Una familia unida debe tener un pilar. Siempre alguien debe ser más fuerte que los demás para que nadie tambalee. Sheila aceptó el papel desde que supo que Kyle estaba en su vientre. Ella sería fuerte, la más fuerte por mantener a su familia estable. De puertas afuera todas las madres la veían como el único apoyo para no perder la cabeza, buscando en su ecuanimidad el consuelo y la esperanza para seguir buscando a sus hijos, las que no habían perdido a los suyos la admiraban por su entereza e incluso los policías miraban con respeto su minuciosa disciplina al presentarles pruebas e hipótesis, amén del descontento ante su manera tan mandona de encararlos, reconocían su fortaleza para gritar y exigir que hicieran su trabajo.

Pero a puertas cerradas, cuando su marido estaba en el trabajo y Ike en la escuela, se encerraba en la recámara de su hijo, abrazando su almohada y enroscándose para llorar. Le había fallado a su pequeño y cada minuto que pasaba iba llenándose de más y mayores miedos. Ni siquiera Gerald parecía notar las inmensas ojeras bajo sus ojos o la pérdida de peso que hacía bailar sus faldas en su cintura ¿En quién podía confiar? Si Liane parecía cada vez más pasiva e incluso aliviada. Si Sharon y Randy estaban más ocupados en culparse mutuamente. Si Carol y Stuart estaban demasiado drogados para parecer haber notado que su hijo llevaba más de un mes desaparecido. Si la macabra calma con la que Laura y Thomas parecían estarlo tomando le rompía más los nervios. Sheila deseaba no tener qué ser la fuerte. Deseaba poder quebrarse igual que Linda y tirarse al piso, jalándose los cabellos suplicando a quien fuera que le regresara a su bebé. Pero todas sus lágrimas y quebrantos se quedaban en la almohada de Kyle.

Cada mañana su rutina se tomaba un espacio para que fuera a la comisaría, con las mismas capturas de pantalla de la computadora de su hijo y sus amigos donde seguían las mismas conversaciones que había encontrado mantenía a sus espaldas con hombres adultos. Soportaba las miradas de fastidio. Las ignoraba al igual que las advertencias del policía en la entrada de dejar al detective en paz. Entraba a su oficina, exigiendo algún dato nuevo. No pudo negar el sobresalto al notar una cara nueva acompañando al detective. Por su elegante traje supuso que era un superior. Eso le dio mayor valor para aclararse la voz al interrumpir su conversación.

-Una semana más, detective ¿¡ Esa es su definición de eficacia!?-

-Señora Broflovski, por todos los cielos ahora no-

-¿Quién es ella?- preguntó el hombre, mirando despectivamente las hojas de papel que había estampado en la mesa.

-Soy Sheila Broflovski, madre de Kyle Broflovski, uno de los niños desaparecidos-

-Entonces no tiene ninguna autoridad para entrar de esa manera a una oficina privada si no ha sido llamada. Haga el favor de retirarse-

-No me voy a ir sin que me demuestren que están haciendo algo por encontrar a mi hijo-

-Sheila, por amor a Dios- balbuceó el detective, mirando con inquietud al otro hombre. No sabía el problema en que los estaba metiendo.

- Lamento decirle que este caso pasó a ser jurisdicción de otro departamento. El detective no está autorizado a divulgar una palabra-

-Entonces es usted a quién debo reclamarle el poco empeño que han puesto ¿No es verdad?- le sostuvo la mirada sin intimidarse cuando se levantó para encararla.

-Si se atreve a decir una palabra más, haré que la arresten. No tiene idea de en qué problema se está metiendo-

- Y usted no sabe con quién se está metiendo-

-Sheila -el detective la sujetó del brazo- ven, te llevaré a casa. Prometo no tardar- se disculpó con el hombre, tomando su sacó y saliendo en silencio, escoltando a la mujer hasta su automóvil. De mala manera ella aceptó subirse- estás poniendo mi trasero en peligro-

- No me quieras culpar de tu ineptitud-

-No tienes idea- rió, estacionando El coche-¿Tienes tiempo para un café? Ese imbécil ni siquiera me dio tiempo de desayunar-

-¿En qué momento te brindé la confianza para que pienses que esto es una visita amistosa?-

-Vamos, Sheila, haz entrado gritando a mi oficina desde que todo comenzó y nunca te he dicho una palabra ¿ No podrías aceptarme al menos un café como pago?- la mujer cruzó los brazos pero bajó del auto junto a él sin decir nada. Entraron a la cafetería y una mesera enseguida se aproximó- yo quiero un capuccino y dos rosquillas con mermelada-

-Un americano. Descafeinado- la mesera se alejó, dejando a ambos en un silencio incómodo que no parecían saber romper.

-Admiro mucho tu temple. Te lo digo en serio. De todas las madres que he visto, eres la única que en ningún momento ha perdido la cabeza y aunque me hagas vomitar bilis, en verdad admiro que no descanses buscando a tu hijo- agradeció cuando la mesera volvió a dejar sus bebidas y las rosquillas- pero debo decirte que esto ya no está en manos de nuestro departamento ahora y por desgracia-

-¿A qué departamento se mandó?-

-No puedo decirte más, Sheila. Lo lamento. No puedo arriesgar mi trabajo-

-Si no me dices, te puedo jurar que la menor de tus preocupaciones va a ser mantener tu trabajo- el detective rió tras su taza.

- Eres una cosa seria- suspiró- te suplico que mantengas esto entre nosotros. Verás... Tu hijo y sus amigos terminaron en una red de pedófilos que están luchando por legalizar las relaciones entre personas de distintas edades- la mujer dejó caer pesadamente su café contra la mesa- lo sé. No querías escuchar eso. Lo lamento por ser tan directo. La situación es que ya se habían infiltrado agentes de otro estado en la investigación y por fortuna dos de los chicos fueron puestos en su custodia- antes de permitirle el suspiro aliviado,se adelantó- desgraciadamente ninguno es Kyle. Estábamos tratando de localizar su ubicación cuando nos llegó la orden de dejar el caso. Tratamos de alegar que era un caso local, pero ya que no hay pruebas de que los niños hayan sido llevados en contra de su voluntad, no pudimos hacer nada- suspiró, juntando el valor para mirar a Sheila a los ojos- trata de entender que si no seguimos investigando es porque están de por medio más vidas inocentes. Si logramos capturarlos, estaríamos arrasando con una de las redes más grandes de pederastas en el país-

-Lo que me estás diciendo básicamente es que me quede tranquila sabiendo que mi hijo está atrapado con algún degenerado porque su vida no vale lo mismo que la de los otros niños-

-Por favor-

-No. Por favor tú- Sheila nunca lloraba en público. Era el pilar de su familia. La más fuerte de todas. Pero eso había llegado a un punto tan susceptible en ella que no pudo reprimirlo más- no puedo abandonar así a mi hijo-

-No tenemos ni idea de dónde puedan estar, ni siquiera si están en el país, no podemos ayudarte más en esto-

-No lo necesito- se levantó, secándose el rimel corrido- no creo que conozcas lo suficiente de mí como para que lo sepas. Pero si debo quemar el infierno por traer a mi hijo yo sola, ten por seguro que voy a hacerlo-