Disclaimer:Estos personajes son torturados psicologicamente sin fines de lucro alguno.

¡Hola, hola! Espero que todos se encuentre muy contentos, ¡cada vez estamos mas cerca de navidad! Estoy muy emocionada, por si no se notaba, y encima acabo de terminar ya mis examenes finales ¡que bonito es lo bonito!


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Celos de león

"I was feeling insecure, You might not love me anymore".

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¿Les ha sucedido alguna vez, que cuando se despiertan en la mañana y se asoman por la ventana para ver el sol naciente, saben que será un gran día? ¿Has tenido alguna vez una sonrisa que parece estar pegada a tu rostro por ninguna razón aparente, mas esta no desaparece?

Bueno, si alguna vez te ha sucedido algo así, debes de tener una idea bastante aproximada de cómo se sentía James Potter esa mañana al despertar. Al levantarse de su cama parecía flotar entre nubes, con una sonrisa enorme pegada a los labios y con una cara que parecía haber sido víctima de un confundus.

— ¿Y a este que le picó?

Remus se sacudió el cabello, mirando como James parecía apenas rozar el suelo. —El bicho del amor, Canuto.

— ¡Pero que romántico que eres! —se abalanzó sobre Remus que, demasiado acostumbrado a que Sirius invadiera su espacio personal, así como el de los demás, no se inmutó.

Peter se echó a reír al ver que ambos se caían de la cama de Remus y azotaban con un golpe sordo en el piso, Sirius sin apartarse aún del pobre prefecto. — ¿Sigues respirando, Lunático?

Sirius golpeó el hombro de Remus mientras volvían a sus pies. —Sí, Colagusano, relájate. No seas un aguafiestas.

Peter les sacó la lengua a ambos. —Tan solo estoy expresando mi preocupación. Además, podríamos usar algo de seriedad aquí, ¿no? —estiró su mano para darle un golpe en las tripas a Sirius, que los esquivó con facilidad y terminó atinando a Remus —. Y no me digan que tan solo yo estoy harto de los silbidos de Cornamenta.

—Cierto —admitió Sirius. Cruzó la habitación con largas zancadas y aporreó la puerta del baño —. Vamos, amigo, ¿qué haces ahí dentro? Siento ser yo quien te lo diga, pero seguirás feo no importa lo mucho que te veas en el espejo…

Las quejas del muchacho fueron ahogadas cuando los silbidos de James aumentaron en volumen.

—Debe de estar jugando con su pelo —dijo Peter, poniendo los ojos en blanco.

Remus asintió, mostrándose de acuerdo. —Asegurándose de que quede perfectamente desordenado.

— ¡Evans piensa que tu cabello es estúpido! —Sirius gritó, continuando con sus golpes en la puerta —. Y vamos a llegar tarde al desayuno, por lo que te perderás tu oportunidad de verla…

La puerta se abrió entonces, y Sirius, que se encontraba aun en sus intentos de tirarla abajo, golpeó accidentalmente a James en el rostro.

—Ay —se acomodó los anteojos y reprendió con la mirada a su compañero —. No había porque golpearme.

—Lo que haga que te apresures —se encogió de hombros y metió sus manos a sus bolsillos —. Vamos, pues, tu dama te espera.

Peter entrecerró los ojos y sonrió. —Sabes, Lunático, creo que tienes razón. Su cabello está encantadoramente desarreglado, ¿no creen?

James frunció el ceño mientras sus amigos reían. —Oh, cállense.

Los cuatro chicos comenzaron su recorrido hacia el Gran Comedor, tres de ellos aun riéndose a expensas de James. Este, sin embargo, decidió que estaba de un humor demasiado buen como para ponerles atención y darles más de que reírse.

—Así que, Cornamenta, hoy hay luna llena —comentó Sirius, una vez que dejó de reírse.

—Claro, lo recuerdo.

—Tan solo quería asegurarme de que tanto gel no te había dañado el cerebro irreparablemente, y que supieras que no podías volver a pasar la noche con Evans…

Hubo un fuerte resoplido de desdén a sus espaldas, cortando efectivamente el resto de la oración de Sirius. Los cuatro se giraron para ver a Severus Snape, quien solo había estado lo suficientemente cerca para escuchar ese último comentario, rondando la esquina, con Regulus Black sobre sus talones. Sirius frunció el ceño al verlos juntos.

— ¿Algo gracioso, Quejicus? —preguntó James fríamente.

Regulus desvió la mirada del grupo, eligiendo mejor mirar las agujetas de sus zapatos. Snape, sin embargo, encontró sus miradas con desprecio.

— ¿Estabas preocupado, Potter? Siempre algo divertido…

—Ingenioso —James puso los ojos en blanco —. ¿Por qué no sigues de largo y te encuentras con tus queridos amigos mortífagos, Quejicus? Estoy seguro de que se mueren por saber de tu último triunfo verbal sobre mí.

— ¿Por qué no te vas y te encuentras con tu dichosa novia sangresucia, entonces? —el otro replicó, abriéndose paso entre el grupo a empujones, con Regulus como su sombra.

James hizo además de sacar su varita de su bolsillo, pero Remus tomó su brazo en un agarre de acero.

—No te molestes —murmuró, mientras mandaban dagas con sus ojos a las espaldas de Snape y Regulus —. No vale la pena.

—Lily lo vale —replicó James acaloradamente, furioso con Snape por continuar actuando como si estuviera en lo correcto al tratarla así, y ella ni siquiera se había encontrado ahí para defenderse. Por eso es que estaba comportándose como el héroe, de nuevo, se dijo a si mismo, porque ella no podía hacerlo.

—Y a ella no le gustaría que lo hicieras, tampoco —le recordó Remus —. Además, preferiría que evitaras castigo alguno esta noche, si pudieras.

Remus dejó ir el brazo de James entonces, seguro de que no iría tras Snape en busca de una pelea, y estaba en lo correcto.

Con una última mala mirada en dirección a donde había desaparecido Severus, James se volvió a sus amigos. Lily estaría furiosa si comenzaba una pelea con Snape, de nuevo, incluso aunque fuera este último quien la comenzara. Aunque Lily no tuviera nada que ver, James no podía abandonar a Remus esa noche. Había hecho una promesa a su amigo, y la cumpliría.

James miró a Sirius, preocupado. — ¿Estás bien?

Sirius no le miró a los ojos. —Bien, lo que sea, ya sabes…—su voz se fue apagando —. Que se jodan.

El resto asintió mostrándose de acuerdo y continuaron en su camino hacia la planta principal. No hablaron mucho. Peter y Remus mandaban miradas nerviosas a Sirius, mientras este y James estaban demasiado ocupados echando humo por las orejas por lo que acababa de suceder.

Cualquier pensamiento que involucrara a Snape, sin embargo, se esfumó de la mente de James al bajar las escaleras de mármol, pasar por la entrada del Gran Comedor y localizar la roja cabellera de Lily.

No era algo extraño, que sus ojos comenzaran a buscarla inmediatamente al entrar en una habitación. El montón de adolescentes gritando y corriendo y comiendo y yendo y viniendo parecían desaparecer cuando su vista se posó en su rostro sonrojado, sus ojos brillantes y su sonrisa sincera.

Avanzó hacia la chica con paso seguro y sonrisa confiada; regodeándose al sentirse observado. Mas cuando se encontraba a meros pasos de Lily, su sonrisa decayó y se encontró a si mismo frunciendo el ceño, ciertamente confundido.

Contrario a como había creído, Lily no se hallaba charlando con sus amigas. Lily reía y se acercaba y coqueteaba con alguien más, alguien que —al no ser James Potter— no debería de estar mirando de esa forma con sus grandes ojos tan verdes e hipnotizantes. Bertram.

Trató de ignorarlo, de verdad que sí, se dijo a si mismo que no tenía por qué preocuparse ya que nadie se podía comparar con el gran James Potter, mas Lily nunca sonreía con él así ni reía con él así ni se sonrojaba con él así ni se acercaba a él así ni lo miraba a él así, Lily nunca era toda sonrisas y felicidad junto a James. Y le duele, joder, si duele; y el grande y verde monstruo de los celos no tardó en revolver el estómago de James.

Sus nudillos se tornaron blancos por tanta presión que aplicaba sobre sus puños, y por más que el resto de los merodeadores intentó calmarlo parecía ni notarlo. Zapateó cual niño berrinchudo cuando pasó junto a la chica, que volteó a verlo con ojos turbios.

Se mordió el labio y regresó su mirada al chico sentado frente a ella, que seguía hablando entusiastamente y gesticulando y con una sonrisa adorable en su rostro. Y se sentía mal, porque para hacer que James se viniera abajo se lo tendría que llevar entre las patas.

— ¿Lily? —su voz parece venir desde muy lejos, ahogada y retorcida e irreconocible para los oídos de Lily. Bertram era un chico tan bueno. Ravenclaw y capitán del equipo de quidditch de su casa, tenía buenas notas y era del agrado de todos —. ¿Lily, estás bien? Te noto algo distraída.

Había preocupación de verdad en el rostro de Bertram, y al tenerlo ahí, tan de cerca, Lily no pudo evitar notar lo guapo que era.

Con sus dulces ojos azules, su mandíbula fuerte y varonil, su cabello castaño rizado y unos pequeños hoyuelos en las mejillas, y quiere sentirlo, de verdad, pero lo único que despierta en ella son sentimientos similares a los que uno ve por su cachorro. El alma se le viene a los pies, porque sabe que Bertram de verdad se interesa por ella, mas la única razón por la que ella está con él es para facilitar su venganza contra James.

—Sí, estoy bien —se las arregló para decir cuando al fin encontró su voz. Las arrugas en la frente del muchacho se profundizaron aún más.

— ¿Estás segura? Porque, para ser sincero, no te ves demasiado bien.

—Vaya, eso es lo que toda chica quiere escuchar.

Bertram abrió los ojos avergonzado. — ¡No! No. No era eso a lo que me refería, Lily.

Lily sonrió y colocó su mano sobre la de Bertram, quien se sonrojó ante el gesto. —Era broma. De verdad estoy bien, tan solo necesito ir a hacer algo —se levantó y le guiñó un ojo, dejándolo ahí con una gran sonrisa.

No necesitó caminar demasiado para alcanzar el lugar donde James estaba que echaba humo por las orejas. Se sentó a su lado y colocó su mano sobre la de él, pero contrario a lo que esperaba no obtuvo reacción alguna del chico.

Le miró extrañada. —Hey.

James gruñó algo inteligible como respuesta.

Lily levantó una de sus cejas mas no dejó que la mala actitud del chico la desalentara y colocó su barbilla sobre su hombro.

—James —susurró a su oído, con voz ronca.

Haciéndose el desentendido, James se la sacudió de encima y se dedicó a llenar su plato de comida, evitando en todo momento los ojos de Lily. —Evans —dijo con voz monótona.

Lily le lanzó una helada mirada y se fue de ahí con la barbilla alzada, volviendo con Bertram. James continuaba concentrado en su desayuno, mas era obvio por la tensión en sus hombros y la fuerza con la que apuñalaba su comida que estaba menos que contento.

— ¿Es en serio esto? Has estado tras ella durante no sé cuántos años y ahora la echas a volar como si fuera una puta cualquiera…

— ¿Así que ahora me darás sermones sobre lo que debo o no hacer? Porque, según recuerdo, tú no eres un modelo de conducta, Sirius —alzó sus ojos al fin de su plato para fulminar a Sirius con ellos.

—Cornamenta…

Volvió la vista a Remus, cansado, quien le miraba como si no le reconociera.

—No ahora. Sé lo que me dirás, Remus, y ahora no lo puedo escuchar.

En vista de la tensión que había, Peter, en vano, intentó en varias ocasiones hacer conversación, mas esta moría después de pocas frases y el silencio que les seguía era cada vez peor.

Viéndose incapaz de resistirlo más tiempo, James se levantó y salió del Gran Comedor con largas zancadas, a punto de echar a correr.

Lily no pudo evitar que sus ojos le siguieran mientras azotaba las puertas al salir, y tampoco evitó el que su mente comenzara a vagar con las cosas que podría estar haciendo. Siendo James como era, no podía ser nada bueno. Pero sacudió su cabeza y trató de pensar en otras cosas, después de todo no era su culpa el que él estuviera de un humor nefasto y creyera que todo el mundo estaba en su contra. Se volteó hacia Bertram y comenzaron a hablar de los deberes que tenían de Historia, pero su mente no se encontraba ahí con ella.

— ¿De verdad te encuentras bien, Lily? —preguntó Bertram, apoyando su mano sobre su hombro. Lily enfocó sus ojos en su rostro, que la veía extrañado.

—Sí, claro, no pasa nada… —suspiró hondo y hundió sus hombros, sintiéndose derrotada —. ¿Honestamente? No. Y no sé qué es lo que me pasa, porque no tiene nada que ver conmigo, pero…

Bertram esbozó una sonrisa triste, mirándola a los ojos. —Es Potter, ¿no?

Todo color se fue del rostro de Lily. — ¿Qué? ¿Qué te haría pensar eso?

—No es algo en específico, no sé cómo describirlo. Es solo que cuando estas junto a él siempre pareces tener tanta… vida, y justo ahora cuando salió corriendo lo único que hacías era seguirlo con la mirada y bueno… —su voz se apagó, y se encogió de hombros, como si eso lo explicara todo.

Lily se mordió los labios, mirándolo culpable. —Soy una horrible persona, ¿no?

El chico rió entre dientes, pareciendo de verdad feliz. —Claro que no, eres maravillosa, Lily; tan solo te tomó un poco más de tiempo saber lo que quieres —estrechó su mano entre las suyas y se levantó —. Bueno, es hora de irme, supongo. Buena suerte.

Comenzó a caminar, mas se detuvo al escuchar que Lily le hablaba. —Tan solo… bueno, gracias. Y lo siento, de verdad —se encogió de hombros y sonrió, dando a entender que no había rencores, y siguió su camino.

Por un momento, Lily no estaba segura de lo que había sucedido. Bertram era un chico tan bueno, demasiado, y la había leído como si fuera un libro abierto. ¿Sería verdad eso que decía, sobre ella y James? Suspiró y paso sus manos por su cabello, todo eso solo la estaba confundiendo.

Era solo un juego, y ella tenía la mano ganadora; solo debía saber cómo jugarla.

Salió de su estupor y decidió averiguar a donde había ido James con tanta prisa, y pronto sus amigas se le unieron.

— ¿Qué pasa, Lily?

Caminaba a prisa, su aliento se le atoraba en la garganta. —Es lo que intento averiguar.

Mary y Alice se miraron entre sí, sin entender nada. Emma aceleró el paso hasta encontrarse a la altura de Lily. —Esto es sobre James, ¿no?

Lily casi tropieza al escuchar su nombre. —De verdad, no creo que sea un buen momento para hablar de esto, Emma.

La rubia puso los ojos en blanco, mas se mantuvo callada. Atravesaron varios corredores hasta que llegaron a la entrada, donde se oían voces y se veían chispas de colores. Lily comenzó a correr.

Al dar vuelta en la esquina, su corazón se detuvo.

James agarraba a Snape del cuello, sujetándolo varios centímetros sobre el suelo. Sus varitas estaban tiradas en el piso y de sus rostros escurría sangre. James le miraba con un odio inhumano, mientras Snape se removía para que le dejara ir.

— ¡JAMES! —gritó Lily, con el corazón en la boca. El rostro del chico se distorsionó por la sorpresa de encontrar a la chica a su lado, mas pronto volvió a ser la misma mascara vacía que tenía segundos antes —. ¡Ya basta, déjalo ir!

—Esto no te incumbe, Evans —masculló, sin notar como Snape arañaba sus manos en un intento de que le dejara ir.

Los ojos de Lily se llenaron de lágrimas, jamás lo había escuchado hablarle de esa manera. Tan fría y con tanta furia. —James —suplicó, jalando de su túnica —. Por favor. James, por favor, escúchame.

El chico seguía reacio a moverse, pero con algo de fuerza Lily logró que soltara a Snape, que cayó al suelo jadeando. La miraba con odio, pero lo ignoró como pudo.

— ¿Estás bien? —tomó su rostro entre sus manos, pero James le rehuía la mirada.

—Sí, no pasa nada —contestó, volteándose. Tomo su varita e hizo ademán de acercarse a Severus, pero Lily le tomo de la mano. Se detuvo en seco, mirándola asombrado.

—Ya fue suficiente, James, vamos, por favor —lágrimas corrían por sus mejillas, dejando surcos en su triste rostro. Se dejó arrastrar por ella, como si necesitara su ayuda para recordar como caminar.

—Y dime, Potter, ¿cómo se siente joder a una sangresucia?

Mientras no le prestaban atención, Snape se había levantado de su lugar y se había limpiado la sangre de la boca, escupiendo al suelo y manchándolo de escarlata.

Después, todo sucedió demasiado rápido. Un momento James parecía demasiado débil para hacer cualquier cosa, al siguiente estaba sobre Snape y le había tirado al suelo —al parecer se había olvidado de que era un mago y podía recurrir a su varita— y le golpeaba con todas sus fuerzas.

Lily se quedó paralizada mientras veía como James le asestaba golpe tras golpe. Parecía poseído, sus ojos enloquecidos.

— ¡JAMES! Ya basta, James, ¡JAMES! —gritaba sin parar, pero no le hacía caso.

No supo cuánto tiempo transcurrió hasta que llegaron Remus y Peter, que se lo llevaron a rastras, mientras este gritaba a todo pulmón y juraba a Snape que no lo dejaría con vida después de eso. Severus tan solo se retorcía en el suelo, tosiendo sangre y dientes.

Sirius se acercó a él como si no quisiera la cosa, mirándolo como si fuera un gusano. —Tienes suerte de que no hallamos dejado a James golpearte más, porque estarías muerto si no fuera así —masculló, dándose la vuelta y mirando a Lily preocupada —. ¿Estás bien? —extendió sus brazos hacia ella, como si tuviera miedo de que fuera a salir corriendo en cualquier momento.

Lily quería gritar, quería decir que no, no estaba bien, todo estaba mal, pero lo único que podía hacer era temblar. Con lentitud, Sirius la envolvió en un abrazo y acarició su cabello, y la tormenta comenzó.

Sus sollozos la sacudían como si fuera una muñeca sin fuerzas, su peso había vencido sus rodillas y se sentía desvanecer, y sus lágrimas empapaban el pecho de Sirius, pero a este no parecía importarle, pues lo único que hacía era besar su cabeza y decirle que todo estaría bien, no había nada de qué preocuparse, no le habían hecho daño.

Pero es que eso ya lo sabía, pero estaba asustada. Nunca había visto a James actuar de esa manera, parecía poseído por la ira, como un ángel vengador que lo quemaría todo a su paso.

Incluyéndola a ella.


James celoso es un amor, ¿a que si? Rawr. Bueno, pero ese no es el punto, ¡que Lily no es cosa para poseer uno, joder! Jo, pero a una no le vendria nada mal uno de esos (? Por cierto, me voy de viaje (de nuevo, je) asi que no se impacienten, que aunque ya tengo el siguiente capitulo siempre ocurre algun que otro imprevisto, pero esperemos que no. Por cierto, ¿alguien ve Doctor Who? Que me avente toda la serie y no tengo a nadie con quien desahogarme, y si no la ven, ¡haganlo!

Mi unica recompensa son sus reviews, ¡asi que definitivamente no me quejare si me dejan uno!

-A.