(Punto de Vista de Mac)

Quiero salir de la habitación, encerrarme en mi habitación del hotel y enterrar la cara en la almohada, pero algo me le impide. Me gustaría poder apartar la vista de esa mujer que desde hace cuatro años ha compartido los días con Harm. Esa que ha logrado atarlo y darle hijos. Pero, a la vez siento una admiración extraña hacia ella. He estado otras veces en países musulmanes y nunca había visto a una mujer mandar como ella lo hace.

De pronto, la voz irregular de Skates me saca de mis pensamientos, haciendo que la mire. La vi pocas veces, pero fueron suficientes para decir que ella ha cambiado bastante. Cualquiera podría decir que el vivir en este lugar le ha sentado bien. Lleva una túnica larga en tonos verdes, parecida a la mía, y alrededor del cuello el pañuelo con el que oculta la cabeza.

Sk: ¿Qué haremos ahora? –La princesa, suspira pesadamente-.
R: Supongo que esperar. Nadie puede salir o entrar del palacio sin ser visto, y a mí solo me dejaran manejar esto desde aquí. ¿Conoces al almirante y a la coronel?
Sk: Si. Son… trabajaban con Ha… tu marido. –Sonríe, a modo de disculpa. ¿Por qué no dice el nombre?-. ¿Qué hacen aquí?
W: Viene por la misión.
Sk: Bromeas…
W: No lo hago. Ellos se enteraron de que el comandante Rabb está vivo, y vienen a verle.
Sk: Y, claro. Para ello, los has tenido que meter en este suicidio, ¿no? –Enfadada, mira a Ramaka y continúa-. ¿Ya les has dicho como va a sentirse él cuando sepa esto?
R: Si, lo he intentado. –Afirma, observándome. En el fondo de sus ojos puedo ver miedo, pero no puedo saber porque-. Él se pondrá verdaderamente furioso contigo, agente Webb. No solo arruinaste todo lo que tenía en América, que ahora también quieres arruinarles la vida a dos personas que le importan.
W: ¿Crees que tengo miedo de su ira?
R: Pues deberías temerle, Clay. Ahora él no es un simple comandante de la marina olvidado aquí. Ese hombre murió en el mar, ¿recuerdas? Ahora puedes enfrentarte al sucesor del trono y al segundo hombre más importante e influyente de Egipto. Creo que son razones para tener miedo, o al menos, asustarse.

Realmente ella lleva razón. Siendo quien es ahora Harm, sería lógico pensarse las cosas dos veces y detenidamente antes de moverse a su alrededor. Pude ver como cambió radicalmente al descubrir que su padre estaba muerto, y temo el cambio que esa misión haya efectuado en él. Una vez leí un artículo sobre temas como estos. Algunas personas llegaban, incluso, a odiar a toda la gente que conocieron antes. Bueno, odiaban toda su vida pasada. Aborrecían a sus amigos, su familia, su trabajo,… todo. Me estremezco solo en pensar la mirada asqueada de Harm al vernos. ¿Y si él nos odia? Quizás… Aunque mi corazón me grita que él no sería capaz de semejante cambio. ¿O sí? No, no creo. Tengo fe en él. Simplemente se sorprenderá de vernos, se enfadará con Webb y luego estará contento. Sí, eso es lo que pasará.

(Punto de Vista de Harm)

Escucho las sirenas fuera y sé que esto se acabará pronto. No sé cuantos hombres estarán allí fuera, pero conociendo al general Kanoussi será todo un regimiento. A parte de varias personas más, estamos secuestrados Abdel, Oussama y yo. Los otros rehenes han sido llevados a otra sala, dejándonos a nosotros solos, vigilados por un único guardia. Posiblemente podríamos hacer algo. Digo, somos dos hombres jóvenes, con experiencia militar, contra un solo hombre. Claro, que nosotros estamos desarmados, y él lleva un fusil de asalto M16. Eso quiere decir que moriríamos incluso antes de levantarnos del suelo.

También hemos intentado preguntarle al joven, pues no debe de tener más de veinticinco, que es lo que quieren. En respuesta, siempre se encoje de hombros. Llegó un momento en que nos dijo que a él le habían pagado una buena cantidad de dinero por hacer esto, y que con eso su familia podría comer durante tres meses.

De repente escuchamos un tiroteo en el pasillo, y nuestro guardia se pone nervioso. Desesperadamente, busca a un lado y a otro, sin poder hacer nada. Antes de que pudiera apuntar el arma, varios militares han abierto la puerta y derribado al joven, el cual yace muerto a unos pasos de nosotros.

-: Despejado.

Anuncia un soldado, por la radio. Sin más, se acerca a nosotros y nos conducen a la salida. En la calle, a las puertas del edificio, un coche escoltado por otros cuatro nos conducirá al palacio, o eso es lo que nos dicen.

El secuestro apenas ha durado una hora, pero para mí ha sido una eternidad. Llegué a pensar que no saldría vivo de allí, que nunca más podría contemplar a mi preciosa Isis y a mí pequeño Tutmés. El pensar en ellos me llena de un orgullo que solamente se puede conocer cuando se es padre.

O: Ha faltado poco. –Sonríe, aliviado-. Pensé que nunca vería ni a mi esposa ni a mis dos hijos.
H: No me sorprende. Yo pensé exactamente lo mismo.
A: Bueno, debemos de dar gracias a Alá por estar vivos. –Nos dice, sonriendo.-. Pero, cuando llegue pienso meterme en la cama y dormir como un bebé. Esto ha sido demasiado emocionante para mí. ¿Y tú, querido yerno?
H: Créame, he sido militar pero no estoy acostumbrado a los secuestros.
O: Pero ha habido secuestros. –Sentencia, convencido-.
H: Alguno… -Admito-. Pero aún así, no puedo acostumbrarme.
A: No creo que nadie pudiera acostumbrarse.

(Punto de Vista de Ramaka)

Llevamos un buen cuarto de hora en silencio. Por mi parte, me dedico simplemente a contemplar el teléfono como si fuera la primera vez que veo un aparato así. Necesito tener noticias pronto, y buenas.

Sé que ella ha visto mi miedo, pero espero que no sepa el porqué. Necesito ver a Harm entrar por esa puerta y acercarse a mí. Necesito que me abrace, a pesar de que la mujer a la que ama está en la misma habitación. Desde que sé quién es, tengo un miedo horrible y una terrorífica sensación en el estómago. No puedo perderle. No quiero perderle. Él ha sido y aún lo es todo para mí. Suena egoísta, pero ella lo tuvo durante años a su lado y no quiso tener nada con él. ¿Por qué viene ahora a quitármelo? Quizás ella aún le ame, y sé que mi marido la ama aún. Pero no es justo para mí. Yo he sido el paño de lágrimas de él durante todos estos años. Le he escuchado contarme sus penas y oír cómo se siente. He sido la mujer que le ha dado hijos y la que guarda un lado en su cama para él. Puedes que ella haya venido para llevárselo, pero no pienso ponérselo fácil. Lo tuvo y lo perdió. Espero que no pretenda dejar a dos niños sin su padre, solamente porque quiere intentar algo que pudo haber pasado hace mucho tiempo, y dejó escapar por su egoísmo. No, Sarah Mackenzie, él se casó conmigo y le pese a quien le pese, él seguirá siendo mi marido.