Para cuando dejaron de contemplar edificios, ya había anochecido hacía rato y el cielo se había tornado negro y nuboso, con tímidas gotas salpicando por el lugar.

El agua empezó a caer cada vez más fuerte en todo el viaje de regreso a casa de Aliza, para ser una tormenta de película cuando él estacionó su auto cerca de la puerta.

Samuel había pensado en intentar poner el auto sobre la vereda, para que la dama se mojara lo menos posible, pero ella lo detuvo.

- Apaga el motor ¿Quieres?- Pidió ella.

Samuel lo apagó, quedando quieto, ambos dentro del auto.

Se podían oír las gotas furiosas chocando contra cada superficie metálica del auto, escurriendo velozmente por el parabrisas y ventanillas, e incluso contra el pavimento que empezaba a cubrirse de agua.

Era una de esas tormentas torrenciales que causaban hasta temor.

El cielo estaba negro, el agua lucía como infinitas cintas por todo alrededor, salpicando, generando charcos en todo lo posible, y un fenómeno de luces en el cielo, saetas chisporroteantes, que traían luego su poderoso concierto sonoro, que entraba en lo más profundo del alma.

Y a pesar de un clima tan épicamente preocupante, Drake la vio mirar las luces, disfrutar los sonidos. Él se apoyó en el respaldo del asiento, contemplando a la mujer de la misma manera que ella al clima.

- ¿Te gustan las tormentas?- Murmuró él.

- Mjm- Asintió- Todo el mundo parece igual de frágil e indefenso frente a una tormenta. Me hace sentir un poco menos… inepta.

Tras un poderoso trueno, todas las luces a la redonda se apagaron. Las casas, las calles, todo. La oscuridad pintada de lluvia e iluminada por el azote de la naturaleza. Una pequeña lucecita en el techo del auto era lo que los apartaba de las sombras.

- Chúpate eso, humanidad- Sonrió ella.

- Wao- La miró, enamoradamente- Tienes una sonrisa preciosa. ¿Por qué casi nunca ríes?

- Porque nada me causa gracia- Ella se arqueó de hombros.

- ¿Nunca? ¿Nada de nada?

- Si, a veces… Pero no soy buena captando bromas…

- ¿Hay algo que te cause risa en específico?

- Bueno…- Pensó, antes de sonreír suavemente- Cuando veo un animal hacer una tontería, si… Oh, y los sarcasmos. Bueno, nunca los capto cuando van hacia mí, lo que es absurdamente obvio, pero cuando los hago yo, o veo a terceros, sí. Es cómico ver que la gente no se da cuenta cuando los tratan de tontos.

- ¿En serio?

- Tu dime- Sonrió apenas.

- Oohhh- Entendió- Bribona…

Aliza empezó a reír. Samuel descubrió que su risa era adorablemente tierna, sumamente delicada. Sus ojos se reducían a un par de líneas y sus pómulos se encendían como un par de soles. Su rostro entero se endulzaba y se embellecía de una manera casi ilógica.

- Permiso de contacto invasivo- Pidió él.

- Concedido- Sonrió.

Drake se acercó, pasó el brazo por su cuello, acercando su cabeza y besó su maraña de rizos.

- Adoro verte reír- Le dijo- Te iluminas. Me hace feliz verte feliz.

- Gracias- Rio, suavemente.

Y por una media hora, ambos se quedaron en silencio, tranquilos y cómodos, mirando la lluvia torrencial que lentamente se apartó, y la oleada de electricidad que volvía a las casas.

Si ese había sido el fin del día, había sido muy bueno.

Ya era la segunda semana que Amily asistía al psicólogo. Por suerte había encontrado un profesional acorde a su condición, correcto, amable y poco invasivo, de amplia experiencia tratando a pacientes con Asperger. Y en esos días había logrado darle consejos muy válidos para mejorar. Por supuesto, no estaba dándole la "cura", sobre todo porque no tenía cura, y por qué ella no lo necesitaba. Como el profesional había dicho "Eres superior a los demás, en mil cosas, pero tus pequeñas falencias, lamentablemente, son las más obvias en esta sociedad. Te ayudaré, no a rebajar tus habilidades superiores, ni en darte poderes que no tienes. Mis consejos están enfocados en tomar esas cosas que no marchan tan bien en ti. Mis consejos no son la cura, son herramientas, no son para arreglarte, sino para mejorar tus habilidades."

Y ahora, estaba frente a una tarea que su psicólogo le había encomendado. En la casa de Drake. Primera dificultad, ya que no era su sitio cómodo. Debía estar allí, para acostumbrarse a dejar su caparazón protector.

Además, Samuel quería llevarla a hacer algo que tampoco le daba tranquilidad.

- No quiero ir…- Se quejó Aliza.

- Aly… Sera bueno para ti…

- Eso no evita que no quiera ir…

- ¿Recuerdas que dijo tu psicólogo? "No es para arreglarte…"

- "Es para mejorar tus habilidades"- Bufó- Lo se…

- Y a Elena le daría mucha ilusión verte, aunque sea un par de minutos… Es su cumpleaños, linda, y está embarazada. Si la abrazas sería el mejor regalo del día.

- Que molesto eres…

- Es por que te amo- Le sonrió cerca.

Ella resopló. Era muy insistente con eso.

El cumpleaños de Elena era en su casa, y por suerte no implicaba a nadie más que su familia.

Aliza esperó que ambos hermanos se juntaran para hablar, para así poder acercarse a Fisher.

- Elena…- Murmuró ella, mirando al suelo.

- Dime Aly- Sonrió la cumpleañera.

- Feliz cumpleaños- La miró, tratando de recordar los consejos.

- Gracias…

Amily la estrujó velozmente en un abrazo fuerte, que al ser tan grande de tamaño, dejó a la pequeña Fisher envuelta. La estrujó levemente, tratando de durar lo necesario como para no ser incómodo.

La soltó. Fisher estaba emocionada, ya que ella no le daba abrazos a nadie. Era un regalo invaluable.

Samuel había visto todo y se quedó hablando con su hermano, feliz. Pero entre conversaciones, se perdió en el tiempo. Cuando se percató, Elena se había incluido a la charla y había pasado más de una hora.

Él se asustó. Aliza no estaba. No la había visto nunca más. Preguntó, pero ninguno de los dos la había visto. Aterrado salió de casa, se subió a su auto y manejó como loco hasta la casa de Aliza.

Golpeó la puerta, miró la madera abrirse pausadamente, con Amily atrás. Se alivió levemente. Ella estaba bien.