CAPÍTULO 11

Glimmer continuaba con su deambular por los jardines de la finca. Ni siquiera sabía cuánto tiempo hacía que Katniss se había marchado, en realidad había perdido la noción, aunque, poco le importaba. En esos momentos, en su mente no había lugar para ese tipo de nimiedades, ya fuera el tiempo o el espacio; sus pensamientos estaban completamente ocupados por él, al igual que su corazón, conviviendo en perfecta armonía con aquella agonía que a veces salía a flote asfixiándola.

Desde hacía meses había tratado de idear alguna excusa plausible para volver a Vilastagno o, más bien, para volver a verlo a él. Sonrió con amargura al recordar el día en que recibió su carta invitándolos a ella y a Gloss a su matrimonio. Fue el momento más feliz y, a su vez, el más doloroso de su vida, como si ese dualismo fuese posible o pudiera darse en una misma y única realidad. Y así era, porque a la vez que su corazón palpitaba rebosante de alegría en su pecho ante la idea de volver a verlo, lo sintió resquebrajarse al saber que se uniría a otra. Lo que la hirió como un puñal mortífero fue que, con aquello, le respondía a la duda que tantas veces la había asaltado... definitivamente Marvel no la amaba o, al menos, la había olvidado, cosa que ella no había conseguido.

Si hubiera podido eludir aquella visita a Vilastagno lo habría hecho, aún ahora lo hubiera deseado. Aquella herida, lejos de sanar seguía más sangrante que nunca porque, esa incertidumbre que tanta compañía le había hecho por años había vuelto a asaltarla y, como una pesada losa sobre su dolor, el beso que le diera la víspera de su boda no había hecho más que alimentarla. Lo peor de todo era que no alcanzaba a comprender el porqué de su arrebato. Trató de excusarlo con el típico nerviosismo previo al matrimonio o como aquel acto que había quedado inconcluso la noche antes de partir a luchar y que necesitaba concretar para cerrar aquel ciclo y empezar en paz su nueva vida. Sea como fuere, la única verdad era que había abierto una brecha en ella imposible de obviar, todo el esfuerzo de aquellos años por sacarlo de ella había resultado pueril e inútil. Su traidor corazón seguía palpitando por él, a pesar de sus deseos, con el simple hecho de verlo, como en ese preciso instante en que lo veía caminar hacia ella, cabizbajo. Eso era algo que también la atormentaba sin piedad, la expresión sombría y taciturna que dibujaban sus facciones cuando creía que nadie lo observaba, llevándola a la creencia de que, en realidad, no era feliz. Si al menos uno de los dos fuera dichoso...

-¡Glimmer! -lo escuchó exclamar cuando casi lo tuvo enfrente. Toda aquella pesadumbre que acababa de vislumbrar se tornó en una amplia sonrisa. El corazón de Glimmer respondió a aquello con un vuelco en su pecho.

-¿A dónde vas tan preocupado? -quiso saber.

-Debo revisar unas cosas en la granja -le informó. -Aunque, no es eso lo que me aflige -reconoció.

-Sabes que puedes confiar en mí ¿verdad? -le alentó.

Marvel suspiró con pesadez.

-Mañana daremos una comida en honor a la familia de Clove y he sabido por ella que también asistirá el Capitán Seneca -le anunció. -Mucho me temo que tendré que tomar una decisión en cuanto a sus intenciones para con Katniss y, ciertamente, no sé si será la adecuada.

- Katniss ya es una mujer con derecho a decidir por ella misma -le dio su opinión aunque él no la hubiera pedido. Bien sabía que no era necesario que lo hiciera. -Y, por descontado -añadió, -Seneca no es el hombre adecuado para ella.

-¿Peeta Mellark sí lo es? -inquirió él molesto.

-Sí -afirmó ella con seguridad. -Y, entre toda la cantidad de razones que se me ocurren para que así sea -prosiguió a pesar de su intención de replicar, -la más importante de todas es que lo ama.

Marvel sostuvo su mirada con rictus severo por un segundo, para luego bajar el rostro con aire de derrota.

-El amor... -alegó meditabundo. -El amor no lo es todo y bien lo sabemos ambos.

Glimmer se tensó ante esa afirmación. ¿Qué quería decir con aquello? ¿Que en realidad si sentía amor por ella pero no había sido lo bastante fuerte como para luchar por él? ¿Era un sentimiento tan banal que no había sido motivo suficiente como para confesárselo y haber impedido así que ella uniera su vida a Gloss? Si bien, lo que la impulsó a ella a no luchar fue el despecho, la indiferencia que pareció mostrarle cuando regresó de la guerra, ¿cuál había sido el suyo para darse por vencido sin ni siquiera haberse mostrado ante ella?

-Lo que en una ocasión no lo fue todo para ti, en esta situación sí debería serlo -repuso en tono de reproche. -No permitas que Katniss cometa tus mismos errores.

Marvel hizo ademán de responder pero Glimmer no se lo permitió. Se dio media vuelta y se fue, dejándolo con aquella réplica en los labios. Haciendo un gran esfuerzo por no voltear a mirarlo se dirigió hacia el sendero principal que conducía al Palacio, encontrándose a Clove que caminaba hacia a ella.

-Glimmer, querida ¿has visto a Marvel? -preguntó la mujer con cierta suspicacia.

-Acabo de verlo en el jardín -le indicó. -Me dijo que se dirigía a la granja a solucionar un asunto -agregó con normalidad en su voz.

Entonces Clove lanzó una risa cínica sorprendiendo a Glimmer.

-Bien sabía yo que si a alguien debía pedirle cuentas sobre mi marido, esa sería a ti, querida -apostilló con mirada mordaz.

-¿Por qué dices eso? -preguntó confundida.

-Por favor, Glimmer -suspiró poniendo los ojos en blanco. -Todo el mundo sabe lo que significa el primer amor de una muchacha -sugirió con malicia. -Por mí está bien, siempre que los fantasmas del pasado se mantengan ahí, en el pasado y lo más alejados posible.

Aquello cayó sobre Glimmer como un jarro de agua fría y se avergonzó de la forma en que Clove le reclamaba sus derechos sobre Marvel, cosa que, aun siendo del todo legítima, le era difícil reconocer. Su presencia allí estaba de más y Clove así se lo hacía saber, sin tapujo alguno.

-No te apures -le dijo guardando la compostura o intentándolo al menos. -Esta misma tarde Gloss y yo nos iremos.

-No me malinterpretes -se excusó con fingido pesar. -No era mi intención importunarte.

-Al contrario -agregó manteniéndose firme. -En mi nombre y en el de mi esposo te agradezco la hospitalidad y te deseo una gran felicidad en tu matrimonio.

-Gracias, querida -su sonrisa triunfante era el complemento perfecto a su entonación y su mirada ladina.

-Ahora, si me permites, iré a disponer nuestro equipaje -se excusó, deseando alejarse de aquel rostro pérfido lo antes posible.

-Es propio -le contestó cuando ya se encaminaba hacia el interior.

Glimmer ni siquiera había esperado su respuesta y, con paso apresurado se dirigía a su recámara. Le apenaba tener que marcharse de allí de esa manera pero tampoco tenía porqué soportar las indirectas de Clove, máxime cuando contaba con todo el derecho de hacerlas. Realmente, si sospechaba o no acerca de sus verdaderos sentimientos hacia Marvel era lo que menos le importaba. Lo que la mortificaba era el hecho de que hiciera valer su posición de esposa ante ella, pues, aunque su clara intención era la de ofenderla, conseguía, sin que posiblemente se lo propusiera, herirla en lo más profundo ya que lo que más deseaba en el mundo era ocupar su lugar. Era una completa tortura permanecer allí por más tiempo por lo que decidió que partirían inmediatamente. No era necesario dilatar más ese momento, así que se lo comunicaría a su marido.

Cuando llegó a su recámara lo halló frente a un lienzo, pintando.

-¿Es alguien en particular? -se interesó ella por la dama de aquel retrato.

-Verdaderamente no creo que te importe -espetó Gloss con desgana y hastío, sin despegar la vista del cuadro.

-¿Qué te pasa Gloss? -le demandó tras aquel ataque gratuito. -¿Por qué me tratas así?

-¡Maldición Glimmer! -blasfemó soltando el pincel sobre el caballete. -¿Cómo hacértelo entender? -inquirió con ironía. -Aquí siento que me ahogo -señaló a su alrededor. -No soy capaz de pintar. Tú y tu acérrimo e incomprensible deseo de permanecer aquí me lo habéis impedido.

-Gloss, hemos vivido una situación muy difícil -trató de explicarle. - Katniss apenas ha vuelto de...

- Katniss y Marvel, Marvel y Katniss -la cortó con exasperación. -¿No sabes hablar de otra cosa? Me importa un bledo, igual que yo a ellos.

-Eso no es cierto...

-Me importa bien poco si es cierto o no -atajó con brusquedad. -Yo soy un artista y necesito de mi espacio, de mi libertad. Me siento secuestrado en este lugar tan sofocante.

-Está bien -trató de calmarlo. -Nos vamos esta misma tarde, voy a ordenar que nos preparen el equipaje.

-Por fin las musas han insuflado algo de inspiración a esa cabeza hueca tuya -elevó los brazos con gesto teatral, para, inmediatamente, voltearse y tornar la atención a su pintura, sin importarle la mueca de amargura de su esposa.

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El sonido de los floretes estrellándose uno contra a otro era atronador, resonando el choque del metal en las paredes de la estancia mientras las filosas hojas silbaban en el aire una y otra vez, con rapidez y acierto. Nadie habría afirmado que era un simple entrenamiento o un encuentro amistoso, bien parecía un duelo a muerte.

-Cálmate, Peeta -le reclamó Haymitch resistiendo su embate por enésima vez. -Yo no soy Seneca -lo separó de él empujándolo con fuerza, sacudiéndolo y haciendo con aquel movimiento que retornara la cordura al muchacho.

-Lo siento -se excusó pasando una mano por sus cabellos con nerviosismo, con la respiración agitada. -Saberla con ese ser inmundo me enloquece.

-Eiffel me ha confirmado lo que te dijo Katniss -le comentó sin intención de ahondar en la herida, sin conseguirlo en vista de la expresión de Peeta. -Muy astuto ese Seneca -trató de desviar el tema. -Usa la táctica del bastón y de la zanahoria y, mientras tanto juega, con la vida y el sustento de los campesinos.

-Ese canalla no da puntada sin hilo -le aseguró. -Y lo que más me desespera es que intenta atrapar en su red a Katniss.

-Confía un poco más en ella -le animó palmeando su espalda.

-Por supuesto que confío en ella -aseveró molesto. Ya era la segunda persona ese día que ponía en duda su confianza en Katniss. -En quien no confío es en él. A ti no tendré que convencerte de que es un canalla ¿o sí? -añadió con sarcasmo.

Haymitch lo miró con desaprobación.

-Siempre exigirá algo más a cambio del grano -continuó Peeta ignorando su mohín. -Todo con tal de no cumplir su palabra.

-¿Crees que no devolverá el grano mañana? -aventuró Haymitch.

-Estoy completamente seguro -sentenció Peeta con firmeza. -Apostaría mi alma en ello.

-En ese caso, habrá que reunir a los hombres.

La capciosa sombra que espiaba agazapada aquel momento decidió que ya era tiempo de informar a su patrona y se alejó de allí con el mismo sigilo con el que había llegado.

-Es una gran ocasión para quitarnos a esa chiquilla molesta de encima -aseveró Enobaria apretando su pañuelo en su puño con ansiedad. -Confiemos en Clove por el momento. Me parece lo suficientemente hábil -disfrazó la palabra con vileza.

-Yo no estaría tan seguro, Señora Marquesa -intervino el sirviente.

-¡Tú te callas! -le atajó amenazante. -Aunque si fallase, yo me basto y me sobro para llevar a cabo mis propios planes -concluyó con la mirada inyectada en perversidad.

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* ~ § ~ *

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Glimmer recorrió con la vista la ostentosa y deslumbrante estancia que Delly había asignado como sus dormitorios. Había sido muy amable al invitarlos a pasar una temporada en su Palacio, conociendo los planes de Gloss de retratar a Rue, y Glimmer no pudo menos que reconocer lo conveniente de aquello, dada la cercanía a la que se encontraban ambos palacios.

Se acercó a la cómoda y dejó sobre ella con gran desgana su bolso de mano, para colocar, con verdadera apatía sus enseres personales. No podía quitarse de la cabeza la forma tan repentina en que se habían marchado de Vilastagno, apenas se habían despedido de nadie. Sólo acudieron a saludarla Effie, Annie y algunos siervos más. Katniss aún no había regresado de su paseo, ni Marvel de la granja y, de forma muy conveniente, Victoria le había expresado a su camarera su intención de recostarse después de su salida a cazar.

Glimmer sacudió la cabeza tratando de alejar aquella tristeza que la había invadido desde que pusiera un pié en el carruaje y decidió que aquello sería lo mejor, al menos para su corazón.

Adiós Marvel...

-Gracias a Dios nos hemos ido de aquel lugar -irrumpió Gloss en su recámara con declarado entusiasmo en su rostro.

-Sigo sin entender por qué te ha disgustado tanto -murmuró ella afligida, a lo que él respondió con una seca mirada. -De todos modos no volveremos allí en mucho tiempo -añadió, complaciéndolo a él y martirizándose ella.

-Mejor así -espetó él con insultante alegría. -Sabes que es difícil encontrar temas nuevos, interesantes, la inspiración -apostilló mirándola de arriba a abajo con desinterés. -Pero aquí se respira otro aire y no veo la hora de comenzar el retrato de Rue -añadió casi saboreando la excitación que aquello le producía. -Iré mañana mismo al Palacio Dimonte.

-Mañana no creo que pueda ser posible -apuntó Glimmer con voz monótona mientras retomaba su tarea en el tocador. -Los Dimonte pasarán el día en Vilastagno.

-¿En Vilastagno? -inquirió con el rostro crispado.

-Sí -repuso ella sin comprender su cambio de actitud.

-¿Tú lo sabías y no me has dicho nada? -la acusó con dureza.

-¿Qué te pasa? -preguntó sobresaltada.

-¿Qué me pasa? -repitió con sarcasmo. -Tú me odias ¿verdad?

-¿Por qué dices eso? -se defendió ella.

-¿Y tú por qué siempre tienes que contrariarme, entorpecer mi trabajo? -la tomó por un brazo con brusquedad. -Todo este tiempo me has tenido en ese odioso lugar haciéndome perder mi precioso tiempo y ahora que tendría que estar allí me traes a Turín.

-Gloss te lo ruego, cálmate -trató ella de zafarse de su agarre, consiguiendo, en vez de eso, que él se encolerizara más.

-¿Qué me calme? -se rió en su cara. -¿Y además te atreves a tratarme como si fuera un niño? Una mujer tan insignificante y gris como tú -agregó zarandeándola.

-Gloss...

-Tú no quieres que yo exprese mi arte -la empujó en un ataque de ira hacia la cómoda, golpeándose violentamente ella en la espalda contra el mueble. -Intentas impedirme que pinte a Rue Dimonte ¿verdad?

-¿Pero por qué me haces esto? -preguntó con estupor, con las lágrimas corriendo ya por sus mejillas en una mezcla de dolor y humillación.

-Porque es lo único que merece un ser miserable e insípido como tú -alegó antes de que le propinara el primer golpe, el que cruzó su cara de forma dolorosa haciéndole que todo se volviera oscuro, invadiendo su boca con el sabor metálico de su propia sangre.

Glimmer lanzó un grito de dolor y trató de proteger su rostro con ambas manos al ver que Gloss volvía a alzar su mano y él emitió una carcajada endiablada ante su gesto, helándola de terror.

-Qué deliciosa la actitud femenina -se burló. -Y tan inútil -añadió con acritud, bajando entonces su mano, abofeteándola de nuevo y haciéndola caer con la sacudida, -inútil como toda tú que ni siquiera has sabido darme un hijo -escupió mientras asestaba una patada en aquella zona que él creía hueca y vacía, su vientre.

Glimmer se encogió a causa del dolor, aplastando las rodillas contra su pecho y ocultando su cara entre sus manos, ahogando un grito en su cortada respiración. -Por favor, Gloss -le rogaba. Su orgullo había huido de ella hacía mucho tiempo, con su primera lágrima y sólo el miedo, mas bien el pavor, quedaba presente, al igual que el sufrimiento que laceraba todo su cuerpo y el afán de supervivencia y de salvaguardar su integridad física. Cerró los ojos a la espera de un nuevo golpe que, milagrosamente no llegó.

-Inservible -le oyó farfullar mientras el sonido de sus pasos se alejaba de ella.

Al escuchar el sonido de la puerta al cerrarse, Glimmer pudo dar rienda suelta a su llanto. Era el único consuelo que solía quedarle... después de tantos insultos, de tantos golpes.

Maldijo, como siempre hacía, su condición de mujer, de pertenecer con deshonra a aquel género que debía soportar con resignación la humillación, los abusos y sin oportunidad alguna de escape, en una época donde una amante o una prostituta eran menos infames que una mujer que abandonaba su hogar, por maltrecho que éste estuviera. Hacerlo significaba quedar desprovista de todo, y ya no sólo de sus posesiones o su título, aquello era lo de menos. Lo peor era perder su dignidad pues se convertiría en una mujer señalada, marcada, cuya única forma de sobrevivir sería vendiendo su cuerpo por unas míseras monedas.

Lloró con amargura, apiadándose de su propia desgracia y su propio destino, blasfemando al recordar el día en que conoció a aquel demonio y ella se dejó llevar por el desamor en que la sumió la indiferencia de Marvel, permitiendo que el espíritu bohemio y aventurero de Gloss la deslumbrara. Aquello que le pareciera oro un día, pronto se tornó en bardo y vulgar latón, con su falso brillo, una grotesca imitación.

Volvió a maldecirse, con más rabia incluso que la vez anterior; negando con la cabeza. No, ella era la única culpable de todo lo que le sucedía y no le quedaba mayor salida que sobreponerse. Aunque eso sería después, antes derramaría todas las lágrimas que contenía su alma, tal vez así mitigara un poco el dolor.

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* ~ § ~ *

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Cuando Marvel llegó al comedor para la cena se sorprendió al ver un único cubierto dispuesto en la mesa.

-Supongo que el hecho de que el resto de servicios no estén colocados en la mesa no se debe a un descuido ¿verdad? -le cuestionó a Effie que llegaba con la bandeja en la manos para servirle.

-La Condesita dijo no tener apetito y vuestra esposa pidió que le llevasen la cena a su recámara -le aclaró. -Glimmer y su esposo se marcharon esta tarde -dio por fin la información que él quería realmente.

-¿Se han ido? -se extrañó. -¿Adónde?

-A Turín, se hospedarán en el Palacio de la Condesa Delly hasta que partan hacia Florencia.

Marvel no respondió, salió de allí como alma que lleva el diablo y se dirigió a las caballerizas. Él mismo colocó los arreos a su caballo, no tenía tiempo que perder. Debía ir a Turín, en ese mismo instante.

Espoleó con saña su montura obligándolo a acelerar su galope. Glimmer no podía irse así, siendo aquella absurda discusión las últimas palabras que cruzasen, aunque, en realidad no sabía que era lo que producía aquel desazón, si ese detalle o el simple hecho de que ella se hubiera marchado.

Tras un viaje, que a él se le antojó eterno, arribó al Palacio Destacci y llamó con premura.

-Soy el Conde Everdeen -le informó a un siervo que abría la puerta con aspecto un tanto desaliñado. Sin duda había debido apresurarse en vestirse para acudir a su llamado. -Anúnciame a la Condesa Delly.

-Debéis perdonadme, Señor Conde -se excusó él. -La Condesa ya se retiró a descansar.

-Es de vital importancia que hable con mi prima, la Marquesa Glimmer -espetó con impaciencia y un tono de gravedad en su voz. Debía conseguir a como diera lugar que le permitiera pasar, a pesar de la hora intempestiva. -Guíame hasta ella -insistió en vista de su reticencia.

Finalmente el criado accedió y le permitió el paso. Tras un enjambre de corredores y pasillos suntuosamente acicalados llegaron a una puerta.

-No es preciso que me anuncies -le informó viendo sus intenciones de abrir la puerta y, espero hasta que se hubiera retirado para hacerlo él.

Cuando finalmente entró a aquella recámara, sintió que su alma abandonaba su cuerpo.

-¡Marvel! -exclamó Glimmer, que yacía echa un ovillo en la cama, con claros signos de llanto en su rostro.

El primer impulso de Marvel fue correr hacia su lecho y sentarse a su lado, tomándola entre sus brazos y refugiándola en su pecho.

-¿Qué te sucede? -preguntó atormentado ante esa imagen. -¿Por qué lloras?

Mas obtuvo su respuesta al separarse de ella y mirar su rostro, habiendo posado sus dedos en su mejilla con la intención de enjugar sus lágrimas. Aun a la luz mortecina de las velas, aquellas sombras no daban lugar a dudas y recorrió, estudió su cara con el estupor sembrado en sus ojos.

-¿Cómo ha osado en ponerte un solo dedo encima? -estalló en furia. -¿Dónde está ese malnacido? -la soltó haciendo ademán de levantarse.

-¡No, Marvel! -lo detuvo ella. -Habrá ido a algún burdel. No suele volver hasta el amanecer.

-¿No suele? -la miró con espanto comprendiendo el verdadero significado de aquellas palabras y se sintió morir ante aquello, ante la crueldad de su maltrato y del alma putrefacta de aquel ser mezquino, al que no se le podía llamar hombre, y que lejos de mostrar arrepentimiento, volvía a constatar de la forma más vil el poder, la superioridad y el derecho que algunos hombres creían tener sobre las mujeres y que, como aquel engendro del demonio, acostumbraban a demostrar como si de una rutina se tratase.

Con mano temblorosa, comenzó a deslizar las puntas de sus dedos sobre los surcos que habían dejado sus lágrimas, tratando de borrarlas, con extrema suavidad mientras, las suyas, inundaban sus ojos. Esto no debía haber ocurrido, nunca, jamás y sintió como se le retorcían las entrañas al llegar a su mente la cruda certeza en que habían desembocado sus propios errores. Era él quien debía haber pagado por aquello, no ella.

-Perdóname, Glimmer -dijo en un lamento. Sentía como si aquellos golpes hubieran venido de su propia mano y eso le quebraba el alma.

-No tengo nada que perdonarte -susurró ella.

-Yo provoqué que esto pasara -continuó con su elegía. -Por mis miedos, mi indecisión y por anteponer mi condición al amor que sentía por ti.

-¿De qué hablas? -quiso saber ella, mientras dejaba que el roce de aquellos dedos continuaran dándole el consuelo que todo su llanto no había conseguido.

-Glimmer, soy un hijo bastardo -le recordó haciendo una mueca de disgusto. -La idea de no ser digno de mi apellido siempre ha descansado sobre mí como una pesada carga, y -bajó su rostro con pesadumbre, -por el mismo motivo, nunca creí merecerte.

-¿Era por eso? -preguntó ella con cierto brillo en sus ojos, hecho que maravilló a Marvel dado el cariz de la situación. -Entonces, ¿me amabas?

-No te amaba, Glimmer -negó él con la cabeza. -Te amo, te he amado siempre, desde la primera vez que te vi frente a mí siendo unos niños.

Y aquello bastó para que su vapuleado corazón volviera a latir, con fuerza, golpeando su pecho. Ni siquiera trato de reprimirse, alzó sus brazos y con ellos rodeó el cuello de Marvel, abrazándolo.

-Si te hubiera hablado aquella noche -rememoró Marvel su partida al campo de batalla, -te habría ahorrado tanto sufrimiento, tantas lágrimas.

-Lo importante es que ahora estás aquí -musitó ella, hundido su rostro en la curva de su cuello.

-No, lo importante es que nunca me iré de tu lado -la corrigió separándola de él para poder mirarla a los ojos, para que ella comprobase por sí misma el sentido, la seriedad de aquella declaración. Su mirada anhelante, llena de brillo habló por ella y le decía a gritos lo que él, a su vez, tanto deseaba creer. Ella lo amaba de la misma forma que la amaba él y, en ese instante, el resto del mundo dejó de tener significado para ninguno de los dos.

Despacio acercó sus labios a los de ella, con mucha dulzura, temiendo dañarla con su caricia tras aquel maltrato, pero Glimmer le hizo sortear aquella barrera enredando sus dedos en su pelo y uniendo más su boca a la suya. ¿Qué era el dolor comparado con aquella sensación tan sublime de sentir su aliento dentro del suyo y el tacto de su piel como bálsamo a sus heridas? Nada le impediría disfrutar aquello y clara muestra de ello fue la forma tan ardiente con que recorría los labios masculinos... Un escalofrío recorrió la espalda de Marvel y, gimiendo en su boca, entreabrió la suya para devorarla por completo.

-Glimmer...

-No necesito escuchar nada más -lo interrumpió sin apenas permitirle que se separara de sus labios. -Sólo dime que me amas.

-Te amo -respiró en su boca, -con todo mi ser.

Y volvió a besarla, con aquella misma pasión que ella le demostraba, como en ese preciso momento en que comenzaba a desabrocharle los botones de su casaca, en una clara invitación. Marvel la dejó hacer, abrumado con aquel gesto y con su corazón golpeando su pecho de modo salvaje. Al sentirse libre de la camisa y como los dedos femeninos recorrían su torso, hizo todo un esfuerzo por dominar su deseo y, muy despacio, se separó de ella, comenzando a desatar los nudos de aquel aparatoso vestido, mientras clavaba su mirada en la suya, incendiada.

Tras deshacerse del corpiño, hizo lo propio con la falda, dejando a la luz su ropa interior. Glimmer hizo ademán de librarse de la camisola pero Marvel la detuvo, queriendo ser él quien lo hiciera.

Marvel ahogó un suspiro ante aquella imagen divina, hasta que percibió aquellas sombras oscuras que trataban de ultrajar su belleza, sin conseguirlo. Inconscientemente Marvel tuvo que cambiar su expresión porque Glimmer trató de cubrirse el cuerpo con las manos, cosa que él evitó. Con mucha delicadeza la tumbó sobre la cama, colocándose él a su lado, recorriendo con sus dedos y con suma suavidad aquellas señales violáceas sin otro deseo que el de borrarlas, si no de su piel, de su alma y su corazón.

-Eres tan hermosa -le susurró mientras seguía acariciándola, observándola, deleitándose en su desnudez y, para Glimmer, aquello dejó de ser su mayor vergüenza para convertirse en lo más sensual que había experimentado jamás, sintiendo que aquellos ojos candentes como tizones hacían arder su interior.

Marvel se inclinó sobre ella y Glimmer se sintió estremecer cuando los dedos que con tanta dedicación la recorrían, se veían sustituidos por su boca masculina, por la calidez de sus labios y la humedad de su lengua que saboreaba su piel como si del manjar más exquisito se trataba. Y es que lo era, aquel dulzor conseguía turbar los sentidos de Marvel que abandonó rendido la lucha por dominarlos. El escucharla suspirar de aquella forma, mientras con cada presión de sus labios notaba el fuerte palpitar de su corazón en su piel hacía imposible cualquier intento de controlarse.

Cuando su boca alcanzó uno de sus pechos, ella se arqueó lanzando un gemido enredando sus dedos en el pelo de Marvel, como clara señal del placer que aquello le producía, gozando él de ser el artífice de aquella sensación en ella y elevándola a las alturas al centrar sus atenciones en su cima, endureciéndose entre sus labios y haciéndola gemir de nuevo. Hizo descender una de sus manos y, sin abandonar su seno, deshizo el nudo de su pañoleta, quitándosela.

Entonces sí separó su boca de su piel, a lo que ella gimió a modo de protesta, y es que Marvel no podía resistir los deseos de observar la figura de aquella diosa que se entregaba a él, convirtiéndolo en el más afortunado de los mortales. La recorrió nuevamente con ojos hambrientos mientras sus dedos recorrían su mismo sendero estudiándola, esforzándose por memorizar cada rincón de su contorno. Al llegar a su rostro, sus labios turgentes se mostraban entreabiertos, incitantes, como una atrayente trampa mortal, a la que él se abandonó sin remisión, mientras sus dedos seguían trazando cada una de las curvas de su cuerpo, queriendo desvanecer cualquier posible sombra que hubiera podido dejar aquel maldito en su piel, ya fuera tratando de mancillarla o de poseerla porque, estaba bien seguro de que jamás había intentando amarla; eso sólo le correspondía a él, al igual que sabía que ella nunca había amado ni se había sentido amada, hasta ese instante en que la sentía vibrar con el simple roce de su piel.

Marvel continuó con su tortuoso camino de caricias, sin apenas dejar un centímetro de su anatomía por recorrer, deslizando su mano por la cara interna de sus muslos para llegar con enervante lentitud a su intimidad, haciendo que Glimmer se retorciera en las sábanas de anticipación. Cuando por fin asaltó su humedad, Marvel no pudo controlar un jadeo ahogado y que Glimmer absorbió con el suyo, al sentir como sus dedos acariciaban su centro sumiéndola en la más placentera de las sensaciones. El fuego que nacía desde su interior amenazaba con inflamarla y el anhelo de que aquella tortura acabara cuanto antes se contraponía con su afán de que esa delicia no concluyera jamás, lanzándola a un torbellino que le hacía ansiar mucho más.

-Marvel -gimió ella.

-Dime qué deseas -le susurró con alevosa intención, queriendo disfrutar un poco más de aquel momento que lo estaba llevando al borde del abismo.

-A ti -le respondió ella con la voz impregnada en ardor mientras con manos trémulas lo liberaba de la última prenda que separaba su piel de la suya.

Marvel alejó su mano de su cuerpo para asistirla, acusando ella de inmediato y de forma dolorosa su ausencia, solucionándolo él al instante, situándose con cuidado sobre ella.

Cuando la rozó con su excitación ya no pudo dilatar más aquel momento y la tomó, lo más lentamente que su propio deseo le permitió, lanzando ambos un gemido al sentir la plenitud de su completa unión. Sus cuerpos, obedeciendo a su propia voluntad comenzaron su sinuosa y cadenciosa danza, robándoles con cada uno de sus compases suspiros llenos de pasión y rebosantes de su amor. Glimmer hundía sus dedos en la espalda de Marvel mientras él besaba su boca con avidez, envueltos en aquel fuego abrasador que surgía desde la fusión de sus cuerpos y que iba a hacerles estallar, en cualquier momento, y deseando ambos que así fuera a la vez que sabían que no podrían resistirlo más. Marvel deslizó sus manos entre la cama y el cuerpo de Glimmer, hasta la parte baja de su espalda y la presionó contra él, ligando más sus caderas a las suyas provocando que sendos gemidos arrebatados escaparan de sus bocas ante el profundo contacto y anunciándoles que se acercaban al vórtice. Juntos recorrieron aquel torbellino que llevó al éxtasis sus cuerpos y embriagando sus sentidos, transportándolos a una nueva realidad, en la que únicamente existían ellos y aquel sentimiento que residía en sus corazones y que sentían crecer en su interior, con cada oleada que los envolvía.

Sus cuerpos laxos, narcotizados aún por el placer quedaron sostenidos bajo su abrazo mientras el aliento perdido volvía a sus pechos. Marvel se retiró con la misma suavidad con la que la había invadido y rodó sobre su espalda, colocando a Glimmer sobre él.

Quedaron varios minutos en silencio, simplemente disfrutando del calor de su contacto, ella trazando sendas erráticas en su torso y él enredando sus dedos en los hilos dorados de su cabello.

-¿Qué pasará ahora? -habló Glimmer rompiendo aquel mutismo.

-No lo sé -suspiró él. -La verdad es que no tengo nada que ofrecerte.

-¿Ni siquiera tu amor? -alzó ella su rostro.

-¿Aún no te convenciste de que es completamente tuyo? -acarició su mejilla con delicadeza.

-Entonces con eso me basta -alegó ella. -De hecho es lo único que yo te puedo ofrecer a ti.

-Eso no es cierto -aseveró con firmeza. -Hay algo que quiero pedirte, rogarte más bien.

-¿Qué es? -preguntó extrañada por la dureza con la que se habían vestido sus facciones súbitamente.

-No permitas que te toque, Glimmer -sentenció con rabia en su mirada. -A no ser que quieras que lo mate, no permitas que lo haga, ni para bien, ni para mal.

De repente, todo ese rencor que se agolpaba en sus ojos negros se licuó, tornándolos cristalinos, por las lágrimas que se agolpaban en ellos luchando por escapar.

-Por favor... -le susurró Marvel con un hilo de voz, casi un sollozo. El dolor que vio Glimmer en su rostro le hizo comprender que era el mismo que ella había sentido todo ese tiempo y que él convertía en suyo, queriendo compartirlo todo con ella, incluso eso.

-Jamás -le dijo antes de atrapar sus labios, intentando, tal y como acabara de hacer con ella hacía un momento, mitigar su dolor.

Siguieron amándose hasta que casi despuntó el alba, instante en el que Marvel abandonó Turín. Glimmer permaneció en aquella cama, ahora vacía, pero llena de su esencia y de promesas declaradas aun sin ser pronunciadas. Marvel ya no la dejaría sola, nunca más.

Si ya se me queréis arrancar la cabeza por haber desaparecido hace mucho… pero bueno lo importante es que he vuelto así que no se preocupen que no voy abandonar este fic. La verdad es que me tome un tiempo para mi y mis estudios y ahora estoy un poco más relajada.

Ahora actualizare esta historia los miércoles y Domingos ya que el horario anterior

Martes y sábados publicare capítulos de otro fanfic si queréis leer lo aquí os dejo el link. s/9427859/1/El-triunfo-del-amor

A MI ME TOMA 1 HORA ADAPTAR CADA CAPITULO… Y A USTEDES 1 MINUTO EN COMENTAR

Gracias

BYE XOXOXO