Estoy haciendo lo posible por alargarlos. De verdad. Pero no sé, a veces termino y pienso "perfecto" y luego me doy cuenta de que me ha quedado corto. Ah. Es un poco frustrante. No sé cuántos drabbles más voy a hacer, porque al ser escenas sueltas esto puede convertirse en infinito. En realidad, se supone que hay una progresión en la historia y se ve cómo avanza la relación de Shinya y Guren. Aunque no lo parezca. Aunque no estoy muy segura. Al no tener una trama fija, voy escribiendo lo que me apetece según me va viniendo a la mente (creo que eso ha quedado claro xD). Imagino que mientras siga teniendo público y comentarios, seguiré escribiendo (?)


Caminas de un lado a otro, como un león enjaulado. Te observo con calma, recostado en la pared con mis brazos cruzados. Conozco tu ansiedad y lo que provoca en ti. Normalmente no eres muy efusivo o expresivo, pero cuando estás bajo mucho estrés no puedes evitar expulsarlo de alguna manera. Como ahora, desgastando la misma línea de linóleo por la que pasas una y otra vez, revolviendo tu cabello, dejándolo desordenado en puntas afiladas que huyen en todas direcciones. Quiero decirte algo, proporcionarte las palabras confortantes que muerdo junto a mi lengua, más sé que es inútil porque nada calmará la desazón que domina cada célula de tu control.

Te quitas los guantes y los tiras sin compasión encima de tu mesa de caoba. Te aflojas el cuello de la chaqueta y poco tardas en quitártela y lanzarla sobre el sillón. Tu semblante de agobio me impide forjar fantasías y acallo con un gesto la vocecita que me grita "¡quítatelo todo!". Me acerco a tu lado, incapaz de aguantar mucho más tiempo quieto.

-Van a estar bien, ¿a qué viene esa cara de perro apaleado? –Palmeo tu hombro.

-Es mi cara de siempre –rezongas. Odias que vean ese aspecto vulnerable tuyo. Una vez más, soy el único que goza de semejante privilegio. Aunque preferiría que fuera una faceta inexistente.

-Eh, Guren, no hay problema, ¿vale? Todo va a salir bien. –Modulo mi voz más tranquilizadora, dibujando círculos en tu omóplato. Te estremeces imperceptiblemente y eso es genial, porque significa que te estoy distrayendo aunque sea ínfimo.

-Qué positivismo –suspiras, esbozando una temblorosa sonrisa.

-Suele ser tu papel, pero cuando te hundes aquí estoy yo para sacarte a flote. –No tienes ni idea de cuán ciertas son esas palabras. Me adjudico mi puesto como tu tabla de salvación.

-Gracias, Shinya. Seguro que tienes trabajo y aun así aquí estás. –Me dedicas una bonita mirada con esas pupilas violáceas que me derriten en el sitio.

-No tanto, en realidad –respondo correspondiendo con una sonrisa. La montaña de informes se acumula pero ¿a quién le importa cuando puedo estar contigo?

Durante unos minutos, me planteo si estará muy fuera de lugar abrazarte, porque lo deseo con el alma en este instante. Más tu descorazonamiento es tan evidente y profundo, que decido mandar a la mierda las formalidades. Me coloco enfrente de ti y antes de que tengas tiempo siquiera para reaccionar, te rodeo con mis brazos, acomodando tu cabeza en el hueco de mi cuello con suavidad. Haces un amago de apartarme y te prometo que si es lo que quieres, te soltaré sin dudarlo porque no quiero presionarte más de lo que ya estás. Sin embargo, tras un segundo de titubeo, te aferras con fuerza a la tela de mi cintura. Y un pedazo de mí se licúa. Por desgracia, el contacto es breve. Unos toques en la puerta nos obligan a separarnos con rapidez.

-Adelante. –Compones una expresión profesional, como si nada de esto hubiera ocurrido.

Alguien con uniforme entra y se inclina ante nosotros, mostrando respeto.

-El escuadrón de Shinoa ha regresado. No hay ninguna baja. –Al ver tu expresión, completa la frase.- Ni heridos. Están sanos y salvos.

-Gracias, puedes retirarte –ordenas empleando un gesto serio y autoritario. En cuanto el oficial se marcha, tu verdadero yo sale a la luz.

Un suspiro de alivio sincero escapa de tus labios y la inquietud desaparece como por arte de magia. Me dedicas una mirada en la que se lee un profundo agradecimiento y yo te sonrío de vuelta, con la amplitud que te mereces. Sin esperármelo, tiras de mi muñeca y me devuelves un abrazo torpe, lento. Ahora soy yo el sorprendido, Ichinose. No conocía ese arrojo sentimental. Te envuelvo con delicadeza, temiendo asustarte o que huyas de mí. Ese es mi mayor miedo cuando me excedo, enseñarte demasiadas emociones que guardo bajo llave y que te apartes de mi lado. Te separas entre tímido y molesto, no sé si contigo mismo por ese arrebato o conmigo por haber sido el culpable en cierta medida.

-Eh, creo que iré a hacerles una visita. Para asegurarme de que están bien y eso –carraspeas, incómodo y un tanto sonrojado.

-Desde las sombras –aclaro. Yuu es tu debilidad y la ocultas de los Hiragi, por miedo a que lo usen en tu contra en un futuro. Asientes.

La sonrisa que estira tus comisuras es pura y eufórica. Tu niño está vivo, ha cumplido su misión con éxito y tú eres un padre orgulloso de su pequeño como el que más.

Y quizá por eso te amo.


¿Os he dicho ya que tengo debilidad por la faceta paternal de Guren? He aquí un ejemplo.