La barquichuela se contoneaba en medio del inmenso océano, con sus ocupantes dentro, cada uno abstraído en sus propios pensamientos:
Jack pensaba en lo que se le venía encima, en si aún tenía alguna posibilidad de abandonar, y huir, como rezaba una de las primeras normas de los piratas. Y pensaba también en si huía como llevarse con él a esa mujer que le volvía loco.
Jasón pensaba en hablar con Cyrce en cuanto le fuera posible… tendrían que aclarar las cosas entre ellos.
Gibs, simplemente rezaba todas las oraciones que iban pasando por su cabeza, e invocaba a todos los dioses que conocía, al fin y al cabo, si había que morir luchando, por lo menos, dejaría su conciencia en paz.
Elia pensaba en lo que había visto su hermana al entrar en la habitación…
Cyrce iba tan ensimismada pensando en que le diría a su hermana que ni siquiera se paró a llamar a la puerta, cuando la abrió, la escena fue… indescriptible. En el centro de la habitación se encontraban su hermana… y el propio prometido de Cyrce. No hubiera resultado un problema, de no ser, porque se estaban besando apasionadamente. El pelo rojizo de Jasón caía sobre el rostro de su hermana, tapándole casi por completo, mientras ella le rodeaba el cuello con ambas manos. Cyrce les observó anonadada unos segundos, y entonces no queriendo interrumpir la escena se retiro hacia atrás, con tan mala suerte que chocó contra la puerta, haciendo que esta resonara contra la pared de madera del barco. Antes de que ninguno de los dos le pudiera una explicación Cyrce ya había abandonado la habitación. Había huido como llevaba haciendo durante toda la misión… durante toda su vida, incapaz de enfrentarse a los sentimientos que podían dolerla y hacer daño a los demás, siempre había agachado las orejas, y había dejado pasar las ocasiones, los lugares, los sentimientos, los amores….
Cyrce en la barca, mecida por el oleaje, pensaba y no pensaba, pensaba en Elia, en Jasón, en el amor, en Jack, en su beso, en el mundo entero, en porque siempre tenía que ser ella el sacrificio, … y no pensaba, porque quería alejar toda su lógica de esos sinsentidos y concentrarse en las pruebas. Metiendo las manos en el mar, haciendo un cuenco con ellas, recogió agua y se lo echó sobre la cara para despejarse.
Las barcas seguían avanzando, pero parecía que cuanto más querían acercarse a la Isla, más se alejaba esta de su alcance. Hasta que de pronto, sin más, las embarcaciones encallaron en la arena y sus ocupantes bajaron con gesto algo preocupado. La isla estaba completamente desierta, sin arbustos ni vegetación ni nada. Únicamente había una señal que marcaba el camino, y eran unas huellas de pasos sobre la arena. Llevaban hacia el horizonte, por lo que la tripulación se colocó en una línea y empezó a seguir las pisadas. Iba en cabeza Jack, tras él Cyrce, después de ella, Gibs, tras él Cotton, y Jasón, y por último Elia. El resto de tripulantes había regresado a la Perla por orden estricta de Jack.
Los seis iban en fila, sin cambiar de rumbo, cuando de pronto, Cyrce tropezó y cayó a un par de pasos de donde marcaban las pisadas. Se levantó del suelo y miró a su alrededor, de pronto el paisaje había cambiado por completo: hierba verde y árboles se levantaban por doquier, había cascadas y fuentes por todos los sitios, las flores llenaban el aire con sus perfumes y los pájaros cantaban. Era el propio edén, pero lo que realzaba más este hecho y dejaba con la boca abierta a Cyrce era (tirando de algo que me gusto mucho de la tercera peli) la cantidad ingente de Jack Sparrow que había por todos los sitios, mirase donde mirase había un capitán mirandola a ella: tiernamente, con sonrisa provocativa, sin camisa, completamente vestido, repleto de tatuajes… Cyrce no podía articular palabra y de pronto, todos ellos comenzaron a llamarla… con esa voz sensual propia del capitán Jack Sparrow cuando deseaba conseguir algo "Cyrce, Cyrce".
Solo habían pasado unos segundos, pero tras ver la cara de Cyrce, Jack salió del camino y se colocó ante ella, empujandola para que volviera a la línea que debían seguir… craso error, porque entonces fue él el que se quedó fuera. Su paraíso era algo diferente al de Cyrce, mucho más tropical, con palmeras y tumbonas, con sonidos de tambores a lo lejos y con mucho ron. Pero en algo sí se igualaba al de ella, y era que de pronto, mirase donde mirase Jack, solo veía a Cyrce, con una sonrisa socarrona, con una caída lánguida de pestañas, repleta de tatuajes… pero solo ella.
Una de las muchas humanas-sirenas se acercaba a él, la sirenia, vestida de tules azules y grises, caminaba sensualmente, con pasos felinos. Le extendió las manos, y a punto estaba de abrazarla tiernamente… el resto de la línea no veía absolutamente nada de lo que veía el capitán, por lo que algunos de ellos, estuvieron a punto de salir del camino establecido para ayudar a su capitán, pero antes de que movieran un solo pie, Cyrce los detuvo con un solo gesto. El pirata oyó una voz tras él que le llamaba cálidamente:
Jack, Jack… estoy aquí.
Se volvió y vio a Cyrce extendiéndole los brazos, como la otra, pero esta… estaba vestida como él… le hizo gracia el gesto y se lanzó a por ella, consiguiendo reincoporarse al camino, pero al pisar de nuevo la arena, parecía que tenía la mirada perdida, así que la mujer sujetándole el rostro, le acercó a solo unos milímetros de su cara, hasta que el murmuró su nombre, y poco a poco, paso a paso, él caminando hacia atrás y el resto hacia delante fueron recorriendo los metros que les separaban del otro lado. Varias veces pareció que alguno de ellos quería salirse fuera, porque las llamadas como oro, ron, joyas, hombres, o cosas así, querían apoderarse de ellos.
Cuando ya se observaba el arco que les llevaría a la siguiente prueba, de pronto, cuatro bailarinas aparecieron danzando y cantando las maravillas del paraíso de Gaia. Elia se giró rápidamente a los hombres y gritó por encima de la maravillosa voz de las ninfas:
- TAPAOS LOS OÍDOS.- Cyrce miró a Jack y le susurró al oído lo mismo, aunque parecía que el pirata no había oído siquiera se había percatado de que había cuatro doncellas ligeras de ropa bailando a su alrededor.
Las dos hermanas se miraron y con un asentimiento de cabeza mutuo, comenzaron a entonar una melodía que consiguió hechizar a los hombres que tenían alrededor para que las siguieran a ellas. Cuando ya los primeros habían pasado la puerta, y solo quedaba Gibs y Jasón, dos de las damas, sin querer renunciar a sus presas, les echaron collares de flores por encima, mientras les susurraban al oído. Entonces la canción de las sirenas se tornó un grito agudo y penetrante, que rompió los tímpanos de las ninfas que huyeron despavoridas, consiguiendo así que Gibs y Jasón traspasaran el arco.
La primera prueba había sido pasada, ahora volvían a encontrarse en una estepa arenosa, no se veía nada ni antes ellos ni tras ellos, únicamente un cofre a un par de pasos. Jack recomponiendose un poco, se acerco a él y le abrió con la espada sin querer siquiera tocarlo. Un papel reposaba en el fondo. Jack lo tomó y leyó lo que ponía con cuidadosa letra:
Si estáis leyendo esto, es que habeis superado la primera prueba. Enhorabuena, no todo el mundo sale del Jardín de las Hespérides ileso, después de haber visto reflejado en sus fuentes al amor de su vida. Ahora, deberéis sumergiros en el mundo de Calypso, tomad la poción que hay bajo esta carta y podreis respirar con normalidad bajo el mar.
Suerte heredero.
Jack tomó la botella de líquido transparente y la observó para después mirar alrededor. LA SEGUNDA PRUEBA COMENZABA.
WENO, NO sé que os habrá parecido el jardín, a mí un poco chuchurrio, pero weno, no sé que haré al fin… si lo cambiaré o algo, en la escena en lo que Jack va a por la Cyrce real, hubiera quedao bien un beso no?? Agradezco opiniones aunque sean tomatazos virtuales. Besos. Aura.
