Después de un largo receso y no publicar nada, regreso con el duelo, espero que disfruten mucho este capítulo. Un saludo a todos los lectores, a los antiguos les digo: Muchas gracias por seguir leyéndome, a los no tan antiguos: Muchas gracias por darme una oportunidad y tomarse el tiempo de leer mi historia.
Capítulo 11: El Duelo
¡Un duelo! Menuda sorpresa la que me llevé cuando llegó este chico y pasó eso; para ser sincero, me sorprendió más que me retara a un duelo que tener que enfrentarme a él, todo lo que había aprendido el curso anterior me serviría perfectamente para derrotarlo de forma sencilla porque fue puesto a prueba mi entrenamiento y el de todos los que me acompañaron al Departamento de Misterios cuando murió Sirius.
Habían pasado varias horas desde aquel incidente, Ron no dejaba de decir que estaría más que dispuesto a ver qué sabía ese tal Hamilton.
-No creo que él sea competencia para ti, pero de todas formas ten mucho cuidado, no sabemos qué se traiga entre manos- me advirtió Ron.
-Sí, creo que es lo mejor, si la razón de este duelo es Viviana, no creo que quiera dejarla ir así de fácil, alguna estrategia debe tener- dije yo pensativo.
-¡Ah! Y no se te pase por la mente decirle nada de esto a Hermione, no le gustará que te pelees por ella con alguien más- exclamó Ron al recordar la relación de su novia con la cuasi-novia de su mejor amigo.
En ese momento, Viviana deambulaba por el colegio entero buscando a Ginny, Harry, o alguna persona que supiera el endemoniado contra-hechizo de ese "Palalingua", nunca lo había escuchado y su efecto era totalmente desagradable. Se había podido deshacer del Silencius fácilmente pero con el otro no había podido, así que cuando por fin encontró a Ginny, tuvo que entregarle una nota que había escrito explicándole la situación, algo bastante incómodo.
-¡Vivi! ¿Si te enteraste? Por los pasillos dicen que Harry se batirá en duelo con alguien- dijo Ginny sin percatarse de mi problema.
Le extendí el mensaje que leyó rápidamente.
-¿Cómo fue que te pasó eso? No importa, ¿estás segura de que así era el hechizo?- al ver que yo asentía, dijo- Iré a preguntarle a Harry, puede que él lo haya escuchado, o tal vez a Hermione, ella sabe mucho de eso.
Al oír eso, dije "¡NO!" o al menos eso quise decir, ella sólo entendió un gruñido.
-¿Qué pasa?- preguntó ella extrañada por mi reacción.
Quise decirle que no quería la ayuda de esa Granger, pero al parecer entendió otra cosa.
-Ya sé, no te gusta no poder decir nada, no te preocupes, pronto solucionaremos esto.
-Palalingua… no, la verdad no creo haberlo escuchado- dijo Hermione extrañada.
-¿En serio? Oh, qué pena, quizás Harry sepa algo, iré a preguntarle- respondió Ginny un poco triste agradeciéndole a Hermione por su ayuda.
-¿Intentaste con un simple Finite incantatem?- dijo Harry luego de pensar unos instantes- El profesor Lupin lo usó una vez en clase, le pregunté cómo librarme de él y me dijo que bastaba con eso.
-Gracias Harry, lo necesitaba con mucha urgencia- le agradeció Ginny.
-¿Por qué tanta prisa? ¿Qué pasa?- preguntó Harry, curioso de saber a quién era la víctima.
-Afortunadamente preguntaste tú y no Hermione, le hubiera encantado ir y ver.
-No me digas que…
-Sí, así es Ha…
-¿Por qué no me dijiste antes?
-No quería que nadie se enterara.
-Pues creo que no lo has logrado.
-¿Me llevas a verla?
-¿Prometes no reírte?
-Haré lo posible.
Una vez llegaron donde estaba ella, vieron que estaba bastante impaciente por dejar de padecer ese hechizo del que había sido víctima.
-¿Puedes abrir la boca? Quiero ver cómo es- dijo Harry intrigado.
Ella hizo un gesto que al parecer quería decir "¿Tengo que hacerlo?"
-¡Por fa!
Lo que vio lo dejó sorprendido, era tal cual lo había imaginado, era bastante extraño ver que su boca no tenía a la vista el orificio por donde se va la comida. Era, de lejos, lo más raro que había visto en toda su vida.
Viviana otra vez soltó un ruidito que esta vez expresó impaciencia y Ginny se apuró a decir el hechizo necesario.
-¡Oh! Qué alivio me da poder oír mi voz otra vez, no soportaba eso de no poder hablar- exclamó la pelinegra contenta.
-¿Quién te hizo eso? Porque no te creo eso de que lo encontraste por ahí y lo dijiste para ver qué pasaba- dijo Harry a la expectativa de su respuesta.
-Nadie importante, un chico de apellido Hamilton, ¿lo conoces?
-No- mintió Harry- No lo he visto en mi vida.
Al día siguiente durante el desayuno recibió una carta que decía únicamente "Hoy, 3:00 pm, Salón 5 Primer Piso" apenas terminó de leer las indicaciones, se las pasó a Ron con cierta dificultad porque Hermione estaba al lado de él y no quería que notara nada, de lo contrario tendrían que contarle.
Mientras Edward se dirigía al salón donde se enfrentaría con Harry por Viviana (sabía que ella no estaría con él aunque ganara el duelo, pero al menos demostraría ser mejor que El Niño que Vivió), recordó lo que había pasado desde que había retado al pelinegro.
"Lo voy a matar y luego la mataré a ella" pensó mientras se alejaba de la silenciada joven de los ojos verdes. "Espera, arruinarás tu vida si lo hacer, tarde o temprano lo descubrirán" dijo su conciencia. "Está bien, será un duelo".
Pero eso no era lo peor de todo, había una niña de cuarto año que siempre había estado interesado en él, pero nunca le había correspondido porque no le generaba la más mínima atracción; había vuelto a acercársele cuando se enteró que había "roto" con Viviana y pensó que tenía otra oportunidad. "Que ni lo piense" se decía una y otra vez "No tengo la más mínima intención de pasar 1 minuto a solas con ella".
Siempre le había tenido envidia a Harry por quien era, más que todo a su fama, pero la gota que rebosó la copa fue lo de Viviana, comprobó que era de esas chicas que les importaba más la fama que la personalidad y él no podría vivir con eso de siempre estar por debajo del Gran Harry Potter ya que nunca podría estar con ella, incluso empezaba a arrepentirse de haberse acercado aquella noche a reconfortarla cuando estaba llorando.
Pero no habría podido evitarlo aunque hubiera querido, escuchar una niña llorando le partía el alma y lo había experimentado con su hermana, además cuando vio su cara por primera vez sintió mariposas en su estómago, jamás había visto una niña tan linda; repasó ese recuerdo y visualizó esos ojos verdes tan hermosos inundados de lágrimas…
Se maldijo por pensar en eso, TENÍA que olvidarla, debía tener en cuenta algo muy elemental, él nunca tendría una oportunidad con ella así como la niña a la que le gustaba jamás tendría oportunidad con él.
Finalmente llegó al salón convenido y vio que aún no había llegado su contrincante. Oyó pasos por varios minutos hasta que por fin lo identificó, venía con el chico con el que estaba cuando lo retó.
-Por fin has llegado, pensé que en realidad sí eras un cobarde- dijo Edward con odio.
-No seas estúpido, ¿acaso crees que me iba a arriesgar a sufrir los efectos de huir a un duelo?- le respondió Harry dándole una de sus peores miradas.
-Oh, sí, el Gran Harry Potter no querrá quedarse sin poderes, de lo contrario ¿Quién nos librará de Aquel-que-no-debe-ser-nombrado?- se burló el chico
-¿Me hiciste venir hasta acá para burlarte de mí? Pensé que querías batirte en duelo conmigo.
-Por supuesto que quiero, no deseo otra cosa en este momento.
-Entonces ¡ven acá!
Edward movió su varita y conjuró una división del campo de duelo.
-Ninguno de los dos puede pasar ese límite, en caso de hacerlo, el otro ganará.
-Como quieras.
Luego de seguir el protocolo, se pusieron en posición para comenzar el duelo.
Entonces Ron dijo:
-A la cuenta de tres, uno, dos… ¡TRES!
-¡Desmaius!
-¡Expelliarmus!
De las varitas de Harry y Edward salieron rayos de luz intentando golpear al oponente, pero fallaron.
Después de varios intentos Harry comprobó que este chico no era ningún idiota, Ron había tenido razón, no confiarse había sido lo mejor que pudo hacer.
-¡Tarantallegra!
El hechizo de las piernas bailarinas casi lo golpea, alcanzó a protegerse a tiempo con un Protego, debía atacarlo cuando pudiera, había estado lanzándole hechizos durante los últimos 15 minutos sin darle otra opción que defenderse.
-¡Bombarda!
Harry no tuvo otra que lanzarse al suelo y ver el resultado. Fue entonces cuando pensó que si no distraía a su oponente, pronto sería víctima de uno de sus ataques que iban incrementando en gravedad.
-¿Quieres matarme? De todas formas no lograrás estar con ella, ¡me quiere a MÍ!
-No, ya no la quiero a ella, quiero demostrar que tú no eres tan grande como todos dicen.
-¡YA BASTA! ¡ACABARÉ CON ESTO DE UNA VEZ! ¡CONFRINGO!
Lo último que supo Harry es que oyó un estruendo similar al de una gigantesca explosión.
En realidad eso fue lo que sucedió y tanto el desafiado como el padrino cayeron inconscientes ante semejante ataque.
El atacante vio lo que causó su ataque y huyó, pero cuando llegó a la puerta decidió ir a donde estaban los chicos inconscientes y hacer un encantamiento desmemorizante, un movimiento que posiblemente le salvaría la vida.
-¡Aaaahhhh!
Oyó pasos a su alrededor, se preguntó por qué demonios estaba en la enfermería, lo último que recordaba era estar desayunando. No sabía que había sido víctima de un Obliviate.
-¡Ya despertó!- oyó decir, pero estaba muy confundido como para reconocer la voz de aquella persona.
A su lado vio a Ron y trató de despertarlo.
-¡Ron! ¡Ron! ¡Despierta!- dijo Harry con desespero mientras sacudía a su mejor amigo.
-¡Todavía es muy… temprano! ¡Además es domingo!- dijo el pelirrojo mientras se cambiaba de lado y seguía durmiendo.
-¡Es en serio, Ron!- le respondió mientras lo seguía sacudiendo.
Apenas abrió los ojos supo que no estaba en su dormitorio y que algo andaba mal.
-¿Ah? ¿Qué hacemos acá? No recuerdo haberme sentido enfermo o algo parecido- dijo Ron extrañado de estar rodeado de las cortinas que reconocía como las de la enfermería.
-Oh por Dios, es una suerte, pensé que nos había abandonado- dijo una chica cuya voz Harry estaba intentando reconocer.
-¿Y qué pasa con Ron? ¿Acaso no estaba también con él?- dijo otra chica con tono de pelea.
-¿Hermione?
-¿Ron?
Se oyeron pasos rápidos y en menos de 5 segundos, las cortinas fueron abiertas y dos personas entraron por ellas, personas que, según Harry, no tenían motivos para estar juntas.
-¡Qué gusto me da ver que estás vivo!- lo abrazó Hermione con alivio.
Luego hizo lo mismo con el otro chico.
-¡Viviana! Pero qué…
-¡Harry! ¡Qué susto me diste!- dijo la chica sin notar la mirada de furia de Hermione.
-Pensamos que estaban muertos- dijo Hermione evidenciando que estuvo muy nerviosa.
-La espera fue eterna, sobre todo por la compañía- dijo Viviana.
-Sí, eso fue lo peor de todo- dijo Hermione captando la indirecta.
-¿Muertos? Pero de qué demonios están hablando- dijo Ron más confundido que nunca.
-¿Es una broma?
- ¿Perdón?
- Sí, oíste bien, ¿Es una broma?
-No, hoy es domingo, ¿verdad?
-Ron, ¿te sientes mal?
-¿Por qué preguntas eso?
-¡Porque hoy es martes!
-No, eso no es posible- reaccionó Harry- No me acuerdo haber vivido el domingo ni el lunes.
-Por supuesto que no, porque estuviste aquí en la enfermería inconsciente- dijo Viviana.
-¿Inconsciente?- dijo Ron aún más confundido que antes.
-¡Sí, Ron! INCONSCIENTE- dijo la rubia comenzando a perder la paciencia.
-¿Nos pueden explicar de una buena vez por qué estamos aquí?
-La verdad no lo sé- dijo Hermione- Fui a buscar a Ron porque no lo había visto en el almuerzo y me pareció muy extraño que no estuviera ya que le encanta comer, así que fui a buscarlo por todo el colegio, Ginny tampoco lo había visto así que me comencé a preocupar. Fui bajando desde la Torre de Gryffindor hasta que llegué al primer piso y vi que la puerta de un salón estaba abierta, entré y los vi tendidos en el suelo.
-Mmm, qué extraño, no recuerdo haber ido a ningún salón- dijo Harry pensativo.
-Qué alivio que estén a salvo, ahora podré irme a dormir, no he dormido desde que los trajimos a la enfermería- dijo Hermione exhausta
- Yo también lo haré- respondió Viviana frotándose los ojos- Es lo único bueno que has dicho en todo este tiempo.
Hermione salió de la enfermería no sin antes dedicarle otra mirada de furia a su compañera (o más bien enemiga) de casa.
Una vez se fueron las chicas, Harry habló.
-No sé qué nos pasó, sólo se me ocurre una persona que sabe qué sucedió- dijo el pelinegro.
-¿Ah, sí?- preguntó Ron
-Hamilton
