-Push Me, Pull Me-
Jet estaba recortando los bonsáis, alzó la vista al oír que se acercaba a la puerta y un gesto de preocupación se dibujó en su rostro. Se llevó una mano al escaso pelo que le quedaba y antes de decir nada lo observó con detenimiento.
- ¿ Has dormido mal? -
- Llevo un par de días sin dormir demasiado- se apoyó en el marco de la puerta y sonrió mientras encendía un cigarro.
-¿ Quieres ir a tomar algo? - preguntó Jet dejando las tijeras sobre la mesa. - Podemos comer fuera y relajarnos.
- Cualquier cosa que sea salir de está nave me parece bien - contestó apagando el cigarro contra el cenicero.
Llevaban varias cervezas encima cuando entraron en un pequeño local abarrotado de gente que veía un partido de fútbol. Habían comido en un restaurante mexicano y deambulado de bar en bar como en los viejos tiempos.
Al fondo, en una de las mesas había tres tipos sentados con Faye. Todos con bufandas deportivas, reían y gritaban en cada envite del partido, el que estaba al lado de Faye se acercaba en cada jugada para explicarle al oído lo que sucedía en el campo. Los otros dos cuchicheaban y contemplaban el partido sin dejar de mirar a su amigo y sus torpes intentos de ligarsela. Ella miraba la pantalla sin hacer mucho caso a lo que le decían sonriendo de vez en cuando, como si todo aquello le interesara de alguna manera.
- Vamos a divertirnos un rato - dijo dándole un codazo señalando a la mesa.
Quiso detenerlo sabiendo que sentarse en aquella mesa iba a ser un error, uno de los grandes.
- ¿Podemos sentarnos? - preguntó Jet arrastrando una silla y sentándose junto al tipo estaba frente a Faye, que entornó los ojos al verlos llegar.
Él se sentó al otro lado, delante del que estaba junto a ella, aquel capullo los miró con una mueca de asco que Jet tuvo a bien responder con una amplia sonrisa, cargada de sarcasmo.
- Eh, ¿Os importa? La mesa está ocupada- dijo uno de ellos que los miraba como si hubiesen entrado en su casa y se hubiesen sentado en el sofá.
- No hay más mesas libres- dijo Jet acomodándose en su asiento.
- ¿ Los conoces? -
- ¿ Que queréis? - preguntó Faye sin molestarse en contestar.
- Saludar a nuestra querida amiga - contestó Jet sonriendo con malicia.
- ¿Desde cuando sois tan simpáticos? -
- Solo hemos venido a ver el partido- dijo cogiendo un nacho de un plato que había sobre la mesa.
- ¿Desde cuando os gusta el fútbol? - respondió apartando el plato lejos de Jet.
- Desde siempre, somos muy aficionados - Jet hablaba con tanta convicción que él mismo se habría creído que era un forofo del fútbol desde su mas tierna infancia.
El que estaba más cerca de Faye le examinó con soberbia y se apoyó en el respaldo de la silla pasando el brazo detrás de ella.
- ¿ Conoces a estos dos capullos? - preguntó observándole fijamente, desafiante, como si estuviese en una película del oeste. Así que le dedico una sonrisa solo por el placer de verlo desquiciar.
- Si, por desgracia - Faye le lanzó una mirada heladora al darse cuenta de que estaba disfrutando con todo aquello.
- Vámonos de aquí muñeca - dijo colocando la mano sobre su muslo. - Podemos divertirnos en otra parte.
Faye se revolvió tan rápido que por un momento pensó que iba a desenfundar su arma y dispararle allí mismo. Fue incapaz de ocultar una sonrisa de satisfacción sin apartar la vista del capullo aquel que se atrevía a tocarla. En el algún un momento tendría que trabajar su maldito problema con los celos. El tipo aquel golpeó la mesa con las palmas y murmurando un insulto entre dientes se levantó de la mesa seguido de sus compinches. Faye resopló con tristeza y los miró enfadada.
- Eran unos idiotas- dijo Jet cogiendo el plato de nachos mientras se reía.
- Si, pero estaban pagando todo- suspiró cogiendo su botellín de cerveza- Dudo que vosotros hagáis lo mismo.
- Que bien nos conoces- rió Jet levantando la mano para pedir tres cervezas más.
- ¿ Tarde de chicos? - preguntó con curiosidad.
Y así de fácil, sin tan siquiera mirarle se puso a hablar con Jet . Como si él no existiera y no podía más que preguntarse si a partir de ahora siempre iba a ser así, como si no se conocieran. Mientras hablaban se sentía cada vez mas enfadado con ella, por ser tan irracional. Con Jet por seguirla el juego cuando se suponía que habían salido para distraerle a él y sobre todo con él mismo por dejar que toda esa basura le afectase hasta el punto de tener ganas de levantarse y tirar la mesa.
- ¿ Ese no es Fatty? - preguntó Jet de repente levantándose de la mesa.
Faye se movió nerviosa al ver que Jet les dejaba solos y eso lo cabreó aun mas. Clavó sus ojos en ella que parecía haberse rendido, nunca había sido capaz de ocultar su tristeza aunque lo intentase, sus ojos eran demasido expresivos como para engañar a nadie. Pero ahora no se había molestado ni siquiera en maquillar sus ojeras. Abrió otra cerveza y se giró para darle la espalda. Desde su asiento solo podía ver su perfil que apoyaba sobre el puño y se mordía las uñas, tenía la vista clavada en Jet, que hablaba con Fatty, los dos se reían, como siempre que se encontraban y gesticulaban de manera exagerada. Él lo único que quería era que Faye le mirase. De repente todo el bar se puso a gritar porque el equipo local había marcado un tanto y ambos se sobresaltaron.
- Me molesta que pienses que lo que ha pasado entre nosotros es porque no podía estar con otra - dijo con acritud descansando la espalda sobre la silla y mirándola fijamente.
- Y a mi que cuando te di el mensaje de otra corriste a buscarla sin tan siquiera despedirte de mi- contestó sin girar la cabeza bebiendo de su botellín de cerveza.
Sintió como la ira hervía dentro de él, aquello le daba dolor de cabeza así que se levantó y empujó la silla con fuerza contra la mesa, Faye cerró los ojos encogiéndose ligeramente. No estaba dispuesto a aguantar más tonterías, prefería seguir emborrachándose así que se dirigió a la barra donde Jet y Fatty se entretenían bebiendo chupitos.
- Poned uno para mi- dijo cuando estuvo a su lado.
- ¡Spike! Me alegro de verte muchacho- gritó Fatty golpeando su hombro con fuerza
- Si, yo también Fatty - contestó devolviéndole el golpe y apoyándose en la barra.
Bebieron y rieron contando viejas anécdotas de cazarrecompensas, Fatty era un hombre entrañable y estaba curtido en mil batallas, además de ser extremadamente generoso. No les dejo pagar una sola ronda.
- ¿Se ha ido? - preguntó Jet de súbito dándose la vuelta.
- ¿Que? - al girarse comprobó que Faye ya no estaba, ni siquiera la había visto marcharse.
- Podía haber dicho que se iba - masculló Jet algo tocado por el alcohol.- No hemos estado tanto tiempo aquí... ahora tenemos que pagar nosotros la ronda, que caradura. ¿Que le pasará a esta chica por la cabeza?
- Cualquier cosa, Jet - suspiró agotado. - Pon otros tres chupitos aquí - dijo al camarero que se afanaba en atender a los clientes eufóricos porque su equipo había ganado.
Amaneció sin resaca, pero agotado, como si hubiera pasado la noche corriendo. Se levantó de la cama y se quedó sentado al borde durante minutos sin saber que movimiento hacer a continuación. Frotó su cara y se llevó las manos al pelo antes de ponerse los pantalones de entrenar, salió de su camarote dirigiéndose al baño para lavarse la cara y encontrar las fuerzas suficientes para afrontar un nuevo día.
Estaba ocupado, como no, Faye estaba bajo la ducha, en otro de sus largos baños. Solo con saber que ella estaba al otro lado de la puerta tenía la sensación de que se le ralentizaba el corazón. Porque de alguna manera sabía que algún día despertaría y ella ya no estaría allí. ¿Cómo habían acabado las cosas tan mal? Quizá era el momento de tomar decisiones, de jugar las cartas que aun le quedaban, así que pulsó la cerradura y entró dentro del baño. Faye cerró el grifo al oír la puerta del baño abrirse.
- Esta ocupado- dijo de mala gana.
- Siento arrinconarte así, pero es la única manera que he encontrado de que no salgas huyendo - contestó con tranquilidad.
- Puedo huir de todas formas, no puedes detenerme además...
- Escucha lo que quiero decirte - interrumpió antes de empezar una discusión que no quería.
La oyó sentarse en la bañera y no supo que decir. Todo parecía claro en su cabeza, pero cuando tenía que enfrentarse a ella se quedaba sin palabras. Nunca había tenido facilidad para poner en claro sus pensamientos y mucho menos para solucionar problemas a los que no pudiese disparar o volar por los aires. Se sentó en el suelo, junto a la cortina y encendió un cigarro. Carraspeó y apoyó la espalda contra la pared mirando fijamente al frente.
- Estoy esperando - dijo cabreada. - No quiero helarme aquí dentro.
- Estoy intentando encontrar las palabras adecuadas, parece que siempre la jodo cuando intento hablar contigo - la escuchó hacer un ruido de desprecio y se sintió incómodo, triste y dudando como continuar .- Ayer en el bar lo que quería decirte es que... se como te sientes, que... entiendo lo que es sentir que eres un remplazo, dudar si cuando están contigo están pensando en otra persona. Se lo que duele... Faye... no es nuestro caso. No he sido claro pero...Yo... lo que siento por Julia... lo que sentía... no significa que no... - dio un profundo suspiro y se quedó en silencio.- Pensaras que soy un cerdo pero que ella muriese me facilitó el no tener que elegir.
Escuchó como se levantaba y contempló su silueta al trasluz. Faye alargó la mano desde detrás de la cortina, cogió una pequeña toalla y después repitiendo el mismo gesto cogió el albornoz. A través de la cortina podía ver como se envolvía en el antes de salir de la bañera con las gotas aun resbalando por sus piernas. Una vez fuera lo miró en silencio mientras se secaba el pelo. La toalla cayó de sus manos y dejó escapar un sollozo sin dejar de mirar el charco que se estaba formando bajo sus pies. Se agachó para cogerla y volvió a mirar hacía donde estaba él haciéndole tragar saliva. Tiró la toalla al cesto de la ropa sucia y se sentó junto a él, abrazada a sus rodillas escondiendo la cabeza entre las piernas.
- Eres un cerdo - murmuró sin alzar la vista de su posición.
