Buenas, buenas, lectoras amadas mías. Espero que todas se encuentren muy bien en este fin de semana. El capítulo me salió muy largo y tengo problemas psicológicos con eso, no sé, pienso que de tan acostumbradas que las tengo a algo corto e intenso que ahora lo voy a ir a arruinar todo y van a venir con las antorchas, ¡ESTAS SON LAS COSAS QUE PASAN CUANDO ME DOY CUERDA ESCRIBIENDO! Ays, y es que, bueno, de hecho necesite el autocontrol que no poseo para no agregar tres escenas más. Me obsesioné, les digo. En fin, espero que al menos sea bueno.
Muchas gracias a mis leales niñas, las chicas súper poderosas (¿? No sé por qué escribí eso, pero no me releo ni reescribo, así que así se queda): IzzieBlake (contigo hablé tanto que ya no sé qué decir, más que gracias por leer los previews esta tarde jajajajaja… eres un amor!), Lux Havsanglar (Felicidades por tu 95 Lul-chan! Que inteligente! Mira que tu y yo vamos a tener problemas con tus suposiciones, siempre dices algo que termina resolviéndose a favor o encontrar en los caps, nahhh mentira, me encanta que adivinen jajaja espero te guste y ya te envío el PM con la info), Criiisi (ays las expectativas irrealistas del amor todas las tenemos, te puedo decir que existe, pero duele más de lo que cualquiera te advierte. Yo también amo a Tai, lo amo, yo aun me lamento del fatídico día donde le quitaron a Sora, pero bueno xD Oscar Wilde, te recomiendo sus ensayos de Intenciones (La demencia de la mentira, pluma lápiz y veneno, el crítico artista y la verdad sobre las mascaras, SON EXCELENTES), MenyPshh (si me dices eso publicare mas lento para que me les de tiempo de leer! T.T….Tranquila que lo de la universidad es una razón más que validera, me alegra que te agrade la caracterización y no te moleste el OOC), KaoruxKenshin (me mataste con eso del plan de macho que se respete, me mataste xDDD), DarkyStar (Darky-chan diste en el clavo, la verdad no será un Mimato rápido, pero, con la esperanza de que eso lo hará mas creíble ¿?, te prometo la historia completa con Sora próximamente), Alshi (no tardé mucho, corazón, espero te guste), Luna Lightburst (ya llegó más :D), LilithUchiha (Lily-chan, tu RR fue demasiado profundo jajaja… mira que el análisis que hiciste, sobre todo de Taichi estuvo más acercado de lo que esperé leer… pero los demás se acercan bastante también, ya para el próximo cap espero afianzar más claramente la posición de Mimi respecto a Yama, pero espero este ayude), Sakura Tachikawa (Mi querida Ale-chan, tu casi que me hiciste la semana lanzándote mis dos fics en tiempo record y llenándome la bandeja de entrada, A-D-O-R-O saber que me estás leyendo a ver si alguien me mete en la línea cuando me salga de ella y la deje como un punto en el horizonte xD, la canción que me colocaste, de hecho tengo planes de usarla y quizás lo haga y te de las gracias :D MIL GRACIAS POR TUS LINDAS PALABRAS QUERIDA ALE-CHAN), Rockiesliz (prometo mostrarte alguna de mis iniciativas independientes, al menos los primeros capítulos para que me des tu opinión, pero, primero quiero decidir qué te mostraré xD eso tomará tiempo considerando que tengo que confiarme en mi memoria por el asunto de que no releo mi trabajo), Osiris (Gracias, linda), SiageLove (no me parece justo que todos hayan visto Dragon Ball menos yo T.T espero te guste el cap), MimatoRulez (yeihhh q bueno, espero te guste), LilyP (gracias por todos tus mensajes me alegra mucho tenerte en otro fic mío)
La canción en la ultima escena es SCHIZOPHRENIC CONVERSATIONS de Staind. Deberían oírla, en serio, en serio, deberían oírla con la escena final. Ya dejo el fastidio y los dejo leer… espero les guste Y NO SE OLVIDEN DE DEJARME SU OPINION!
Resquebraje de Voluntad
Mimi Tachikawa abrazó sus rodillas con fuerza, al tiempo que apoyaba el rostro en ellas, girándolo levemente hacia la izquierda. Suspiró, intentando bloquear el sonido de las voces que inevitablemente alcanzaban sus oídos, al tiempo que se balanceaba, de una manera casi imperceptible, hacia adelante y atrás.
Sintió la mirada del Dr. Katss sobre ella, y eso le hizo sentir una punzada de furia. En aquel momento lo resentía también a él, por haberle quitado su cómodo rincón junto a la ventana donde podía desviar todos sus problemas de su mente para concentrarse únicamente en el rayo de luz que surcaba el cristal. Lo resentía por haberle quitado ese pequeño consuelo, y haberle hecho tomar asiento, haciéndola rechazar el diván, y viéndose obligada a sentarse en el suelo. Pero, sobre todo, lo resentía por haberla traído a ella a su sesión.
Inevitablemente, los puños de la castaña se cerraron, mientras volteaba levemente para oír hablar a su madre sin parar, acostada en el diván como si aquella fuera una sesión particular. En silencio, Mimi no pudo evitar maldecir la idea de su psiquiatra, una sesión familiar requeriría un interés por conciliar un problema común, y era muy claro, que entre su madre y ella los problemas no eran compartidos. Satoe Tachikawa tenía sus problemas, y ellos venían acompañados de una visión muy obtusa sobre ellos, una donde los problemas de Mimi no eran relevantes.
'Mimi…' llamó Dr. Katss, sacándola de sus pensamientos.
Mimi alzó la mirada lentamente hacia él.
'Tu madre acaba de disculparse por lo que pasó con el retrato de tu padre… ¿no quieres decirle cómo te sientes?' preguntó.
Mimi negó lentamente con la cabeza, sin voltear a ver a su madre, y volviendo a girar la vista lo que más le era posible de los dos.
'No has hablado en toda la sesión Mimi, cuando llegaste me dio la impresión de que querías avanzar'
Mimi se aguantó las ganas de decir que así era, antes de que su madre apareciera. Una cosa era aceptar ir a psicoanálisis, y otra muy diferente que la obligaran a tener sesiones familiares.
'Seguro se peleó con su noviecito' dijo Satoe a sus espaldas 'está vestida con su ropa, como un hombre. Te ves horrible, Mimi, no pareces una señorita'
Mimi soltó un suspiro sonoro, sin molestarse en contestar. No servía de nada explicarle que su relación con Taichi estaba en ruinas, y que aquella chaqueta era lo único que la hacía sentir medianamente bien desde que había abandonado la calidez del apartamento de su novio. No servía de nada explicarle eso a alguien que ni si quiera estaba interesado en preguntarle el nombre del dueño de la chaqueta, o el porqué de su actitud desanimada y su ausencia de maquillaje. Eso requeriría que su madre se preocupara, en vez de criticarla, y ella sabía, que eso no iba a pasar.
'¿Cómo están las cosas con Taichi, Mimi?' preguntó el doctor ignorando completamente a su madre.
'Pensé que el noviecito se llamaba Yamato'
Mimi los ignoró a ambos, cerrando los ojos, y tarareando la sinfonía 9 de Beethoven en su mente, como mecanismo de retracción.
'Mimi… ¿Cómo están las cosas con Taichi?' insistió el Dr. Katss.
En otro momento, Mimi se habría molestado en mentir, o decir una verdad a medias, o contestar con un vago monosílabo. Pero en esta ocasión, no pretendía brindar ninguna respuesta a su psiquiatra.
'Mimi-chan es una niña muy despreocupada y consentida, si no estuviera bien con él lo botaría'
Su madre había contestado por ella, y aquello le daba suficiente pie para volver a aislarse de aquella conversación. Continuó balanceándose, de adelante hacia atrás, ignorando como su madre hablaba de lo ingrata que era por rehusarse a volver a casa después del 'incidente de la pintura'.
Mimi no pudo evitar girar los ojos, la manera en como su madre hablaba sobre el 'accidente' y de cómo ella era una melodramática de primera clase por haber sacado las cosas de proporción. Esa era su madre, la siempre víctima Satoe Tachikawa, aún con alguien como Dr. Katss que estaba perfectamente consciente de cómo aquella pose pasaba a victimario en un abrir y cerrar de ojos, aún con él, su madre siempre se las arreglaba para sonar como una indefensa criatura a quien Mimi trataba como la peor hija del mundo.
Aquello, la hizo resentir aún más al doctor. A tan poca distancia, y por mucho que intentara ignorarla, la voz de su madre le alcanzaba sin clemencia. Y cuando comenzó a mostrarle al doctor las marcas que Mimi le había hecho en los brazos al intentar sedarla durante su último arranque, hicieron que a la castaña se le revolviera el estómago.
Ella no quería escuchar lo mala hija que era. No hoy. No más.
Apenas su alarma sonó, Mimi se puso de pie, haciendo una pequeña reverencia en dirección a ambos.
'Muchas gracias por la atención, hasta luego' murmuró la muchacha, esquivando la mano de su madre que se alargó a tomar la suya, y pretendiendo no oír cuando el Dr. Katss llamó su nombre.
Tomando su bolso, salió de la habitación lo más rápido que pudo, sin molestarse en despedirse de la recepcionista del doctor, ni darles las buenas tardes a los pacientes que esperaban afuera, por primera vez desde que había comenzado sus sesiones en aquel recinto.
Mimi evitó el ascensor, sintiendo que necesitaba quemar la energía de sobra que tenía dentro de su cuerpo, pensando que quizás así su ansiedad no le cortaría su canal respiratorio. Con rapidez, bajó las primeras dos hileras de escaleras, antes de tropezar, y sostenerse del barandal para no caer al suelo, aún así, cayó arrodillada a dos escalones del final, golpeándose las piernas.
Las manos de la castaña soltaron la baranda horizontal, para abrazarlas alrededor de las barandas verticales de la escalera, soltando un pequeño sollozo. Aquella caída había sido la gota que había derramado su voluntad, sin poderlo evitar, las lágrimas rodaron por su rostro, con las ganas que había reprimido por más de una semana, Mimi Tachikawa se dejó vencer por el llanto que había ocultado de Miyako Inoe todos aquellos días.
Allí, en los escalones, solamente cobijada por las luces blancas del techo, Mimi dejó salir todo el dolor que había estado reprimiendo dentro de su cuerpo.
Lloró por haber perdido la única pieza que le quedaba de su padre. Lloró por saber que era su madre quien se la había arrebatado. Lloró por la callada seguridad de saber que su madre lo había hecho con plena intensión de lastimarla. Lloró por no ser capaz de perdonarla por eso. Lloró por sentirse egoísta al no ser capaz de justiciar las acciones de su madre. Lloró porque, por primera vez, no quería entender. Lloró porque resentía que su psiquiatra intentara obligarla a lidiar con ello, cuando aún no se sentía ni remotamente lista para hacerlo.
Lloró porque extrañaba a Taichi Yagami, extrañaba que la hiciera reír, que la abrazara durante la noche, extrañaba su ingenuidad y su dulzura. Lloró porque extrañaba el pequeño rayo de luz que iluminaba la oscuridad en ella, sin el cual sentía que se consumiría en el vórtice de entropía que era su vida. Lloró porque extrañaba vivir con él, y lloró por la sorpresa de descubrir que de ese apartamento había algo más que también extrañaba: a Yamato Ishida.
Yamato Ishida maldijo por lo bajo, Taichi lo había dejado encerrado, otra vez.
El joven castaño había dejado perfectamente claro que, aunque no iba a botarlo del apartamento, tampoco quería verlo. Por lo cual, había considerado completamente lógico bloquear la puerta de su habitación cada vez que le daba la gana, impidiendo que Yamato saliera de ella a su antojo.
Sus ojos zafiro giraron, mientras abría el seguro de la ventana, y se disponía a bajar nuevamente por la escalera contra incendios, maldiciendo en silencio la inventiva de Taichi Yagami para vengarse de él. Aquello no sólo le impedía salir de su cuarto, también le impedía pintar, y esa era precisamente lo que él consideraba como la intensión real del castaño.
Yamato bajó por la escalera, hasta alcanzar el piso de la acera, para entrar nuevamente por el lobby, y subir en ascensor hasta su piso. Apenas cruzó el umbral de la puerta del apartamento, ubicó a Taichi acostado en el sofá, cambiando los canales de televisión.
'¿No podías seguir golpeándome a cada vez que me odias?' preguntó retóricamente, mientras guardaba las llaves en su bolsillo, las acciones de su mejor amigo habían convertido sus llaves en una extensión de su cuerpo, ya le había tocado dormir en el pasillo por haberlas olvidado dentro del apartamento, más de una vez.
'Si sigo viendo tu estúpida cara, voy a hacer algo que hará que termine en la cárcel' contestó Taichi con voz hostil, sin voltear a mirarle.
Yamato frunció el ceño, antes de girar los ojos y caminar a su estudio, cerrando la puerta de un portazo.
Encendió la luz al tiempo que caminaba directo al paral en el centro del estudio, sus ojos se fijaron en el lienzo blanco frente a él. Aquella tela había permanecido virgen desde que la había colgado allí hace más de una semana. Estaba completamente bloqueado, como si alguien hubiese halado el switch de su talento. Quizás si Taichi supiera que era completamente incapaz de pintar en aquellos momentos, no estaría obligándolo a salir por la ventana como un ladrón del hampa común.
Maldiciendo, nuevamente, fijó sus ojos en el blanco del lienzo, intentando que éste le hablase y lo inspirara de alguna manera. Sus ojos se entrecerraron, buscando alcanzar un nivel de concentración que le brindara alguna epifanía, y, después de 1 hora, aquello lo único que le dejó fue una maldita migraña.
Yamato se dejó caer en el suelo, acostándose en el mármol, y llevándose las manos a su cabello, pasándolas entre los mechones con rudeza, y reprimiendo el deseo de halar cada uno de sus cabellos rubios para descargar la frustración que se había apoderado de él.
Todo esto era culpa de ella. Maldita mujer. Maldito embrujo del demonio que había puesto sobre él. Maldito control imaginario que ejercía en su cuerpo. Maldita sea toda la situación.
¿Quién era ella, para adueñarse de su vida de aquella manera?
Deseaba encontrársela, para poder agitarla como a un salero hasta que le confesara cómo diablos había logrado hacerle lo que sea que le hizo. Cómo lo había hecho pasar de ser el feliz insensible y bastado que era, a la persona más débil y dependiente que podía imaginar. Se sentía enfermo consigo mismo, maldecía su debilidad, y sobre todo, a ella.
Todo era su culpa. Que Taichi no quisiera verlo ni en pintura, que se hubiera transformado en una marioneta del arte para luego terminar sin una gota de talento restante dentro de su cuerpo, que se hubiese enamorado por primera jodida vez en toda su vida, y que ahora no pudiese pintar en su ausencia. Maldita sea, es que hasta era su culpa que ahora le doliera el pecho al respirar, por el hoyo que se había acrecentado por su tórax hasta su garganta.
Todo era su culpa. Era una maldita bruja, y él era un imbécil sin voluntad. Y eso, eso era su culpa también. Maldita fuera ella y el embrujo que le había hecho. Le había robado la vida.
'¡No! ¡Maldición! ¡No puedo ser tan jodidamente débil! ¡No! ¡Me rehúso a que me resumas a ser este residuo de ser humano! ¡No, maldición! ¡Yo no soy tan débil! ¡No PUEDO ser tan débil!'
Apenas las palabras salieron de su boca, se levantó y tomó tantos lienzos como fue capaz de cargar en sus manos. Abrió la puerta de una patada y cruzó la sala sin decir una palabra al sorprendido Taichi que se levantó a observarlo con el ceño fruncido, mientras salía del apartamento.
Veinticinco minutos, y ocho viajes en ascensor más tarde, Yamato Ishida había culminado su labor. Lanzando cada lienzo con la marca de Mimi Tachikawa dentro de su obra al contenedor de basura cuadrado fuera de su apartamento. Aquel armatoste de color rojo era enorme, sin embargo, sus lienzos eran tantos que lo había hecho desbordarse.
'A mí también me gusta el fuego, Tachikawa' soltó con voz fría, sin poder evitar que sus labios se curvaran en una sonrisa macabra.
Yamato se agachó, tomando el frasco de disolvente industrial de pintura con el que normalmente se retiraba las manchas del cuerpo. Le retiró la tapa, saltando sobre el contenedor de basura para verter todo el contenido con el líquido. Volviendo al suelo, el muchacho sacó su encendedor nuevo, y procedió a encender varios pedazos de periódico, lanzándolos sobre los lienzos, por las cuatro esquinas del recipiente, y en el centro, observando cómo las flamas se iban avivando hasta alcanzar una altura suficiente para consumir todo el contenido del contenedor.
Sin importarle saber que estaba violando al menos tres leyes estatales, y que si lo descubrían allí tendría que pasar la noche preso, el muchacho se dejó caer en el suelo sucio del callejón, cruzando las piernas y encendiendo un cigarrillo con el mismo encendedor que había usado para crear el incendio.
Con la vista inclemente de sus ojos azules sobre las llamas, Yamato llevó el cigarrillo a sus labios, inhalando, y soltando el humo con lentitud.
'Ojalá lo que sea que fuera esto se queme con tu imagen' susurró el muchacho, soltando otra bocanada del humo de cigarrillo.
Las llamas habían crecido lo suficiente para que estuviese completamente seguro de que no podría salvar ninguna de sus obras. Y no le importaba. Las odiaba, las odiaba tanto como odiaba a la muchacha que las había inspirado, odiaba a cada una de ellas, no quería volver a poner sus ojos sobre ellas nunca más. Quizás, sólo quizás, si dejaba de observar esos ojos en cada rincón de su estudio, pudiese librarse del embrujo que Mimi Tachikawa había dejado sobre él.
Los días pasaron con una mundana normalidad, intentando que el tiempo adormeciera el desastre que habían causado los eventos recientes en las emociones de todos los involucrados.
Mimi Tachikawa se observó en el espejo, sonriendo ampliamente. Nuevamente, se sentía como ella misma. Una mujer nunca, ni en sus tiempos más oscuros, debía subestimar el poder del maquillaje y la ropa. En aquel momento, vestida con su uniforme carmesí, se sentía incluso protegida por su fachada de animadora, por sus capas de maquillaje, e incluso por el elaborado lazo que adornaba su coleta. Se sentía hermosa y normal, una sensación que añoraba y que no lograba sentir con regularidad.
Acomodando la cinta carmesí en su cabello, Mimi abandonó el vestidor, cruzándose con Miyako Inoue e ignorando como la pelimorada discutía con la co-capitana sobre la falta de organización del evento, en aquel instante, a ella no podría importarle menos si no habían suficientes pasteles, o suficientes voluntarias, a ella lo único que le importaba era que podría concentrarse en algo diferente a sus problemas por toda la tarde.
Su mano fue hasta el bolsillo de su falda, retirando el celular de ella y dejándolo dentro del bolso que escondía bajo la mesa blanca de la venta, por lo que durara aquello, no quería molestarse en revisar su pantalla cada diez minutos para chequear si Taichi había o no decidido llamarle hoy. En aquella tarde, el drama de si tenía o no novio, pasaría a segundo plano.
Mimi acomodó los mechones de su cola a ambos lados de sus hombros, revisando el estado de sus pequeños pastelillos y preparando la mejor sonrisa para sus futuros compradores. Todos los años formaban aquel evento de recaudación de fondos, y cada año su mesa era la más visitada, en parte porque era la mejor cocinera del grupo, en parte porque era la más encantadora del lugar.
'¿Ya están abiertos?' preguntó una voz calmada a unos metros de distancia.
Los ojos de Mimi se alzaron, y encontraron un par de ojos azules devolviéndole la mirada. Por un instante, su corazón se detuvo, antes de reconocer que aquellos ojos no eran los mismos que ella imaginó. Reponiéndose de la sorpresa, y enviándole una sonrisa al emisor del mensaje, se disponía a contestar, antes de ser interrumpida por Miyako.
'Aún no, Ichijouji, tendrás que venir más tarde'
El muchacho de cabello negro azulado le envió una sonrisa amable a su amiga, haciendo una pequeña reverencia hacia ella.
'Inoue, no te había visto'
'Es porque siempre vives en la luna, Ichijouji'
Mimi observó a su mejor amiga reír, al tiempo que notaba que ella había visto a aquel muchacho antes, y sin ser capaz de ubicar en dónde.
'Te diré algo, dejaré que te lleves uno de los súper pastelillos de Nutella de Mimi si prometes darme tutorías de cálculo' oyó decir a Miyako, mientras le guiñaba un ojo al muchacho.
'No necesitas mi ayuda para pasar cálculo' contestó él con voz calmada.
'No, pero sí para obtener un 100' le dijo Miyako blandiendo el pastelillo de chocolate frente a él.
Ken Ichijouji, ladeó el rostro hacia su lado izquierdo, encogiéndose levemente los hombros.
'No necesitabas sobornarme para pedir mi ayuda'
Miyako le envió una sonrisa de suficiencia, al tiempo que se acomodaba los lentes frente a sus ojos.
'Si no lo quieres, mejor'
'Sí lo quiero' se apresuró a decir Ken, extendiendo la mano.
'¡Dr. Katss!' soltó Mimi, atrayendo la atención de ambos.
'¿Qué pasó con él? ¿Qué está aquí?' preguntó Miyako, buscándolo entre la multitud.
Mimi se sonrojó, negando rápidamente con la cabeza.
'¡No es nada, Miya-chan, no me hagas caso!' soltó rápidamente, echándole una mirada disimulada al muchacho que estaba frente a ellas.
Definitivamente lo había visto en la oficina de su psiquiatra, pero no tenía ningún derecho a revelar eso.
Miyako había volteado a verla con cejas alzadas, como lo hacía cada vez que se daba cuenta de que Mimi estaba ocultando algo. Sintiendo un pequeño toque de pánico, decidió olvidar su idea de bloquear a Taichi y, al contrario, usarlo como excusa para escapar del posible interrogatorio de la pelimorada
'Ah… Creo que mejor voy a llevarle un pastelillo a Taichi, antes de que abramos, se molestará si no le llevo uno'
Miyako alzó las cejas, aún más.
'Pensé que seguían en malos términos'
'Taichi siempre se contenta por el estómago. Quédate conversando con tu amigo, ya vuelvo'
La castaña tomó el pastelillo en una de sus manos, envolviéndolo en una pequeña servilleta de papel y se alejó con rapidez en dirección al stand del equipo de fútbol. Cuando volvió la vista hacia su amiga nuevamente, la encontró aún conversando con el guapo muchacho oji-azul, y no pudo evitar sonreír, la luz de Miyako Inoue también atraía a quienes necesitaban cobijarse de la oscuridad.
Mimi esquivó a los estudiantes de la universidad, mientras caminaba con decisión hasta dónde sabía encontraría a Taichi Yagami. Efectivamente, lo encontró hablando con Daisuke Motomiya, mientras ambos se pasaban la pelota con cabezazos. Sin pensarlo se acercó a él, abrazándolo.
'¡Tai-chan!'
'¿Mimi?'
Taichi volteó hacia ella, no con la suficiente rapidez de impedir que la pelota que Daisuke había enviado hacia él, se estampara contra la frente de la castaña.
'¡Ahhh!' exclamó Mimi, sobando su cabeza con la palma abierta '¡Mira donde lanzas eso, Daisuke-kun!'
'¡Lo siento, lo siento!' exclamó inmediatamente el menor, recogiendo la pelota y haciendo una reverencia con gesto avergonzado.
Mimi cerró los ojos, haciendo pucheros.
'¡Me dolió mucho!'
'¡Lo siento tanto!' exclamó Daisuke '¡Discúlpame, Mimi-san!'
'¡No voy a disculparte! ¿Cómo te atreves a lastimar a una chica tan linda como yo?'
Antes de que Daisuke pudiera disculparse nuevamente, Taichi le golpeó la cabeza con una mano.
'Ve a atender el puesto, antes de que te confisque la pelota por lastimar a la novia del capitán, Motomiya' exclamó Taichi con voz autoritaria.
Daisuke abrió los ojos con alarma y corrió al puesto gritando:
'¡Sí, señor!'
Taichi sonrió con suficiencia, girando hacia la castaña.
'¿Te duele la frente?' preguntó, pasando un dedo por la blanca frente de Mimi, sin embargo, la castaña no estaba escuchando nada después de la palabra 'novia'.
Con timidez, Mimi asintió, intentando salir de su ensimismamiento, y alcanzándole el pastelillo al castaño.
'Ah, te traje esto'
'¡Excelente!' exclamó Taichi tomando el pastelillo y comiéndolo de un bocado '¡Delicioso!'
Mimi relajó el abrazo que mantenía sobre él, y se separó con lentitud.
'¿Acabas de llamarme 'novia'?' preguntó Mimi.
Taichi la observó en silencio, encogiéndose los hombros con aire despreocupado.
'Explicarle que estamos en 'estatus de relación complicada' a uno de mis novatos no se me hace exactamente necesario'
Mimi suspiró, asintiendo.
'Supongo que es verdad' le envió una sonrisa 'Aún tenemos que resolver eso'
'Sí, deberíamos resolverlo' concordó él.
Ambos guardaron silencio por unos segundos, mirándose a los ojos, y esperando que alguno de los dos tomara la iniciativa. Hasta que Mimi flaqueó, y giró sobre sus talones dándole la espalda.
'Mejor vuelvo a mi puesto' susurró la muchacha, girando el rostro para enviarle una sonrisa al muchacho 'espero atraigas muchos nuevos reclutas'
Taichi le regresó la sonrisa.
'¡Lo hare! Espero ustedes también' dijo él, sonriendo.
Mimi caminó de vuelta a su puesto, intentando no pensar en su propia cobardía, mientras una cabellera rubia surcó su campo periférico sin voltear ni una vez hacia ella. A derecha, se alejaba por el campus Yamato Ishida.
'Soy una cobarde…' concluyó la muchacha, soltando un suspiro.
Yamato Ishida soltó un bufido de exasperación. Si de por sí odiaba la universidad por principio, odiaba aún más los eventos sociables que acarreaba la vida de un campus universitario. Los jóvenes a su alrededor, gritando y riendo, le daban migraña. Bueno, quizás, sólo quizás, la migraña provenía de la resaca por la noche de perros que había tenido, pero definitivamente los jóvenes ruidosos lo estaban empeorando.
Aquella mañana había llegado a la universidad, únicamente con la intención de entregar su ensayo retrasado al profesor de Renacimiento Italiano, sin embargo, apenas sus pies tocaron el campus se encontró con la maldita feria de actividades extra curriculares instalada en pleno, y aún no podía ubicar al profesor.
Por unos momentos consideró seriamente volver al apartamento, pero sabía que si no entregaba hoy el viejo chivudo que pronunciaba mal Buonarroti, y a quien él corregía constantemente, le haría quedar la materia. No podía tener más créditos negativos en su record o jamás se graduaría. A la mitad de sus profesores le gustaría eso, enseñarle una lección por sus inasistencias y sus correcciones sarcásticas, mientras que a la otra mitad le desilusionaría por su nivel de talento. Desgraciadamente, el profesor al que estaba buscando recaía en la primera categoría.
'Le encantaría ponerme cero en el semestre y escribir una nota como que le pida a Miguel Ángel que venga del renacimiento a corregirlo' soltó Yamato con sorna.
Su celular volvió a sonar, y no pudo evitar girar los ojos ante su Ring Tone que sonaba por novena vez esa mañana, llevó la mano a su bolsillo y sacó el celular cancelando la llamada y abriendo el aparato para sacarle la batería. Su conquista de la noche anterior había probado ser más necesitada que cualquiera de las otras muchachas con las que había salido, exceptuando a Jun Motomiya. Él jamás mentía con sus intenciones a las mujeres, les decía abruptamente que no quería ningún tipo de relación, si aún así decidían meterse con él a la cama, eso era su problema. El hecho de que la mayoría de ellas creyeran que las cosas pudieran cambiar a la mañana siguiente, sólo demostraba la facilidad con la cual las mujeres se engañaban a sí mismas, y francamente, ese no era su problema ni lo hacía responsable de contestar sus llamadas.
'¿Por qué las mujeres no pueden captar las indirectas?' se preguntó, lanzando el aparato en su bolso con un suspiro de frustración.
Alcanzó el edificio de la facultad de arte, buscando con la mirada a su profesor, sin éxito. Molesto, caminó hacia la oficina del rector de la facultad, con el objeto de extraerle la información de la ubicación del chivudo a la secretaria, una vieja solterona que soltaría hasta el código de los misiles si él le enviara una sonrisa y un falso cumplido.
Sin embargo, antes de que pudiera entrar a la oficina se cruzó con algo que le hizo olvidarse por completo del profesor.
'Profesora Tachikawa…' soltó el muchacho, alzando las cejas.
La alta mujer se volteó lentamente hacia él, enviándole una sonrisa digna de su hija. Falsa y ensayada.
'Sr. Ishida… que gusto verlo'
Yamato no pudo evitar fruncir el ceño al recordar en qué condiciones se habían visto por última vez, y en lo mal que se había sentido al descubrir que Mimi era la victima de aquella mujer en más de un sentido, más de los que él siquiera podría imaginar.
'Lo he extrañado en clase'
'¿Cómo?' Yamato parpadeó confuso, no había asistido a las últimas dos clases, pero únicamente porque pensaba que la mujer no volvería al recinto después de lo ocurrido 'Pensé que ya no estaba enseñando'
'No seas tonto, es divertido. Pero he de confesar que perder a mi mejor alumno me ha resultado muy molesto'
Yamato suspiró, si Satoe viera sus desastres actuales de intentos por pintar ya no lo consideraría su mejor alumno. Ya no podía pintar, sentía que había perdido completamente su talento por culpa de Mimi Tachikawa. De pronto, sus ojos azules subieron hacia la mujer que tenía frente a él, sintiendo que, por primera vez estaba frente a alguien que podría entender su nivel de bloqueo.
'No he podido pintar' confesó inmediatamente 'Estoy perdido. Lo que sea que tenía, lo perdí. No creo que ya sea su favorito'
Satoe lo observó en silencio, ladeando el rostro y le envió una sonrisa.
'Un artista nunca se pierde, Sr. Ishida, el talento sigue en usted, sólo necesita un nuevo canal para expresarlo'
Yamato la miró a los ojos, soltando un suspiro de alivio. Aquellas palabras lo habían hecho sentir mejor con una facilidad casi inexplicable. No podía entender como alguien que se veía tan compuesta, podía ser el ser destructivo que él había presenciado, ni como Satoe no parecía en absoluto afectada por el hecho de que él sabía su secreto. Claramente, el asunto de mantener fachadas corría en la familia.
'Le digo algo, Sr. Ishida, si acepta recuperar sus horas conmigo, lo ayudaré con su bloqueo'
Aquellas palabras lo tomaron por sorpresa. Por un lado, Satoe Tachikawa tenía que ser la clase de mentora que el mataría por tener. Por otro existía Mimi, no quería ni si quiera imaginar la reacción de la castaña si volviera a encontrarlo en su casa, con su madre, la misma madre que aunque la lastimara a ella, era muy capaz de ayudarlo a él.
Se sintió dividido, no quería causarle más problemas a Mimi, era la muchacha que quería…. Sin embargo, también era la misma musa que le había retirado su apoyo, la razón por la cual él no podía pintar y la culpable de todos los males actuales en su vida. Poniendo las cosas en perspectiva, no tenía un motivo de peso para preocuparse por los sentimientos de una muchacha que ni siquiera había tenido el valor de hablar con él sobre el maldito beso que compartieron.
¿Por qué tenía que preocuparse él por ella? Después de todo, seguía pegada a la cola de Taichi como si su vida dependiera de ello. Tenía que admitir que nunca se imaginó que un ser tan malcriado y consentido, pudiera llegar a ser tan rogón, tan rogón como las mujeres sin dignidad que seguían llamándolo a él. Y es que aún cuando Taichi no se lo había dicho, sin embargo, por la cantidad de veces al día que sonaba el celular de su mejor amigo, sólo podía asumir que ella estaba intentando contentarse con él. Mientras que a Yamato no le había enviado ni un mísero mensaje, claro, que él prefería morir de ansiedad a contactarla a ella, aún si se moría por hacerlo. Él sería muchas cosas, pero rogón no era una de ellas.
En esa ecuación, la tarea de preocuparse por la castaña era de Taichi, y él podía hacer con su vida lo que mejor le diera la gana. Aún ver clases particulares con la fuente de todos los problemas de su musa.
'Me encantaría ver clases particulares con usted, profesora Tachikawa'
Mimi Tachikawa abrió los ojos con pánico al segundo en que su celular volvió a encenderse, después de la feria. En la pantalla brillaba un mensaje proveniente de su madre que únicamente informaba sobre su decisión de tomar a Yamato Ishida como aprendiz en su casa a partir de aquella tarde.
La respiración de la muchacha se cortó y estuvo cerca de experimentar un clínico ataque de pánico. Inmediatamente, tomó su bolso, sacándolo de la parte de debajo de la mesa de venta y se alejó corriendo, ignorando completamente los llamados de Miyako Inoue, y el resto del equipo de animadoras.
Mimi corrió con todas sus fuerzas, agradeciendo al cielo que tenía zapatos deportivos, y sin siquiera considerar parar un taxi, esperando que correr ayudara a su estado actual. Sino quemaba la ansiedad con algo, seguramente explotaría. Su madre estaba jugando bajo para hacerla volver a casa, y usar a Yamato para tales fines le significaba una guerra perdida. No podía dejarlo solo con ella, él no tenía idea de en qué se estaba metiendo, y si podía imaginar si quiera una parte, entonces era muy estúpido por acudir de todas maneras.
Estaba comenzando a oscurecer, cuando logró salir del campus, cruzándose momentáneamente con Taichi Yagami, pero decidiendo ignorarlo por completo. Las noches eran difíciles para Satoe, y él podría estar en peligro. Decidiendo no pensar al respecto, se concentró únicamente en correr hasta alcanzar su casa, unos veinte minutos más tarde, la muchacha tocó la puerta con las manos, reconociendo que no tenía idea de donde estaban sus llaves, hasta que la Sra. Himura abrió y, sin decirle una sola palabra, corrió escaleras arriba hasta el estudio de su madre, abriendo la puerta de un tirón.
El estudio estaba tenuemente iluminado por el resplandor del sol que se ponía en el horizonte, complementado por una pequeña lámpara de paral que iluminaba desde la esquina junto a la puerta. Ambos estaban allí, Yamato sostenía un pincel en su mano derecha mientras Satoe le sostenía el brazo, claramente enseñándole alguna técnica que él desconocía. Ambos habían volteado hacia la puerta por el estruendo que ella causó al entrar, enviándole miradas idénticas de sorpresa y molestia.
'¿Decidiste volver a casa?' preguntó su madre, retóricamente, mientras dejaba una de sus manos apoyada en el hombro del rubio.
Mimi apretó los puños, decidiendo ignorar a su madre y, en cambio, enviando una mirada de reproche en dirección a Yamato Ishida.
'Te ves horrible… ¿Por qué estás tan despeinada?' preguntó su madre.
Mimi llevó instintivamente la mano a su coleta, notando como los mechones se habían salido de la cinta por su esfuerzo al correr. Suspirando, y sin decir ni una palabra, la muchacha dejó caer el bolso a su izquierda, sentándose en el piso del estudio, junto a la lámpara.
'¿Eso es todo? ¿Aún con el tratamiento de hielo, Mi-chan? Francamente deberías crecer, esto se está volviendo muy infantil'
Nuevamente, Mimi decidió guardar silencio, no había retirado los ojos de Yamato. En aquel instante sintió por él el mismo reproche y resentimiento que ahora le provocaba su psiquiatra, pues, sin saberlo, el rubio también la estaba forzando a soportar la presencia de su madre.
Después de unos minutos de silencio, Satoe entendió que Mimi no tenía las menores intenciones de contestar, por lo cual volvió su atención a Yamato, al tiempo que hablaba con rapidez sobre la importancia de las texturas en el arte moderno, y sobre cómo él no debía dudar a la hora de usar técnicas viejas con nuevos materiales. Yamato preguntaba continuamente sobre la manera correcta de matizar el arte retro con cultura popular, comentando ideas que había tenido sobre carteles carcelarios en un giro al renacimiento, mientras Satoe le sugería canalizar las obras religiosas italianas en un concepto de alcatraz.
Se veían más como familia de lo que Mimi jamás se había sentido al lado de ella. Yamato de hecho estaba manteniendo una conversación con ella tan normal como si su madre no estuviera al borde de un colapso con cada segundo que pasaba, y su madre lo trataba con un respeto mutuo que Mimi sólo podría envidiar. Suspirando, la castaña se abrazó el torso, intentando controlar la punzada de dolor en su corazón.
Por muy sólida que pensara que era su fachada, la de su madre era mejor. Por eso nadie le creería si alguna vez confesara qué pasaba a puertas cerradas cuando estaban solas. Mimi cerró los ojos, soltándose la cinta del cabello y dejando que los caireles cayeran regados en su espalda. Quizás si ella fuera más parecida a Yamato podría llevarse mejor con su madre, o quizás se engañaba a sí misma, envuelta también en la fachada de falsedad que cubría la casa Tachikawa.
Cuando finalmente el estudio quedó en completa oscuridad, Satoe concluyó la lección, despidiéndose de manera rápida de él. Yamato guardó los implementos en su bolso, sin mirar en dirección al bulto carmesí de la esquina que se había puesto de pie y esperaba junto a la puerta. No pudo evitar suspirar, imaginándose la sarta de reclamos que le significaría aquella lección, y estando listo para recibirlos sin inmutarse, enumerando las razones por las cuales ella no se merecía ninguna concesión de parte suya. Sin embargo, apenas sus ojos se cruzaron con los de Mimi Tachikawa, la muchacha únicamente le envió una mirada de reproche, antes de volver la vista inclemente sobre su madre. Con esa simple acción, Yamato Ishida comprendió que no era a él a quien la castaña estaba esperando.
Por unos instantes se debatió su aparente apatía hasta ahora. En buena conciencia, sabía que no podía dejar a Mimi sola con su madre, no cuando él tenía una idea bastante clara de qué pasaba realmente en esa casa. Si bien Satoe Tachikawa era un encanto de profesor con él, también era claro que aquella no era la misma mujer con la que tenía que lidiar Mimi.
Deseo no sentirse así. Ojalá no le importara qué pudiera pasar entre ellas apenas el abandonara la casa. Pero sí le importaba, más de lo que estaba dispuesto a admitirse aún a sí mismo. Se giró hacia Mimi, quien seguía enfocada en su madre, completamente absorta en un tren de pensamientos que él no podía seguir. Y de repente entendió, Mimi jamás le había pedido su ayuda, si bien le había dicho que estaba en su camino a la hora de contener a su madre. Mimi no lo quería ahí, si algo le había dejado claro aquella mirada de reproche que había enviado en su dirección desde que llegó era eso, su disgusto por su presencia.
¿Por qué quería protegerla? Ella no quería su protección, diablos, ella ni siquiera quería su presencia dentro de su vida. Después de todo, ella tenía al caballero de armadura dorada, siempre que necesitara ayuda podía llamar a San Taichi. Ciertamente, él no era necesario en aquella ecuación. Si lo fuera, la bruja podría enviarle un maldito mensaje de texto al menos.
Maldiciendo su estúpida división mental, y dejando que su orgullo ganara la batalla. Yamato salió del estudio y bajó las escaleras, sin volver a mirar atrás hasta que sus pies tocaron el pasto de la entrada de la casa. Una vez allí, giró sobre sus talones y emprendió marcha hacia la entrada en dos ocasiones, antes de maldecir en voz alta y prácticamente correr hasta su automóvil antes de que volviera a cambiar de opinión.
Dentro del estudio, Mimi seguía de pie junto a la puerta, observando a su madre, mientras Satoe recogía los lienzos de los parales para dejarlos junto a la pared.
'Tu pequeña piromanía me costó el trabajo de meses. Por ti no voy a poder exhibir' le dijo con voz reprochante, levantando una de las botellas de vodka de la esquina 'espero estés al tanto de lo que me costará reparar esto'
Mimi no pudo evitar soltar un bufido de incredulidad al ubicar el motivo real por el cual su madre había armado aquella treta para hacerla volver a casa. No estaba preocupada por dónde ella estaba pasando sus noches, no estaba curiosa si quiera de cómo se las estaba arreglando para sobrevivir sola, ni si quiera extrañaba verla rondar por la casa. No. Satoe estaba interesada en reclamarle el daño intachable que ella había hecho a su obra, su verdadera hija.
¿Por qué seguía esperando un milagro? ¿Realmente, después de todos esos años seguía esperando un acto de preocupación de parte de ella? ¿Realmente seguía esperando su cariño? Sí, así era, seguía esperando un amor que jamás la iba a alcanzar, y esa era la verdad. Trataba de convencerse de que su madre no era capaz de quererla, pero los recuerdos de su niñez le impedían creerse esa mentira.
Todo en su vida era una imagen distorsionada, un compilado completo de mentiras que existían sólo con el propósito de hacer parecer normal a una situación completamente bizarra. Su madre estaba enferma, pero esa no era la única cosa que estaba mal con ella, y esa era la realidad que Mimi no era capaz de aceptar, aún conociéndola.
"Are you afraid, afraid of the truthin the mirror staring back at you?
The image is cracked, but so is the view here…"
Mimi giró sobre sus talones, decidiendo que su mejor actuación respecto a todo aquello seguía siendo guardar silencio. Sintió la mano de su madre ceñirse en uno de sus brazos y girarla con fuerza hacia ella.
'¿Por qué no me contestas? ¡Arruinaste todo mi trabajo! ¿Qué tienes que decir al respecto?' preguntó Satoe.
Aquella pregunta vagó por su mente por unos segundos. Existían muchas respuestas para ella, y Mimi no estaba dispuesta a ofrecer ninguna. Cerró los ojos, apartando inmediatamente su brazo del control de su madre. Giró nuevamente para salir por la puerta, cuando una fuerte cachetada se estampó contra su mejilla izquierda.
"The strength of a tree begins in the roots that I tend to bury into you
At least now the storm can't blow me away…"
Aquella no era la primera vez que su madre la golpeaba, y ciertamente tampoco sería la última. Mimi llevó una de sus blancas manos sobre su mejilla, y suspiró mientras el calor se extendía lentamente por su rostro, y notaba que su madre la había arañado dejando un débil hilo de sangre por la línea de su barbilla. Reuniendo toda la voluntad que era capaz de demostrar, levantó la mirada hacia su madre.
Los ojos calmados que había mantenido mientras estaba acompañada de Yamato habían desaparecido, y ahora miraban de la misma manera que ella consideraba normal, esa llena de frialdad y aversión. Esa mirada que Mimi había visto ya tantas veces en ella.
Mimi apretó los puños, no quería disculparse por los destrozos a la pintura de su madre. Era ella quien le debía una disculpa por haber destrozado la pintura de su padre por sus propios motivos egoístas. En aquel momento, la imagen del rubio volvió a aparecer en sus pensamientos, y no pudo evitar sentirse sorprendida de cómo él también había creído toda la pantomima de su madre, quizás hasta él creía que la loca e inestable era ella… todo el mundo creería que la loca era ella, después de todo, ella era la única que podía ver la verdad y nadie podía compartir la visión de todos los malos recuerdos que escondía en su mente.
"So crawl inside my head with me, I'll show you howit feels to be to blame like me…"
Otra cachetada se estampó en su rostro, esta vez en su mejilla derecha y con más fuerza que la anterior. Los ojos caramelo de Mimi subieron hasta su madre con vista reprochante, mientras sus blancas manos se cerraban en puños, apretando con tanta fuerza como le era posible.
'¡Estoy esperando!'
Mimi maldijo en su mente. Aquello era un nuevo punto bajo en su vida, no sólo su madre le había arrebatado el recuerdo más tangible que poseía de su padre, sin disculparse de ninguna manera sincera y calificándolo como 'un accidente', sino que la obligaría a disculparse por las consecuencias de dicha pérdida.
'No me voy a disculpar' soltó la muchacha con decisión.
Ella ya no era una niña a la que pudieran manipular con facilidad para creer que todo lo malo que ocurría su alrededor era culpa suya. Quizás no fuera tan madura como denotaban sus 22 años, pero ciertamente tampoco era la niña debilucha que se dejaba amedrentar cada vez que su madre necesitaba un saco para descargarse.
Esos días de maltratos psicológicos y físicos ya no le afectaban de la misma manera. Aún cuan débil el mundo la creyera, la realidad era que ella seguía existiendo, a pesar de su madre, y a pesar de todos los problemas que confería vivir su vida. Ella había crecido, y esos días donde cada palabra de su madre podía demolerle el autoestima como una casa de cartas ya no era su realidad. O bueno, no era su única realidad.
"Should I be afraid of this face that I see in the mirror staring back at me?
So cold were the days when I listened to you… and you say that I'm weak, so show me the proof, because I still exist inspite of you… But I won't compete with you every day…"
Las manos de Satoe Tachikawa se cerraron en sus brazos con tanta fuerza que la botella que seguía en su mano izquierda ocasionó dolor en la piel de la castaña, segundos después sintió su espalda golpear la puerta de madera, cuando su madre la empujó contra ella.
'Vas a pedirme perdón, y a rogar porque te lo conceda'
Sus palabras estaban teñidas de un dejo de resentimiento que iba mucho más lejano a unas pinturas mojadas por el agua de los rociadores, y Mimi sabía eso. Así funcionaban las cosas entre ellas, Mimi tenía que pedir perdón por todo lo malo que ocurría en la vida de Satoe Tachikawa.
Era culpa de Mimi que estuviera enferma, era culpa de Mimi que su esposo hubiera muerto, era culpa de Mimi que fuera la horrible persona que era. Mimi era la única ficha a culpar en el esquema de vida de Satoe Tachikawa.
"So crawl inside my head with me, I'll show you how it feels to be to blame like me…"
'¿Quieres que yo me disculpe?... Trataste de matarme, Mamá…' aquello salió de sus labios sin su permiso, y antes de que ella pudiera hacer nada por evitarlo.
Satoe retrocedió, soltándola como si de pronto la piel de su hija la quemara. Se alejó más de cinco pasos mirándola con horror.
'No… No… Yo no quería… No era yo misma en Kyoto'
Mimi suspiró, de eso había tratado de estarse convenciendo desde que pasó, que su madre estaba fuera de sí, así la evidencia de todo el asunto le dijera lo contrario. Las imágenes de aquella fatídica noche la golpearon, haciéndole cerrar los ojos y negar con la cabeza, intentando alejar los recuerdos de su mente. Alzó la mirada hacia Satoe y la encontró en su mismo dilema por no permitir que los recuerdos la dominasen, los ojos de su madre estaban completamente desorbitados, mientras murmuraba sin parar, diciendo palabras que Mimi no podía comprender del todo.
"Schizophrenic conversations that I'm always having with myself…
I hear these voices in my head competing, maybe I could use a little help…"
Mimi aprovechó el momento de confusión para girar hacia la puerta, abriéndola, pero antes de que pudiera salir, la mano de su madre se atravesó en el marco.
'Yo estoy enferma… ¿Cuál es tu excusa?'
Mimi entornó los ojos, apretando los puños. Ahí estaba la víctima otra vez.
'Hay suficientes problemas contigo como para que alcancen para las dos, Mamá' respondió la castaña empujando la mano de su madre del marco 'Quiero irme'
Satoe tomó a Mimi por el brazo, impidiendo que se marchara. Ambas forcejearon por unos instantes, hasta que Mimi ganó la batalla, empujando a su madre y ocasionando que la mujer cayera al suelo. La botella de vodka que mantenía ceñida en su mano se hizo añicos y la mano de Satoe se estampó contra el cristal roto, creando una rápida piscina de sangre bajo su brazo.
Los ojos castaños de Mimi se abrieron con horror, al tiempo que se arrodillaba junto a su madre, levantando su mano del suelo y cortando su propia piel con el cristal roto.
'¡Lo siento!' exclamó Mimi inmediatamente, mientras tomaba la cinta carmesí que había retirado de su cabello para intentar amarrar la mano de su madre y parar la hemorragia.
'¡NO!' gritó su madre, empujándola para alejarla de ella.
Satoe rodó por el suelo, dejando las manos sobre su rostro y enrollándose en posición fetal. Mimi intentó volver a tomar su mano para parar la hemorragia, antes de recibir otra cachetada en su mejilla.
'¡LARGATE!'
El cuerpo de la castaña tembló, mientras las lágrimas se formaban en las puertas de sus ojos.
'Mamá, lo siento… estás sangrando'
'¡LARGATE! ¡Tú eres la que trae todo lo malo a mi vida!'
Satoe le lanzó una lata pequeña de pintura, la cual ella esquivó y se estampó contra la puerta, para luego volver a abrazarse en posición fetal en el piso, murmurando un mantra incomprensible.
"I still have schizophrenic conversations when there's no one else around to hear…
I long for solitude and peace within me, void of all the anger and the fear…"
Mimi se colocó de pie, debía quedarse y ayudarla. Debía poner las necesidades de su madre sobre las suyas. Como siempre hacía, después de todo su madre era la que estaba enferma.
Ella nunca había tenido problemas para actuar como se esperaba que lo hiciera, con la compostura y temple que ella estaba segura de poseer. Con la perfección y rectitud que quería canalizar al mundo. Pero en esa ocasión no pudo, la rabia que aún conservaba en su cuerpo por lo ocurrido con la pintura de su padre le impidió hacer su papel de hija.
Sintiéndose como la peor persona del universo, Mimi salió del estudio, echando una última mirada al abatido cuerpo de Satoe, antes de correr escaleras abajo.
'¡Sra. Himura!' gritó hasta ubicar a la robusta mujer observándola con curiosidad 'mi madre se cortó la mano, por favor dele un calmante y cúrele la mano'
La mujer alzó las cejas, mirando la cortada en la propia mano de Mimi.
'Srta. Tachikawa… su mano ¿No quieres que vende eso?'
'No' contestó inmediatamente Mimi, ella merecía el dolor, era una hija horrible y un débil ser humano incapaz de olvidar su propia ira por el bienestar de su familia, por un momento, deseó que le doliera más 'vaya con mi madre, por favor'
Apenas la mujer subió por las escaleras, Mimi corrió a la salida de la casa, derrumbándose apenas sus pies tocaron el porche, la muchacha se dejó caer al suelo, lastimándose las rodillas y analizando el acto de crueldad que acababa de cometer. Todo era su culpa, si tan sólo hubiera podido disculparse con su madre, aún sin sentirlo realmente, su madre no se habría lastimado. Si tan sólo pudiera ser ella quien la sedara y atendiera sus heridas, si tan sólo esa ira no estuviera consumiéndole las entrañas todo sería diferente. Si pudiera perdonar a su madre, si tan sólo pudiera entender. Pero esta vez no podía, no podía ser la fuerte señorita que todos esperaban que ella fuera.
'Soy tan débil…' susurró la muchacha, al tiempo que unas solitarias lágrimas rodaban por sus mejillas.
'¡¿Estás sangrando?! ¡¿De nuevo?!'
Su cabeza se levantó como resorte y sus ojos se fijaron en los azules que la observaban con una mezcla de indagación, ira y preocupación.
"So crawl inside my head with me and I'll show you how it feels to be fucked up like me"
Yamato siguió gritándole por unos segundos, reclamándole que fuera tan descuidada con su seguridad, pero ella no le prestó atención a sus reclamos. Al contrario, apenas el muchacho se arrodilló junto a ella e intentó revisar su mano Mimi la alejó de él. El muchacho la miró con reproche.
'Sí, estás molesta conmigo por venir con tu madre, pregúntame si me importa… ahora si no te ves eso se te va a infectar y va a combinar muy bien con ese horripilante artefacto nazi que llamas uniforme'
Antes de que él pudiera decir otra cosa, Mimi se lanzó a sus brazos, escondiendo el rostro en el pecho del rubio. En esta oportunidad estaba demasiado rota para pensar en su fachada, para pensar en una excusa y ocultarse detrás de una mentira, en esa oportunidad sólo quería ser Mimi Tachikawa, la muñeca rota y llena de defectos que estaba detrás del ideal que mostraba al mundo. No tenía fuerzas para ser nada más de lo que era, sólo quería ser la Mimi que mantenía en las sombras, esa que sólo Yamato Ishida era capaz de ver.
"I'll show you how it feels to be to blame like me… Ashamed like me…"
Yamato se calló al instante, bajando la mirada hacia la muchacha que se refugiaba en él como si fuera su salvavidas en medio de una tormenta. De golpe, se olvidó de los gritos que pensaba darle por ser tan tonta, se olvidó de su rabia por haberlo estado evitando por todos esos días, y de los reclamos que le tenía por el embrujo que había dejado sobre él.
Con un suspiro de derrota absoluta, la abrazó, halando su cuerpo al de él y refugiándola completamente en su pecho.
DIVAGUE POR 18 PÁGINAS Y ESO NO ES UN RECORD PARA MI PERO SI PARA ESTE FIC. Ayuden a mi locura con un mensajito que el Mimato comenzó su construcción oficial con esta última escena.
Oh, por cierto, hace días estuve conversando con una de ustedes el tema del Lemon, y se mostró muy en contra xD He de admitir que a mí el prospecto tampoco me emociona mucho, y no sé si a la final vaya o no a escribirlo, como saben, nunca he puesto uno en mis fics por diversas razones, sin embargo, en este fic veo enormes posibilidades de que los personajes me lleven a escribirlo. Entonces, quería que aprovecharan sus bellos RR para opinar al respecto, bien sea a favor o en contra.
Saludos.
