DISCLAIMER: Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, son propiedad de Kyoko Mizuki, Yumiko Igarashi y Toei Animation, yo únicamente suelo tomarlos prestaditos a veces para inventar con ellos románticas historias sacadas de mis sueños con la finalidad de hacer soñar a otros. Historias sin fines de lucro y escritas con mucho cariño como ésta.
Amigas (os) bellas (os), hemos llegado al final de este viaje y no concluyo este fic que me tomó bastante tiempo redactar sin agradecerles una vez más profundamente por acompañarme a través de los capítulos con sus reviews, inboxs, favoritos y suscripciones, así mismo a todas (os) quienes lo han leído en silencio y han estado pendiente de esta trama a lo largo de estos dos años. Quiero decirles que no les conozco pero les aprecio y les envío un enorme abrazo de gratitud.
Un saludo especial a Stormaw, Yagui Fun, Sandy Sánchez, Becky10000, Eli (Stear's Girl), Fabiola R., Shant88, Josie, AnMonCer1708, Valerie, Karymote, Nevenka Yahaira, mil gracias amis por todo el apoyo. Su interés en mis historias me incentiva a querer seguir compartiendo sueños, son geniales chicas.
Bueno, no les canso más y a continuación les comparto el capítulo final sumado un pequeño epílogo.
CAPÍTULO XI: De cara al destino
"Yo no sé cómo empezó,
sólo sé que sucedió,
fue tal vez sin darme cuenta.
No podía ver la luz
hasta que cerré mis ojos
y desperté pensando en ti.
Quizá si te propongo
la mágica aventura
de estar juntos para siempre…
Y seas quien espera en cada atardecer
una estrella descubrir,
y te pueda repetir
que eres el amor de mi vida,
Tú eres el amor…"
("El amor de mi vida" – Ricky Martin)
El desánimo le invadió a Stear ni bien cruzó el umbral del edificio de residencia masculino. Empapado y sucio, con el uniforme cubierto de lodo en algunas partes debido al polvo adquirido por los revolcones de la pelea y el contacto con la lluvia, sumado a los moretones, raspones y golpes que ya le empezaban a escocer y doler con mayor intensidad, alcanzó cabizbajo el piso donde se encontraba su dormitorio, resultándole a cada paso más increíble que toda su vida hubiese cambiado en tan solo cuestión de pocas horas y entonces, luego de haber tenido que comparecer de nuevo frente a las autoridades estudiantiles en el Rectorado junto a Candy, la última palabra de la Hermana Grey había sido ratificada sin vuelta atrás. El veredicto que comprometía su futuro.
¿Sería posible que aquello estuviese escrito en su destino? Por ratos no podía evitar preguntarse. Según la Física Cuántica era probable, sin embargo prefería pensar que lo acontecido era una consecuencia directa de haber alcanzado su más etéreo sueño y que como está dicho en la Teología, el cielo no se alcanza sin sufrimiento. Por ello la palabra "destino" para el joven aprendiz de científico a partir de allí comprendería lo que iba a crear junto a Candy al salir de una vez por todas de aquella prisión disfrazada de institución educativa, y ya se encargaría de enseñarles a todos quienes estaban en esos momentos hablando de él, criticándolo o lamentando su situación inesperada que también sería capaz de luchar por su futuro profesional, como no muchos ya creían.
El optimismo recargado debido a su coraje volvió a su alma y logró tranquilizarle un poco, algo que le ayudó a encarar a sus compañeros de clase y demás estudiantes curiosos de otros cursos que se encontraban a la expectativa de sus pasos en el corredor o que no habían bajado todavía a cenar aparentando estar conversando pero que guardaron el más absoluto silencio al verle. Y aunque renegó con malestar en un principio para sus adentros al toparse con la cruda realidad de que el lugar a esa hora no se encontraba tan vacío como solía estar la mayoría de las veces y como esperaba, con la frente en alto sin dejarse amilanar, continuó con su camino entre el estudiantado presente, simulando indiferencia e impasibilidad ante los montones de comentarios que escuchaba a sus espaldas, algunos buenos u otros desfavorables. Con asombro entonces comprendió que muchos veían su enfrentamiento obligado con el rufián invicto del colegio como una gran hazaña en la que había salido victorioso siendo uno de los más aplicados estudiantes, algo que en definitiva nunca se había visto por esos rumbos, y que inclusive por ello algunos hasta habían comenzado a admirarlo.
Sacándolo de su casi estupefacción, notó que entre los presentes se encontraban también Neal y el insufrible grupo de pelafustanes que lideraba. Tontos sin personalidad que remedaban ser rebeldes con la intención de conseguir popularidad, y cuyo encuentro Stear consideró que sería una tortura al darse cuenta que serían los primeros en abordarlo directamente en medio del escrutinio del resto.
-¡Vaya, vaya Alistear! Te juro que nunca me hubiera esperado algo así de ti- Neal no se midió en comentar al acercársele a la cabeza de su séquito. Stear no le respondió nada reuniendo toda su paciencia para aguantarlo, pues consideraba que ya había tenido suficiente por ese día y se sentía más que nada cansado, sin tener la menor gana de volver a pelear con nadie. Eso sin contar el fastidio de saber que para colmo tenía que empezar a empacar sus pertenencias para partir con probabilidad a primeras horas del amanecer, pues el telegrama para avisar en la mansión sobre lo ocurrido y por ende solicitando que llegara alguien a recogerlos lo más pronto posible a Candy y a él, ya había sido enviado.
–…Sin embargo he de reconocer que tienes agallas- Para su sorpresa Neal de buena gana añadió –Fue genial que la defendieras. Creo que yo hubiera hecho lo mismo- opinó respecto a Candy -…Y en cuanto a su relación…- y al llegar a esta parte el moreno muchacho miró hacia el piso llevándose las manos a los bolsillos del pantalón con algo similar a la resignación, lo que le develó no sin sorpresa al inventor que su chica tampoco le había sido jamás indiferente.
-…Es bueno que estén juntos. En mi opinión hacen una bonita pareja- soltó al final Neal y acto seguido le dio una palmada amistosa en el hombro antes de seguir por su lado junto a su comitiva, que a su vez asintió ante lo dicho mostrándole su simpatía al pasar de largo rumbo a la escalera, probablemente para dirigirse al comedor.
–Lo único que lamentamos los muchachos y yo es haber estado en el salón de castigos para entonces y no haber podido presenciar la contienda, pero que bueno que le diste su merecido al cretino de Grandchester. Ya le hacía falta- Neal agregó por último deteniéndose cuando estaba por bajar, demostrándole por única e irrepetible vez que estaba orgulloso de que perteneciesen a la misma familia.
-Sí ya era hora que alguien lo pusiera en su lugar- alguien más agregó y de repente sin esperárselo, Stear se vio envuelto en una multitud de aplausos y felicitaciones, pareciéndole imposible de creer también que aquella ovación la hubiese empezado su primo, de quien bien sabía nunca había sido santo de su devoción, siendo ese sentimiento era recíproco.
Con modestia empero, agradeció a todos continuando luego con premura el corto camino que le faltaba hacia sus habitaciones. Los aposentos que le pertenecerían solo hasta esa noche.
Al llegar, sin tomarse las molestias de encender las luces luego de cerrar la puerta, un tanto melancólico se sentó durante un momento en la cama bañada por la claridad blanquecina proveniente de las farolas del jardín que se filtraba a través de la ventana, porque necesitaba pensar a profundidad. Se quitó así los anteojos para limpiar sus lunas, agradeciendo a la suerte que continuaban en buen estado a pesar de habérsele en algún rato caído, y después, colocándoselos de nuevo se dispuso a buscar algo muy preciado que tenía guardado entre las páginas de uno de sus cuadernos de anotaciones sobre sus proyectos mecánicos. Una fotografía de su Candy tomada con una de las primeras cámaras que creara con sus propias manos.
Su adorada e incondicional asistente en sus locuras, posaba sonriente en el retrato ante el lente, con el majestuoso paisaje montañoso de Illinois a sus espaldas en una tibia mañana soleada de verano. Recordaba con claridad aquel hermoso día aunque el blanco y negro del papel fotográfico no permitía apreciar ese último detalle. No obstante, siempre pensaría que la magia de ella emanando desde lo profundo de su alma y escapando por su hermosa sonrisa era más que suficiente para iluminar aquella imagen, que databa de no mucho después que llegara a vivir a Lakewood, cargada de ilusiones y trayendo en retribución por la acogida Ardley, una inmensa alegría para todos los habitantes de la mansión y por qué no decirlo, así algunos no lo reconocieran, a la mayoría de miembros en aquella convencional y hasta a veces apática familia… convirtiéndose además a la larga sin saberlo en la mayor bendición de su vida.
Con un suspiro, acarició con cariño su silueta adorada en la foto como innumerables veces había hecho y contemplado antes de dormir desde que él mismo la tomara y posteriormente revelara. Desde los tiempos en que la consideraba la reina de sus sueños inalcanzables.
Se había despedido de ella para descansar hacia menos de media hora y ya la extrañaba, preguntándose preocupado cómo estaría y si también se encontraba en esos momentos media deprimida como él por todo lo que estaba aconteciendo, pero al igual con unas ganas locas de salir de allí de una vez por todas a enfrentar al futuro. Despacio como si ella le oyera entonces le susurró:
-Todo va a estar bien amor-
Iba a luchar por lo que Candy y él tenían hasta las últimas consecuencias. Era ya un hombre seguro de sus metas y una de ellas era construir una familia a su lado. Por ello estaba más calmado cuando su hermano con una clara tristeza en el semblante fue a verlo al cuarto al llegar la hora de partir. Trasnochado al igual que él, Archie después de ayudarle con las maletas también le ayudó a bajarlas al jardín, acompañándolo así junto a un supervisor a esperar a que llegara el chofer de la familia. Eran las cinco de la mañana por lo que con probabilidad el resto del día iba a pasar cansado, más como buen hermano estaba allí en pie de guerra junto a él, demostrándole absoluta y fraternal lealtad, y también con suma pesadumbre, aunque supieran que la separación no iba a ser para siempre, para despedirle.
-Nunca pensé que diría esto… pero vas a hacerme mucha falta condenado granuja- Archie al final confesó con las manos en los bolsillos de su abrigo y la mirada acuosa, sin poder esconder más las ganas de llorar que a duras penas había estado conteniendo –Sé que esto solo es una prueba de la vida que lograras superar con tu intelecto y tu ingenio, como haces siempre. No tengo la menor duda de ello…- agregó y bajando la mirada continuó para citar el tema que desde la noche en que ambos discutieran hasta entonces, había evitado -…Y por lo tanto espero de corazón que todo les salga bien en adelante a ti y a Candy-
-Gracias- respondió Stear aún algo cauteloso respecto al asunto pero procurando dejar de lado cualquier resentimiento que entre ambos pudiera existir.
-Me disculpo también por la manera como me comporté, faltándote el respeto al descubrir o mejor dicho comprobar lo suyo. Era algo que sospechaba desde hacía algún tiempo pero me negaba a creerlo- continuó Archie –De todas formas lo que quiero decir es que en el fondo de cierto aunque extraño modo me alivia saber que ella te haya elegido a ti… porque no creo que haya nadie en el mundo que pueda merecerla mejor que tú- al final lo confesó y aquello notoriamente le hizo sentir mejor -Eres un gran hombre Stear y también el mejor hermano– añadió después ya de mejor ánimo dándole unas palmaditas en la espalda –y espero que hayas escuchado bien mi cumplido porque no pienso repetirlo de nuevo- Las sonrisas de ambos terminaron así de saldar los inconvenientes –Cuida mucho a la gatita y hazla muy feliz-
Alistear asintió agradecido ante la bendición de su hermano y luego le dio un fuerte abrazo.
-Lo haré con mi vida, te lo aseguro-
En eso, como si con el pensamiento la hubieran invocado, el sonido quedo de la vocecilla de Candy que podían reconocer en cualquier lugar sumado al crujir de sus ligeros pasos sobre el pasto les advirtió que se acercaba en compañía de Annie, así mismo custodiadas por la presencia de una de las religiosas encargadas de su sección.
Se les había permitido a cada uno de los expulsados el acompañamiento de su compañero de habitación o de un amigo cercano pero bajo estricta vigilancia, lo que sólo les acrecentaba la idea de que el establecimiento se asemejaba en realidad a una prisión.
-Vas a hacerme mucha falta pero siempre voy a desearte lo mejor y sé por lo mucho que te conozco, que estarás bien y alcanzarás la felicidad que tanto has soñado- Alcanzaron a escuchar que Annie le decía a quién era después de todo su mejor amiga de toda la vida y en respuesta vieron como la chica rubia con lágrimas rodando por sus mejillas la abrazaba.
-Muchas gracias Annie, por todo. A dónde quiera que vaya siempre te consideraré mi hermana-
Un par de minutos después cuando finalizó aquella emotiva escena, similar a la que había vivido varias horas antes al despedirse de Patty, Candy alzó su dolida vista y se fijó en Stear. Acto seguido sin ya importarle nada pues la suerte de ambos estaba echada, corrió a perderse entre sus brazos, donde el joven científico la cobijó con ternura y de forma protectora como si fuese un refugio. Deleitándose a su vez él mismo en aspirar el aroma a flores de esa frondosa cabellera dorada que tanto le encantaba y que casi le hacía olvidar por completo lo que estaban pasando, al traerle sólo recuerdos felices.
-Estaremos bien preciosa, no te preocupes. No voy a permitir que nada malo te pase nunca, te lo prometo. A partir de ahora tu vida es mi vida- le susurró al oído buscando tranquilizarla y luego apoyó su cabeza con suavidad sobre la suya.
A sus espaldas Archie y Annie intercambiaron conmovidos disimuladas miradas de complicidad, más la dulce parejita tuvo que separarse ante el carraspeo incómodo del supervisor y la protesta en voz baja cargada de indignación debido a lo que consideraba una gran insolencia de la responsable de la sección femenina.
-¡Cristo santo y bendito, esta juventud! ¡Ya no respeta nada ni a nadie!- exclamó la monja de mediana edad persignándose
No obstante, Stear sin prestarle mucha atención al asunto, sin bien rompió el abrazo no se separó demasiado de Candy y preocupado por su sufrimiento no dudó en acariciarle el rostro secándole dulcemente las lágrimas.
-Ya no llores amor, por favor-
Por suerte antes de que se intensificaran más las quejas por sus comportamientos y comenzaran de nuevo los regaños, el lujoso automóvil del Clan Ardley apareció por el sendero de esa parte del jardín atrayendo la atención de todos, y con sus luces delanteras irrumpiendo en la bruma y la oscuridad de la última parte de la madrugada londinense, se detuvo frente a donde se encontraban.
George fue el primero en descender del vehículo y luego de darles un breve saludo a ellos junto a Annie y Archie, se dirigió sin perder tiempo a las autoridades estudiantiles, con quienes intercambió un tanto apartado unas cuantas palabras. Los cuatro jóvenes notaron sin dificultad que todos sus gestos denotaban tensión.
Alcanzaron a oír algo sobre una resolución inapelable debido a conductas vergonzosas por lo que prefiriendo evitar el seguirse amargando, Stear y Candy se enfocaron mejor en ayudarle al chofer a guardar sus pertenencias en la cajuela del vehículo. Luego, antes de abordar, se despidieron de Archie y Annie brindándoles un largo abrazo a cada uno, dejándoles en claro que el lazo que los unía ni el pasar de los años lo iba a romper o cambiar, porque más que un grupo eran una familia, y les recordaron también para alejar un poco la tristeza que solo se trataba de un alejamiento temporal pues faltaba poco para el fin de curso y pronto se verían de nuevo, así sus vidas fuesen ya diferentes.
Tanto Stear como Candy esperaban con fe que las cosas estuviesen más calmadas para entonces y en especial que pudiesen a esas alturas ya tener formalizada su relación.
George que volvió poco después, no les increpó nada a ninguno, se despidió de los demás presentes con la misma brevedad con la que llegara y posteriormente ingresó apresurado al automóvil solicitándoles a los dos que lo hicieran también. De ese modo y después de consultarles si ya tenían el equipaje a bordo, dio la orden al conductor para que partiera.
Era un alivio al final de todo que hubiese ido a recogerlos en el automóvil familiar, los dos enamorados aún en medio del complicado momento no pudieron evitar pensar, pues exhaustos como estaban e incluso sin merendar debido al estrés de la situación, se ahorrarían horas en el tedioso viaje hacia las afueras de Londres.
Embargados entonces de emoción, ambos se despidieron de la otra parejita agitándoles la mano desde la luneta del carro, hasta que éste tomó mayor fuerza y se alejó doblando por el sendero por donde había llegado.
Annie y Archie se quedaron observando la escena hasta el final, hasta verlos desaparecer. Los dos mantenían en esos instantes la distancia conservando las apariencias ante los supervisores que se encontraban más atrás, no obstante, con un pequeño cruce de miradas se confesaron el uno al otro que no había algo que desearan más en el mundo que ser tan libre como ellos.
Stear y Candy procurando mantenerse los más serios y formales posibles en primera instancia, una vez que el corto viaje comenzó, no sabían desde el asiento trasero como dirigirse a George temiendo que éste también los recriminara con censura.
Stear entonces, sintiéndose desde ya con orgullo totalmente responsable de Candy fue quien se animó primero a hablar en vista de que él era la mano derecha de la tía abuela y para bien o para mal con probabilidad le daría a la estricta matriarca su opinión sobre aquel lío. Empezó así a tratar de exponerle de la forma más justificable una explicación para su modo de actuar que había terminado desencadenando todo aquel dilema que incluía además la expulsión de ella, por la cual desde hacía varias horas había empezado también a culparse. Más sin que se lo esperaran el fiel asistente del Clan Ardley desde el asiento del copiloto les dejó saber a los dos que al menos en su presencia no tenían nada de lo qué justificarse, que no los condenaba de ninguna manera pues aparte de comprender si se habían enamorado, lo que hizo sonrojar a ambos, conocía bien quién era Terrence Grandchester. Un adinerado e insoportable busca problemas, cuyo aristocrático e inconfundible apellido, al igual que el noble título de su padre siempre figuraba en las reuniones de la alta sociedad londinense, donde además estaba trascendiendo con creces su mala fama de revoltoso incorregible. Sin esconder su antipatía por el aludido les contó.
-Joven Alistear, Srta. Candice, lo que quiero enfatizarles es que no se preocupen por la opinión de este humilde servidor ni de la de otros, les aconsejo en cambio que reserven cualquier idea de defensa que deseen sustentar para exteriorizarlo frente a Mrs. Elroy. Como un consejo, no le demuestren miedo, sigan siendo valientes y conseguirán su aceptación – George agregó brindándoles pequeñas recomendaciones de buen ánimo –Y está demás decirles que estoy de su lado, deseándoles de corazón que todo les resulte bien sin mayor percance- agregó además con una amable sonrisa, ante lo que conmovidos los dos adolescentes le agradecieron.
-Gracias por tu comprensión George, eres un excepcional amigo- reconoció Stear.
La mayor parte del restante camino continuaron en silencio a exceptuar de alguna repentina pero breve conversación entre George y el conductor. Por su parte Candy al lado de Stear lucía nerviosa y preocupada sin que él pudiera dejar de notarlo. Extraviaba por ratos su verde mirada en las calles todavía tranquilas y casi vacías a esas horas y luego en los paisajes solitarios. Por ello en algún momento, convencido ya de que a George no le importaría, le tomó una mano entre las suyas y se la llevó a sus labios, consiguiendo atraer así toda su atención.
-Descuida princesa, superaremos esto, ya lo verás- ledijo en voz baja logrando robarle una sonrisa en medio de todo su abatimiento con esa tierna acción –Y ahora, ¿qué tal si descansas un rato? Has tenido un día muy pesado- le propuso además con naturalidad, pendiente siempre de su bienestar al punto de olvidarse por lapsos hasta de sí mismo.
-¿Solo yo?- inquirió ella con gracia y cariño, y en respuesta acortó la minúscula distancia que los separaba en el asiento para recostar la cabeza en su hombro mientras él la encerraba entre sus brazos, reconfortándola y acercándola más a su pecho. Como Stear no respondió meditando por unos segundos inevitablemente en el asunto, Candy se conformó con escuchar el sonido constante de su apacible corazón –Te amo Alistear Cornwell, por si no tengo oportunidad de decírtelo más tarde- le recordó en tanto terminaba de acomodarse y cerraba los ojos, disfrutando de estar así junto a él, percibiéndose resguardada y protegida, permitiéndose de tal modo por fin dejarse arrastrar por el cansancio.
-¿Por qué dices eso mi amor?- Él se extrañó que le susurrara aquello y por ende no dejó de dar su punto de vista al respecto –Siempre habrá oportunidades para los dos. ¿Quieres saber algo? Yo prometo repetírtelo cada día de nuestras vidas. Eres lo mejor que me ha pasado Candy, nunca me cansaré de decírtelo- le compartió con sinceridad hablándole muy de cerquita y luego besando con fervor su frente, apoyó su cabeza en la suya, permitiéndose también un tiempo para descansar –Duerme vida mía, yo te avisaré cuando falte poco por llegar- le ofreció, tratando que ella no notara la inquietud que también le embargaba el alma al esperar que las represalias de la tía abuela que tuvieran que soportar a partir de ese día no se convirtieran a la larga en obstáculos para ellos en el futuro.
Eran poco más de pasadas las siete y media de la mañana cuando una fuerte remecida del automóvil al pasar por un desnivel en el suelo, le hizo a Stear despertarse con Candy aún dormida entre sus brazos. Despacio, procurando hacer el menor movimiento para no incomodarla en su sueño, extrajo su reloj de bolsillo y confirmó que era la hora que suponía. Un indicativo además de que ya debían estar por llegar a la mansión, así que tomando un profundo respiro resignado a lo que estuviera por venir, la abrazó delicadamente colocando una mano sobre su cabeza como buscando protegerla de cualquier mal.
Quince minutos después el auto serpenteó por el camino de entrada a la mansión y una vez se estacionó, Stear la sintió a Candy removerse percibiéndolo. Su bella mirada verde esmeralda se encontró entonces con la suya llena de preocupación, haciendo que los nervios que le estaban embargando también a él, se intensificaran.
-Stear…- clamó angustiada comprendiendo que había llegado el momento inevitable de darle cara al destino, y quizá fue la carita de desamparo que esbozó que lo alentó a él a reforzar su valentía respecto a la situación que estaban por enfrentar e incrementó sus ganas de querer confortarla, pues ahora era casi su mujer y estaba dispuesto a cuidarla cada día con todo su amor. No pararía hasta llevarla al altar. La silenció por lo tanto con un beso, devolviéndole con su sorpresivo apasionamiento, la fortaleza.
-Estamos en esto juntos amor… y pase lo que pase lo superaremos. Te amo, recuérdalo en todo momento- le susurró contra los labios y ella en respuesta asintió sin dejar de verlo a los ojos, abrigándose con ello en esperanza. Adicional a eso, besó sus manos entrelazadas como símbolo de unión en retribución por sus reconfortantes palabras, un instante antes de que George ya afuera del vehículo tocara el vidrio de la ventana lateral a su espalda, avisándoles que ya debían salir. Intercambiaron así los dos enamorados una última mirada terminando de llenarse de valor y luego descendiendo, le siguieron.
La tía abuela ya se había levantado para entonces y dio la orden de que los recibiría en su despacho no muchos minutos después de que ingresaran a la casona.
Acatando aquello, Stear y Candy se dirigieron a la oficina y la expresión que advirtieron a simple vista en su rostro ni bien entraron a saludarla fue de una seriedad inescrutable, que sin embargo pronto dio paso como un el advenimiento de vendaval a su más absoluto enojo, sobresaltándolos.
-¡Así que expulsados del colegio más prestigioso de Inglaterra y por una supuesta relación amorosa!, ¡Santo Dios, Nunca pensé que alguien de nuestro honorable clan pasaría por algo como esto!, ¡Es inaudito!- exclamó iracunda la matriarca pudiendo a duras penas controlar la poca compostura que le quedaba, al tener claramente una idea del por qué se había generado todo el problema. Pronto tal como Stear lo esperaba, vio que se enfocaba en él -¡Y menos tú Alistear Cornwell, en quien tenía puestas todas mis esperanzas de que alcanzarías un futuro brillante! ¡Me has decepcionado! Gracias a ti pronto la familia será el hazme reír de la sociedad tanto aquí en Europa como en América ¡y yo tendré que dar la cara por tus desubicadas acciones y las de esta chiquilla!- vociferó al final con notorio desprecio hacia Candy
-Tía abuela, yo…- trató de intervenir Stear buscando como siempre en ese tipo de situaciones apaciguar un poco los ánimos, aún a pesar de que estar sintiéndose todo un fracasado, más la estricta dama lo interrumpió implacable haciéndolo callar.
-¡No te he dado permiso para hablar!- y luego continuó orientando su ira esta vez a otra persona. Lo que él más temía. -¡Y tú!, ¡Todo esto debe ser tu culpa!- prosiguió señalando a Candy -¡Todo se volvió un caos desde que llegaste al seno familiar con tus malas influencias, mis nietos nunca se habían comportado así antes y ahora quieres desgraciar a cada uno de ellos tal como hiciste con Anthony! ¡Maldita sea la hora en que te transformaste en una Ardley!- gritó al concluir y para terror de Stear, vio que se paraba frente a ella levantando una mano amenazante con la intención de abofetearla, por lo que actuando rápido en su defensa y sin siquiera medir las consecuencias, se la detuvo en el aire.
-¡No, no lo harás! ¡No lo permitiré!- decretó
Más con su alevosa actitud lo único que consiguió fue aumentar la tensión y el enojo de la matriarca, que tras liberarse arremetió con indignación descargando entonces su ira y por lo tanto su golpe, contra él.
-¡No, no por favor tía abuela, no lastime más a Stear!- suplicó Candy horrorizada llevándose las manos a las cara y rompiendo en lágrimas.
-¡Cállate insolente, cómo te atreves siquiera a dirigirme la palabra, yo no soy tu tía abuela, jamás lo seré, que te quede entendido!- le dejó en claro inmisericorde y Candy sin poder soportar más humillaciones, se retiró de allí corriendo.
-¡Candy!- gritó Stear angustiado observándola salir y deseando ir inmediatamente tras ella, más haciéndole caso a su voz interior prefirió quedarse a encarar de una vez a Elroy Ardley exponiendo todo lo que tenía que decir, así que se volteó hacia ella decidido.
-¿Qué estás esperando, por qué no sales corriendo detrás? Porque es lo que en fondo quieres ¿no?- le consultó la dama con una clara nota de resentimiento en la voz, sin embargo Stear aún con todo en contra no se dejó amilanar
-Tía abuela por favor, necesito conversar con usted, ¿me lo permite?- requirió estoico.
Stear llevaba frescas en su mente las palabras que intercambiara con la segunda al mando de los Ardley mientras se encaminaba hacia el hall lleno de renovados ánimos en búsqueda de Candy, quien según le indicara George se encontraba en la sala de estar para entonces, luego de regresar de los jardines, a donde en un acto de desesperación en primer lugar había salido a buscar refugio, sin encontrarlo.
Su presencia allí le demostraba así a Stear que su chica amada había decidido regresar a encarar las cosas con madurez, tal como él lo había hecho, lo que le hacía sentirse orgulloso de ella y apretar por lo tanto el paso en esas amplias estancias muriéndose de ganas por volver estar a su lado para compartirle las buenas nuevas, además de poder volver también disfrutar de tenerla de nuevo en sus brazos al tiempo que se perdía en los suyos. Le era en definitiva inevitable pensar que en esos últimos días, ambos habían crecido y madurado más de lo que lograran en meses.
Al llegar, con regocijo Stear rememoró antes de abrir a totalidad la puerta entrecerrada, de dónde provenía una fina ranura de luz amarilla que quebraba apenas la oscuridad del corredor, la conversación que hasta hacía pocos momentos sostuviera con la matriarca, cuya resolución a Candy le sorprendería... Adentro estaba ella, si cerrando los ojos aspiraba hondo hasta creía poder oler su delicado perfume, empero antes de pasar decidió permanecer unos instantes allí hasta convencerse de que todo lo que estaba viviendo no era irreal.
Flashback
A Elroy Ardley habían tenido que llevarle agua con azúcar al escritorio para que se calmara, una vez que accediera dentro de todo su mal genio a dialogar con él.
-Hice todo aquello por defenderla y no me arrepiento de nada. Lo que le digo es de verdad tía abuela, lo que siento por Candy no es algo pasajero. La quiero, la quiero para toda la vida, y la cuidaré y la respetaré. Quiero construir una familia con ella, quiero un porvenir a su lado. Es el amor de mi vida tía Elroy, la mujer que siempre esperé- con el alma en la mano le había confesado
-Son demasiado jóvenes para decir eso. A su edad el amor puede ser una mera ilusión- ella había objetado
-No en mi caso. No en nuestro caso porque ahora estoy cada vez más seguro de que ella siente lo mismo por mí. Créame por favor querida tía, nunca me había sentido más seguro de algo en la vida-
Y ante aquella última declaración, sin dejar en ningún momento de escrutarlo de frente y a los ojos con la afinación y suspicacia de un investigador, algo que le emulaba a su propia inteligencia, Mrs. Elroy al final lo hizo. Le creyó.
-Si dices sentirte seguro de esto y es lo que quieres, no me opondré. Siempre has sido el más ejemplar de mis nietos Alistear y no desconfío de ti- alegó, provocando que a la mirada del joven inventor acudieran inevitables lágrimas de alegría y en un impulso se levantara de un brinco para abrazarla.
-Hey, hey, calma, sin olvidar nunca la seriedad, ¿está bien?- arguyó la tutora sonriendo ya de buen ánimo
-Lo siento, tía abuela fue producto de la emoción- explicó Stear volviendo a enderezarse y teniendo que sacar un pañuelo de su bolsillo para secarse las lágrimas por debajo de los lentes –Mil gracias tía abuela, mil gracias por su comprensión- desde el fondo de su corazón le reconoció, y la gran dama en respuesta le tomó una mano para sostenérsela entre las suyas.
-Eres un buen muchacho Stear y estás en camino a convertirte en el gran hombre que sé que serás algún día, por lo que no dudo que alcanzarás tus sueños… Ya vamos a ver entonces que hacemos respecto a este- prometió, haciendo que Stear esta vez menos precipitado pero igual de emocionado volviera con inmenso cariño a inclinarse y abrazarla, y en esta ocasión la matriarca brindándole suaves palmaditas en la espalda, se lo permitió.
Fin del flashback
Su relación había sido aceptada y ahora iba a comunicárselo a Candy, nunca se había sentido más ansioso y feliz durante sus cortos años de existencia.
Ingresó por lo tanto despacio en la sala, intentando hacer el menor ruido posible para no incomodarla en lo que de forma silenciosa y concentrada estuviera haciendo, pero para su propia sorpresa encontró que sentada al alfeizar de la ventana mirando hacia los jardines, estaba llorando.
-Amor que pasa- le consultó enseguida así, ya dejando de lado cualquier formalidad y acercándose a ella. Agachándose hasta quedar a su misma altura.
-…Ella me odia, piensa que lo de Anthony fue culpa mía y nunca me perdonará- entre susurros y sollozos Candy le contó parte de su aflicción pero sin apartar para nada la vista de la naturaleza que se extendía más allá del cristal de la ventana, tan verde cuando era casi verano, como sus propias encantadoras pupilas; como si tuviese temor de mirarlo -…Nunca aceptará por lo mismo que estemos juntos… y yo por ello ya he tomado una decisión- confesó al final inquietándolo y ahora sí volteándose lentamente hacia él, como si le doliera movilizar su cuerpo después de tenerlo durante bastante rato en una misma posición –No permitiré que la tía Elroy tome represalias contra ti ni que te desherede por mi culpa. Si debo apartarme de tu camino lo haré… renunciaré a todo esto y volveré al Hogar de Pony, donde fui tan feliz en mi niñez… pero no permitiré que arruines tu brillante futuro por mí…- le compartió bañada en lágrimas, pudiendo a duras penas hablar en tanto él angustiado se arrodillaba frente a ella tomándole el rostro entre las manos, tratando de tranquilizarla y secarle con sus dedos las lágrimas.
-…Te amo…- continuó ella –De verdad te amo Stear…como nunca amé a nadie… y por ello elijo renunciar a ti-
-Candy mírame- le dijo entonces él con ternura, levantándole con suavidad el bonito rostro por la barbilla para que pudieran ambos mirarse a los ojos -En realidad no puedo imaginarme ningún futuro donde tú no estés a mi lado. Eres mi vida princesa y si te vas me destruirás… tal como suelen auto-hacerlo la mayoría de mis inventos- profirió haciéndola reír en medio de la congoja. Ambos terminaron de tal modo juntando sus frentes y tomándose de las manos –Quédate a mi lado siempre, por favor amor- rogó Stear -…Sobre todo ahora que la tía abuela nos ha dado la bendición para seguir juntos en adelante- por último le confesó
-…¿Qué?- la mirada de Candy le pareció que se encendía de repente con una magia similar a la que irradian los foquitos de Navidad al conectarse por primera vez al llegar diciembre, haciéndolo penar por un irresistible abrazo que tuvo que contener hasta que ella de a poco fuera asimilando la noticia -¿Lo dices en serio?-
Él como confirmación tan sólo asintió sonriendo y al instante siguiente, fue ella misma quien en una de las características demostraciones de su alegre carácter (que por cierto se le estaban contagiando, como hasta la tía abuela notara) junto con un pequeño grito de felicidad, le lanzó los brazos al cuello, casi derribándolo de la emoción sobre la alfombra. Él la recibió entre risas, jubiloso, llenándola de besos y sintiéndose por mucho el hombre más feliz del mundo.
-Siempre cuidaré de ti mi amor. A partir de ahora procuraré humildemente y con toda mi energía y corazón, llenar cada uno de tus días de felicidad- estrechándola fuertemente le prometió al oído y luego besó su mejilla y acarició su cabello, como pacto de amor.
La tía abuela y el siempre misterioso así como ocupado abuelo William, líder y principal responsable del Clan familiar, una vez puesto al corriente del asunto y en vista de que el periodo de exámenes finales del año escolar se encontraba a la vuelta de la esquina; no perdieron el tiempo y representados por George negociaron frente ante el Consejo Estudiantil del San Pablo de forma monetaria la revocatoria de la expulsión de Stear y Candy, al puro estilo de como solían hacer otros, no tardando en obtener el decreto de que el castigo de ambos se relegaba a únicamente unos cuantos días de suspensión. Fue así que ambos enamorados, exactamente una semana después de lo acontecido, regresaron a las aulas campantes, con mayor seguridad en sí mismos y sin ya importarles en lo absoluto el que dirían de ellos, porque ahora eran una pareja consolidada lo aceptara o no el resto. Inclusive ya se habían comprometido y la feliz unión que esperaban desde ya con ansias tenía fecha para dos años después, en cuanto Candy se graduara del colegio.
El automóvil familiar los regresó hasta el portal del San Pablo un lunes a primeras horas de la mañana, y los dos, cada uno con su equipaje en mano, vistiendo a su vez elegantes ropas de calle con sombreros, como todo un caballero y una dama, pareciendo en personalidades a simple vista tan desiguales pero por dentro definitivamente uno el complemento del otro, tomados del brazo sin deberle nada a nadie emprendieron el trayecto por el camino de entrada.
Demás está decir que fueron los primeros novios formales en la historia de aquella institución religiosa. Siguiendo su estela con el tiempo aquella regla de prohibición en contra las relaciones amorosas se rompió para quienes estuvieran amparados en el compromiso matrimonial al igual que ellos. Por lo tanto como buenos pioneros rebeldes, de esas personas que por donde pasan dejan huellas, se transformaron en ejemplos a seguir y con el pasar de los años en leyendas.
Continuará…
¡Mil gracias por leer!
Belén (Moonlight86)
