Abominación
Demonio
Error
Fenómeno
Inservible
Inútil
Monstruo
Todas esas palabras chocaban, unas contra otras a gran velocidad, en su mente. Pero lo peor de todo el asunto era que todas ellas, parecían ser pronunciadas por su padre.
Quinn siempre creyó que esas palabras fueron diseñadas especialmente para describirla a ella, pues nadie se había tomado el trabajo de decirle lo contrario. Hasta ese momento...
Q: Déjenme tranquila... ¡Déjenme en paz! – Trató de decir, pero su garganta estaba tan irritada, que se oyó tan solo un murmullo.
H: Estamos aquí para ayudarte, Quinn. Habla con nosotros. – La voz de Hiram era tan cálida, dulce y verdaderamente paternal, que Quinn tuvo que usar toda su fuerza de voluntad para poder reprimir sus sollozos.
L: Nosotros no somos cómo él, Quinn.
Silencio... Un escalofriante silencio se impuso en el ambiente. Ylos tres Berry respetaron ese escalofriante silencio que Quinn decidió imponer.
Hiram y Leroy observaban los movimientos de su hija adoptiva desde la puerta, mientras que Rachel estaba sentada en el pequeño sillón de cuero negro que había en la habitación. Quinn se encontraba acostada en su cama, permaneciendo escondida debajo de la sabana superior y el cubrecama.
No es que a los Berry les gustara estar ahí, a mitad de la noche y sin hacer nada. Pero es que en realidad, no podían hacer otra cosa que no fuera vigilar al nuevo miembro de la familia: una persona bipolar, en estado de depresión, puede ser muy peligrosa. ¡Sobre todo para sí misma! Los dos hombres sabían perfectamente eso, pero Rachel estaba más perdida que turco en la neblina.
L: ¿Necesitas algo, Quinn? – Preguntó amablemente.
Q: ¡Necesito que salgan de mi maldito cuarto de una buena vez! – Gritó sollozando.
En realidad, la mujer no quería que se fueran: se sentía más contenida, protegida y segura con ellos estando cerca. Pero de nuevo, su cerebro no le pertenecía en esos momentos: las hirientes palabras de su padre no la dejaban pensar con claridad.
Las imágenes venían a su mente de nuevo, cómo las salteadas escenas de un film posmoderno. Cada una de las mismas contenía sangre en algunos puntos, lágrimas en otros y de repente, llegó lo peor de todo: la furia ciega de su progenitor.
"Oh, Dios... Estoy tan jodida..."
Comenzó a llorar libremente cuando todos esos horribles recuerdos de su infancia se hicieron más vividos que antes. Casi podía sentir cada doloroso golpe y cada hiriente palabra que ese hombre, su padre, le había lanzado. Podía sentir como un nuevo estado anímico, uno de pánico, comenzaba a formarse dentro de ella, cuando alguien se sentó en su cama.
R: No tienes porque pasar por todo esto tú sola, Quinn. – La voz de Rachel sonaba un poco temblorosa.
"Y no es para menos... La debo de estar asustando. Yo, la maldita abominación monstruosa, la estoy asustando. A ella, que es mi hermana pequeña... ¡Oh, por Dios, sí que estoy jodida!"
Q: Vete, Rachel, No quiero hacerte daño – Murmuró apretando extremadamente fuerte el cubrecama con sus manos. Tanto así, que las venas se le marcaban en las mismas y sus nudillos estaban completamente blancos. Pero de repente, se paralizó...
Rachel acariciaba su espalda, con movimientos circulares. Eran unas caricias suaves, tiernas y con toda la intensión de reconfortarla.
R: Sé perfectamente que no me lastimarías. – Dijo con total seguridad, cuando sintió que Quinn comenzaba a relajarse por el contacto de su mano con su espalda. – Eres una muy buena persona, Quinn... Por eso sé que no me lastimarás.
L: Sentimos mucho involucrarte en esto, cariño. – Dijo su papá cuando terminaron de desayunar.
R: Quinn siempre me está cuidando... Así que supongo que puedo devolverle el favor de la misma forma. – Le dedicó una sonrisa a su padre. Aunque fue una muy pequeña y de corta duración. – Pero no entiendo qué es lo que le pasa...
Hiram tomó asiento junto a ellos cuando se aseguró de que Quinn estaba durmiendo.
H: Como sabes muy bien, la bipolaridad es una enfermedad que genera el cambio repentino en el estado de ánimo de una persona. La misma puede pasar de un estado de hiperactividad a experimentar una rabia ciega de un segundo a otro.
L: Justamente ayer estaba en un estado depresivo. – Puntualizó el hombre.
R: ¿Pero qué lo causó? ¿Acaso hicimos algo mal? – Preguntó muy preocupada.
L: No, amor. Como te explicamos antes, los cambios son repentinos. Algunas veces, hay cosas que disparan esos cambios... Pero otras veces, no hay causa alguna para los mismos.
H: Lo que sí sabemos es que hay que cuidar a tu hermana, más de lo normal, cuando entra en ese estado. – Rachel lo miró confundida. – Cuando está depresiva. – Dijo seriamente. Su hija biológica asintió, dándole a entender que ahora si comprendía a que se refería. – Los índices de suicidio, en las personas bipolares, son mucho más altos que las en personas sanas.
Rachel se tensó cómo la cuerda de un piano cuando escucho esa palabra. ¿Suicidio?
L: Quinn ha estado hospitalizada cuatro veces en lo que va del año... Cada vez estuvo internada, fue luego de pasar por un episodio de depresión.
R: ¿Intentó suicidarse? – Preguntó casi en un susurro. Hiram la miró y asintió lentamente.
No estaba muy seguro de si era bueno decirle todo esto a su hija, pero... Él y su esposo se ausentaban constantemente y necesitarían la ayuda de su pequeña para garantizar la salud de Quinn.
L: Tenemos que estar muy atentos a cualquier cambio de ánimo que presente. – Cuando vio que Rachel lo estaba escuchando muy atenta, continuó hablando. – Y necesitamos tu ayuda para eso. No sabemos cuándo sucederá esto de nuevo, pero debemos estar preparados.
R: ¿Cómo lidias con lo de tu hermana? – Preguntó unos minutos después de subir a la camioneta de su amigo. – Me refiero a... ¿Qué haces cuando ella está bajo un episodio?
Puck bajó el volumen del estéreo mientras meditaba su respuesta.
P: Sinceramente, no lo sé. – Respondió después de un tiempo. – Tengo que reaccionar rápido cuando algo cómo eso sucede y el instinto de protegerla no me da tiempo para saber lo que estoy haciendo. – El chico rascó su nuca y pensó en que más podría decir: no era bueno en la teoría, pero si en la práctica. – Bueno, mamá y yo aprendimos a no dejar objetos peligrosos a su alcance, porque nunca sabemos si puede lastimarse a sí misma o a los demás. Durante un episodio, nunca la pierdas de vista... Y sería bueno que quiten los seguros de las puertas internas de la casa. Eso ayuda mucho. – Rachel al principio no entendió el porqué de ese consejo, pero en cuanto imagino a una Quinn, encerrada en su baño y con las venas de sus muñecas abiertas, lo comprendió perfectamente. – Nunca le recrimines algo pasó durante un episodio, pues ellos no saben cómo controlar lo que dicen o hacen en esos momentos. Y siempre dale apoyo. Eso es muy importante... Melanie ha progresado mucho desde que mamá y yo interactuamos más con ella.
P: Mr. Schue, si me da 20 dólares, me deshago inmediatamente de ellos. – Dijo señalando el piano roto y el que estaba quemado.
R: ¡Noah! – Chilló en forma de reprimenda.
K: Yo te doy el dinero. Solo sácalos de nuestra vista... Es deprimente.
M: Concuerdo con Kurt. Está claro, Mr Schue: éste fue un mensaje para que nos retiremos. – Todos los presentes asintieron.
W: No puedo creer que estén diciendo eso, chicos. ¿De en serio se darán por vencidos?
A: ¿No escuchó lo que dijimos?
W: El punto es que nosotros somos cómo esos pianos. – Dijo acariciando los instrumentos maltratados. – Pueden destruirnos, quemarnos...
F: ¿Está hablando metafóricamente, verdad?
W: Pero seguimos de pie. – Dijo ignorando al chico. – Seguimos funcionando y seguiremos haciéndolo gracias a que el señor Blaine Anderson se nos unió. – Todos aplaudieron a un sonriente Blaine. – Y hablando de nuevos miembros... Tenemos a alguien que quiere audicionar. – Los chicos se sorprendieron y murmuraron cosas mientras Will le hacía señas a alguien para que entrara.
T: Oh, por Dios...
S: Wanky.
A: ¡Por favor, no me mates!
Comentarios cómo estoy y de todo otro tipo fueron soltados cuando una tímida Quinn entró al aula, con las manos en los bolsillos, grandes ojeras y su cabello incluso aun más desordenado que lo habitual.
R: ¿Quinn? – Preguntó en un susurro cuando la mujer le dedicó una rápida sonrisa.
"Se suponía que hoy se quedaría en la casa para recuperarse..."
W: La señorita Fabray me dijo hace unos minutos que quería audicionar, así que... ¡Muéstranos lo que tienes, Quinn!
La ojiverde se acercó a los chicos de la banda, susurrándoles algo. Después de asentir un par de veces, tomó una de las guitarras y un banco. Colocó el asiento en el centro de la sala, se acomodó la guitarra y comenzó a cantar.
T: No puede ser. – Le susurró a Mike. – Está cantando algo de Florence and the Machine... ¡Eso es mío!
Cuando terminó de cantar, todos irrumpieron en aplausos. Su voz no era cómo la de Rachel o Mercedes, pero tenía ese algo que atraía.
W: Bueno... – Se acercó a la rubia. – Creo que hablo por todos cuando digo... ¡Bienvenida a Nuevas Direcciones!
De nuevo sonaron los vítores y los aplausos. De repente, Quinn tenía a una emocionadísima Rachel abrazando su cintura y a un orgulloso Puck rodeando sus hombros con uno de sus brazos, además de eso que las demás personas llaman alegría inundando todo su ser.
Por si a alguien le interesa, la canción que canta Quinn es Bird Song de Florence + the machine.
Gracias a mi Beta Ouroboros Life y gracias a ustedes por los reviews y por leer :)
P.D: Guest que siempre comenta Quinnie the pooh: Te amo.
