Los nombres no importan

Al Grun, 17 años, Distrito 7

Disclaimer: Los Juegos del Hambre le pertenecen a Suzanne Collins

–Noventa y siete sobre cien. Buen trabajo.

La chica me mira con una ceja arqueada. Sin decir nada vuelve su vista al monitor y hace click en la opción para volver a tomar la prueba sobre plantas comestibles y venenosas.

– ¿No te parece que ya has hecho la prueba demasiada veces? –Pregunto al notar el número de intentos que muestra la pantalla.

–Eso a ti qué te importa –responde con cierta brusquedad.

Demonios, no era mi intención hacer que se enfade. Intenté parecer casual, quizás ella me percibió como sarcástico. Tendré que tomar otro enfoque.

–Lamento si te molesté. –Digo, y le extiendo la mano –. Yo soy Al.

Ella mira detenidamente mi mano, luego se concentra en mi rostro.

– ¿Qué clase de nombre es ese?

–La clase de nombre que nos ponen en el Siete –contesto con la mano aún extendida.

Me mira un rato más antes de volver su atención al monitor.

– ¿Qué deseas, Al del Distrito Siete?

Tomo aire y me acerco a ella; preferiría que nadie nos escuchara.

–Te propongo una alianza.

El rápido tecleo se detiene. Mi ansiedad aumenta con cada segundo de silencio que pasa.

– ¿Por qué?

– ¿Por qué quiero aliarme contigo? Pues porque te he estado observando y he visto lo buena que eres en eso de clasificar plantas, también lo bien que te desenvolvías en la estación de primeros auxilios y he notado lo ágil que eres…

Ella alza una mano, indicándome que deje de hablar.

– ¿Crees que no sé todas esas cosas? Me refiero a por qué debería aceptar tu oferta, ¿qué aportas como aliado?

Sonrío, ha hecho una muy buena pregunta.

Me dirijo hacia la estación de lanzamiento, queda cerca de los monitores, así que ella puede verme. En la pared se hallas diversos artefactos para practicar; cuchillos, arcos, ballestas, etc. Yo elijo mi arma predilecta: la lanza. Una vez que la tengo en mis manos pienso en el ángulo que mi brazo debe tomar, en la posición de mis pies para ganar impulso. Respiro y arrojo el arma hacia la silueta humana que tengo en frente. El objeto aterriza en uno de los anillos blancos que están encima del círculo rojo. Las otras tres que le siguen dan en el blanco.

Satisfecho con mi desempeño me volteo para ver el efecto que causé mi potencial aliada. Juzgando por el asombro que asoma en sus grandes ojos azules, me parece que he logrado convencerla. Camino de vuelta a los monitores y veo que me aplaude. La miro y esta vez es ella quien extiende su mano.

–Trato hecho –dice –seremos aliados.

Yo se la estrecho.

–Genial, espero verte pronto, eh,… ¿cuál dijiste que era tu nombre?

Es curioso que no haya escuchado su nombre en todo el tiempo que la observé; también es curioso que no me haya dado cuenta hasta ahora.

–Zeta.

– ¿Zeta?

Asiente.

No puedo resistir preguntar.

– ¿Es en serio? ¿Ese es tu nombre?

–Escucha –replica un poco a la defensiva –, si tú eres solo Al entonces ¿qué tiene que yo solo sea Zeta?

Suena justo.

Oscuridad, es todo lo que veo. Nunca antes me había puesto a pensar en lo que se siente estar completamente a oscuras. Aún si lo hubiera hecho, dudo que me hubiera pasado por la cabeza los sentimientos de desolación y aislamiento que experimenta uno.

El sonido de la lluvia que cae en el exterior es lo único que me evitar pensar en que, de alguna forma he quedado atrapado en un agujero negro. Es más, ahora que lo pienso, esas dos palabras (agujero y negro) son una buena forma de describir a una cueva.

Algo que dijo Blight me viene a la mente. Una vez mencionó como después de ganar los Juegos, si se quedaba miraba a una pared por mucho tiempo empezaba a ver cuadros blancos y negros y sufría de terribles jaquecas. Si logro salir de aquí, ¿me pasará lo mismo? ¿Cada vez que mire una pared por demasiado tiempo empezaré a ver una oscuridad infinita? Ruego por que no.

¿Hace cuánto que salió Zeta? Difícil saberlo, el tiempo pasa muy lento cuando se está sumido en una completa oscuridad y se tiene un dolor incesante en la espalda. Me digo a mí mismo que ella debe estar bien, que es poco probable que algún otro tributo este merodeando por el bosque con este chaparrón. Además, no he escuchado ningún cañonazo desde la mañana pero ¿cómo podría saber si no hubo algún otro? El ruido fácilmente podría haberse confundido con un trueno.

Alejo esos pensamientos de mi mente. Quiero que Zeta esté a salvo, no sé cómo soportaré la culpa si no es así. Nos aliamos para beneficiarnos mutuamente, ahora que yo ya no le soy útil siento que no cumplo con mi parte del trato. Me he vuelto una carga.

Suspiro. ¿Quién diría que el bastardo del Nueve fuera tan sigiloso? No noté su presencia hasta que el muy cobarde me apuñaló por detrás.

Un leve haz de luz penetra en la oscuridad de la cueva.

– ¿Zeta? ¿Eres tú?

Mi mano se mueve hacia la daga ubicada a mi costado.

–Soy yo, tranquilo.

Mi mano se relaja.

La luz se acerca y logro distinguir la menuda figura de mi aliada. Noto que tiene el brazo derecho pegado a su pecho.

– ¿Qué traes ahí?

Zeta se sienta cerca de mí e ilumina con la linterna el contenido que acuna contra su torso.

Fragarias, ¿te gustan? Encontré unas cuantas plantas no muy lejos de aquí.

Tomo una.

– ¿Sabes? De donde yo vengo las llamamos fresas.

Aún a oscuras imagino a Zeta rodando los ojos.

Fragaria es el nombre científico de las fresas Al.

– ¿Cómo iba a saberlo? Con los nombres raros que tienen los del Tres –Respondo irritado.

–No creo que nuestros nombres sean más raros que los del Siete –Zeta le da un mordisco a una de las frutas –. Digo, Al es una palabra monosílaba, la contracción del artículo el y la preposición a. ¿De dónde inventan un nombre así?

–Pues, de hecho… Al es solo un diminutivo.

– ¿Lo es?

Asiento.

–Mi nombre completo es Serbal.

–Serbal –repite con la boca llena –. Así está mejor, ese parece un nombre más digno de alguien del Siete. Me gusta.

– ¿Mucho más que Zeta?

–No exageres –me advierte –pero si somos justos…yo también tengo algo que confesar. Zeta es solo una inicial.

– ¿Inicial de qué?

Ella no responde.

–Vamos, puedes decírmelo, yo ya te dije mi nombre completo. ¿Cuál es? ¿Zoe? ¿Zoey?... ¿Zahara?

Enumero todos los nombres con zeta que sé, que en realidad no son muchos, no acierto con ninguno.

–Si te lo digo, ¿prometes no reírte?

–Lo prometo.

–Es Zirconia.

Una risita brota de mis labios.

– ¡Prometiste no reírte!

Zeta se oye furiosa.

–Lo sé, lo siento, es solo que ¿por qué te llamaron así?

–Mi padre es muy aficionado a la química, fui nombrada en honor al zirconio. Tengo una hermana que se llama Selenia.

Me llevo la mano a la espalda, no debí moverme al momento de reírme pero no lo pude evitar.

–Los padres se toman muy en serio eso de nombrar a los hijos. A mí me pusieron Serbal en honor a mi abuelo.

Espero que ella formule una respuesta ingeniosa, cosa que no ocurre.

– ¿Zeta?

–No importa.

– ¿No importa qué?

–Nuestros nombres, tampoco nuestras familias, nada importa o mejor dicho: a ellos nada les importa.

–No comprendo lo que estás diciendo. ¿Y quiénes son ellos?

– ¿Quién crees? –la ira es obvia en sus voz –. Me refiero a los pomposos bobalicones que nos pusieron aquí.

– ¡Zeta!

– ¡No les importan nuestros nombres, quienes somos o el dolor que causan! Solo les importa sus malditos reality shows y vernos matarnos unos a otros para su mera diversión. ¿Qué clase de degenerados hacen eso? Es lo más repulsivo que…

Suelta una exclamación ahogada en cuanto la agarro de un hombro.

–Cierra la boca –ahora yo también estoy molesto –. ¿Sabes lo que los Vigilantes nos harán si te escuchan?

Ella me mira desafiante pero no dice nada. Yo tampoco pronuncio palabra alguna. Permanecemos así por no sé cuánto tiempo hasta que por fin vuelvo a oírla hablar con un tono bastante seco.

– ¿No piensas comer más fresas? Necesitas energía para mañana.

Primero que nada, déjenme disculparme por no actualizar esta historia en un largo tiempo. Haré lo que pueda por volver a subir otro capítulo pronto y espero que este les haya gustado. Personalmente me gusta mucho la relación que comparten Al y Zeta, y ¿saben quién más los ve con buenos ojos? ¡Blight! Sí, el buen Blight ve una especie de reflejo de él y Bia en Al y Zeta por lo que hace todo lo que puede por apoyarlos, les envía medicina para ayudar a Al con su herida. Tristemente el destino de esta pareja es igual al de Blight y Bia, Al logra salir de la arena pero Zeta no. Sus palabras le costaron caro y muere a manos de una manada de mutos que iban dirigidos específicamente hacia ella en una de sus excursiones para buscar comida. Poco después los profesionales encontraron a Al quien se adentró aún más en la cueva para huir, el grupo de profesionales lo siguió y bueno, pues resulta que la cueva era la entrada a una especie de laberinto subterráneo y los pros sucumbieron a las diversas trampas del lugar. Las cosas no fueron mejor para Al ya que tuvo que enfrentarse a mutos y rocas gigantes estilo Indiana Jones. Para cuando los demás tributos se mataron entre sí el pobre estaba muriendo de hambre tras haberse roto una pierna en un derrumbe. Desde que salió de la arena ya no soporta estar a oscuras . Pobre.