Capítulo 11: Una gran sorpresa
Komamura le había sugerido a Akio si quería volver al mundo humano, pero le sorprendió ver que su compañero rechazaba esa idea, convenciéndolo de que quería pasar aun más tiempo en la sociedad de almas, es más, Akio volvía a convivir con los demás miembros de la división, y shinigamis del Gotei, asistiendo a los entrenamientos o inclusive, yendo junto a su pareja a la academia shinigami para aconsejar a los estudiantes. Ambos avanzaban de nuevo.
Komamura y Akio regresaban al Gotei después de una tarde de entrenamiento con sus bankais, habían ido a una zona alejada y deshabitada donde no hicieran daño, ya que el comandante Yamamoto les había pedido que tuvieran precaución con usar el poder de sus zampakutous, además, durante su práctica, también habían estado los miembros de la división siete, quienes habían visto impresionados la forma en que la pareja peleaba, además de admirar el bankai de ambos.
Ya en casa, ambos disfrutaban de una rica cena, acompañados de Gorou, además, de que Akio había preparado su rico pastel de queso con fresas, un postre que le gustaba mucho a Komamura.
- Sajin, quería hablar contigo sobre algo – Dijo Akio de repente, cuando él y su pareja terminaban de cenar.
- ¿Qué sucede Akio?
Akio tomó aire antes de hablar.
- Verás, cuando fuimos a la división doce, para encontrar una forma de hallar a los padres de Kaito, recordaras que yo pregunte por Mayuri en aquella ocasión.
- Sí, lo recuerdo – Repuso Sajin – De hecho, aun tengo la duda de por que pediste ver al capitán Mayuri.
- Bueno, la razón es porque había escuchado que Mayuri, como científico, es capaz de hacer muchas cosas, y pensaba que a lo mejor él podía saber como ayudarnos a tener un hijo que sea tanto tuyo como mío – Confesó Akio – No te había querido decir nada antes porque al igual que tú, yo creía que podíamos adoptar a Kaito.
- ¿Y que fue lo que te respondió? – Preguntó Komamura, un poco serio.
- Dijo que eso no era algo imposible para él, que lo que pedía era algo completamente sencillo – Terminó de decir Akio.
Sajin no dijo nada en el resto de la cena, meditaba acerca de lo que le había comentado su joven pareja. Cuando estaban recostados, ya a punto de dormir, Akio volvió a hablar.
- ¿Estas molesto Sajin?
- Un poco, pero porque no me habías dicho nada de esto. Pero a la vez, me siento feliz y asustado – Sajin suspiró – Saber que podemos tener un hijo, me llena de ilusión, pero me asusta que aun no estemos listos o que no sepamos educarlo.
Akio comprendía las palabras de Sajin, él también sentía lo mismo, pero no podía dejar de pensar en aquello que quería tener con su lobito guardián.
- Si alguien pudiera guiarnos en esto – Dijo Akio antes de caer dormido.
Komamura miró a Akio un momento, y en aquel instante se le ocurrió una idea.
…
Al día siguiente Sajin había salido desde muy temprano con Gorou, sin querer decirle a su pareja a donde iría; Akio no pudo pensar en ello mucho tiempo, ya que acompañaría a parte de la división siete en una misión fuera del Gotei por una situación de cazar algunos hollows que habían estado acechando en el Ryukongai, por suerte, la misión no fue complicada, acabó rápidamente con los shinigamis eliminando a algunos hollows de bajo nivel que estaban atacando a algunos ryokas. Tras una rápida revisión a la zona y de ayudar a reconstruir algunas de las viviendas dañadas, la división siete volvía al Gotei, mientras pasaban por el Ryukongai, se encontraron con Sajin y Gorou.
- Parece que no tardaron mucho con el trabajo de hoy – Sajin se acercaba a Akio.
- Fue una misión sencilla – Repuso sonriente Akio, mientras cargaba a Gorou y le rascaba la pancita – Parece que tú también terminaste tu labor de hoy.
- En parte, de hecho, necesito que vengas conmigo – Dijo Sajin.
Por la expresión en su rostro, el humano dedujo que su pareja había planeado algo aquel día, movido por la duda, Akio se despidió de la división de momento y acompaño a Sajin por el Ryukongai.
- ¿Me dirás que es lo que ocurre?
Llevaban un largo tramo ya caminando por la zona, estaban llegando a uno de los límites del Ryukongai, ahí Sajin sacó un extraño aparato de entre su ropa, Akio lo reconoció, era la maquina que Akon les había dado para rastrear el reiatsu de alguien en específico.
- ¿Por qué traes eso?
- Bueno, ayer dijiste que sería bueno si hubiera alguien que nos pudiera guiar en nuestra duda de saber como ser padres. Y pensé que quien mejor que alguien que ya hubiera pasado por eso – Comenzó a explicar Sajin – Esta mañana, tomé un cabello tuyo y lo usé en la máquina, la cual, me trajo hasta esta zona.
En ese momento, Sajin encendió la máquina, la cual indicó en su pantalla dos puntos que indicaban a dos personas con el reiatsu similar, uno era Akio, la otra estaba a pocos metros, en ese momento, el humano sintió una presencia familiar, una que no había sentido en mucho tiempo. Al mirar en dirección de aquella presencia, vio a una mujer ryoka de cabello negro largo, y piel un poco acanelada; Akio caminó casi de forma inconsciente hacia aquella mujer, pues la reconocía, y aquella ryoka también reconoció al chico, pues cuando estuvieron uno frente al otro, ambos se miraban sorprendidos.
- Mamá… eres tú… – Akio habló casi tartamudeando.
- ¡Akio!… ¡¿Tú aquí?!
Akio no lo resistió más y abrazó a su madre con fuerza, no pudo contener las lágrimas. Muchas veces se había imaginado que encontraría a su madre en el Ryukongai algún día, pero en aquel momento, aquel reencuentro le había sorprendido.
- ¡Hijo!... ¡¿Cómo es que estas aquí?! – La madre de Akio miraba a su hijo, sin creer lo que veía – ¿No me digas que ya has muerto?
- ¡No, no! ¡Tranquila mamá! – Dijo rápidamente Akio – Sigo viviendo en el mundo material, pero vine aquí por que soy ahora un shinigami… Es que veras, hace siete años conocí a alguien muy especial, y gracias a él he crecido… Quiero que lo conozcas.
Akio miró a Sajin, quien se acercó, un poco nervioso de interrumpir aquella conmovedora escena, imaginaba la felicidad que inundaba a su pareja por la expresión de su rostro.
- Mamá, él es Sajin, un shinigami y hombre lobo… Aunque… Bueno, también, es mi pareja… Sajin, ella es mi madre, Michiru Masamune.
- Es un honor conocerla – Sajin se inclinó de forma respetuosa – Mi nombre es Sajin, Sajin Komamura.
- El honor es mío – Michiru estaba nerviosa, correspondiendo el saludo del shinigami, pues le había impactado lo que le había dicho su hijo.
Michiru los invitó a ambos a entrar en la pequeña casa en la que ahora vivía, el interior era amplio, pero de una sola habitación, en el medio del lugar se encontraba el fogón, sobre el cual había una olla de la cual salía un delicioso aroma a estofado de vegetales.
- Hijo, cuéntame todo lo que ha pasado… Cuando fallecí y llegué a este lugar, pensé que nunca volvería a saber de ti, o de tus hermanas.
Akio comenzó a hablar de lo que había hecho desde hacía siete años, le habló a su madre de como su don para ver espíritus y contactar con ellos le llevo a conocer a Komamura, y como después de su primer encuentro, fue Sajin quien le dio ánimos de volverse escritor, relató los problemas que habían tenido que pasar para que ambos vivieran juntos; inclusive habló de su reencuentro con sus hermanas por la muerte de Shishio. Michiru le preguntó a Sajin acerca de su pasado, y éste le habló con sinceridad de cómo había crecido en la sociedad de almas, así como de lo que había pasado como shinigami. Después de escuchar aquello, la madre les sirvió un poco del estofado, relatando también un poco de su historia después de haber llegado a la sociedad de almas, revelando que había llegado a cuidar algunos de los niños que, al morir, llegaban a la sociedad de almas; mientras hablaba, Akio miraba a su madre, la veía feliz, más llena de vida inclusive cuando vivía en el mundo material.
- ¡Oh! Casi no queda agua para el té, ¿Podrías ir por un poco al pozo, Akio?
- Claro que sí.
Akio salió del lugar con Gorou, Sajin se quedó a solas en el lugar con Michiru.
- Se ve que ha crecido bastante bien y que es feliz – Michiru empezó a hablar con Sajin – también se ve que ha sido feliz a su lado; señor Komamura, creo que debo de darle las gracias por cuidar a mi pequeño todo este tiempo, por favor, le pido que siga cuidando de Akio.
Michiru se inclinó ante Komamura, mientras realizaba la petición. El shinigami correspondió al acto también con una inclinación.
- Descuide, siempre voy a protegerlo, es a quien más quiero – Repuso Sajin.
Al momento de levantarse, Michiru se acercó a Sajin, abrazándolo, aquello fue algo inesperado para el shinigami.
- Tal vez sea algo tarde decir esto, pero, bienvenido a la familia, hijo.
En cuanto el joven volvió con Gorou, vio a Sajin y a su madre platicando sobre la infancia de Akio, y como éste muchas veces se metía en problemas porque era muy travieso. Sajin y Michiru no podían evitar reírse.
- No deberías contar eso mamá – Reclamaba Akio sonrojándose – Eso pasó hace mucho.
- Perdón hijo, pero es que era muy divertido cuando te metías en problemas.
Akio escondió su rostro por pena. Komamura le alborotó el cabello. El agua para el té no tardó en estar lista, ya estaba atardeciendo mientras todos tomaban una taza de té.
Estaba atardeciendo.
- ¿Y volverán pronto al mundo material? – Preguntó Michiru.
- Puede que en un par de semanas – Respondió Akio – Yo debo volver a mi trabajo de escritor… Pero como shinigami, podíamos visitarte, y la próxima vez podría venir con mis hermanas.
Michiru no dijo nada, sobre su rostro se dibujó una sonrisa melancólica.
- Gracias Akio, siempre has sido alguien con un gran corazón.
Akio se acercó a su madre en aquel momento.
- No realmente, a veces soy muy orgulloso, y eso me hace tomar decisiones erróneas, como cuando estabas enferma y nunca fui a verte al hospital.
- No te culpo, me aproveche conforme crecías de tu forma de ser y me apoyé demasiado en ti cuando yo era quien debía cuidarte de todo el daño que recibías por luchar por lo que querías – Dijo Michiru – Me doy cuenta que como madre, debí apoyarte por ese camino que escogías y tal vez, las cosas hubieran sido diferentes, tal vez, puede que hasta te pudiera ayudado con el don de ver espíritus que se transmite en nuestra sangre.
Madre e hijo se abrazaron a forma de disculpa, ya estaba anocheciendo, así que Sajin y Akio volverían al Gotei.
- Pueden volver cuando quieran, aunque no tan seguido – Decía Michiru al despedirse de ambos – No me gustaría que tu vida en el mundo material acabe muy pronto. Los quiero a ambos, hijos.
Michiru abrazó a Akio y a Sajin, hasta les dio un beso en la mejilla.
De camino a su casa, la pareja hablaba de aquel día, principalmente Komamura reflexionaba acerca de que Michiru le había dicho hijo, y que aquello le había hecho sentir lo que le había hecho falta cuando era cachorro.
- Creo que comprendo que era lo que nos faltaba entender para decidir si es tiempo de tener un hijo – Dijo Komamura – Así que Akio, ¿Quieres tener un hijo conmigo?
- Si quiero Sajin.
Komamura cargó a Akio en brazos en el resto del camino.
