Capítulo 11

Peligro en Rusia

31 Diciembre 1995

En la mansión Malfoy pocas veces podrías escuchar el ruido producido por las fiestas. Un día normal entre aquellas paredes pintadas de colores suaves y alumbradas por luces tenues seguramente sería silencioso e intrigante. No así aquel día, celebrando el cumpleaños de Lord Voldemort, nadie sabía cuántos años cumplía o cuántos más cumpliría; pero el mago tenebroso por algún motivo había amanecido con el ánimo de festejar.

El salón de fiesta de la mansión Malfoy era enorme, no habían decoraciones y si no fuese porque muchos magos estaban allí reunidos no parecería que celebraban algo. Había un vals sonando de fondo, pero nadie bailaba. Sentado en su imponente silla se encontraba Tom Riddle. Sus ojos cerrados mientras él prestaba atención a la música: podría parecer que dormía. Cerca de la puerta del salón, Draco Malfoy se encontraba de pie sujetando una copa de champaña entre sus delgados dedos; ojos fijos en su maestro mientras pensaba.

-¿Te crees esta farsa?- cuestionó Theodore Nott deteniéndose junto a Draco. El rubio giró el rostro para mirarle antes de llevar la copa a sus labios.

-¿Qué farsa?- interrogó Malfoy luego de saborear su bebida. Su voz era apenas perceptible gracias a la música, Theo rodó los ojos y con un movimiento señaló todo lo que les rodeaba. Malfoy levantó una de sus cejas.

-La fiesta, la música...a mi parecer intenta distraernos.- murmuró Nott, Draco tenía su perfecta cara de poker, como si realmente no estuviese enterado de nada: aunque en ese preciso momento realmente no podía decir que él entendía las intenciones de su maestro.

-El maestro sabe lo que hace.- comentó Draco antes de volver a beber de su bebida: sorbos cortos que parecían apenas mojar sus labios.

-Escuché algo sobre un bacilisco. Dicen que Harry Potter lo mató y que el maestro estaba furioso.- comentó Theo, el rubio no lo dejó ver, pero internamente sintió curiosidad.

-¿Por qué al maestro le importaría?- preguntó Draco jugando con su copa, sus ojos fijos en Voldemort: Rodolphus Lestrange se le acaba de acercar y le comentaba algo.

-No lo sé, nadie sabe.- admitio Nott, justo en ese instante unos brazos delgados rodearon a Malfoy por la cintura y él se alejó de inmediato. Al girarse se encontró con el rostro sonriente de Pansy Parkinson.

-¿Por qué tan nervioso, Malfoy? Ni que fuese tu tía.- comentó la morena.

-Me estuvo raro que no estuvieses aquí. ¿Dónde estabas?- preguntó el rubio ignorando su tono burlón. La morena le lanzó un guiño y ladeó la cabeza lanzando una mirada hacia la izquierda. Draco siguió su mirada azul y encontró a Blaise Zabinni. El chico estaba hablando con las hermanas Greengrass.

-Nos perdimos camino acá.- explicó Parkinson con una sonrisa pícara mientras extendía su mano y le arrebataba la champaña a Draco. El rubio levantó una de sus cejas con cierto cinismo.

-Pensé que yo era él único con el cual te perdías.- murmuró el rubio, Pansy estaba bebiendo de la copa cuando le escuchó y no pudo evitar detenerse: sorpresa presente en sus ojos azules. Theodore abrió sus ojos enormemente, era la primera vez aue Draco Malfoy coqueteaba con Pansy Parkinson sin ella haber iniciado el coqueteo.

-Tu solo di la palabra, Malfoy...y yo soy exclusivamente tuya.- le aseguró ella antes de beber de la champaña ante la mirada gris del chico rubio. Draco guardó silencio un rato, sus ojos estudiando a la chica que claramente comenzaba a ponerse nerviosa.

-Tengo que ir a donde el maestro...- susurró Draco luego de pensarlo, la morena le sujetó del brazo para retenerlo.

-Draco...nada...- susurró Pansy soltándole, en sus ojos estaba presente la decepción cuando el rubio le dió la espalda y comenzó a caminar hacia Lord Voldemort.

-No pierdas el tiempo, Pans. Aunque él quiera...no puede darte lo que le pides.- comentó Nott, el castaño en todo momento les había estado escuchando y ellos lo sabían. Parkinson asintió.

-Él vale el intento, Theo. Quisiera que no se tomara el entrenamiento tan enserio.- habló la chica siguiendo con su mirada al rubio.

-Nosotros podemos decirlo porque no crecimos aquí, Pansy. Sabes que todos los que creciron con el maestro son como Draco.- comentó Nott cruzándose de brazos.

-No...ninguno es como él. Él es perfecto, Theo. Y eso en medidas iguales extraordinario y espantoso...- susurró la morena antes de volver a llevar la copa a sus labios.

Draco estaba cerca de donde se encontraba Voldemort sentado cuando se detuvo al escuchar el tono de voz de Lestrange. El mago solía hablar en susurros cuando se trataba de un tema extremadamente delicado. Malfoy se movió disimuladamente hasta ubicarse tras una estatua cerca de la silla de su maestro. Tom Riddle escuchaba en silencio al mago pelinegro que hablaba con el ceño completamente fruncido y un gesto de preocupación que se asentuaba a medida que las palabras abandonaban sus labios.

-Encontraron el horrocrux, señor. El diario.- habló Rodolphus cruzándose de brazos.

-Lo sé. Eso no es lo más terrible ¿cierto?- preguntó con sarcasmo Voldemort.

-No, por supuesto...pero que lo destruyeran si es terrible y...- comenzó a decir el mago de cabello oscuro.

-Lo destruyeron, pero no saben lo que han hecho. Su ignorancia está de nuestro lado.- comentó Riddle con tranquilidad.

-¿No haremos nada?- interrogó Lestrange.

-No por el momento, no es conveniente. - murmuró Tom

Enero 2002

-¡Vamos, chicos, cinco minutos más y terminamos!- anunció Tonks caminando en medio de los jóvenes que intentaban formular un protego correctamente.

La bruja de cabello rosa le dedicó una sonrisa a una muchacha rubia que habia logrado realizar el hechizo antes de seguir andando hasta el final del aula. Malfoy se encontraba sentado en una esquina creando pequeños pájaros color gris que volaban en dirección a la ventana y desaparecían. Nimphadora le dedicó una sonrisa al rubio y se ubicó a su lado en el suelo a la vez que lanzaba una mirada a Theodore Nott. El castaño había accedido a ayudar a una bruja de cabello negro con el hechizo de esa tarde.

-Ya hablé con Sirius para que entrenes con él y con su grupo.- le avisó Tonks al rubio; Malfoy arrugó el gesto, la idea le desagradaba totalmente. Aunque, muy en el fondo, él tenía que admitir que necesitaba entrenar con gente que le diese la talla.

-Me siento medianamente cómodo aquí, puedo seguir entrenando contigo.- comentó Draco, el grupo de Sirius estaba compuesto por gente como los Weasley, Granger, Potter, Krum y otros magos con los cuales el rubio apenas cruzaba palabras.

-Sabes que este entrenamiento era pasajero. Yo quisiera que te quedarás aquí, pero Sirius sabe mucho más que yo y podrás ser de utilidad en su entrenamiento.- habló la pelirosa dedicándole una sonrisa para animarle. Malfoy suspiró, al final tendría que hacer lo que Tonks decía, era parte de un protocolo de la Orden.

-Tienes razón.- admitió el rubio ante de que llamasen a Tonks.

Pasaron varios minutos antes de que Nimphadora anunciara el final del entrenamiento. Los magos y brujas salieron lo más rápido posible. Theodore intercambió una mirada con Malfoy antes de abandonar el aula. El rubio seguía sentado en una esquina cuando la chica de cabello rosa se ubicó nuevamente a su lado. Ellos habían desarrollado cierta unión a través de los meses, rara vez pasaban un día sin haber conversado sobre cualquier cosa. Draco no era bueno aportando temas, pero Tonks no necesitaba ayuda en ese asunto.

-¿Haz oído hablar de unos artefactos llamados horrocruxes?- interrogó Malfoy cuando se aseguró de que el lugar estuviese completamente vacío. Tonks frunció el ceño ligeramente, el nombre le parecía familiar.

-Creo que lo habré oído mencionar, pero no sabría decir lo que es.- comentó Nimphadora luego de pensarlo un poco.

-Estuve buscando en la biblioteca, pero en la sección disponible no hay nada y no tengo acceso a la sección prohibida.- habló el rubio. Malfoy habia estado buscando información sobre los horrocruxes desde que había llegado a Hogwarts, pero en ninguno de los libros leídos habia hallado algo que fuese de utilidad.

-¿Por qué tanto interés?- se atrevió a preguntar la chica de cabello rosa con curiosidad. Su primo no parecía una persona que buscara información sobre un tema solo por adquirir conocimiento. El rubio siempre que hacía una pregunta era con un fin claro y preciso.

-Escuché a Lord Voldemort mencionarlos. Parece que son importantes para él.- explicó Draco. No sabía como, pero inconscientemente comenzaba a confiar en Tonks lo suficiente como para hablarle de algo que solo había conversado consigo mismo.

-Nadie entra a la sección prohibida, bueno...solo Hermione. Ella misma puso el hechizo protector por órdenes de Dumbledore...si lo hablas con ella seguramente te dejará entrar.- habló la chica de cabello rosa con rapidez. Granger era una de las brujas mas listas de la Orden, luego de magos como Sirius, Minerva, Snape y Dumbledore, ella formulaba los mejores hechizos de protección.

-Permiso...- la voz de Hermione irrumpió en el aula desde la puerta. Malfoy y Tonks se volvieron hacia el lugar de donde provenía el ruido encontrándose con la castaña que vestía unos jeans y una camisa blanca con un chaleco azul de tela de mahón.

-¿Vienes a hablar conmigo o con Malfoy?- cuestionó Nimphadora poniéndose de pie y apresurándose hacia Hermione.

-Con Malfoy.- respondió Hermione saludando a la otra chica con un beso en la mejilla.

-Bien, les dejo. Te veré en la cena, Draco.- habló Black despidiéndose del rubio con un movimiento de mano y abandonando el aula.

Draco se levantó del suelo, sus manos introducidas rápidamente en los bolsillos de sus jeans. Hermione se acercó hasta estar delante de él, reparando en la camisa gris de manga corta que vestía el exmortífago. Era la primera vez que le veía vistiendo una camisa de ese tipo a la luz del día: su marca tenebrosa llamaba la atención desde el momento en que le mirabas. El rubio levantó una de sus cejas esperando que la chica hablase.

-Te buscaba porque Dumbledore nos envió a revisar una pequeña alerta en el centro de Rusia mágico.- explicó la castaña.

-¿Nos? ¿Solo tu y yo?- interrogó el rubio frunciendo el ceño. Él era un experto en trabajar solo, pero, para enfrentarse a un grupo de mortífagos, dos magos serían muy poco. Por mas bueno que fuese él, y por mas brillante que fuese Granger, necesitarían respaldo.

-Sí, nosotros. Parece ser un solo mortífago que atacó el antiguo banco.- explicó la castaña con tranquilidad, ella no parecía nada preocupada. Aun así, Malfoy no podía evitar seguir con el ceño fruncido, porque la última alarma en la cual había participado no se había desarrollado muy bien.

-¿Es confiable la fuente?- cuestionó Draco.

-Si, un duende envió una carta avisando que un mortífago acababa de llegar al banco.- respondió Hermione.

-¿Vas a ir así?- preguntó Malfoy señalando el atuendo de la chica antes de mover su varita y aparecer un abrigo.

-Sí, tengo un abrigo en la cartera por si el frío es demasiado.- admitió la castaña.

-Entonces, vamos.- anunció Malfoy extendiendo su mano para sujetar la de Granger. La chica tomó la mano que él le brindaba y con la mano libre formuló un hechizo para desaparecerse.

Aparecieron en un callejón, el suelo estaba cubierto completamente de nieve. Hacia frío, mucho frió si lo comparaban con la calidez de Hogwarts. El rubio se colocó el abrigo con premura y acomodó su varita en el bolsillo del mismo. Hacía un tiempo él no se aparecía en Rusia. En la cabeza de Malfoy, era uno de esos lugares donde él le gustaría vivir, asi que la idea de estar algunos minutos en el lugar le agradaba. En Rusia mágico la mayoría de las estructuras estaban hechas de ladrillo o cemento, para llegar al centro de Rusia un tren se encargaba de recoger a los pasajeros en la estación 8 y 2/3.

-¿Haz subido al tren? Ron dice que el recorrido produce nauseas.- habló Granger mientras abandonaban el callejón vacío donde habían aparecido y comenzaban a recorrer una calle por donde algunos magos y dos elfos estaban pasando.

-Subí en una ocasión, no quieres saber porqué.- aceptó Draco, se recordaba años atras recorriendo ese mismo camino hacia la estación del tren. La mayoría de las personas al venir a Rusia mágico querían ir al centro, así que era probable que todo el que llegase, subiese al tren.

-Estamos de camino, Gin. Sí, todo está bien.- habló Granger cuando el dispositivo que traía en el oído se activó. Ginebra estaba acargo de estar pendiente en la base por si surgía algún inconveniente. Luego de la última alerta habían decidido que tendrían a alguien cuidando la misión aún cuando fuese una aparentemente sencilla.

-Confirma cuando lleguen.- le pidió Ginny, su voz daba a entender que ella no estaba para nada feliz al saber que Hermione estaba sola en con un exmortífago.

-Recibido.- habló Granger mientras la estación del tren se alzaba delante de sus ojos. Un letrero señalaba la llegada al lugar y la multitud que se movía de un lado a otro lo confirmaba. Compraron dos boletos para poder abordar antes de dirigirse al tren. Magos bajaban por una de las puertas y otros subían creando así un ambiente de ajetreo y ruido que a Draco Malfoy le desagradaba por completo.

-La única vez que vine aquí fue con Ron y Harry hace tres años.- comentó Granger llegando a uno de los pequeños vagones. El viaje no era muy largo así que el lugar estaba preparado para que solo dos o tres personas se sentasen juntas. Más que un vagón, tenía forma de cabina completamente cerrada. Un candelabro en lo alto del techo alumbraba por completo el lugar; los dos jóvenes se sentaron uno frente al otro.

Draco escuchó a la castaña hablar, pero no respondió, sus ojos grises estaban fijos en el candelabro sobre ellos. El tren aún no se había puesto en marcha y aquella luz ya se balanceaba como si estuviesen moviéndose bastante rápido. El espacio limitado del vagón conseguía que el rubio se sintiese incómodo; en mas de una ocasión su maestro le había encerrado en un armario encantado para recordarle que en los momentos en que uno necesita la ayuda de alguien...nadie está presente.

-¿Todo bien, Draco?- interrogó Hermione colocando su mano sobre la rodilla del exmortífago. Los ojos grises de Malfoy de encontraron con los de ella y él se esforzó por hechar los recuerdos a un lado.

-Sí. - murmuró el rubio y cerró los ojos dando por terminada la conversación. Hermione le vió apoyar la cabeza de la pared tapizada a su espalda y ella decidió concentrarse en la luz sobre ellos. Seguramente en unos diez minutos el tren comenzaría a moverse.

Malfoy abrió sus ojos al sentir el movimiento del tren, su estómago dio un vuelco ante el súbito avance. Granger, quien habia permanecido observando el candelabro, bajó la mirada y se encontró con los ojos del otro. No había forma de interpretar la mirada que su compañero le dedicaba. Él estaba lejos de ser una persona fácil de analizar, pero una pequeña sonrisa se formó en la comisura de los labios de él y la curiosidad invadió a Hermione.

-¿En qué piensas?- quiso saber ella sin poder evitar la sonrisa complice que iluminó su rostro.

-Recordaba.- simplificó Draco borrando su sonrisa. El movimiento repentino le había recordado una ocasión en el bosque de su casa. Se recordaba entrando a aquel lugar a una velocidad vertiginosa mientras los pasos de su mamá le seguían. Ella siempre le encontraba, pero nunca corría...

-Un recuerdo feliz seguramente.- se atrevió a susurrar Granger, era difícil hablar con Draco sobre su pasado. Ella no era lo suficientemente cercana a él para hacerle preguntas sobre lo que había vivido estando bajo el régimen de Lord Voldemort.

-Sí, uno de los más felices.- admitió él. El tren comenzaba a reducir la velocidad. Estaban por llegar, no era de sorprender, el trayecto era bastante largo, pero debido a la velocidad se hacia corto.

Draco había cerrado los ojos nuevamente y permaneció así hasta que se escuchó el aviso de que habían llegado. Entonces salieron del vagón. Hermione iba adelante, ella tenía la información del lugar que estarían revisando. Malfoy le seguía de cerca, vigilando cada movimienro alrededor de ellos con desconfianza. Al bajar del tren les recibió un tumulto de gente que caminaba de un lado a otro: el centro de Rusia mágico.

-¡Lleve su periódico!- anunciaba en ruso un mago de cabello rubio y ojos verdes mientras ellos bajaban del tren. En la portada del periódico se anunciaba la muerte de diez sangre sucias en manos de un solo mortífago. Draco reconoció a su tía en la imagen que habían captado, el cabello riso y al forma rápida en la que se movía era inconfundible. Hermione no prestó atención al chico, principalmente, porque no entendía el lenguaje.

-¿Tienes el nombre del mortifago que estamos siguiendo?- interrogó Draco arrugando el ceño, si estaban detrás de su tía estarían en serios problemas. Él no podía enfrentarse a ella, le respetaba demasiado para hacerle daño.

-No, la persona que nos informó solo dijo que era un hombre.- respondió Granger, Draco casi deja salir un suspiró de alivio, pero se contuvo.

Caminaron entre duendes, magos y brujas por un rato, las calles del lugar si bien no estaban repletas, pero de todos modos habian varias personas yendo y viniendo. Esa área del mundo mágico era la menos afectada por la guerra, pero al parecer las amenazas y los ataques de Lord Voldemort ya comenzaban a hacer sus estragos. Se sentía en el ambiente, se leía en la mirada llena de desconfianza que la gente intercambiaba. Granger hablaba disimuladamente con Ginny mientras la pelirroja le explicaba como llegar al lugar indicado. Draco, a su lado, tomaba nota de cada rincón, aunque conocía el lugar no quería confiarse demasiado.

Caminaron hasta dejar atrás las tiendas y la gente. Su destino final era el viejo banco de Rusia; donde pocas personas de la alta sociedad colocaban sus pertenencias mas preciadas. El lugar se alzó delante de sus ojos luego de un rato, era una estructura antigua y no muy extensa. El lugar estaba pintado de blanco como si les diese la bienvenida. Cortas escaleras llegaban a la puerta de madera de acacia que se abrió por si sola con un chirrido cuando Hermione y Draco se detuvieron delante de ella.

-Todo parece en orden.- habló Granger, pero Draco supo que no era con él sino con la pelirroja que llevaba algunos minutos haciéndole preguntas. Dentro había un espacio vacio, losetas blancas brillaban en el suelo con elegancia, el techo parecía hecho de diferentes piedras costosas y a lo alto habia un enorme candelabro con un centellar de velas.

Draco observaba con el ceño fruncido el lugar, habia demasiado silencio y nadie estaba en la mesa de recepción que era el único objeto en el área de recibimiento. El rubio habia venido en una ocasión a traer un artilugio por ordenes de su tía y recordaba que en aquel espacio habia un duende que te hacía algunas preguntas antes de permitirte atravesar la puerta que conectaba con diez bóvedas. Pero en esta ocasión, en aquel espacio solo había un vacío y la puerta estaba abierta.

-Vamos, revisemos el lugar...- anunció Hermione. Draco estaba por caminar detrás de ella cuando la castaña le sujetó el antebrazo y señaló hacia la mesa de recepción. Draco siguió la señal de aquella mano y observó la mancha de sangre a un costado de la mesa. Se acercaron con sigilo y se encontraron con el cuerpo sin vida de una mujer de cabello castaño oscuro.

-Llegamos tarde...- susurró Draco antes de que escucharan un grito bastante irritante en dirección a las bovedas. La castaña y el rubio intercambiaron miradas antes de que él atravesase la puerta seguido de Granger. El pasillo que conectaba con las bóvedas estaba desierto a excepción de un cuerpo tendido a mitad del mismo: donde una puerta estaba corrida.

-Ve adelante...- murmuró Draco deteniéndose, Hermione le miró con el ceño fruncido antes de adelantarse con varita en mano. Cuidadosamente, la castaña pasó junto al duende que yacía muerto en el suelo y asomó el rostro dentro del lugar.

A lo lejos se escuchó un grito seguido de una risa. Granger reconoció al hombre de cabello negro que tenía a una bruja castaña inmovilizada en el suelo. Draco, escondido detrás de ella, reconoció la figura de Rodolphus Lestrange, el mortifago apuntaba a la otra bruja dándoles la espalda a ellos. La bóveda no era muy grande, la mayoría de las cosas yacían en el suelo desordenadamente. Un cuerpos yacían sin vida cerca de donde ellos se encontraban en la puerta: un hombre de cabello gris.

-Tienes dos minutos para decirme dónde está el guardapelo.- le advirtió Rodolphus a la mujer de traje rosa que soltó un quejido de dolor mientras se arrastraba en dirección a una de las paredes más cercanas. Los objetos de oro y plata en el suelo parecían enterarse en su piel a medida que ella se movía sobre ellos.

-Está en Londres, lo dejé en mi otra bóveda. Por favor no me mates...- suplicó la mujer. Para el momento en el que Draco volvió a mirar a Hermione, la castaña había comenzado a avanzar hacía Lestrange. El mortífago escuchó el ruido de los pasos a su espalda y se giró encontrándose con la varita de Hermy en su dirección.

-Granger...es un placer volver a vernos.- comentó el mortífago dejando por olvidada a la otra bruja que se seguía arrastrando lo más lejos que podía. Hermione sintió el temblor que recorrió su espina dorsal, estaba llena de odio hacía el sujeto delante de ella.

-Lamento no decir lo mismo.- comentó la chica sin bajar la guardia, el mortifago fue el primero en atacar sabiendo que la mujer delante de él no le dejaría escapar fácilmente.

Draco aprovechó la pelea entre ellos para moverse entre las estatuas de plata y bronce, pasando desapercibido ante los ojos de Lestrange. El rubio se movía con sigilo: hubiese pasado desapercibido aun cuando el lugar estuviese en silencio. En poco tiempo Malfoy estaba arrodillándose frente a la mujer de cabello corto que le miraba asustada. Él la reconoció: Dolores Umbridge. La mujer era cercana al ministro y en un momento dado había jurado fidelidad a Lord Voldemort.

-¿De qué guardapelo hablaban?- cuestionó el rubio, Dolores le miró con desconfianza reconociéndole con rapidez. La castaña había visto al joven en una ocasión que visitó a Riddle.

-Escuché que habías desertado, pero no creí que trabajarás con la Orden.- se burló Umbridge dejando salir una sonrisa aún en medio de su dolor.

-Habla...- le advirtio Malfoy apuntándola con su varita. Umbridge no era un alma por la cual valiese la pena arriesgar la vida, él hubiese dejado que Rodolphus la asesinara.

-De todas formas me van a asesinar, mejor morir llevándome el secreto.- anunció la mujer, la varita de Draco se presionó contra la mejilla derecha de ella: comenzando a cortar como si de una daga se tratase. Dolores soltó un grito, pero el sonido pasó desapercibido cuando Lestrange lanzó un hechizo que derribó un candelabro; la luz del lugar se hizo tenue.

-No tengo todo el tiempo.- le advirtió Malfoy, la sangre bajando por la mejilla de la mujer castaña, por su barbilla y goteaba hasta marchar el traje rosa.

-Es el guardapelo de Salazar Slytherin, no sé porque lo están buscando.- admitió la bruja y Draco se separó de inmediato. Cuando el rubio se giró pudo ver como Rodolphus desarmaba a Granger con un Expeliarmus. La sonrisa del mortífago mayor se había ensanchado mientras estudiaba a la chica como un depredador.

-¿Sabes algo, Granger? Aunque eres una asquerosa sangre sucia me daría el gusto de jugar contigo antes de matarte, pero no tengo tu tiempo...- habló Rodolphus dando un pasó hacia la varita de Granger, colocó su zapato sobre la misma y el peso de su cuerpo rompió la delgada vara. La castaña buscó un escape, pero no tenía donde esconderse.

Avada Kedavra !- gritó Rodolphus siendo el hechizo interceptado por la voz de Draco que resonó tras el moreno.

Cave Inimicum!- exclamó Malfoy lanzando un hechizo de protección superior a protego sobre Granger. Era la única manera de proteger contra la maldición imperdonable y únicamente tres personas en todo el mundo sabían realizar el hechizo: Tom Riddle, Albus Dumbleodre y Draco Malfoy.

-3-14...- susurró Lestrange girándose al escuchar la voz del mortífago que había visto crecer. Los ojos grises de Draco centellaban llenos de odio, su expresión fría no pasó desapercibida para Hermione, quien habia estado lista para recibir la maldición imperdonable.

-¿Estas preparado para ir a saludar a mi padre, Lestrange?- interrogó Malfoy mientras daba cortos pasos hacia el moreno que dejó salir una sonrisa.

-Estoy listo para ir a verme con tu madre.- respondió Rodolphus con malicia, sus ojos brillaban con burla al ver como el chico delante suyo apretaba la mandíbula.

Centas!- gritó el rubio, rayos color rojo comenzaron a salir de su varita de manera continua, Lestrange se protegió de los primeros, pero el último le golpeó en el pecho lanzándole al suelo.

- ¡Penetro!- gritó Lestrange desde su posición, un enorme rayo, tan agudo como una espada salió disparado hacia Malfoy. El rubio había formulado un crucio en ese instante quedando incapaz de protegerse del hechizo que le golpeó en el abdomen bajo, cerca de la cadera derecha.

Crucio!- repitió Malfoy ignorando el dolor cerca de su cadera, podía sentir la sangre manchándo su camisa bajo su abrigo.

-¡Maldito!- gritó Rodolphus retorciéndose a causa de la maldición del rubio. Malfoy había perfecionado el hechizo a través de los años, luego de haber soportado el dolor de un crucio sobre su propio cuerpo.

-Contracturo- murmuró Draco señalando el brazo izquierdo de Lestrange y escuchando como el hueso de su codo se dislocaba. El mortífago exclamó una maldición entre dientes antes de gritar a causa del dolor.

Bombarda!- gritó Lestrange cuando tuvo la oportunidad, Draco se protegió de inmediato.

Bombarda Maxima!- exclamó el mortífago sin darle oportunidad para reaccionar a Malfoy. Una explosión sacudió todo el lugar, la varita de Draco salió volando, pero Lestrange no pareció percatarse. El moreno murmuró la maldición imperdonable en dirección a Dolores Umbridge y salió corriendo del lugar en medio de la profunda nube de humo.

Hermione habia caído al suelo gracias a la explosión que habia sacudido la bóveda, el marco de piedras de la puerta se habia comenzado a caer por un hechizo de Lestrange bloqueando por completo todo forma de escape. El humo parecía escurrirse por los pequeños espacios que habían quedado entre las piedras. Tocándose el lado izquierdo de la frente, donde se había golpeado al caer, Granger se puso de pie buscando entre la neblina el cuerpo de Malfoy. Luego de algunos segundos ella le vió a lo lejos, cerca de donde yacía el cuerpo sin vida de Umbridge, y se apresuró a acercarse tocandose el golpe en la frente.

-¡Draco! ¿Me escuchas?- preguntó la castaña arrodillándose junto al rubio. Estaba inconsciente, había volado algunos pies hacia atrás luego de la explosión, golpeandose con la pared en el proceso. La castaña revisó el pulso del rubio de forma muggle: era muy debil.

-Malfoy, despierta.- murmuró Hermione antes de ponerse en pie y comenzar a buscar la varita del rubio cerca de donde estaban. No lograba hallarla en medio de la bruma y era imposible formular un Accio: ella aún no controlaba la magia sin varita.

-¡Ginny! ¿Me escuchas?- preguntó Granger activando rápidamente el mecanismo que se hallaba en su oído, se escuchó una interferencia antes de que la voz de su amiga resonase a la distancia.

-¿Qué ocurrió, Hermi? Se cortó de repente la comunicación.- habló Ginebra, la preocupación evidente en su tono, Hermione podría asegurar que escuchó la voz de Ronald a lo lejos.

-Draco está herido, perdí mi varita y no encuentro la de Malfoy. Estamos en el banco, quedamos atrapados en una bóveda. Necesitamos ayuda.- resumió Hermione lo más rápido y claro que pudo.

-Harry y Ron van para allá, tranquila.- habló Ginny, Granger escuchó movimiento a su derecha y olvidó a la pelirroja al ver que Draco comenzaba a moverse.

El rubio parpadeó un poco en medio de la oscuridad de la bóveda, el polvo ya se había extinguido bastante, pero las luces de los candelabros se había apagado a causa de la explosión creando un ambiente frío y tenebroso. Granger se arrodilló delante de él intentando que enfocase su mirada en ella. Malfoy respiró con dificultad y se apoyó de la pared antes de mirar hacia Umbridge. La mujer estaba en el suelo algunos metros lejos de ellos completamente inerte, el rubio podía asegurar que su piel debía estar fría como tempano de hielo.

-¿Estás bien, Granger?- interrogó Draco, Hermione reprimió el deseo de agradecerle a Merlín al escucharle.

-Sí, estoy bien. Pero tú estás herido.- sentenció ella señalando el costado del chico. A través de la gruesa tela del abrigo se podía ver que una mancha de sangre comenzaba a formarse.

-Mi varita. Hay que salir de aquí.- anunció Malfoy intentando levantarse. Hermione se movió para ayudarlo, pero él se rehusó: se apoyó en sus manos y segundos luego estaba sobre la planta de sus pies.

-Draco creo que deberías apoyarte de algo, estás herido...- le recomendó la castaña mirándole con preocupación, el rubio no dió respuesta, pero se apoyó de la pared.

-¿Vas a buscar mi varita o esperamos a que Lestrange regrese?- preguntó el rubio apoyando la cabeza de la pared tras él. Granger miró entre la bruma y la oscuridad: sabía que no encontraría la varita del exmortífago tan rápido.

-Tardaré mucho en hallarla. Avisé a los chicos, están de camino...- habló ella, el rubio dio algunos pasos, completamente renuente a quedarse quieto y esperar a que viniesen a socorrerlos. En el trascurso de sus pasos sintió las repercusiones de los hechizos de Lestrange sobre su cuerpo y se dobló al sentir el pinchazo en su costado.

-Por Merlín, Malfoy. Siéntate.- le indicó la castaña. El rubio no discutió, se dejó caer al suelo mientras se sacaba el abrigo para revisar su herida. La camisa tenía una enorme mancha de sangre en la parte baja de su abdomen.

-¿De dónde conoces a Lestrange?- preguntó Draco intentando desviar la atención de Granger, quien miraba la mancha de sangre horrorizada.

-Él... él fue uno de los mortífagos que me torturaron hace algunos años...cuando nos atraparon a mi y a otros de la Orden.- explicó ella mirando la herida de Draco, el rubio había levantado su camisa para revisar que tan grave era el daño. La herida lucía horrible, como una cortadura de espada y una quemadura al mismo tiempo.

-Accio varita...- susurró Draco, pero nada ocurrió, su magia era muy débil debido a su estado físico.

-¿Lo conoces desde hace mucho?- preguntó Granger intentando distraer al rubio luego de ver su fallido intento de realizar un accio.

-Sí, es el esposo de mi tía. Es un desgraciado.- anunció Malfoy colocando su camisa en su lugar para cubrir la herida del polvo del lugar.

-Para ser un familiar tuyo...- comenzó a decir la castaña, pero fue rápidamente interrumpida.

-No es un familiar mío. Es solo la basura con la cual se casó mi tía. Yo lo mataría si tuviese la oportunidad.- aseguró el rubio, Hermione percibió nuevamente esa mirada cargada de odio.

-¿Hermione escuchas?- interrumpió la voz de Ginny, Hermione activó el mecanismo en su oído para poder responder.

-¿Dónde están? Los estamos esperando.- respondió Granger ante la atenta mirada de Draco.

-Los chicos salieron hace algunos minutos. Harry dice que el tren aún no arranca porque una tormenta de nieve se desató en el centro de Rusia. Tendremos que esperar a que la tormenta mengüe, tomará solo un par de horas.- informó la pelirroja.

-Draco está herido, Ginny. No creo que pueda esperar un par de horas.- sentenció con preocupación la castaña.

-Hermione, no podemos hacer nada más. Esto está fuera de nuestro alcance, no podemos aparecernos dentro del banco, sabes que la protección mágica lo impide.- se excusó la pelirroja con rapidez.

-Avísame si consiguen alguna otra alternativa.- anunció la castaña antes de cortar la comunicación y comenzar a rebuscar en el lugar. Draco seguía sentado en su esquina, con la espalda pegada a la pared y la cabeza hacia atrás. El lugar cada vez se encontraba más frío.

-¡Al fin!- exclamó Hermione luego de casi una hora de búsqueda, la varita de Draco estaba entre un montón de collares de plata y oro que estaban dispersos en en el suelo. La castaña volvió hacia Malfoy, se arrodilló al lado de él al ver que tenía los ojos cerrados y estaba completamente sudado. El exmortífago tenía la cara llena de polvo a causa de la explosión y un golpe en la ceja derecha, pero apenas se percibía en la oscuridad.

-Malfoy, despierta.- le llamó Granger. El chico comenzo a toser antes de abrir los ojos lentamente. Hermione bajó la mirada a la camisa llena de sangre, la mancha cada vez lucía más grande.

-Granger, si me matas acelerarás el proceso.- murmuró Malfoy, Hermione quiso creer que estaba jugando, pero la seriedad en su rostro solo daba a entender que no había rastro de broma en sus palabras.

-Tengo la varita, voy abrirnos paso en la puerta. En el salón principal del banco el aire estará más limpio.- le avisó Granger poniéndose de pie y acercándose a la puerta. Luego de varios hechizos consiguió remover las piedras que les impedían la salida y volvió hacia el rubio para ayudarle a levantarse.

-¿Dónde está nuestro refuerzo?- cuestionó Malfoy enojado. Hermione ignoró su tono de voz, porque sabía que él no confiaba en ninguno de sus amigos.

-Se desató una tormenta. Sabes que el clima a veces es cambiante y más aquí... aunque se supone que este mes sea más estable.- explicó Granger mientras ayudaba a Draco a salir de la bóveda. El pasillo todavía estaba cubierto del humo, pero se respiraba aire más limpio.

Caminaron con lentitud hasta salir de allí, afuera estaba vacío a excepción del cuerpo sin vida de la mujer que habían visto al llegar. Las puertas del banco se habían cerrado, seguramente la protección del lugar se había activado luego de que iniciase la tormenta. Hermione miró los alrededores con preocupación, no podía asegurar que Lestrange hubiese abandonado el banco antes de que la tormenta empezase y eso le preocupaba en extremo; con Draco herido sería más difícil combatir al mortífago.

La castaña dejó a Draco bajo la luz del un candelabro que estaba a pocos metros de la puerta. El rubio podía escuchar los vientos de la tormenta afuera, sonrió burlándose de su suerte: moriría en un banco pocos días después de celebrar el año nuevo. Granger le observó en silencio, escaneó el lugar y realizó un hechizo para corroborar que estuviesen solos. No había rastro de otro mago en todo el perímetro así que se permitió respirar más tranquila antes de mover la varita de Malfoy y aparecer su cartera. Agradeció a Merlín que la varita del rubio no le hubiese rechazado al intentar utilizarla.

Malfoy se había acostado en el suelo, estaba caliente, completamente sudado a causa de la fiebre que comenzaba a desatarse en su cuerpo. Hermione podía decir que el mortífago no la estaba pasando muy bien al verle temblar aun cuando en el lugar no hacía tanto frío. Habían algunos candelabros que seguían encendidos por lo cual podrían pasar la tormenta sin problemas. La castaña colocó su cartera en el suelo y rebuscó en ella hasta hallar botiquín de primeros auxilios. "Ventajas de ser muggle" pensó Hermione mientras colocaba lo necesario en el suelo.

-¿Qué haces?- preguntó Malfoy al sentir que la chica tocaba su frente.

-Tienes fiebre.- susurró Granger mojando un paño azul con una de las botellas de agua que llevaba en la cartera y colocándolo en la frente de Malfoy.

-Eso no responde la pregunta.- murmuró el rubio abriendo los ojos al sentir el paño húmedo sobre su frente.

-Es una forma muggle de trabajar con la fiebre, estamos varados aquí hasta que la tormenta pare.- explicó la castaña arrodillándose delante del rubio. Malfoy asintió, sus ojos grises siguiendo el movimiento de las manos de Granger, quien levantó la camisa de él para limpiar la herida.

-¿Qué se supone que haces? Es una herida profunda debe trabajarla un medimago.- le advirtió el rubio, él mismo no se hubiese atrevido a realizar un hechizo de sanidad.

-Tranquilo, los muggles trabajan esto de forma diferente. Nada de lo que haga te lastimará más de lo que ya estás lastimado.- le aseguró Granger limpiando lo más cuidadosamente que podía la herida. Aun limpia, la apariencia era bastante desagradable.

-Si se ve como se siente...- murmuró Draco completamente tendido en el suelo, su cabeza apoyada en su abrigo.

-Te voy a colocar algo para que no sangres tanto.- susurró Hermione.

La tormenta seguía azotando fuertemente a las afueras del centro de Rusia mágico. Draco estaba acostado luego de que Hermione termisase de ayudarle a preservar la vida. Una botella de agua vacía estaba a un costado del exmortífago; la castaña le habia dicho que debía mantenerse hidratado hasta que lograsen abandonar el lugar. Granger se hallaba cerca de una pequeña ventana, afuera se veía el viento moviéndose furioso y las calles desiertas: nadie se atrevería a poner un pie afuera con esa tempestad. Sus ojos caramelos cada cierto tiempo evaluaban al chico, que para su sorpresa, se había quedado dormido. Ella solo quería que lograsen sobrevivir, no quería cargar con la muerte de Draco Malfoy sobre sus hombros.

Continuará...

Elena: jajaja bueno ya ocurrirá el beso. Muy pronto seguramente xD

Pauli Jean Malfoy: yes creo aue lo mas gracioso de la discurions Neville/Hermione/Ron es que la castaña está completamente al margen de todo xD Revisaré luego el capítulo para corregir errores, gracias por avisarme. Besos!

Yaro Alex: jejeje habrá un poco de tensión entre Hermi/Theo por el momento xD Neville . al final terminará con alguien le corresponda 3 yess el momento del beso creo que es lo más gracioso de la historia hasta ahora xD jejeje Draco pequeño es un amor 3 Gracias por leer. Besos!

rubenchoellocoxd: jajaja también amo el theo/luna ellos son simplemente perfectos xD jajaja espero que te siga gustando la historia a medida que avanza. Besos. Gracias por comentar.

Nua-Night: Que bueno que te guste la historia. Trataré de que los personajes mantengan sus características originales en todo momento y creo que por eso el desarrollo de las relaciones toman un poco de tiempo, pero definitivamente cada historia será especial . Espero te halla gustado la continuación. Besos!

alejandra011: . Gracias! 3 Que bueno que te guste la historia y gracias por comentar!

Si te gusta la historia no olvides dejar un comentario y seguirla. Besos!