Buenas noches :)
Por lo que veo, no les gustó el anterior capítulo, dado que sólo hubo un par de comentarios XD o quizás no les agradó como he presentado a InuTaisho. Pues debo avisarles que aún falta ver más del lado oscuro del Inugami, así que no esperen algo tierno o romántico entre él e Irasue XD
Ahora pasemos a la lectura, de antemano les agradezco su tiempo y sus reviews ;3
Atención: InuYasha y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo solo escribí la historia por puro gusto y diversión.
Capítulo 11: Revelaciones II
Los siguientes días después de la reunión de Lores, Irasue se mantuvo ocupada con la revisión de los pendientes políticos, mientras su hijo salía a controlar a los demonios revoltosos que andaban hostigando a otras especies sin distinción alguna. Sesshomaru no había querido aceptarlo del todo, pero las palabras de Ryujiro resultaron verdaderas.
Conforme se encargaba de las bestias que rondaban los asentamientos humanos, estos dejaban de agredir a otros youkais. Incluso en algunas ocasiones, los pueblerinos lo observaron eliminando a uno que otro desertor, agradeciéndole después con una sumisa reverencia. A él realmente no le importaba, pero sabía que eso ayudaba un poco a tranquilizar las tensiones con esa molesta especie. Quizás no sería tan fácil con otros, pero por algo se empezaba.
Y esto era conveniente, porque mantenía ocupado al nuevo Lord del Oeste para que no tuviera la idea de ir a buscar de nuevo a la princesa humana y a su cría. La demonesa mantenía una vigilancia ocasional de ambos, debido a la promesa hecha a InuTaisho. Sin embargo, no dejaba que esto la distrajera más de lo necesario. Los pendientes del Oeste eran demasiados todavía y ella seguía lidiando con sus propios conflictos emocionales.
Ya casi terminaba de deshacerse de todas las pertenencias de su marido. Y en cada uno de esos momentos, cuando revisaba algo y lo desechaba, los recuerdos volvían como una terapia inevitable para purgar su rencor. Lo más reciente que había encontrado en una bodega empleada por InuTaisho en el pasado, fue un pequeño baúl repleto de ovillos de seda. Era una fibra increíblemente fina y suave.
–Éste tipo de seda… – estrechó la mirada, tocando la textura de las madejas secas. –Seguramente se trata de otro botín de guerra. –
La seda no era de insectos comunes, sino que pertenecía a algún tipo de demonio lepidóptero. Esas especies de youkais eran comunes en China y muy rara vez se les encontraba en los territorios cardinales. Seguramente InuTaisho había llevado sus campañas de conquista al continente en más de una ocasión y evidentemente le gustaba tomar trofeos.
Los recuerdos revolotearon en su mente, ella había conocido a un youkai del tipo polilla y éste le había revelado información valiosa que en ese entonces no supo interpretar.
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La joven Irasue llegó al comedor y se sentó en silencio. Sus padres ya la esperaban para desayunar y para escuchar su opinión sobre su primer pretendiente. No tenían la intención de presionarla, pero sí querían estar enterados de su dictamen respecto a cada uno de ellos. Esto sería así en los siguientes días, la heredera los trataría y después daría su punto de vista a los señores del Oeste.
–Y bien, Irasue, ¿Que puedes decirnos del representante de la casa NekoYoukai? – preguntó su padre.
Ella levantó la vista y después de pasar bocado, sonrió levemente.
–Arashimaru es muy agradable y ustedes saben que tengo amistad con él desde niños. –
–¿Crees que podría ser un buen marido? – quiso saber su madre.
–Seguramente podría serlo, es alguien muy noble y respetuoso– contestó Irasue, mientras tomaba otro bocado. –Y probablemente sería muy benéfico para el Oeste mantener la lealtad del gran Oyakata. –
Su padre hizo un gesto de asentimiento.
–Así es hija, la casa NekoYoukai es sumamente fiel y gracias a ellos hemos podido mantener la paz entre los diversos grupos de demonios que viven en Occidente. Oyakata es un poco temperamental, pero nadie mejor que él para negociar con otros y llegar a buenos términos– se expresó orgulloso el Lord.
–Lo tendré en cuenta para mi decisión, padre– afirmó la joven, reservándose sus verdaderos pensamientos. –Pero sé que jamás podría obligar a Arashimaru a casarse conmigo…–
…
Después de desayunar, Irasue se preparaba para ir a su siguiente cita. El segundo pretendiente era Gakinmaru, el demonio polilla originario del continente. Sabía muy poco sobre los youkais insecto, excepto que algunas especies eran bastante vanidosas y presumidas. Quizás porque podían volar con hermosas alas multicolor y porque sus habilidades manipuladoras les facilitaban bastante la vida.
Liberó un suspiro de resignación al mismo tiempo que salía de su habitación y se encaminaba a los jardines del palacio. Ese era el lugar que ella había escogido para comenzar la cita. Caminaba distraídamente junto al estanque cuando una voz la saludó.
–Buenos días señorita Irasue. –
Ella volteó para encontrarse con el youkai de pelo rubio saludándola con una grácil reverencia.
–Buen día Gakinmaru– respondió ella, mirándolo con atención.
Vestía elegantemente y llevaba el cabello recogido en una trenza. Sus ojos anaranjados eran muy llamativos y todo su lenguaje corporal denotaba elegancia. Tal vez demasiada incluso para ella.
–Me gustaría hacer un recorrido de sus bellos jardines– pidió él, acercándose y ofreciéndole su brazo. –Y quizás así pueda comenzar a platicarle acerca mí. –
Irasue hizo un gesto afirmativo y se acercó para tomar su brazo.
–Está bien, vamos por aquí– dijo, guiándolo hacia una zona de árboles. –Platícame acerca de ese tema sobre la seda que pueden crear. –
El demonio rubio sonrió vanidosamente.
–Señorita Irasue, le puedo asegurar que no existe seda más fina y resistente que la nuestra– explicó orgulloso. –Sus propiedades son tan valiosas, que incluso estamos en conflicto constante con otras criaturas para poder protegerla. Se podría comparar incluso con el valor de piedras preciosas. –
La joven Inugami sonrió ligeramente, escuchando su explicación. Quería saber que podía ofrecer y entender porque su padre lo eligió como candidato.
…
Un par de horas después.
La heredera estaba sumamente aburrida. Su pretendiente Gakinmaru había resultado ser una compañía un poco fastidiosa. A pesar de que en un inicio su elocuente manera de hablar había captado su atención, al paso de los minutos se dio cuenta que llevaba la vanidad a flor de piel.
Todo ese rato que llevaba escuchándolo y asintiendo a sus palabras por mera educación, el demonio polilla se la pasó hablando sobre él, después continuó describiendo su glamorosa vida en palacio, los privilegios de su casta dorada y la valiosa fortuna que poseía. Se sabía próspero y le gustaba anunciarlo a los cuatro vientos.
–Esto es más aburrido que mis clases de modales y buen comportamiento– pensó ella con cansancio. –No parece tener interés en conocer nada acerca de mi o del Oeste… y eso no es conveniente para mí familia. –
En un instante tomó la decisión final respecto al candidato de la nobleza lepidóptera, definitivamente quedaba descartado.
El youkai rubio extendió su platica sin darse cuenta del aburrimiento de Irasue. Hasta que notó que ella miraba distraídamente más allá de su rostro, en dirección al patio principal. Volteó entonces y alcanzó a ver que varios soldados del palacio estaban entrenando con alguien. Había un poco de alboroto por la situación, así que probablemente algo emocionante estaba pasando.
–Disculpa Gakinmaru, ¿Sabrás que está sucediendo allá? – preguntó en un tono amable.
–Vamos a investigarlo– le sonrió al tiempo que se ponía de pie y le ofrecía su mano.
La joven demonesa agradeció esa distracción, ya que apenas unos momentos antes, había estado a punto de bostezar de aburrimiento.
Se aproximaron a la zona y desde las escaleras pudieron observar la escena. El candidato InuTaisho estaba practicando sus habilidades de lucha contra los soldados. Había unos diez guerreros alrededor y con katana en mano, lo atacaban rudamente por todos los flancos. Asombrosamente, el Inugami demostraba ser un excelente espadachín, contestando los ataques a una velocidad extraordinaria.
Ambos observaron el evento hasta que al final derrotó a todos los guardias y después enfundó su espada tranquilamente. Su actitud era ligeramente engreída y se notaba que le agradaba llamar la atención. Entonces dirigió su mirada hacia ellos y después hizo una reverencia para Irasue.
–Es tan petulante como todos los guerreros de su tipo– pronunció en voz baja Gakinmaru. –InuTaisho es muy hábil, pero también es bastante presumido y siempre mantiene una actitud farsante. –
Ella lo miró intrigada y preguntó.
–¿Por qué dices eso? –
El demonio polilla le ofreció nuevamente su brazo para guiarla.
–Acompáñeme por favor señorita, aquí no es un buen lugar para conversar– indicó.
La heredera miró de reojo a InuTaisho, quien le dirigió una sutil sonrisa antes de comenzar una nueva ronda de entrenamiento con otros soldados. Irasue tuvo la sensación de que él hacía eso para llamar la atención no sólo de ella, sino de todos en el palacio. Incluyendo a los señores del Oeste, quienes en ese momento lo miraban desde otra terraza con gesto complacido.
Momentos después, ambos caminaban por la zona de árboles frutales en una parte un poco más aislada. Gakinmaru ahora tenía un gesto serio y ella supo que fue a causa de la exhibición de InuTaisho. Posiblemente se debía a una rivalidad entre candidatos.
–Señorita Irasue– habló en un tono bajo. –¿De casualidad usted recibió información previa de sus pretendientes? –
–No, en absoluto– negó lentamente, extrañada por la pregunta. –Esa es la razón del cortejo, para tratarlos y conocerlos. –
El gesto del youkai se volvió comprensivo y por un instante tuvo la intención de explicarle algo más, pero no lo hizo.
–¿Tienes algo que decirme? – quiso saber ella.
–Será mejor que no me haga caso señorita, es un tema sin importancia, el cual puede esperar para el final del día– sonrió de nuevo, volviendo a su comportamiento formal. –Es hora de tomar una merienda, por favor, permítame acompañarla. –
La Inugami lo dejó pasar y exhaló resignada, debía tolerar el resto del día con él, a pesar de que sólo iba a escucharlo hablar nuevamente de su persona.
…
Más tarde.
Por fin había terminado su turno de cortejo, ahora Gakinmaru se despedía de Irasue.
–Gracias por tu tiempo– dijo ella, manteniendo su educación, ante todo.
–No es necesario que diga nada señorita, yo sé que no soy el adecuado para usted– negó lentamente y después la miró con seriedad. –A decir verdad, yo no tengo intención de casarme pronto y esto fue solamente una formalidad que debía cumplir, debido a la posición que tengo dentro de mi casta. –
La joven demonesa se sorprendió ante lo sincero de sus palabras y por un instante no supo que decir.
–Espero no ofenderla, pero sé que lo mejor es dejar las cosas en claro– continuó hablando el youkai polilla. –Yo no sería un buen marido para usted y existen algunos rivales que podrían no quedar conformes si me eligiera a mí. –
–Yo… yo no entiendo a qué te refieres– por fin dijo Irasue. –¿Te estás retirando del cortejo? –
Esto era inesperado para ella, jamás se imaginó que alguno de los candidatos rechazaría la oportunidad de convertirse en el siguiente señor de Occidente. Muchos matarían por una oportunidad así, pero éste demonio de raros ojos anaranjados no parecía interesado.
Gakinmaru asintió y después bajó la voz un poco más.
–Sé que debo esperar hasta que elija a su futuro esposo de entre los otros pretendientes, y eso haré– entonces se acercó un poco más para decirle algo que solamente ella debía escuchar. –Pero por favor, tome en cuenta mis siguientes palabras… No confíe en todos los perros, porque a algunos les gusta perseguir mariposas y esconder sus travesuras… –
Irasue se quedó en silencio después de escucharlo. Él hizo una última reverencia en despedida y luego se alejó.
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La demonesa suspiró con pesadez al finalizar su remembranza. De haber entendido sus palabras a tiempo, las cosas podrían haber marchado por otro rumbo y quizás el dolor que aún guardaba dentro de ella no existiría en éste momento.
Cerró el cofre con los ovillos de seda y lo colocó junto a las demás cosas que serían quemadas más tarde.
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Un par de días después.
Sesshomaru terminaba de revisar un comunicado de parte de Lord Karasu, en el cual se podían leer las nuevas modificaciones que iba a realizar respecto a los acuerdos de comercio entre ambas regiones. El demonio cuervo estaba cancelando buena parte de los intercambios y eso se le hizo extraño al joven Inugami, dado que ya conocía su ambición.
–¿Cuándo llegó esto? – preguntó.
–Hoy por la mañana, mi señor– respondió el viejo escribano.
El kamaitachi continuaba asesorando a Sesshomaru en la administración del papeleo político. Era necesario, dado que el nuevo señor de Occidente no contaba con la suficiente experiencia para encargarse de todo ello.
–No comprendo el porqué de ésta decisión, esos pajarracos estuvieron muy insistentes con la renovación de los acuerdos en la reunión pasada, y ahora, parece que ya no les importa tanto– comentó extrañado.
El escribano tomó un pergamino de un escritorio cercano y rápidamente repasó lo anotado hasta llegar al tema indicado.
–Quizás el gobernante del Sur ha decidido comenzar a negociar con Lord Ryujiro– señaló sus notas. –Tengo registrado que acordaron reiniciar los intercambios comerciales entre ambos territorios. –
Sesshomaru hizo un gesto de molestia ante la mención del dragón.
–Pues espero que los Tengu ya no molesten con sus quejas– refunfuñó aburrido. –Y si el señor del Este piensa confiar en ellos, será su problema. –
–Deberías darle más crédito a Lord Ryujiro– se escuchó la voz de Irasue, quien iba entrando a la estancia. –El dragón parece saber lo que hace, después de todo, él aceptó a los clanes leopardo en sus tierras y eso apaciguó las tensiones con Karasu. –
Su hijo volteó a mirarla y con una ceja en alto preguntó.
–¿Qué tienen que ver los Nekomata en esto? –
La demonesa se acercó y tomó asiento frente al escritorio.
–Sesshomaru, tú sabes perfectamente lo que hizo tu padre con los felinos– comenzó a explicar. –No hace mucho tiempo los expulsó del Oeste después del enfrentamiento con Oyakata y eso provocó que migraran al territorio Austral, donde comenzaron a hostigar a los cuervos y a los humanos. –
El joven Inugami no había estado al tanto de esa información. Sabía que su padre peleó con el gran Nekomata nigromante y que después de la batalla, logró dejarlo en un estado de momificación permanente. Esto provocó que los clanes felinos conspiraran contra él, por lo tanto, los desterró antes de que pudieran hacer algo más.
Los detalles del porque se inició semejante rivalidad eran desconocidos para Sesshomaru. Su madre siempre se mostró renuente a hablar acerca de ello en el pasado. Quizás era tiempo de averiguar la verdad.
–Lord Karasu ya estaba hartándose y le había exigido con anterioridad a tu padre que lo solucionara– prosiguió Irasue, dando más detalles de la situación. –Pero InuTaisho no le hizo caso y después murió. Así que los clanes leopardo eran uno de los temas prioritarios que debías resolver al tomar el poder del Oeste, pero bueno, no estabas en el mejor momento para encargarte. –
Él asintió levemente, comprendiendo que su madre aún era el pilar de éste gobierno.
–¿Qué fue lo que hiciste con los felinos? –
–Fui a buscar a su lideresa y hablé con ella, una oferta de paz temporal y después un favor pedido al señor del Este. Si no me hubiera ocupado de ellos, los Tengu habrían estado reclamándote una y otra vez– indicó la demonesa.
–¿A qué oferta de paz te refieres?, esos Nekomata son unos cobardes que se rebelaron contra mi padre– comentó con seguridad el joven Lord.
Ella liberó una exhalación mientras negaba lentamente. InuTaisho también le había dicho mentiras a su hijo. No le extrañaba que lo hiciera, él esperaba que su primogénito continuara con su legado, pero no era necesario que conociera la realidad detrás de sus infames decisiones pasadas.
–Hijo, ¿Recuerdas a Toran? – preguntó Irasue, mirándolo a los ojos, donde pudo notar que él hacia un gesto de sorpresa ante la mención del nombre. –Si, la pequeña felina que jugaba contigo cuando eras un cachorro. –
–La recuerdo– confirmó él. –Un día simplemente dejó de venir al palacio. –
–Eso es lo que tu recuerdas, pero no supiste la verdadera razón del porque ya no volvió para jugar contigo. –
Sesshomaru estrechó su mirada, poniendo atención a lo que su madre decía. Por alguna extraña razón, tuvo el presentimiento que estaba a punto de enterarse nuevamente de algo relacionado con su fallecido padre.
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La joven demonesa miraba a los cachorros persiguiéndose a lo largo del jardín. Su vástago se veía feliz al poder jugar con la niña de pelo azul.
El pobre príncipe solitario, encerrado en el palacio, rodeado de deberes y reglas a seguir por el simple hecho de ser hijo de quien era. Su poderoso padre se mantenía ocupado acrecentando su dominio y llevando al Oeste a su época de mayor esplendor. Pero sin siquiera dedicarle unos cuantos momentos a su cachorro.
El niño de pelo plateado se sentía solo y eso no era justo para alguien de su edad. Sin embargo, Irasue no podía darle un hermano o una hermana en estos momentos. El ciclo reproductivo de su especie era muy espaciado, necesitando pasar más de una década y media para volver a procrear. Afortunadamente, había alguien más que se había convertido en padre casi por las mismas fechas en que ella parió a Sesshomaru.
Su viejo amigo y casi hermano, Arashimaru, se casó con la hembra que amaba y ambos habían procreado a la primera de su descendencia, Toran. La pequeña felina heredó los ojos celestes de su madre y el pelo azul de su padre, logrando una combinación muy llamativa.
Los cachorros se conocieron cuando tenían seis años, gracias a que el líder de los clanes leopardo hizo una visita a la señora del Oeste. Por ese entonces a InuTaisho le era indiferente que el Nekomata se llevara bien con su esposa, estaba más ocupado conquistando territorios en el continente.
Así que los niños empezaron a convivir un par de veces por semana, llevándose bien a pesar de las diferencias de carácter. El pequeño Inugami era serio, pero sabía sonreír. La pequeña felina era vivaz y alegre, consiguiendo cambiar con ello la timidez inicial de Sesshomaru.
Habían pasado dos años desde entonces, en los cuales su amistad se mantuvo firme.
Irasue se sentía feliz al verlos, una pequeña alegría en la monótona y tediosa vida que llevaba al ser la esposa de InuTaisho.
–¡No hagas eso! –gritó Sesshomaru, quejándose a plena voz. –¡Mamá, Toran me arrojó nieve en la cara! –
La madre se acercó a los niños, extrañada de haber escuchado algo acerca de nieve. Estaban en plena primavera y eso no era posible. Entonces alzó las cejas al ver a su hijo embadurnado en rostro y cabello con algo parecido a bolitas de algodón.
–¿Que sucede? – interrogó, mirando a la niña de pelo azul.
La Nekomata tenía las manos llenas de escarcha, la cual se generaba de sus palmas rápidamente hasta formar un pequeño montón de nieve en el suelo. Parecía sorprendida, mirando fijamente sus manos. Era la primera muestra de su habilidad para manipular el hielo, heredada de su padre.
–¡No lo sé! – contestó la niña. –Yo no quería arrojarle nieve, señora Irasue, pero de pronto apareció y… –
–No te preocupes pequeña Toran, no has hecho nada malo– le sonrió la demonesa, entonces miró a su hijo. –Sesshomaru, es sólo un poco de nieve, no te hará daño, se trata de una habilidad que tienen los miembros de la casa NekoYoukai. –
–Pero esta fría– se quejó el niño, mientras su compañera de juegos se reía divertida al comprender lo que estaba pasando.
–¡No seas tan llorón! – dijo de pronto la felina, arrojándole otro puñado de nieve y después echándose a correr. –¡Atrápame si quieres que me disculpe! –
–¡Ven aquí! – gruñó el Inugami, persiguiéndola de inmediato.
La señora del Oeste volvió a sonreír, las risas de los niños siempre consiguen que un adulto sienta calidez en su corazón.
De repente, percibió la presencia de su marido acercándose al palacio. Por fin volvía después de dos semanas de ausencia debido a sus reuniones con otros demonios menores del territorio. Hizo un gesto a una sirvienta para que vigilara a los cachorros y después se encaminó a la terraza principal.
Lo miró descender rápidamente a unos cuantos metros de distancia. Su gesto era serio y parecía molesto por algo.
–Bienvenido– saludó ella.
–Hola Irasue, ¿Todo bien en mi ausencia? – preguntó el demonio.
–Así es, no hay ningún pendiente por el momento. –
Entonces su marido olfateó el aire y giró la vista a los jardines, donde se podía ver a los niños jugando bajo la vigilancia de la sierva.
–¡¿Que hace una Nekomata aquí?! –
Irasue hizo un gesto desconcertado por el tono molesto que usó.
–¿A qué te refieres?, es Toran, la hija de Arashimaru– explicó rápidamente. –Ya sabes que viene de visita de vez en cuando para jugar con Sesshomaru. –
El Inugami gruñó más irritado, mirando con molestia a la niña. Entonces se encaminó al lugar donde estaban los cachorros. Ella tuvo un mal presentimiento, así que lo siguió de inmediato.
–¡No quiero que mi heredero tenga contacto con uno de esos malditos felinos! – alzó la voz.
–¿Por qué dices eso?, ¿Que está sucediendo? – interrogó, confundida por sus palabras.
InuTaisho no contestó y siguió su marcha hasta llegar a donde los chiquillos jugaban.
–¡Sesshomaru, ven aquí! – llamó con severidad.
El príncipe estaba arrojándole una pelota a su compañera de juegos y la repentina orden de su padre lo asustó, ya que no había notado su llegada. Corrió inmediatamente hacia él y después lo saludó con una inclinación de cabeza.
–B-bienvenido, padre. –
El demonio lo miró reprobatoriamente y después dirigió su atención a la niña.
–¡Retírate! – ordenó, mientras tomaba a su hijo de la mano y comenzaba a caminar hacia el interior de la estancia.
–Pero, pero… yo quiero seguir jugando con Sesshomaru– se quejó Toran.
InuTaisho volteó y la miró disgustado, al mismo tiempo que su gruñido se escuchaba más amenazador.
–¡Desafiante como todos los de tu especie… si no te vas ahora mismo…! –
–¿Qué vas a hacer, InuTaisho? – contestó alguien desde la parte izquierda del jardín. –Vamos, dime que vas a hacer si no nos vamos mi hija y yo. –
El Lord observó a quién lo retaba y le enseñó los colmillos. Soltó a su hijo y empezó a caminar hacia el felino. Éste no se inmutó y también se aproximó para encararlo. La energía sobrenatural de ambos creció de forma amenazante.
Irasue no entendía lo que estaba pasando, pero de inmediato se acercó y tomó a su vástago de la mano para alejarlo de ahí. Caminó hacia Toran y también la sujetó para llevársela.
–¿Qué sucede señora Irasue? – preguntó la chiquilla. –¿Porque discuten? –
–No lo sé, pero será mejor que entren– fue lo único que dijo la demonesa. –Llévalos al salón y permanezcan ahí– le ordenó a la sirvienta, quién inmediatamente se llevó a los infantes.
Cuando regresó al jardín, pudo ver que ambos demonios se gruñían para intimidarse el uno al otro. Arashimaru era algunos centímetros más bajo que InuTaisho, pero su gesto serio no mostraba ningún atisbo de miedo ante el señor del Oeste. Se aproximó a una distancia prudente y escuchó su discusión.
–¡Lárgate de mí palacio, maldito Nekomata! – exigió el Inugami. –¡Ya he tolerado demasiado a tu señor y a los de tu clase, si no piensan obedecer mi ordenes, será mejor que busquen nuevas tierras para vivir! –
–¡Oyakata no está retando tus ordenes, simplemente no quieres entender que estás haciendo mal las cosas! – respondió el felino con un siseo. –¡Sin nosotros como intermediarios, tendrás problemas con las demás criaturas del Oeste! –
–¡Ustedes son solamente vasallos, su única obligación es cumplir con mis mandatos y no opinar sobre como gobierno! –
–¡Te equivocas, la casa NekoYoukai es firmemente leal a un dirigente noble y justo! – volvió a gruñir Arashimaru. –¡Pero no a un tirano que está dispuesto a matar a seres más débiles para robar sus recursos! –
Irasue escuchaba estupefacta las revelaciones. Recientemente se había enterado que su marido estaba en campaña contra unas bestias externas que andaban rondando los límites de Occidente y cuyo objetivo era invadir y devorar. Por lo tanto, requería el apoyo de los Nekomata y de otros demonios menores para disuadir a los intrusos. O eso es lo que InuTaisho le hizo creer.
–¡Cuida tus palabras, felino! – volvió a enseñarle los colmillos. –¡Yo decido quién vive en mi territorio y quién no! –
–Que así sea entonces, InuTaisho, pero no esperes que el gran Oyakata se someta a tu decisión– su voz se tranquilizó y comenzó a retroceder.
–Tu señor no me da miedo y si lo deseo, puedo convertirlo en mi nueva alfombra– se burló el demonio canino. –Ahora lárgate y no quiero ver de nuevo a tu hija junto a mi heredero, de lo contrario, la desollaré– finalizó su amenaza con un gesto cruel.
La demonesa observó a su esposo elevarse rápidamente para después retirarse hacia otra parte del palacio. Pudo notar la furia en los ojos de Arashimaru y en sus puños apretados.
–Explícame qué está pasando– se aproximó a su viejo amigo.
El Nekomata la miró, mientras respiraba pesadamente para tratar de calmarse.
–Tu marido es un bastardo, Irasue– dijo con fastidio. –En los últimos meses, le ha estado exigiendo a mi señor Oyakata obediencia absoluta, demandando que los clanes leopardo ejecuten sus órdenes sin rechistar. –
–Si están en campaña contra invasores extranjeros, es lógico que quiera llevar a cabo una defensa. –
–Es mentira– negó con firmeza Arashimaru. –No quise comentarte nada, pero me imagino que él no te dijo la verdad– hizo una pausa y suspiró de nuevo. –Lo que ha estado haciendo es expulsar a los habitantes de los valles cercanos al Oeste para tomar esas tierras, pero como no quiere levantar sospechas con los demás Lores cardinales, nos usa a nosotros para alterar el ambiente y obligarlos a huir. –
Irasue guardó silencio, no se esperaba esa información. Ya sabía que la ambición de InuTaisho era insaciable y cuando se proponía algo, no importaba lo que tuviera que hacer, o sobre quién debía pasar, él simplemente lo hacía sin medir las consecuencias.
–Voy a tratar de hablar con él…– hizo una pausa. –Lamento todo esto, Arashimaru, en verdad no quiero que te vayas… pero tampoco deseo que lo enfrentes, tienes una hija y una esposa, piensa en ellas. –
El felino la miró con expresión serena, ella se preocupaba por él como lo haría una hermana.
–Entiendo lo que me tratas de decir– sonrió levemente. –Me marcho ahora. –
…
Poco después, madre e hijo observaban desde el pórtico de salida como los Nekomata se alejaban.
–¿Toran vendrá a jugar mañana? – preguntó el cachorro.
Irasue lo miró impasible, no sabía qué contestarle y no podía decirle que su padre asesinaría a su compañera de juegos si volvía.
–La familia de Toran debe… hacer un viaje un poco largo, así que no volverán por un tiempo– fue lo único que dijo.
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La demonesa concluyó su relato, mirando la mueca desconcertada de Sesshomaru. Seguramente todo esto le resultaba inesperado y tal vez inaceptable, dada la imagen honorable que tenía de su padre.
–¿Ahora comprendes porque es una tregua temporal?, Toran es la nueva líder de los clanes leopardo y ellos jamás perdonaran lo que tu padre le hizo a su señor Oyakata, ni el cruel destierro al que los condenó– hizo una pausa y suspiró cansadamente. –Hijo, no sé cuándo será, pero los Nekomata volverán para cobrar venganza contra la descendencia de InuTaisho. –
El joven Lord solamente hizo un gesto de afirmación. Ahora comenzaba a dudar acerca de lo que sabía de su progenitor.
Continuará...
Espero me dejen saber su opinión ;)
¡Excelente inicio de año!
