CAPÍTULO 10

Mientras transcurría la selección, Draco no pudo evitar pensar en que algunas cosas, como lo aburrida que era dicha selección, no cambiaban ni aunque uno estuviera por más de un año desaparecido. Por ejemplo, Pansy, la muchacha seguía igual de cotilla que siempre y en seguida lo había abordado a preguntas, obviamente después de haberlo abrazado, con una fuera inimaginable para alguien tan pequeño, y haberlo amenazado con hechizarlo si volvía a hacer algo así.

Los había que eran menos ruidosos con sus bienvenidas, como Theo, el chico nunca había sido de muchas palabras y al parecer ni su regreso iba a cambiar aquello. Simplemente lo había visto y le había dicho: Hola, Draco. Como si hubieran estado quedando regularmente a lo largo del verano. Sin embargo, Draco pudo notar por la forma en la que lo miraba y por como las esquinas de su boca se curvaban ligeramente hacia arriba, que lo que realmente había querido decir era: Me alegro de verte.

Luego estaban los que eran como Blaise, que tras su conversación en el expreso, se había empeñado en abrazarlo alegando que los chicos también podían abrazarse y que nadie los vería. Pero claro, algún motivo oculta tenía que haber para tanto cariñito y es que, aunque Blaise lo negara, Draco había sentido a la perfección como su amigo le había tocado el culo con todo el descaro del mundo.

Apoyó su cabeza en una de manos y su vista fue analizando cada rincón del Gran Comedor, sin ningún punto específico al que mirar, hasta que su mirada recayó sobre Hermione Granger. Frunció el ceño al verla, no se había acordado de ella desde que se había subido al expreso, más que nada porque no había tenido ni tiempo para ello. Pero ahora al verla, con su pelo enmarañado y viendo atentamente a la selección como si fuera de suma importancia, no pudo evitar recordar su no-beso y todas las sensaciones que había sentido.

Estúpida Granger pensó apretando los dientes con fuerza, ella siempre tenía que estar metiéndose en todo, incluso en sus pensamientos.

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-¿Sabes, Bella? –la fiel mortífaga alzo con respeto su cabeza hacia su señor, como un perro que acaba de ser llamado por su amo –Creo que es hora de sacar a Lucius de Azkaban.

Bella boqueó un par de veces antes de poder hablar.

-¿A Lucius? Pero señor, creí que ese era su castigo y que… -Bella no podía entender como su señor hacía eso, mataba a Cissy y ahora iba a salvar a Lucius.

-Su castigo era estar con una persona que estaba en Azkaban pero que acaba de escaparse hace poco, por lo que no le veo sentido a que siga ahí. –Bella lo miró curiosa ¿Quién podría ser esa persona? –Creo que tú lo conoces muy bien, se llama como tu sobrino, creo que es en honor a él que lleve su nombre.

Bellatrix abrió mucho sus ojos, sorprendida e incrédula, sin darse cuenta retrocedió un par de pasos, sus manos temblando y su boca secándose.

Voldemort la miró satisfecho, como si esa fuese justamente la reacción que esperaba.

-Así es, Bella, sé de la existencia de Draco Black…y créeme, él está deseando vengarse de Lucius…-sonrió malvadamente y por primera vez en su vida, a Bella no le gustó esa sonrisa.

El pánico danzaba libre por ella, corría por sus venas como la sangre, pura y ancestral, serpenteaba por debajo de su piel, arrastrándose como una fría serpiente.

-Estoy seguro de que cuando Draco venga, se alegrará mucho de verte, al fin y al cabo es el padre de tu hijo. –Bellatrix asintió levemente, incapaz de decir nada, con la vista fija en la nada y el miedo, por primera vez en años, dominándola por completo. Ni siquiera respondió su típico: No tengo hijos. Porque con su señor, de nada le servía mentir.

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-Y ahí estaba yo, desnudo y tapando únicamente mis partes con un cojín. –narraba Blaise, que se había empeñado en contar todas las anécdotas que se había perdido, la ceja de Draco se alzaba cada vez más a medida que su amigo hablaba, como si dudase de la veracidad de sus palabras. –Cuando su madre entró en la habitación puso el grito en el cielo, ¡Incluso intentó maldecirme! Luego me enteré de que el cojín había sido bordado a mano por una antepasada muy antigua y como tradición, se pasaba de generación en generación y…bueno, después de ese día, dejaron de seguir esa tradición. –terminó la historia, no sin cierto orgullo.

-Eres un idiota, Blaise. –dijo Pansy con la cabeza del chico en el regazo y peinándolo sin prestar mucha atención a dicha tarea, a pesar de sus palabras, una sonrisa divertida se había adueñado del rostro de la joven.

-Pero me amas, preciosa. –dijo guiñándole un ojo y sonriéndole seductoramente.

Pansy rodó los ojos con diversión.

Draco no dijo nada, se mantuvo en silencio, recostado en el viejo y caro sofá de la sala común, observando a sus más viejos amigos. En la sala común solo quedaban ellos, Theo y Dapnhe Greengrass que se había unido recientemente, ya que en la cena había estado con su hermana pequeña, Astoria.

-Me alegro de que hayas vuelto. –el susurro de Daphne lo hizo girarse levemente para poder mirarla, tenía el pelo rubio suelte y caía alrededor de su cara como cascadas de rizos. Sus ojos eran verdes y fríos, su piel pálida y delicada.

-Sabía que en el fondo, ni la fría Dapnhe Greengrass se me podía resistir. –bromeó el rubio, ella rio suavemente y se acomodó mejor en el sofá, apoyando su cabeza en el hombro del chico, de repente su risa se había acabado.

-Es en serio, Draco. Pensé que… -no hizo falta que acabara la frase, era obvio lo que había pensado.

Draco le pasó su brazo por los hombros de la chica, era cierto que no le gustaba tener contacto físico con nadie pero con ella, y Pansy, era diferente. Conocía a ambas desde que tenía uso de razón, las había consolado infinitas veces cuando sus muñecas se perdían o rompían, cuando se caían al suelo o cuando tras una fuerte pelea se reconciliaban.

-Estoy bien, Daph, estoy bien. –le dijo únicamente, ella asintió.

Pero él no estaba bien, tenía demasiado que hacer y muy poco tiempo para ello.