Capítulo 11: Albus Dumbledore y sus detractores
Estaba consciente de que tenía el cabello desordenado y una expresión de locura, agitando un pedazo de papel en medio de la sala de estar de la madriguera y vociferando que Severus Snape estaba vivo.
- ¿Qué estás diciendo, Harry? ¿¡Que el profesor Snape sigue vivo!? - sentada en uno de los sillones, Hermione había fruncido el ceño. - ¿Estás...? ¿¡Estás seguro de lo que dices!? ¿Cómo se te ocurrió abandonar la casa, a mitad de la noche, para acercarte a un lugar tan peligroso como ese? ¿¡En qué estabas pensando!? ¡Creo que has llegado demasiado lejos! ¡Ya comienzo a creer que estás alu...!
- ¡No estoy alucinando! - escupió con rabia. - ¡De no haberlo hecho, quizá nunca hubiésemos podido encontrar las respuestas que tanto buscábamos!
- ¡Que tú buscabas! - terció Hermione, levantándose del sillón. - ¡Sé que encontrar al profesor Snape con vida es algo muy importante para ti! ¡Pero no me pidas que lo comprenda cuando has arriesgado la tuya tan tontamente, intentando...! ¡Intentando... darte una satisfacción personal! - ¿Y ahora qué? ¿Correrás a restregárselo a Ivanov en la cara?
- ¡No sabes lo que dices...! ¡Tú...!
- Ya basta. ¡YA BASTA! - los gritos de Ginny superaron la acalorada discusión entre Hermione y Harry. Se había puesto pálida y su labio inferior temblaba de forma desagradable. - ¡Hemos sido amigos durante años! ¿Acaso lo olvidaron?
- Ginny tiene razón, Hermione. Estoy de acuerdo que ha sido una terrible idea por parte de Harry, pero ya nada podemos hacer.
¿Acaso era el único al que le interesaba que Severus Snape estuviese vivo? No podía comprender la reacción de sus amigos, había hecho un importante descubrimiento y parecía pasar desapercibido.
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ALBUS DUMBLEDORE
¿El director más querido de Hogwarts?
- ¡CONRAD! - Ni siquiera la voz de Fred, brincando sobre uno de los banquillos y golpeando el mostrador con sus dos pequeñas manos, pudo distraerlo de mirar los titulares en los periódicos. ¿Cómo continuaban permitiendo que una mujer con tan poca credibilidad, como Rita Skeeter, siguiera publicando sus tristes artículos? - ¿Por qué tan molesto Conrad? ¿Qué estás leyendo?
- Una gran sarta de mentiras, al parecer. - respondió, soltando el periódico con desgano.
- Albus Dumble... Dumbledore. ¿Y quién era él, Conrad?
- Uno de los directores de Hogwarts. Murió un poco antes de que la guerra se desatara en sus paredes de piedra.
- ¿Era tu amigo?
- Sólo un conocido, me temo. - sonrió, desordenándole los cabellos un poco. - Pero a pesar de todo, no está bien que se difundan mentiras en su nombre. Recuerda, no debes creer siempre en todo lo que lees. A veces es mejor continuar investigando, que quedarse con una sola versión de los hechos.
Fred asintió un par de veces, tomando el periódico e intentando leer el artículo tan rápido como podía.
- El director más querido del colegio o una simple fachada, ocultando la verdad en su interior. ¿Y eso qué quiere decir, Conrad?
- Quiere decir que esa mujer está loca y que no sabe ni una pizca de lo que dice. - ambos escucharon la voz de George, mientras tomaba al niño por la cintura y lo sentaba en el mostrador, mirándolo directamente a los ojos. - Para algunas personas es muy fácil juzgar desde afuera, sin siquiera preocuparse por verificar si sus palabras son ciertas o no. No les interesa los sentimientos de aquellos a quienes puedan perjudicar. Conrad tiene razón, Fred. No creas siempre en todo lo que lees y siempre investiga más. ¡Eso me trajo hasta donde estoy ahora! - exclamó mientras señalaba la tienda a su alrededor.
El hombre tras el mostrador había comenzado a sonreír y tanto George como Fred, habían fruncido el ceño. Conrad parecía muy entretenido, pero el niño no recordaba que su padre hubiese dicho un chiste.
- ¿Por qué te sonríes así, Conrad?
- Por nada. Solamente que tu padre tiene razón, supongo.
- Hablando de razones, Conrad, Fred me contó algo sobre ti. - dijo George con el ceño fruncido y antes de que el hombre se pusiera nervioso, sonrió para disipar la tensión. - Nada malo, la verdad. Me contó que tenías catarro y habías bebido una poción medicinal que tú mismo habías preparado.
Lo había tomado por sorpresa y de seguro tenía esa expresión y también una palidez que hacía sonreír a su jefe aún más. ¿Qué se suponía que diría al respecto? No era precisamente una poción para curar el catarro y no le interesaba que su jefe comenzara a indagar en su recién descubierto, talento para las pociones.
- Es una receta muy simple. No creo que valga tales halagos, si hasta un tonto podría prepararla.
- Señor Conrad, me ofende. - dijo George enrollando el periódico y tocándolo con la punta de su varita, hasta convertirlo en un barco pirata. Fred prácticamente chilló de emoción, ante el vapor que expedía y sus cañones de bolas de papel. Se bajó de un salto del banquillo y en cuanto se marchó, George se inclinó aún más sobre el mostrador y de manera que sólo el hombre frente a él pudiera oírlo. - Aquí también las preparamos, pero todavía creo que no alcanzamos la calidad requerida. A pesar de que vendemos una gran cantidad. Quizá nos hace falta un poco de ayuda y estoy dispuesto a aumentar el salario, si cambia de parecer. ¿Qué me dice?
¿Acaso no iba a resultar muy raro, si se negaba? Mientras su jefe no quisiera comprobar los ingredientes de la pócima que había estado bebiendo.
- Lo pensaré y tendrá mi respuesta muy pronto, se lo aseguro. En este momento creo que Fred y yo tenemos un pedido que recoger y se nos hace tarde.
- ¡Un pedido, un pedido! - exclamó el niño, levantándose del suelo en un rincón donde se había sentado a ver navegar al barco pirata. - ¿Puedo ir?
- Así parece. - dijo George, aún sonriendo. Se detuvo junto a su hijo e inclinándose hasta estar a su altura, agregó sin preocuparse de que Conrad pudiera escucharlo. - Asegúrate de convencerlo durante el camino, de que necesitamos un nuevo ayudante para la formulación de las pociones que utilizamos en nuestra mercancía. ¡Utiliza todos los medios que se te ocurran para convencerlo!
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Harry apenas y podía mantenerse tranquilo, con el reciente descubrimiento que había hecho. La mujer parecía realmente convencida de lo que había dicho, así que no creía que estuviese bajo algún tipo de hechizo para confundir. Tenía las pruebas que necesitaba, pero no estaba realmente seguro de cómo podría convencer a los miembros del consejo de gobernadores. Necesitaba toda la ayuda posible para encontrarlo y no había quedado en buenos términos, precisamente, con el director del departamento. Moldim Calloway.
- Y ésta mujer... Francine... ¿pudo describir al profesor Snape claramente? - preguntó Ron, sentándose a su lado en el sofá del salón. Parecía llevar mucho tiempo reflexionando la mejor forma de acercarse a su mejor amigo, sin causar otra discusión.
- Así es. Sólo lo conoció por un par de semanas, pero sabe lo suficiente como para comprobar la veracidad de su testimonio.
- Parece demasiado bueno como para ser cierto. - respondió, pasándose una mano por los cabellos, aún pasmado ante las noticias. - Pero si se quedó con ella, algún rastro debió dejar. Alguna huella.
- Nada. Se marchó una mañana, sin siquiera dejar un mensaje. Pero supongo que no lo iba a hacer, si el anonimato es lo que más deseaba. Me pregunto por qué. Todos sabemos la verdad con respecto a su pasado, ya no tiene motivos para esconderse.
- Así es, lo sabemos Harry. Pero eso no significa que todos lo creamos. Además, con los mortífagos que aún siguen libres...
- Pero nadie podría vincularlo con ellos, ¡eso sería estúpido!
- Quizá lo sea para nosotros, pero no para los demás. Ya oíste a Gertrude, nadie confía en el ministerio y no les resultaría difícil culpar al profesor Snape de cualquier cosa. Y el ministerio de magia, de seguro que no lo defendería de falsas acusaciones. Hermione tal vez lo haría, pero no sería suficiente si Ivanov y el resto del consejo de gobernadores se vuelve en nuestra contra. No tiene ningún poder contra tal autoridad.
- No puedo comprenderlo a ciencia cierta. Sin él no habríamos podido conseguir nada de lo que tenemos ahora. ¿Acaso sienten envidia de que un hombre cualquiera lograra hacer mucho más que todos ellos, tras sus cómodos escritorios?
- ¿Crees que sientan envidia de sus logros? ¿Que no puedan entender el cariño que algunos sientan por un hombre que fue un mortífago una vez? ¿O tal vez piensen que mortífago una vez, mortífago siempre?
- No estoy seguro, pero sí recuerdo las palabras del señor McCallister sobre Dolores Umbridge. Dijo que no estábamos en la época medieval como para hablar de la inquisición, pero él mismo se ha contradicho con sus propias ideas. Ya no estamos en la época medieval como para juzgar quién es un brujo o no, para quemarlos. ¿Cuándo dejaremos esos tontos juicios atrás?
- Somos seres humanos también, Harry. Apartando el hecho de que tengamos magia, siempre juzgaremos al prójimo por lo que es y por la forma en la que actúa. Algunos más que otros, como en el caso de los Malfoy.
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Y fiel a lo que su padre le había ordenado, Fred no paraba de hablar para intentar convencerlo de convertirse en prácticamente el pocionista oficial de Sortilegios Weasley. Continuaba escuchando las grandes y maravillosas cosas que podría hacer junto a su jefe, pero no podía dejar de pensar en los riesgos que ello entrañaba.
¿Acaso le haría bien ser tan notorio? ¿Qué pasaría cuando su jefe comenzara a hablar sobre sus pociones?
De pronto su pacífica y tranquila vida, comenzaba a complicarse más y más.
- ¡CONRAD! - escuchó la voz de Fred a un par de metros de distancia. Se había quedado de pie en medio de la calle y al parecer, reflexionando el asunto muy para sus adentros. - ¿¡Por qué te quedaste atrás!? ¡Todavía nos falta mucho por recorrer!
¿Qué se suponía que debía responder? ¿Si rechazaba el ofrecimiento de su jefe, podía perder el empleo? Realmente no tenía mucho interés, pero Fred parecía haberse encariñado con él y no sabía cómo lo tomaría si renunciaba.
- Estaba pensando en todo lo que dijo tu padre. - le dijo, al alcanzarlo con pasos largos.
- ¿De verdad? ¿¡Y qué decisión tomaste!? ¡Sé que papá te pagará muy bien! ¡Tendrás mucho dinero!
- No creo que sea para tanto. - sonrió otra vez, empujando la puerta de la tienda de hierbas. - Tal vez nos hagamos modestamente adinerados, pero no tanto como ricos.
- Entonces... ¿¡aceptas la propuesta de mi papá!?
- Quizá un cambio de planes, no nos haga mal de vez en cuando.
Fred parecía no caber en sí de la emoción y ni siquiera había prestado atención a la pesada caja de madera que estaba en el suelo y la cual, Conrad, trataba de levantar. Sólo esperaba no tener que chocar con la ministra de magia nuevamente.
- ¡Papá se pondrá muy feliz en cuanto lo sepa!
Mientras el niño caminaba a un par de pasos de distancia, todavía continuaba reflexionando la decisión que acababa de tomar. Quizá no era tan malo como parecía y simplemente tendría un trabajo estable y una vida común y corriente.
- Conrad... ¿y de qué se murió ese señor? ¿Albus Dumbledore?
- Pues... ya estaba muy viejo. Algunos magos viven muchos años y comienzan a delirar. Ya estaba un poco enfermo, necesitaba descansar.
- Cuando fuiste estudiante en Hogwarts, ¿lo conociste?
- Un poco, no lo suficiente. Pero puedo asegurarte que le habría encantado conocerte.
- ¿¡A mí!? ¿Por qué?
- Le gustaban mucho las bromas. Tenía un muy buen sentido del humor. Tu padre podría decirte lo mismo que te digo ahora.
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A pesar de la discusión, el titular de prensa escrito por Rita Skeeter bastaba para romper con las tensiones del momento. Hermione sostenía el profeta y por más que parpadeaba, sus ojos continuaban mostrándole la misma calumnia una y otra vez.
- ¿¡Por qué demonios autorizan éstas absurdas publicaciones? Sé que no debo utilizar mi cargo para castigar, ya que siendo periodista está en su derecho... ¡por Merlín!
- Eso no es periodismo, eso es levantar falsos testimonios sobre un hombre que ya lleva varios años muerto. ¿Nueva información revelada? Eso es ridículo. - Harry se levantó tan violentamente que la lechuza de Ron, ululó nerviosa en su jaula.
¿Hasta cuándo tenía que seguir soportando esas absurdas mentiras? ¿Por qué el consejo de gobernadores no tomaba cartas en el asunto? Claro. Albus Dumbledore siempre había desafiado al ministerio.
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