¡Buenos días! De nuevo martes, tengo que agradeceros la buena acogida que tuvo la noche de bodas, los capítulos de lemon siempre me preocupan más.
En este capítulo sin título podremos ver parte de las consecuencias.
Espero que os guste.
Capítulo 11
Harry estaba tomando el té frente a la chimenea del salón de Grimmauld place, estaba solo, y no podía decir que no estaba preocupado.
Hacía una semana de su boda, una semana de su noche de bodas. Un escalofrío de puro placer le recorrió la espalda cuando las imágenes de esa noche inundaron su mente. A pesar de la frecuencia de ese pensamiento las sensaciones seguían ahí.
Pero seguido de ese escalofrío sentía tan solo frío ante su situación actual.
Draco no se dirigía a él salvo en lo más indispensable. Todo parecía indicarle que después de esa noche en la que Harry se había entregado por completo a él, las cosas serían diferentes. Recordaba las manos en su cuerpo, tenerlo dentro de sí y su nombre en sus labios.
Pero no duró mucho, si cabe el rubio le miraba con recelo como si en vez de un estupendo sexo Harry le hubiera torturado. ¿Tan ajeno había estado que no se había percatado de las sensaciones de Draco?
Él había sido cuidadoso, sin querer romper el momento especial que sabía que habían llegado a vivir. Pero para Draco al parecer no había sido igual.
Harry raramente era el pasivo en sus relaciones sexuales, no veía nada de malo en ello, pero tan solo no solía darse así. Cuando vio la tensión en el cuerpo de su reciente marido la idea pasó por su mente. Le deseaba, más que a nadie con quien hubiera estado antes y cuando se introdujo los dedos a sí mismo vio como Draco volvía a conectarse. No dudó y no dudaría en hacerlo de nuevo.
Draco era perfecto, se sentía perfecto y aunque notó su inexperiencia sabía que sería un excelente amante, alguien por quien Harry perdería la cabeza; bueno, realmente ya sentía que la había perdido.
Pero su mirada de acero no le daba pie a tener ningún tipo de acercamiento. Harry no quería insistir, cuando trató de acariciarlo a la mañana siguiente cuando amanecieron juntos el rubio se levantó rápidamente de la cama. Cualquier roce por mínimo que fuera le hacía apartarse.
¿En serio eso iba a ser así? Podría comprenderlo si hubiera sido de otro modo, rígido y difícil. De hecho esperó que fuera así, no disfrutar de uno de los polvos más jodidamente buenos de su vida, y todo ello sin que Draco le tocara apenas. Pero no había sido así, su piel tan suave y pálida, sus dedos acariciándole, apretándole, el sabor de su miembro. Aquello hablaba de algo diferente, ¿se había arrepentido? Aquello parecía obvio su duda era ¿por qué?
Su propia inseguridad le hacía pensar que era por él, que no era suficiente para Draco. Y realmente eso dolía, Hermione decía que se autoflagelaba con sus complejos. Pero ciertamente no se le ocurría que otro motivo podía tener para rechazarlo de ese modo.
Una de las cláusulas de su contrato era que habitarían Grimmauld place al menos durante 5 años; en ningún momento se decía que él debiera estar encerrado en esa casa, solo que no residirían en otro lugar.
Después de tres días con esa relación había sido Harry quien le había propuesto ir a ver a sus padres, quizás ellos pudieran calmarlo un poco; salir de esas cuatro paredes pensó que le haría bien.
Todos los días desde ese, Draco iba a tomar el té a Malfoy Manor, después regresaba a Grimmauld place.
Deambulaba por las habitaciones de la casa, pasaba largas horas en la biblioteca y en el jardín. Pero raramente con él.
Harry había intencionadamente eliminado cualquier otra cama que existiera en la casa, por si Draco intentaba dormir en otra que no fuera la matrimonial.
Era infantil, si no quisiera él no podría evitarlo. Pero Draco no hizo ningún reclamo, dio por sentado que dormirían juntos. Y esa era la nueva condena que debería vivir en su edad adulta, tenerlo a un palmo de distancia y tan lejos a la vez.
Le deseaba, con cada parte de su ser, pero la tensión del rubio cuando se acostaba le hacía sentir como un sucio acosador.
Quizás más adelante cuando ambos se habituaran el uno al otro las cosas fueran más sencillas.
La complicación en las noches era ser capaz de dormir con la erección que sin falta tenía cuando ambos estaban bajo las misma sábanas.
Tomando otro sorbo de té Harry contemplaba la chimenea apagada, suspiró y se suplicó a sí mismo tener paciencia.
o0o
Draco estaba tomando el té con sus padres, era el momento en que todos habían acordado verse. Se sentía miserable, ver aquel lugar tan suyo pero al que ya no pertenecía.
Sus padres le habían recomendado que fuera a visitarlos con regularidad pero que no pasara largas horas allí, no era así como los matrimonios se acoplaban el uno al otro.
La mera idea de ese acoplamiento le hacía sudar.
Lo que había sentido la noche de su boda iba más allá de todo lo que hubiera podido imaginar, despojándolo del corsé que ni siquiera sabía que llevaba a cuestas. Y de la mano de Harry Potter, aún podía ver su cara de entrega cuando descendía una y otra vez sobre él aprisionándole en su interior.
Ese era uno de los problemas asociados a aquella práctica, ahora se encontraba excitado todo el día, y después de tantos años de castidad no sabía cómo reaccionar.
Sin duda la culpa era de Potter, no había leído en ningún libro que el sexo fuera aquello, en ninguno se hablaba de que los cónyuges quisieran copular a todas horas como conejos. Y eso era exactamente lo que él deseaba.
Cuando Potter le había tocado a la mañana siguiente Draco estaba hipersensible, no sabía gestionar esas nuevas sensaciones. Un leve roce y Draco necesitaba autocamplacerse en el baño lo antes posible.
Él nunca había visto a nadie en ese estado y la mirada inquisitiva de su reciente esposo solo lo ponía de peor humor.
No entendía lo que pretendía, estaba seguro que lo hacía a posta, cualquier pose que adoptara hablaba de sexo, y sus ojos de anhelo.
¿Es que no recordaba que ellos se odiaban? Era esta una nueva forma de mortificarlo, seguro.
Y por otro lado, cuando iban a la cama, que era el lugar indicado para esas prácticas como todos los manuales que había leído indicaban ni le rozaba, Merlín, ¡él hervía! Y en más de una ocasión estuvo tentado de asaltarle, pero teniendo en cuanta que el moreno había adoptado el papel pasivo de la relación esperaba por su parte una llamada, algo que dijera que él quería ser tocado. Nada, noches en vela deseándolo y el muy malnacido a la mañana siguiente lo miraba de ese modo tan extraño.
Definitivamente Potter se había casado con él para hacerle sufrir, he ahí el motivo oculto de ese acuerdo. El gran héroe quería volverlo completamente loco de deseo.
Draco pasaba horas mirando los libros de Grimmauld Place pero nada le era de mayor ayuda.
Las únicas personas con las que tenía trato era con sus padres y con Potter, no tenía amigos a los que preguntar, sus padres estaban totalmente vetados en esa conversación. No se veía yendo al Callejón Diagon a consultar libros de sexología. Se estaba volviendo loco y toda la culpa era de Harry Potter.
o0o
Solo unos días más tarde ellos asistirían a una ceremonia de compromiso de una de las hijas de los Hills. Sería su primera aparición en sociedad como esposos y ambos vestían sus mejores galas.
Draco miraba de reojo como aquella túnica no hacía más que resaltar lo que sabía que escondía su cuerpo. Piel morena jalonada de pequeña línea blancas lista para ser acariciaba...
Decidió terminar con esa línea de pensamiento.
La fiesta era igual a tantas otras, "hipocresía" pensó Draco a verlos a todos, pero ese era su lugar por nacimiento rodeado de todas esas personas.
Después de semanas donde no había conseguido esclarecer lo que quería de él su esposo, aún estaba enfurecido por lo que le hacía a su cuerpo con un sencillo recuerdo. Y ellos ahora tenían que interactuar, algo que no solían hacer.
Se sintió extraño escucharle hablar con otras personas, era amable pero decidido. ¿Nunca se había dado cuenta de como su sonrisa era tan magnífica?
En esa tranquilidad de guardar las formas se relajó y lo contempló sin remordimientos. Era más que odio lo que le hacía sentir, pero era incapaz de ponerle nombre.
Sus negras pestañas le hipnotizaron por un momento, sin darse cuenta de que le habían hablado.
—¿Draco Malfoy?—le preguntaban.
Draco tardó un tiempo en reconocerlo.
—¿Blaise Zabini?—dijo con algo de sorpresa.
Hacía años que no se veían, no habían sido lo que se dice amigos en su época de escuela. Pero siempre tuvo la sensación de que era un buen tipo, demasiado para los estándares en los que él se movía por esa época.
Ambos se dieron la mano y una sincera sonrisa le subió a los labios al rubio cuando el moreno soltó su apreciación sobre la fiesta.
—Menuda reunión de viejas almidonadas—dijo con un guiño—. Hacía años que no tenía que venir a una de estas.
—¿Cómo pudiste soportar vivir sin ellas?— le dijo divertido, era un soplo de aire fresco.
—Llámame excéntrico pero creo que estos vejestorios no le están dando buen uso a sus escobas—la chanza fue cerrada con un guiño y Draco dio una carcajada sin querer.
En ese momento se dio cuenta de que a su lado estaba Potter mirándolo descaradamente.
—Oh, Zabini—dijo recuperando la compostura—. Te presento a mi marido, Harry Potter. Aunque dudo que no sepas quien es.
Según lo decía se arrepintió, había sonado irritado como siempre y esa no era la imagen que ellos debían dar.
Ambos estrecharon sus manos, y se sonrieron.
—Por supuesto, supe de vuestra boda por la prensa internacional—dijo sin darle mayor importancia—. Finalmente toda esa historia de enemigos, bla,bla,bla tuvo su desenlace lógico.
Si pudiera verse hubiera jurado que hasta se había quedado con la boca abierta.
¿Lógico?
Fue Potter quien se recompuso más rápido.
—¿Prensa internacional? ¿No vives en Inglaterra?—preguntó amablemente.
—No Merlín, hace años que vivo en Italia—dijo como si aquello lo dijera todo—. No es que los italianos no tengan también sus fiestas pomposas pero ellos sin duda saben cómo pasarlo bien.
La mirada oscura inspeccionaba la sala evaluando, incluso Draco que no era muy ducho en el arte de la seducción se dio cuenta que Zabini estaba escaneando posibles presas pero nada de lo que vio le llamó la atención.
—Aquí tanto las varitas como los calderos no son de mi agrado, seguro que lo más emocionante que son capaces de hacer es echarle leche al té—dijo malévolamente—. Oh, salvo vosotros, claro.—Los miró evaluándolos y Draco se sintió abochornado.— No tendrán en mente armar un trío, ¿no?
Harry que estaba tomando un sorbo de su copa se atragantó, y Draco posiblemente estuviera de un bonito color rosa.
—Es una broma—dijo levantando las manos y riendo—. Salvo que cambiéis de opinión, claro—dijo de nuevo serio, para acabar por reír quedamente.
Solo imaginar que tocaba a Potter otra persona que no fuera él le revolvió las tripas. ¿En serio que estaba celoso?
No era ninguna broma cuando descubrió a su marido riendo de un modo que a él le pareció coqueto. Bien, fin de la interacción de esos dos.
—Zabini, me acompañas a saludar a nuestros antiguos compañeros, seguro que se alegran de volver a verte.
—Claro—dijo comenzando a andar impulsado por Draco—. Un placer volver a verte, Harry.
¿Cómo que Harry? Ni él le llamaba Harry, bueno sólo una vez y estaba cegado por el deseo.
—Igualmente, Blaise.
Eso era el colmo, estaba claro que Blaise Zabini era todo un frívolo pero Potter, Harry, no era el más correcto del mundo pero llamarlo por su nombre y delante de su marido.
Le dirigió una mirada cargada de intención, y el muy cretino en vez de avergonzarse le sonrió. Semanas de caras largas y ahora hacía aquello.
Potter, HARRY, iba a escucharle.
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TBT
Ais, estos chicos me matan, no hay universo en el que no haya química entre ambos, al menos no en mi mente...
Que me decís del giro de última hora, hubiera sido genial verle la cara a Draco cuando Harry cambia los papeles... tan bueno como siempre, pero no se ve que sufra, no?
Últimamente los lemons me cuestan, supongo que una acaba escribiendo situaciones muy parecidas, peeero espero que me digáis que opináis.
¿Habrá consecuencias después de esta conexión?
Hasta el martes que viene.
Besos, Shimi
