Hola…

Como han estado, bien… me imagino que decepcionadas por el tiempo que he tardado en actualizar, pero de momento es lo mejor que puedo hacer y sin embargo finalmente he decidido como terminara la historia… Y por lo tanto creo que en dos capítulos más cuando mucho estará finalmente terminada ahora solo me queda agradecerles la paciencia y los hermosos comentarios que me han ido dejando "Gracias por el apoyo".


El principio del fin…

Un año había pasado un año desde la última vez que se había atrevido a mencionar la posibilidad de visitar Japón y después de todo ese tiempo en esta ocasión no había tenido una respuesta diferente. Por algún motivo había creído que la felicidad que abrumaba a Zafiro desde que la enfermera pusiera en sus manos a su primer hijo varón lo haría reconsiderar, pero había sido una ilusa, el peliazul ni siquiera le había dado la oportunidad de terminar de hablar antes de decirle terminantemente que no. Dio un suspiro y siguió observando cómo Zafiro sonreía viendo a su pequeño hacer pucheros… su pequeño… su propio hijo. Ese pequeño era tan rubio como ella, pero tenía los mismos ojos azules del peliazul, y ella lo quería, por supuesto que lo quería, pero si era así entonces porque no podía soportar tenerlo junto a ella por mucho tiempo, porque su continuo llanto la llevaba al borde de la desesperación.

Estaba tan ensimismada que no se percato del momento en que Zafiro se aproximo hasta ella llevando en los brazos al pequeño Hiro. Se sentó a su lado bajo la sombra del árbol desde donde los había estado observando.

Quieres cargarlo – le pregunto con una sonrisa. Serena miro al pequeño envuelto entre las sabanas y asintió con la cabeza. El peliazul puso el pequeño cuerpecito entre sus brazos – Es perfecto no es cierto – le pregunto acomodándose tras ella para abrazarlos a ambos – Gracias por este maravilloso regalo – le susurro al oído.

Pero Serena seguía observando al pequeño que tenía entre sus brazos, hacía muchos años había soñado con tener bebes, pero en sus sueños estos tenían los ojos verdes. Sintió deseos de llorar, pero no quería hacerlo, finalmente había comprendido que hacerlo no cambiaría las cosas. Había deseado no tener ese hijo, pero ahora que lo tenía entre sus brazos se alegraba de no haber podido lastimarlo. Dejo que Zafiro continuara abrazándola y pensó que después de todo eran una familia, una muy pequeña, pero al final era lo único que le quedaba.

Suponía que Yaten se había casado mucho tiempo atrás y probablemente en ese momento el también estaría sosteniendo a su propio hijo. Seguía amándolo, pero se sentía feliz al pensar que el estaba bien, que finalmente habría podido seguir adelante.

De pronto su bebe comenzó a llorar y ella no tenía la menor idea de que debía hacer, sintió que sus nervios se incrementaban y lo único que quería era que la niñera apareciera y se lo llevara. No soportaba escuchar su llanto… – Zafiro, podrías tomarlo – el peliazul bacilo por un momento, pero al final le hizo una señas a la mujer que había contratado para que cuidara de su hijo en lugar de Serena. Deseaba que fuera ella quien criara al bebe, pero también sabía que era mejor no presionarla, la psicóloga le había recomendado ir poco a poco y hasta ahora había observado un gran avance. Cada día la veía menos tensa y había conseguido que pasara más tiempo con él y el bebe, estaba seguro que en un tiempo más conseguiría sacarla de la depresión en la que sabía había vivido tantos años.

Finalmente cuando la mujer se marcho con el pequeño, sintió como la rubia se relajaba bajo sus brazos, sentirla tan cerca de él lo excitaba, pero había decidido darle tiempo antes de solicitar sus favores, en la cama, nuevamente. Sin embargo no podía separarse completamente de su lado, se mantenía casi todo el día junto a ella, incluso había estado trabajando en casa en lugar de hacerlo en su oficina y solo salía cuando era realmente necesaria su presencia. Todo esto suponía una gran carga para él ya que no era fácil mantener a flote su empresa y cuidar de su familia al mismo tiempo. Incluso había descuidado a Hotaru, pero había decidido que una vez que Serena estuviera bien la llevaría a vivir con ellos a la mansión.

Pequeña… lo mejor será que entremos a la casa, tengo que revisar unos papeles y seguramente estrás un poco cansada – le dijo mientras se ponía de pie y le extendía una mano para ayudarla a levantarse – Por cierto, mañana te llevare a comer fuera, estoy seguro que salir te hará bien – le comentó mientras caminaban juntos hacia el interior de la casa – Esta bien… pero… el bebe vendrá con nosotros – titubeo antes de preguntar – Solo si a ti te parece bien – contesto con una sonrisa. La rubia sonrió solo un poco al escuchar que no iba a forzarla a estar más tiempo del que parecía soportar junto a su propio hijo y se lo agradecía porque necesitaba tiempo para acostumbrarse a la idea de que una vida tan pequeñita dependiera tanto de ella – Zafiro… gracias por cuidar de mí – sus palabras lo tomaron por sorpresa y se detuvo de golpe haciendo que Serena que seguía tomada de su brazo estuviera a punto de caerse – No tienes nada que agradecerme, te amo… lo sabes verdad bonita – y acto seguido la abrazo contra su cuerpo besándola suavemente en los labios, le hubiera gustado tomarla entre sus brazos y llevarla hasta su habitación pero sabía que aún no era el momento así que se separo de ella, le sonrió – Será mejor que entremos – propuso.

Serena camino a su lado sin decir nada, en los últimos meses se había dado cuenta que ahora su lugar estaba al lado de Zafiro, pero antes tenía que cerrar un clico que de su vida que había abierto hace mucho años, de lo contrario no sería capaz de mirar al frente sin sentir que unas cuerdas invisibles la retenían en el pasado. Las sesiones que mantenía con la psicóloga la habían ayudado mucho. Ya no sentía aquel deseo abrazador de desaparecer para siempre y sobre todo había dejado de culparse por había ocurrido con Haruka.

Dio un suspiro sabiendo que tendría que pasar un tiempo antes de que pudiera enfrentarse al peliazul, aun tenía que armarse de valor para conseguir lo que había estado deseando por tantos años, además se lo había prometido a él. Y de igual forma se había prometido a si misma que una vez que ese momento se llegara daría comienzo a su nueva vida. Porque finalmente había comprendido que no volvería a ser la misma que había sido. Sabía que Zafiro la amaba y pensaba que tal vez si se esforzaba lo suficiente ella podía llegar a quererlo también. Y esa noche cuando estaban en la cama, se entrego nuevamente a él, seguramente Zafiro se había sorprendido cuando sintió como buscaba sus caricias en la obscuridad, pero luego de unos momentos le respondió con el mismo ardor con el que siempre había buscado placer en su cuerpo. Y cuando el amanecer los sorprendió ella estaba finalmente rendida entre sus brazos, descansando la cabeza sobre su pecho desnudo y sudoroso.

Zafiro no había querido rendirse al cansancio que sentía después de esa noche, estaba feliz y se sentía completo teniendo sobre su cuerpo a la rubia. El había decidido esperar a que fuera el momento oportuno para retomar su relación intima con ella, quizá por eso le había sorprendido ver que ella lo deseaba, era sorprendente lo que podía pasar entre ellos si ambos buscaban el placer que sus cuerpos podía ofrecerse. Se dio cuenta por primera vez que los años que había compartido su lecho lo había hecho por mera obligación dejándole tomar todo lo que quisiera de su cuerpo, pero sin esperar ni querer recibir nada a cambio. Hundió su cabeza entre el cabello de la rubia y sonrió con la esperanza de que finalmente después de tanto tiempo podría conseguir que ella lo quisiera aunque fuera un poquito.


Yaten había pasado mes tras mes siguiendo la pista de Zafiro Black, en dos ocasiones había logrado trasladarse a alguno de los hoteles de la cadena Black donde le habían informado que se encontraba el peliazul, pero Zafiro simplemente se había negado a recibirlo y la situación comenzaba a parecerle frustrante. Le parecía increíble el peliazul se empeñara en mantener a Serena aislada del mundo cuando era más que obvio que ese confinamiento había terminado de romper el espíritu de la rubia.

Pero al final una mañana comprendió que era casi imposible dar con ella, o por lo menos lo así sería hasta que ella lo buscara, pero le desesperaba pensar que ese día posiblemente no llegaría nunca, que tal vez ya no la volvería a ver. Y el hecho de imaginarse que ella podría estar sufriendo lo ponía al borde de la locura. Pero no había nada que pudiera hacer puesto que ni la amistad que aún conservaba con Andrew Black le había servido de nada cuando decidió que tenía que encontrarla y hacerla volver a su lado.

Ansiaba volver a tenerla junto a él, pedirle perdón por no haber sido capaz de protegerla. Al final su vida se había vuelto una monotonía, si no estaba en la oficina trabajando estaba en su departamento lamentándose él haber sido tan ciego, haber confiado en la amistad de Haruka sin duda alguna había sido la estupidez más grande que había cometido, pero lo que era peor había sido no haberle creído a Serena cuando está le decía que él rubio no le agradaba, que había algo en la forma en cómo la miraba que la hacía desconfiar. Maldijo al pensar que posiblemente Seiya no hubiera creído que exageraba, seguramente el pelinegro la hubiera escuchado y no la hubiera expuesto a un hombre en el cuál ella no confiaba.

Taiki y Lita había intentado ayudarlo hasta donde él se los había permitido, había recordado la plática sostenida con su cuñada luego de que por culpa de una de sus amigas y su insistencia en llevarlo hasta el altar se le había ocurrido la estupidez de decirle a Andrew que se iba a casar y lo peor era que no dejaba de pensar en que lo más seguro es que Serena estuviera pensando que finalmente se había olvidado de ella. Cuando la realidad era que no se imagina el resto de su vida sin ella y mucho menos compartirla con otra mujer.

Mientras por su cabeza pasaban un sinnúmero de pensamientos el timbre de su departamento comenzó a sonar, dando un suspiro dejo a un lado la copa de whisky que se había servido y se levanto a abrir. Se sorprendió un poco al ver a la persona que estaba frente a él, pero al final se hizo a un lado y le concedió la entrada al hombre que le sonreía.

Vaya luces espantoso – fue el saludo de Andrew – Pero bueno, vayamos al grano que tengo una cita está tarde y no quiero retrasarme – le dijo mientras se servía una copa como si estuviera en su casa y se bebía su contenido de un solo trago – Estoy aquí por negocios, de hecho estoy haciéndole un favor a mi querido primo y quise aprovechar para decirte que hace poco vi a Serena – le dijo mientras se sentaba en un sofá. Yaten no pudo evitar sentir un poco de ilusión al saber que Andrew sabía dónde encontrar a la rubia – Como esta ella – pregunto mientras tomaba su copa nuevamente – Se encuentra bien, de hecho creo que nunca la había visto tan bien. Bueno… pero lo que voy a decirte ahora no creo que te lo tomes tan bien, por eso quise decírtelo en persona, Serena y mi primo acaban de tener un hijo – la noticia le cayó como un balde de agua fría. Un hijo, la mujer que amaba le acaba de dar un hijo a otro hombre. Quiso decir algo pero las palabras se le habían anudado en la garganta, la había perdido, con un hijo ella nunca podría volver su lado – Ella parece estar bien y creo que es momento de que continúes con tu vida sin preocuparte por ella…. Ahora creo que lo mejor es dejarte solo, estaré en la ciudad un par de semanas más por si me necesitas, aquí están los datos del hotel donde me hospedo – se despidió Andrew dejando sobre la mesa un pequeña tarjeta.

Yaten quiso emborracharse y olvidarlo todo, pero en el fondo sabía que eso no serviría de nada, sonrió al imaginar a la rubia con un pequeño entre sus brazos, había cumplido su sueño de ser madre solo que lo había hecho sin él. Miro la fotografía que descansaba sobre la mesa y se encontró con la sonrisa de aquella mujer a la que le había entregado su corazón hacía tantos años atrás, dio un suspiro luego de un par de minutos. Supo entonces que ella ya no lo necesitaba y aunque se alegraba por eso al mismo tiempo sentía un vació en su vida, siempre la había amado y sería casi imposible mirar adelante y darse cuenta que ella nunca estaría a su lado.

Recordó entonces la promesa que le hizo, ella quería que fuera feliz… y aunque le costara toda la vida lo iba a conseguir. Porque se lo debía, no había sabido cuidar de ella en el pasado pero por lo menos cumpliría su promesa.


Serena despertó esa mañana sintiéndose un poco extraña, a penas hacía un mes que había retomado la intimidad con Zafiro y aun le sorprendía encontrarlo desnudo a su lado. Un sonrisa perfilo sus labios, era algo tonto que se sintiera como si acabara de perder su virginidad cuando la verdad era que compartía su lecho con ese hombre desde tantos años atrás. Pero la verdad es que para ella la vida acaba de comenzar, finalmente había encontrado una razón para continuar, su hijo y ese hombre le necesitaban. Zafiro la había amado sin medida y a pesar de todo lo malo que le había hecho se merecía que ella le correspondiera un poco sus sentimientos.

Estaba por levantarse cuando los brazos del peliazul la rodearon nuevamente por la cintura y en poco tiempo se había situado nuevamente sobre ella. Sus ojos brillaban mostrándole el deseo que sentía nuevamente. Serena le sonrió y puso sus manos sobre su pecho para obligarlo a separarse de ella – Zafiro… sé que no quieres hablar sobre Yaten pero… – titubeo antes de continuar, pero cuando se disponía a seguir hablando la mirada furiosa del peliazul la tomo por sorpresa de la misma forma que lo hicieron sus palabras – No… no quiero hablar sobre él… ¡Maldición! Es que no entiendes que no voy a permitirte que vuelvas verlo, él y su hermano ya no forman parte de tu vida. Y antes de que lo digas tampoco les debes nada… o es que acaso has olvidado a la mujer que encontré hace cinco años en un parque de Tokio. Por Dios estabas destrozada, no tenías voluntad propia, casi estabas muerta en vida… ellos no consiguieron protegerte y por su culpa te lastimaron… así que lo último que vas a hacer en tu vida es regresar, es hora de que te metas en la cabeza que tu lugar está aquí a mi lado y eso no va a cambiar. Y escúchame bien porque es la última vez que lo digo, nunca… nunca te vas a ir de mi lado

Serena se quedo callada pero en el fondo sabía que Zafiro estaba equivocado, por supuesto que les debía mucho a los hermanos Kou, después de todo ellos habían sido su única familia desde que murieron sus padres, pero sobre todo sabía que Yaten no había sido el culpable de lo que le había sucedido, se pregunto entonces si el peliplateado se culpaba a sí mismo. Le asusto pensar que fuera así porque sabía que esa culpabilidad no le permitiría ser feliz. Sabiendo todo esto su resolución aumento, ella viajaría a Japón y nadie iba a detenerla.

Siento mucho que pienses de esa manera, pero sabes mejor que nadie que no pienso abandonarte… después de todo desde hace cinco años he sido solo tuya y eso no va a cambiar. Quiero que sepas que estos últimos meses he aprendido a ser feliz a tu lado y aunque quizá no me creas he llegado a quererte y a perdonar tus errores. Pero quiero que tengas claro que si esperas que todo siga como hasta ahora vas a dejarme regresar a Japón para ver a mi familia, incluso puedes viajar conmigo si así lo quieres, pero no pienses que vas a hacerme cambiar de opinión – le dijo mirándolo a los ojos, lo vio vacilar por un momento y sorpresivamente se arrojo a sus brazos – Por favor… si de verdad me quieres me dejaras resolver esta parte de mi vida que aun sigue inconclusa

Zafiro la sostuvo entre sus brazos, sabía que si no le permitía viajar la perdería nuevamente. Esa verdad lo hizo reconsiderar sus palabras, pero él viajaría con ella para asegurarse que volviera junto a él y a su hijo – Esta bien, iremos… pero tendrás que esperar a que arregle las cosas en mi trabajo a fin de poder ausentarme por un tiempo. Quizá necesite un par de meses, pero después de eso te llevaré a Japón – le dijo sin soltarla. Serena levanto la cabeza y le dedico una sonrisa y antes de separarse de su lado le beso suavemente los labios – Gracias… ahora creo que iré a ver si el bebe está despierto – comento mientras se encaminaba a la puerta – Ah, te parece bien si nos vemos en un momento para desayunar juntos – pregunto, pero no espero una respuesta y se marcho sintiendo que finalmente comenzaba a ser feliz en la vida que él destino había previstos para ella.

Zafiro se paso el resto de la tarde revisando el centenar de papeles que había sobre su escritorio, pero la verdad era que no podía concentrarse, no dejaba de pensar en lo que podría suceder cuando Serena y Yaten se vieran nuevamente, lo atormentaba pensar lo mucho que la rubia había amado a ese hombre, sobre todo porque en el fondo sabía que él peliplateado siempre ocuparía un lugar en el corazón de su amada y eso probablemente no cambiaría nunca.


Dos meses después el viaje a Japón se había retrasado indefinidamente y el peliazul se encargaría de que siguiera así, sabía de ante mano que le había prometido a Serena aquel viaje pero era demasiado arriesgado y no estaba seguro de querer correr ese riesgo.

Zafiro dejo el estudio sintiendo la culpa atormentándolo, claro que no era la primera vez pero no había encontrado otra opción. Sin embargo no podía evitar preguntarse si esta vez estaría yendo demasiado lejos, tal vez su amor por la rubia hubiera terminado por volverlo loco, pero no iba a dar marcha atrás, por lo menos hasta que Yaten finalmente se casará y rehiciera su vida… cuando al fin dejara de representar un riesgo para la vida que había construido junto a Serena. Cuando entro a la habitación que compartía con la rubia la encontró recostada sobre la cama, la verdad es que pasaba la mayor parte del día durmiendo. Sin saber cómo había optado por mantenerla drogada para evitar el viaje, pero verla en esa cama casi todo el tiempo lo hacía sentir el peor de los hombres. Pero la noche anterior había caído aun más bajo… la había violado, se había aprovechado de los efectos narcóticos de las drogas que le había suministrado para poseerla, pero es que la había necesitado tanto, necesitaba sentir su cuerpo bajo el suyo mientras la penetraba profundamente, necesitaba sentir que lo amaba, sin embargo cuando derramo su semen dentro de su cuerpo flácido, como si no tuviera vida, se había sentido como un canalla que no valía nada.

La observo a la luz de la luna y le pareció estar viendo a un ángel, su ángel. Se paso la mano por los cabellos sintiendo que probablemente era mejor dejarla ir. Pero el mero pensamiento lo lleno de desesperación, se desnudo y se metió a la cama junto a ella atrayéndola contra su pecho y paso mucho tiempo antes de que el cansancio se apoderara de él y sucumbiera a sueño. Un par de horas después escucho el llanto de su hijo que dormía en la habitación contigua. Se puso una bata y fue a buscarlo, cuando entro a la habitación la niñera ya estaba dando el biberón al pequeño, la despidió y se encargo de alimentarlo el mismo, poco rato después lo llevo entre sus brazos hasta la habitación que compartía con la rubia y lo recostó a su lado, entre él y la mujer que amaba, después de todo ellos eran su familia y nada ni nadie los apartaría de su lado.

A la mañana siguiente cuando Zafiro despertó sintiéndose observado y cundo abrió los ojos se encontró con la mirada celeste de su ángel, ella le regalo una sonrisa y en lugar de sentirse feliz la culpa le invadió el alma. Sabía que si ella supiera todo lo que estaba haciendo para evitarle alejarse de su lado ella lo odiaría si no es que lo ya lo hacía, pero a pasar de todo le correspondió con un beso en la frente.

Buenos días dormilona – le pregunto – Zafiro, que me está pasando… últimamente no puedo mantenerme despierta y me siento tan débil que yo… – le pregunto mirándolo a los ojos. Haciéndolo sentir como si ella ya conociera la respuesta, como si fuera capaz de leer sus pensamientos – No te preocupes, solo estas un poco débil porque no te has alimentado bien, pero el médico está seguro en que un tiempo más volverás a ser la misma de antes – le contesto sin atreverse a mirarla a los ojos.

Serena lo observo cuando se puso de pie y llamo a la niñera para que fuera por el bebe. Esa maña se sorprendió cuando se encontró a su hijo acurrucado entre su cuerpo y el del peliazul, pero no pudo reprimir el deseo de tomar una de sus pequeñas manitas y besar su cabecita, él era tan pequeño y ella tenía tanto miedo de lastimarlo. Pero cuando enfoco la vista en Zafiro supo que él nunca le permitiría hacerlo y entonces lo quiso un poco más. Sin embargo en ese momento al escucharlo decir que volvería ser la misma de antes le recordó que eso no era verdad, ella no podría ser la misma de antes. Ella había cambiado.

Cuando la niñera se llevo al bebe para hacerse cargo de él, Zafiro se acerco hasta ella y comenzó a besarla, el beso comenzó lento pero después de volvió más exigente. Sus manos comenzaron a tocarla por debajo del camisón y un recuerdo regreso a ella. En ese momento se sintió aterrada y lo empujo hasta que consiguió separarlo de ella – Lo siento, Zafiro, no sé qué me pasa – susurro sintiendo miedo de que los recuerdos regresarán a ella – No te preocupes, todo está bien ahora tomate las pastillas que dejo el médico y descansa un poco más – le dijo mientras le daba una pastilla, era el mismo medicamento que le había estado suministrando y con él que la mantenía drogada, alejada de la realidad, sin embargo también la mantenía a su lado.

Pero lo que Zafiro desconocía en ese momento es que ella lo sabía, que lo había descubierto en los días pasados, pero que de pronto le pareció que era demasiado tarde para hacer nada, sabía cuál había sido su error… había cometido la tontería de creer que entre ellos podía existir una relación como la que siempre había soñado, al final había comprendido que la felicidad no estaba hecha para ella. Ahora estaba demasiado cansada para pelear, era muy tarde para ella. En el momento que Zafiro dejo la habitación Serena ya se encontraba sumida en un profundo sueño. El peliazul entro a su despacho y desde ahí llamo a Andrew, esperaba que finalmente su primo le dijera que Yaten Kou ya estaba casado y por lo tanto ya no representaba ningún peligro para la frágil relación que lo unía a la rubia.


Taiki se encontraba esa noche esperando el regreso de Yaten había tardado mucho tiempo en decidir si era prudente señalarle a su hermano que el camino que había decidido tomar no era el correcto. Y al final después de una larga discusión con Lita, quien, por supuesto era ávida defensora de su Mina Aino decidió que no pasaba nada si intentaba hacerle ver a Yaten que tomar por esposa a la rubia no lo haría feliz como estaba empeñado en creer.

Ya era pasada la media noche cuando Yaten finalmente entro en su departamento y se llevo un susto al encontrar a Taiki esperándolo, supuso que no tenía razón para sorprenderse por esa inesperada visita a mitad de la noche cuando hacía semanas que lo esperaba.

Se porque has venido, pero no hay nada que puedas decirme para que cambie de idea… me caso en un par de meses y esa es una decisión que no voy a cambiar – aclaro mientras se quitaba el saco y lo dejaba sobre el sofá – Lo sé, pero no creo que este demás decirte que estas cometiendo un error… tu no amas a Mina y lejos de hacerla feliz convertirás su matrimonio en una tortura – le dijo mientras se ponía de pie y se acercaba al ventanal para observar la ciudad en calma – De qué demonios hablas, claro que la amo – se defendió el peliplateado sintiéndose irritado por las palabas de Taiki. Acaso el castaño creía conocer sus sentimientos, diablos, si solo supiera lo mucho que le había costado tomar esa decisión, darse cuenta que Serena nunca iba a volver a su lado había supuesto un duro golpe y sentía que ya había sufrido demasiado por su causa – En ese caso no voy a decirte nada más al respecto, ah otra cosa y antes de que diga nada recuerda que acabas de decirme que amas a Mina y que vas a casarte con ella – ambos se quedaron en silencio un par minutos antes de que Taiki reuniera el valor para decirle lo que le habían contado – Andrew vino esta mañana a la oficina buscándote, tenía que regresar a Milán esta tarde me dijo que sospechaba algo raro estaba pasando con Serena, pero que como nadie podía verla no estaba seguro… Yaten estoy preocupado por ella, no es normal que nadie pueda verla – se quedo callado al percibir la expresión en el rostro de Yaten. Sabía que esa noticia iba a cambiar definitivamente los planes del su hermano, pero tal vez ahora las cosas retomaría su camino natural – Voy a viajar a Milán y Zafiro Black tendrá que dejar que la vea si no quiere enfrentarse a un escándalo… – esperó la respuesta de Yaten, creyó que inmediatamente querría tomar el primer avión y saldría en busca de su amada, pero la respuesta que tuvo por parte de su hermano lo tomo por sorpresa – Creo que ella tomo su decisión hace casi dos años y yo ya tomé la mía, así que lo siento… no puedo ir contigo y creo que lo mejor sería que tu tampoco lo hicieras. Pero si esa es tu decisión, que tengas buen viaje y procura regresar antes de mi boda – dichas las últimas palabras se retiro a su habitación, esperando que él castaño no se hubiera percatado lo afectado que se encontraba, pero creía que había llegado el momento de que rehiciera su vida, y Mina era una buena mujer.

Taiki dejo el departamento de Yaten creyendo que probablemente era mejor que su hermano decidiera hacerse a un lado, pero esperaba que cuando volviera a Japón con Serena no cambiara de opinión. Porque estaba seguro que traería consigo a la rubia, ella no era feliz con Zafiro y el iba a ayudarla.


Zafiro estaba en su oficina cuando recibió la visita de Taiki, al final había terminado por recibir al castaño luego de haber intentado deshacerse de él las primeras cinco veces que estuvo ahí, pero ese hombre era muy persistente y lo habría echado a patadas nuevamente si no lo hubiera amenazado con ir a la policía a denunciarlo de secuestro, y no era que temiera ir a la cárcel si no que se armaría un escándalo que al final terminaría por perjudicar su trabajo.

Estaba sentado tras su escritorio cuando el castaño entro, ambos se miraron un par de segundos y finalmente fue Zafiro que rompió el silencio que se había formado – Que te trae por aquí Kou – pregunto sin haberle ofreció si quiera que se sentara – Lo sabes muy bien, pero de igual forma voy a decírtelo… quiero ver a Serena – Zafiro sonrió al escucharlo, por supuesto que sabía que había venido a verla, lo que no estaba seguro era de que esa fuera una buena idea – Y tu hermano – pregunto esperanzado de que el peliplateado ya se hubiera casado y finalmente el pudiera respirar tranquilo nuevamente – Está a punto de casarse… pero vayamos al punto, entre mi hermano y Serena nunca podrá volver a pasar nada. Creo que lo dos estamos de acuerdo en eso, razón por la cual no entiendo porque se empeña en aislarla del mundo

Zafiro sabía que el peliplateado tenía razón, ya había llegado demasiado lejos, el único problema que tenía ahora era que Serena no estaba en condiciones de recibir a su hermano, pero no podía evitar por más tiempo el encuentro al final buscaría una escusa para el estado de la rubia – Muy bien, si no tiene nada que hacer ahora creo que es un buen momento. Pero debe saber que ella ha estado enferma y últimamente se encuentra un poco débil – le dijo mientras se ponía de pie y toma el abrigo que había dejado descansando sobre el respaldo de su asiento.

Taiki solo asintió, no iba a decir nada, por lo menos no lo haría hasta ver el verdadero estado de la rubia, tenía que ser cauteloso hasta que pudiera comprobar que Serena no estaba siendo maltratada.

Pasó media hora hasta que finalmente estuvieron frente a la mansión de Zafiro en aquella ciudad. Cuando entraron en la enorme casa el castaño se sorprendió al ver que parecía desolada, no se encontraron a ningún empleado. Pensó que probablemente así eran las cosas entre la gente de esa clase, pero también supo que Serena no podía vivir feliz de esa manera, ella siempre había sido sencilla y por sobre todas las cosas irradiaba felicidad. Cuando llegaron a la estancia el peliazul se disculpo y salió a buscar a la rubia, pasó casi media hora antes de que él volviera trayendo consigo a su esposa, pero que en pasado ella había sido simplemente un miembro más de la familia Kou, su hermana.

Taiki espero por un momento que ella se abalanzara sobre él como lo hacía en el pasado y lo saludara efusivamente, pero la mujer que ahora tenía frente a él no se parecía en nada a aquella dulce niña y sin embargo tampoco era como la exuberante mujer que vio por última vez en Canadá, se veía tan diferente, tan indefensa… tan sola.

Por su parte Serena sintió deseos de abrazar a Taiki, su hermano, pero no supo si sería bien recibida y prefirió no hacerlo, simplemente se quedo mirándolo, deseando inútilmente que él hubiera venido a por ella.


Bien espero que lo hayan disfrutado…

Atte.- KuMiKo Kou