Mai Notes: Jo, me demoré muchísimo más de lo que suelo, ¡¡¡mil disculpas!!! Las explicaciones se las doy al final del capi, es que tengo que comentarles algo que me tiene muy molesta, y lamento hacerlo por aquí, sinceramente. Anda deambulando una personita por esta página que se ha dedicado estos últimos días a basurearme por msn y hasta se ha tomado la molestia de mandarme PM's ofensivos. Intenté hablar con este ser, y la explicación que me dio por tanta mala onda es que... soy chilena. Y como si fuera poco, no contenta con eso anda molestando a otra amiga mía chilena que escribe aquí (Kuchiki-Jae). ODIO que me maltraten gratis y no me den un motivo coherente; tal vez haya muchas razones para detestarme, pero mi nacionalidad no es la opción, así que a esa persona le digo (y sé que está leyendo, pues al parecer ha leído todos mis fics y ha sido muy enfática en recalcarme su modesta opinión: que no tienen calidad alguna, son una porquería de pies a cabeza y que como escritora me muero de hambre. Además, me ha puesto un investigador privado porque sabe que mi madre no me quiere, que mi novio me engaña y ha descubierto mi profesión privada nocturna. Y yo que me esmeraba tanto en esconderla...) que NO SE MOLESTE en seguir ofendiéndome, ni a mí ni a mis compatriotas fikeros o lectores. Se necesita mucho más que un par de calificativos barriobajeros para deprimirme, y la cruel verdad para ti es que, si un terremoto no me mató, no lo van a hacer tus malas intenciones. Así que ahorra energía, y déjanos en paz.

Pasemos rápidamente a saludar a las gentes que dejaron review en el capi diez, y esta vez sólo los nombraré porque he dedicado mucho Word en esta chica que, lo siento por todos sus compatriotas y por la raza humana en verdad, es argentina, de paso. (NOTA AMPLIADA: ¡¡Dejó un review la muy descarada!! Pero respeto su opinión xD. Se hace llamar TATH, o algo así. Pasen y vean, no lo he borrado porque, al fin de cuentas, igual me hace crecer la suma :) )

Fervientes gracias por su hermosa, sincera y bien fundamentada opinión a: Makiko-maki-maki, aLeKuchiki-zr, SakuraxJenyxRukia, IxSaku-chan, seeeRia;D, miaka-amuto, Hikari Evans, kia, Sakura-Jeka, yaam-chan, yoxxa, Syrah.258, jessy moon 15, Jealulú, helenhr, metitus, ghost iv, Mora-Diita, T-Annita, .Ro0w'z. y yosita.

Así las cosas, pasemos a lo que de verdad importa: El fic. Que trae un poco más de IchiRuki para quién quiera hundirse en las mieles de malos amores XDD.

Disclaimer: Bleach no es mío. Ni tuyo. Ni de nadie. Se escribe solo y tiene voluntad propia.


Session XI

Catarsis



Ichigo no había sido jamás un hombre violento ni lo sería, no estaba dentro de los parámetros de su naturaleza pacífica.

Pero por Dios que, cuando abrió la puerta de su consulta y vio tras ella a Orihime, le dieron unas súbitas ganas de abofetearla.

—Hola —saludó fríamente, sin pretenderlo. Joder, ¡ella no era la culpable de estar interrumpiendo su propia ceremonia de colocación de cuernos!

—Ichi... —apenas vio la cara de su novio, la colorina supo que había llegado en mal momento. Y no se lo esperaba, pues para ella nunca era un mal momento, hasta ahora. —Yo... escuché el reloj y pensé que habías terminado ya, por eso golpeé...

Ni siquiera sabía por qué se estaba justificando, era absurdo. No había cometido ninguna torpeza, es sólo... la cara del joven, el aire, el ambiente. Estaba irrespirable, como si hubiera interrumpido un momento muy tenso.

Echó un breve vistazo al interior de la oficina, y la expresión catatónica de Kuchiki Rukia se lo confirmaron.

Rukia... la sola presencia de esa mujer la irritaba. Entró a la consulta como un vendaval y saludó con agresividad.

—Hola, Kuchiki. ¿Qué tal la terapia?

La morena le miró espantada. Vio de soslayo que la puerta estaba abierta y, como si fuera la mejor de las invitaciones, se lanzó hacia ella sin decir agua va. No miró a nadie ni se despidió. Era rarísimo.

—¿Y a ésta qué le pasa? —preguntó Orihime con carita inocente. Ahí tenía sus confirmaciones: algo había estado pasando por aquí y las huellas del delito, al parecer, estaban frescas. — ¿Ichigo? —llamó, al ver que su novio miraba paulatinamente el diván y el punto lejano que ahora representaba su paciente, perdiéndose por la salida del edificio.

—¿Qué haces aquí, Orihime? —su pregunta fue seca y directa, y evidenciaba el profundo disgusto que le ocasionaba tenerla allí EN ESE MOMENTO.

—Bueno, yo... vine para que me ayudes con unas dudas de la universidad —mintió a toda velocidad. No creía que a Ichigo le hiciera feliz saber que a partir de ahora estaría bajo vigilancia... —¿Tienes tiempo?

El pelinaranja suspiró, frustrado. Era evidente que su minuto de iluminación divina había terminado, por lo que ahora debía volver a la realidad y calmarse. Era tan fácil como pensar que le habían dado el delicioso postre por adelantado, y ahora tenía que comerse el asqueroso almuerzo, consistente en... algo repugnante, vamos... Algo como panitas con zapallo italiano, lengua de vaca, criadillas, sesos, cucarachas fritas... Sí, eso estaría bien.

Compuso la mejor de sus caras para responder.

—Para ti tengo todo el tiempo del mundo. —y un poco de esa sonrisa tentadora no estaría nada de mal... Perfecto.

Orihime contestó el gesto con otra sonrisa igual de encantadora e igual de falsa.

Había hecho bien en seguir el consejo de Tatsuki: Las batallas por el amor no están perdidas hasta que la toalla blanca está al medio del ring.

Ella amaba a Ichigo con todo y contra todo, y no iba a permitir que ninguna enana flacucha lo engatusara con traumas estúpidos.

Iba a pelear.

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Rukia traspasó el umbral de su puerta y, acto seguido, la cerró de un golpe y se apoyó en ella, exhausta. Había corrido todo el camino desde la consulta de Kurosaki hasta su departamento, y ahora que se encontraba en la seguridad de su hogar, fue libre de cogerse la cabeza en un gesto desesperado mientras resbalaba por la puerta hacia abajo, quedando sentada en el suelo.

La pregunta que circulaba por su mente no era "¿Qué había hecho?", porque eso estaba suficientemente nítido en su memoria y no quería evocarlo. Sino más bien se preguntó "¿En qué tipo de persona se estaba convirtiendo?"

Y es que ¿cómo se le llama a una chica que, teniendo novio y planes de matrimonio (por más lejanos que éstos sean) va y se empieza a besar con otro hombre que, ya de paso, también tiene novia? ¡¡Y por dios, la chiquilla Inoue los había encontrado en pleno acto!! Tenía ganas de llorar. Ella siempre supo que esto de las terapias no era conveniente, ahora había confiado en un psicólogo depravado que, a la primera señal de debilidad de ella, iba y se le arrojaba encima en plan seductor.

¡Por eso también odiaba llorar! Claro, cuando una tiene la retaguardia baja y el ánimo destrozado, lo único que quiere es un poco de consuelo, alguien que le sirva de ayuda, que le contenga... Y en ese estado, una suele aceptar lo que sea.

Tuvo que recordar que fue ella la que jaló a Kurosaki y lo besó intempestivamente. ¡¡Demonios, ella lo besó!!...

Y el motivo por el cual se sentía como una mierda, era porque, muy en el fondo...

Lo disfrutó.

Le fascinó y le atrapó, y si no fuera por Renji, va y lo besa de nuevo.

...

—Ah, no...

Se golpeó la cabeza contra la puerta, aún derribada contra ella. Tenía la moral muy baja, y descubrir que ella también tenía pensamientos depravados hacia el buenazo de su médico, le hacía desear sumergirse en ácido, a ver si sus neuronas establecían de nuevo el orden correcto de sus prioridades.

Vamos, que no podía echar todos sus planes por la borda por una simple calentura... No podía estropear su vida, y agregarle una culpa más a sus espaldas sólo por dos minutos mal procesados...

Sí, ése era el pensamiento correcto. Y de seguro, sería el pensamiento de Kurosaki cuando lo volviera a ver.

A propósito... ¿cuándo lo volvería a ver? No lo pregunta con el fin de tener otra oportunidad de darse el lote con él, sino... porque no quedó claro... ella tiene que seguir con la jodida terapia para que algún día llegue la feliz hora de casarse con Renji y así olvidar este momento de mierda. Era sólo por eso.

Tenía que consultárselo, hacer de tripas corazón y hablar con él, intentando ignorar que ella había probado esa boca exuberante...

No, tenía que alejarse. Huir de la ciudad, tal vez. Pero si hacía eso, Byakuya iba a colgarla...

Bueno. Tenía que ser UN POCO madura al menos, y enfrentar el entuerto en el que ella misma se metió. Pero no era necesario ver la burlona cara de Ichigo, que de seguro habría de tener una mirada del tipo "Vaya, al fin caíste". No, no tenía que hacerlo. Tan sólo tenía que llamarlo, o escribirle un mensaje de texto. Tiene el número de su móvil desde que Byakuya lo había conseguido para atenderse, antes de que empezara todo esto. Y este era un buen momento para usarlo...

Pero su mundo se volvió a poner del revés en cuanto fue a coger el celular, que estaba en su bolso.

¿Cómo podía ser TAN imbécil?

—No puedo creerlo —murmuró, absolutamente decepcionada de sí misma. Cuando huyó de la oficina de Kurosaki, al ver a Orihime allí se desesperó y lo único que pensó fue en escapar, salir de ese horrendo lugar... —Y me dejé el bolso sobre la mesita, al lado del diván.

Hizo chocar la palma contra su frente, en un gesto de derrota.

Al parecer, el mundo le tenía una bronca inmensa por lo que acababa de hacer, y la iba a enfrentar sí o sí al objeto de sus deseos más oscuros y recientemente descubiertos.

Poniendo cara de mártir, se incorporó, abrió la puerta de su departamento e inició la marcha de vuelta al lugar de donde vino, totalmente desmoralizada.

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Al final de la jornada, Ichigo no estaba muy seguro de haber convencido a Orihime de que todo estaba bien. Es más, estaba llegando a pensar que ella sí se dio cuenta de la enorme metida de pata que se mandó hace dos días, cuando estaban en plan romántico en el departamento de ella.

No había otra explicación plausible. ¿Por qué a ella le había dado por aparecerse justo ahora, en que estaba en sesión con Rukia? Esa muchachita estaba resultando tremendamente intuitiva y perspicaz, y la posibilidad de tener sus cinco sentidos sobre él, espiándolo y acechándolo en cada acción, le hizo estremecerse.

Inoue Orihime podía ser demasiado intimidante si la tenías descontenta, y recién ahora se venía a dar cuenta de eso. Cuando él ya le había dado oficialmente las llaves de su intimidad.

Pero fuera de sentirse ad portas de una encrucijada de difícil salida, se sentía poco menos que en las nubes. Y el recuerdo de su novia dejó de torturarle por un buen momento.

Esa tarde había besado a Rukia. No lo había calculado, y ni siquiera se había puesto a pensarlo, pero ya llevaba rato deseando que eso pasara. Y su subconsciente lo notó, y le mandó señales subliminales para que él se percatara. Claro, que su inepto subconsciente escogió el peor momento para evidenciarle el hecho de que deseaba a Rukia: cuando estaba con Orihime, y ahora ella no le dejaría en paz ni un momento.

Es ahora cuando creía en el instinto femenino, a pesar de renegar contra él.

Se sentó de cualquier manera en el sillón donde se situaba a psicoanalizar a sus pacientes, tapándose la vista con la mano derecha a modo de visera (podía presentir el dolor de cabeza) y riendo entre dientes, como un escolar que ha robado el examen final de la mesa de su profesor. ¿Qué haría ahora? Tenía que pensarlo fríamente. Él no era un estúpido, sabía lo que quería y era lo suficientemente maduro como para aceptarlo, lo suficientemente consciente como para resignarse a un hecho sin escapatoria. Pero ¿cómo reaccionaría Rukia? ¿Se alejaría, aterrada de descubrir que siente algo parecido? ¿Volvería por un segundo round?

¿O estaría buscando otro psicólogo para, de manera digna y sencilla, expulsarlo a él de su vida?

La idea le aterró. Pero no me refiero a un eufemismo, no. Le aterró de veras, tanto como cuando descubrió que su madre había muerto, hace unos veintidós años atrás, y que no volvería. No podía permitir eso, no ahora.

Como un poseso, se apresuró hasta el escritorio y buscó entre sus cosas su móvil. Si era necesario, iba a rebajarse y llamarla, cualquier cosa menos dejarla marchar. Hurgó entre las fichas de sus pacientes, guardadas en la gaveta de la mesita, la información básica de Rukia. Estaba seguro de haber registrado su número en algún lugar, desde esa vez que ella lo llamó para pedir atención psicológica... Bingo, ahí estaba. Marcó tan rápido que sus dedos se tornaban invisibles. Ojalá ella no reconociera el número y le cortara.

Y tras breves segundos en que el celular hacía contacto, un zumbido persistente le llamó la atención, desde algún lugar cercano al diván.

La sonrisa se le hizo demasiado grande como para caber en su cara, y los ojos le brillaron de contento. ¡Rukia se había dejado el bolso en la consulta! ¡¡¡GRACIAS, DIOS!!! Entonces era seguro que volvería. Habría muchas cosas valiosas en esa cartera, cosas que ella no querría perder, cosas dignas de ser rescatadas aunque tuviera que volver... así que el asunto sólo se reducía a volver a sentarse al sillón y esperarla. Bendita sea la ley que hace que las mujeres amen tanto su cartera.

Ah, pero antes... metió una mano dentro con suma reverencia, sin cortar la llamada, hasta dar con la fuente del zumbido. Cuando alcanzó el móvil de Rukia, lo sustrajo y borró la reciente llamada que había hecho.

"No hay necesidad de perder la dignidad tan luego", pensó. Y lo dejó donde estaba, o por ahí cerca.

Lo dicho, se sentó en el sillón junto al diván y, como si fuera magia, a los cinco minutos había alguien golpeando a la puerta.

Abrió con tal expresión de júbilo, que Rukia no pudo hacer menos que sonrojarse, al ver su ancha sonrisa.

—Volviste... —murmuró Ichigo con adoración. Sin embargo, ella le vio con mala cara y no dijo nada, sólo ingresó a la salita.

Él la siguió con la mirada, cómo cogía el bolso por la ancha tira de cuero en la que se lo enganchaba al hombro, y se lo mostraba por toda explicación.

—Sabes que preferiría bloquear todas mis tarjetas, sacar documentos nuevos y comprarme otro celular antes que venir a buscarlo... —dijo Rukia, con gesto de fastidio.

—Lo sé.

—Pero el bolso en sí es una reliquia. Pertenecía a Hisana.

—Oh, si quieres puedes volver al diván y terminar aquello que empezamos.

Rukia le volvió a mirar con indignación. ¿De verdad Kurosaki podía ser TAN descarado?

—Me refería a la terapia, bonita. No te hagas falsas ilusiones.

Lo mataba. Vamos, que lo mataba aquí y ahora, y nadie se enteraría. Tal vez sólo Orihime, pero en cuanto ella se enterara de que ÉL la había besado, entonces ella también desearía eliminarlo.

Pero antes muerta que la colorina poniéndose de su parte.

—¿Qué... qué dijo tu novia? —preguntó, poniéndose intensamente colorada. Era una buena pregunta para comenzar, y así él sabría que ella no iba a negar nada de lo que había pasado. Sí, era un buen comienzo.

Ichigo la tomó de la mano con toda la intención de sentarla en el diván para que pudieran conversar. Y extrañamente, Rukia no malinterpretó el gesto, sólo se dejó llevar. Por algún motivo sobrenatural e incomprensible, esos dos estaban hablando el mismo idioma, y entendían que sus acciones conducían al mismo fin.

—Nada, ¿qué iba a decir? Ni se dio cuenta...

—Por favor, sabes que sí se dio cuenta. Lo sé yo, que lo sentí cuando me miró. Cree que le estoy robando a su hombre, qué horror.

—¡Pero Rukia, si eso ES lo que estás haciendo! Qué descarada...

—¿¿Qué?? P-Pero...

No había nada que refutar al respecto. Era un postulado que no necesitaba comprobación, simplemente ambos lo sabían. Se gustaban, en algún aspecto muy carnal de la palabra.

Sin embargo, aún existía un fundamento al cual apelar.

—Pero esto está mal, Kurosaki. Lo sabes.

—¿Quién escribió las normas del bien y del mal? —contraatacó él, poco dispuesto a soltar el pedazo de carne ahora que lo había agarrado.

—Pues... la gente, la vida, la moral... —se estaba fastidiando. Él no parecía sentirse culpable, entonces ¿por qué ella se llevaba toda la carga? Ah, claro... —Tú tienes a tu novia, que te ama incondicionalmente, yo tengo a mi novio, que tamb...

Espera, espera un momento. Cuando Rukia vio la cara desfigurada del psicólogo estrujarse en una mueca de incomprensión, se acordó de que él no sabía que había vuelto con Renji.

—Es que... —explicó a toda velocidad, esquivando su mirada severa. —Renji me perdonó, ¿sabes?

—¿Cuándo? —inquirió él, de peor humor que hace un rato.

—Bueno... hace un par de días. No te había querido contar... —sentía los ojos del médico fijos en ella, lo cual no ayudó en su simple intento de explayarse del modo correcto.

—Por supuesto, yo no tengo derecho a saber algo así, pero tú pudiste escudriñarme la vida entera en la primera sesión.

—Hey, es sólo lo que yo quiera contar, con las palabras y omisiones que desee, ¿recuerdas?

Una vez aclarado ese punto, la cara de Ichigo pareció recobrar su aspecto normal.

—Tienes razón. Perdona, es que... no me gusta la idea de compartirte con el tal Renji.

Rukia se echó a reír, pasmada. Y aunque abrió unos ojos enormes, se sintió mucho más cómoda. Le agradaba la sensación de que estaba hablando de este impasse con una persona madura y consciente de lo que quiere.

—Jo, ¿un besito y ya soy tuya?

Por supuesto no contaba con que Ichigo era todo personalidad, y él, ni corto ni perezoso, se ocupó en acortar las distancias entre ellos de nuevo. No sabía lo incómodos que pueden ser dos metros.

—Claro que no, pero... —le pinchó la nariz con su dedo índice en un gesto claramente burlón. Pero Rukia dejó de sentirse ofendida cuando vio la cálida sonrisa en el rostro del pelinaranja, y algo en su estómago dio una voltereta loca. —me alegra descubrir que, tal como pensaba, te conozco bien.

—¿Qué quieres decir con eso? —repuso ella, confusa. —Nos conocemos de hace dos semanas, como mucho.

—Pero sabía que no saldrías corriendo como una criaja caprichosa en cuanto te besara. Sabía que serías lo bastante madura como para enfrentar el dilema. —hubo más de esa sonrisa involucrada en esa breve explicación, pero era tan natural, tan sincera... como las que le salían al hablar con Orihime tiempo atrás. ¿En qué minuto se dieron vuelta tanto las cosas?... —Ah, y el psicoanálisis dice mucho de una persona, creas en ello o no.

—Por supuesto, por supuesto. ¿De qué otro modo?

Hubo un minuto de silencio entre ambos jóvenes que no fue incómodo, sino más bien imperceptible. Los dos tenían sus propias cosas en la cabeza.

—¿En qué te quedaste pensando? —preguntó Ichigo, sumergido en una fascinación poco habitual en él. Normalmente es capaz de predecir de qué manera pueden reaccionar sus pacientes, pero Kuchiki Rukia era todo un enigma para su persona. ¿Tendría algo que ver en su percepción tan mágica de la chica? Con sus ojos inciertos, su mirada misteriosa y todo su porte majestuoso...

Oh oh... estaba caminando directo a la senda de la perdición.

Pero ella le contestó en un susurro apagado que le hizo retomar la atención en la conversación.

—Pienso en dos cosas, Kurosaki. Una mejor que la otra.

—¿Se puede saber?

—Bueno, la primera y más sensata... es que ya debería irme. He venido a recuperar mis cosas y lo he hecho.

Rukia levantó la vista hacia él. Se podía leer fácilmente en sus ojos el conflicto que, posiblemente, le signifique la idea que viene.

—¿Y la segunda? —inquirió el médico con curiosidad. —Deduzco que es menos sensata que la anterior... quiero saber.

—¿Algún día... —ella se detuvo en mitad de la frase, insegura de querer continuar. No... ella deseaba continuar, quería que Ichigo supiera, pero... no era correcto darle más alas a esta locura. He ahí el dilema. —...podré llegar a conocerte tanto como tú me conoces a mí?

Él se quedó de piedra. De nuevo una reacción que no se esperaba, pero contra todo pronóstico, le encantó la idea de su paciente favorita.

—¿Te parece un buen comienzo el jueves a las tres? —propuso, juguetón.

—¿En plan sesión?

—Si prefieres una cita, sólo dímelo.

Tras breves segundos en los que Rukia sopesó sus opciones, se decidió por una alternativa razonable, ya que por un día bastaba de incoherencias.

—No, gracias. Prefiero la sesión.

Ichigo levantó las manos en plan rendición. Pero a él también le pareció bien. Era una decisión cauta, signo de que, esto que está empezando (cualquiera sea el nombre que tenga), Rukia quiere cuidarlo. O bien, no lastimarse en ello.

Él no quería lastimarla, por lo que la dejó hacer.

—Como tú quieras.

La mirada brillante de Rukia y su sonrisa cómplice radiante eran el mejor precio, uno que pagaba todo lo demás. Y cuando ella se marchó, la estancia volvió a quedar vacía. O al menos eso le parecía al chico parado en mitad de la misma, superado.

"No me estoy enterando, pero parece que ya estoy en el bote..."

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"¿En qué momento metí un pie al agua y me ahogué?"

Ésa era la duda existencial que ocupó la mente de Rukia cuando volvió a deslizarse puerta abajo, en la seguridad de su departamento. Había reprimido el impulso de pensar en lo que estaba pasando, durante todo el camino. Ahora ya no podía contenerlo más: quería gritar. El insoportable arrogante de Kurosaki le movía el piso a niveles exorbitantes, y ya no era sólo el envoltorio lo que le llamaba la atención, su psicólogo era más que una cara bonita y un cuerpo hecho a mano...

Esa personalidad desbordante y madura, masculina y decidida, eran un torbellino que la estaba succionando de a poco.

Y lo más malo de todo, es que todo esto era un reverendo error que podría costarle muchísimas lágrimas. Como si las que ya ha derramado fueran pocas, como si recuperar su estabilidad y su relación hubiera sido fácil...

"Bueno, aquello último ha sido sospechosamente fácil".

El recuerdo borroso y fantasmal de Renji la golpeó como con una manopla. Hace cosa de ayer, ella estaba reconciliándose con el hombre de su vida y haciendo circulitos entrelazados con sus nombres; hoy, la realidad es que, en ese día, no le había dedicado ni un triste pensamiento a su novio.

Le llamaría. Tenía que hacerlo, a ver si con eso se rehabilitaba de la estupidez crónica que la estaba consumiendo.

Fue a coger el celular del bolso, que esta vez sí se encontraba en casa (tirado en el suelo junto a ella, pero estaba), y su grado de culpabilidad subió un par de unidades en su escala personal cuando vio en la pantalla del aparato, tres llamadas perdidas del pelirrojo. De seguro la estaba extrañando horrores, y ella pensando en su doctor.

NO, peor aún: ¡Incursionando con su doctor!

Marcó el botón de llamado sin pararse a pensarlo. El remordimiento es una droga de efecto retardado, pero cuando llega, no deja ni un solo rincón de ti en buenas condiciones. Ni siquiera la más inútil de las neuronas.

Al tercer timbre, Renji contestó.

—Hola, preciosa. ¿Estabas ocupada?

Tenía el mismo tono de voz que Rukia le esperaba escuchar: pura calidez, puro amor, pura adoración. Terminó de hundirse en los pantanos de la miseria cuando se vio explicando:

—Bueno, sí... estaba en terapia.

—Oh, y ¿cómo te fue?

—Bien, bien... ya sabes, un pequeño paso para la humanidad, pero un gran salto para Kuchiki Rukia.

Del otro lado de la línea, el chico soltó una carcajada amena.

—Te he echado mucho de menos...

Un retortijón de estómago, y un suspiro cansino.

—Yo también, Renji, yo también.

—Ah, pero eso tiene solución. —hubo una pausa que fue muy tensa para la morena. Se suponía que no era esa la emoción que debía sentir, más bien correspondía una inmensa expectación. Pero ella, de a poco, no iba siendo la misma persona que ayer. —Te invito a salir esta noche. Podemos ir a tomar algo, ya sabes...

—Hoy no, estoy agotada...

¡No! ¡No podía ir y decir eso, por más verdad que fuera! Estaba hecha pebre, más psicológica que físicamente, pero no podía evadir a su chico, ¡al legal! Tenía que hacer el esfuerzo y purgar sus malas acciones del día.

—Quiero decir... —corrigió, percibiendo la desilusión del chico a través del auricular —estoy agotada para salir, pero... ¿Por qué no te vienes a mi departamento, y hacemos algo más... privado? —invitó, con una voz tentadora que sabía que su poco decente novio no podría resistir.

Aunque en ese minuto no fue capaz de dimensionar el caos que estaba creando de la nada.

—Encantado —concedió él, con una sonrisa telefónica bastante predecible. —Estaré allá en un par de horas más, ¿te parece?

—Como tú quieras. Te estaré esperando.

Y la llamada no duró mucho más.

Rukia miró el reloj de pared: marcaba las siete y cuarto. Tenía tiempo de sobra de ordenar un poco el caos del living, los trastos de la cocina, su propio cuarto y meterse a la ducha. Mientras el agua tibia relajaba cada parte de su cuerpo cansado y tensionado, iba pensando qué demonios podía cocinar para esa noche. A Renji no le gustaban las cosas muy elaboradas y, de paso, a ella tampoco. Pero tal vez esa noche mereciera un esfuerzo especial, en consideración al hecho de que ella no había sido una fiel y devota novia en estas últimas horas.

Estaba dispuesta a hacer las cosas bien de ahora en adelante. Iba a enderezar su camino costara lo que costara, e iba a desterrar a Kurosaki de su mente.

Aunque sea un ratito.

Pero seguía sin ser consciente del caos que estaba creando...

Ni siquiera fue capaz de preverlo cuando salió de la ducha envuelta en una toalla, y caminó hacia el mueble de la ropa interior. Abrió el cajón de las bragas y tomó un conjunto sencillo, con un sostén que le hiciera juego. Nada especial.

No se le ocurrió el giro que podría dar la noche ni siquiera cuando, de soslayo, paseó la vista por sobre la lencería especial.

No tenía idea.

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En esta oportunidad, Renji no desgastó muchas neuronas en su vestimenta. Optó por lo sencillo y por lo que sabía que le gustaba a Rukia. Pero sí gastó un par de chauchas locas en aquel ramo de rosas rojas que había dejado en lista de espera desde la cita de reconciliación.

Reconciliación... había sido sorprendente la facilidad con que habían llegado a aquel acuerdo de paz mutua, sin hacer sospechar a la perspicaz morena de la conversación previa que había sostenido con Byakuya. Pero bueno... esa noche no se iba a poner a pensar nimiedades, menos estando a dos pasos de la puerta de su chica favorita.

Golpeó la puerta del departamento brevemente, y esperó unos instantes. La puerta se abrió sin haber escuchado antes el típico silbido de reconocimiento entre ellos, señal de que Rukia no esperaba a nadie más. Lo prometido es deuda, entonces. Esa noche iba a ser especial.

—Vaya, has llegado más temprano de lo que me habías dicho —saludó la Kuchiki, arrastrando al pelirrojo hacia el interior del inmueble con prisa. Tenía la cena en el fuego.

—Es que te extrañaba tanto que no fui capaz de hacer hora en casa... —murmuró. No pudo evitar sonrojarse cuando le extendió el ramo de rosas. —Para ti.

Oh dios... Rosas rojas, las adoraba. Es decir, bueno, antes no le gustaban... pero Renji le había regalado rosas rojas durante dos años seguidos de relación, y ahora era capaz de comprender el significado oculto tras ese gesto que, antaño, le daría vergüenza ajena.

Enseguida, un vuelco en el estómago y unas mariposillas traviesas le asaetearon, juguetonas.

—Oh, sigues acordándote de los pequeños detalles... —cogió el ramo con cariño y le plantó un montón de besitos a él por todo el rostro. Verdaderamente amaba la personalidad de Renji. —Gracias.

—Agh, mujer... es lo mínimo, ¿no?

Rukia esbozó una sonrisilla, mientras el chico la seguía cocina adentro. La observó ponerse el delantal para no ensuciarse con lo que sea que estuviera preparando, que por cierto, olía de maravilla. Reprimió el impulso de sacarle toda la ropa de encima; siempre le había causado un cierto efecto afrodisíaco ver a la morena cocinando. En su mente siempre se empezaban a formar imágenes que le ayudaban bien poco en la contención de la cordura.

—¿Quieres tomar algo? —ofreció ella, notando una cierta mirada hambrienta posada en ella, una que no tenía nada que ver con el hambre de comida. —Tengo pisco sour, Martini, piña colada...

—¿Piña colada? —era su favorito. —¿Lo hiciste tú?

—¡No, no! No me dio tiempo. Es de la del súper.

—De todos modos, es lo que más me gusta.

Cogió él mismo lo necesario para los bebestibles y luego buscó en el congelador los tragos. Era extraño, pero siempre esa cocina había sido demasiado chica para dos personas, sin embargo, ahora los alojaba a los dos con total soltura. Y Renji se puso a pensar, por primera vez, en lo bien que funcionaban ellos dos como pareja, como complementos sincronizados de un mismo ente. Le pareció estúpido y a la vez maravilloso, pero el descubrimiento le dio en algún modo, una confirmación de que, todo lo que ha hecho hasta ahora para estar con esta chica en esta pequeña cocina, ha valido la pena.

Y lo valdría mil veces...

Estaba en lo correcto: Rukia sería la esposa perfecta para él.

La siguió embelesado hacia el comedor, viendo cómo cargaba con maestría los platos, los cubiertos, las servilletas y las copas.

—Dame algo para llevar... —le dijo Renji, sacándole trastos de las manos. —Temo un poco a tus facetas circenses.

Ella se dejó ayudar, sintiendo como un calorcito agradable la rodeaba, bajándole por la garganta.

El único pecado que había cometido en estas últimas doce horas, había sido olvidar lo maravilloso que era su novio, lo atento, cariñoso e incambiable. Y como una luz divina, el recuerdo de Kurosaki se apagó en su mente, como la llama de una vela consumida. Aquello era pura calentura, no podía llegar a sentir ni la más mínima parte del cariño que le tenía a Renji, con él. Y no iba a estropear su futuro por ello.

Durante la cena, fue mucho más fácil. De nuevo eran sus espíritus los que se buscaban, los que sociabilizaban a niveles casi ectoplasmáticos.

Y jamás hubo quiebre alguno.

—Esto está buenísimo —adujo Renji, con la boca llena y cara de estar comiendo el más exquisito de los manjares. Rukia no cocinaba ni bien ni mal, pero el plato tenía un aspecto sospechosísimo, que en un principio le había dado MUCHA desconfianza. —Esto... ¿tiene algún nombre?

—Claro que no —espetó ella, riendo con su copa de vino en la mano. —Aunque si lo tuviera... podría ser una especie de charquicán de todo lo que había en el refrigerador. —luego, su cara cambió un poco. La luz de las velas le dio en el rostro de lleno, bordeándolo con una luz cálida que, al mismo tiempo, la ensombrecía. —Lo siento... —murmuró.

Y eso fue muy raro.

—¿De qué estás hablando?

Todo lo que había pasado en este día tan particular e olvidable, se le echó encima a la morena. Y expresó sus más sinceros pensamientos, pero con mucho cuidado. Y fue algo muy natural, porque así funcionaban las cosas con Renji. Además tenía cierta ayuda...

—Es decir... eres un chico tan maravilloso, tan atento conmigo, tan bondadoso hasta en los detalles más pequeños... —le miró a los ojos con ternura. —Pero yo nunca he estado segura de ser lo mejor para ti, Renji. Mucho menos ahora, que te he pateado, te hice mucho daño y tú volviste con la mejor de tus sonrisas, haciendo la vista gorda ante mi estupidez sin remedio.

El pelirrojo la miró por breves momentos, nervioso. Después volvió la vista a un lado, pensando seriamente en contarle lo mucho que tenía que ver su querido hermano mayor ante ese detallito que a ella le complicaba tanto. Odiaba verla meterse en tribulaciones innecesarias.

Pero se le ocurrió una idea mucho mejor. No tenía por qué ser tan patético.

—Vamos, Rukia... no seas tonta. Estás ebria.

—¿Qué? Yo... ¡Yo no estoy ebria, Abarai! ¡He tomado mucho menos que tú! —replicó ella, indignada. ¿Que acaso no podía ser honesta sin sonar como una borracha? —Eres un idiota.

Pero la botellita de pisco sour estaba vacía. Y la de vino iba por la mitad. Y Renji no tomaba...

—Tal vez un poquito —concedió.

Él sonrió, con el triunfo en la mirada.

—¿Te llevo a tu habitación? Tal vez ya sea hora de que duermas un poco.

—No, no... —repuso, meneando la cabeza de un lado a otro. Se mareó un poco con el movimiento, pero podía ser que fuera debido al cansancio. Le dio otro trago al vino, sedienta de repente. Pero aquello le daba más sed aun.

—Y ya deberías dejar la copa.

Rukia empezó a molestarse de veras.

—Para de tratarme como una borracha. Y acompáñame a la cama. Arriba tengo una botella de champagne.

—¡No, no! Olvídalo, vas a dormirte apenas pongas la cabeza en la almohada.

—¿Me estás retando, Abarai?

—Sólo me llamas Abarai cuando estás tomada, Kuchiki.

—Insisto, ¿me quieres poner a prueba?

A ella le daba la impresión de que, de a poco, podía dejar en claro que estaba sobria. Un vocabulario bien empleado y una calma sin precedentes podían ser una buena muestra, ¿cierto? Pero, entre nosotros... parecía que no era ella la que habitaba su cuerpo. Ella tenía la sensación de que, entre la angustia y el vino, se estaba quedando dormida por dentro, y que el piloto automático de su mente la estaba llevando a hacer las cosas mal, muy mal.

—Vamos, Renji... —empezó de nuevo, seduciendo abiertamente al chico. —Sé que te mueres de ganas de acompañarme allá arriba... Y estoy TAN ebria... ¡Mira, me tambaleo! —empezó a caminar en curva para hacer más demostrativa su afirmación. —Me puedo caer... —terminó, con un tonito inocente que no le quedaba nada de bien.

Y al pelirrojo tampoco le habían dado jamás un premio al autocontrol y a la castidad.

—Está bien, te dejaré en la cama y me iré.

La cogió por las caderas en un abrazo y la condujo hacia las escaleras, ya que el cuarto de su novia estaba arriba. En mala hora se dio cuenta de que, en resumen, todo estaba saliendo fuera de lo planeado. ¿Por qué había sido tan estúpido y no se había dado cuenta antes? Era lógico que a Rukia le dolería, se sentiría como la peor persona del universo si ellos volvían a tener lo de antes sin haber sido claros, sin haber hablado con sinceridad...

La depositó con cuidado en la cama. Y se quedó frío de ver cuánta razón tenía en todo.

Rukia tenía la cara bañada en lágrimas. Había estado llorando en silencio durante el camino.

—Rukia... —murmuró, apesadumbrado. Se sintió fatal de pronto, y el pensamiento de que todo esto era su culpa le bajó la moral de golpe.

La abrazó, con ganas de llorar él también. Pero un tirón en el cabello le hizo borrar ese sentimiento, consternado. Rukia no se ponía violenta cuando estaba pasada... A lo mejor le vendría bien que ella descargara su frustración en él.

Pero ella no le golpeó.

Ella le besó, cogiéndole la cabeza con fuerza y enredando su lengua con la de él, en uno de los ósculos más feroces que haya recibido alguna vez de ella. Le gustó. Le hizo sentir menos mal y, bueno... al fin y al cabo él no era ningún santo...

La chica se separó de él no más de dos milímetros, mientras depositaba pequeños besos en sus mejillas, su frente, sus labios...

—Hazme olvidar, Renji... por favor, he sido tan mala... —susurró, escondiendo la cabeza en el hueco de su garganta, besándolo también. —Hazme olvidar lo cruel que he sido...

Y coló sus manos por debajo de la camisa de él, sin titubear ni un solo instante.

Fue el final de la cordura.

El pelirrojo la cogió de la cintura, haciéndola rodar por el colchón, y se posicionó sobre su cuerpo con ansiedad.

—Tus deseos son órdenes, Kuchiki —le murmuró al oído, haciéndola temblar bajo su presa de manera deliciosa. —Siempre ha sido así, y siempre lo será.

Se entretuvo unos momentos en su oreja, lamiéndola y mordiendo el lóbulo. Sabía que, cuando lo hacía, tendría por lo menos una noche completa de Rukia a su plena merced.

Y la extrañaba tanto... que cualquier cosa que tuviera que hacer para mantenerla a su lado valía la pena con mucha sobra.

Ése fue su último pensamiento decente antes de reclamar su boca otra vez, deslizando los breteles de su vestido hombros abajo. Después, la semidesnudez de la morena y sus fogosas ganas de cooperar le bloquearon.

El resto fue sábanas, piel y sudor hasta muy entrada la noche.

C o n t i n u a r á . . .



Ay chicos, lamento la tardanza más alargada de lo usual pero, y esto es importante que me lo comprendan, estoy en una etapa un poco más complicada de la vida ahora. Resulta que, gracias a una conspiración maravillosa de la vida y sus organismos vivientes xD, he encontrado al fin trabajo (¡Tres hurras por Maichula!). Así que el tiempo libre ha disminuido cuantiosamente, y lo más probable es que todo esto de la puntualidad y responsabilidad en los capítulos que intentaba practicar hasta ahora, se vaya al cuerno por culpa de esto. Les pido que sepan entender... intentaré llegar más o menos a tiempo, de todos modos puede que me retrase uno o dos días como esta vez, pero no desesperen: el fic NO entrará en hiatus, trabajaré por eso con todo mi reiatsu :)

Y nada, espero que les vaya gustando el inicio de un pequeño pseudo-triángulo amoroso. Rukia empieza a estar, literalmente, en medio de Ichigo y Renji. ¡Y eso me encanta! xD Así que no estaría mal unos cuantos reviews, para yo enterarme de cómo les va pareciendo todo esto.

Próxima actualización: 26 de abril, en promedio.

¡Besos a todos quienes leen y apoyan! Nos seguimos viendo.

Maichula.