Joven profesor de amor

Hay algo misterioso en ti

Estar contigo es especial

Como la brisa sobre el mar.

JOVEN PROFESOR DE AMOR

CAPITULO # 11

Por. Tatita Andrew.

-¿Estas seguro?

-Si, se buen amigo y llévame.

George iba apoyado en Albert para no caerse, el rubio apenas se tomó algunos tragos en vista del estado deprimido de su amigo, pensó que lo más prudente era que estuviera con los cincos sentidos puestos, George había pasado toda la noche quejándose de que había perdido para siempre al amor de su vida y allí estaba a punto de tocar la puerta, solo esperaba que no saliera mal parado con aquella situación lamentaba estar en medio de sus dos mejores amigos.

Rosemary salió con un albornoz puesto encima, y con cara de recién levantada. Albert miró su reloj más de las tres de la mañana.

-Lo siento mucho Rose venir a estas horas y en este estado, pero George esta hecho el necio no quiere dar un solo pie que no sea a tu casa, y no he podido hacer más. Pero si me dices que me lo lleve, lo haré así sea, que tenga que llevármelo al hombre.

-Rose… murmuro George. Te han dicho lo guapa que te ves.

-Por favor, Albert has hecho bien en traerlo. Lo puedes dejar aquí – acomodó un sillón en la sala y busco una almohada y una cobija.

-Te juro que si lo hubiera podido evitar, no te daría esta molestia.

-Has hecho bien Albert, deja de atormentarte, vete te aseguro que dormirá como piedra hasta que despierte en la mañana con una resaca insoportable sonrió.

-Eres una excelente mujer Rosemary, cualquiera no sería tan compresiva.

Cuando se fue Albert, Rosemary tapo a George con la cobija, y se preguntaba porque el moreno repetía su nombre una y otra vez y se fue a dormir.

Allí estaba Candy en la casa de Albert quien la invitaba a pasar, con los nervios a flor de piel trato de disimular que se sentía segura estando allí los dos solos en su apartamento.

-Trabajaremos en mi despacho Candy preparé un café para empezar a analizar el tema.

Suspiro cuando se quedo sola, y por fin el aire entró a sus pulmones.

Después de varias horas y varias tazas de café, Candy empezó a sentirse más cómoda, Albert estaba en el papel de profesor y ningún indicio daba de que se acordaba lo que le había dicho la ultima vez. A veces se tocaban y ella retiraba su mano avergonzada pero él no se daba por enterado tal vez estaba exagerando.

Al fin termino su primer día de tortura y la verdad a pesar de todas las expectativas salió con éxito se quedaron de ver pasado un día y Albert le sonrió como si supiera algo que ella no sabía, pero no quiso pensar en ello y darle importancia.

Albert se estaba jugando todas las cartas con Candy, tenía una semana que estaban viniendo a las tutorías de tesis, había tratado de parecer desinteresado una porque en verdad debían avanzar y concentrarse en la tesis y otra porque quería que ella se fuera sintiendo cómoda con el, que volviera a tener confianza sin sentirse incomoda, le estaba costando mucho tenerla tan cerca, oler su perfume y no poder tocarla a propósito a veces la tocaba se conformaba con solo eso pero disimulaba delante de ella para que no sospechara. Cuando no pudiera evitarlo pondría en efecto la parte B de su plan para conquistar a Candy.

Era viernes ya el ultimo día de la semana, Candy estaba retrasada cosa rara en ella, todos los días llegaba puntual. Quería verla ese día porque llegaba el fin de semana y no se iban a reunir.

Llego una hora más tarde y él estaba impaciente ya. Cuando abrió la puerta Candy estaba muy triste trato de disimularlo con una sonrisa forzada pero él que la conocía como la palma de su mano no se la trago.

-Pasa Candy.

-Lamento llegar tarde.

-No importa – ven siéntate - ¿Te encuentras bien?

-No quiero hablar de eso, por favor, vamos a trabajar.

-Por supuesto que no vamos a trabajar, mira en el estado que has llegado- se levantó y fue por un vaso de agua- Bébetelo y me cuentas.

-Es mi padre Albert no le intereso en absoluto.

-Porque dices eso.

-Porque es la verdad.

-Eres su hija, todos los padres quieren a sus hijos a pesar de todo.

-No el mío, no hago lo que él espera de mí, a veces creo que le presta más atención a su estúpido auto que lo que yo siento o me gusta.

-Tal vez mal interpretaste.

-Albert le estaba hablando sobre mi tesis, sobre mis proyectos lo que me gusta y ni siquiera me miro. No le interesaba nada de lo que le contaba, estaba en su auto y nada. ¿A veces quisiera ser ese maldito coche? A ver si allí me mira por lo menos.

-Tengo una idea vamos. La tomo de la mano.

-¿A dónde vamos?

-Te lo cuento en el camino.

Subieron en el carro Candy iba callada pero Albert sabía muy bien que hacer se detuvo en una tienda.

-Regreso.

Al rato volvió con una funda negra que lanzó en la parte trasera del asiento.

-¿Y eso?

-Ya lo verás.

Llegaron a la mansión de los padres de Albert, apago el motor unas cuadras antes, abrió la funda y sacó dos gorras negras.

-Póntela por favor sin hacer preguntas.

Candy se metió el cabello en la gorra sacó la funda y se fueron agachados para evitar la cámara de seguridad, Candy sabía la clave del garaje a cual Albert le dijo que la pusiera y fue fácil entrar allí estaban montones de autos pero el favorito de su padre se destacaba entre todos un lamborghini negro, que brillaba con la tenue luz de la noche.

Albert le lanzó un rollo de papel higiénico blanco, y el también tomo uno.

Candy no sabía que pretendía Albert le lanzó una sonrisa y empezó a envolver el bello auto con el papel por todos lados.

Luego saco un spray con pintura amarilla y se lo dio a Candy, ella no estaba segura pero al final lo hizo, lo pinto por todos lados y en el capo las iniciales AC.

Albert sacó otra cosa de la funda y era un pescado, congelado el cual lo puso en el maletero del choche.

Candy reía como nunca, luego escucharon ruidos. Y tuvieron que salir corriendo.

Las alarmas sonaron corrieron como locos hasta que no pararon al llegar al carro.

Albert encendió el auto se miraron a los ojos y se sonrieron cómplice.

-¿Te sientes mejor?

-Sí muchas gracias.

-Jamás dejes nuevamente, que nadie te diga que tú eres lo más importante. ¿Me escuchas?

Ella asintió y él acarició con una mano su rostro por un instante y la fue a dejar a su casa, sabía que necesitaba estar sola.

CONTINUARÁ:

ESPERO SUS COMENTARIOS A DOS DÍAS DE LAS VACACIONES.