Capítulo 10: La calma que precede a la tempestad.
Sentado en la ventana del despacho del director Kadar miraba las estrellas reflejándose en el lago sin verlas, con la mirada ausente.
Un sonido como de un latigazo tronó por la mansión, alertando a todos los mortífagos de la sala que alguien se había aparecido.
- ¿A qué ha venido eso? – bramó la voz de Kadar, más grave de lo que era habitual y en un tono mucho más serio. - ¿Cómo demonios se os ocurre presentaros en Hogwarts, poniendo en serio peligro mi papel sin la autorización y sin si quiera avisarme?
- ¡Oh! Cierra el pico, idiota. –gruñó Bellatrix- para empezar, claro que teníamos el consentimiento del Señor tenebroso, el cual autorizó esto para lograr más rápidamente lo que se supone que tú estás intentando hacer. A estas alturas tanto Snape como tu querida esposa y su hermana deberían estar muertas.
Kadar esbozó una sonrisa fría.
- He estado intentando que desconfíen los unos de los otros, pero al parecer no es nada fácil. Calíope confía ciegamente en Black, incluso creo que tendrían futuro como pareja, fíjate tú. –dijo guiñándole un ojo a Bellatrix, que le miraba fríamente- Y resulta que mi amada esposa confía demasiado en mi cuñada como para despegarse de Snape, o sea que solo nos queda esperar. –finalizó dramáticamente Kadar.
- ¿Cuánto? –gruñó Bellatrix- El Señor Tenebroso ha de haber aniquilado a todos sus enemigos antes de alzarse por completo.
- Pues no lo sé…- dijo, llevándose el índice a la barbilla con expresión dubitativa.- Hasta Navidades aproximadamente…
- Se lo comentaré al Señor Tenebroso. – dijo Bellatrix- Quizá a él se le ocurra algo.
Kadar palideció visiblemente, pero no dijo nada.
- De acuerdo. –murmuró.-esperaré en Hogwarts nuevas ordenes.
Y tras hacerle a Bellatrix una reverencia burlona desapareció.
Kadar levantó la vista del lago y salió de su ensoñamiento al oír tras de sí unos ligeros paroso que se le acercaba por detrás. Los brazos de Akasha le rodearon la cintura y le dio un beso en la mejilla. Kadar sonrió, se giró y la abrazó.
- ¿Qué te pasa, cariño? Son más de las doce de la noche…-preguntó Akasha medio dormida.
- No te preocupes, Akasha, no es nada. – dijo sonriéndola- No tenía sueño y no quería despertarte.
- No me refiero solo a que haces aquí esta noche. –dijo ella, mirándole a los ojos-Últimamente te noto preocupado, desde la visita del ministro…
- Me dejaron preocupado los mortífagos. –replicó él, apartando la vista.
- Bueno, todos estamos un poco preocupados por eso, hombre, pero eso ya fue hace casi un par de meses. –dijo Akasha sonriendo- Pero ahora no es momento de preocupaciones, Cali y Sirius están cual dos tórtolos y además se acerca la Navidad.
- Sí, -murmuró él repentinamente serio- Se acerca la Navidad…
Un rayo de sol cruzó la habitación y le dio en pleno rostro a Sirius, que se removió inquieto en la cama y miró a la chica que dormía a su lado. Calíope se quedó mirándole sonriéndole.
- ¿Has dormido bien?- preguntó ella.
- Bien si, aunque muy poco.- comentó él con una sonrisa pícara.
- Anda que….Levanta que tenemos que ir a desayunar. – exclamó Calíope.
- Sólo un poquito más.- pidió Sirius girándose en la cama.
- Ni hablar, ¡muévete!- dijo Calíope tirando de la manta.
- Que fríiiioo…
Ella iba a tirar de Sirius para levantarle cuando oyó que alguien golpeaba la puerta.
- ¿Si?
- Cali- dijo la voz de Akasha detrás de la puerta.- Ya es hora de desayunar.
- ¿No pasas?-preguntó Sirius.
- Me parece que no.- negó Akasha.- No me apetece ver vuestro espectáculo.
- ¿Qué espectáculo?- preguntó Calíope.
- Déjalo y sal ya, que tienes que llevar el desayuno a Snape.
- Vale.
Calíope cruzó la habitación para buscar algo de ropa en los cajones de la cómoda.
- Te espero abajo.- dijo Sirius dándole un beso en la coronilla.
- Que no nos vean juntos ¿eh?
- ¿No eras tu la que no quería provocar los chismorreos?- preguntó Sirius, divertido.
- Sería curioso ver sus reacciones.
- Mucho, pero quizá no sea el momento.
- ¿A que te refieres?
- A que tendrás que esperar hasta después de la boda de Bill y Fleur para causar una verdadera impresión.- explicó él.
- Ya veo. Esperaré.- prometió ella, riéndose.
Snape estaba tumbado encima de la cama hasta que vio aparecer a Calíope por la puerta con el desayuno. La chica iba tarareando una canción, y tenía el pelo algo más largo.
- Buenos días.- dijo ella.
- Buenas.
- ¿Qué tal has dormido?
- ¿alguna vez te he dicho que pareces mi madre?- gruñó Snape.
- Uy, que mamarracho estás hoy…- dijo ella escéptica.
- ¿mamarracho?- preguntó él, malhumorado.
- A ver, ¿qué te pasa?- preguntó ella, sentadose con él en la cama.
- No me pasa nada.
- ¿Estás enfadado con Akasha?- cuestionó Calíope de pronto.
- No, ¿por qué?- respondió él sorprendido.
- No sé, como siempre estáis enfadados… y ella te trajo ayer la cena, fue la última a la que viste.
- No, no me pasa nada con ella.
- ¿Entonces con quién?
- Con nadie. ¿Quién te ha dicho que esté enfadado?- discrepó Snape.
- A ver, deja que adivine….
- Lo que me faltaba.-dijo él levantándose de la cama y acercándose a la mesa.
- ¿Qué te molesta?
- Ya te he dicho que nada.
- Vale, lo volveré a intentar: te molesta Kadar.
- ¿Por qué me iba a molestar ese payaso?
- Te lo has dicho todo tú solo. ¿Qué te disgusta?
Snape la miró fijamente, con una mueca de fastidio, y le dijo:
- ¿Y por qué no iba molestarme?
- Ya veo, usando psicología inversa ¿eh?- cuestionó Calíope.
- Me estás tocando la moral, ¿sabías?
- Repito: ¿qué te molesta de él?
- ¿Es que soy el único que lo ve?- gruñó.
- ¿Qué ves?
¡Que es malo, maldita sea!- gritó.
- ¿Malo?- cuestionó ella.
- Sí, se le ve en los ojos.
- En los ojos, comprendo.- dijo Calíope escéptica.
- Si te vas a burlar no preguntes.
- Tiene que haber algo más. No te puede molestar que sea malo.
- ¿Por qué yo también lo soy?- preguntó él mosqueado.
- No, por eso no, pero si Akasha….- dijo ella, pero se interrumpió a la mitad de la frase. Snape se quedó mirándola, mientras ella se tapaba la boca con una mano y se echaba a reír.
- ¡Es eso! ¡ A ti te gusta Akasha!- exclamó ella con una sonrisa.
- ¿De que hablas?- disimuló Snape, pero no consiguió engañarla.
- ¡dios mio! No me lo esperaba, la verdad.- comentó ella.
- Genial , ¿por qué no pides que te den el puesto de Trelawney?
- Que mal perder….
- Estás tu muy graciosa desde que estás con Black.
- Todo se pega, menos la hermosura. ¿Vas a decirle algo?
- ¿Decirle qué a quién?
- Pues a Akasha, que te gusta.
- Si claro, cuando se presente aquí le digo: Oye, ¿tienes planes para esta noche?
- No sería un mal principio, sino fuera porque está casada.
- Complica las cosas, ciertamente.
- Puedes probar.- dijo ella.
- Si, pero no me gustaría acabar muerto por un ataque suyo de furia, o de su querido esposo.
- ¿Kadar? Bah, no mataría ni a una mosca.
- No me gustaría hacer la prueba.- comentó Snape.
- Bah, atrévete, ¿Qué puede pasar?- desafió ella.
Y por un momento Snape se lo planteó.
Fue pasando el tiempo y llegó lentamente Diciembre. Snape evitó olímpicamente hablar con Akasha y ella no dio el menor indicio de desear lo contrario.
Todo el castillo se preparaba para las vacaciones y parecía que nadie deseaba quedarse allí en Navidades. Calíope, Akasha, Sirius y Kadar habían sido invitados a la boda de Bill y Fleur en la Madriguera.
- Y tendremos que llevarnos a Yuui, no le iremos a dejar aquí solo- dijo Akasha una noche, mientras estaban reunidos una noche estaban reunidos los cinco(el quinto era Snape)
- Hombre, no íbamos a dejarle tirado. – bromeó Sirius.
- Tampoco íbamos a dejarle con Snape.- dijo Kadar con una sonrisa, mientras este le miraba ceñudo.
- Le mandaré una lechuza a Molly, preguntándole si le importa que vaya.- dijo Akasha, sin percatarse de las miradas que se estaban echando Kadar y Snape.
- A todo esto- interrumpió Sirius.- ¿Qué hacemos con Snape?
-Tú nada, Black.-refunfuñó Snape.
- Yo no pensaba hacer nada por ti.- respondió Sirius enfadado.
- Ale, que haya paz.- pidió Calíope.- ¿Tu qué piensas Akasha?
- No sé, quizá….podríamos darle un poco de poción multijugos ¿no?
- Buena idea, ¿Qué os parece?
- Por mí vale.- dijo Sirius.- No diremos nada a nadie y punto.
- ¿No le diremos a los que estén allí que Snape está allí y es un asesino?
- ¿Le tenemos qué decir algo a los demás de ti?-cuestionó Snape.
- No es necesario, de mi no hay nada malo que decir.
- ¿Seguro?
- ¿Estás cuestionando algo?
- Yo no cuestionó nada, simplemente hago acusaciones concretas.
- ¿Y tu que sabrás?- preguntó Kadar, poniéndose en pie.
- Venga, dejadlo ya.- dijo Akasha, incómoda.
Snape pareció quedarse parado al escucharla, pero cuando Kadar lanzó una risa desdeñosa, se giró hacia él y le pegó un puñetazo en la cara. Akasha y los demás se levantaron de la mesa para separarles. Antes de que consiguiesen llegar hasta ellos Kadar lanzó una patada a Snape, que también cayó al suelo. Ambos se acercaron de nuevo para volver a pegarse cuando…
- ¡Incárcero! ¡Incárcero!
Akasha sostenía la varita ante ellos, y de ella salieron dos cuerdas que les ataron de cuerpo entero. Snape murmuró un rápido hechizo que hizo que las cuerdas desaparecieran y se dirigió a Kadar, el cual al ver que se aproximaba se tumbó de espaldas y le dio con los pies en el pecho, antes de que pudiese sacar la varita o volver a golpearle. Snape reculó, sacó la varita y lanzó un rayo de luz roja hacia Kadar, que se revolcó en el suelo de modo que solo le dio parte del hechizo a las cuerdas que le ataban. Sacó la varita y con la cara inexpresiva murmuró:
- ¡Cruc…!
- ¡Qué ya basta, par de idiotas!- gritó Akasha.- ¡Aguamenti!
Un chorro de agua a presión que reflejaba perfectamente el carácter de quien sostenía la varita baño de pies a cabeza a los dos contendientes.
- ¿Qué se supone que estáis haciendo? – grito ella de nuevo levantándoles por la parte de arriba de la túnica y dándoles un empujón a cada uno en sentidos opuestos. – Ni se te ocurra volver a usar una maldición de ese tipo aquí, Kadar, y a ti –gritó, volviéndose hacia Snape- deja de saltar a la mínima de cambio sobre la gente y ten un poco del autocontrol del que tanto alardeas.
Antes de que ninguno en la sala pudiese hablar, Akasha salió de allí como alma que lleva el diablo. Snape salió detrás de ella sin que nadie pudiese evitarlo.
Ella corrió por los terrenos de Hogwarts, y Snape aceleró para llegar hasta ella. Le agarró un brazo y tiró de ella para que parase de correr. Akasha se giró y le miró con furia.
- ¿Qué? ¿ Ya has terminado de pelear?- le echó en cara.
- Ha sido una estupidez. Te pido perdón.
- Que bien. ¿Y a mi qué?
- ¿y a ti que? ¿te pido perdón y me dices eso?
- Creo que no lo entiendes. No me importa que me pidas perdón. Eres como él, no lo dices de corazón.
- ¿Cómo quién?
- ¡Como Kadar!- gritó ella.
- ¿Ahora soy como él?
- Siempre lo has sido.
- No soy como él.
- ¿En qué eres distinto?
- Yo no te beso.
- ¿Qué…?
Snape no pudo evitarlo, y acercándose a Akasha, la besó. Ella al principio se sorprendió y quiso apartarse, pero terminó besando a Snape en los terrenos de Hogwarts, tras la pelea con su marido.
