CAPÍTULO 8
EN LA TRAVESÍA DE ENCONTRAR LA ENTRADA DE LA POSADA LA ROSA DE LOS VIENTOS
Mith quedó pasmada frente a tal visita… Mantenía la vista fija en el suelo donde aquel hoyo se disipó, sus pequeños bracitos estaban tensos.
— ¿Acaso fue un sueño? —, se preguntó, en seguida sacudió la cabeza continuamente y al darse cuenta de que todo era cierto de inmediato fue a darles la noticia a todos
—¡Alephhhhhhh… Alephhh!... ¡Bigdrithhhhhh! — los llamaba exasperadamente
Primero se apareció Bigdrith volando por el largo pasillo de la casa con sus tan diminutas alitas de mariposa color azul brillantes como el de una hada, Bigdrith era una especie de pequeña piedra rocosa de sustancias desconocidas que fue creado por Aleph para que protegiera a Mith de todo los peligros, tenía un collar y un pequeño bolso donde llevaba siempre un poco de arena mágica con la cual Bigdrith podía crear alucinaciones a cualquiera que tratase de dañar a Mith, tenía unos ojos negros de botón como también Mith y Aleph los tenían a causa del hechizo de la bruja Zalef (ojos de botón).
Bigdrith delicadamente se posó en los hombros de Mith mientras refunfuñaba que no grite muy fuerte ya que podría despertar al intolerante de Saicrom que vivía al otro lado de la casa.
En realidad Saicrom no era malvado, él también fue víctima de Zalef, como todos los habitantes de aquel mundo, Saicrom también fue engañado por la bruja que a las 8:00 de la noche de cada día atraía niños que no eran felices dejando caer una llave encima de sus camas y creando visiones de una puerta mágica a la cual los niños tenían acceso con aquella llave, al entrar cualquier niño quedaba maravillado porque todo era cómodo y lujoso, la comida era deliciosa, tenían unos jardines con tulipanes y muchas mariposas que jugaban con ellos, juguetes que en la realidad jamás podrían poseer y todo eso hasta el momento en que se quedaban dormidos y volvían a casa, a su realidad y así fue todos los días, durante una semana los niños esperaban ansiosos la noche para poder entrar a la casa de Zalef quien los esperaba entonando canciones con la comida en la mesa y con muchos juguetes y además decía ser una mujer muy buena y que amaba a los niños más que a nada en el mundo
Llegada la séptima noche mientras ellos comían ella les preguntó
— ¿Les gustaría que yo sea su mamá?— Los niños sin pensarlo dos veces dijeron que sí con mucho entusiasmo.
Zalef con una expresión maliciosa prosiguió
— ¿Entonces quieren quedarse para siempre? —
Algo entristecidos dijeron que sí aclarando que en ese lugar se sentían queridos y vivían muy felices. Pero había una condición.
Ella continuó con la propuesta levantándose de la mesa y caminando lentamente alrededor de ellos con la misma mirada maliciosa
—Si quieren quedarse lo pueden hacer, viviremos felices y tendrán todo lo que quieran…. Amggrr….ammggrr….ammggrr — se detuvo por un momento y continuó con una voz bajita, como si les estuviera diciendo un secreto; Se acercó más a la mesa y con una señal hizo que todos la escucharan atentamente.
—Solo hay una condición y es muy sencilla— Susurró y lentamente sacó una cajita de sus bolsillos y mientras la habría les dijo.
—Solo tenéis que dejarse coser los ojos con botones para que así puedan pertenecer a este hermoso lugar—y agregó con un tono irónico —además no les dolerá nada—
Ellos algo atemorizados al principio no accedieron a la petición pero la malvada Zalef los distrajo con muchos dulces. Mientras los niños estaban tan entretenidos ella terminó cociendo botones en los ojos de cada uno con el propósito de aumentar su poder de visión frente a todos los misterios de hechizo.
Cuando los niños ya tenían los ojos de botones se dieron cuenta que aquel mundo de maravillas y comodidades no eran ciertas, todo fue creado por la malvada hechicera, desde aquel melancólico día sufrieron mucho y después de un buen tiempo decidieron huir a un lugar muy lejano y poder volver a tener sus ojos, en aquella travesía de hallar sus ojos encontraron un espacio donde se acomodaron y lo llamaron "el mundo gris". Desde ese día en aquel pequeño hogar todos trabajan para reencontrar sus ojos y volver a sus casas con sus verdaderas familias.
Sin embargo muchos ya habían perdidos las esperanzas y uno de ellos era Saicrom que al estar tan resignado decidió convertirse en alguien perverso y malvado ya que pensaba que de esa manera nunca más nadie lo dañaría, tenía una expresión en el rostro contaminada de odio y rencor, llevaba siempre en sus manos el único recuerdo de su madre una estampita antigua donde se encontraba la foto de su familia.
Bigdrith le dijo a Mith
— ¿Cuál es el motivo para que grites y generes alboroto de esa forma pequeña traviesa?—
Ella muy entusiasmada respondió — Tenemos pases gratis para asistir al evento de la Posada La Rosa de los Vientos— y aun con más énfasis y emoción agregó — ¡ES NAVIDAD!... unos seres de otro lado del universo vinieron y dijeron que el padre nos invita a una celebración con un gran banquete y mucha diversión —
Bigdrith con una expresión burlesca dijo —Mejor llamemos a Aleph veremos que dice al respecto— mientras ella insistía en que lo que había dicho era cierto fueron en busca de Aleph quien ya se aproximaba, pues también había podido oír la voz de Mith. Al llegar con ellos Aleph se encontraba abatido por los gritos de Mith quien lo había esperado con una sonrisa tierna y pícara.
— ¿pasa algo Mith? — dijo Aleph con un tono preocupado.
—Sí Aleph te tengo una noticia muy buena— respondió Mith sin quitar la sonrisa de sus labios.
—Se podría saber cuál es esa noticia tan buena Mith — dijo Aleph
—Claro que sí— dijo ella y empezó a relatarle lo mismo que a Bigdrith, cuando terminó con el relato Aleph empezó a reírse a carcajadas y casi sin poder expresarse bien a causa de la risa dijo
—hay Mith cada ocurrencia que tienes, mira pequeña ya tengo demasiado con el lunático de Saicrom que cada día está más despistado y ahora tú que vienes a decir tantas cosas absurdas — quedó callado observándola un momento, la cogió de los hombros y la acercó a él y le dijo tiernamente —pequeña, bien sabes que en este mundo no existen más que muchos niños con las mismas características que nosotros, tienen ojos de botones y aquí no hay navidad ya que ni siquiera existe el tiempo.
Mith había perdido la sonrisa de sus labios, se sentía afligida ya que nadie creía tal historia de seres extraños y el evento de la Posada La Rosa de los Vientos durante cinco segundos pensó y recordó que los Geolitas habían dejado las cinco entradas y de inmediato las sacó de su bolsillo y se las enseñó a Aleph quien le dio un vistazo y dijo suspirando sonoramente
—Mith no sigas no te hagas más ilusiones no existe ninguna Posada La Rosa de los Vientos ni nada similar. Esto lo pudiste haber encontrado en las cosas antiguas que vinieron con nosotros al entrar a este mundo— agachó la cabeza y recordó aquel momento trágico. quedó en silencio un buen rato.
Mith siguió insistiendo —es cierto Aleph, por favor créeme, vamos nos divertiremos mucho —
Aleph con voz enojada y autoritaria replicó — no Mith no quiero continuar con esta conversación ¡cánsate de molestarme con tonterías! No seré cómplice de tus tontos caprichos.
Ella miró a Aleph con temor, nunca lo había visto así, quitó a Bigdrith de sus hombros y se fue muy de prisa a un cuarto de la casa donde creía que nadie la podía ver.
Aleph seguía enojado y decidió dirigirse a su lugar de trabajo cuando de pronto unos sollozos cercanos atrajeron su atención, era Mith, Giró levemente la cabeza hacia su izquierda y se encontró con la pequeña sentada en un rincón, que se cubría los ojos con la manga de su delicado suéter rosado. En esos momentos Aleph se sintió muy desgraciado por haberle quitado la ilusión y según el por destrozar su imaginación, unas espesas y gruesas lágrimas se deslizaban por las tersas y rosadas mejillas de la pequeña Mith, acompañadas de sonoros sollozos que se esforzaba por contener.
Soltando un suspiro Aleph fue de prisa a su lecho y empezó a escoger algunos objetos de valor que los puso en una pequeña maleta, también cogió algunos cristales que había encontrado cuando fue a buscar estrellas caídas y con todas esas cosas volvió donde Mith que se encontraba con Bigdrith y Saicrom quienes la estaban consolando, acudieron a ella al escuchar sus sonoros sollozos.
Entonces Aleph entró en el lugar y dijo con voz de firmeza
—amm…amm… ¿Por qué lloráis pequeña traviesa? Yo dije que no creía en esas cosas pero… hace muuuucho tiempo también dije y te prometí que haría todo porque tú te sintieras bien así que…— mostrándoles las mochilas ya empacadas y con una sonrisa sincera prosiguió — así que… las maletas están listas. Vamos rumbo a la Posada La Rosa de los Vientos—
Saicrom quien no tenía idea de lo que hablaban dijo —yo no voy a ninguna parte tengo mucha pereza y no me gusta caminar además estoy enfermo y bla bla bla… puso muchas escusas pero de nada sirvió porque Bigdrith lo cogió de los hombros con sus diminutos patitas y lo alzó donde no podía tocar suelo. Saicrom refutando y agitando los pies para que lo soltara dijo
—me las pagarán se los juro me las pagaraaaaaaaaaaaaaaaaaaán—
Aleph, Mith y Bigdrith quien llevaba a Saicrom salieron de la casa entre carcajadas rumbo a la Posada.
