Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto
Hola a todos, gracias por entrar en este shikatema! Bueno, he aquí el anteúltimo capítulo de este fic. Tendrán que disculparme, porque aunque le di vueltas y vueltas al asunto, no me salió escribir lemmon en esta ocasión. Para compensarlos un poco, hoy les traigo una pequeña escena con lime. Prometo que si escribo otro fic sobre esta pareja, sí o sí (y aunque se me empañe la única neurona que me queda, aunque se me retuersan los dedos sobre el humeante teclado y aunque mi cabello se torne verde fosforescente) habrá lemmon u.u
Espero que les guste :D BUENA LECTURA!
Capítulo XI: La realidad
Mi táctica es ser franco
y saber que sos franca,
y que no nos vendamos simulacros
para que entre los dos no haya telón ni abismos.
Mario Benedetti.
Llegar a la aldea del Sonido no era fácil. En la medida en que uno se acercaba el camino se tornaba más dificultoso, el relieve aparecía accidentado y había toda clase de trampas y cebos para engañar al desprevenido. También había muchos animales salvajes dispuestos a convertir en alimento a cualquiera que transitara por allí. La tarde estaba avanzada cuando Shikamaru, Chouji e Ino lograron arribar a su destino sanos y salvos, después de haber sorteado penosamente aquellos eventuales peligros. Ahora se ubicaban entre las gruesas ramas de un gigantesco árbol, observando el inhóspito panorama.
-Según las coordenadas que me dio la Quinta, el sitio donde fraguaron los documentos debe estar más al norte –señaló Shikamaru, sin dejar de hacer cálculos mentales mientras escudriñaba la aldea-. Si estamos en el oeste-noroeste todavía nos queda bastante distancia que cubrir, así que esperaremos a la noche para movilizarnos. Lo haremos a través del bosque, sin adentrarnos demasiado; volver a avanzar estando más pendientes de las trampas que de la misión nos retrasará.
-Entiendo –afirmó Chouji.
-La aldea no es tan grande y más bien parece estar deshabitada, alcanzo a ver muy poco movimiento –continuó el chunin, entrecerrando los ojos-, sin embargo puede ser una fachada, una artimaña para que uno se confíe. De todas formas el silencio es tan anormal que me causa escalofríos. Mejor la rodearemos.
-Ni lo dudes –concordó Ino, que experimentaba la misma sensación.
-Bajemos, lo único que podemos hacer por ahora es aprovechar este tiempo para reponernos del viaje. Ni bien anochezca, retomaremos la marcha.
-Sí, y de paso comeré algo –agregó Chouji.
Los tres se deslizaron hábilmente hasta el pie del árbol, donde se sentaron para comer y descansar un poco apoyando sus espaldas contra el tronco. En el bosque no se advertía ningún movimiento sospechoso, solo una ligera brisa sacudía las añosas y profusas ramas. A través de las agitadas hojas, los oblicuos rayos del agonizante sol poniente se filtraban esporádicamente, dándole al lugar una atmósfera más bien inquietante que consoladora. De todos modos Shikamaru no le prestó atención, pues su mente continuaba haciendo cálculos con respecto al recorrido, el tiempo con el que contaban y la disposición del terreno. Sopesaba también en dónde podría dejar una señal apropiada para que cuando el equipo ANBU arribe pueda seguirlos sin problemas.
De pronto, a cierta distancia, percibieron una sombra, luego otra, deslizándose a gran velocidad. Por el rabillo del ojo, los tres shinobis habían llegado a captar las súbitas y cada vez más próximas apariciones, y sus nervios se tensaron.
-No se muevan –musitó Shikamaru, sentado entre sus dos compañeros-. Ni se levanten ni giren la cabeza, vienen hacia nosotros y deben pensar que nos tomarán por sorpresa. Si son del Sonido, tal vez podamos capturarlos para obtener algún tipo de información.
Chouji lo miró de reojo y vio sus manos. Con sutileza, su amigo estaba maniobrando de tal forma que su sombra ya había comenzado a extenderse en dirección a los enemigos. Simplemente hizo lo que él pedía y se preparó para intervenir en cuanto se lo indicara, al igual que Ino.
Unos segundos después, Shikamaru notó que su sombra había sujetado a dos presas.
-Kagemane no Jutsu, completo –dijo, mientras se levantaba para encararse con sus nuevos oponentes. Sus compañeros fueron tras él.
Como su sombra los atrapó antes de que los desconocidos salieran de la espesura, todavía no podía vislumbrar sus rostros. Sin embargo, en la medida en que avanzaba los otros se acercaban más, imitando su movimiento, y sus figuras comenzaron a parecerle familiares. Así, al primero que identificó fue a Kankuro, que era el que caminaba más adelante. Shikamaru puso los ojos como platos.
-Tiempo sin vernos, chicos –saludó torvamente el otro, molesto por haber sido recibido de aquella manera tan cordial.
Ni bien lo tuvo enfrente, el estratega tragó saliva con dificultad. Haciendo un esfuerzo, inclinó su cuerpo a un costado para poder mirar a quien venía detrás, obligada también por su sombra. Temari tenía una palpitante vena en la sien, apretaba los puños para contenerse y sus cejas temblaban con gran indignación. Qué problemático.
-¡¿Qué demonios crees que estás haciendo, mocoso descarado?
-o-O-o-
-¡Ni que fuera adivino para saber que vendrían! –intentó como defensa Shikamaru, después de deshacer el jutsu y de haber recibido una retahíla de ofuscados reclamos-. ¡Estamos en territorio enemigo y ninguna medida precautoria es suficiente!
-Pues la última vez que te vi antes de que me sujetaras con esa cosa que llamas jutsu estabas apaciblemente reclinado contra el tronco de ese árbol, comiendo y descansando –lo amonestó Temari, con el ceño fruncido.
-¡Solo estaba disimulando para atraparlos! ¿Y qué tal si se trataba de ninjas del Sonido?
-¿Y qué tal si te esfuerzas un poco más para aprender a distinguir al amigo del enemigo?
-¿Y qué tal si dejas de hacer tanto problema por nada?
A Temari volvió a palpitarle la vena. Su hermano, no muy seguro de lo que estaba pasando entre esos dos, decidió intervenir.
-Dejemos esto para después, tenemos asuntos más importantes en qué pensar –señaló con seriedad. Los protagonistas de la áspera discusión parecieron oír sus palabras, porque al final destensaron sus contraídas facciones para concentrarse en la misión que tenían por delante. Para todos era obvio que de ahí en más trabajarían en equipo-. Creo que está de más decir que este asunto nos compete a ambos grupos por igual, ya que el honor de nuestras aldeas ha sido puesto en tela de juicio por la perniciosa intervención de terceros. Si estamos aquí es porque ya sabemos qué fue lo que ocurrió y tenemos como objetivo dar con los responsables.
-Supongo que partieron de Suna ni bien recibieron el mensaje que la Hokage envió –comentó Shikamaru.
-¿Mensaje? –indagó Kankuro, extrañado-. No, no hemos recibido ningún mensaje.
-Quizás el recado llegó cuando ya habían partido –acotó Ino.
-Por lo que dices, ha debido ser así. Salimos de Suna en cuanto comprobamos que las respuestas de la Hokage eran meras falsificaciones y después de que nuestros peritos determinaran el origen del material de los pergaminos.
-A Konoha llegó un mensaje cifrado el mismo día que te infiltraste –reveló Shikamaru con desgano, encontrándose con la mirada de Temari-. Me lo dieron alrededor de las siete de la tarde para descifrarlo y tardé casi cuatro horas en hacerlo. Se trataba de un anónimo que relataba todo el plan del Sonido para enemistar a nuestras aldeas. De inmediato me dirigí a la posada para informar a la embajadora, pero ella ya no estaba allí.
Temari sintió una punzada. Al fin de cuentas, ella era la que se había marchado sin dar ningún tipo de explicación. Esa vez las circunstancias jugaron en su contra, pero ¿en verdad no tuvo alternativa? ¿No habría podido urdir alguna estrategia para demorarse, para esperarlo? Maldijo para sus adentros. Sin embargo, era demasiado tarde para absurdas recriminaciones. Además, ya había pasado por ese estado de ánimo antes y había aprendido que no la conduciría a ninguna parte. Una vez reconocido el error, la única forma de salvar la situación era obrando lo mejor posible para repararlo.
-Supongo que entenderás que hice lo que tenía que hacer –intentó, mirándolo a los ojos.
-Yo no pienso nada –fue la seca respuesta de Shikamaru. Todavía le dolía lo que les había ocurrido. No es que la culpara, él mismo se sentía un idiota por no haber sospechado nada durante todas esas jornadas, lo que en verdad le molestaba era otra cosa. Para él no era fácil acusar el golpe, ese inusitado cachetazo que lo retrotrajo a la realidad de sus vidas, que le recordó que pertenecían a lugares diferentes y que cada uno estaba obligado a su Nación. Ése era el aguijón que se le había clavado.
Al escucharlo hablar en ese tono, Temari se crispó. Lo encaró con los brazos en jarra.
-Pues deberías dejar a un lado tu flojera innata y pensarlo –repuso, irritada.
-En cuanto dejes de lado tu propio orgullo y reconozcas que te equivocaste –contraatacó él, tan irritado como ella.
-No es cuestión de orgullo sino de deber, ¡el deber que todo shinobi le guarda a su Nación!
-¡El deber no nos exige cometer necedades!
-¡El deber nos obliga a tomar decisiones drásticas!
-¡El deber requiere pensar antes de actuar!
-¡El deber implica sacrificios!
Con incredulidad, los otros tres observaban alternativamente a uno y a otro, sintiéndose por completo ajenos a tan insólita escena. Ninguno de ellos podría definir si asistían a un mero cruce de opiniones, a un intercambio de pareceres sobre las lealtades shinobis o a una simple discusión filosófica. El primero que reaccionó fue Kankuro, fastidiado con semejante espectáculo. Sin lograr dilucidar qué demonios estaba ocurriendo entre su hermana y el estratega, decidió intervenir una vez más para cortar con el disparate.
-¿Quieren callarse de una buena vez? ¡Parece que se olvidan en dónde estamos y por qué! ¿Se puede saber qué diablos pasa entre ustedes dos?
Los otros apenas lo oyeron, estaban demasiado ocupados midiéndose verbalmente. El marionetista iba a volver a reprenderlos, cuando una discreta mano se posó con gentileza sobre su antebrazo, desviando su atención.
-Creo que los chicos necesitan un tiempo a solas para poder resolver sus asuntos –le dijo Ino con voz melosa, guiñándole un ojo. De la sorpresa, y también por el nerviosismo que le generó tener a semejante figura pegada a la suya, Kankuro se ruborizó. Intentó decir algo, pero la voz le falló. Ino se aprovechó de ello-. Ven conmigo, Kankuro kun, mientras esos dos platican yo te pondré al tanto del plan para llegar al escondite del enemigo… Resulta que tenemos la coordenadas exactas –le confió en voz baja, seductoramente, al tiempo que jalaba de él para alejarlo de allí.
-Oye, oye -murmuró Chouji, al notar el modo como su amiga manipulaba al confuso ninja de la Arena. Ino no tenía remedio... Decidió ir tras ellos, en parte para dejar a los otros a solas y en parte para vigilar que a la chica no se le fuera la mano.
-o-O-o-
El cielo estaba cada vez más oscuro y los grillos comenzaban a cantar, eso fue lo que pudo percibir Shikamaru durante el silencio que se hizo entre ellos mientras sus amigos se alejaban. Si era capaz de percatarse de eso en medio del exasperante remolino que se agitaba en su interior, entonces su cerebro todavía funcionaba. Qué espectáculo más bochornoso, qué discusión más torpe. También había podido racionalizar que dentro de poco tenían que comenzar a movilizarse, que no deberían quedarse demasiado tiempo en ese lugar o se expondrían a una eventualidad. Maldita sea, ¡tenía una misión que cumplir!, pero no podría ejecutarla hasta resolver primero sus asuntos amorosos… Patético.
Temari no se sentía mucho mejor. Al igual que él había notado que la noche se acercaba y que deberían estar concentrados en la tarea que tenían por delante, no obstante se encontraba ahí parada confrontándose con ese obstinado muchacho, ese chico que había puesto su mundo de cabeza… Y tan contenta que había vivido durante los últimos diecinueve años.
Suspiró. Siempre era así, cada uno quería tener la razón y expondría una batería de argumentos lógicos para imponerse. Eran tan parecidos y tan diferentes a la vez… Antes había pensado que en algún punto eran iguales, que la confianza era mutua, sincera e inquebrantable, que sus defectos no habían sido ningún impedimento para enamorarse. Sin embargo, bastaron tres condenados días de separación para que sus tozudas naturalezas se despierten, para empezar a considerar la posibilidad de que todo aquel entendimiento fuese producto de su imaginación. Ahora solo podía ver un obstáculo.
-Hice lo que tenía que hacer –repitió, obligándose a sonar normal.
-Tendrías que haber buscado el modo –farfulló él, sin dejarse convencer.
-¿Tú qué hubieras hecho en mi lugar?
-Habría pensado, habría demorado las cosas, ¡habría intentado hacer lo que sea!
-¡Pues disculpa por no ser tan inteligente como tú, señor sabelotodo!
-¡Pues disculpa por sentirme tan frustrado, señorita obsecuente!
Temari se crispó. ¿Obsecuente ella? Mocoso insensato… ¿Acaso no se percataba de que se sentía igual? ¿Es que no podía comprender sus motivos, sus circunstancias? ¿Tan mal había hecho al confiar en él? Porque si el sujeto no lo entendía, si no podía mirar dentro de ella, entonces era un idiota y nada valía la pena.
-Eres un imbécil –le lanzó, desahogándose de su propia frustración.
Ahora el que se irritó fue Shikamaru. Había pasado noches enteras sin dormir por su causa, se había enfrentado a la Quinta, se devanaba los sesos para encontrar el modo de arreglar su situación con ella ¡y encima lo insultaba! La escena le resultaba cada vez más inverosímil. ¿Era él quien estaba discutiendo con una chica en el medio de un bosque a kilómetros de distancia de su hogar? ¿Era él el que había sido insultado por una mujer que lo dejó plantado? Abrió la boca para contestarle, pero fue bruscamente cortado.
-Eres un idiota –continuó ella, encarándolo con ceñuda mirada, dando lentos pasos hacia él, obligándolo a retroceder-, eres un torpe, un egoísta, ¡un ninja vago hasta para pensar!
En este punto Temari empezó a empujarlo golpeándolo con una mano en el pecho. Shikamaru no lograba reaccionar. Retrocedía con paso torpe porque no podía ver donde pisaba ni hacia dónde se dirigía, solo tenía ojos para esa kunoichi que no dejaba de abrumarlo, de sorprenderlo. Su corazón se aceleraba, quería hacer algo pero todavía no sabía qué, superado por el insólito drama que estaban representando. Todo ello era inverosímil, completamente inverosímil.
-¡Eres un pesado, un sujeto desinteresado, un necio! ¡En lugar de ir a buscarme te echas a dormir y luego me paralizas con esa cosa!
-¡Yo quise ir a buscarte! –replicó él, al tiempo que su espalda chocaba contra un árbol.
En ese momento ella se detuvo, sorprendida por sus palabras. Shikamaru aprovechó la confusión de la joven para defenderse.
-Demonios, ¡siempre quise hacerlo, no he pensado en otra cosa desde que te fuiste! –exclamó con impotencia-. Pero había que investigar, asegurarse, ¡si dábamos un paso en falso empeoraríamos las cosas! Era demasiado problemático… Aun así lo hubiera hecho esa misma noche, Temari, ¡hubiera ido tras de ti de inmediato si no fuera porque… porque… -Shikamaru se cortó. Ahogó una maldición, disgustado.
-Porque tu deber era permanecer en la aldea –completó Temari.
Diablos. La realidad no cejaba, seguía pinchando en donde más dolía. El deber de un ninja… Sí, lo comprendía, claro que Shikamaru lo comprendía. Nunca la había culpado, él hubiese obrado de la misma forma aunque se lo negara, aunque no se lo reconociera. ¿Podría percibir ella cuál era su verdadera tribulación? Lo que lo hacía rabiar, lo que le jodía en lo más hondo, era lo irremediable de esa realidad.
-¿Tanto te molesta eso? –preguntó de pronto Temari, cortando su ensimismamiento. Por fin había logrado vislumbrar el desconcierto del chunin y cuán profundo había calado en sus corazones esa repentina separación. Definitivamente, este era el obstáculo que siempre había temido-. ¿Tanto te molesta haber tenido que cumplir con tu deber y esperar? ¿Tanto te molesta recordar quiénes somos y cómo vivimos? Hace tres días eras el sujeto más convencido del mundo, el más tenaz…
-No es que niegue lo que somos o cómo vivimos –la interrumpió él, mirándola ceñudo-. Yo no tengo dudas de lo que quiero, no tengo dudas sobre ti o sobre lo que siento, lo que me… altera son estas cosas que nos deshacen, Temari. Es una variable que está fuera de control, de mi control…
-¿Y tanto te costaría convivir con eso?
-Maldita sea, ¡sí! –soltó él, abriéndose por fin.
Temari se le quedó viendo, sobrecogida. Su franqueza fue tan contundente que casi la hizo tambalear. Pero no, no dejaría que eso suceda, que eso les suceda. Ella le interesaba a él y él le interesaba a ella, lo demás podía irse al mismísimo infierno. No estaba dispuesta a volver a flaquear a causa del destino, si no eran ellos mismos los primeros en asumir la realidad, en aceptarla con todo y azar, entonces jamás podrían sobrellevarla. Además, eso que tenían desde hacía años, eso que los vinculaba y que los reunía a pesar de la distancia y de sus deberes, también formaba parte de lo real, respiraba, sino no les hubiera dolido tanto. Era eso lo que tenía que hacerle entender, lo que tenía que hacerle ver. Tan reales como las cosas que los separaban eran las cosas que los habían traído hasta aquí. Se paró derecha y lo miró de frente, con seriedad, para intentar despabilarlo.
-Oye, mocoso, una vez me dijiste que todos confiaban en mí, que todos me esperaban –le recordó, con voz grave-. Lo que tratabas de decir era que entre iguales la confianza no se pierde, por más que la suerte intervenga modificando nuestras acciones o haciéndolas chocar con nuestras verdaderas intenciones. Dijiste que ante ciertas experiencias lo mejor es aguijonear para provocar el quiebre, y que esa era la única forma de aceptar lo que nos pasa y seguir adelante, con todo y frustraciones.
Shikamaru pestañeó, no muy seguro de hacia dónde quería llegar ella con ese prólogo. Tratándose de Temari, cualquier cosa podía suceder. Esa mujer sí que era una variable sin control en su vida, y con una era más que suficiente.
-Creo que sé cómo espolearte –continuó ella, arrugando el entrecejo-. Al fin de cuentas eres un maldito vago y reaccionas demasiado lento para mi gusto –y al decir esto, tomó su cara entre las manos y le estampó un ardiente e imperativo beso.
Lo dicho, era inverosímil. ¿Era él el que había estado discutiendo sobre el deber de un ninja, el que se había dejado empujar, insultar, y que ahora estaba siendo besado? Esa mujer lo enloquecía, en todos los condenados sentidos de la palabra. Sin embargo, esos labios presionando sobre su boca se sentían reales, muy reales.
Temari se desprendió al poco rato, sin alejarse de su rostro. De esa forma lo tenía cerca y podía solazarse con la visión del brillo de su mirada, de sus coloreadas mejillas, con su aliento cálido y agitado. Lo había extrañado tanto que no le bastaría ningún beso para compensar esas funestas horas de incertidumbre.
-Eres demasiado lento –le susurró para chicanearlo, acariciándole los labios con los suyos sin besarlo, de lado a lado, tentándolo-, demasiado lento…
-Qué problemática –farfulló él, tomándola con resolución de la cintura para cambiar de lugares y tenerla contra el árbol, pegándose a ella sin ningún respeto-. Qué problemática eres, mujer… –insistió, mientras se dirigía nuevamente hacia su boca y la asaltaba con arrebato. Sí que sabía cómo aguijonearlo, cómo quebrarlo.
Superado el primer ímpetu el beso se fue tornando más pausado, más profundo. Él le había atrapado la boca y había tomado el control de la maniobra, por lo cual ella tenía que luchar cuando quería dominar. Tal accionar los embriagaba, era una puja excitante, feroz y apasionada, a conciencia, que les arrancaba esporádicos suspiros de aceptación cuando eran vencidos, y de victoria cuando eran vencedores. Sus jadeantes respiraciones se entremezclaban, formaban parte activa del cálido vaivén de sus combativas lenguas. Y la contienda recién empezaba.
Ella se aferraba a sus hombros con fuerza, mientras dejaba que él recorriera su boca por dentro y por fuera con sus afanosos labios y su ansiosa lengua. Por momentos creía que era injusto, ella también quería hacerle sentir su deseo y hacerle saber cuánto la encendía al tenerlo de esa manera, entonces pugnaba con su lengua para posesionarse de sus sabrosos rincones, restregándose contra él para socavar su autodominio y obligarlo a ceder, dispuesta a averiguar hasta dónde podrían llegar.
-Descarada –dijo él con voz ronca ante semejante provocación.
-Abusivo –replicó ella, tan sensual que casi carbonizó la cabeza del ninja.
¿Abusivo él? Ni siquiera había comenzado. Las manos de Shikamaru volaron hasta sus pronunciadas caderas y se adaptaron con gran facilidad a sus curvas. La tomó de allí y la alzó, arrancándole un nuevo gemido de sorpresa que él apagó con su boca hambrienta. Mientras la devoraba, se acomodó mejor entre sus piernas. De ese modo, la tuvo más cerca, más íntima, dejándose envolver por ese calor que Temari traía consigo en la piel. El ardor y el placer de ese contacto lograron incluso que se olvidara de sí mismo.
Shikamaru se apretó contra su cuerpo y la besó extensamente, profundamente, sin dejarla intervenir, desafiándola. Ella captó muy bien el mensaje. Una nueva tregua fue necesaria, entonces los ojos retadores de él se posaron fijamente sobre los de ella, que no pensaba claudicar. Hablaron en incitantes murmullos, rozándose los labios.
-Pareces agitada, princesa.
-Pues tú no te ves mejor, mocoso desvergonzado.
-Si sigues hablándome en ese tono te irá muy mal.
-Oh, no sabes cuánto me asustan tus palabras.
Él se sonrió de lado con un gesto que a Temari no pudo parecerle más atractivo y tentador. El maldito mocoso…
-No sabes cuándo perder, ¿eh?
-Si no te aguijoneo no reaccionas, niño –le lanzó ella con malicia, sosteniéndole la mirada-. ¿Y esto es a lo que llamas una cita?
Eso fue demasiado para el chico, que también tenía su orgullo. La midió apenas unos instantes con la mirada, procesando esa nueva provocación en todo su significado, para poder responderle a la altura cuando arrasara sin piedad con esa boca insolente.
Primero le mordió el labio inferior, sin desenfocarse de sus ojos, luego capturó la totalidad de su boca, maniobrando sobre ella con total frenesí. La fiebre no tardó en envolverlos. Iban a hundirse una vez más en ese abismo de ensueño, cuando llegaron a sus oídos las confusas voces de sus amigos.
Se detuvieron en seco, sin podérselo creer. Otra interrupción… Lo bueno fue que esta vez estaban juntos. Mascullando maldiciones, procedieron a despegarse para arreglar con prisa sus manoseadas prendas y para sacudirse la pesadez de tanta pasión encarnizada. Ante tales evidencias, ninguno pudo negar que lo que los unía era bastante real.
-Ya verás la próxima vez –amenazó él, mientras se recomponía.
-Ya te dije que no te temo –aseguró ella, sonriéndole con desafío.
-Mujer testaruda.
-Niño lento.
Shikamaru iba a cerrarle la boca con la suya para demostrarle cuán lento podía llegar a ser, pero la llegada de sus amigos no le dio tiempo.
-¿Se puede saber qué tanto hablan ustedes dos a estas horas, cuando ya tendríamos que estar moviéndonos? –cuestionó bruscamente Kankuro, una vez que los tuvo enfrente-. No sé si lo recuerden, pero hemos venido hasta aquí para concretar una misión. Términos tales como "pergaminos falsificados", "mensaje cifrado", "aldea del Sonido" y… mmm… ¡ah!, ya sé: "apresar a los responsables", ¿no les dicen nada?
-¿Cuánto tiempo pasó? –le preguntó Shikamaru a Chouji, con disimulo.
-Casi una hora –respondió el interpelado a media voz.
-Qué problemático.
-¡A ver si entienden que esta no es una maldita reunión social! –terminó por refunfuñar el marionetista. En realidad no se sentía tan furioso por el retraso en la misión como por el hecho de saber que allí estaba pasando algo de lo que todos estaban enterados, menos él. Odiaba sentirse así de subestimado, detestaba que lo dejaran de lado.
-Tranquilo, Kankuro, Shikamaru y yo tenemos nuestros asuntos –le contestó Temari como si nada.
Semejante descaro a su hermano lo puso peor. Iba a preguntarle a qué clase de asuntos se estaba refiriendo, cuando el estratega habló.
-Ya es la hora, debemos irnos –indicó, ignorándolo-. La guarida se ubica en dirección norte, no podemos perder más tiempo. Vámonos.
-¡Entendido! –dijeron los otros tres, insensibles a la incredulidad de Kankuro.
Todos echaron a andar hacia el bosque para buscar un sendero por donde avanzar, tal y como habían planeado por la tarde. Kankuro permaneció quieto en el lugar viéndolos alejarse, pasmado ante lo insólito de la situación. ¿Lo habían ignorado? Era intolerable… Estaba seguro de que algo había pasado entre su hermana y ese ninja de Konoha, y que los otros lo sabían. ¡Si hasta se habían demorado para darles tiempo! ¿Pero qué demonios se traerían aquellos dos entre manos? ¿Qué tanto tenían que hablar un hombre y una mujer a solas? No lograba dar con la clave. ¿Acaso se trataba de un asunto tan complicado que ni él podría entenderlo? ¡Maldita sea! El joven se rascó la cabeza, confuso.
-¡Oye, Kankuro, mueve tus pies de una buena vez! –lo exhortó su hermana, a lo lejos.
Al susodicho le brotó una vena. Cuando quería, Temari se pasaba. Profirió una indignada exclamación y partió tras ellos, fastidiado.
¡Uff, cómo están estos chicos...!
En fin, gracias a todos por leer, por seguir llevándose esta historia a sus favoritos o alertas y por dejarme comentarios, a los cuales siempre respondo con mucha alegría, infinitamente agradecida por la constancia y el cariño :D
Espero que todos estén muy bien n.n Nos vemos en el último capi!
