Capítulo 11: El mar de Alola.

Más al norte del territorio del rancho, Ash llegó a los inicios de la ruta 5. Miró el mapa en su Rotomdex. No tenía que cruzarla, tan sólo tomar un desvío hacia el oeste y en pocos minutos estaría en su siguiente destino. Llegó a un tramo donde la maleza era densa, se redujo la visibilidad a manera de un corredor natural. Al atravesarlo se encontró con otro espectáculo natural de la región: La colina Brooklet. Eran unas enormes formaciones rocosas que conformaban docenas de piscinas naturales en diferentes niveles. El agua descendía por cascadas a cada una hasta llegar al mar. Los Pokémon nadaban y saltaban dentro de cada piscina. Rotomdex le tomó una foto panorámica al lugar. Ash salió corriendo seguido de Pikachu. Admiraba con asombro ese paisaje y los Pokémon, en su mayoría eran Magikarp y Goldeen. La madre naturaleza había acomodado ese lugar con estética sublime. Fue bajando nivel tras nivel por un sendero que las bordeaba hasta llegar a la piscina más baja, era la de mayor tamaño. Gracias al agua cristalina podía ver claramente lo que había debajo. Había un montón de Pokémon acuáticos de una misma especia. Rotomdex proyectó la imagen de ellos en su pantalla.

Wishiwashi. El Pokémon sardina. Al sentirse amenazado sus ojos emiten cierto brillo, algo que atrae a otros miembros de su especie, y juntos luchan como un mismo ente.

–Oh vaya… Si ese es el caso mejor no molestarlos.

Rodeando la piscina pudo llegar hasta la orilla del mar. Ahí quería probar la siguiente etapa del servicio de Pokémonturas. Mallow le dio su voto de confianza y le aprobó de inmediato su licencia. La chica regresó a su casa para seguir ayudando en el restaurante. Rotomdex grabó la información de contacto de ella para poder encontrarse en otra ocasión.

Ash dejó su mochila debajo de una palmera. Rowlet como de costumbre seguía dormido dentro.

–Luego vuelvo por ti Rowlet – le dijo mientras lo acariciaba. Entre sueños Rowlet le sonrió a su entrenador.

–Yo me quedo. No quiero arriesgarme a que el agua dañe mis circuitos.

–El profesor dijo que eres a prueba de agua.

–Mejor prevenir que lamentar. Rotom – la dex viviente se cruzó de brazos.

Ash sólo tomó unas cosas dejando su mochila y se acercó a la orilla con su Ride pager. Abrió el menú para monturas acuáticas y pidió el servicio. Nuevamente su ropa fue cambiada en un flash. En esa ocasión tenía un flotador en el torso, mallas y un casco con lentes protectores y respirador. Este último tenía uno de esos parlantes especiales que permitían dar órdenes a los Pokémon debajo del agua. Ya equipado, vio las opciones y no tardó en elegir. Oprimió el botón y tomó la pokebola plateada. Al abrirla apuntando al agua apareció un Sharpedo con una silla de montar color amarillo de aspecto aerodinámico… ¿o acuadinámico?

Ash entró al agua seguido de Pikachu. El roedor amarillo subió al hombro de su entrenador cuando ya estaba sentado. Con una orden el Sharpedo salió disparado como torpedo. Se alejaron de la costa. Ash le ordenó acelerar para poder hacer giros en mar abierto. Si se topaban con una ola Ash la usaba a manera de rampa para poder saltar montando al Sharpedo.

Luego le ordenó bajar y ambos se sumergieron. La fauna marina de la región de Alola se desplegó ante ellos. Bajó la velocidad para acercarse a un coral. Vio un extraño bulto negro y sin miedo alguno le dio un toquecito. La extraña criatura desprendió un apéndice blanco con forma de mano haciendo una señal de paz. Ash, fascinado, le devolvió el gesto. Por desgracia Pikachu no contaba con suministro de oxígeno y se soltó del hombro de su entrenador para subir a la superficie. Ash lo siguió y lo volvió a tomar para subir.

A penas lo hicieron delante de ellos apareció un Pokémon acuático colorido y con dientes filosos. Se sacudía en medio del aire. El joven de Kanto soltó una exclamación echándose hacia atrás y cayendo como resultado. Nadando, regresó a su Sharpedo y zafó la careta. Suspiró de alivio. El pez ya no estaba. Veía a un Lapras con una silla de montar que más lucía cómo una plataforma roja. Encima estaba una jovencita de pelo y ojos azules. Tenía una camisilla blanca, pantalones azules y sandalias de un azul más oscuro. Sumado a un casco y chaleco flotador de color azul. Al lado tenía a un Popplio. La chica empezó a reír junto a el león marino que aplaudía con sus aletas. Ash sintió un toque de vergüenza y luego rio junto con ella.

–Alola – dijo Ash volviendo a subir al Sharpedo.

–Alola – respondió ella.

–Soy Ash Ketchum de pueblo Paleta y este es mi compañero Pikachu.

–Un placer, me llamo Lana y mi compañero es Popplio.

El león marino se irguió sobre sus aletas traseras y extendió las delanteras con un aire grácil.

–¿De pesca? – Preguntó Ash.

Ella asintió.

–Yo también pensaba pescar luego de dar un paseo ¿Este es un buen sitio para hacerlo?

Lana torció ligeramente la boca como si pensara y luego respondió.

–No exactamente. Ya he probado aquí y no he tenido buenos resultados.

-Oh, bueno. Entonces supongo que intentaré en otro lugar.

– ¡E-espera! – Le llamó ella antes de que se alejara – Sí conozco el mejor lugar para pescar en toda la región de Alola.

– ¡¿El mejor de Alola?!

Ella asintió con una sonrisa amplia.

–Te llevaré ahí.

–¡Perfecto!… eh solo dame un momento. ¿Si? tengo que cambiar de montura para poder pescar.

Lana guardó su caña y tomó dos palancas en su asiento que lo hicieron girar 180 grados. Ambos se acercaron a la orilla. La playa de esa parte de la isla era estrecha y pedregosa, nada atractiva para las masas de turistas. Ash le agradeció a su ayuda a Sharpedo y lo regresó a la Pokebola. Sabía que Lapras era el Pokémon reglamentario para la pesca. Ash puso la capsula de regreso en el Ride pager para que se hiciera la transferencia. Miró a Lana.

–¿No usas el equipo reglamentario de Pokemontura? – preguntó.

–Me siento más cómoda con mi propia ropa. Con el papeleo adecuado puedes tener permiso para esto mientras uses un casco y flotador. De hecho este Lapras es mío y no de la compañía de servicio.

–Ah eso no lo sabía.

Ash no le dio mucha importancia tampoco y llamó a su propio Lapras. Luego de subir, el joven siguió a la chica hasta aguas profundas; varios kilómetros mar adentro. Desde que había llegado a Alola una misteriosa nostalgia lo abordaba constantemente. Fue el turno de los recuerdos del viaje de las islas Naranja. A diferencia de esa época ahora estaba sobre un asiento. Sin embargo, en esos días jamás pensó ni por un segundo que ir sentado en el caparazón de su Lapras fuera incómodo.

Lana se detuvo finalmente. Parecían estar equidistante a todas las cuatro islas.

–Aquí es – le dijo girando su asiento – Las distintas especies de Pokémon habitan a diferentes profundidades, pero en este punto puedes pescar de todas las clases ¡Incluso Kyogre!

–¡¿KYOGRE?! – exclamó Ash y Pikachu chilló. Casi pareció que iba a volver a caer de su asiento.

Lana rio.

–Era broma – siguió riendo.

Ash suspiró. No era una aventura que quisiera revivir. Del bolsillo de su chaleco tomó una caña retráctil y la extendió. La equipó con su mejor posesión cuando de pesca se trataba.

–Anzuelo Misty, dame lo mejor de ti una vez más.

Ambos entrenadores arrojaron su línea al mar. Incluso Pikachu quiso unirse a la actividad. Bajó a un lado del Lapras y metió su cola en el agua. Algo no tardó en picar el anzuelo de Lana. Con un movimiento preciso la chica jaló su caña y sacó del agua a un Alomola. Luego le dio un poco de comida Pokémon y le sobó la cabeza. El Alomola recibió los buenos gestos con gusto. En los siguientes pocos minutos Lana pescaba Pokémon tras Pokémon con una gran habilidad. Su Lapras terminó rodeado.

–¡Anzuelo Misty! ¡¿Por qué me has fallado?! – gritó Ash un tanto irritado. Seguía sin pescar algo.

Hasta el Slowpoke de una roca pescó un Sharpedo sin problemas. Fue el turno de Pikachu para pescar algo. El roedor amarillo se aferró al Lapras evitando que fuera arrastrado al mar. Haciendo fuerza sacó su cola que tenía un Magikarp aferrado. El pokemon soltó a Pikachu y voló hasta caer en el regazo de Ash. Le dio unas bofetadas rápidas al joven con su cola y luego saltó de nuevo al agua. Pikachu quedó decepcionado y triste por no conservar su pesca. Las mejillas del muchacho se hincharon y enrojecieron. Volvió a ver a Lana. Ella estaba de pie en la plataforma con sus ojos cerrados y caña en mano. Ash pudo ver que la línea de pesca estaba muy alejada. Lana abrió sus ojos de repente con una expresión de seriedad. Se podía ver las flamas de una fuerte convicción en sus pupilas. Dio un jalón con todo su espíritu. Un enorme cumulo de agua se alzó encima de la superficie y casi a manera de la erupción de un géiser un Wailord saltó por la superficie. Los ojos de Ash y Pikachu se desorbitaron viendo al Pokémon gigante saltar pasando por encima de la chica. El rocío permitió la formación momentánea de un arcoíris. Lana no tuvo problema en entablar amistad con el Pokémon gigante.

El joven de Kanto estaba impresionado y a la vez un tanto decepcionado. Finalmente algo picó su anzuelo. Con ansias enrolló la línea y dio un jalón. El mismo Magikarp salió del agua otra vez. Apenas estuvo en sus brazos le atinó otras cachetadas con su cola antes de regresar al agua. Lana y Popplio no pudieron contener las carcajadas. El siguiente en morder el anzuelo de la chica fue un majestuoso Milotic. Lana lo dominó fácilmente y le dio comida para domarlo. Ya con el Wailord y el Milotic no había espacio alrededor del Lapras.

-–Gracias a todos – les dijo – pueden irse. Otro día volveremos a competir.

Los Pokémon se dispersaron. El Milotic fue dando saltos dibujando perfectos arcos, pero cuando pasó al lado de Ash le dio un coletazo que lo mandó volando varios metros en el aire. Definitivamente no era su día de suerte.

–¡Ah! ¡No voy a rendirme! – exclamó Ash apenas salió a la superficie. Lana sentía una mezcla de admiración y pena.


El pobre chico parecía haber venido de alguna batalla. Fue su pesca más peligrosa de todas y eso era decir mucho. No dejó de recibir aletazos, coletazos y mordiscos en toda la tarde. Lana lo acompañó de regreso a donde tenía sus cosas temiendo que quizá perdiera el conocimiento y se cayera de su silla. Regresaron a la colina Brooklet. Un aparato parlante empezó a revolotear alrededor de Ash preguntándole sobre lo que le había ocurrido. El siguiente en llegar fue Rowlet. Llegó volando y se posó en el borde del asiento de Ash.

–¡No pude pescar nada! – se lamentaba Ash.

Rowlet torció su cabeza, confundido. Pero quería animar a su entrenador. Giró su cuello para ver en el agua que los rodeaba. Alzó el vuelo y luego se abalanzó en picada al agua. No se zambullo. Apenas sumergió sus patas se elevó con un pez entre sus garras. Regresó volando y se lo ofreció con el pico a su entrenador. Ash estaba impresionado.

–Agradezco la intención Rowlet – le dijo – pero mejor regrésalo.

Rowlet no entendía. Pensaba que podría alégralo. Soltó al Wishiwashi, indignado. Entonces notaron que un grupo de sombras empezaron a rodear al Lapras. Con forme daban vueltas se iban juntando formando una sola. Lana se alarmó. Sin pensarlo mucho, tomó su caña y arrojó su anzuelo al agua justo donde creía que debía hacerlo. Pese a estar preparada sintió un fuerte jalón que casi la tumba. Del agua saltó una enorme criatura. Parecía ser un pez enorme conformado por peces más pequeños. Los Wishiwashi habían cambiado sus colores y se acomodaron para conformarlo. No era tan grande como un Wailord, pero su aspecto era mucho más imponente y amenazante. Sin mencionar que lo rodeaba un aura incandescente. Lana logró desviar la trayectoria de su salto. De lo contrario Ash hubiera terminado entre sus fauces.

– ¡¿Qué es eso?! – exclamó el chico.

–¡Es un Wishiwashi en su forma banco! ¡Rotom!

La enorme criatura se movía por debajo de ellos podían ver su sombra debajo del agua y su aleta dorsal que cortaba la superficie. Pikachu puso una expresión seria y sus mejillas soltaron chispas.

–¡Alto pikachu! – Lo detuvo Ash – Puedes lastimar a otros con tu ataque eléctrico. Hay que hacer otra cosa.

El roedor dejó de producir electricidad. Lana apretó su agarre. Ya no había vuelta atrás.

–¡Déjame enfrentarlo a mí! – Gritó Lana para sorpresa de Ash – ¡Esta es una batalla que tenía que hacer tarde o temprano!

Lana jalaba de su caña. Su Lapras se acomodaba para que su entrenadora tuviera siempre el mejor ángulo. Ash observó con ansias esa escena. Popplio no pudo seguir viendo a su entrenadora luchar por su cuenta. El león marino dio un salto y se zambulló en el agua. Pudo ver como el Pokémon tótem se sacudía con la fina línea de pesca en su boca. A orden de su entrenadora Popplio disparó un Rayo Burbuja. Los proyectiles impactaron sin causar mucho daño. Hicieron enojar al Wishiwashi. Popplio soltó una exclamación cuando lo vio venírsele encima. Lana jaló de su caña y su Lapras cambió de posición nuevamente. Lograron frenar a Wishiwashi y permitirle una nueva oportunidad de ataque a Popplio. El segundo Rayo Burbuja produjo tanto daño como el primero. Entonces un ataque de agua golpeó a Popplio por el costado.

–¡¿Rotom que está pasando? – preguntó Ash.

La enciclopedia viviente vaciló un segundo antes de entrar bajo el agua. Pudo ver que una criatura marina de color rosado producía un brillo verde que le devolvía la vitalidad al Wishiwashi. De inmediato regresó.

–¡Es un alomola! ¡Rotom! Está auxiliando al Wishiwashi.

Ash tomó la decisión de intervenir. Extendió su caña y deseó que al menos tuviera esa pesca exitosa. Lanzó el anzuelo Misty cerca de donde venía el brillo. El Alomola vio de reojo el anzuelo. Sintió la necesidad de morderlo y dejó ejecutar el Pulso Cura. Ash logró sacar al Alomola del agua. Pikachu lanzó una Bola Voltio que logró darle en medio del aire sin que la electricidad se dispersara por la zona. El Alomola soltó el anzuelo y luego huyó llorando. Tan dolorosamente como el lamento de una dama con el corazón roto. Lana agradeció la ayuda de Ash sin distraerse de su propia lucha. Popplio continuó lanzando ataque tras ataque al Wishiwashi. Lana no le daba libertad de movimiento. Todos perdieron la noción del tiempo, con excepción de Rotomdex que registraba todo evento sistemáticamente.

El Wishiwashi seguía persiguiendo a Popplio. Su entrenadora presentía que el momento clave se acercaba. Se preparó cuando su aleta dorsal volvió a salir a la superficie. En el momento en que asomó su cabeza Lana jaló con todas sus fuerzas logrando hacer que el Pokémon tótem saltara. Era la mejor oportunidad para golpearlo.

–¡Ahora Popplio! – exclamó

El pequeño Pokémon saltó y fue rodeado por un potente torrente de agua. Como un misil fue volando directo hacia la boca del Wishiwashi. Se escuchó un impacto y Popplio atravesó el cuerpo conjunto logrando deshacer la formación de las sardinas. La línea de pesca se aflojó. Lana se desplomó sobre su asiento. Estaba exhausta. Le dolían los brazos y las piernas. Por un par de segundos los Wishiwashi cayeron como lluvia al agua. Rotomdex los filmó. Ash se acercó preocupado por Lana. Dio un salto para llegar a su asiento. La chica no pudo contener un quejido de dolor cuando soltó su caña. Sus dedos parecían haberse quedado trabados en esa posición y su piel estaba enrojecida. Ash la ayudó con la caña y le puso la mano en un hombro.

–Lo hiciste bien – le dijo. Su sonrisa alegre le provocó un efecto anestésico a sus dolencias.

Ambos Lapras nadaron hacia la orilla. Ash ayudó a Lana a bajar. La chica contuvo un chillido cuando el joven la sujetó por la cintura con ambas manos y fácilmente la bajó. Quería agradecerle y deseaba que no se notara su sonrojo.

Ash desactivó el servicio de montura, regresando a sus ropas ordinarias. Escucharon un llamado. Al darse la vuelta vieron a un Wishiwashi con la cabeza fuera del agua. En su boca tenía una gema brillante color azul. Lana se acercó sin ningún temor y recibió con gusto el Waterium Z.

–Gracias – le dijo Lana –. Fue una lucha emocionante.

Wishiwashi dio un salto de alegría antes de volver a sumergirse.

– ¿Todo esto era una prueba? – preguntó Ash. Lana asintió.

–Siempre temí que no sería lo suficientemente buena para lograr pasarla.

–¡¿De qué estás hablando?! ¡Eres asombrosa! – Le puso sus manos sobre sus hombros, exaltándola – debes tener más confianza en ti misma y no tener miedo de gritar a los cuatro vientos que quieres alcanzar tus sueños–Ash la soltó y se volvió hacia él océano – ¡Región de Alola! ¡Hoy me la has puesto difícil! ¡Pero no me rendiré! ¡Me haré más fuerte aquí! ¡Y algún día seré el mejor maestro Pokémon de todos!

Pikachu vitoreó junto a su entrenador. Lana soltó una risa por lo debajo y fue contagiada por ese espíritu. Inhaló profundamente.

– ¡Tengo muchos sueños! – Gritó – Realmente quiero ver a Kyogre. Quiero ver a Lugia. Quiero explorar las profundidades del océano dentro de un globo de Popplio. Quiero visitar el lejano Pueblo Hoppy donde los mejores pescadores del mundo se reúnen y compiten ¡Y superarlos a todos!

– ¡Así se habla! – le animó Ash.

Un fuerte viento les llegó. Ash instintivamente se cubrió el rostro y en el siguiente instante notó que ya no tenía su gorra. Miró a todos lados buscando a donde había caído.

Sintió los temblorosos y débiles dedos de Lana rodearle la muñeca. La chica tenía una expresión de terror mientras veía algo en lo alto. Ash dirigió la mirada hacia la misma dirección. Sobre ellos estaban cuatro figuras levitando en el aire. Eran unas criaturas que el joven jamás había visto. Una de ellas que tenía unas corazas amarillas a lado y lado tenía agarrada su gorra.

–¡Alerta! ¡Alerta! – Gritaba Rotomdex – ¡Son los cuatro guardianes de la región de Alola!

Los cuatro tenían piel negra y una fisionomía humanoide, aunque carecían de extremidades inferiores y tenían corazas de diferentes formas y colores. Uno era amarillo, otro azul, otro rosado y el último rojo. Todos tenían un patrón de triángulos blancos en su coraza. Ash se preguntó si eran peligrosos. Sin embargo todo temor desapareció cuando les cayó encima el brillo que el rosado desprendía. Las dolencias de Ash y Lana cesaron y sus heridas desaparecieron. El azul extendió sus brazos y un objeto circular fue flotando hacia ellos. Era un aro-Z hecho de rocas blancas y azules. Se detuvo en frente de Lana

–¿P-para mí? – preguntó, nerviosa. El azul asintió.

Ella lo tomó y el aro liberó un resplandor azul. Los guardianes desaparecieron. Pikachu terminó con la gorra de Ash sobre su cabeza. Lana quedó ensimismada viendo el aro-Z en sus manos. Reaccionó cuando Ash puso sus manos sobre las suyas. Ella lo miró directo a los ojos.

–Te lo has ganado – le dijo.

Emocionada, Lana se colocó el aro-z en su muñeca izquierda y luego encajó el Waterium z. Popplio aplaudía y Pikachu daba saltos. Lana sonrió ampliamente.

–Ash… Gracias…