ocultarle una cosa así no creo que sea cosa fácil, mucho menos cuando será en su propia revista. Emma y Eliot despertaron un rato después antes de que Alice y Jasper se fueran, y en su camino hacia la puerta me contaron que ambos estaban juntos. Me alegré mucho por ellos, la verdad lo veía venir pues siempre supe que Jasper era perfecto para mi amiga.
Alice me había dejado el bolsito azul con el conjunto lila que había dentro esperanzada de que me lo probara, pero yo no tenía intenciones de hacerlo pues quizás me arrepentiría al verlo puesto, prefiero ver qué pasa mañana. Suspiré mientras lo dejaba sobre la cama, a pesar de haber estado prácticamente toda la tarde charlando con Jasper y Alice, no dejé de pensar en él ni un minuto ¿Estaría bien allá en Hong Kong? Y ¿Por qué se habría demorado tanto en llamar?
No fue sino hasta bien entrada la noche en que el teléfono sonó. Emma y Eliot estaban dormidos, así que temiendo despertarlos corrí a contestar teniendo suerte de no tropezar con nada en el camino, pero un miedo me asaltó ¿y si era Charlotte? Aparté esos negativos pensamientos de mi cabeza y contesté con voz involuntariamente trémula.
—¿Si?
—¿Bella? —un suspiro de alivio salió de mi boca al escuchar esa voz, tan inconfundible, tan apaciguadora, tan…— ¿Esperabas la llamada de un asesino acaso? —bromeó y yo reí nerviosa. Charlotte no era una asesina, pero en el caso de ser quien yo esperaba, era mucho peor que eso.
—¿Qué tal tu día? —pregunté intentando cambiar el tema.
—Nada interesante la verdad —respondió luego de una pausa de silencio, pero por el tono que ha usado puedo decir que esa no es la verdad, algo ha sucedido— ¿Y el tuyo?, ¿Ha pasado algo fuera de lo común?
—N-no —respondí yo nerviosa, y es que no soy buena mintiendo— Vi una película con los niños y es todo.
—¿Nada más? —pregunta probablemente sabiendo que yo no le decía toda la verdad. Tomé aire, apreté los ojos e hice como que hablaba con cualquier desconocido.
—No, todo bien —dije ya mucho más segura.
—Me alegro —dijo satisfecho— Ah, por el asunto de Alice Cullen… ¿ya lo ha solucionado?
—Sí.
—¿Volvió la modelo?
—No.
—Bella ¿Qué te…
—Edward, Emma está durmiendo a mi lado, será mejor que hablemos mañana ¿sí? —interrumpí mintiendo una vez más para no ser descubierta. Él suspiró abatido y respondió.
—Claro, lamento haber llamado tan tarde otra vez —su voz sonaba realmente arrepentida y me sentí terriblemente mal.
—No, no Edward, no te preocupes. Seguramente estuviste ocupado —dije lo más conciliadoramente posible— Sabes que no me molesta que llames aunque sea a las tres de la madrugada, además… esta es tu casa ¿no?
—Y podría ser también la tuya —dijo y yo con mi sonrojo y todo, me lo imaginé sonriendo como los niños traviesos después de haber hecho algo malo. Sabía que la sola mención de esa posibilidad me ponía nerviosa— Me hubiese gustado allí para ver tu cara roja.
—¡Edward…! —protesté.
—Sonó como una broma, pero estaba hablando en serio Bella… ya lo hablaremos cuando llegue a New York —dijo serenamente— Será mejor que vayas a dormir o mañana no podrás ni levantarte a hacerles el desayuno a Emma y al chiquillo.
—Tienes razón —afirmé conteniendo un bostezo— Bien, buenas noches entonces.
—Para ti también —dijo antes de colgar.
Me quedé un momento con el auricular en la mano, ¿De verdad Edward consideraba –seriamente- la posibilidad de que yo viviera con él?... digo, ¡Para mí sería fantástico!, pero tengo que pensar también en Emma y no sé si eso sea lo más adecuado para ella, además si Emmet se enterara… ¡Al diablo con Toya!, cabeza, olvídate de esos ridículos pensamientos, esta es tu vida y tú ves que haces con ella. Pero aún así el asunto no es tan fácil como él lo pone.
Sólo estoy segura de que vivir con Edward sería increíble y encantadoramente lindo.
Creo que mañana actualizo de nuevo esta historia, si dejan mas de 10 reviews, pues en ests momentos solo tenemos 54 :( make me happy. CHAO!
