Capítulo 10: Infiel

Los siglos fueron pasando lentamente en la Isla del Tiempo. Los días se hacían más aburridos y mi paciencia se agotaba. No había llegado ningún naufrago en años y me era imposible saciar mi sed de sangre. No podía salir de la Isla porque aquello despertaría al Dahaka.

Sin embargo, un día, el mar se revolvió una noche entera y a la mañana siguiente llegaron a la Isla los restos de un navío. Muchos cuerpos sin vida llenaban las playas, y los trozos de madera iban y venían con las olas.

Caminé por la playa, deseando encontrar algún superviviente para torturarle allí mismo. De pronto, escuché un grito de socorro procedente de un amasijo de troncos. Mis soldados aún no habían llegado, así que aparté los trozos yo misma.

Y allí estaba, una joven muchacha de pelo oscuro, bastante corto. Sus ojos eran claros, y su piel pálida. Estaba herida, de gravedad. No sobreviviría. Había perdido mucha sangre. Estaba agonizando.

La observé detenidamente. Podría haberla matado, pero algo me detuvo. La chica llevaba el rostro tatuado. Reconocía aquellas marcas. Eran del único clan que alguna vez llegó a venerar a la Diosa del Tiempo. Eran grandes guerreros, pero fueron exterminados hace mucho.

¿A quién pertenecía este barco? – Le pregunté.

K-Khuzayma. – La chica apenas podía hablar. – Líder de los Kradhoos, Señor del desierto …

¿Y qué hacía un Señor del desierto navegando en mitad de un océano encabritado?

N-Nos arrebataron nuestro hogar. Tuvimos que huir.

¿Y qué hacías tú en ese barco?

Khuzayma era mi padre. – La chica comenzaba a desvanecerse.

Tu pueblo adoraba a la Diosa del Tiempo.

La estábamos buscando. Sólo ella podría ayudarnos …

Tu Diosa fue desterrada hace mucho. Nada puede hacer por ayudar a tu pueblo.

¿Y … cómo lo sabéis?

Porque estás ante ella. – La joven me miró completamente sorprendida, también temerosa. Sus ojos se abrieron a más no poder. Las palabras no le salían. Se estaba debilitando. – Puedo sanar tus heridas. Pero a cambio tendrás que servirme eternamente.

¿Eternamente…? ¿C-Cómo…?

Eso es cosa mía. ¿Deseas vivir o no? – La chica asintió levemente. Entonces me arrodillé a su lado y coloqué mi mano sobre su herida. – Esto te dolerá.

Mi mano comenzó a brillar y las Arenas penetraron lentamente en la herida de la chica. Instantáneamente, comenzó a gritar de dolor, retorciéndose tanto como podía, a pesar de estar débil. Poco a poco se fue transformando en una Criatura de Arena, pero antes de que su apariencia humana fuera erradicada, paré.

Aquella joven era la última de una extirpe de guerreros que me adoraban. Me habían jurado lealtad. Quería que conservase su forma original. Las Arenas ya fluían por su sangre. Ya era una Criatura de Arena.

Con sus heridas ya sanadas, le tendí la mano y la ayudé a levantarse. Estaba desorientada y apenas se tendía en pie. Pero era consciente de lo que había pasado y me miró, completamente consternada. Sin embargo, en el fondo sentía gratitud, pues ahora me debía la vida.

¿Cuál es tu nombre?

Shahdee.

Observé los pergaminos sagrados que tenía sobre la mesa de la sala de descanso del Templo. Shahdee fue lo más cercano a una amiga que tuve hasta que conocí a Farah. Le perdoné la vida. Ella me admiraba, pero mi arrogancia hizo que no viera que se preocupaba por mí. Tengo que admitirlo, la echo de menos.

Suspiré, agotada. Llevaba varios días sintiéndome cansada, a pesar de que dormía bastante. Pensé que, quizás, el hecho de no tener a Cyrus a mi lado me estaba afectando.

Una fría brisa entró en la sala. Los días cada vez eran más fríos y más cortos. El invierno se acercaba. Me levanté y miré al patio exterior. Los árboles estaban ya casi desnudos. Sus hojas se habían desvanecido. Cerré la ventana y me aproximé a la chimenea para calentarme. En ese momento, entró uno de los Sacerdotes.

¡Vaya! Estáis aquí.

Sí, la sala de los pergaminos es demasiado fría para leer.

El anciano sacerdote se sirvió una taza de té y observó los pergaminos.

¿Qué leéis?

Algunos pergaminos antiguos. Hassan me ha pedido que los traduzca y corrija los errores que vea.

Ah, ya veo. Una tarea tediosa.

No creáis. Hacía mucho que no veía pergaminos escritos en la antigua lengua. Para mí esto es un pasatiempo.

Eso es bueno. Con eso, hacéis un gran aporte al Templo. – Sonreí. El hombre tomó un sorbo de su taza. – Por todos los Dioses, este frío es horrible.

Y cuanto más al norte, aún peor …

¿Lo decís por el Príncipe Cyrus y el Rey? – Asentí bajando la mirada.- Tranquila, Kaileena. Regresarán pronto.

No hemos tenido noticias de ellos en semanas.

Ya llegarán. Ambos son unos guerreros dignos de mención. No les pasará nada.

Eso espero.

Mientras yo me preocupaba por mi esposo, Farah hacía todo lo contrario con el suyo. Había estado viéndose con Arsalan todos los días, paseando y riendo como no lo había hecho con Malik en meses. Aquella tarde le había citado en sus aposentos.

Arsalan esperaba de pie junto al fuego a que Farah se cambiase. La chimenea hacía que la estancia tuviera una temperatura más que agradable.

Ya estoy lista.

Arsalan dejó de observar el fuego y dirigió su mirada hacia Farah. Vestía un conjunto semitransparente que prácticamente dejaba ver cada ápice de su cuerpo. Arsalan se estremeció.

Farah, ¿qué haces vestida así…?

Lo sabes muy bien.

Farah y Arsalan ya habían tenido algún roce. La joven Reina ya le había dejado entrever que sentía algo por él. Pero Arsalan se resistía, siempre buscando alguna excusa para poner tierra de por medio. No negaba sus verdaderos sentimientos, pero respetaba demasiado a su hermano como para hacerle eso. Era la forma más cruel de traición entre hermanos.

Farah, no podemos …

Malik no está aquí, ¿cuál es el problema?

¡Es tu marido! ¿Y si se entera?

No se enterará.

¡Claro que se enterará! ¡Es el maldito Rey!

Si el Rey Shahraman pudo mantener en secreto que te dio en adopción a unos campesinos hasta el día de su muerte, ¿qué te hace pensar que no podemos hacer lo mismo?

¡No metas a mi padre en esto! Es muy peligroso, Farah.

Sólo una vez …

Sabes tan bien como yo que cuando empecemos no habrá manera de parar. Será como una droga.

Pues esperaremos a que no esté. Por favor … - Farah se aproximó más a él, besándole el cuello. – Sé que lo deseas.

Farah … - Arsalan estaba haciendo todo lo posible por reprimirse. – No hagas esto más difícil … - Pero Farah ya había descendido. – Oh … Por todos los Dioses …

Arsalan cerró los ojos y le acarició el pelo a Farah, suspirando de placer. Había estado con muchas mujeres, pero con ninguna sintió lo que sentía en aquel momento con Farah.

Se tumbaron sobre la cama y comenzaron a besarse. Farah se sentó sobre Arsalan y él colocó sus manos en sus caderas. Se despojaron de sus ropas lentamente, sintiendo el calor del otro contra sus cuerpos.

Aquel éxtasis era lo que Farah necesitaba. Arsalan le hizo el amor con pasión y dulzura, haciéndola sentirse una mujer deseada de nuevo. ¿Había conseguido Malik que se sintiera así alguna vez? Quizás, pero aquellos recuerdos eran tan lejanos que ya no lo recordaba.

La cama del Rey estaba siendo mancillada por los amantes, que se movían en silencio, para no levantar sospechas. Hacía siglos desde la última vez que una Reina de Persia le fue infiel a su marido. Pero jamás había ocurrido una infidelidad en la que el amante fuera el propio hermano del Rey. Si Malik se enterara, se sentiría, no sólo deshonrado y destrozado, sino traicionado por el hermano al que le había dado todo.

Lejos de allí, Malik y Cyrus se dirigían a Karkemish. El Sátrapa de Mari puso algunos de sus soldados a su disposición para que les ayudaran en caso de darse un enfrentamiento.

No andaban muy lejos de la ciudad cuando encontraron el origen de la desaparición del agua. El curso del río estaba bloqueado por rocas y el agua había tomado otro rumbo.

Así que esto es lo que pasó … - Murmuró Cyrus.

Las rocas bloquean el paso del agua. – Observó Malik.

¿Un desprendimiento?

No lo creo. – Malik observó una colina de la que parecían haber caído las rocas. – Observa aquella colina y las demás. La forma en la que se han desprendido las rocas es muy sospechosa.

¿Crees que ha sido intencionado?

Creo que nuestro amigo Berker nos debe un par de explicaciones. Vayamos a hablar con el regente de Karkemish.

Malik dio un golpe de talón a su caballo y sacudió las riendas, haciendo que el animal se lanzara al galope. El resto del grupo le siguió. Nada más llegar a las puertas de la ciudad, unos guardias se interpusieron en su camino.

¡Alto ahí! – Se interpuso el guardia de Karkemish, alzando su lanza contra el caballo de Malik. - ¡Identificaos!

Soy el Rey Malik de Persia, hijo de Shahraman, desdenciente de Cyrus el Grande. – Anunció Malik, mirando seriamente al soldado.

¡Ah, sois vos! – Los soldados bajaron sus armas. – El Rey Berk os espera en el Castillo. Seguidnos.

Los soldados comenzaron a caminar. Tanto Malik como Cyrus se quedaron atónitos.

¿Ha dicho Rey Berk? – Preguntó Cyrus.

¿Cuándo abdicó Berker en su hijo?

Ni idea … Será mejor seguirles.

Acompañados por los guardias, llegaron al Castillo de Karkemish. Toda la ciudad estaba fuertemente vigilada. Estaba claro que sabían que tarde o temprano los persas irían buscando explicaciones al problema del agua.

Los guardias les custodiaron hasta la sala de recepciones, donde el Rey Berk esperaba. Era el hijo malcriado del Rey Berker, un joven que apenas había cumplido dos décadas de vida, engreído, irrespetuoso y muy grosero. Malik y Cyrus ya lo conocían desde que era un niño.

¡Vaya, vaya! Mirad a quién tenemos aquí. – Berk esbozó en su rostro una sonrisa burlona. - ¡Es un honor poder recibir al gran Rey de Persia!

Déjate de falsas pleitesías, Berk. – Masculló Malik, caminando hacia él dando pasos largos y firmes. – Sabes muy bien el motivo de nuestra visita.

Ya, os estaba esperando.

¿Qué haces tú tan lejos de la capital? – Exigió saber Cyrus.

No hablo con ovejas negras, Cyrus. – Aquello provocó que el Príncipe de Persia le dedicase una mirada asesina. – Decidme, oh gran Rey Malik, ¿qué deseáis?

¡Ya puedes ir explicando lo del agua! – Le gritó Malik, furioso.

¿Oh? ¿Lo del río? Simplemente he decidido que quiero controlar su curso. – Contestó Berk, encogiéndose de hombros.

¡¿Tienes idea de lo que has hecho?! ¡Babilonia está sin agua! Todos los pueblos río abajo se mueren por tu culpa.

Y aquí está su Rey para solucionarlo, ¿no es cierto? – Berk comenzó a caminar alrededor de ellos. – Dime, Malik, ¿cuánto pagarías por unos cuantos litros al día?

¡¿Le estás poniendo precio a la vida de mi gente?!

No, sólo al agua de la que beben. – Sonrió Berk. Aquello originó que Malik perdiera la paciencia y lo lanzara al suelo de un fuerte puñetazo.

¡Nuestros padres tenían un pacto! Persia mantendría la paz si Asiria no perturbaba la vida de sus habitantes.

Y ya ves tú, ahora resulta que quienes ponemos las condiciones somos nosotros. – Berk se levantó y se sacudió la camisa. – Es lo que ocurre cuando un Reino se debilita, Malik. Si no eres fuerte, no impones respeto. Y si no impones respeto, los demás pueden contigo.

¡No oses hablarme así, niño mimado!

Seré un niño mimado, pero la cuestión es que os tengo cogidos por los huevos. ¿Quieres tu agua? Págala.

Qué error cometió tu padre al darte todos tus caprichos.

¡Qué error cometió el tuyo al tener en la familia a semejante mamarracho! – Gritó Berker, señalando a Cyrus con el dedo.

¿Qué pasa? ¿Es que hoy es el día de "insultemos a Cyrus"? – Cyrus ya se estaba hartando.

¿Tan patético eres que como no encuentras una respuesta coherente te metes con mi hermano? Menudo Rey …

Habló el Rey de un Reino que se muere de sed.

Malik desenvainó su espada. Cyrus y los demás hicieron lo mismo.

¡Basta! ¡Se acabó! Has acabado con mi paciencia. ¡Devuélvenos el agua!

Eeeehhh … No.

¡Juro que te mataré si no lo haces!

¡Qué violento! Desde luego, puedes estar seguro de que eres el hijo de tu padre. ¡Todo un persa! – Berk empuñó su espada, pero no apuntó hacia Malik. – A vosotros os gusta mucho hacer pactos y esas tonterías, ¿verdad? Pues te propongo uno.

Habla.

Te devolveré el agua si cedes las tierras al sur de la frontera.

¿Las que ya has invadido? – Masculló el Rey. – No te daré nada. Si no nos devuelves el agua por las buenas, será por las malas.

Y entonces, comenzó la batalla. Un grupo de soldados asirios se abalanzó contra ellos. Sus soldados y Cyrus se encargaron de ellos, mientras Malik luchaba contra Berk. Para ser tan joven, era bastante bueno con la espada. Sabía aprovechar la fuerza de Malik para atacarle.

Berk bloqueó un ataque de Malik y ambos quedaron espada contra espada. El joven Rey trataba desesperadamente de desequilibrar a su oponente, pero Malik sujetaba su arma con mano firme, y tenía la mirada clavada en él.

Has cometido el error de enfrentarte a mí. – Haciendo un movimiento brusco con la espada, Malik le desarmó y lo tiró al suelo de una patada. Caminó hasta él y colocó la punta de su espada contra su garganta. - ¿Cómo desviasteis el río? ¡Habla!

Usé unos explosivos traídos desde Oriente. ¡Eso es todo! – Berk temblaba.

¿Aún los tienes? – Berk asintió. – Bien, pues ya estás poniendo el Eúfrates donde estaba antes. O te juro que lo próximo que se desprenda de su sitio será tu cabeza.

Berk les indicó con quién debían hablar para colocar los explosivos y hacer que el río regresase a su curso natural. Malik lo envió a una celda y más tarde se dirigieron a obrar el milagro.

Unos operarios colocaron los explosivos en sitios estratégicos de la barrera que cortaba el curso del río y los detonaron. La tierra se estremeció. Las rocas se rompieron en mil pedazos tras una densa nube de polvo. Malik y Cyrus esperaron en vilo a que la nube desapareciera y, cuando se hubo disipado, comprobaron con alegría que el agua volvía a fluir en dirección sur, directa a su desembocadura natural. Malik y Cyrus se abrazaron, regocijándose por su hazaña.

¡Lo logramos! – Exclamó Cyrus.

Persia está salvada. – Malik sonrió.

Te dije que podríamos con esto.

Es cierto, hermano. Lo dijiste.

Entonces, ¿ya podemos regresar?

No tan rápido. Escucha, quiero que te quedes aquí vigilando la ciudad hasta que llegue alguien en quien podamos confiar.

¿Qué? ¿Me estás pidiendo que me quede aquí, alejado de Kaileena?

Será sólo por un par de semanas más. En cuanto llegue a Babilonia enviaré a alguien. Podrás regresar en cuanto se instale aquí. – Malik le colocó una mano en el hombro. – Por favor, hermano …

Está bien. Lo haré por ti.

Perdonad la tardanza en escribir. He estado ocupada. Esto parece estar dándome poblemas para subir los capítulos. Podeis leer también aquí en la seccion de Arte POP Fan - www . princeofpersiafans . foroactivo . com (quitad los espacios, es que si no no aparecia el link)