NA: ¡LEMON, LEMON, LEMON!

Porque después de tantos capitulos, ya tocaba..¿no?


Jamás. Jamás en la vida había probado algo como eso. De hecho era la primera vez que lo hacía y debía decir que había sido…delicioso. Casi como el sabor de la carne. Tierno, caliente, jugoso. Algo que cuando mordías disfrutabas como si fuera la cosa más maravillosa del mundo.

Una experiencia así, debían volver a repetirla. Y es que la verdad, no estaba nada cansado.

No, todo lo contrario. Se sentía…satisfecho como nunca, como si hubiera comido toneladas de los dulces de la isla Gyojin, como si le hubieran presentado un banquete con todo lo que le gustaba.

Si, se sentía bien.

Abrió los ojos, encontrándose con esa piel y ese par de pechos contra su rostro. Sonrió entre dientes, sintiéndose repentinamente contento. Pasó los brazos por el pequeño cuerpo de ella y se pegó más a su piel.

Olía bien, era suave y tierna. Justo como había pensando, justo como había probado muy anteriormente.

Por eso fue que hizo lo que hizo. Porque después de tantas tentaciones, debía meter bocado ¿no? Además, debían continuar con lo que dejaron a medias la otra vez. Él así lo sentía. Se había quedado bastante…mal, no, mal no…sino… más como frustrado.

Y en el momento en que sus nakamas se acostaron cada uno en su respectivo camarote, él encontró el momento ideal para continuar.

Y si, fue él quien dio el primer paso.

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Nami dormía, así que él la despertó. Pequeños besos que sacaron a la navegante de su sueño, sonrojándola a más no poder.

—Lu-Luffy…

Él sonríe entre dientes, viendo divertido la expresión de Nami.

—Nami, continuemos con lo de la otra vez.

—¿Eh?

Con el corazón desbordado, Nami ve como se sube a la cama y se queda sobre ella, apoyado de manos y piernas.

—Realmente quiero probar tu sabor—y se inclina lentamente hasta acercar su rostro al suyo. Nami traga duro, sintiendo con deleite el roce de sus labios—así tu también podrás probarme a mí.

Nami le mira, una sonrisa adorna su rostro moreno, como siempre y ella no puede más que sonreír.

—Está bien Luffy.

Y termina con la distancia entre labios, pasando los brazos por su cuello.

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Luffy se siente raro. Tiene mucho calor, y se siente débil, pero no puede dejar de tocar el cuerpo de Nami. Sus abundantes senos, que se lleva a la boca para lamer y morder, tirar de ese pequeño botón rosado que hace gemir a Nami cada vez que lo hace. Su vientre, sus caderas, las mismas piernas que poner alrededor de su cintura y provoca que ambos sexos-que sus bolas de oro- se sientan como rígidas. El pantalón le está matando porque parece que su pequeño rey quiere salir y entrar allí donde él, por cierto, está acariciando.

No sabe en qué momento ha quitado el pijama a Nami, ni tampoco donde están su chaleco y su sombrero. ..Oh no, ahora mismo eso está muy, muy de lado. Se centra en lo que siente, en el calor que desprenden ambos, en su piel, en acariciar y probar cualquier parte de su cuerpo.

La besa, mete la lengua en su boca y se encuentra con la suya. Le gustan sus besos, siempre lo ha dicho, y esos…esos que ahora mismo compartían le gustaban mucho más. Pues no son iguales que los que siempre se dan. Son…más intensos, más…más…excitantes.

Y le gustan.

Pero también se ha dado cuenta de que le gusta y mucho los sonidos que salen de sus labios. Entrecortados, susurros, entre los cuales aparece constantemente su nombre, pequeños gritos. Esos sonidos…pues sin duda le excitan, le excitan porque de alguna manera sabe que lo que le está haciendo le gusta. Y si a Nami le gustaban…a él le encantaban.

Sigue acariciando su interior, tan húmedo que desea seguir tocando para siempre. Prueba de nuevo su cuerpo. Al separar sus labios, pasa su lengua por su cuello, llegándole a la nariz el olor a jabón que desprende su cabello. Su clavícula, sus senos, que cada vez le gustan más y más. Nami se estaba volviendo un manjar para él. Su vientre, incluso su centro, el que prueba después de pensar en cuál sería su sabor.

—Luffy…Luffy…

Y su nombre otra vez en sus labios le suena…como la música que toca Brook con su violín, maravillosa.

Por lo que no puede esperar más, o eso ha decidido, porque siente su pequeño rey tan apresado que necesita liberarse.

Apoya los brazos en la cama y entra en ella, en ese centro que ha probado, lentamente, apretando los dientes, los ojos…siente las uñas de Nami clavarse en sus brazos, pero no es dolor lo que a su piel llega sino…placer.

Ella grita cuando entra del todo y Luffy abre los ojos, asombrándose al ver pequeñas lágrimas en sus ojos. Se empieza a asustar. ¿Le ha hecho daño?

Se pone nervioso y a su mente llega la idea de retirarse, pero por otra parte, su cuerpo no acepta eso.

—Oi...Nami… ¿te duele? Yo…

Pero Nami sujeta su rostro con ambas manos y le besa. Le calma con palabras suaves que a su vez le incitan a seguir.

Y sigue. Cada vez más rápido, más profundo. Sus caderas chocan; Luffy tiene que empuñar sus manos, y en ellas enreda el cabello de Nami. Él también emite esos sonidos, fuertes, entrecortados… y siente que está a punto de estallar.

De pronto algo explota en ella que hace que él, segundos después sienta lo mismo.

Se desploma sobre ella, con la cabeza entre sus pechos, respirando agitado, sintiéndose muchísimo mejor que después de haber comido la deliciosa comida de Sanji.

No, sin duda eso es mucho mejor.

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Se habían dormido, por eso, y ahora que empezaba a entrar la luz del día por la ventana, pensó que sería un buen momento, antes de que se levantaran sus nakamas, de tener otra ronda como la de anoche.

Además, no sabe porque pero su pequeño rey vuelve a estar despierto.

No puede haber otra respuesta, eso solo lo puede causar la cercanía de Nami. Su cuerpo desnudo y sus piernas entrelazadas con las suyas.

Ahora entendía Luffy porque Sanji era tan pervertido. Él se estaba volviendo uno, pero solamente sería con el cuerpo de Nami. Estaba seguro de que, si su rey ya estaba despierto era porque Nami estaba ahí.

Atrapa su pecho en la boca y succiona, pasando su lengua, ella vuelve a hacer otro de esos sonidos que le gustan y sonríe.

—Nami…—la llama, pues quiere que le mire. Quiere ver su expresión cuando le hace todo aquello que le hace suspirar.

Pasa la mano por su cintura, agarra su nalga y pega sus cuerpos, se frota.

Nami entreabre los ojos y ve a Luffy. Se sonroja, pues recuerda todo lo que pasaron anoche..y lo que está a punto de suceder…de nuevo.

—Luffy…—susurra, volviendo a clavar los dedos en sus hombros—espera…

—¿Por qué? —Separa él su boca de su pecho de pronto, frunciendo el ceño—¿No quieres?

Nami se sonroja totalmente.

—N-no es…que no quiera pero… ¡Lu-luffy! —grita cuando se gira y la sienta sobre su vientre. Nerviosa y sonrojada puede notar el creciente deseo de Luffy tras su trasero. —Oi…

—¡Te quiero! —exclama él, sonriendo entre dientes—quiero que seas mi reina pirata, Nami.

Ella se queda asombrada, sin palabras. Las lágrimas se atoran en sus ojos, y mordiendo su labio, se inclina y besa a Luffy en los labios.

Él se sorprende, pero enseguida la atrapa entre sus brazos y rueda, dejándola bajo su cuerpo y besándola de la misma forma que lo hicieron anoche.

Pero Nami separa los labios un momento y le mira, le mira con una ternura que a él le estrecha el corazón y le llena de felicidad.

—Te quiero—murmura ella, antes de besar nuevamente sus labios.

Y Luffy se siente extremadamente bien. Porque sin duda, Nami debía ser su reina. Ninguna más le haría sentir así. Ella y solo ella…sería su reina…para toda la eternidad.


Bueno...¿merezco vuestras obaciones o criticas? Hice lo que pude para que no dejara de ser el Luffy de siempre. Aun teniendo una escena subidita de tono busqué que no dejara de ser él. Espero que así haya sido y que os haya gustado. (:3)

Haré más futuros lemons, ¡prometido! Como este es el primero iremos despacio, pero más adelante...más, más xD

¡Nos vemos en el próximo!

Geum Jan di