2. Trouble

2 de agosto, Mullingar, Westmeath, Irlanda.

Sam se encontraba frente la tienda de música del centro, en Castle Street. Se vio reflejada en el cristal. Su pelo negro se encontraba todo revuelto, maldijo al puñetero viento, literalmente, porque si lo hubiera sabido no se habría planchado el pelo esa mañana. Se apartó varios mechones de la cara con la mano y los llevó detrás de su oreja derecha. Siguió mirándose mientras esperaba a su prima a que saliera del establecimiento cuando vio a una cara conocida reflejada en el cristal. Se giró a tiempo para darse cuenta de que ésta pasaba por la acera de enfrente, a paso ligero y con la vista al frente. No le había visto. Indecisa no supo si llamarle o no y tardó varios segundos en reaccionar.

— ¡Eh, Niall! —gritó levantando un brazo por encima de su cabeza, esperando a que se girara.

Él lo hizo, pero le costó identificar de dónde venía la voz, hasta que dio con ella. Sonrió y miró hacia los dos lados de la calle antes de cruzar.

Se saludaron con un beso en la mejilla, pura cordialidad.

— Sam, cuánto tiempo, ¿cómo estás? —preguntó con un extraño brillo en los ojos.

— Bien, como siempre. He oído que vas a estar de gira en un mes.

— Sí, por Inglaterra... —la conversación se estaba poniendo muy incómoda para los dos— aunque el último concierto será en Dublín.

— Hm... —piensa Sam, no te quedes callada— ¿vas a estar mucho tiempo más por aquí? Podríamos, no sé, ir a...

— No. Quiero decir, que no estaré mucho tiempo por aquí y me encantaría quedar contigo pero... no puedo.

— Ah, vale, pues —no sabía cómo seguir pero justo salió su prima de la tienda— espero que os vaya muy bien el tour y todo —acabó cogiendo a su prima del brazo.

— Gracias. Me ha gustado verte —respondió él con una media sonrisa.

— A mí también... —dejó ir con pesadez y arrastró a su compañera.

El rubio se dio la vuelta, quedándose quieto hasta que empezó a andar lentamente pensando en la situación. "No puedo". Seré idiota... Se maldijo a si mismo por actuar así con Sam. Estaba claro que ella sólo había querido ser amable y él había despreciado su oferta con un simple "no puedo" que había sonado algo brusco. La verdad es que no había sido culpa de ella que hubieran terminado, tampoco de él. Habían estado discutiéndolo; no era una buena idea seguir con lo suyo, más si Niall se iba a vivir a Londres y no se verían más que dos o tres veces al año. Pero aún y así, ambos sentían algo entre ellos, no tan intenso cómo tiempo atrás, pero era obvio que después de dos años juntos era imposible que pudieran simplemente ignorar y olvidar todo lo que habían compartido.

No sabía si Sam se estaba viendo con alguien, él no lo había hecho desde que rompieron, pero luego apareció Eena y fue algo extraño, especial. Actuó como un tonto con ella, aquél día en el concierto y ni siquiera se había podido disculpar o al menos explicarle lo que rondaba por su cabeza. No estaba seguro de lo que sentía. ¿Sam o Eena? La primera había sido su primera novia formal, había perdido la virginidad con ella, era claro que sus sentimientos hacia Sam era mucho más fuertes que los que pudiera sentir por otra chica, pero cuando estaba con Eena sentía que podía ser él mismo. Era raro porque con los chicos y con sus otros amigos a veces no actuaba como él quisiera, se veía cohibido por cómo pensarían o le mirarían si decía o hacía esto o lo otro, pero con ella, no. ¿Cómo podía estar seguro de eso? No tenía ni idea. Sólo le había visto unas pocas veces pero desde el primer momento había sentido algo así como un feeling muy particular con ella. Pero debía tener presente que podría estar confundiendo amor con amistad. Y lo que sentía por Eena era pura atracción.

Se metió ambas manos en los bolsillos del pantalón y siguió andando hasta su destino.

Al otro lado del Mar de Irlanda, en Bradford, Inglaterra.

Le costó tres pitidos al despertador conseguir que se despertara. El chico se levantó a duras penas y se arrastró, con los ojos medio abiertos, a causa del cansancio y el sueño, a lo largo del pasillo del primer piso hasta la puerta del baño. Llevó la mano hasta el picaporte e intentó abrir, pero estaba cerrada por dentro. Ya estaba Donya otra vez encerrada en el baño. Golpeó con la mano la puerta dos veces antes de escuchar las quejas de su hermana diciéndole que se esperara y no molestara.

Se dio la vuelta volviendo a su habitación. Como no se diera prisa en salir se mearía encima. Ante la desesperación se tumbó en la cama recordando la noche anterior.

Había pasado a buscar a Abigail hacia las ocho y habían ido a cenar a un pequeño restaurante en Malborough Road. Había conocido a la chica hacía unos días en el cumpleaños de su amigo Simon. Compartieron un par de bailes y algún que otro beso, pero todo fue fruto del alcohol. En cambio, la noche anterior ese entrañable amigo y compañero de largas noches y fiestas no estuvo presente. Lo que más le fascinaba de ella era su ternura y optimismo. Era algo tímida, algo que le parecía encantador en las chicas, y se sonrojaba con facilidad. Pero una vez obtuvo su confianza, le sorprendió su gran personalidad. Estuvieron hablando sin parar durante toda la cena y el resto de la velada. Cuando terminaron de cenar, fueron andando hasta la casa de ella de la mano. Por el camino intercambiaron un par de tímidas miradas. Zayn sabía que Abigail valía muchísimo y no quería echarlo todo a perder, así que una vez llegaron a su portal se despidió de ella con un beso en la mejilla. No quería ir demasiado rápido, y tampoco sabía si aquello funcionaría, así que no quería complicar las cosas hasta estar seguro. Tampoco le quería hacer daño y él no quería ilusionarse antes de tiempo. Pero Abi, así le llamaba él, le pilló de improviso, llevando sus suaves manos hacia su cara y terminando la cita con un suave y tierno beso en los labios.

Seguía pensando en ese momento cuando su hermana irrumpió en su cuarto diciéndole que ya podía ir a mear.

A una hora de allí, en Doncaster, Inglaterra.

Louis se había levantado pronto aquella mañana. La noche anterior había presentado Charlotte a sus padres y ahora ella dormía en el cuarto de Lottie. La madre del chico, Jay, había insistido en que no le parecía bien que se cogiera el coche a altas horas de la madrugada y que lo mejor sería que se quedara en su casa. Es una buena señal, pensó Louis. Sus hermanas habían conectado muy bien con Charlotte y, en un momento de distracción, su madre le había susurrado al oído que aquella chica era encantadora.

Apenas había podido dormir, entre la emoción y los nervios. Todo iba sobre ruedas, de momento, y más tarde cuando las mujeres se levantaran iría con su novia a desayunar a alguna cafetería del centro y luego aprovecharían para darse una vuelta.

Al salir de su habitación se encontró con Charlotte, que volvía al dormitorio. Se le acercó por detrás rodeando su cintura con ambos brazos y apoyando su cabeza en su hombro derecho.

— Buenos días —le susurró él al oído y dándole un corto beso en la mejilla.

Ella se dio la vuelta y le abrazó.

— Buenos días —contestó a escasos centímetros de la boca de él.

— Les has encantado —acto seguido le besó en los labios dulcemente, mientras la acercaba más a su torso desnudo.

Holmes Chapel, Cheshire, Inglaterra

— ¿Se puede saber dónde vas ahora? —gritó Anne, desde el escalón más alto de la escalera que conduce al piso de arriba, al ver que su hijo se dirigía a la puerta con las llaves del coche en la mano.

— A Doncaster —replicó él dándose la vuelta para mirar a su madre.

— ¿Se puede saber qué se te ha perdido allí? Ya fuiste el otro día y resultó que Louis no estaba. ¿Te has asegurado de que cuando llegues esté en su casa? ¡Son dos horas en coche!

— No te preocupes, mamá.

— En fin, haz lo que quieras, pero llámame en cuanto llegues.

— Vale...—contestó Harry dándole largas.

— ¡Harry Edward Styles!

— ¡Que sí, que vale! —contestó saliendo por la puerta y dirigiéndose a su coche, aparcado en la acera.

No iba a ver a Louis. Estaría con Charlotte, la novia de la cual había oído hablar hacía menos de 24 horas. Se sentía traicionado por su mejor amigos, además de que últimamente actuaba frío y distante con él. Había estado hablando con Eena y había estado igual con ella. Tenía que hablar largo y tendido con él, pero esperaría un tiempo, a ver si a él se le ocurría explicarse antes de que aquello fuera a más y perjudicara a la banda.

Sabía que eran dos horas las que tenía hasta llegar al pueblo de su amigo, pero las conduciría. Quería darle una sorpresa a la chica de ojos azules y pelo azabache. Había cogido una cesta llena de comida y la había colocado en el maletero del coche antes de que su madre o su padrastro se levantaran. Será el mejor picnic hasta ahora sonrió para si mismo antes de girar llave, quitar el freno de mano y pisar el acelerador.